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Los olvidos de Zoido en Bruselas

Carlos Navarro Antolín | 9 de julio de 2013 a las 21:12


Zoido se ha ido a Bruselas a promocionar Sevilla como destino turístico. Allí ha pronunciado un discurso rico en referencias a grandes personajes y que ha resultado como las homilías de monseñor Asenjo, que siempre nos suenan, oiga. Esto lo he oído yo en otra iglesia, esto lo he oído yo en un Pleno municipal. Hay discursos que son un ejercicio para la mente, como los crucigramas de los domingos. Discursos que son la versión en papel de los moros de Queipo, discursos de cortar, pegar y largar. Los mismos moros, las mismas referencias. Zoido habló nada menos que de Trajano, Adriano y Julio César. ¿Recuerdan cuando Rojas-Marcos se fabricó un vídeo en la campaña del 99 en el que el mismísimo Alejandro entablaba un diálogo con el Julio César de la Alameda de Hércules? Alejandro se subió a la columna y se puso a la altura de quien amuralló la ciudad antes de que hubiera carriles bici. Enseguía don Julio iba ahora a poner una muralla habiendo comisión de patrimonio, veladores como botellines de la Cruzcampo e inspectores de disciplina urbanística buscando perras para la caja municipal. Zoido citó también a los visigodos, que ya se sabe lo importante que fueron los visigodos para Sevilla, tanto que los turistas alemanes se hartan de preguntar por la Sevilla de los visigodos; a Almutamid, que tiene nombre de restaurante de la Gran Plaza; San Isidoro y San Leandro, San Fernando, Velázquez, Murillo, Bécquer, Machado… Hasta refirió a Felipe González entre los sevillanos con talento y excelencia, con lo que le escuece a Javier Arenas (Javié, para el alcalde) que su ahijado político le dé pista al ex presidente socialista. Punto de mala uva ahora que a Javié no le llega la camisa de Javier Sobrino al cuello a cuenta de ese tesorero que tiene hechuras de portero de discoteca cara. Con el discurso de Zoido nos llevamos un chasco porque el alcalde no citó a José Manuel Soto como atractivo de la ciudad, pese a que hace poco le concedió la medalla por ser un “exponente de la canción ligera”, según decía la nota oficial. ¡Rabos de pasa para el alcalde! Tampoco citó a Los del Río, que también recibieron la medalla el pasado mayo, por el “enorme impacto” que le dieron a la ciudad con la canción Macarena. Esa canción a la que siempre sigue el ¡aaaaaaaaaaaay! que recuerda a los que suelta la concejal socialista Encarna Martínez en los Plenos cuando pilla al portavoz del PP en un renuncio: “¡Aaaaaaaaaaaaaaay, señor Bueno, aaaaaaaaay!” Y en esos momentos es cuando el Pleno coge altura, entra en nivel de verdad, pero un nivel de Castelar y Cánovas del Castillo revestidos de maceros. Pues eso, nosotros soltamos nuestro particular ¡aaaaaaaaaaaay! por los olvidos del alcalde en Bruselas. Zoido tampoco citó a los simpáticos jóvenes de Siempre Así, que tengan la edad que tengan siempre son jóvenes, ¿verdad? Y no dijo nada de la ciudad de los 10.000 veladores. Si queremos fomentar Sevilla como destino de más de dos pernoctaciones hay que procurar que la gente tome asiento, que el personal se sienta a gusto en cualquiera de los bares, mejor que mejor si son del Grupo La Raza. Si hace falta se dice aquello del “¡se sienten, coño!” Que para eso tenemos Argote de Molina plagada de mesas, sillas y de esos aspersores que le remojan el pelo gratis total como esos urinarios de Japón que le dejan la mar de fresquita esa parte del cuerpo que está algo más abajo. Y para eso tenemos una Avenida de la Buhaira convertida en gran terraza para sentarse, en la que sólo falta que los señores del Registro de la Propiedad también pongan veladores. ¿Y de los gin tonic? Pues tampoco dijo nada el alcalde en Bruselas sobre Sevilla como ciudad de los Gin Tonic. Mucho hablar los denominados operadores turísticos de lo bien que va Sevilla como destino del turismo gay, como destino de los reyes magos en verano y como destino de alto nivel cultural con esas santas de Zurbarán del gran Benito Navarrete, pero ni mú del gin tonic. ¿Acaso no hemos inventado Ginebralia los sevillanos? Yo digo aquí como la concejal Encarna Martínez: “Aaaaaaaaaaaay, señor Zoido, que ha tenido usted muchos olvidos” Y lo remato con media verónica: “¡Aaaaaaaaaaay!”

Sevilla, ciudad del gin tonic

Carlos Navarro Antolín | 3 de junio de 2013 a las 19:11


Hay veces que las notas de prensa las carga el diablo (cojuelo). El diablo se porta mal. Y dicen que portándose mal se lo pasa uno mejor. No falla. Pablo Castilla, que fue gerente de la difunta televisión local a la que todavía no se le ha organizado el funeral debido y que a este paso va a dar pasos de Semana Santa en agosto, nos remite la convocatoria de un acontecimiento que tendrá lugar el 6 de junio en la terraza Puerto de Cuba (libre), con privilegiadas vistas al Guadalquivir. El título es de lo más sugerente: Ginebralia. ¿Y en qué consiste Ginebralia? Lean, lean: “Se trata de una experiencia que reunirá a las marcas líderes en ginebras y tónicas en un escaparate de degustaciones que ofrece tanto al consumidor final como a los profesionales de los sectores de hostelería y distribución, la oportunidad de adquirir conocimientos en las nuevas tendencias y formas de degustar dicho producto”. Y el remate, a modo de media verónica con aromas de bayas de enebro, es lo que sigue: “Este evento nace con intención de continuidad y crecimiento para ofrecer anualmente a la ciudad de Sevilla un punto de encuentro para los ginlovers“. La pena, penita, pena, es que Ginebralia no será inaugurada por Jesús Posada, el presidente del Congreso de los Diputados que más ginlovers reúne desde la instauración de la democracia. La cinta de Ginebralia la cortará Pedro Sánchez Cuerda, el presidente de los hosteleros sevillanos que, por cierto, recibió el domingo en su casa a la señora Cospedal para envidia de una legión. Cospedal no fue a Robles, no. Cospedal fue a la Raza, donde tuvo que ver en primera fila al teniente Landa en un acto de partido puro y duro. ¿Pero este Javier Landa no era independiente? Anda con Landa, anda… Que le está cogiendo el gusto a la gaviota azul. Pío, pío. Digresiones aparte, a Pablo Castilla se le puede quedar chica la terraza cubana con la de tontos del gin tonic que hay en Sevilla, tantos como para montar una cofradía de vísperas a lo pirata, que son las cofradías rebeldes de ahora, las que no pasan por el control de la ventanilla única del Arzobispado y se saltan a la piola el poder establecido en versiones actualizadas de la valiente. Lo de Ginebralia, que suena a empresa abastecedora de agua del litoral onubense, podrían haberlo hecho en Fibes por aquello de poner en valor la herencia. ¿No fue en Fibes la entrega de las medallas (de Argüeso)? ¡Qué bonito suena eso de poner en valor las cosas! Ahora todo se pone en valor. Las hermandades ponen en valor su patrimonio con exposiciones en el Mercantil como el gobierno pone en valor las setas de la Encarnación por sentido de la responsabilidad. El Museo del Prado pone en valor su colección menos conocida con exposiciones temporales como los restauradores del retablo mayor de la Catedral ponen en valor las tablas más alejadas de la vista del público. No hay un día sin puestas en valor como no lo hay sin puestas de sol. Las puestas en valor asedian la economía del lenguaje como indios enfurecidos y vociferantes. Pues vamos a poner en valor el gin tonic. Larga vida a Ginebralia. Sevilla, ciudad del gin tonic. Lo de Ginebralia, en el fondo, es una forma de poner en valor el río. ¿O no, Pablo?