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La batalla del PP de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 19 de junio de 2016 a las 6:24

cajanegra190616Ilustración: Rosell

 

La tensión emerge. Se evidencian los primeros golpes directos. La batalla por el PP de Sevilla tiene ya dos bandos claramente diferenciados con cabecillas locales y con sendos líderes desde Madrid. La contienda empieza a sumar no sólo fotos en las que unos exhiben músculo y otros una preocupación palmaria por unos movimientos inéditos en la historia del partido, sino que genera también momentos en los que se producen rifirrafes entre destacados responsables ante mucha militancia presente. Valga el ejemplo de los pudorosos padres que han perdido el pudor y discuten delante de la prole.

Ocurrió la tarde del lunes, 6 de junio, en la sede provincial de la calle Rioja. El presidente provincial, Juan Bueno, convocó por medio de Ignacio Flores una reunión con una treintena de militantes muy escogidos, entre ellos varios responsables de distrito. Todos ellos tenían en común no haber participado, de momento, en la Operación Manijero, organizada por el sector crítico que reclama un vuelco en el partido. La coartada de Bueno era informar de los preparativos de la campaña electoral. En realidad se trataba de un intento por entonar el Prietas las filas tras las escaramuzas  de los críticos que, liderados por la secretaria general Virginia Pérez y el concejal Beltrán Pérez, cosechan cada día más apoyos, publicados en las fotografías de familia que difunden estratégicamente por las redes. La reunión transcurría, en principio, con toda normalidad hasta que ocurrieron dos cosas: la entrada en la sala de Virginia Pérez, que había sido ninguneada de la convocatoria, y la pregunta de un militante de Triana (allegado al edil Curro Pérez) que demandaba información sobre las fotos de la Operación Manijero, tomadas en unos actos a los que –no se olvide– no estaban invitados los rostros tradicionales del PP. El militante preguntó –dicen que la pregunta fue en tono capcioso– y Juan Bueno respondió como presidente provincial. Las valoraciones de Bueno no debieron gustar nada a la camarlenga Virginia Pérez, que irrumpió con una intervención no autorizada e interrumpida por la mesa. Así estalló la refriega. Juan Bueno dejó claro que no autorizaba la intervención nada menos que de su secretaria general, afeó su conducta y le negó reiteradamente el uso de la palabra. Bueno recriminó a la camarlenga que se había colado en la sala, cosa que él –afirmó– nunca había hecho en los cónclaves promovidos por ella: “¡Te lo vuelvo a repetir, yo no me he metido en una reunión tuya!”. Reprobó su conducta ante el nutrido grupo de militantes: “¡Estás dando un ejemplo muy malo a los compañeros!”, gritó Bueno. Reivindicó, con una evidente tensión, su potestad como presidente provincial para responder a la pregunta sobre unas fotografías inéditas en el PP: “Yo voy a contestar, me han preguntado a mí”, dijo para que no lo hiciera Virginia Pérez en su lugar. Y ante la intervención de la secretaria general, que alzaba la voz desde las últimas filas, el presidente Bueno insistió: “¡Que no, que no, que no tienes la palabra”. Nadie daba crédito a la tensión que acababa de aflorar. De las fotos en las redes sociales se había pasado al enfrentamiento directo entre el número uno y la número dos del partido, nítidamente ya posicionados cada uno en un bando.

En el bando oficialista, avalado desde Génova por la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, figuran junto a Juan Bueno dos de los rostros tradicionales de los últimos tres lustros del PP de Sevilla: el diputado nacional Ricardo Tarno y el alcalde de Tomares, José Luis Sanz. Con ellos está el ex alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido. Los cinco tienen el objetivo común de pararle los pies a Javier Arenas, al que ya frenaron en su intento por repetir como número uno por Sevilla en las elecciones generales del pasado diciembre, un logro que enojó a Arenas, que después de muchos años pasó a ser “el ausente” en unas elecciones generales. Todo lo que Tarno, Sanz, Bueno y Zoido saben de política lo han aprendido de Arenas. Casi todo lo que han conseguido se lo de deben a él en buena medida. Ocurre que hace ya algún tiempo que todos quieren matar al padrino, hartos de que éste quiera disponer de unos y otros en función de sus intereses estratégicos. Para ellos es clave parar a Arenas y no permitirle que vuelva a controlar el PP sevillano por medio de sus afines.

En el bando crítico, impulsado por el propio Arenas en sus continuas reuniones conspiratorias y en sus archiconocidos culebreos de fin de semana por los pueblos, figuran la secretaria general Virginia Pérez (conocida también como la camarlenga porque, en realidad, no puede figurar formalmente como secretaria general al no formar parte del comité ejecutivo) y el concejal Beltrán Pérez, los dos arietes de la Operación Manijero. Ella quiere ser la próxima presidenta del partido. Él aspira a la portavocía del grupo municipal. Entre ambos, con la bendición del padre natural del centro derecha-andaluz, han conseguido que la subdelegada del Gobierno, diputados autonómicos, alcaldes de la provincia, concejales de la capital y militantes varios, acepten retratarse en armonía y ambiente festivo para exigir el cambio en la estructura local de un partido marcado por el estatismo y la ausencia de voces críticas.

Arenas quiere llegar al próximo congreso nacional apuntándose el control de Sevilla por medio de compromisarios leales a su causa. Cospedal quiere hacer lo mismo por medio de Zoido y los tres rostros tradicionales. De aquí a entonces existe la posibilidad de que un bando abra brechas en el otro. Los oficialistas intentarán minar la relación de confianza que mantienen Virginia Pérez y Beltrán Pérez mediante ofrecimientos políticos diversos,  siempre y cuando el PP salga bien parado del 26-J, pues el conflicto se recrudecerá si el resultado no es bueno. Sin el pan del gobierno en la familia, las dentelladas entre hermanos se disparan. Los críticos, además de volcarse en sumar nuevos apoyos entre la militancia y preparar nuevas acciones de demostración de fuerza, tratarán de ganarse la adhesión pública del concejal Alberto Díaz, uno de los principales amigos de José Luis Sanz. Sanz tiene la capacidad de elegir bando al ser el único alcalde del PP al frente de un ayuntamiento metropolitano y poseer un escaño como senador. De hecho mantiene una  relación fluida con Beltrán Pérez, con quien cenó la pasada Feria horas después de que trascendiera el primer aldabonazo de la Operación Manijero.

Otro escenario donde se libra la batalla del PP de Sevilla es el grupo popular en el Ayuntamiento, donde Zoido pierde adeptos de forma paulatina, bien porque tienen cuentas pendientes por sus decisiones como alcalde, bien porque ven próximo el final de una etapa y quieren estar bien posicionados para el futuro. Beltrán Pérez cuenta con la adhesión pública de los concejales María del Mar Sánchez Estrella, Pía Halcón, Evelia Rincón y José Luis Martínez. Son cinco en total de los doce actuales. Si Zoido dimite tras las elecciones generales, el siguiente en la lista es Jaime Ruiz, que ahora está colocado en el Tribunal Económico y Administrativo ganando casi el doble de lo que percibe un concejal en la oposición. Lo lógico en tal supuesto sería que Ruiz renunciara a tomar posesión como concejal, pero los oficialistas han previsto esta posibilidad y ya le han advertido que, llegado el caso, tiene que aceptar su retorno al Pleno a toda costa. ¿La razón? Si Ruiz no acepta, el siguiente en la lista es el abogado Rafael Belmonte, beltranista acérrimo que, además, está muy bien conectado con la sociedad civil. Belmonte sería el sexto adepto al nuevo orden. Los oficialistas quieren impedir que Beltrán Pérez sume ese apoyo dentro del grupo. El referido Alberto Díaz sería, pues, absolutamente clave para inclinar la balanza a favor de Beltrán Pérez, que con él y la entrada de Belmonte tendría su particular mayoría absoluta garantizada dentro del grupo.

Zoido cuenta en el grupo municipal con la lealtad de su portavoz adjunto, Gregorio Serrano, avalado por el presidente Juan Bueno para ser portavoz titular si el ex alcalde dimite en el Ayuntamiento, y de Curro Pérez, que fue su delegado en Triana y descafeinado portavoz del gobierno de los 20 concejales. Curro Pérez, por cierto, no despierta precisamente simpatías en Javier Arenas. ¿Tiene Zoido algún partidario más entre los concejales?  Quizás Lola de Pablo-Blanco, que sabe que su futuro político sin Zoido es sencillamente inexistente. Los restantes que no han sido nombrados, caso de Ignacio Flores, estarán con el poder establecido en cada momento. Y el poder establecido en el principal grupo de la oposición sigue siendo Zoido por el momento.

Todo se mide en tal grado en esta batalla que las llamadas telefónicas a los militantes están siendo continuas para pulsar los apoyos, desprestigiar al rival u obtener información sobre los movimientos del contrario. Los asesores del grupo son mirados con lupa. Y, cuando hubo una vacante, se descartó la contratación de una de las trabajadoras más veteranas y conocedoras del Ayuntamiento por ser la cónyuge de uno de los miembros de la ejecutiva regional del partido que más reclama la renovación del PP sevillano y el fin de la era Zoido.

Hasta antiguos rostros del PP, como el ex edil y ex secretario general Ricardo Villena, ha reaparecido en la escena al asistir a una de las reuniones de emergencia convocadas por el sector oficialista para analizar la revuelta, cuando Villena hace años que vive refugiado en el Tribunal Económico Administrativo. Arenas, por su parte, sigue pidiendo a los suyos que apoyen los movimientos de los Pérez (Virginia y Beltrán). ¿Quiénes son los suyos? Jaime Raynaud, Felisa Panadero, Patricia del Pozo, Macarena O’Neill, Rafael Salas, Rafael Carmona… ¿Qué dicen los oficialistas? Que la Operación Manijero no tendrá éxito al ser una “suma de resentidos”, que la inercia del partido se volverá a imponer y que Javier Arenas abandonará el bando cuando vea que la iniciativa pierde fuerza, o cuando consiga sus objetivos particulares en el congreso nacional.

La batalla, en definitiva, es una suma de frentes particulares. Arenas contra Cospedal. Arenas contra sus antiguos cachorros rebeldes. Tarno, Sanz y Bueno contra Arenas. Beltrán Pérez contra Zoido. Virginia Pérez contra Juan Bueno. A todo esto, el presidente regional, Juan Manuel Moreno Bonilla, se frota las manos al ver que del PP sevillano, del que no ha obtenido más que el frío del desprecio, recibe ahora hasta peticiones de apoyo. El malagueño espera ser el pescador del río revuelto hispalense.

La camarlenga pone límites a Zoido

Carlos Navarro Antolín | 29 de diciembre de 2015 a las 5:00

Juan Ribero interviene en la junta directiva del PP
PIDE pista. Exhibe ambición. No disimula cierto tono de mando. La camarlenga del PP de Sevilla, Virginia Pérez, centró ayer los comentarios posteriores a la junta directiva provincial, celebrada a puerta cerrada en los salones de un hotel de Triana, sólo abierta unos minutos a los informadores profesionales con ocasión de las intervenciones del presidente provincial, Juan Bueno, el ex alcalde, Juan Ignacio Zoido y Virginia Pérez, coordinadora general, para la lectura del informe de gestión. Pérez está bautizada en los corrillos como la camarlenga porque por mucho que se le considere como secretaria general de partido en Sevilla, oficialmente ni lo es ni puede serlo aún, pues los estatutos de Génova se lo impiden al no formar parte del comité ejecutivo. Pero eso quizás sea lo de menos. Pura cuestión formal. Todo indica que en el próximo congreso provincial será, cuando menos, secretaria general con todos los galones. O incluso presidenta. Su intervención interesante de verdad, tuvo lugar en el tramo vedado a los periodistas. Fue una suerte de combinación de defensa preventiva (ante los evidentes malos resultados electorales en la circunscripción hispalense) y un intento por marcar líneas de futuro sacando pecho y mostrando hasta un punto de autoridad (donde dejó ver sus objetivos). Su intervención fue anunciada por la melodía del partido, hasta ahora reservada para los grandes mítines: “Si no fuera porque esto es una junta directiva provincial, igual me creía hasta alguien importante”, bromeó quien ayer pisó con fuerza, con mucha fuerza. Nunca se olvide que esta diputada provincial está consagrada al partido, dicen que no conoce el concepto de calidad de vida. Y eso, en la política actual, es todo un valor, pues no son muchos los decididos a imprimir un ritmo de trabajo muy elevado.

La camarlenga se congratuló por la organización de la campaña electoral y felicitó pública y personalmente a muchos de sus colaboradores. Es curioso: en el PP sevillano hay unanimidad en que la campaña de los 20.000 polvorones y las 5.000 panderetas repartidos por la capital y los pueblos ha sido buena. Yse pondera muy al alza el grado de participación de los chicos de Nuevas Generaciones, los mismos que se han quejado durante cuatro años de la poca atención recibida del gobierno de Zoido.

Virginia Pérez reveló que en octubre manejaba una encuesta en la que el PP de Sevilla sólo obtenía dos diputados, al igual que Podemos, frente a seis del PSOE. Advirtió que entonces se corría un serio riesgo de quedar relegados a tercera fuerza política en la provincia. Y aquí viene la defensa de su gestión, el momento preciso en que la Pérez aparece como una emergente Super-Virginia, pues en sus meses de trabajo (del verano hasta hoy)habría logrado consolidar al PP como segunda fuerza con, al menos, tres diputados. La revelación del sondeo electoral interno la introdujo de la siguiente forma: “Como estamos en familia, os voy a contar los datos de una encuesta de octubre, aunque alguien de la familia vaya corriendo a contárselo a un periodista curioso”. Curioso, lo que se dice curioso, fue que al agradecer el trabajo de campaña de muchos militantes, cuando se refirió a José Miguel Luque (jefe de gabinete de Zoido) y a Juan de la Rosa, vicesecretario de Organización, hizo una apostilla: “Nos hemos sobrellevado lo mejor que hemos podido”. ¿Tensiones entre el grupo municipal y el aparato provincial durante la campaña? Tal vez se halle una respuesta clara si se atiende a otra referencia del discurso de la camarlenga, sobre todo cuando dibujó el futuro deseado para su partido, un PP sevillano basado en “mucha gente, en equipos y que abandone los personalismos”. Dicho en lenguaje de redes sociales:¡Zasca a Zoido! El ex alcalde, que estaba en ese momento tomando notas en la mesa presidencial, apretó los labios en un gesto que es marca de su casa civil. Su reacción demostró que había recibido el fuego amigo. ¿Quién puede encarnar un perfil personalista en el PP de Sevilla de hoy? ¿Quién tiene marca personal sobrada en el PP de Sevilla de hoy? Sólo Zoido. La camarlenga y el ex alcalde no se llevan bien. Ya es público. Zoido se empeña en presumir de una victoria en la capital, una satisfacción que casi nadie comparte en el partido. De hecho, ninguno de los muchos intervinientes de ayer lo felicitó por una interpretación tan legítima como interesada de los resultados del 20-D en la capital. La camarlenga ya le ha puesto límites a quien fuera durante un par de años la incontestable referencia del PP en el Sur de España. No quiere personalismos, añora un PP anterior a Zoido donde no había un líder definido, ni una marca rotunda.

El presidente de Nuevas Generaciones en Sevilla, Javier Portero, planteó el interesante debate sobre cómo recuperar el voto joven que se ha ido hacia Podemos y Ciudadanos. El veterano Felipe Rodríguez Melgarejo pidió la palabra. Justo antes de empezar a hablar, el diputado Ricardo Tarno hizo una pequeña broma sobre la anticipación con la que Melgarejo había solicitado un turno de intervención, a lo que el aludido replicó rotundo: “Lo que voy a decir no es para bromas. Ni la situación de España es para bromas”. Melgarejo ve al PP de Sevilla “complaciente” y acomodado en el “aquí no ha pasado nada”. Tildó de errores del PP nacional la posición mantenida en asuntos como el aborto, Bolinaga, la cuestión catalana, etcétera. Pidió que la junta directiva provincial propusiera una reforma de la ley para que las elecciones generales tengan una segunda vuelta que asegure un gobierno estable, una petición que no se pudo formalizar al no estar en el orden del día.

De las restantes intervenciones llamó la atención la de un militante que se remontó al siglo XVIII para hablar de las izquierdas (que agitan con los sentimientos) y las derechas (que se basan en la razón), pidiendo más “democracia interna”; la del secretario general del Distrito Norte, que agradeció la labor de las Nuevas Generaciones, y la del edil Ignacio Flores, que valoró el trabajo de los distritos.

Destacó una cifra:el PP sevillano tuvo 300 interventores menos en las pasadas elecciones. Y dos presencias:Ignacio Díaz Bernal, sentado en primera fila, y Paloma Hoyos, al final, de pie. Ambos son del círculo íntimo del líder regional Moreno Bonilla (“Llamadme Juanma”). Entre las ausencias destacadas, el senador electo José Luis Sanz, alcalde de Tomares, y Javier Arenas, quien ayer, por cierto, cumplía años.

De ausencias y cachiporras

Carlos Navarro Antolín | 15 de marzo de 2011 a las 5:00

Esta noche se emite el cuarto debate sectorial en Giralda TV, grabado ayer en los estudios de la calle Rioja. El tema a tratar es la convivencia (lo que toda la vida se ha llamado seguridad) y la participación ciudadana. En los carteles estaban anunciados Eugenio S. Palomares por el PSOE, Josefa Medrano por IU e Ignacio Flores por el PP. La sorpresa se produjo cuando no se presentó nadie por los socialistas por un problema de ajuste de citas y confirmaciones de citas. El PP se negó a posponer la grabación alegando que ellos estaban a la hora y en el lugar donde se les había indicado. Y el PSOE, ante la imposibilidad de que Palomares acudiera con la rapidez exigida a los estudios, envió al portavoz de la campaña de Juan Espadas, Miguel Ángel Vázquez.

Les adelantamos algunas claves de lo que pódrán ver esta noche. La compañera Pepi, como la llaman en su partido, y el portavoz Vázquez mordieron el pasado de Zoido, acusándole de llevarse 600 policías de la ciudad cuando era delegado del Gobierno en Andalucía. Flores pidió que demostraran esa acusación con papeles y puso de relieve que se trata de unas elecciones municipales y, por lo tanto, cabe hablar de policías locales. El representante del PP recordó que ese mismo argumento fue empleado por el defenestrado Francisco Fernández (PSOE) en un debate de hace cuatro años. Qué falta de piedad la de Flores…

El portavoz Vázquez se refirió a Zoido como “el de la cachiporra”. Recuérdese, por lo rancio del término, que una cachiporra es el “palo enterizo que termina en una bola o cabeza abultada”. La compañera Pepi se refirió a Zoido como “represor” de los manifestantes y hasta hubo alguna acusación de micrófonos ocultos en las reuniones del comité de empresa de cierta compañía. Ojú, el tío de la luz… Y, claro, el camarada Flores le recordó a la compañera Pepi que se encuentra procesada a la espera de sentarse en el banquillo por vetar la organización del homenaje a Agustín de Foxá. Dedo en el ojo, se llama.

Así se despachó el asunto de la seguridad, que todas las encuestas dicen que es una de las principales preocupaciones de los ciudadanos. Y, ay pena, penita, pena, tendremos que seguir esperando para ver al tres del PSOE, el independiente Palomares. Ahora, no me negarán que lo de la cachiporra no les rejuvenece. Esas historietas de Mortadelo y Filemón… ¿Recuerdan aquel Mortadelo disfrazado de troglodito con cachiporra en la mano? Ay, aquellos maravillosos años. El PSOE arrasaba y los geniales protagonistas del cómic nos hacían tan felices…