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El eje pendiente

Carlos Navarro Antolín | 11 de septiembre de 2016 a las 5:00

Málaga 07 Septiembre 2016 Los alcaldes de Málaga
JUAN Espadas ha cogido la matraca del eje andaluz como Zoido se abonó a la zona franca o a contarle al primero que quisiera oírle (que antes eran muchos) la cantidad de hamburguesas que se despachan a diario en el Macdonalds de la supuesta Ciudad de la Imagen, aquel terreno del Higuerón Sur que se bautizó así por la cantidad de empresas audiovisuales que se iban a instalar en sus solares, pero imagen, lo que se dice imagen, lo que seguimos teniendo es la calle. Aceptamos hamburguesería como apuesta audiovisual con doble de queso. Espadas no suelta el eje, qué afición le ha cogido a fotografiarse con los alcaldes de Málaga, Córdoba y Granada. Vertebrando Andalucía, sí señor. Andaluces, levantaos… del velador. Los cuatro alcaldes presentaron esta semana una marca de promoción conjunta de sus urbes para captar esos turistas que son nuestros amos y señores. Aquí las fuerzas vivas ya no son las cofradías, por fortuna (ni ducados), sino los turistas de pelambreras al aire en la sacristía mayor de la Catedral y de sangría bajo los aspersores de cualquier terraza sudorosa.

Esta política blandita, de márquetin buenista, de declaraciones de pescado en blanco con la guarnición de las patatas hervidas del todos y todas, tiene mucho más en cuenta la cifra de negocio que los criterios que hacen que Sevilla siga siendo de verdad un atractivo turístico auténtico, basado en monumentos bien conservados, una traza urbana respetada, un comercio asolerado y, por supuesto, un ambiente callejero limpio y ordenado. Estos políticos se preocupan más por el rótulo del comercio que por contratar a un buen profesional detrás del mostrador que sea el valor añadido que hace rentable la inversión. Se esfuerzan más por los vídeos promocionales, por el minuto en las redes sociales, los retuits y tatararretuits que por que Sevilla tenga un casco histórico libre de obstáculos, aseado, sin olor a fritanga mezclada con el aroma de las heces de caballo. Porque hace tiempo que muchas calles de Sevilla huelen mal y tienen un color chillón que echa para atrás, mientras la comisión de patrimonio sestea espantando las moscas de cuatro proyectos a los que pone dos reparos menores para justificar su propia existencia. Aquí se trata de dejar hacer, que consiste fundamentalmente en no hacer nada, y acaso hablar a media voz.

La medida exacta de las actuales autoridades municipales la ofreció esta semana el impagable edil Joaquín Castillo, delegado de Hacienda y del distrito Sur, cuando preguntado por las quejas más que razonables de los vecinos del Plantinar por los ruidos y la suciedad que generan las fiestas de los estudiantes de los pisos alquilados, no se le ocurrió otra cosa al baranda que aumentar el lapidario bobo. Don Castillo se puso equidistante y presto a defender a los residentes frente a los alborotadores. Dijo que todos tienen que “coexistir” (ojo al verbo empleado, que es literal), que hay que hablar con todas las partes para que “entren en razón”. Resulta conmovedor cómo el obligado a ejercer la autoridad se pliega, melífluo, ante el colectivo que considera más fuerte y desprecia al tradicionalmente quejica. El vecino, que se ponga tapones para dormir, ¿verdad usted?. Cuando Castillo quiera cobrar el IBI atrasado de los señores del Plantinar, que se ponga a la misma altura de los morosos y que ambas partes “entren en razón” y no se active el procedimiento de cobro por la vía ejecutiva. ¿O no?. A “coexistir”, que es lo de que se trata, según Castillo.
El verdadero eje pendiente sería el de trabajar más por la ciudad y menos por las marcas, más por la realidad a pie de calle y menos por el humo publicitario. Tendrían que sentarse los alcaldes de Sevilla, Córdoba, Málaga y Granada muchas veces más, claro que sí. Por el turismo, sí, pero también para compartir criterios en asuntos de vida cotidiana como la movida, la recaudación de impuestos, el uso y abuso de la vía pública, la normativa para ciclistas, la recogida de excrementos caninos, los procesos de tramitación de todo tipo de licencias, la organización de la seguridad de las mil y una procesiones, la conservación del entorno de los monumentos, la estética de los cascos históricos, la uniformidad del mobiliario urbano, las reformas que necesita el sector del taxi, el diseño con sombra de los grandes espacios públicos, etcétera. Aquí los ejes son sólo para explotar aquello que peor cuidamos: un centro histórico prostituido donde para cruzar por ciertas calles hay que pedir la vez, donde un día taponan un edificio de Aníbal González con cuatro toldos que dan una sombra escuálida y otro ventean un catálogo para ofrecer edificios y entornos monumentales para cuchipandas de postín, donde en pocos meses cierran establecimientos centenarios sin que nadie demande al alcalde aquella promesa de crear una catalogación que proteja esos negocios que son parte de la sangre del ser vivo que es toda ciudad, donde perdimos la suntuosidad de un hotel de cinco estrellas en pleno centro a cambio de una decoración de apartamento abaratado de Rota.

El eje turístico es una apuesta por la pasta rápida que emana de ese turismo elevado a la condición de Saturno que devora los centros históricos, adulterados, maltratados y malolientes. Somos la familia tiesa (como el marido de Susana) que busca cada día colocar a la hija ofreciendo la falsa dote de una historia y una grandeza que acaso ya está sólo en los libros. Pero como se lee poco, tenemos la suerte de que muchos pican. Y se nos pone una sonrisa de pícaros triunfantes con la estadística mensual de los turistas. El Ayuntamiento con el turista es como aquel desvergonzado padre de familia: “La de gente a la que tengo que engañar cada día para llevar el sueldo a casa”. El eje, idiota, es el eje. Todo por el eje. Al turista, todo. Al sevillano pesimista, nada. Y al sevillano indiferente, la legislación vigente.

El milagro del PP

Carlos Navarro Antolín | 13 de abril de 2016 a las 22:40

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Después de la foto del agente tocándole la cara a Rato para ahormarle la entrada en el patrullero, algunos pensamos que el PP quedaba definitivamente tocado en las urnas, malherido en la cuneta de no saber explicar las medidas contra la crisis, varapaleado en la altiva convicción de que el pueblo sabría valorar que Rajoy ha sido quien nos ha librado del rescate en el tiempo de descuento, y ahogado en un tufo de corrupción donde por momentos parecía que ningún dirigente de Génova salía con respiración. Hemos visto al alcalde de Granada acostarse tras una noche feriante en Sevilla y despertarse detenido en su ciudad por un asunto urbanístico… El urbanismo de los años de las vacas gordas sigue generando investigados, antes imputados. Torres Hurtado, que fue delegado del Gobierno andaluz, ha sido para el PP una suerte de Celia Villalobos en versión masculina por aquello del exceso de campechanía, un carácter pasado de rosca. En la política secuestrada por el márquetin y condicionada por las estrategias para caer simpático y resultar cercano, el riesgo de meter el pinrel se dispara si el político en cuestión hace gala de un perfil en el que parece de todo menos un político. No se puede ser gracioso y ocurrente todos los días. O se es un gestor y se parece un gestor, o no, que diría Rajoy. Aquí caen los perfiles sesudos (Rato), los simpaticones (Torres Hurado) y los duros (Bárcenas). No se libran ni algunos ministros (Soria) en apuros por los papeles de Panamá. En este panorama resulta un milagro que el PP siga dando cerca de 130 diputados en las encuestas de cara a la repetición de las generales. Claro que la cosa cambia si se trata del PP andaluz, necesitado de una refundación desde el enésimo batacazo de Arenas. Tal vez ocurra que la corrupción está amortizada y convertida en espectáculo. Estamos demasiado acostumbrados a los amaneceres de registros policiales en los despachos de las instituciones. Ocurre con el PSOE en Andalucía. Y con el PP en España. Los pasados de rosca somos quizás los electores, con la capacidad de sorpresa agotada y las pinzas siempre dispuestas para apretarnos la nariz el día de las votaciones. La culpa es de las vacas. Que eran muy gordas. El sobrepeso se acaba pagando. Siempre. Lo dice la sevillana: “Por una mala partía, los jueces me condenaron”. Y para estar condenado hoy basta la mano que empuja al político a entrar en el coche policial, el registro de la sede o el paseíllo por el juzgado. Y te siguen votando aquí y allí.

Tita Astolfi, el fichaje oculto de Moreno Bonilla

Carlos Navarro Antolín | 29 de mayo de 2014 a las 20:43

bonilla1
Si las grandes reformas se hacen en agosto o en las vísperas de festivos, el incombustible líder del PP andaluz realizó un fichaje estelar para su ejecutiva regional en pleno Viernes de Dolores, cuando Andalucía se debate entre los cirios y la playa con el eje vertebrador del desempleo, que es el que verdaderamenre hilvana las ocho provincias y no el Ideal Andaluz, cuyo autor ha quedado reducido a parada de Metro en la que algunos jóvenes echan por tierra al célebre notario al quitarle el apellido.

-Me bajo en Blas.
-¿El de la fiesta?
-No, Blas es la parada que hay antes de la de Plaza de Cuba.

Aquel día de cuaresma en Granada, en eso que el consumo interno de los partidos tiene bautizado como la junta directiva regional, Juan Manuel Moreno Bonilla (“Ponedme como Juanma Moreno en las informaciones, por favor”) metió a dedo en la ejecutiva a Teresa Astolfi González-Moguena, más conocida como Tita Astolfi, asesora del Ministerio de Asuntos Exteriores, especializada en las relaciones con la Unión Europea y gran protegida de Jorge Moragas, el tío de la mochila que va siempre detrás de Rajoy y que cuando vino al último congreso del PP andaluz de la renovación (risas en off) se hizo organizar un jolgorio flamenco en Bormujos como fin de fiesta. Óle, arsa, cómo le gusta al peperío nacional conocer la Andalucía de la segunda modernización. Pero a don Jorge hay que decirle que los domingos por la tarde no son para el taconeo, sino para planchar la ropa del colegio y oir el carrusel deportivo. La gran clave es que ya tenemos a Tita en el PP andaluz, ¿quién dijo que Moreno Bonilla no hacía cambios en el partido? Como los bonilleros se quejan en privado de la falta de cariño de los peperos sevillanos, Moreno se ha dejado asesorar por el tío de la mochila, que influye tela en el PP y en algunos empresarios de reconocida notoriedad que le montan el sarao de palmas y tacones.

-No diga usted que en Sevilla no quieren a Bonilla, hombre. En Sevilla tienen sus razones para estar dolidos. Cuando viene el presidente gallego, Alberto Núñez Feijoó, Bonilla no avisa a Zoido para la foto, ¿verdad? ¿Se acuerda usted de esa visita del gallego en las vísperas de la campaña electoral? Pues dejaron fuera a mi alcalde.
-Claro que me acuerdo. Por eso Zoido no le dio cobertura a Bonilla en Feria. Y Bonilla fue el típico malagueño sin caseta, mascullando sobre los chicos de Zoido: “¡¡¡Marrrrrditos roedores!!!”

La pasada noche electoral, la foto de familia de los peperos andaluces era un cuadro del Greco. Ni un presidente provincial respaldando al jefe regional, ni el alcalde de Sevilla ni el bueno de Juan Bueno. Casi llaman al señor de seguridad de la puerta para que hiciera bulto. Después de algunos feos, el sector sevillano no estaba por la labor de escoltar a Moreno Bonilla en la paparruchá que dijo sobre la victoria electoral en el continente (eso no lo mejora ni Leire Pajín) y sobre el objetivo cumplido del PP andaluz en las elecciones (Dios le conserve el oído). Pero ya tenemos a Tita, comienza el despegue de la derecha andaluza. ¡Pista, pista!
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La guerra de los barriles

Carlos Navarro Antolín | 29 de octubre de 2013 a las 5:00

13.07.00 CERVEZA FOTO JAIME MARTINEZ
Las esquelas dan marchamo a noviembre, mes de los difuntos que salen con los pies por delante y de los difuntos de persianas echadas por el cierre; de dolientes con corona y de dolientes sin licencia de apertura. En el Cerro del Águila está cerrado todo un símbolo de la hostelería, el bar Los Balcones. Dicen que no ha habido acuerdo en el precio del arrendamiento del local, situado justo enfrente del corazón del barrio: la Parroquia de los Dolores. Noviembre tiene la fama del luto y la miel del Cristo sin más capirotes que los cipreses. Noviembre es también el mes que este año cambia la tarifa de venta industrial de la cerveza, uno de los grandes indicadores del estado del bienestar local. Pan y circo, botellines y procesiones extraordinarias. Todo está inventado, sólo cambia la modalidad. Quiten las procesiones y pongan el mapping. Quiten el mapping y pongan la pista de patinaje. Quiten los patines y pongan el fútbol. Pero nunca quiten el botellín. Se trata de ir cambiando el color de la casulla según el tiempo litúrgico. El 1 de noviembre, festividad de Todos los Santos, sube el precio industrial del barril de 50 litros de la cerveza más capillita del mundo. De 110,24 euros pasa a 114,42 euros, según el documento al que ha tenido acceso este periódico. ¡Toma frase!
–Olé, eso sí que es una filtración de la que presumir a lo largo de toda su carrera profesional.
–Gracias.
Los mercados están expectantes para analizar la repercusión de esa subida en el precio de la cerveza servida en la barra de los diez mil bares de Sevilla y sus cuatro mil veladores legales (más los ilegales que pone el tío de las gafas verdes). ¿Pasará como con aquellas subidas que Rajoy se sacó de la manga a las primeras de cambio, dejando ver el pelito de la dehesa y que dejaron a Arenas como el eterno doliente andaluz? Unas subidas asumidas por los hosteleros.
El precio de los barriles de cerveza está provocando una guerra sorda en el gremio de la hostelería en una ciudad tan encantada de tener la espuma en los labios. Sevilla es mucho de la espuma, ya se sabe; eso de estar arrimado con el que sube y dejarlo tirado en cuantito baja. Será por eso que una cerveza sin espuma es como un bote de análisis de orina a puntito de entrar en el laboratorio del Virgen del Rocío. La guerra de los barriles se está librando a base de bien, oiga. Granada aprieta con su principal y muy monumental marca cervecera y se ha logrado colar en verdaderos santuarios de la hostelería hispalense. Sevilla ha colado su cerveza por antonomasia en referentes hoteleros de Cataluña a cambio de bajar muchísimo el precio del barril a esos establecimientos que esa misma cadena tiene en el Sur de España. Otra marca cervecera con nombre de cofradía del Domingo de Ramos está que lo tira con tal de meter cabeza. Las marcas que se han asociado directamente a ofertas de low cost temen ya la explosión de la burbuja del cubo y el hielo picado. Dicen que el cacareo ha sido demasiado para tan pocas nueces. El innovador punto azul ha logrado paliar la mordida en el mercado del botellín anodino procedente de Madrid, donde la cerveza se tira con ayuda de una palita. Ojú. Mala espuma aquella que ha de alisarse como la arena de playa.
La crisis ha disparado el consumo de cerveza, ha fortalecido un hábito ya de por sí implantado en la sociedad. No fue casualidad que Cruzcampo confirmara que la pasada Feria vendió un 11% más de barriles. De las barricadas a la barriladas. Los hosteleros saben más que nunca que es la hora de exigir rebajas en la tarifas oficiales, porque en la puerta hay cola de marcas; pero también son conscientes de que la traición a Gambrinus puede ser más peligrosa para el negocio que el uso de la palita. Llena ahí.
Bar Los Balcones (Cerro del Águila), frente a la parroquia. Está cerrado. .