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Sevilla, en manos de los ‘influencers’

Carlos Navarro Antolín | 27 de junio de 2018 a las 16:34

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Como el banderillero que alcanza el sillón de cargo público a fuerza de degenerar, Sevilla degenera de tal forma y a tal velocidad que está ahora en manos de los ‘influencers’, que son una suerte de combinación entre canis y noveleros con miles de seguidores en las redes sociales. Estamos de enhorabuena porque los ‘influencers’ nos recomiendan como destino turístico. Ni los viajeros románticos del XIX ni los esfuerzos de Espadas y Muñoz por captar chinos de pantalón corto para los salones del Alfonso XIII. Aquí dominan las redes sociales, el nuevo cortijo con sus correspondientes nuevos capataces. Cada vez que hay una cola de adolescentes hormonados en la puerta de un comercio de Velázquez o Tetuán, ya sabemos que se trata de la visita fugaz de un ‘influencer’ al que la muchachada adora como al nuevo vellocino de oro. Debe ser que estamos convenientemente “bien posicionados en esos nuevos escenarios de influencia”, que diría el alcalde. Hemos pasado de vender destinos en Fitur, con los otrora cacareados operadores del sector, a posicionar la urbe como destino en las redes, con los influyentes de nuevo cuño, siempre según el código lingüístico-cuchufleta de cada momento. Los ‘influencers’ son nuestros nuevos señores, dicho a lo Mañara. La lista de los que recomiendan la ciudad como destino turístico está formada por nombres como Dulceida, Álex Chiner, Alba Paul, María Pombo, Marta Lozano, Marta Pombo, Sara Baceiredo, Corina Randazzo, Jim Reno, Javier Ruescas o Teresa Andrés Gonzalvo. ¿Les suenan de algo? Como si hubieran pasado lista al tramo de cruces de una cofradía de barrio.

El personal antes viajaba donde le decía el operador de la agencia de viajes: el socorrido paquetito a Praga, el crucerito por el Nilo con derecho a diarrea, la consabida ruta por los castillos franceses, o la escapada al complejo hotelero de Punta Cana que es como Sancti Petri pero sin tener a tiro el Trofeo Carranza. Ahora aquel pobre hombre de la mesa de la oficinita de Marsans o de Halcón, aquel señor que te exhibía las palmeras de ensueño y las piedras con historia para el viaje de tu vida, ha sido sustituido por los dichosos ‘influencers’ y  su legión de imitadores, que lo mismo elevan un destino o un negocio, que lo derriban a golpe de tuit porque no han sido recibidos como sultanes. Dios nos coja confesados y con los deberes hechos cuando el ‘influencer’ llame a nuestra puerta. El tuit del ‘influencer’ es el nuevo juicio rápido de una ciudad y de un negocio. Rápido y… sumarísimo.

Ni la mujer de Beckham diciendo que España olía a ajo pudo con España como destino turístico, ni el soberbio y decadente Maradona nos hizo ningún favor diciendo que gracias a su fichaje por el Sevilla estaba la ciudad colocada en el mapa. Por fortuna dicen que en Sevilla tenemos una buena oferta gastronómica y cultural. Dónde habrán almorzado o cenado estas criaturas para hacer semejantes afirmaciones, qué concepto tienen de la gastronomía local y qué idea de cultura. Siempre se enseña a los niños que hay que tener precaución con las malas influencias. A largo plazo salen caras. Beckham era fatuo y breve como todo producto de márketing, Maradona no se tiene en pie en los estadios de Moscú y los ‘influencers’ serán engullidos por la sociedad del consumo rápido tras dejarnos el turismo de bermuda y maceta de tintorro de las despedidas de soltero. En Sevilla al menos no es fácil coger una diarrea. Y no olemos mucho a ajo. Lo tenemos todo a favor. Estamos bien posicionados. Y ahora hasta los perros puede viajar en autobús.