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El ausente

Carlos Navarro Antolín | 8 de noviembre de 2015 a las 5:00

Encuentro provincial del PP en Tarifa
CON el silenciador de un viernes por la tarde. Al padre natural lo han dejado fuera de la fiesta. No tiene silla asignada en el reservado de los ocho cabezas de lista. La dirección estaba equivocada y el tarjetón se extravió. En la última fiesta, tras la esquina esperó el momento, que diría Mecano, y se coló en las autonómicas por la puertas trasera del cuarto puesto por Almería. Se subió al carruaje en marcha apoyando un pie en el pescante, se alzó apresurado al peldaño trasero del camión cuando el silbido para reanudar la marcha ya había sonado, se presentó por sorpresa como el cuñado fatiga que marca las conversaciones de la cena y obliga a retranquear las posiciones y a sortear de nuevo a quien le toca la pata de la mesa.

Es el padre natural de la derecha andaluza. Y lo han dejado fuera de la listas de las elecciones generales. Javier Arenas no se presenta a los comicios del 20-D. O no lo presentan. Ni siquiera por Almería, dorada A-92. En Oriente siempre le han lamido las heridas provocadas por la crueldad del centralismo de la Sevilla Eterna. Esta vez no le han hecho hueco al Congreso de los Diputados –con derecho a consomé de Lhardy y a dedito de destilado en el Palace– donde se cuecen las habas de la política nacional. El presidente del PP andaluz, Juan Manuel Moreno Bonilla, puede presumir de un hat-trick inesperado. Ha sacado de las listas andaluzas a Arenas y al ministro Montoro, y ha orillado a Celia Villalobos al segundo puesto por Málaga, lo que supone un castigo para la orgullosa y siempre polémica ex-alcaldesa, cuyo principal blindaje procede ya del por ser vos quien sois:la mujer del druida a sueldo de Génova, Pedro Arriola.

El PP de Sevilla sin Arenas (o con Arenas mal colocado, por mucho que sea vicesecretario general) parece estar en manos de una troika formada por Juan Bueno, presidente provincial y diputado autonómico; Ricardo Tarno, uno de los discípulos predilectos de Arenas y ex-alcalde Mairena del Aljarafe, y José Luis Sanz, senador, alcalde de Tomares y principal víctima de la enemistad de Arenas y Dolores de Cospedal, pues pagó los platos rotos de esa mala relación cuando quedó descabalgado de la carrera por la presidencia del PP andaluz. Tomares parece una suerte de aldea de los galos que resiste a la malagueñización de la sede regional del partido. El tiempo dirá si hay Panoramix con receta de poción mágica contra los locos romanos de la Costa del Sol que nos quitan los turistas con un aeropuerto mucho más potente.

Moreno Bonilla (llamadme Juanma, por favor) sonríe estos días, orgulloso por haber conseguido el efecto de quien da un golpe en la mesa. Decimos el efecto, porque es cierto que la fuerza de las circunstancias le han acompañado, algunos vientos soplaban a favor de la querencia de librarse, al menos en parte, de la alargada sombra del ciprés de Olvera. Arenas da mal en las encuestas electorales. No es que haya dado bien nunca, salvo en las autonómicas de 2012, cuando la Armada Invencible de la derecha andaluza, sin debate y con mensajes planos por el arriolamiento imperante, acabó como el gallo de Morón. El caso es que aseguran que Arenas da cada vez peor en los sondeos. Pero eso también le ocurre a varios ministros y veteranos de la política. No es patrimonio exclusivo de Javié. El factótum del PP andaluz viaja en la actualidad en un avión con uno de los motores despidiendo un inquietante humo con olor a Gurtel, sin que aún se pueda descartar la necesidad a medio plazo de ejecutar maniobras de aterrizaje brusco. En política primero se suelta lastre o se orilla la mercancía sospechosa, y después se acuerda decir que se ha alcanzado un acuerdo para un mejor destino o que se va a aguardar para abrir los paquetes. Así funciona un teatro donde Arenas es un viejo conocido. Casi podría decirse que él inventó el teatro en el caso del PP andaluz, como cuando una tarde de Corpus despachó la carrera municipal de Jaime Raynaud, uno de sus soldados más fieles y de mayor solvencia política y técnica, por medio de un teletipo que citaba fuentes del PP, esas fuentes anónimas a las que sigue siempre un comentario de cierto lector:

–Las cosas del Arenas…

Parece que quien las da una tarde cansina de Jueves de Corpus, las recibe una tarde de viernes con liturgia de luz baja de noviembre.

El gran hacedor de listas y equilibrios en tardes de café en el Alfonso XIII o en la barra de Antares, el gran maestro directo, o indirecto por efecto de la admiración generada, de todos y cada uno de los que hoy pululan por la sede del PP de Sevilla; el gran habilidoso al ganarse el favor de Ana Botella en los tiempos monclovitas, el árbitro de la sucesión del Tío del Bigote (Linimento Aznar), el padrino de tantos bautizos políticos y de tantas alternativas políticas de andaluces en Madrid, el mejor vendedor de influencias de Despeñaperros hacia abajo, reales o ficticias (“ayer, precisamente, cuando me llamó Mariano…”), el gran controlador de las listas de los concejales de los pueblos de Sevilla y de media Andalucía, el que se sabe los nombres de los conserjes de todas las sedes y sabe obsequiar afectos con apretones de mejilla, el brillante orador de mítines en poblaciones perdidas de la sierra y en esos totales de cazadora y veinte segundos de telediario dominical… Lo han dejado fuera de las listas de las elecciones más apasionantes quizás (por inciertas) desde la Transición. Es el gran ausente del 20-D en Andalucía.

Arenas se conforma, dice, con seguir como senador autonómico. ¡Pequeña presa para tan probado lince! ¿Quién compra hoy esa carne de membrillo en el Puente Genil del PP? La Cámara Alta es poca pista para tanto artista, máxime cuando el pujante Albert está dispuesto a dinamitarla para que deje de ser el cementerio de paquidermos, el burladero de políticos amenazados por el pitón de la justicia, el acudidero de portavoces de la oposición municipal necesitados de sueldos.

El PP sevillano estaba haciendo frívolas quinielas sobre si Tita Astolfi estará en puestos de salida al Congreso de los Diputados, lo que se asegura que sólo será posible si llegara una orden directa de Rajoy, cuando se encontró con que Arenas perdía la silla. Presume el partido de una renovación de los cabezas de lista superior al 60% en España. ¿Es renovación quitar a Montoro y poner a Zoido? ¿Acaso colocar a Cospedal de número uno por Toledo?

La segunda fase del intento de Moreno Bonilla por parecer que manda será en el congreso nacional de marzo, después de las elecciones. Los idus se presumen de interés. Si prospera su propuesta de establecer la prohibición de acumular cargos institucionales, ya esbozada en una de esas conferencias políticas donde todos sonríen y siempre se quedan completos los platillos de caramelos, estará obligando a Arenas a elegir entre el Senado o las Cinco Llagas, como estará forzando a Zoido a elegir entre ser diputado o portavoz del Grupo Popular en el Ayuntamiento. En la práctica, los estará obligando a quedarse en Madrid. Como a otros políticos andaluces que hoy respiran aliviados por haber cogido plaza en el AVE de la lista electoral (“¿Café o infusiones?”). Si el PP vive una feliz Epifanía y logra formar gobierno, todos los pájaros comerán trigo, las bolas de ministerios, secretarías de Estado y direcciones generales estarán en el bombo, los sillones de las empresas públicas estarán disponibles, y tal vez el destino aguarde para el gran ausente el lugar de relumbrón, al menos en el protocolo del Estado, que hoy ocupa Pío García Escudero, siempre y cuando no vuelva a roncar el motor del avión donde viaja este viejo conocido de la vida pública andaluza. Pero las cábalas casan mal con una política en la que la renovación para no morir consiste –ironías del destino– en agarrar el acta que da oxígeno cada cuatro años. Arenas sólo la tiene hoy como número cuatro por Almería en el Parlamento Andaluz. Y su condición de senador autonómico está en manos del muchacho de Málaga que, según Rajoy, se empeñó en querer pilotar el partido en Andalucía. Moreno Bonilla fue útil entonces para prestar el servicio de orillar a Zoido y Sanz, que osaron limar el arenismo de la estructura regional. Pero el servicio ha salido respondón. O hace como que responde. Que en política lo importante es parecer, que el avión no pierda altura y poder contar que ayer me llamó Mariano. Sin Arenas ni Albendea en la lista, España se rompe. La culpa es de los viernes por la tarde. Culebreo, luego existo.
JAVIER MAROTO SE HA CASADO ESTA MAÑANA EN EL AYUNTAMIENTO DE VITORIA

Sevilla, ciudad del gin tonic

Carlos Navarro Antolín | 3 de junio de 2013 a las 19:11


Hay veces que las notas de prensa las carga el diablo (cojuelo). El diablo se porta mal. Y dicen que portándose mal se lo pasa uno mejor. No falla. Pablo Castilla, que fue gerente de la difunta televisión local a la que todavía no se le ha organizado el funeral debido y que a este paso va a dar pasos de Semana Santa en agosto, nos remite la convocatoria de un acontecimiento que tendrá lugar el 6 de junio en la terraza Puerto de Cuba (libre), con privilegiadas vistas al Guadalquivir. El título es de lo más sugerente: Ginebralia. ¿Y en qué consiste Ginebralia? Lean, lean: “Se trata de una experiencia que reunirá a las marcas líderes en ginebras y tónicas en un escaparate de degustaciones que ofrece tanto al consumidor final como a los profesionales de los sectores de hostelería y distribución, la oportunidad de adquirir conocimientos en las nuevas tendencias y formas de degustar dicho producto”. Y el remate, a modo de media verónica con aromas de bayas de enebro, es lo que sigue: “Este evento nace con intención de continuidad y crecimiento para ofrecer anualmente a la ciudad de Sevilla un punto de encuentro para los ginlovers“. La pena, penita, pena, es que Ginebralia no será inaugurada por Jesús Posada, el presidente del Congreso de los Diputados que más ginlovers reúne desde la instauración de la democracia. La cinta de Ginebralia la cortará Pedro Sánchez Cuerda, el presidente de los hosteleros sevillanos que, por cierto, recibió el domingo en su casa a la señora Cospedal para envidia de una legión. Cospedal no fue a Robles, no. Cospedal fue a la Raza, donde tuvo que ver en primera fila al teniente Landa en un acto de partido puro y duro. ¿Pero este Javier Landa no era independiente? Anda con Landa, anda… Que le está cogiendo el gusto a la gaviota azul. Pío, pío. Digresiones aparte, a Pablo Castilla se le puede quedar chica la terraza cubana con la de tontos del gin tonic que hay en Sevilla, tantos como para montar una cofradía de vísperas a lo pirata, que son las cofradías rebeldes de ahora, las que no pasan por el control de la ventanilla única del Arzobispado y se saltan a la piola el poder establecido en versiones actualizadas de la valiente. Lo de Ginebralia, que suena a empresa abastecedora de agua del litoral onubense, podrían haberlo hecho en Fibes por aquello de poner en valor la herencia. ¿No fue en Fibes la entrega de las medallas (de Argüeso)? ¡Qué bonito suena eso de poner en valor las cosas! Ahora todo se pone en valor. Las hermandades ponen en valor su patrimonio con exposiciones en el Mercantil como el gobierno pone en valor las setas de la Encarnación por sentido de la responsabilidad. El Museo del Prado pone en valor su colección menos conocida con exposiciones temporales como los restauradores del retablo mayor de la Catedral ponen en valor las tablas más alejadas de la vista del público. No hay un día sin puestas en valor como no lo hay sin puestas de sol. Las puestas en valor asedian la economía del lenguaje como indios enfurecidos y vociferantes. Pues vamos a poner en valor el gin tonic. Larga vida a Ginebralia. Sevilla, ciudad del gin tonic. Lo de Ginebralia, en el fondo, es una forma de poner en valor el río. ¿O no, Pablo?