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El defensor Barranca, el concejal número 12 del PSOE

Carlos Navarro Antolín | 3 de abril de 2013 a las 5:00


EL PP logró la Alcaldía de Sevilla a base de acentuar el desgaste del gobierno de coalición de PSOE e IU, ya de por sí tocado como cualquier gobierno por el mero paso de los años, difundiendo escándalos de todo tipo y consagrando la figura de su candidato a la micropolítica, una opción inteligente cuando las arcas públicas no están para grandes proyectos ni para megalomanías con las que pasar a la historia en los gerundios de las placas. Las farolas, los bancos, los baches, el tráfico, la limpieza, las fiestas mayores, las velás de los barrios… Zoido ligado a la imagen de la ciudad idónea para vivir, Sevilla como estandarte de la ciudad que funciona como un reloj, una urbe paradisíaca en la que los reyes magos pasan fresquitos el verano. El alcalde apostó por un militar para ejercer de defensor del ciudadano, un hombre honrado que se confiesa de derechas (delito aún no tipificado en el Código Penal) al que cierta izquierda que se cree poseedora de la supremacía moral ha tratado de estigmatizar como golpista, de orillar como canalizador de las cuitas vecinales y de marginar del funcionamiento democrático.
Resulta que José Barranca, el peligroso tipo al que Zoido puso al frente de la denominada comisión de quejas, sugerencias y reclamaciones, ha presentado un informe de la gestión de 2012 que debería ser la hoja de ruta del gobierno y de la oposición en la gestión municipal. Una memoria que es el espejo de la calle, que recoge las verdaderas preocupaciones de los ciudadanos en su vida cotidiana, que es una guía práctica de la ciudad y que pone en jaque, precisamente, la micropolítica que llevó al PP a arrasar en las urnas desde el momento en que cuestiona la formación de los policías locales, denuncia el matonismo de los taxistas del aeropuerto, el desahogo y la chulería de muchos ciclistas, el abuso de los hosteleros que invaden las aceras con mesas y sillas, el incivismo de los amos de perros que dejan sueltos a los animales y el vandalismo que deja inútiles los parques y los convierte en lugares inhóspitos. Esto no es fascismo, señores de la oposición; esto en todo caso es barranquismo, de Barranca.
La torpeza de la oposición no ha estado ni en dejar los asientos vacíos cuando tocaba a hablar ante el Pleno al Defensor del Ciudadano, ni en obsesionarse con alimentar la mentira del supuesto perfil progolpista de este militar de Caballería. La torpeza ha estado en no sacarle partido al informe de Barranca, cuya lectura deja en evidencia la micropolítica que ha llevado al PP a su mayor cota de éxito electoral en Sevilla. La naranja tenía zumo para ser exprimida, pero los prejuicios han jugado en contra de la oposición. Ni se molestaron en pelar la fruta para evaluar su calidad.
El Defensor del Ciudadano elegido por Zoido y mantenido por Zoido frente al viento de IU y la marea del PSOE ha cuestionado la propia base del éxito de Zoido al exhibir las lagunas del funcionamiento ordinario de la ciudad. Barranca parece el concejal número 12 del PSOE como la afición sevillana era el jugador número 12 de la selección española. Al PSOE y a IU se las pusieron como a Fernando VII. Pero sólo vieron fascistas donde había molinos. Torpeza o miopía.

El comandante Barranca y los bajos fondos de la política

Carlos Navarro Antolín | 30 de septiembre de 2011 a las 19:55

La noche de campaña que el concejal socialista Alberto Moriña aseveró en el contexto acalorado y fogoso de un mítin que si el PP pudiera fusilaría a todos los militantes del PSOE, defendimos que este joven edil no había más que cometido una torpeza, un desliz, un comentario desafortunado por el que pidió disculpas inmediatamente y por el que tuvo que aguantar un aluvión de críticas y reproches. En el pecado llevaba la penitencia. Y bien que lo sabemos. A las pocas horas defendimos que Moriña no era ni es ningún chulo. Justo era no distorsionar la imagen de un político socialista que encarna los mejores valores de su partido con el valor añadido de hacerlo en clave sevillana. Pocos como Moriña representan al político moderado que lo último que hace es buscarle aviesamente los tobillos al rival. Seguro que se le podrán reprochar muchas cosas, no hay duda, pero nunca la de ser un matón o un exaltado. Esta mañana, en el Pleno hemos presenciado el ataque rastrero que IU ha efectuado contra el comandante José Barranca, defensor del Ciudadano, al que los dos ediles de este grupo político han estigmatizado sin piedad como golpista y fascista. Para desprestigiarlo han sacado a relucir a sus favoritos: Franco, Mola, Pinochet… Esta vez se han olvidado de la División Azul. Todo lo cual a cuenta de la carta que Barranca, militar en la reserva desde 1996, escribió en la prensa en el año 2006 en apoyo al general Mena, destituido por el entonces ministro de Defensa, José Bono, por aquel polémico discurso en el que advirtió en pleno debate sobre el estatuto catalán que el Ejército podía intervenir si se rebasaban los límites constitucionales. Tiene gracia que el imputado Torrijos y la procesada Medrano jueguen con el prestigio de un profesional tan gratuitamente. Provoca náuseas que quienes hace dos telediarios ampararon a un edil de Empleo que formó parte de un piquete violento se lleven farisaicamente las manos a la cabeza para arremeter contra Barranca después de realizar una interpretación torticera y sesgada de aquella carta. Debe ser cosa de los bajos fondos de la política, de las alcantarillas por donde corretean las ratas de un estilo artero y desahogado que genera arcadas, del interés por seguir alimentando la vinculación del digno oificio de militar con alguien retrógrado, represor (palabra favorita de quienes parecen tener la exclusiva de repartir los carnés de demócratas) y que por supuesto debe vivir amordazado. La cosa apesta de tal forma que recuerda a ese anticlericalismo trasnochado que sale a relucir cada dos por tres cuando estos mismos personajes ridiculizan al clero. No hay ni una sola prueba de que Barranca sea un golpista, un fascita, un represor, un exaltado, un elemento peligroso, un conspirador o un violento. Más bien de todo lo contrario. Este señor hizo uso de su libertad de expresión. Ni siquiera tiene que perdir disculpas por ello. Y la libertad de expresión no admite posiciones intermedias: o se está con ella o no se está. Incluso disfrutan de ella los imputados y los procesados. Y hasta los que amparan a los que destrozan las lunas de un restaurante en una huelga general.

Coda: Barranca no cobra por ser Defensor del Ciudadano. Tan sólo tiene derecho a 140 euros de dieta por cada sesión que celebra la oficina que preside. Su hoja de servicios está inmaculada. Pero en Internet ya aparece caricaturizado y vinculado a Tejero. Hoy estaba sentado en el Salón Colón junto a su mujer sufriendo en silencio la baja estofa de una política que sigue avivando el fuego de los peores estereotipos.