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Dos alcaldes sobre el redondel

Carlos Navarro Antolín | 13 de junio de 2015 a las 5:00

EL REY FELIPE SEXTO ENTREGA LOS PREMIOS UNIVERSITARIOS Y TAURINOS DE LA MAESTRANZA DE CABALLERIA foto Juan Carlos Muñoz
LA vida es lo que ocurre en veinte minutos en el ruedo de una plaza de toros, el tiempo de lidia que marca el reglamento. Orto y ocaso, tragedia y éxito, sol y sombra, silencio y clamor, vítores y bronca, gobierno y oposición, nobles y plebeyos, curas y civiles, cemento y albero, tendido y grada, abrazos y miradas aviesas, trajes oscuros y telas coloridas… El Rey se queda al canapé. Su padre también lo hacía. Los tíos del pinganillo hacen un cordón de seguridad, como los cofrades pretenciosos delante de un paso de palio. Los señores de cable en la oreja siempre tienen cara seria, de negarte el saludo y la ubicación del baño, al fondo a la derecha. La gente en Sevilla sabe cangrejear delante del monarca la mar de bien. En el albero están el alcalde saliente y el alcalde entrante. El titular y el in pectore. Una, dos y tres, dos alcaldes sobre el redondel. Pero Sevilla, cruel como un infante, ya no ve al saliente como alcalde, ni todavía ve al entrante como tal. Sevilla estos días ve a su Ayuntamiento como Roma en días de sede vacante. Los políticos juegan a veces a dar frío durante su mandato, sin saber que ellos lo recibirán también. Saluda al subir, que te los encontrarás al bajar, enseña el Papa Francisco.

El Rey se llevó los aplausos con solo abrazar el atril, como un pregonero de Semana Santa al que el público quiere tributar un ad calorem para que se sienta a gusto y pierda cualquier atisbo de nervio. Ovación larga y sentida. “Aún no he dicho nada”, respondió agradecido. Pero Sevilla aplicó eso tan hispalense de al amigo, todo; al enemigo, nada, y al indiferente, la legislación vigente. Y al Rey venían de pitarle en Barcelona, que los telediarios están en el imaginario colectivo. Entre el público se oyó: “¡Viva el Rey!, ¡viva España!” Sevilla no ha dejado a su Rey, madeja de la heráldica local.
Aquí no se pita. Hay abrazos sentidos, como el que se dieron monseñor Asenjo y Alfredo Sánchez Monteseirín. El arzobispo no olvida que el alcalde socialista lo arropó en sus inicios difíciles en Sevilla. De hecho, aún se recuerda el consejo desenfadado que el cardenal le dio en su día al prelado hispalense ante Sánchez Monteseirín y un coro de sacerdotes: “Juan José, de todos los que estamos aquí, del que te puedes fiar es del alcalde”.

Y otro abrazo se dieron Monteseirín y Espadas. “Ahora que vuelven los míos, iré a la toma de posesión”, dijo Monteseirín en los dominios del tendido uno. Yrecibió una andanada.

–¿Seguro que los que vuelven son los tuyos?

Monteseirín se rió. “Sí, hombre, sí”. Pues no lo invitaron a ningún acto de la campaña. Como sería la cosa que Monteseirín se dedicó a arrimar el hombro en la campaña de Ángel Gabilondo a las autonómicas de Madrid. Estos días está feliz. Vuelve a pisar el ruedo de la plaza de toros con mocasín firme. Y lo hace del brazo de doña Teresa: “Soy su madre, no su mujer”.
El presidente del Consejo de Cofradías, Carlos Bourrellier, resta importancia a los rumores que lo sitúan como asesor del gobierno de Espadas en materia de fiestas mayores. Espadas accedió a la carpa y no encontraba quién lo acomodara. El responsable de protocolo del Ayuntamiento no estuvo al quite. Seguro que hoy la cosa cambia en el Salón Colón. “Y más a partir del lunes”.

–Eso seguro, Juan.

Dos ex alcaldes de ruán participaban en el acto: Fernando de Parias y Manuel del Valle. El alcalde saliente, Juan Ignacio Zoido, era la otra cara de la tragedia griega, el emoticono frío de las últimas horas en el cargo. Pero allí estaba, aguantando el tipo. No se olvide que Monteseirín pegó la espantá en la toma de posesión de Zoido en el verano de 2011. Y la plaza de toros no es mal sitio para una despedida. Que se lo digan a Ruiz Miguel. O a Manolo Vázquez. Por allí andaba el catedrático Javier Landa, siempre sonriente. Y un par de concejales del naufragado gobierno de los veinte concejales, el mismo que perdió 60.000 votos en cuatro años, 40 votos cada día. ¿Cuántos votantes caben en la plaza de toros de la Real Maestranza? Pues se pueden llenar casi cinco plazas de toros de Sevilla con los votantes que ha perdido el PP en las pasadas elecciones municipales. ¿Pensaría eso alguien durante el canapé? Frío, frío… Gélido, gélido. Los langostinos pelados daban la vuelta al ruedo. Sevilla es plaza de primera, da derecho a tres entradas por bandeja. El queso aparece en dados y la carne en lonchas. Las miradas se sirven frías, cruzan la raya de picadores del rencor cuando divisan ciertos abrazos por muy impostados que sean los abrazos. Los abrazos en política se dan para enviar mensajes a un tercero, al que mira desde el burladero de la memoria. No hay abrazos de afecto en el teatro de la mentira que es la política.

La única verdad en el ruedo estaba en quienes cangrejeaban ante el Rey sorteando a los tíos del cable antiguo de teléfono en la oreja, en el frío pasajero del alcalde saliente y sin plañideras, en la madre de Monteseirín sonriente al ver a su hijo rehabilitado en la vida social, en la señorial figura de don Otto Moeckel, medalla de plata de la institución nobiliaria; en la cerveza que se tomaron los trabajadores del escenario como cuadrilla de mulilleros tras el arrastre del toro.
¿La verdad? La verdad es que el Rey pasó por Sevilla otra vez siendo alcalde Juan Ignacio Zoido. Eso dirá el frío mármol de la historia. Pero no dirá nada del frío del albero. Una, dos y tres, dos alcaldes estaban sobre el redondel.
EL REY FELIPE SEXTO ENTREGA LOS PREMIOS UNIVERSITARIOS Y TAURINOS DE LA MAESTRANZA DE CABALLERIA foto Juan Carlos Muñoz

El presidente y catorce más

Carlos Navarro Antolín | 16 de julio de 2014 a las 5:00

SEVILLA, 15/07/2014.
EN Antares, con la Sevilla oficial a la hora del ángelus. Y en el refectorio, a la hora de yantar, con esa realidad siempre efímera que son los cargos orgánicos del partido. Rajoy escogió con mucha precisión a sus acompañantes de mesa en el restaurante Sevilla Bahía. Sólo 14. Hagan la cuenta: la delegada del Gobierno en Andalucía, Carmen Crespo; el alcalde anfitrión, Juan Ignacio Zoido, dos vicesecretarios generales (el andaluz Arenas y el extremeño Floriano), el presidente regional, Juan Manuel Moreno Bonilla; la secretaria general andaluza, Dolores López, y los ocho presidentes provinciales. Los 14 de Rajoy. Catorce en los reservados de la planta alta, mientras los coches oficiales pacen alineados delante justo de la sede de la Tesorería General de la Seguridad Social, en el mismo sitio que –ironías del destino– fue felizmente desactivado un coche bomba de ETA en las vísperas de la Nochevieja de 2000.

Algunos comensales esperaban que el presidente aprovechara el ambiente familiar del partido (dicho sea lo de familiar con toda su carga) para reforzar aún más al líder regional, ese chico quejoso porque en Sevilla no sólo no le colocan la alfombra roja, sino que le ponen chinas en el camino y lo orillan en Becerrita, ese chico de Málaga del que aseguran que ya se arrepiente de la número dos que ha escogido para su aventura andaluza, ese chico del que ya se ha alejado descaradamente su paisano Elías Bendodo –¿por qué no aparece ya en las comparecencias públicas en la sede de San Fernando?– y ese mismo chico que ayer no llevaba cerrado el último botón de la camisa (¿nueva estética de la derecha andaluza renovada?).

Los comensales esperaban mucho del almuerzo. Demasiado. Pero sólo se encontraron con un repertorio de anécdotas de la última campaña de las europeas, una exaltación del jajajá y del jijijí, donde no se dice nada, pero donde se está diciendo todo. Ysí vieron a un Rajoy orgulloso –con razón– por haber evitado el rescate para España: “¿Recordáis ahora aquellos editoriales y aquellas firmas de prestigio que me exigían que pidiera el rescate para España? Pues aquí estamos. Aguantamos y aquí estamos”.

El presidente estuvo flanqueado por Moreno Bonilla y Dolores López. Justo enfrente, en el lugar de privilegio, estuvo Zoido, flanqueado a su vez por Arenas y Floriano, convertidos en las santas Justa y Rufina del PP nacional para el alcalde de la ciudad de la Giralda. No hubo más apoyo del presidente nacional a Moreno Bonilla del ya expresado en el marco institucional y encorsetado de la conferencia. Rajoy no incomodó en ningún momento al sector sevillano en los dominios hispalenses.

“Ha sido un almuerzo tan cordial como de puro trámite”, dijo uno que salió escopetado. Un almuerzo para hacer tiempo antes de que el jefe pillara el AVE de las 16:45. Un almuerzo que hizo recordar la frase de Rajoy en el congreso donde Moreno Bonilla fue elevado al potro de tortura de la presidencia andaluza del PP. “Tú lo has querido”. Eso dijo Mariano aquel día. Sí, es verdad que también dijo acto seguido que él sería el primero en ayudarlo. Pero el gallego despejó la plaza de dudas como un alguacil antiguo al marcar el paseíllo con ese “tú lo has querido” que se ha quedado como una daga en la memoria. Moreno Bonilla lo quiso. ¿Acaso Rajoy no? Y algunos de los elegidos para sentarse a la mesa se metieron en el coche oficial pensando en que, vista la actitud del señor de la Moncloa en el almuerzo a puerta cerrada, la reflexión quedaba ayer completada: “Y tú te las tienes que arreglar, chico”.

El primo de Zumosol al que había llamado insistentemente Moreno Bonilla se marchó por donde vino. Los coches esperaban al sol, como los lunes de tantos millones de parados españoles. Los coches se enfriaron en diez minutos. El frío es bueno para la digestión pesada. Ayuda.

Las cenizas de hoy

Carlos Navarro Antolín | 5 de marzo de 2014 a las 11:19

RAMAS DE OLIVO ARDIENDO PARA CONVERTISE EN CENIZAS FOTO RUESGA BONO
Aquellos maravillosos años había parejas de recién casados que en un plisplás llevaban un tren de vida propio de economías consolidadas. Ni pasaban por el trámite del alquiler, directamente a la propiedad. Ni el viaje por carreteras nacionales, directamente al avión con aterrizaje en destinos exóticos, tan exóticos que algunos presumían de haber estado en lugares donde no se permitía el pago con tarjeta. Mucho mejor cuanto más lejos fuera el periplo. La mesura sólo merecía el desprecio de una mirada por encima del hombro. Todo debía estar condicionado por una velocidad de vértigo. Con 30 ó 35 años se alcanzaban estatus que a la generación anterior le había costado llegar más de cincuenta años en el mejor de los casos tras sacrificios, ahorros y administraciones diligentes. Todo era posible. Todo era sólido. Todo cuanto ocurría alrededor invitaba a subirse a la noria, a entrar en el cuerno de la abundancia, a hablar, pensar y escribir con tramos de ceros. La borrachera era duradera y estable. El sueño de todo borracho: no conocer la resaca.
Las cajas de ahorros tenían testaferros a los que entregaban millones de euros para ir señalando solares, hombres de paja que ahora vivaquean escuálidos por la calle; las fundaciones se multiplicaban al amparo de la perfecta coartada de la responsabilidad social corporativa, pedir el DNI en una notaría era poco menos que una grosería que enlentecía el tráfico jurídico y la CEA era vista como el sueño americano, la cúspide de una pirámide robusta y la representación del verdadero poder fáctico a cuya melodía de flauta acudían todos los roedores de langostinos previa rendición de culto al faraón y a su Anubis. Hoy al secretario general de la patronal lo han zarandeado a las puertas de los juzgados cuando antaño lo recibían con olivos en todos sus destinos. Hoy hay un nuevo preso en la cárcel que antaño levantaba trofeos. Hoy hay esquelas que son un grito de Munch, de las que, en elocuente paradoja, todos hablan y todos callan a la vez. De la hoguera de las vanidades quedan rescoldos de ceniza que tienen la música de la esquila que sigue anunciando caídos.
Dicen que España ha iniciado la senda de la recuperación cuando la ciudad se estremece porque siguen cayendo los cascotes de ese glacial con el que hasta hace poco se ensimismaba. Y de pronto ha entrado el miedo en los cuerpos, la jindama, el deseo de retornar a la prudencia perdida, de volver a circular a aquella velocidad pausada que era despreciada con la altivez propia del pobre harto de pan, a hacer las cosas despacio, al ritmo que marca la prudencia y desaconseja la codicia, a reconstruir los cimientos de la vida cotidiana con los ladrillos de los valores de siempre, a bajar de los altares a los falsos dioses, a la despreciada cultura del esfuerzo y la moderación, a ofrecerle notoriedad a quien de verdad hace cosas sustanciales, a taponar las chimeneas por las que se escapa tanto humo venteado por los agentes de la ficción, a no firmar los expedientes de dinero público sin mirar la letra pequeña, a volver en fin al espíritu de Mañara y la lección de Valdés Leal…. Aquellos nombres elevados a la cúspide en las tertulias, en charlas de café o en simples encuentros a pie de calle, aquellos nombres presentados como valores seguros, con marchamo de éxito incontestable, como referencias sólidas y de trayectorias infalibles, aquellos gentileshombres de la sociedad aupados a las carrozas y exhibidos en los murales de la vanidad, aquellos nombres de prestigio siguen desprendiéndose como arena de Catedral vieja, ligados a destinos fatales, a la misma cárcel o a la diáspora del olvido, mientras el futuro aparece como un callejón vacío, oscuro y con la sola presencia de un gato arisco que en su apresurada huida derriba un cubo cuyo estruendo nos dispara la angustia interior, nos retrotrae a la búsqueda del dormitorio paterno y nos obliga a dejar de una vez el oro de la Visa para los atletas aplicados.