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Los chinos también cierran

Carlos Navarro Antolín | 11 de octubre de 2013 a las 5:00

Antigua Casa Cobo
Que el hombre muerda al perro en cuestión de noticias de hostelería es que un chino eche el cerrojazo y en ese mismo local se abra una cervecería con el tirador de rubia de toda la vida. Eso está a punto de ocurrir en la Puerta de la Carne, por donde la ciudad se abastecía de filetes en tiempos pretéritos y donde ahora se organiza cada mañana el desayunódromo de muchos funcionarios de la Diputación Provincial. Da gusto ver a esos funcionarios a media mañana caminando a una velocidad muy cardiosaludable (por las que hilan) para ir a desayunar, con liturgia de velador y media tostada pasadita. Una cosa es desayunar y otra sentarse a desayunar. En los alrededores de la Diputación hay grandes sentadas de media hora y hasta de tres cuartos de hora para tomarse la media con aceite y el descafeinado.
–¿Sabe lo que es pedir un pringao?
–Ni idea.
–Un descafeinado con leche desnatada y sacarina. Eso es un pringao.
Hay gente que tarda en desayunar una hora como los hay que tardan media en sacar dinero de un cajero. ¿Se han fijado en el tiempo que emplean algunos en sacar dinero, que parece que están negociando una hipoteca o confesándose con la máquina?
Pues en la Puerta de la Carne, donde se despliega ese desayunódromo perfecto en bares con pizarras de colores que a mediodía huelen a rulos de queso, el hombre ha mordido al perro en asuntos del tabernerío. El gran chino de la esquina ha cerrado, un chino que se hizo con el local del legendario Casa Cobo. Muchos sevillanos recordarán el mítico bar Casa Cobo, donde los taxis tenían una parada apócrifa, donde se podían ver los partidos de fútbol y donde se concentraban carteristas, cucarachas y otras señas de identidad que ningún revisionista serio de la historia de los bares podrá negar ahora. Vuelve un bar al local de Casa Cobo y cierra un chino. En Casa Cobo tal vez comience la reconquista de los bares locales a lo Don Pelayo, pero con tirador de Cruzcampo por delante, tras años certificando la defunción de negocios de toda la vida en conversaciones a pie de calle.
–¿Qué han puesto en el Malbery de la calle Cerrajería?
–Un chino.
–¿Y en Las Siete Puertas?
-Un chino.
–¿Y enfrente de los capirotes de Alcaicería?
–Un chino.
–¿Y al lado de los capirotes de Alcaicería?
–Otro chino. Alcaicería ya no es la calle de la loza, sino Alcaicería de los Chinos. Que cambie ya Zoido el rótulo y se deje de colgar bacalaos.
Pues ahora ha cerrado un chino, se comprende si se tiene en cuenta que la renta del alquiler del local era de seis mil euros, un arrendamiento que aseguran que ahora se ha quedado en la mitad. Donde estuvo Casa Cobo, volverá a correr la cerveza. ¿Y las cucarachas? Esperemos que sean como las golondrinas del poema. O como esos funcionarios de la Diputación Provincial que cuando van a desayunar, tardan y tardan en volver.

Hacienda huele a pueblo

Carlos Navarro Antolín | 11 de abril de 2012 a las 5:00

Hace bien la delegada de Hacienda, Asunción Fley, en entenderse con la Diputación Provincial para ejecutar los embargos de cuentas y bienes de los morosos del Ayuntamiento sevillano que tienen el domicilio fiscal en alguno de los pueblos de la provincia. A Monteseirín le costó un lío gordo que se publicara en 2003 que la entonces denominada Agencia Municipal de Recaudación estuviera dictando embargos de forma masiva fuera de Sevilla, una práctica castigada en el Código Penal y por la que la concejal de Hacienda, Evangelina Naranjo, que acaba de llegar al cargo, tuvo que pedir disculpas, anunciar una investigación y reprobar semejantes prácticas. Un solo papel de embargo extraterritorial practicado sin la bendición de la administración competente (Diputación, Junta o Estado) le costaría un disgusto al gobierno de Zoido en tiempos de penuria donde el personal salta a la mínima y resulta evidente la voracidad recaudatoria de todas las entidades locales. Convendremos en que el presidente de la Diputación, el socialista Fernando Rodríguez Villalobos, no facilitará la labor recaudatoria a Doña Tijeras sin nada a cambio. Cabe pensar entonces que los morosos de los pueblos con domicilio fiscal en la capital también verán asomar la guadaña de los servicios de recaudación de la Diputación, un departamento que se escribe Opaef y se pronuncia Opaé. Esta concejal sí que han entendido a la perfección que hay que hacer la ruta de los pueblos, el gran flanco del PP andaluz. Doña Tijeras se nos va al acoso y derribo de los morosos en sierras y llanuras, en aldeas y pedanías. Ahora entendemos que Arenas se hubiera fijado en ella. Hacienda huele a pueblo, como la España de Manolo Escobar en letra de Benito Moreno.