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Javier Millán, el pringado

Carlos Navarro Antolín | 25 de septiembre de 2018 a las 5:00

Cesco Rodríguez

El portavoz de Ciudadanos en Sevilla está debilitado, se siente cuestionado y especialmente orillado por los altos mandos del partido. Javier Millán confiesa que es tratado como un “pringado” por los máximos responsables de la formación naranja. Así se lo dice a un cargo del partido en Sevilla. Y, efectivamente, “pringado” lleva desde el último congreso nacional, celebrado en febrero de 2017, cuando lo dejaron fuera del consejo general de Ciudadanos pese a estar llamado a ejercer de referencia de la formación en la capital de Andalucía. Las grabaciones a las que ha tenido acceso este periódico prueban que el todavía portavoz del Grupo Municipal de la formación naranja en Sevilla se ha aficionado muy pronto a la vieja política, demasiado pronto, casi como el chaval que adquiere los vicios de los viejos conductores nada más aprobar el carnet. Millán, por seguir con la comparación, ya no se molesta en anunciar el cambio de carril con el intermitente. Se tira a tumba abierta a poner a caldo a compañeros de partido.

Su desesperación, derivada de la progresiva pérdida de apoyos internos, condiciona constantemente su discurso. La grabación que revela hoy este periódico demuestra que Millán ha hecho su particular máster en el juego de tronos, las traiciones, las escaramuzas y el intento de generar alianzas forzadas, amén de un curso especializado en el uso de términos despectivos para referirse a compañeros de partido que han de decidir sobre su futuro. Ya le pasó a Chiqui Benegas en los años 90 cuando le grabaron largando de Felipe González, ¿recuerdan? Felipe era “Dios” y Narcís Serra era “el catalán”. Para el sevillano Javier Millán, el catalán Fran Hervías, secretario de Organización de Ciudadanos, es el “gordo”. El líder regional, Juan Marín, es un hombre “acojonado”, al que se refiere como “manzanilla” y como “Sanlúcar”, en alusión al exquisito vino de la localidad natal del líder regional de Ciudadanos. Y la diputada por Sevilla, Virginia Salmerón, es “la marquesa que no quiere trabajar”, una “tipa”, una “muchacha” que, según su testimonio, “no me soporta”. Al menos, Millán se refiere a sí mismo como un “pringado” que se recorre los barrios de Sevilla mientras la obsesión de sus días, la citada Virginia Millán, “lo que quiere es vivir bien”.

Javier Millán ha sido sorprendido, como los viejos políticos, largando de su propio partido, al que califica de “panda de amigos”. Olvida que él mismo sería un pandillero. Plantea, ¡ay la vieja política y los extraños compañeros de cama!, la conveniencia de “cultivar la amistad con Juan Marín”, el líder regional que aspira a entrar en el próximo Gobierno andaluz. Y denuncia el “nivel de tiranía” que, en su opinión, se sufre en Ciudadanos.

Millán confiensa que teme ser “cepillado”. Esto es, que no le dejen ser candidato a la Alcaldía de Sevilla en 2019. Es sabido que Ciudadanos necesita un Manuel Valls para ilusionar a su gente en Sevilla. Millán no remonta en las encuestas, no ha sacado rédito del período de fuerte división interna del PP sevillano, ni ha capitalizado el éxito de crecimiento de Ciudadanos en toda España. Ciudadanos conoce de la debilidad de Millán como candidato casi desde el principio, por eso nunca ha gozado del respeto de Madrid. Si fuera una marca sólida, capaz de triplicar el número de concejales, tal vez el partido hubiera tenido el gesto de incluirlo en ese consejo general por mucho que no tuviera afinidad personal con los principales jerarcas naranjas.

Millán se duele continuamente en la conversación de su enfrentamiento con uno de los máximos responsables del partido, Fran Hervías, esposa de la diputada Virginia Salmerón. “El ve por los ojos de ella”. Pero no sólo no tiene el apoyo de Hervías. Millán fue ninguneado recientemente por el mismísimo Albert Rivera en un acto reciente en Sevilla, donde el emergente político catalán no sólo no lo citó, sino que se mostró partidario de incorporar a gente con talento en la carrera electoral por la Alcaldía de Sevilla. Prueba de la desesperación de Millán es la reciente alianza contranatura con Podemos e IU para pedir un pleno extraordinario, una maniobra mal vista por sus superiores en el partido.

La conversación que revela este periódico está trufada de alusiones al partido como una “panda de amigos” donde él ha quedado arrinconado, pese a lo cual intenta hacerse con la candidatura a la Alcaldía.

Millán, el pringado, anda a la desesperada en la búsqueda de apoyos para que su figura no se diluya como un azucarillo. Lo peor, quizás, es referirse al número tres del partido como el “gordo”. Le bastaba, tal vez, con referirse a Hervías como el “catalán”, que fue lo que hizo Benegas en los años 90 cuando largaba de Narcís Serra en sus charlas teléfonicas. Millán no ha aprendido lo que enseñan algunos viejos maestros cuando una tertulia se caldea: a un calvo se le puede decir de todo, incluso mentarle a la familia, pero lo que nunca tolerará es que le digan… calvo.

En fútbol ganan los alemanes. En política, los aparatos. Y el enemigo, ay Javier, el enemigo siempre está dentro. Estas confesiones en política nunca terminan en absolución. “Si me pudieran echar un insecticida, me lo echaban”. Todo lo has dicho tú. Y todo te lo has dicho tú.

El portavoz de Cs en el Ayuntamiento de Sevilla, Javier Millán, comparece ante los medios para informar de una nueva medida de Ciudadanos en la negociación del presupuesto

El berenjenal del Ateneo

Carlos Navarro Antolín | 21 de noviembre de 2012 a las 5:00


La última asamblea general del Ateneo resultó ser un gallinero. Las heridas abiertas por la crisis de los Melchores siguen sangrando. La institución está decadente hasta el punto de que la sesión duró cinco horas como consecuencia de las continuas interrupciones, llamadas al orden, quejas, disputas personales, expulsión de asistentes que no eran socios y repetidos conflictos porque no coincidían el número de votos con los presentes en la sala. La grabación de la asamblea revela mil y un detalles de todo lo que ocurrió. Un caos. La clave de fondo estriba en que una plataforma de más de 150 ateneístas, de acuerdo con los estatutos vigentes, había presentado días antes la solicitud de convocatoria de junta general para acordar el cese de la actual junta directiva y la convocatoria inmediata de elecciones. La actual junta, que preside Alberto Máximo Pérez Calero, consideró que la solicitud no era adecuada (faltaban, dicen, los documentos nacionales de identidad, entre otras supuestas irregularidades), pero aún así decidió llevar la petición al orden del día de la junta. La plataforma se negó a que se votara su petición, alegando que se trataba del ejercicio de un derecho estatutario y que, por lo tanto, no era susceptible de ser votado.
Se lió parda en este punto. Y en casi todos. La noche empezó con una embrollada discusión sobre el número de votos delegados, el número de presentes y hasta el número de los asistentes que habían delegado su derecho a sufragio pero que finalmente se personó en la sede de la calle Orfila. Un enredo. Hasta la presencia del fedatario público fue discutida por algunos ateneístas. La grabación da cuenta de un diálogo a voces y crispado por esta cuestión:
–¿Qué hace aquí un notario, señor presidente?
–Lo hemos creído conveniente para levantar acta en caso de incidente.
–¡¡¡Para levantar acta ya tenemos al secretario general!!
Y siguió el revuelo. Perdón, la asamblea. Acto seguido, una joven que acompaña en la sala a la hija de un alto cargo de la junta directiva es “invitada” a abandonar el lugar porque se confirma que no es socia. La afectada se marcha airadamente. El notario sigue mientras tanto comprobando el número exacto de asistentes. Una labor de chino en la que seguro que recordaría sus años de paciente opositor. La asamblea se desmadra. Las cifras bailan. Se pide la suspensión. El presidente grita. Parece que el notario amaga con marcharse. Alguien afirma: “¡El notario no puede dar fe de algo que se va a votar y no se sabe cuántos y quiénes vana votar!”
Un asistente –conocido catedrático de Universidad– pide la resurrección del espíritu ateneísta para calmar los ánimos. Vano intento. El notario aconseja un receso y se suspende la sesión durante casi media hora hasta que se comprueba el número exacto de asistentes y de votos delegados. Tras la reanudación, la trifulca retorna a cuenta de las propuestas presentadas por varios ateneístas relativas a diversos puntos del orden del día. El presidente asegura que desconoce el asunto. Se oyen quejas. Un ateneísta –ex presidente de un importante colegio profesional– asegura que esas propuestas se deben debatir en ruegos y preguntas. “¡Aquí no es infalible ya ni el Papa!”, dice en medio de la discusión. Otros ateneístas hablan de “incumplimientos garrafales de los estatutos”. “¡Vamos a colaborar con el presidente!”, se ruega desde la mesa para aprobar las cuentas. Hay quejas porque el secretario general del Ateneo se ha reído tras la votación en la que ha ganado con claridad la posición defendida por la mesa: “¡Nadie de la mesa debe reírse, señor presidente!”
El punto máximo de tensión se alcanza con la votación sobre la petición de asamblea extraordinaria. El promotor de la plataforma, Anselmo Valdés, expone que no procede la votación, puesto que la convocatoria de asamblea es automática siempre que lo pidan por escrito un número superior al 10% de los socios. La mesa le responde que las firmas presentadas no son legibles y que ningún ateneísta ha confirmado su rúbrica, pese a que se han enviado cartas con tal finalidad. Valdés lee varios preceptos de los estatutos y, al final, recuerda el artículo primero, que dicta que “el Ateneo es una asociación cultural, científica, literaria y artística de carácter libre, independiente y plural”. Le contestan, entre otros, el presidente de una asociación profesional, que admite que no conoce los estatutos, que ni es abogado ni entiende de leyes, pero aún así opina que la asamblea es “soberana” y que se debe votar. Los soberanistas no están sólo en Cataluña, por lo que se ve. Otro ateneísta considera que la plataforma opositora ha cometido “delitos flagrantes” al haber enviado cartas pidiendo firmas. Se recuerda que el Ateneo ha puesto una denuncia por el supuesto hurto de datos. El berenjenal es tal que se pide la intervención del notario, que aduce que sus cometidos son los que son. La grabación revela en esos momentos las siguientes intervenciones cruzadas entre partidarios de la actual junta directiva y opositores: “¡Tengo yo la palabra y si quiere me insulta!”, “¡Aquí se saltan las leyes y no pasa nada!”, “Aquí hay una persona que necesita tratamiento rápido”, “El presidente es honesto, excesivamente honesto”, “Al presidente lo han puesto a parir en una entrevista radiofónica con acusaciones sobre maniobras ocultas”, “Esto no es ningún golpe de Estado, sino el ejercicio de un derecho estatutario”, “Señor notario, sepa usted que está participando en una falacia absoluta”, etcétera.
La votación finalmente se celebra sobre este polémico punto del orden del día y, al igual que todas, gana la posición de la actual junta directiva. El secretario, al preguntársele por su voto, exclamó: “¡No me voy!” Se jactó así de permanecer en el cargo, pese a las maniobras para conseguir el cese de la actual junta, un intento que está ya en manos de la Justicia. (A este respecto, el lunes pasado se celebró el acto de conciliación en el juzgado número 18 de Primera Instancia de Sevilla. El presidente de la institución, de acuerdo con sus asesores jurídicos y tal como informó en la asamblea, defendió ante el secretario judicial su decisión de no acceder a la petición).
La grabación recoge el revuelo que se forma cuando muchos de los opositores se marchan. La junta general acabó de madrugada, luego de votar el acceso libre a la caseta de Feria con motivo del 125 aniversario de la institución, pues hasta ahora sólo accedían quienes pagaban una cuota de 600 euros. El presidente cerró la sesión alabando el “ejemplo de democracia” dado por el Ateneo: “Vosotros, socios, habéis hablado, y la mayoría votante ha validado a la actual junta directiva”. Pérez Calero se lamentó: “Durante un año hemos estado aguantando, como se dice en esta Sevilla nuestra, carros y carretas…”