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En la fiesta de Juan Bueno

Carlos Navarro Antolín | 30 de mayo de 2017 a las 5:00

Fiesta bueno

LOS homenajes en Sevilla los carga el diablo. ¿Cuántos cazadores no despiden a sus presas, ya cazadas y desplumadas, con el correspondiente homenaje de cena, discurso y placa? En Sevilla homenajeamos muy bien, estupendamente, se nos da de cine. Aquí se jubila del cargo un presidente del Consejo de Cofradías y sale organizada una cena de 600 comensales en dos minutos. Se jubila (o jubilan) un cardenal que ha gobernado 28 años y todavía estamos esperando a que haya un homenaje masivo de la sociedad civil como Dios manda. Las varas de medir son de cualquier manera. A Monteseirín, por ejemplo, le dieron su homenaje en las setas tras doce años de alcalde. En vez de a puerta cerrada, que así fue, alguien dijo con cierta guasa que fue a setas tapadas porque a la prensa no la dejaron acercarse. El otro día le dieron su homenaje al bueno de Juan Bueno tras cuatro años de presidente del PP sevillano. Fue un homenaje a plaza partida, que se decía de los antiguos espectáculos taurinos. Pero no porque acudiera sólo la parte que apoyó a Juan en el XIV congreso de la formación, sino porque asistió la mitad de la mitad de los que lo votaron. En la fiesta de Juan, que no era la de Blas ni la gente –válgame Dios– salía con varias copas de más, hubo muchas ausencias. Notables ausencias. Reveladoras ausencias. De la famosa mesa camilla que dicen que ha gobernado el PP en los últimos tiempos no fue nadie: Ricardo Tarno estaba con los asuntos de la OTAN que le corresponden como diputado nacional, y José Luis Sanz con los de sus dominios de Tomares que le corresponden como alcalde. Tampoco se dejó ver el ministro Juan Ignacio Zoido, que al día siguiente tenía el coñazo del desfile de las Fuerzas Armadas en Guadalajara, dicho sea según la expresión de Rajoy a micrófono abierto, ¿recuerdan?. El presidente del Gobierno, por cierto, se borró del desfile este año para ir a dar una conferencia a Sitges. Don Mariano, usted sí que sabe.

Tampoco, por supuesto, fue Arenas a la fiesta de Juan, a pesar de que tanto elogia siempre a Bueno en sus discursos. El lince no apareció, el lince anda moviendo las piezas del nuevo orden del PP sevillano. Hablando del nuevo orden, tampoco estuvieron Los Pérez: ni Virginia ni Beltrán. ¿Pero el PP de Sevilla no era una gran familia donde todos estaban ya la mar de contentos, pidiéndose perdón por las esquinas y dándose abrazos de costaleros con besos triples en las mejillas? Unos no fueron porque no podían, otros porque alegan que no se les convocó.

Las ausencias no serían por el precio de la fiesta. Se estipularon cinco euros para el merecido obsequio. Las consumiciones eran de Bollullos.

–¿Un cáterin de la provincia?
–No, de Bollullos es que cada uno se paga lo suyo.

La cosa no era gravosa. Asistió algún primer espada como el subdelegado del Gobierno, don Ricardo Gil-Toresano, que le debe el cargo a Zoido y Bueno y que, además, el sitio (La Raza) le cogía cerca de la alcoba (Plaza de España). A Gil-Toresano le diseñaron el festolín con escuadra y cartabón, como Curro Pérez le cuadra las agendas de los lunes al ministro Zoido: un actito en Sevilla para alargar el fin de semana.

El nuevo secretario general, Juan de la Rosa, no faltó, como tampoco lo hizo José Miguel Luque. En la heráldica del buenismo bien podrían aparecer Luque y de la Rosa como los particulares San Isidoro y San Leandro del bueno de Juan Bueno.
Hubo concejales como María del Mar Sánchez Estrella, Pía Halcón, Ignacio Flores y Jaime Ruiz, y diputadas provinciales como Carolina González Vigo. El portavoz del Grupo Popular en el Ayuntamiento, Alberto Díaz, hizo acto de presencia algunos minutos.

Quizás alguien debió pensar en una fecha más idónea para celebrar el homenaje. Tal vez se precipitó la convocatoria. Juan Bueno es un personaje que no tiene aristas pese a todo lo que ha soportado en el último año. Siempre correcto, siempre educado, alejado de las formas agrestes de otros figuras, hay quien dice que le ha pasado como a muchos arzobispos recién aterrizados en Sevilla:que ha estado mal asesorado. Un presidente de partido es un símbolo cuando deja de serlo. Y como tal merece ser cuidado. A Bueno le ha tocado vivir como presidente la mayor convulsión que ha sufrido el PP sevillano desde su fundación. Nunca antes había ocurrido todo lo que ha sucedido en el último año, pese a que algunos se empeñaban en negar la importancia de los hechos. Está por ver que la agitación interna no se reproduzca en los próximos meses. Se sabrá después de agosto.

El homenaje debió ser masivo. Los nostálgicos tienen razón: Sevilla se nos va. Ya no nos sale bien ni la Madrugada ni los homenajes. Esto no es lo que era.

Los 135 de Rosamar

Carlos Navarro Antolín | 15 de junio de 2012 a las 11:46

Dicen los que cultivan el arte del anfitrión que para que un acto salga redondo hay que dejar a gente fuera de la convocatoria. Por una cuestión elemental de aforo y por una aplicación de esa estrategia nunca escrita que apuesta por alimentar la expectación y asumir el riesgo de generar cierta dosis de frustración para garantizar el éxito por la vía del morbo. Si entran todos los que pueden y quieren entrar se produce una devaluación. Sólo cuando hay marginados que rumian su ausencia y despotrican del convocante está garantizado el objetivo. El éxito en Sevilla es que desde una semana antes del acto haya decenas de consultas sobre quién organiza, dónde se reparten las entradas y por qué no me han llamado todavía con la amistad que yo tengo con el homenajeado. Ayer hubo uno de esos actos en el calendario de homenajes íntimos. Un grupo de amigos (y hasta algún enemigo y enemiga, que eso siempre es bueno para que la fiesta sea completa) rindió homenaje por su jubilación a la funcionaria Rosamar Prieto-Castro, que aprobó sus oposiciones como tal hace ya bastantes años. No estuvieron todos los que debían estar del PSOE, su partido del alma, pero sí muchos de los que se esperaba que estuvieran. No hubo nadie del gobierno local del PP, pese a que ella ha sido una concejal muy conocida y ha recibido siempre elogios (¿envenenados?) de la derecha. Llegó al humo de las velas hasta Manuel Chaves. Sobraron algunas intervenciones por plúmbeas. Y, por supuesto, nos pudimos y debimos ahorrar la lectura pública de algunas cartas de señores (y señoras) muy ocupados que no pudieron estar por razones importantísimas (se ahorraron los 40 euros).

El grupo socialista estuvo muy bien representado por Antonio Muñoz (que no leyó completa la carta del portavoz Juan Espadas. Cómo sería la carta…), Mercedes de Pablo y Juan Carlos Cabrera. Hubo empresarios, artistas, diseñadores, profesores universitarios, funcionarios, antiguos colaboradores directos, la cúpula completa del Consejo de Cofradías y un largo etcétera. En total, 135 asistentes. El 98% eran amigos. El 2% fue la cuota exacta y precisa que convirtió la cita en un éxito, sumado a quienes hoy la telefonean para justificar su ausencia.

Ya pudo el gobierno actual del PP haber enviado al menos al concejal número 20, como hace el Rey cuando envía a la Infanta Pilar a esas inauguraciones a las que no quieren acudir las hijas. Por cierto, el ex alcalde Monteseirín se encontró después por las inmediaciones del restaurante con la homenajeada y un nutrido grupo de amigos que alargaban la fiesta. “¿De dónde venís?” “Es que me han dado un homenaje, Alfredo”.