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Espadas aprieta las filas sin el concejal número 12

Carlos Navarro Antolín | 22 de mayo de 2012 a las 5:00

LA oposición socialista se reunió ayer para realizar su particular autocrítica en el primer año de mandato. Juan Espadas, al que algunos en el palomar se refieren simplemente como el líder, convocó exclusivamente a los concejales a las once y media de la mañana. No estaba citado ningún asesor del grupo. El objetivo era redefinir el papel de los once concejales. Espadas entonó el extra omnes para dejar fuera a quienes no tienen cargo público, sabedor de que en el grupo hay quienes empiezan a estar especialmente hartos de algunas “distorsiones”, sobre todo del denominado concejal número 12, que no es precisamente el talismán de aquellos años dorados de la selección de fútbol en Sevilla.

Espadas quiere subir el tono de la oposición, pues tiene claro que el gobierno de Zoido presenta flancos evidentes y que el alcalde está aún en la “nube” de los 20 concejales. Antonio Muñoz, la gran revelación del grupo y el único que goza de la absoluta confianza del portavoz, no puede ni debe ser el que sistemáticamente asuma el papel de ariete. El grupo político necesita a todos los demás a pleno rendimiento. Nada habría más que le interesara al gobierno local que la oposición siguiera adormecida o incluso acomplejada por una mayoría absoluta nunca conocida en los años de democracia.

La reunión donde Espadas tocó a rebato fue muy larga. Se prolongó hasta pasadas las dos de la tarde en el salón de Fieles Ejecutores. El portavoz socialista pidió reiterademente unidad, compañerismo y trabajo. Sus mensajes lo dicen todo. Es consciente de que ha habido demasiadas divisiones y bastantes concejales en un tono especialmente bajo que pueden dar mucho más de sí, como el portavoz adjunto, el moderado Alberto Moriña, que podría hacer mucho más como interlocutor ante la Sevilla más tradicional, sobre todo desde que Rosamar Prieto-Castro, ex concejal y jefa de servicio asignada al grupo socialista, ha confirmado que se jubila como funcionaria el próximo 10 de junio. El PSOE pierde en los despachos municipales a una de sus militantes con mayor grado de aceptación social.

Para pedirles ese esfuerzo a sus concejales, Espadas ha tenido que crear el escenario necesario en el que se puedan expresar con absoluta comodidad, lo que hasta ahora no se había producido. Quedan tres años de mandato, que para muchos efectos son dos si se tiene en cuenta cuándo puede comenzar el proceso de designación del candidato a la Alcaldía en 2015. Espadas no tiene más remedio que apretar desde ya, aun asumiendo que a Zoido le queda todavía mucha credibilidad. Su partido le pide más y sus concejales también le piden más a un portavoz que ha de estar cada semana en el Senado. Por eso él empieza por exigir más a los suyos. Y por eso ayer les invitó a hablar sin esas “interferencias” que antes condicionaban las actitutes y restaban iniciativas. Y es que a los concejales les sienta mal recibir órdenes emitidas por quienes no han pasado por las urnas. Por nucho que vengan del concejal número 12. En eso se igualan los concejales de todos los partidos.

Un alcalde y 20 fieles ejecutores

Carlos Navarro Antolín | 20 de mayo de 2012 a las 5:00

UN alcalde sin sombra. Una curia sin cardenales. Todo por Zoido. El primer año de gobierno se salda prácticamente sin incidentes en la convivencia entre los veintiún concejales del gobierno. Nadie discute al jefe, que ha formado un ejecutivo local donde no hay ningún número dos, nadie que oficialmente se aproxime a la categoría de vicealcalde con la que Monteseirín llegó a investir a Emilio Carrillo amparándose en la Ley de Grandes Ciudades. Zoido no tiene vicealcaldes ni delfines, pese que su programa electoral recogía el nombramiento de un edil de Presidencia. Todo lo más, un círculo estrechísimo en el que sólo cabe como fijo el concejal Gregorio Serrano y algún otro de forma esporádica. El nombre de esa sala noble que está en la planta baja del Ayuntamiento, junto al Arquillo, reproduce fielmente el espíritu de un gobierno donde, por el momento, nadie tose ni cuestiona al alcalde: los concejales de gobierno son los fieles ejecutores. La fidelidad es el efecto lógico de ese período de estabilidad que otorga a todo partido una mayoría absoluta tan abultada y también obedece a que el alcalde no sólo no está cuestionado en su partido sino que no ha hecho más que coger peso específico en las filas del PP. La paz, por ahora, reina en el PP de Sevilla. En el andaluz es otro el debate.

El gobierno local ha vivido casi un año en continuo ritmo electoral, un calendario marcado por la necesidad del PP de explotar (con resultado desigual) la figura del alcalde en las elecciones generales y en las autonómicas. El pronóstico dice que a partir de este segundo año deberán entrar más en juego otros concejales de gobierno (de algunos no se conoce ni la voz).

Un gobierno sin fisuras, pero con un reparto de poder muy distinto. Serrano acapara cuatro áreas y las empresas municipales de peso. Es el superconcejal del gobierno, quien recibe encargos directos y personales del alcalde, el de la agenda más apretada y con quien Zoido comparte muchos de sus momentos de distensión. En general, los concejales de perfil gestor han sustituido a los de perfil político. La delegada de Hacienda, la independiente Asunción Fley, se ha hecho respetar y valer. Tan es así que Arenas se llegó a fijar en ella. Pero la Junta de Andalucía tendrá que esperar. En los Plenos le falta tono político. Maximiliano Vílchez es ya sin duda el delegado de Urbanismo más discreto de la democracia, parece calcado para una etapa de crisis en la que el urbanismo ha perdido fuelle. Ya su gerente se le conoce en las caracolas como “el del pañuelito” por su afición a lucirlos en el bolsillo del pecho de la chaqueta. Es precisamente lo que quería Zoido y así lo expresaba en sus años de oposición: la discreción absoluta en una delegación marcada demasiadas veces por las polémicas y los escándalos.

Pero quien más carece de tono político es, sin duda, el número dos de la lista electoral, el catedrático Javier Landa, que ha metido al alcalde en más de un aprieto por su estilo personal, ajeno a una política encorsetada. Landa usó su potestad como presidente del Pleno para expulsar a dos fotógrafos del Salón Colón, lo que puso a los tres grupos políticos en su contra, que ya es difícil. Anteriormente justificó sin tino que no se izara en el Ayuntamiento la bandera del Día del Orgullo Gay, pero sí la del pueblo gitano. Arguyó que una enseña era institucional y la otra no. Landa ha ido adquiriendo un perfil más discreto y algo menos árido en los últimos meses, consciente tal vez de que las cátedras tienen un peso muy relativo en el mundillo de la política. Por no decir que tienen un peso nulo.

Los concejales más políticos, Curro Pérez y Beltrán Pérez, otrora látigos del gobierno de PSOE e IU, desarrollan ahora papeles más discretos. Curro Pérez está desaprovechado: es portavoz oficial de un gobierno muy presidencialista y su parcela de gestión se reduce al distrito de Triana. Recuérdese que el grupo popular tiene también su propio portavoz, Juan Bueno, con un destacado peso orgánico. Curro Pérez tendrá en pocos meses una competencia para sacar a la luz sus cualidades: la construcción del aparcamiento en San Martín de Porres, que tendrá dos meses levantada esta plaza.

Y Beltrán Pérez parece estar dedicado (y a gusto por el momento) en esa tarea poco lucida de coordinar y potenciar los distritos. La previsión lógica es que Los Pérez recuperen más protagonismo en cuanto se acerquen las elecciones. Son los más políticos.

Zoido sólo ha tenido que desautorizar expresamente en una ocasión a un miembro de su gobierno, precisamente al único que eligió a dedo: Demetrio Cabello. El delegado de Movilidad, comisario del Cuerpo Nacional de Policía de profesión, admitió en público que el Ayuntamiento no puede hacer nada para que la empresa Equipark devuelva a los vecinos las fianzas entregadas porque «no es una obligación impuesta» ni en la normativa contractual ni en los pliegos administrativos de la concesión, por lo que se trataría de una cuestión civil entre una empresa y un particular «y en este ámbito ha de dilucidarse». Cabello dinamitó así una de las principales promesas de Zoido, que en las elecciones experimentó una fuerte subida de votos en el distrito San Pablo-Santa Justa, donde son muchísimos los vecinos defraudados por este asunto. Ni veinticuatro horas tardó el alcalde en pegar su primer tirón de orejas al edil independiente. Zoido calificó de “insatisfactoria” la explicación del concejal de Movilidad y ganó tiempo pidiendo nuevos informes.

El segundo tropiezo resultaron ser los familiares enchufados en los distritos, donde adquirió un protagonismo negativo el más joven de la corporación municipal, José Luis García, delegado del Distrito Sur. Los parientes tuvieron que renunciar a los contratos para que el gobierno no persistiera por más tiempo en los mismos errores que se hartó de denunciar cuando estaba en la oposición y gobernaba Monteseirín con el sostén de IU. A Zoido le escoció especialmente que tales prácticas las hubiera realizado precisamente el más joven del grupo político. José Luis García, Pepelu en las filas del PP, tiene el aval del propio Javier Arenas. Pero ahora está estrecha y discretamente marcado para que no vuelva a protagonizar escándalos que concedan munición al PSOE, que en este asunto fue donde realizó su mejor rodaje como oposición.

Tan sólo se ha producido una baja en el gobierno, la de la delegada de Nervión, María Eugenia Romero, que ahora es diputada en las Cortes. Entró como concejal el siguiente en la lista electoral, Rafael Belmonte. Zoido aprovechó para asignar a Pía Halcón al amable distrito de Nervión y enviar a Belmonte, de perfil mucho más político y un buen ejemplo de fiel ejecutor, a bregar con los problemas de Bellavista, un distrito más duro donde el PSOE tiene a sus dirigentes más beligerantes. Incluso el propio Juan Espadas tuvo sus más y sus menos con sus compañeros de partido en Bellavista en plena campaña electoral. El cambio de Halcón ha sido el único producido respecto al organigrama inicial del gobierno.