Archivos para el tag ‘Demetrio Cabello’

El TC impone el espíritu de Utrera

Carlos Navarro Antolín | 11 de mayo de 2013 a las 5:00


El juzgado de Utrera era conocido a principios de los ochenta como uno de los peores de España. Una descomunal carga de trabajo, ya que también conocía de los casos de Dos Hermanas, Lebrija y Las Cabezas, y unas infraestructuras deficientes justificaban la mala fama. A su despacho principal llegó en 1984 un tal Juan Ignacio Zoido procedente de Canarias. Se encontró con un equipo de funcionarios que le doblaban la edad y con hábitos, manías y caracteres más que consolidados. Basten dos ejemplos. En esos días tuvo que emplear la mano izquierda con uno que se negaba a trabajar si no era con su máquina de escribir y con otro que se conocía el pueblo tan al dedillo que se tomaba la licencia de hacerle al juez valoraciones sobre los citados a declarar antes de que accedieran al despacho. Aquellos días fueron un máster en la gestión de equipos, en la dura tarea de guardar los equilibrios y en la apuesta por los potajes para limar las tensiones en el horario extralaboral. Pasado el tiempo, un agente judicial le comentó: “Usted se ha dado cuenta aquí de que en la vida hay que arar con los bueyes que uno tiene. Y no con los que uno quiere comprar”.
El Tribunal Constitucional le ha dicho al hoy alcalde de Sevilla, casi treinta años después, que hay que formar gobierno con los concejales que uno tiene. Y no con los que se fichan a dedo. La de Demetrio Cabello fue, si cabe, la apuesta más personal de Juan Ignacio Zoido. Ni el haber conseguido nada menos que veinte concejales en tiempos de máxima austeridad y de dolorosos recortes frenó al alcalde a la hora de utilizar la vía digital para aumentar en un puesto el equipo del gobierno. Zoido tenía la convicción de que Cabello era el mejor para esas funciones. Y no lo iba a hacer pasar por el proceso de confección de una lista electoral, donde hay dentelladas de tiburones y codazos de sprint ciclista. Cabello, por cierto, ha tenido el segundo sueldo más elevado del gobierno, con 58.106 euros anuales, sólo por detrás de la independiente Asunción Fley, con 60.282.
Tan personal era la apuesta que a este alcalde poco amigo de los cambios forzados desde el exterior le ha escocido tener que renunciar a mitad de mandato a su único dedil, después de que Monteseirín agotara en sus dos últimas corporaciones el cupo de tres dediles que corresponden a Sevilla.
Zoido no ha hecho más cambios. No le gustan las crisis de gobierno. Lo más llamativo en la designación de Juan Bueno es el pendulazo que supone el desplazamiento desde un perfil técnico a uno marcadamente político. El profesional de la Policía Nacional no ha asumido nunca ni ha tenido el más mínimo interés en aprender los modos de la actual clase política, cosa que se agradece. Ni circunloquios, ni códigos de corrección política, ni cultivo de los argumentarios oficiales. Tal vez por eso sus comparecencias ante los medios de comunicación han estado muy limitadas. Cabello era un peligro. Su despedida improvisada en un pasillo del Ayuntamiento lo dice todo: “Si alguna vez me equivoqué fue con la mejor intención. Nunca lo hice por joder, aunque no debiera utilizar esta palabra delante de políticos profesionales”.
Juan Bueno es el aparato puro y duro del partido, criado a la vera de Javier Arenas, que lo ha sacrificado en más de una ocasión, y mimado por Ricardo Tarno. Bueno es un perfecto guardián de las formas al que le gusta vivir su ciudad en la calle. Acaso extraña que el alcalde no haya tratado ni siquiera de buscar entre sus diecinueve concejales un perfil parecido en algo al que con toda legitimidad creyó idóneo en 2011 para dirigir la Policía Local, ese cuerpo que es la pesadilla periódica de todos los alcaldes de España, con independencia de las siglas del partido. Sacar a Asunción Fley de la árida Hacienda resultaba inconcebible, una licencia que sólo se le hubiera permitido a Arenas en caso de haber alcanzado San Telmo. Curro Pérez sigue orillado en Triana y con una portavocía del gobierno más bien difusa. Y en contra del concejal Ignacio Flores ha jugado su excesiva proximidad con los agentes. Sabido es que tanta familiaridad con una área de gobierno tan delicada no gusta a un alcalde que, precisamente, eligió al reverendo Maximiliano Vílchez para Urbanismo por ser completamente ajeno a las caracolas de la Cartuja. Y eso que Curro Pérez brilló en la oposición fiscalizando los dineros de las setas.
Como en aquel 1984 en la Campiña, el alcalde se ha topado con la realidad. Ya no puede elegir al perfil idóneo. No hay chisteras, ni conejos. Están los bueyes que uno tiene, que no son pocos. Y no los que uno querría tener, que tampoco es que fueran muchos. Política. Siempre ganan los aparatos. Como los alemanes en fútbol.

¿Peligra el sheriff del gobierno?

Carlos Navarro Antolín | 30 de abril de 2013 a las 5:00


La conocida como Ley Arenas permitió a los alcaldes de la grandes ciudades fichar para su gobierno a personas que no habían formado parte de la lista electoral. Por eso a estos ediles se les denomina dediles, que lo son en toda regla, una suerte de VIPS de la política municipal que se incorporan al sillón al toro pasado de las elecciones. Ni pegan carteles, ni sufren los mítines, ni se molestan en aplaudir cuando el jefe viene de Madrid a pasar revista. ¡Menudos privilegios! Así no extraña que la legión de paniaguados y ninis de los partidos miren a estos personajes con la ceja arqueada. Monteseirín fue el primer alcalde en usar esta potestad cuando colocó a Rosamar Prieto-Castro en Economía e Industria al poco de entrar la ley en vigor. Después nombró dentro de la cuota socialista del pacto de gobierno a Juan Carlos Marset y María Isabel Montaño en distintas etapas para Cultura, y a Ana Gómez para Asuntos Sociales. Para la delegación de Empleo colocó a dedo a Carlos Vázquez, el edil de IU que provocó una gran polémica al formar parte de un piquete violento en una huelga general.
Juan Ignacio Zoido apalabró en 2007 el fichaje como responsable político de la Policía Local de Antonio Bertomeu, comisario de la Policía Nacional que había sido jefe superior en Andalucía y que entonces se hacía cargo ya de la seguridad en Renfe. Pero ya se sabe que Zoido quedó orillado del poder tras aquellas elecciones por la renovación del pacto entre el PSOE e IU. La opción de Bertomeu se perdió. Y en 2011 negoció la entrada de otro curtido comisario de la Policía Nacional, Demetrio Cabello, al que el alcalde ha endosado también los asuntos de tráfico y transportes, con lo que le gusta al sheriff un policía y lo poquito que le apasionan los tejemanejes de Tussam y los carriles de dirección única. A Zoido le corresponden tres ediles no electos en función de la ley de su padrino Arenas, pero sólo ha nombrado a uno, probablemente porque no se entendería que sumara hasta tres más (con sus correspondientes sueldos de entre 50.000 y 60.000 euros anuales) cuando tiene la insólita cantidad de veinte concejales. De hecho ya se le discutió que tuviera que buscar fuera del equipo de concejales electos al delegado de Seguridad y Movilidad, cuando tenía y tiene dentro algunos perfiles tan apropiados para este puesto como Curro Pérez o Ignacio Flores.
En los grandes ayuntamientos se ha seguido esta práctica de meter delegados por la gatera siempre que ha sido posible. Ha habido casos en que determinados profesionales ni siquiera se han querido incorporar a tareas de gobierno ni aun asegurándoles no tener que probar el cáliz de una campaña electoral. Pero este escaso entusiasmo por la política entronca más bien con los bajos sueldos asignados a las concejalías en comparación con los de directivos en la empresa privada. De hecho, Juan Alberto Belloch ha reconocido este fin de semana que quiso fichar a un delegado de Economía para el Ayuntamiento de Zaragoza de acuerdo con la Ley de Grandes Ciudades y que ninguno de los tres profesionales de prestigio con los que contactó aceptó el ofrecimiento. Ahora resulta que el Tribunal Constitucional, ¡diez años después!, considera que la ley del campeón Arenas lesiona el precepto constitucional que dicta que los concejales han de ser elegidos por los ciudadanos, lo que pone en jaque a dediles como el solvente Demetrio Cabello, cuyo perfil de hombre duro y por fortuna ajeno a los códigos de los políticamente correcto se suavizó la pasada Feria por el relato del pavo perdido y encontrado en la glorieta de las Cigarreras. Mira que si el TC nos quita a Cabello, adónde estaré Dios mío la próxima primavera con una Feria sin sheriff, sin pavo y sin esas ruedas de prensa que han sido la sal y la pimienta de la fiesta. A Cabello se le conoce ahora por la frivolidad del relato del pavo, pero sería injusto no reconocer su valor en otras situaciones, como cuando soportó la reacción airada de policías que estaban manifestándose en la Plaza Nueva o su estilo directo al llamar a las cosas por su nombre tras la difusión de la fotografía de los dos incautos agentes exhibiendo el fajo de actas de coches retirados por la grúa: “No son dignos de vestir el uniforme”.

Al sheriff Cabello le sobran los autobuses

Carlos Navarro Antolín | 5 de noviembre de 2012 a las 5:00


Los autobuses urbanos ganan dos millones de viajeros como consecuencia de la ampliación de seis líneas. Qué alegría. Con la mala cara que tenía hasta hace poco ese paciente llamado Tussam, que a puntito estuvieron de darle la extrema unción. Hasta hace poco tiempo no había día que no llegara el parte médico habitual del enfermo: que si había problemas de liquidez para pagar las nóminas, que si un recorte del 5%, que si los eventuales van o vienen, que si el solar del Prado de San Sebastián era la solución… Se encontraba uno por la calle con aquel gerente llamado Carlos Arizaga y daban ganas de acompañarle en el duelo. Carlos, te acompaño en el sentimiento, le decían las plañideras. Y de pronto, zas, cesaron todas las informaciones de alarma. No es que hayan llovido millones en las cocheras, pero debe ser que Mr. Torreglosa, el actual gerente, ha logrado la paz social, una especie de paz torreglosiana al estilo de cierto gran emperador romano. Las pulgas ahora han cambiado de perro. Oiga, átelo que muerde. Y los problemas los tiene Lipasam, que se ha convertido en la Villabajo de las empresas municipales. Esta semana hay que ponerle una velita a San Judas por el sinpar Paco Pepe, gerente de la sociedad municipal que tiene las cuentas en regla pero a los trabajadores con berrinche. Y eso está feo, porque el alcalde tiene en la infantería (policías, barrenderos y conductores de Tussam) su gran baza en los tiempos de crisis en los que ya no se ventea el humo del urbanismo. Uf, qué humo… Abran las ventanas. Pero la estrella de la semana es el delegado de Seguridad y Movilidad, el sheriff Cabello, que ha destacado los buenos resultados de las líneas de Tussam, cuyos autobuses son una prueba irrefutable de la alianza de las fuerzas del Más Allá, porque ya me dirán cómo siguen andando estos autobuses con la losa económica que tiene la empresa encima, cuya capacidad de ahorro está anulada por las nuevas contrataciones a pesar del plan de ajuste. Eso de ver al sheriff hablando de los autobuses da un poco de calor, porque a este hombre lo de la movilidad le gusta lo mismo que la sangre encebollá a uno que yo me sé. Con lo feliz que estaría el sheriff haciendo sólo de sheriff, con sus policías, con la ilusión de tener cuanto antes una unidad de antidisturbios, con esos motoristas multando más pesados que una mosca en un bar de playa, con el nuevo ponemultas dando vueltas por el centro… Hay que hacer la carta al Rey Zoido. Y que no le echen al sheriff más autobuses, sólo policías. ¿Y el carbón? El carbón ya se lo lleva Lipasam. Si para entonces no están de huelga, claro.

Pleno tabernario con olor a podrido

Carlos Navarro Antolín | 3 de julio de 2012 a las 19:31

Pleno del Ayuntamiento de Sevilla. Se debaten modificaciones presupuestarias por varios millones de euros. La concejal de Hacienda, Asunción Fley, dice que el Ayuntamiento es como una familia a la que le ha tocado la “lotería” porque dispone de ingresos extras al acogerse al pago fraccionado de las devoluciones de las participación de la ciudad en los ingresos del Estado. Torrijos se ceba con el ejemplo de la lotería, como era fácilmente previsible: “Si a una familia le toca la lotería no hace un cartel de fiestas, sino que ayuda a sus familiares y jerarquiza esos recursos”.

El portavoz del PSOE, Juan Espadas, dice en un momento de la sesión que “España ha ganado la Eurocopa pero Sevilla ha perdido la cabeza”, en alusión a la estatua decapitada de la Puerta de Jerez y la política fiscal del gobierno de Zoido. Una concejal de la oposición socialista, Encarnación Martínez, utiliza por dos veces una suerte del ¡aaaaaaaaaaaaaaaai! de Los del Río en su canción de la Macarena para hacer ver al portavoz del PP, Juan Bueno, que lo habría pillado con el carrito de los helados a cuenta de una moción sobre un terreno de titularidad municipal que el Ayuntamiento exige a la Junta. La concejal de Cultura, María del Mar Sánchez Estrella, responde a una moción del PSOE para proteger determinados cines de la ciudad con una directa más propia de una discusión futbolera sobre el fuera de juego: “¿Qué estáis hablando?” En el andén hay literalmente un tufo a marisco pasado de fecha. Trabajadores de Mercasevilla han vertido chirlas en mal estado para denunciar que el Ayuntamiento está podrido. Los agentes de la Policía Local no vigilan que los ciclistas cumplan la normativa en las calles peatonales, habrá que esperar a que un menor sea arrollado, pero a la misma hora del Pleno tabernario se hartan de retirar motos de la calle Rioja por primera vez en muchos años. Claro que las infracciones de los cliclistas no reportan dinero a la caja. Y un depósito de vehículos son cien euros mínimo por cada recogida. A Don Demetrio Cabello, delegado a dedo de Movilidad y Seguridad, hay que aplicarle la receta de la concejal Martínez: “¡Aaaaaaaaaaaaaaaai, te pillé!”.

La derecha lucha contra el picudo rojo

Carlos Navarro Antolín | 29 de septiembre de 2011 a las 10:35

En la ciudad de telarañas en las arcas sólo faltaba la plaga del picudo rojo para componer el mapa decadente. Sevilla, ciudad de aves, pájaros, pajarracos y picudos rojos. Zoido no ha mandado a sus 20 concejales a luchar contra el picudo rojo. Menuda sorpresa. Diez mil palmeras de la ciudad amenazadas por esta especie de escarabajo. Alguien con muy mala leche ha debido llegar con una cajita, abrirla en plena Plaza Nueva y dejar en libertad tramos y tramos de disciplinados picudos rojos que han ido a zamparse la vegetación de media urbe. Y el pobre delegado de Urbanismo y Medio Ambiente, el reverendo Vílchez, se tiene ahora que emplear a fondo con el picudo. Ya sabemos que en el Pleno de mañana se hablará, sobre todo, de la incapacidad de esta derecha para luchar contra el picudo. Lo advirtió Espadas en su discurso de toma de posesión, con las calores de junio: “Usted se dará cuenta de que una ciudad no es algo que pueda funcionar como un reloj suizo”. Y tanto. Dos meses después ha cerrado la casi centenaria Relojería Suiza de la Plaza de San Francisco, la de Yruela. Y ha llegado el picudo como el tapicero a su ciudad, señora. Rápido, que llamen a los hombres de Cabello…(suena aquí la música de acción).

A falta de dinero, policías y barrenderos…

Carlos Navarro Antolín | 27 de septiembre de 2011 a las 13:28

Eso que ha hecho el delegado Demetrio Cabello de meterse en el patrullero y presentarse con la Policía Local en la zona cero de una macrobotellona repentina e itinerante no es nada nuevo. Manologarcía, hoy hermano mayor de la Macarena, lo hizo cuando estuvo al frente de la Delegación de Seguridad Ciudadana, en aquellos años previos y posteriores a la Exposición Universal. García peinó no pocas veces aquella conflictiva Plaza del Cristo de Burgos, tomada por unos ocupantes que no estaban precisamente alojados en colegios mayores de la Universidad de Sevilla. Cabello desplegó ayer a sus hombres sobre una marea de desperdicios y botellas. En la Plaza del Salvador sólo faltaba la música de acción. Llegaron, vieron y poco más. Porque poco más se puede hacer (¿O poco más les dejaron hacer?) A las diez y media de la noche la botellona del Salvador estaba más que disuelta y aquello tenía el mismo aspecto de suciedad que la carrera oficial de Semana Santa recién pasada la última cofradía de la nómina. Los últimos jóvenes vivaqueaban por una calle Pérez Galdós de mugre y destilados esparcidos por las aceras. La imagen que queda es la del niñaterío desahogado y vociferante recibiendo con alegría a unos agentes cuya presencia ya cohíbe a pocos. Pero ese es otro problema más profundo. La táctica del gobierno sigue siendo la misma. A falta de dinero, policías y barrenderos. A los hombres de Cabello los vamos a ver muy a menudo. Cabello es ya como los pasos de palio. Detrás de él y sus hombres, viene el camión de Lipasam.