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El desayuno, ese lujo tan barato

Carlos Navarro Antolín | 1 de octubre de 2014 a las 18:59

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La crisis ha despoblado los reservados de los restaurantes y ha llenado las cafeterías. Ahora se harta uno de desayunar, que es más económico y más rápido. El desayuno ha destronado al almuerzo. Hay hasta segundos desayunos como en tiempos había recenas en las bodas de postín. Ejemplo práctico: Arenas ya no invita a comer, sino a desayunar en el Oriza. Hay desayunos con derecho a tostadas como los hay carentes de empapante. Qué vocablo perdido el del empapante… Con la caída del Laredo auténtico se perdió ese vocabulario de camarero malaje, serio y distante que tras preguntar al cliente cómo quería el cafe, soltaba la pregunta al aire: “Y los señores… ¿tomarán algo de empapante?” El desayuno es el lujo más barato que existe en la sociedad actual. Así lo defiende con todo acierto Pedro Molina de los Santos, el director del Distrito Norte del Ayuntamiento, que ya tiene mérito eso de defender la gestión de Zoido en un territorio que es la Siberia de la derecha. Ser director del distrito de Los Remedios es como ser cura en Roma, pero donde uno tiene que fajarse es en el Norte, donde se ganan las medallas de guerra. Cómo ha evolucionado el Distrito Norte que ha pasado de no tener un solo hotel a tener un Hilton.
Pues Molina, que tiene encomendada la tarea de que Zoido no pierda el Norte (no va con segundas), tiene toda la razón con los desayunos. Hágase usted todos los días el café en casa, caliente la leche, saque el tostador y el aceite de oliva virgen extra del Mercadona, exprima las naranjas del zumo, friegue después todos los utensilios, recoja las migas y las servilletas sucias y déjelo todo como estaba. Un horror evitable por menos de dos euros en cientos de bares en los que se puede disfrutar de un desayuno como un marqués, con café y media (de la parte de abajo y calentita, por favor) y con suerte hasta con derecho a periódico. Un lujo que ha llegado hasta el AVE. El AVE no fue de verdad sevillano hasta que en Madrid se dieron cuenta de que había que ofrecer desayunos cardiosaludables y no esas chapatas con cinta de lomo y pimientos grasientos con estética de bodegón de la calle del infierno. A ver si algunos toman nota y ponen pan con aceite en los desayunos profesionales y no esa cantidad de platos con pastelitos que regresan íntegros a los corrales de la cocina. Venga nata y vengan calorías para empezar la jornada. Los pastelitos de cortesía de esos desayunos donde se presenta cualquier iniciativa a los medios de comunicación merecen una defensa, una oda, alguien que impida el desprecio que sufren continuamente en detrimento del café y el zumo de naranja de tetabrik, que sí gozan de enorme aceptación. El personal se bebe el zumo y el café, pero nadie da su sitio a los pastelitos. Fíjense al término de cualquier sermón matinal cómo se quedan las bandejas: enteritas. No falta ni un pastel. Qué poca misericordia. ¿Qué será de ellos? ¿Dónde acabarán tantos pasteles inutilizados? ¿En qué contenedor soterrado? ¿No saldría más barato, más modélico y más ejemplar ofrecer pan y aceite? Un reconocido hostelero de la ciudad daba en la clave el otro día:
–Fíjate la de gente que hay en Las Lapas media hora antes de cada desayuno de trabajo en el Alfonso XIII. Todos metiéndose la tostá entre pecho y espalda para llegar ya desayunados.
La crisis nos ha librado del peñazo de las comidas profesionales. Pero ha disparado el número de pastelitos desterrados. Lo peor es la de gente que hasta antier se inventaba una coartada para no comer en casa. Hubo un concejal de tráfico que todas las mañanas se sentaba en el trono, llamaba a su asesor de prensa para saber los titulares y siempre remataba con la misma cantinela: “¿Y hoy con quién comemos?” Qué mal lo hubiera pasado este hombre en estos tiempos de zumo, café y pastelitos con tantos trienios que a veces hasta tosen. La gente cree que son psicofonías, pero son los pasteles que dan señales de vida. Hemos acabado de los pastelitos más hartos que del canapé de Juliá que llevaba una puntita de anchoa con medio microtomate en lo alto. No hay lujo más barato que la media tostá y el café. Lo dice Molina y los frailes de Regina.

El ‘caimán’ Torrijos

Carlos Navarro Antolín | 1 de marzo de 2012 a las 12:42

Torrijos se ha presentado en la sede del Distrito Sur para hacer leña del árbol caído del joven José Luis García, el concejal del PP de 220 voltios que ha concentrado todas las críticas por los casos de enchufes de familiares y allegados en los distritos. Torrijos quiere pasarle aviesamente la mano por el lomo al perro flaco de esta polémica con la excusa de exigir explicaciones en pro de una mayor transparencia en el gobierno de la ciudad. Como no tiene bastante con las perifrásis que suelta en los Plenos del Salón Colón, donde también le toca los costados al nunca bien ponderado Javier Landa, este Torrijos se reviste ahora de caimán de la política y se presenta en el graderío de sol de la política municipal, en los distritos; en la zona cero de los enchufes liando el número de la cabra porque le hicieron pasar por el control de acceso, petición de DNI incluida. No sabe usted con quién está hablando. El sur es mío. Y tanto que lo sabían, anda que no. El portavoz de IU tiró del catálogo de herramientas y calificó al concejal Pepelu de “martillo de herejes”. Qué cosas. ¿Quién sería entonces la hoz de cabeza de langostinos? A este Torrijos habría que recordarle esa sentencia del juzgado de lo social que declaró nulos siete despidos en la extinta zona norte de los talleres pre-laborales de la sociedad Sevilla Global. El magistrado no apreció en ningún momento “causas objetivas” en la resolución de los contratos y atisbó una “vulneración de derechos fundamentales por motivos ideológicos”. Huy, ¡penalti en el área chica del moobing! Si el PP tiene su flanco en el sur, Torrijos lo tiene en el norte (perdido). Pero en su caso no ha pedido aún disculpas. Ni por ética, ni por estética. Se va el caimán, se va el caimán… buscando el sur sin proteger el norte.