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Moreno Bonilla, Lampedusa en el PP: Becerrita y el atrio macareno

Carlos Navarro Antolín | 15 de mayo de 2014 a las 17:36

DÍA ANDALUCÍA PARLAMENTO
Dicen las malas lenguas que Susana Díaz anda ya poniendo velas al santerío para que Moreno Bonilla sea el candidato del PP andaluz a las próximas autonómicas, porque ya hay quienes tienen dudas sobre su capacidad de aguante en el cargo. El malagueño se ha encontrado una sede regional en la que cuesta un mundo romper inercias, efectuar cambios sustanciales y crear nuevos hábitos. Dicen también que Juan Ignacio Zoido anda buscando esos dos o tres proyectos empresariales que le den fuste a su mandato más allá de cifras gélidas sobre la reducción de la deuda viva y el alto grado de ejecución del presupuesto, que las tiene; pero que también pone velas para que Juan Espadas repita como candidato. Qué cosas: la presidenta y el alcalde están encantados con su rival. Zoido no se parece en nada a Espadas, por mucho que en su día nos vendieran parecidos razonables. ¿Se acuerdan cuando los pérfidos diseñadores enfrentaban las fotografías y las venteaban por las redes, esquina Alfaqueque? Cuantísima maldad había en la pregunta que algunos sevillanos formulaban a sus amistades de fuera: ¿cuál de los dos es el señor malísimo del PP? Y la gente dudando. Espadas es el vecino formal y serio que en el ascensor te da los buenos días sin concesiones, se coloca de perfil y con una mano busca la llave y con la otra sostiene la talega del pan. Zoido te da los buenos días, te pregunta por la familia, te da la barrila con el fútbol, sale del ascensor, sostiene la puerta con el pie y sigue erre que erre con la charla. El éxito de los 20 concejales de Zoido fue ese pie en la puerta del Macpuarsa de turno de tantos bloques de vecinos de esos barrios de Dios. Por eso Urbanismo financia los nuevos ascensores en las barriadas, para que Zoido pueda poner el pie.

Por seguir con las diferencias y con los parecidos, hay que ver lo que se empieza a parecer a Arenas este chico nuevo del PP andaluz, Juan Manuel Moreno Bonilla. Dicen que tiene estética de Siempre Así, pero cada día responde más y más a la factoría de Arenas en todo, menos en lo de las invitaciones compulsivas a comer. No cambia nada en el partido, cultiva las camisas celestonas con las mangas a media altura y se ha abonado rápido al atrio macareno, con Manolo García, y al restaurante Becerrita hasta en las noches de Feria, que se ve que el hombre no se ha entendido muy con el bullicio del albero. También en eso sale a Javié. En todo igualito que Javié, pero sin fotógrafos y sin abrazos con la lengua mordida y levemente asomada. A los únicos a los que se echa de menos de la etapa anterior del PP andaluz es a Los Rafaeles, Salas y Carmona, que antes salían con más frecuencia a denunciar tropelías de la Junta con sus papeles y sus guiones la mar de bien elaborados. A Los Rafaeles les han reducido la cuota de pantalla en San Fernando, con la de titulares que daban y lo bien que salían en ese minutillo raspado del informativo de Canal Sur. Pero por lo demás, ¿ustedes han notado algún cambio en la sede de la calle San Fernando? Que le pregunten a Manolo García y a Jesús Becerra. En el PP andaluz todo sigue igual. Así está de contenta Susana. Y así está de contento Zoido, que sigue poniendo el pie en la puerta del ascensor. Ascensores, más ascensores.

Arenas es el lince protegido por la Junta

Carlos Navarro Antolín | 12 de febrero de 2014 a las 13:01

SEV11. JAVIER ARENAS SALE DEL ALMUERZO DEL PP AL QUE ASISTIO AYER Diario de Sevila/MANUEL GOMEZ
En política todos se pelean por la herencia y nadie le reza al muerto. Será por eso que los parientes políticos son los que siempre la lían a última hora en las notarías. Nada hay más antiguo que un periódico de ayer ni que un político defenestrado. A la hora de realizar la mudanza de las adhesiones inquebrantables, la política iguala a todos: a los que han tardado diez años en ser licenciados, a los que ganaron la oposición que les daría la estabilidad soñada en sus vidas, a los que se criaron en los pechos de los aparatos y a los que irrumpieron de pronto en el circo político procedentes de la empresa privada. No hay distinciones porque todos quieren mantenerse en el machito: el abogado, el juez, el registrador, el que nunca tuvo una nómina que no fuera de la Administración pública y el que no ha hecho otra cosa que, como los canguros, saltar de un despacho a otro de las instituciones y sociedades del gran mastodonte del Estado. Ni un juicio crítico en quienes han sido humillados, ni una palabra más alta que otra. La política para ellos no consiste en servir al ciudadano, sino en perpetuarse en sus cargos. Por eso, en el fondo, todos admiran a Javier Arenas. Lo critican porque querrían ser como él, la mejor interpretación del ave fénix en clave andaluza al que los suyos llevan meses redactando la esquela de su carrera política en todos los corrillos de los últimos meses: la noche del Domingo de Pasión que se quedó orillado del gobierno andaluz (“Javié no sale de ésta, ésta es la definitiva, mírale la cara, no se le reconoce, parece que está ido”), a los pocos meses de la amarga victoria (“No se le ve. ¿Qué sabes de Javié? Debe estar fatal, ya sólo sale para ir al podólogo y darle al botón en el Parlamento”), en su cargo de vicesecretario general del PP con despacho en Madrid (“Ya nadie lo llama, salvo Antonio Sanz, me dicen que hasta se cuela en actos sociales a los que no está invitado en la capital, chico qué cosas se ven, qué dura debe estar siendo la caída), en actos eminentemente privados (¿Oíste a Raúl del Pozo cuando dijo en la radio que Javié prácticamente se coló en la boda del hijo de Zoido?) y, por supuesto en congresos y convenciones (“Rajoy no sabe cómo quitárselo de encima para hablar en privado con Zoido sobre el futuro de Andalucía, nos hemos dado cuenta todos. ¡Con lo que era Javié!”).
Todos iban matando al padre, preparando la corona floral de los que no te olvidan y hablando de su figura con la compasión que inspira el que sólo tiene ya la mirada para implorar la compasión de sus hijos. Olvidaron que el toro malherido sigue teniendo pitones y se levanta con violencia, olvidaron que Javié los enseñó a todos ellos a caminar, a correr, a regatear y hasta a respirar en política. Todos son de la escuela de Javié. No conocen otra. Y está claro que Javié los escogió porque ninguno era capaz de hacerle sombra, como ha quedado demostrado. Javié ha ganado otra vez. Siempre ha ganado en el partido todo lo que se le reprochaba que no ganaba en las urnas. El PP andaluz está hecho a su medida, porque él ha sido el sastre de su propio traje. Los demás se han dedicado a barrer los hilos en el suelo de la indignidad, a callar como las beatas de la primera fila cuando el párroco manda silencio desde el púlpito, a coger kilos en la trabajadera del bochorno, a cuchichear contra el jefe en el atrio del cigarrito y la voz baja y a procurar conciliar el sueño porque, cuando truene el despertador y salga el sol, cuando todos ellos despierten a un nuevo día con las babas tragadas, se encontrarán con que Arenas seguía allí, como el dinosaurio. Se peleaban por la herencia cuando el muerto se ha levantado y los ha corrido a gorrazos. Arenas no vuelve a mandar en el PP, porque en realidad nunca ha dejado de hacerlo. ¿Y Andalucía? En Andalucía el lince está protegido. Y el PSOE protege muy bien al único lince del PP andaluz.
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El concejal cóncavo del gobierno

Carlos Navarro Antolín | 13 de mayo de 2013 a las 5:00


Hay concejales del gobierno que son como aquel torero desganado que le quiere recortar las embestidas al toro a base de hachazos antes de que el público aprecie la boyantía del burel. La oposición en el Ayuntamiento (socialista, por supuesto; la de IU ni está ni se le espera) ha tenido la osadía de preguntarle por el proyecto de zona franca al delegado de Relaciones Institucionales. La verdad es que el asunto de la zona franca en Sevilla hierve en las redes sociales y en las cafeterías. Pregunta uno a las doce del mediodía en el bar de cabecera si aún dan café y ponen tostadas y el camarero no es que responda con el clásico de la máquina ya apagada, sino que devuelve la pregunta con otra: “¿Qué se sabe de lo de la zona franca en Sevilla?” Yen las redes sociales, tres cuartos de lo mismo. Se mete usted en twitter y vengan a llover los enlaces sobre las informaciones y artículos de análisis sobre el impacto de la futura zona franca en Sevilla, que si merece la pena, que si es un invento de Zoido, que si la Junta opina tal o cual, que si no tenemos bastante con copiarle el carnaval a Cádiz… La zona franca tiene en vilo a media ciudad. Se nota en la calle. La otra media está que no para de hablar del estatuto de capitalidad para Sevilla y de quién será el candidato del PPpara las autonómicas de 2016. “Sí, aún le puedo poner media tostada, pero de mollete integral que es lo que me queda. Pero dígame, por favor, lo de Zoido para la Junta, ¿va en serio?”
Y así, en este escenario, como llaman ahora los cursis al contexto, la oposición socialista preguntó por la zona franca al señor Javier Landa, que es el delegado de Relaciones Institucionales del Ayuntamiento como todo el mundo sabe (por las que hilan). Y las respuestas del catedrático que fue uno de los grandes fichajes del PP para las municipales de 2011 nos han dejado como dijo Guerra: ¡Pasmaos! Y nos han recordado al torero que viendo el toro dijo aquello del ya estoy yo en mi casa. El líder de la oposición, Juan Espadas, preguntó con toda inocencia: “¿Cuál es el impacto de beneficio económico calculado por el gobierno para la ciudad por años?” Y el concejal Landa, ex cátedra, se despachó echando sucesivamente la muleta abajo por la derecha y por la izquierda para provocar el mareo que hace perder el norte a la incauta res: “Entendemos que será una función exponencial de tipo cóncavo con pendiente poco pronunciada al principio y algo más en momentos sucesivos”. La contestación del profesor Landa no la mejora ni el tío que hizo la pregunta del referéndum andaluz.
Menos mal que los independientes traen el soplo de aire fresco que necesita como el jamar una política dominada por los aparatos de los partidos. ¿Pero dónde encuentran los señores de los poderosos aparatos a estos independientes deseosos de devolver a la sociedad cuanto la sociedad les ha dado, que o se van con el partido empezado cuando no se gobierna o juegan a las greguerías con las respuestas oficiales?
Este Landa ya se embrolló él solito al responder una pregunta sobre la razón por la que se izaba en el Ayuntamiento la bandera del pueblo gitano y no la del colectivo gay. Dijo que el criterio es de tipo institucional. “La institución hace referencia a órgano y símbolo de un estado y/o nación, por lo que evidentemente al pueblo gitano se le puede incluir dentro de las conceptualizaciones mencionadas”.
Ahora la gran clave está en lo de la pendiente poco pronunciada al principio y algo más en momentos sucesivos, porque ahí se ven tintes casi biográficos del autor con respecto a su carrera política en el Ayuntamiento. La cosa de Landa en la Plaza Nueva empezó así, con cohetería de gran fichaje para contrarrestar a los independientes del PSOE y va por un camino algo… cóncavo. Lo de Landa despertó el interés al modo novelero sevillano con pizca de aguijón: “¿Yéste quién es?” Yya va por ese otro aguijón de memoria repentina recuperada: “Oye, por cierto, ¿y Landa dónde está?”
Pues debe estar dedicándose a cocinar esas respuestas tan sesudas, de tratado de geometría aplicada a la ingrata política municipal. Pero aquí lo verdaderamente cóncavo es que Javié (Arenas) le metió a Zoido cuarto y mitad de Landa en la listas electorales. Seamos francos con la zona franca.

La hora del lince

Carlos Navarro Antolín | 8 de marzo de 2012 a las 22:11

“Tenemos interiorizada la derrota. Y eso es lo peor que nos puede ocurrir, porque se nota que pensamos más en el 26 de marzo que en el 25”. El veterano socialista lo comentaba en voz baja hace muy pocos días. Cómo han cambiado los tiempos que todo indica que Arenas será presidente de la Junta de Andalucía. El lenguaje va cantando como ninguna otra medida los períodos de este político que se ha hecho mayor ante toda España como el actor infantil y narrador de Cuéntame. Era el niño Arenas en sus orígenes, cuando preparaba su ingreso en el PP en la casa de la calle San Luis de Manolo García. Después fue El Arenas en sus años de secretario general como sucesor de aquel general secretario, el asturiano Álvarez Cascos, el rebelde con causa que entregó su baja como militante al guardia de seguridad de la sede de Génova un primero de enero. Y ahora es simplemente Javié, que aquí somos mucho del compadreo, de la novelería y de pasar el brazo por el hombro al protagonista a la hora de posar ante la cámara. Javié tiene el vértigo de quien sabe que está a punto pero desconfía del betunero del Palace. Por eso es mucho de arquear la ceja y repetir dos y hasta tres veces la misma frase. El PP tiene que hacer un último esfuerzo en una serie de pueblos de Sevilla donde necesita mejorar para reducir el margen de riesgo: Arahal, Camas, Carmona, Las Cabezas de San Juan, Coria del Río, Lebrija, Lora del Río, Morón de la Frontera, Osuna y La Rinconada. En estos municipios eternamente pendientes para el centro-derecha se volcarán especialmente Arenas y su mejor tentáculo para conectar con las capas populares: el alcalde sevillano Juan Ignacio Zoido, versión aumentada del periquismo onubense especializado en penetrar en los tradicionales feudos socialistas. La apuesta de Arenas al presentarse hace cuatro años por Almería le salió bien, pues este lince de la política suele mejorar cuanto más se aleja del triángulo de Sevilla, Huelva y Cádiz. Había un obispo que comentaba en la privacidad de su despacho una de las grandes claves de la capital de Andalucía: “Sevilla mata a los arzobispos”. Tal vez por eso Arenas mide siempre muy bien las distancias con una ciudad en la que está, pero en la que nunca ha entrado. Está, pero se mueve continuamente. Entra en la casa, pero nunca en la cocina. Se queda en el patio sin subir nunca a la primera planta. El lince se juega mucho en esos pueblos de Sevilla. El mismo socialista remata sus confesiones a lo Maquiavelo: “La verdad es que si yo fuera Rajoy, me interesaría que Arenas perdiera las elecciones, porque eso de saber que se lo debo todito a él…” El niño se ha hecho mayor, tiene vista de lince, pero vértigo de futbolista en la final que por si acaso no quiere ni mirar de reojo la copa al saltar al césped.