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Adelante la caballería

Carlos Navarro Antolín | 5 de febrero de 2013 a las 5:00


Sevilla tiene un olor especial canta la copla de Lipasam, que no es más que la melodía que nos distrae de lo esencial. No es más que la tinta que suelta el calamar Zoido (con tentáculos en la Plaza Nueva y San Fernando) para despistarnos de una maniobra más de esta derecha montaraz y despiadada que pretende privatizarlo y liberalizarlo todo. Absolutamente todo. Primero fueron los horarios de las tiendas del centro y ahora quieren liberalizar el paseo de caballos, timbre de gloria de la Feria de Sevilla, blonda y mantilla. Hala, como en la versión masculina hispalense de la liberal Esperanza Aguirre, el superconcejal Gregorio Serrano decretará la libre circulación de los 1.200 carruajes que se han acreditado para la Feria de Abril de 2013. Este año tendremos doscientos coches menos, razón por la que Serrano suprimirá la división entre matrículas para días pares y matrículas para días impares que instauró la izquierda ilustrada. Como cada vez quedan menos carruajes para cubrir tantas hectáreas de adoquines, Serrano quiere que los mismos coches pasen una y otra vez por las mismas calles, cual moritos de Queipo de Llano pero en el pescante y con sombreros de ala ancha. ¡Ja! Aquí estaba la agenda oculta del PP de Zoido, envuelta en papel de regalo como el perfume Eau de Lipasam que aromatizará el vía crucis de la fe como esto no lo arregle el Ayuntamiento con Maza de Jesús, Jesús cómo pesa la maza de esta huelga. Entre contenedor quemado y papelera boca abajo, Serrano nos ha metido los 1.200 carruajes por la portada. Se acabaron esos constructores cabreados porque se reducían a la mitad los días que cada carruaje podía entrar en el real. Menudos disgustos se llevaba Rafael Carretero cuando explicaba a sus amistades que no podía hacer nada para duplicarles la matrícula. Hasta amistades ilustres se perdieron por este asunto. En época de guerra, los tanques a la calle. En época de crisis, los carruajes a la calle. Si hay menos, pues que den más vueltas. Política de tiovivo. Como el speaker del Pentecostés rociero, Serrano ha dado la orden desde el alminar de las Fiestas Mayores: “¡Adelante la caballería!”

Ser gerente de Lipasam conlleva riesgos para el hígado

Carlos Navarro Antolín | 9 de julio de 2012 a las 18:42

Sabíamos que para ser director general en el Ayuntamiento o gerente de una sociedad municipal u organismo autónomo en el zoidismo imperante se requiere ser funcionario o estar dispuesto a asumir una bajada de sueldo. Así nos lo vendió el gobierno en sus primeros cien días. Lo que ignorábamos es que en ciertos casos hubiera que tener un hígado capaz de funcionar a pedales si es preciso. Vamos, un hígado con piloto automático. Un hígado con memoria. El alcalde estuvo glorioso cuando decretó el fin de la política en los reservados de los restaurantes, para gran disgusto de Jesús Becerra y sus colegas de la hostelería. Y es verdad que se acabaron, vaya que si se acabaron. Tan es así que si usted se encuentra a un concejal del gobierno, haga como en el antiguo régimen con los pobres, que había que sentarlos en su mesa por Navidad. Pues ahora, invite a un teniente de alcalde al café con la media tostada cuando los vea vivaqueando por la Plaza Nueva. Ellos se lo agradecerán. Porque el alcalde los ha dejado tiesos en el presupuesto de prebendas. Pero aún queda quien resiste ahora y siempre a las restricciones, como la aldea de los locos galos con los romanos. El gerente de Lipasam sigue cultivando el estilo antiguo, aquel por el que había que comerse muchos langostinos para llevar los garbanzos a casa. Resulta que don Paco Pepe, que así se llama tan eficaz gerente, ha logrado que los caballos de coches de punto lleven pañales, lo cual estaba en las asignaturas pendientes de la ciudad. Un logro histórico, que diría uno de esos tontos de la historia para los que casi todo es histórico. Y don Paco Pepe ha escrito un correo electrónico interno en el que felicita a toda la compañía, saca pecho cual novillero triunfante y hace balance del camino espinoso que ha recorrido para alcanzar tan anhelado objetivo:

“Nos reunimos con ellos [los cocheros] por primera vez en un bar del Barrio León, reunión de la que mi hígado aún guarda recuerdo, no entremos en más detalles”.

¡Toma, eso es un gerente de los de toda la vida! Que los de ahora mucho pañuelito visto en la tiradora, muy bien afeitados y muy discretos, pero son como la nueva curia de Palacio: ni se les ve, ni se les nota. Menudo sopor. Don Paco Pepe arregla las cosas como hay que arreglarlas. Y al hígado ya le daremos espinacas. A este hombre lo ponía yo al frente de la misión diplomática de Gibraltar, que seguro que lo arreglaba con la misma eficacia que le ha puesto los dodotis a los equinos, cuyas cacas algunos consideraban poco menos que bien de interés cultural. Pero para la próxima, ya sabe lo que tiene que hacer don Paco Pepe: un poquito de benadón 300 mg. Y a disfrutar de la Feria…sin cacas de caballo.