Archivos para el tag ‘Javier Arenas’

El primer gran silencio

Carlos Navarro Antolín | 20 de febrero de 2014 a las 5:00

SEVILLA, 18/02/2014.
El manijero no asistió. La expresión del Estado es el vacío. Y la del poder es la ausencia. La liturgia se cumple escrupulosamente aunque falte el sumo sacerdote. Hasta en el primer recibimiento del PP sevillano al nuevo líder del aparato andaluz hubo mucho de ceremonia eclesiástica. José Luis Sanz, Juan Bueno y Eloy Carmona aguardaron pacientemente a las puertas del Hotel NH Convenciones la llegada de Juan Manuel Moreno Bonilla. Parecían tres canónigos laicos en la Puerta de los Palos (sin segundas) dispuestos a besar el nuevo y pastoral anillo. Menudos berrinches se pillan algunos prelados si no hay nadie que aguarde su llegada. Ha habido broncas célebres.

Moreno Bonilla llegó un cuarto de hora tarde. Será otra expresión del poder: la tardanza, hacerse esperar, hacerse de rogar. Pero el que no llegó fue el manijero. Su dedo estaba en el ambiente. Se nota, se siente. Era como el ojo que no ves, pero es ojo porque te ve. Sólo el elegido por el dedo se atrevió a nombrarle, como cuando en misa se pide por el ordinario del lugar. Juan Manuel, que tiene nombre de revolucionario de la Semana Santa, pronunció las palabras: “Mi reconocimiento a Javier Arenas”. Sólo él se atrevió. Yse llevó un silencio maestrante, marca de la afilada casa sevillana cuando pone por delante el carro de la nieve. Ni Juan Ignacio Zoido ni Juan Bueno mentaron a su padre político. Esta vez no hubo ni un Javié para la crónica, a pesar de que ambos dirigentes sevillanos cumplieron fielmente con la letanía de agradecimientos de rigor. A Arenas le dio su sitio un político de Málaga, la ciudad que nunca le dio dolores de cabeza, la misma que sí se los ha dado a Zoido.

José Luis Sanz, secretario general del PP andaluz que tenía todos los avales para ser presidente regional, se llevó el abrazo más intenso de Moreno Bonilla, los aplausos más largos, las referencias más cariñosas, los achuchones y pellizcos de mejilla más sentidos. Tenía rostro de Viernes Santo en una junta directiva provincial en la que muchos tenían cara de sapo. El sapo es un animal íntimamente ligado a la política. Algunos tragan sapos como aquellos hipopótamos del divertido juego del tragabolas que se hartaron de echar los reyes magos a los niños de la generación de los 70.

La pirotecnia de elogios de saldo de unos y otros no impidió que aquello tuviera más que nunca los tintes de representación pactada, congelada y forzada a la que acostumbra ya una política cuya frescura sigue secuestrada por los aparatos de los partidos. En clave local, bastaría decir que la puesta de largo hispalense del candidato malagueño fue una verdadera exaltación de la ojana. Moreno Bonilla dejó varias perlas facilonas: “Voy a mimar a Sevilla”, “Zoido es el mejor alcalde de España”, “Voy a ser presidente de la Junta, es imposible no serlo cuando se tienen los mejores militantes”. Y una licencia: “Todavía no soy candidato oficial y ya me han eslomao a palos”.
El alcalde reiteró su pasión por la ciudad de las pasiones. Yesta vez tuvo palabras de especial agradecimiento con Alberto Díaz, su jefe de gabinete, uno de sus acompañantes perpetuos desde 2006, el hombre de la agenda, del capote y del teléfono. Alguien de la bulla preguntó: “No veo a Alberto, ¿está sonriendo?” Y se oyó: “Aquí sólo sonríe hoy el de Málaga”.

Sanz se marchó muy rápido. Zoido también. Tal vez se fueran eslomaos. En el hotel se improvisó el besamanos de los chicos de las Nuevas Generaciones, de antiguos dirigentes provinciales del partido que presentaron sus viejas credenciales al nuevo líder, de concejales que gozan de conexión directa con Moreno Bonilla de años atrás. Alguien resabiado tiró de la manida alusión a la noria como la atracción que define la actual política con todo rigor: “Yo me he visto arriba y he sufrido la bajada”. Tal no vez comiera suficientes sapos. Por eso el dedo señaló a otro. El dedo que nunca se ve. Como el silencio. Sólo se perciben. Habrá que buscar el viejo tragabolas en el trastero.
SEVILLA, 18/02/2014.

Arenas es el lince protegido por la Junta

Carlos Navarro Antolín | 12 de febrero de 2014 a las 13:01

SEV11. JAVIER ARENAS SALE DEL ALMUERZO DEL PP AL QUE ASISTIO AYER Diario de Sevila/MANUEL GOMEZ
En política todos se pelean por la herencia y nadie le reza al muerto. Será por eso que los parientes políticos son los que siempre la lían a última hora en las notarías. Nada hay más antiguo que un periódico de ayer ni que un político defenestrado. A la hora de realizar la mudanza de las adhesiones inquebrantables, la política iguala a todos: a los que han tardado diez años en ser licenciados, a los que ganaron la oposición que les daría la estabilidad soñada en sus vidas, a los que se criaron en los pechos de los aparatos y a los que irrumpieron de pronto en el circo político procedentes de la empresa privada. No hay distinciones porque todos quieren mantenerse en el machito: el abogado, el juez, el registrador, el que nunca tuvo una nómina que no fuera de la Administración pública y el que no ha hecho otra cosa que, como los canguros, saltar de un despacho a otro de las instituciones y sociedades del gran mastodonte del Estado. Ni un juicio crítico en quienes han sido humillados, ni una palabra más alta que otra. La política para ellos no consiste en servir al ciudadano, sino en perpetuarse en sus cargos. Por eso, en el fondo, todos admiran a Javier Arenas. Lo critican porque querrían ser como él, la mejor interpretación del ave fénix en clave andaluza al que los suyos llevan meses redactando la esquela de su carrera política en todos los corrillos de los últimos meses: la noche del Domingo de Pasión que se quedó orillado del gobierno andaluz (“Javié no sale de ésta, ésta es la definitiva, mírale la cara, no se le reconoce, parece que está ido”), a los pocos meses de la amarga victoria (“No se le ve. ¿Qué sabes de Javié? Debe estar fatal, ya sólo sale para ir al podólogo y darle al botón en el Parlamento”), en su cargo de vicesecretario general del PP con despacho en Madrid (“Ya nadie lo llama, salvo Antonio Sanz, me dicen que hasta se cuela en actos sociales a los que no está invitado en la capital, chico qué cosas se ven, qué dura debe estar siendo la caída), en actos eminentemente privados (¿Oíste a Raúl del Pozo cuando dijo en la radio que Javié prácticamente se coló en la boda del hijo de Zoido?) y, por supuesto en congresos y convenciones (“Rajoy no sabe cómo quitárselo de encima para hablar en privado con Zoido sobre el futuro de Andalucía, nos hemos dado cuenta todos. ¡Con lo que era Javié!”).
Todos iban matando al padre, preparando la corona floral de los que no te olvidan y hablando de su figura con la compasión que inspira el que sólo tiene ya la mirada para implorar la compasión de sus hijos. Olvidaron que el toro malherido sigue teniendo pitones y se levanta con violencia, olvidaron que Javié los enseñó a todos ellos a caminar, a correr, a regatear y hasta a respirar en política. Todos son de la escuela de Javié. No conocen otra. Y está claro que Javié los escogió porque ninguno era capaz de hacerle sombra, como ha quedado demostrado. Javié ha ganado otra vez. Siempre ha ganado en el partido todo lo que se le reprochaba que no ganaba en las urnas. El PP andaluz está hecho a su medida, porque él ha sido el sastre de su propio traje. Los demás se han dedicado a barrer los hilos en el suelo de la indignidad, a callar como las beatas de la primera fila cuando el párroco manda silencio desde el púlpito, a coger kilos en la trabajadera del bochorno, a cuchichear contra el jefe en el atrio del cigarrito y la voz baja y a procurar conciliar el sueño porque, cuando truene el despertador y salga el sol, cuando todos ellos despierten a un nuevo día con las babas tragadas, se encontrarán con que Arenas seguía allí, como el dinosaurio. Se peleaban por la herencia cuando el muerto se ha levantado y los ha corrido a gorrazos. Arenas no vuelve a mandar en el PP, porque en realidad nunca ha dejado de hacerlo. ¿Y Andalucía? En Andalucía el lince está protegido. Y el PSOE protege muy bien al único lince del PP andaluz.
noche electoral en el partido popular,sede regional,arenas,zoilo,montoro y demás¿

El imperio de la pizarra abatible

Carlos Navarro Antolín | 3 de febrero de 2014 a las 9:46

jovellanos
DICEN los expertos que a la Catedral de Sevilla le falta un gran espacio abierto que permita la contemplación de la fachada principal, que es la de la Asunción, por donde entran los nuevos obispos con cara de susto y por donde salen con los pies por delante y con peor cara aún. La Catedral de Sevilla no tiene esa gran plaza, explanada o espacio abierto que permita disfrutar con perspectiva de la monumentalidad de esa gran montaña hueca. Con el impacto hermoso de la Catedral se topa uno procedente de la Plaza de la Contratación, como un gigante que irrumpe siempre en el paseo del turista novato y del nativo que conserva la capacidad de sorpresa. Pero la fachada principal no tiene metros cuadrados por delante que canten su poderío. Si la enormidad interior de la Catedral se lo come todo por dentro, dejando a veces ridículo cualquier exorno floral, altar o estructura que no esté debidamente presentado, por el exterior pierde todo el impacto por el ahogo que ejerce la inhóspita Avenida, una Avenida que es a la Catedral lo que la calle Imagen a la trama urbana del centro histórico: un horror del tamaño de la campana de San Cristóbal. El caso es que como no hay forma de tener esa visión global, a la Catedral hay que mirarla por partes, buscando los rincones y las perspectivas, casi como la mayoría de pequeños templos de la ciudad.
Si la Catedral está condicionada por el diseño urbano tanto como está afeada por el rosario de bares chillones, tenderetes de camisetas y olores de fritanga, hay también capillas con todo su encanto que sufren el mismo problema, templos recoletos con portadas barrocas ahogadas por la cartelería abatible de una hostelería que saca sus propias tropas a la calle: los camareros a la búsqueda de los clientes, como laceros de Puerto Banús exportados a Sevilla, y las pizarras con el menú del día y el pida la exquisita pringá que no se arrepentirá. La infantería del sector terciario no entiende de perspectivas de catedrales ni de la calle Jovellanos, donde hasta hace poco uno se deleitaba con la estética de portalón y hornacinas con imaginería de Duque Cornejo. Los gamberros la tomaron hace pocos años con la capillita de San José atacando las imágenes de frailes de su portada. Y ahora la agresión es de otro tipo, practicada al amparo de la regla suprema de todo por el consumo, con el aval de la misma autoridad que puebla de veladores la Plaza de San Francisco o que hace la vista gorda en tantas y tantas calles convertidas en un Benidorm de pizarras, calefactores y camareros vestidos a lo Baremboin. Las ciudades se miden y mucho por cómo cuidan su patrimonio. A nadie se le ocurre colocar un anuncio de macarrones y pizzas delante de la fachada de San Andrea del Quirinal en Roma, por poner un ejemplo similar al de esta capillita mancillada por los tentáculos de la fiebre hostelera, víctima del imperio de la pizarra abatible. ¿Dónde está el gerente de Urbanismo para mandar a sus inspectores y cuidar la imagen de la ciudad ante los turistas? Aquí venga a presumir de la macrogestión para traer aviones de Estambul y venga a sacar campañas con lemas en inglés como la del We love people, que hay que ver lo bien que pronuncia el alcalde el lema del We love people, con lo malamente que lo pasaba el hombre en los días señalaítos de campaña con aquella promesa del Open government, mucho más difícil de pronunciar y que me lo traía por la calle de la Amargura (dos pasos). Jesús, otra vez el Open Government, pensaba Zoido cada vez que el asesor le mandaba tirar de tecnicismos extranjeros para ronear en los barrios de batas y rulos. Parecía un vendedor de lavadoras, pero de los buenos, de los que al final vende la lavadora y la clienta se va la mar de satisfecha y cuchicheando con el marido desconfiado.
–Este hombre tiene cara de buena persona, so malpensado.
Al alcalde le pasa con el inglés lo que a todos los presidentes del Gobierno de España. Ni pajolera. Hay un sevillano que recuerda con toda precisión una charla a pie de calle con Zoido, de las mil que tiene al día cuando no está perdiendo el tiempo en convenciones del partido (pero bien partido, partido en Vox) en Valladolid.
–¿Y tu padre? ¿Y tu madre? El otro día vi a tu hermana con su marido, que bien iban los dos con la niña camino del mapping. Por cierto, tu cuñado me ha mandado su último libro.
–Ah, estupendo… ¿No?
–[Cara de póker de Zoido]
–¿Qué problema hay, alcalde? ¿No te lo ha dedicado?
–Es que está en inglés…
Ni el We love people para atraer a los turistas ni el Open Goverment para vender la lavadora. ¿Alguien de Urbanismo va a practicar esa micropolítica de Zoido y va a barrer las calles del centro? Pero no con escoba de Lipasam del gerente Paco Pepe, sino con bolígrafo de inspector de la Gerencia y camioneta para cargar tanta cochambre. Uno de los grandes misterios de la ciudad es a qué se dedica el gerente de Urbanismo si ya no hay constructores con los que comer, ni dinero de los convenios que fumarse. Son como los 50 diputados del PP en el Parlamento, el ejército más poblado y desorientado que se haya visto en política. Si es que hay días que parece que no hay veladores en Sevilla para sentar a tanto diputado del PP como se ve vivaqueando por los bares de los alrededores del Parlamento. En las definiciones de calidad de vida ya figura el ejemplo de diputado del PP del tardoarenismo. Política cardiosaludable. Usted evite las grasas, tome dieta rica en verdura y pasee como un diputado del PP andaluz que haya ganado las elecciones.
Mientras no haya micropolítica de la buena que salvaguarde el patrimonio, tal vez lo mejor sea que la Catedral no tenga esa gran explanada que muchos envidian de Santiago de Compostela, Ávila, Salamanca o Vitoria para admirar la arquitectura con todo realce. En Sevilla nos dan metros cuadrados por delante y los plagamos de pizarras abatibles. Mejor la estrechez de la Avenida, para que no se note la poquísima gente que hay para recibir a algunos obispos.

Zoido, el paisaje tras la aventura regional

Carlos Navarro Antolín | 24 de noviembre de 2013 a las 5:00

Pleno del Parlamento. me interesa Valderas, Griñán, Aguayo y ambiente.
Volver a ser lo que fue en su mejor etapa. Un político de vocación local, especializado en la distancia corta, abonado a la sonrisa y aspirante a jubilarse en el sillón de alcalde, como Teófila en Cádiz o Perico en Huelva. Zoido se prepara, por fin, para despojarse del incómodo traje de presidente del PP regional, que le aprieta como un traje de buzo, que le obliga a estar fuertemente vinculado a las siglas de un partido y de unas estructuras, jerarquías, agendas y compromisos de los que siempre huyó. Para Zoido más que para nadie, el partido es el medio, no el fin. Su gran aval es su marca personal. El alcalde de Sevilla está a las puertas de dedicarse de nuevo con exclusividad a lo que mejor se le ha dado hasta ahora, al margen de que en algún momento haya oído –que los ha oído– los cantos de sirena de San Telmo. Llegados a este punto, el objetivo último del embrollo en el que lo metió Dolores de Cospedal en julio de 2012 es gestionar una salida de la sede regional de la forma menos costosa posible. Lo que en condiciones normales equivaldría en política a bajar un escalón, en su caso supondrá la recuperación de la tranquilidad perdida, despojarse del corsé que en no pocas momentos le ha provocado irritación (“¡Estoy negro!”, le dijo al comité ejecutivo provincial el pasado mayo) y olvidarse de los difíciles juegos de equilibrio del mapa regional.
Zoido dejará de ser presidente del PP regional y, en consecuencia, su representación orgánica quedará de nuevo diluida, pero sólo sobre el papel. Quien sí está diluido es Javier Arenas, padre político de la inmensa mayoría de los políticos del PP andaluz, que está comprobando la ruindad de la condición humana. Quienes antes ni atrevían a valorar sus acciones en los pasillos de la sede del partido, lo hacen ya con todo desparpajo. Atrás quedan los tiempos en que no se tomaba una decisión sin su visto bueno. Todo debía estar bendecido por Javier. Simplemente era Javier, sin más apellidos. El PP regional de Zoido se ha manumitido en este sentido. Yel precio ha sido la ruptura de la complicidad de no pocas relaciones. Así es la política, como así es el fútbol. Se llaman amistades a lo que simplemente son una suerte de UTE.
El PP admite que Zoido seguirá teniendo un poder absoluto en los asuntos claves de la capital por mucho que baje del escalón regional. La formación de la lista electoral y la designación de los miembros del gobierno no se le discutirán. Ya gozó de esta potestad en 2011, cuando el entonces todopoderoso Javier Arenas no logró colarle algunos nombres ni en la candidatura ni en el organigrama municipal. Zoido sabe dejar sonar el teléfono y, llegado el caso, derivar las llamadas insistentes a Alberto Díaz, su jefe de gabinete –a quien recuperó de la empresa privada en Madrid en 2007– o a Gregorio Serrano, su concejal favorito con diferencia de entre los veinte que forman el gobierno. Tanto Serrano como su círculo se identifican ya plenamente con el alcalde. De hecho, Antonio Castaño, director del Consorcio de Turismo, y Rafael Rivas, director de la Delegación de Fiestas Mayores, gozan de una proximidad con Zoido que ya quisieran para sí algunos de los miembros del gobierno o de los principales asesores, que tienen que guardar cola de espera para despachar asuntos en la Alcaldía.
Hay unanimidad en las fuentes consultadas en que el número dos de la lista, el catedrático Javier Landa, ni siquiera fue una imposición de Arenas. “Zoido, más bien, se dejó convencer”, dicen quienes conocen la historia de aquellos meses. “Salvo anécdotas ocurridas con Landa, su labor no es nada mala y ya ha conseguido el objetivo de la Zona Franca”, precisan fuentes de la sede regional, aunque esta opinión no goza de unanimidad, precisamente. El partido sí valora de Landa que no se pierde un acto orgánico, un detalle que no tienen otros independientes de la lista electoral.
El presidente del PP en Sevilla, José Luis Sanz, y el secretario general del PP Sevilla, Juan Bueno, mantienen un encuentro con cargos electos del PP.
Un candidato del PSOE necesita, como mínimo, estar bien colocado en la ejecutiva. Pero Zoido se puede permitir el lujo de limitarse a ser alcalde de Sevilla con un asiento en el comité ejecutivo provincial y otro en el comité ejecutivo nacional. No necesita más.
El PP dista mucho del PSOE en cuanto al peso del aparato orgánico. Los candidatos de la formación de centro-derecha no necesitan el refrendo de la lista electoral distrito por distrito. Los socialistas someten la candidatura completa a la votación de cada una de las once agrupaciones, por lo que se evidencian los apoyos y los castigos, según los casos. Basta recordar a este respecto la falta de entusiasmo que generó en algunas de las grandes agrupaciones socialistas la candidatura liderada por Juan Espadas, que apostó por los independientes en detrimento de los secretarios generales de las agrupaciones, como había sido tradicional. En el PP confirman que a Zoido no se le va a realizar un marcaje estrecho en la capital. Juan Bueno y Eloy Carmona, presidente y secretario general del PP de Sevilla, respectivamente, tienen tarea suficiente en los 104 pueblos de la provincia –donde el PP ha avanzado en las últimos comicios de forma tan considerable como insuficiente– como para invertir tiempo en fiscalizar al alcalde en el tramo final del mandato. Juan Bueno es el presidente provincial del partido, sí; pero también es un concejal del Ayuntamiento sometido al mando del alcalde. Se repite en el PP la misma situación que cuando, por ejemplo, Soledad Becerril era alcaldesa y uno de sus concejales, Jaime Bretón, ostentaba la presidencia provincial. Soledad Becerril hacía y deshacía sin esperar ni recibir instrucciones del aparato, todo lo contrario a lo que ocurre en las filas socialistas.
Lo único que la estructura del partido exigirá a Zoido es la consolidación de la Alcaldía en 2015. Y en esta tarea –apuntan fuentes del partido– no tendrá ya el viento a favor del PP en España, por cuanto el Gobierno de Rajoy sufre ya el desgaste en las encuestas oficiales y privadas, ni el recuerdo reciente de las corruptelas del gobierno de PSOE e IU. Zoido no sólo tendrá que afrontar su reelección sin esas dos ventajas, sino que habrá de emplearse en explicar –cosa que ya ha empezado a hacer– que en este primer mandato no puede realizar todo lo prometido. La estructura del partido sí le ha planteado de forma insistente que debe alejarse de promesas irrealizables, sobre todo porque los ciudadanos no demandan ahora grandes proyectos, sino trabajo y no perder más calidad de vida. El de de 2011-2015 no puede ni debe ser el cuatrineo de iniciativas sonadas, más allá de la micropolítica, las luces de Navidad, los autobuses urbanos entrando hasta el corazón del centro, las obras en los colegios y las cuentas medianamente en orden. En esta línea, tampoco se ve como el recurso más recomendable la acusación reiterada a la Junta de Andalucía como la gran bloqueadora de los grandes proyectos. Tan cierto es que la Administración autonómica lastra algunas iniciativas, como que hay otras en las que no tiene culpa de su demora.
Zoido tendrá que hacer de Zoido en año y medio. “No perder un minuto más en Almería”, como apuntan en su equipo. Por el momento ha cambiado su imagen en la red social twitter, donde cuenta con casi 35.500 seguidores. Su imagen ahora es en blanco y negro, tratada con cierto brillo, lo que le da un aire de cantante de orquesta de fin de año. A su derecha aparece un primer plano de sus ojos y a la izquierda el lema Alcalde de Sevilla. Ni una referencia a las siglas del PP en quien hoy sigue siendo nada menos que el presidente regional. En twitter ha comenzado la recuperación de esa senda que le llevó a un rotundo éxito en 2011 y de la que hace año y medio tuvo que apartarse por imperativos del partido, una aventura que le ha reportado muchos inconvenientes y escasas ventajas.
Zoido no se ha criado en la estructura del partido ni tiene especial aprecio por los conocidos como aparatos. El suyo es de esos casos excepcionales en los que pasó de no ser militante a ser secretario general del PP andaluz en 2004, cuando el PP nacional se vino abajo y Rajoy le encargó a Arenas el enésimo intento de levantar los resultados en Andalucía. Su entorno más próximo en el Ayuntamiento no procede precisamente de las entrañas del aparato. Es un político que no está rodeado de políticos. Su actual núcleo duro, con el que intenta sacar alguno de los grandes proyectos de aquí a las elecciones de 2015, no es de un perfil precisamente político: ni el delegado de Urbanismo y Medio Ambiente, Maximiliano Vílchez, ni la delegada de Hacienda, Asunción Fley, ni el vicepresidente de las empresas municipales, Jesús Maza. Son personajes vistos con recelo por quienes se han forjado desde las bases de Nuevas Generaciones. Pero nadie osa decir ni pío ante una victoria de 20 concejales y en un partido donde las voces discordantes tendrían que estar tan protegidas como los linces de Doñana. Los problemas para Zoido sólo vendrán si la Alcaldía no es revalidada. Se la juega a una suerte de puerta grande o enfermería, no hay medias tintas, ni tiempo que perder en planes para hacerse con un cargo orgánico que compense la pérdida de la presidencia regional. Si pierde la Alcaldía, la figura de Zoido se esfumaría del Ayuntamiento y el partido le buscaría una salida digna en alguna institución de la capital de España. Pero sólo le salvaría a él. Su equipo tendría que hacer las maletas y buscarse otros destinos.

Alberto Díaz. El hombre que sabe decir no. Jefe de gabinete del alcalde. Zoido sonríe y promete. Y a Alberto Díaz le toca apuntar cada petición, activar su tramitación, gestionar cada compromiso que adquiere su jefe a pie de calle y, llegado el caso, decir que no. Su labor es fundamental al lado de un político de un perfil tan marcadamente popular. Su jefatura de gabinete incluye hasta las labores propias de un secretario personal de altas dignidades eclesiásticas. Tiene el valor añadido de una relación fluida con José Luis Sanz, Juan Bueno y Eloy Carmona.

Juan Bueno. La cara más amable del partido. Hombre puro y duro de partido. De trato correcto y formas exquisitas. De Arenas ha aprendido a encajar las críticas, una cualidad clave en un político de carrera. Se le conocen pocos enemigos y se le atribuye una gran capacidad negociadora. No tiene una especial relación personal con el alcalde, pero Zoido le da el sitio desde el momento en que es el presidente del PP de Sevilla. YBueno sabe que el tirón electoral lo tiene Zoido. Se complementan y conviven. No es poco.

José Luis Sanz. Su influencia se dispara. El cirineo de Zoido en su aventura regional será el próximo número uno en la sede de la calle San Fernando. La hoja de ruta indica que con Sanz de candidato del PP andaluz, su dimisión como alcalde de Tomares será una consecuencia ineludible. Susu sucesor será un concejal con residencia en el municipio, por lo que se descarta a Eloy Carmona. Se le atribuyen ideas claras sobre qué aspectos podrían ser mejorados en la gestión del Ayuntamiento de Sevilla. Al ser presidente regional y sevillano, su influencia se dispara en la capital.

Eloy Carmona. La previsible figura emergente. Si José Luis Sanz es el candidato del PP andaluz y, en consecuencia, se hace con las riendas del partido, a nadie que conozca medianamente este partido político le cabrá duda de que la figura emergente en Sevilla será la de Eloy Carmona, actual secretario general del PP hispalense y volcado en la Diputación. Procedente de las NN. GG., fue el gerente del partido cuando Sanz ostentó la presidencia. Yno dudo en acompañarle en la lista electoral cuando Sanz fue enviado a la conquista de Tomares.

Gregorio Serrano. El favorito del alcalde. No faltan quienes envidian su proximidad y cercanía con Juan Ignacio Zoido. Acumula cuatro delegaciones y desde las elecciones no sólo no se ha diluido entre tantas competencias, sino que ha ganado aún más influencia. No se le incluye en el núcleo duro de la gestión en el tramo final de mandato, pero su estrecha relación personal con Zoido es incontestable, lo que se evidencia tanto en actos oficiales como en las horas de asueto que comparten en las que se pueden forjar muchas decisiones claves.

La rebelión pendiente en el PP

Carlos Navarro Antolín | 6 de noviembre de 2013 a las 19:00

JUAN BUENO PRESIDE REUNION DE ALCALDES DEL PP
En la vida se topa uno con organismos que son verdaderos cantos a la importancia de las minorías, gente con personalidad suficiente para no sentirse menos por ser de un colectivo cuyos miembros caben en un taxi. Hay partidos políticos, hermandades, peñas, asociaciones, entidades y fundaciones sostenidos en su vida cotidiana por tres que pasaban por allí, entraron a tomar una cruzcampo y se quedaron para toda la vida. La hermandad de la Antigua o la de las ánimas de San Onofre son dos ejemplos de minorías de gran belleza y valor en la historia de las asociaciones religiosas sevillanas. En política hay un partido, el Partido Humanista, que es todo un clásico que siempre se presenta a las elecciones y del que hay que coger muchas papeletas en el colegio electoral para escribir por detrás durante todo el año. La función social y de protección del medio ambiente de esas papeletas es poco conocida. Cuantísimas libretas escolares o para apuntar números de teléfono se ahorran durante todo un año gracias a los mangazos de papeletas en los colegios electorales. Le echa usted una grapa a cincuenta o sesenta papeletas del Partido Humanista y, hala, a apuntar números de teléfonos a vuelapluma o los datos de la cita del médico. Otro colectivo muy selecto de cuya existencia supimos esta semana es el consejo de alcaldes del PP de la provincia de Sevilla.

-Oiga, ahí tiene que haber menos gente que en la nómina del Santo Entierro.

La verdad es que dicho así, sin anestesia, se queda uno algo perplejo, porque hasta hace bien poco los alcaldes de la provincia del PP podían ir hasta la sede regional en un cuadriciclo de los que se alquilan en el Parque de María Luisa y podían correr por los pasillos del aseo de la tabernita goletera de Peregil. La derecha siempre tuvo pendiente la conocida como rebelión de los catetos. El presidente del PP sevillano convocó al rimbombante consejo de alcaldes del PP nada menos que en la sede regional de la calle San Fernando, donde está la piedra llorosa de Javier Arenas (Aquí perdí Andalucía) y donde el salón de actos es muchísimo mayor que el de la sede provincial. Qué derroche de metros cuadrados, que servicios más lustrosos, qué agua más fresquita sale del bidón. Juan Bueno es como un Juan sin miedo, sin miedo a que se oyera el eco de su discurso en el salón donde citó a esos pocos alcaldes que tiene el PP en esas comarcas perdidas, héroes de la resistencia que ahora reciben la encomienda de bajar o congelar los impuestos, porque en materia fiscal siempre hay congelaciones al igual que las sequías siempre fueron pertinaces, los fumadores son empedernidos y los premios de lotería están muy repartidos. ¿Para cuándo una marca de frigoríficos va a patrocinar las ruedas de prensa de presentación de ordenanzas y campañas fiscales?

Por mucho que José Luis Sanz lograra duplicar las Alcaldías del PP en municipios sevillanos en 2011, que lo consiguió tras pasar de 224.580 a 333.136 votos, la cosa no está para salones muy amplios, para tanto dispendio de infraestructuras, mucho menos sin biombos que disimulen tanta loseta libre. El PP sevillano aún tiene que tapar los huecos y darle a los asientos de sus alcaldes más separación que a los nazarenos del Plantinar a la salida para que la música del primer paso no se mezcle con la del segundo. Viendo el consejo de alcaldes del PP en 2013 se evidencia que aún está pendiente aquella rebelión a la que se aludía en el partido en los años noventa. Escrito está que la Transición en Sevilla no estará cerrada hasta que el PP gobierne en Dos Hermanas o Pepe Lugo sea concejal en la capital, que es como el Marino Lejarreta de la política local, porque lo colocan al final de la lista y se va acercando poco a poco al acta de concejal con las dimisiones y huidas a Madrid, pero no termina de colgarse la medalla de edil. Al PP de Sevilla más le valdría usar los biombos. Y pisar el acelerador antes de que el efecto Susana (¿Cómo se llamaba el otro efecto? ¿Efecto Zoido?) los devuelva a organizar la copa de Navidad en la taberna de Peregil.

Zoido, de visita pastoral

Carlos Navarro Antolín | 9 de septiembre de 2013 a las 21:50

COLEGIO9.JPG
A un torero de corte filosófico, con algo de Séneca, le preguntaron la razón por la que se vestía de luces.

-Porque es lo que sé hacer.

Zoido se ha ido a visitar un colegio por cada distrito en las vísperas oficiales del curso escolar, decimos oficiales porque cada colegio comienza ya un día distinto, que si el 2, que si el 8, que si el 9… Hace años que esto del curso escolar está como la Semana Santa, que no se sabe ya cuándo empieza, ni cuándo acaba, pero sí se sabe siempre cómo: pasada por agua. Pues los colegios, igual. ¿Cómo empiezan el curso los colegios? En obras. Algunos colegios siempre están como la A-49: en obras. Trabajando para usted, dice el tío del cartel. Y habrá que darle las gracias. Pues Zoido se ha ido a hacer el tour del pupitre. O más bien cabría decir que Zoido ha hecho de Zoido. Porque el tour del pupitre es un calco de su último día de campaña en mayo de 2011, cuando visitó los once distritos, como el obispo cuando hace la visita pastoral a cada parroquia y revisa los libros, las cuentas y el estado del inmueble. Se ve llegar a Zoido a Triana y aparece el concejal de turno, Curro Pérez, cual vicario en la puerta del templo que le recibe, besa su pastoral anillo y le cede la casulla del poder. Llega al frente ruso de Bellavista y ya está esperándole en sus dominios Rafael Belmonte, que cumple a rajatabla con el lema Otra Bellavista es posible, con su traje a lo Florentino Pérez, siempre de colores oscuros. Así, uno tras otro, hasta completar los once distritos con sus once alcaldes de barrio. Hay que ver lo que se parece el modelo de gobierno de Zoido al del cardenal Amigo. Ni vicealcaldes, ni obispos auxiliares, sino delegados de distrito y vicarios de zona.

-Oiga, ¿y Gregorio Serrano no tiene a su cargo ningún colegio? Lo digo porque este hombre tiene de todo.

-Serrano es como un canónigo por lo civil. Y no interrumpa usted más.

Este Zoido del pupitre aparece entre los profesores, los padres y la chiquillería con el semblante recuperado, como si le hubiera retornado la color, después de esos días de cuello duro en el Parlamento Andaluz donde le ha tocado la incómoda briega de la sesión de investidura de Susana Díaz, de esos discursos largos como homilías, de hartarse de verse rebautizado en los telediarios como ‘José Ignacio’ Zoido, mientras Juan Espadas se hartaba de difundir listados de colegios en obras y de removerle el gallinero local con ruedas de prensa de cuarenta minutos que parecen funciones principales de instituto. Lo de Zoido en las Cinco Llagas el otro día tuvo mucho de Emilio Muñoz en las arenas (Javier) de la plaza de Bilbao, cuando se sacudió las zapatillas y se fue para no volver después de una sonora pitada tras matar el toro. Si Zoido pudiera, hace tiempo que se hubiera sacudido los sebago, hubiera aplicado el ya estoy yo en mi casa y le hubiera dicho a la Cospedal el ahí te quedas con Carlos Rojas que se dejó el toro vivo de los ERE. El alcalde ha cogido este septiembre como el alumno que necesita recuperar. En un día, todo el temario. En una jornada, once distritos. Como en mayo de 2011. Zoido hace de Zoido. Como el torero: porque es lo que sabe hacer. Y lo del PP de Andalucía que lo sigan arreglando desde Madrid. Vaya tropa la de Génova… No la superan ni las víboras del COI.

-¿Lo de la víbora lo ha dicho usted precisamente hoy por algo?

El alma, la política y la oposición socialista

Carlos Navarro Antolín | 24 de junio de 2013 a las 20:05


Dice el PSOE que el presupuesto municipal de este 2013 es un presupuesto sin alma. Eso afirma Antonio Muñoz, el portavoz adjunto de los socialistas, el defensor de un estilo de oposición que horada pero no hace sangre. Las ruedas de prensa de la oposición socialista son como un festejo taurino en Portugal. Hay lidia, pero al final no se entra a matar. Estilo, dicen que se llama. Muñoz escribe un blog de opinión bastante meritorio, donde no se corta en meter el dedo en el ojo a los peperos ni tampoco a alguno de sus compañeros de filas. El otro día le arreó con tino al presidente del Parlamento, Manuel Gracia, a cuenta de la vergüenza de las dietas. Su referencia a unas cuentas sin alma es el mejor ejemplo de una particular forma de fiscalizar a un gobierno. Tal vez sea la combinación de su convicción personal en la forma de hacer las cosas con la estrategia de no perfilarse en la suerte suprema porque sabe Dios qué ocurrirá en el PSOE municipal en los próximos meses, donde puede suceder de todo y también justo lo contrario: que no ocurra nada. El PSOE no tiene a nadie ahora mismo calentando la banda para saltar al terreno de juego y disputar la Alcaldía. Cuando Arenas tenía claro que Raynaud no repetería como candidato del PP en 2007, estuvo bastante tiempo jugando en privado con dos bazas. Y lo hizo por este orden: Soledad Becerril y Juan Ignacio Zoido. En el PSOE se cuestionan ya en voz alta: “¿Y a quién ponemos? Esta pregunta deja en entredicho la cantera de la mayor agrupación socialista en España. La cabra ya no gana las elecciones. Y tampoco es que la cosa esté sobrada de cabras, por seguir con la vieja referencia lanar que Guerra hizo célebre. Zoido juega a no equivocarse. Ni romperá, ni es su estilo romper. Mientras el PSOE siga en la incertidumbre, casi le basta con que no haya escándalos. Y escándalos no hay, por el momento. Mientras, nos deleitamos con esa afirmación sobre la carencia de alma de unas cuentas. Porque los números también pueden y deben tener alma. Es cierto, Antonio. Como las páginas de un periódico deben también tenerla. El alma siempre invita a lo inmaterial, a lo filosófico, a lo religioso. Y eso no es malo, sobre todo cuando la propia política está tan carente de alma. O de humanidad, que decía Manuel del Valle. Un socialista que fue alcalde en tiempos de la cabra.

A Zoido no le levantan la ceja

Carlos Navarro Antolín | 15 de mayo de 2013 a las 5:00


El sector audiovisual en Sevilla no le levanta la ceja a Zoido. Todo lo contrario. El alcalde mima a las productoras, a los dueños de los platós, a los proveedores de material audiovisual, a los distribuidores, a los animadores. Hasta los que alquilan animales para los largometrajes y los crotometrajes están encantados con el alcalde que no parece del PP, con permiso de Javié, que sí parece del PP y que el pasado domingo se trajo nada menos que a Rajoy a Sevilla a un acto privado. El alcalde se hace la foto con los de la ceja en la Plaza de España, pero cada uno con la ceja en su sitio; mientras al ministro en Madrid le levantan las cejas, las garras y lo que te rondaré morena. Zoido les ha hecho a los hispalenses de la ceja una guía pagada por el Ayuntamiento que no la mejora ni el mago Benito Navarrete con sus zurbaranes y zurbaranas de éxito. Benito va como la oca, de éxito en éxito y tiro porque me toca. Benito no dice el mundo es nuestro, sino el mapping es mío. La guía de Zoido para los de la ceja pretende atraer proyectos audiovisuales a todos los rincones de Sevilla, incluso a la Sevilla de los veladores, que es la real y verdadera. Entre las fotografías seleccionadas hay una de Argote de Molina en horario de prime time, cargadita de turistas, nuestros nuevos señores y amos los turistas, y tomada por las mesas y sillas de quien está a puntito ya de ser el amo de toda la calle, que uno mira la Cuesta del Bacalao en el Registro de la Propiedad y, menos el bacalao, casi todo es ya del mismo dueño. Lo de Robles en la Cuesta del Bacalao es como lo de la Frasquita en la Matalascañas de los años 80, una mancha de aceite que se iba extendiendo por negocios y locales a la velocidad del urbanismo de adosados de principios de siglo. Este Zoido sin complejos también ofrece en su catálogo las setas de Monteseirín para rodar películas y el estadio olímpico de Rojas-Marcos, aquel alcalde andalucista que protagonizó un montaje audiovisual en la campaña electoral del 99 para aparecer en lo alto de una de las columnas de la Alameda hablando nada menos que con Trajano y Adriano. “Soy Alejandro, quiero hacer grande a Sevilla, como vosotros la hicisteis”. Alejandro después acabó contemplando a su propio partido en llamas, hoy hecho cenizas sin esperanza de volver a ser lo que fueron. No sabemos si Alejandro tocó la lira mientras la cosa ardía… O comía nueces en la furgoneta electoral. El caso es que Zoido ya sabe cómo hacer para que no le levanten la ceja los de la ceja, fórmula que no le termina de salir con los suyos de Málaga. Será porque sigue sin parecer del PP. Y en política mandan las percepciones. Más vale parecer que ser. Lo peor es creérselo. O ponerse a la altura de los emperadores. Las barbas de Alejandro ya se cortaron. Pónganse los veinte concejales a remojar. Política, se rueda.

El concejal cóncavo del gobierno

Carlos Navarro Antolín | 13 de mayo de 2013 a las 5:00


Hay concejales del gobierno que son como aquel torero desganado que le quiere recortar las embestidas al toro a base de hachazos antes de que el público aprecie la boyantía del burel. La oposición en el Ayuntamiento (socialista, por supuesto; la de IU ni está ni se le espera) ha tenido la osadía de preguntarle por el proyecto de zona franca al delegado de Relaciones Institucionales. La verdad es que el asunto de la zona franca en Sevilla hierve en las redes sociales y en las cafeterías. Pregunta uno a las doce del mediodía en el bar de cabecera si aún dan café y ponen tostadas y el camarero no es que responda con el clásico de la máquina ya apagada, sino que devuelve la pregunta con otra: “¿Qué se sabe de lo de la zona franca en Sevilla?” Yen las redes sociales, tres cuartos de lo mismo. Se mete usted en twitter y vengan a llover los enlaces sobre las informaciones y artículos de análisis sobre el impacto de la futura zona franca en Sevilla, que si merece la pena, que si es un invento de Zoido, que si la Junta opina tal o cual, que si no tenemos bastante con copiarle el carnaval a Cádiz… La zona franca tiene en vilo a media ciudad. Se nota en la calle. La otra media está que no para de hablar del estatuto de capitalidad para Sevilla y de quién será el candidato del PPpara las autonómicas de 2016. “Sí, aún le puedo poner media tostada, pero de mollete integral que es lo que me queda. Pero dígame, por favor, lo de Zoido para la Junta, ¿va en serio?”
Y así, en este escenario, como llaman ahora los cursis al contexto, la oposición socialista preguntó por la zona franca al señor Javier Landa, que es el delegado de Relaciones Institucionales del Ayuntamiento como todo el mundo sabe (por las que hilan). Y las respuestas del catedrático que fue uno de los grandes fichajes del PP para las municipales de 2011 nos han dejado como dijo Guerra: ¡Pasmaos! Y nos han recordado al torero que viendo el toro dijo aquello del ya estoy yo en mi casa. El líder de la oposición, Juan Espadas, preguntó con toda inocencia: “¿Cuál es el impacto de beneficio económico calculado por el gobierno para la ciudad por años?” Y el concejal Landa, ex cátedra, se despachó echando sucesivamente la muleta abajo por la derecha y por la izquierda para provocar el mareo que hace perder el norte a la incauta res: “Entendemos que será una función exponencial de tipo cóncavo con pendiente poco pronunciada al principio y algo más en momentos sucesivos”. La contestación del profesor Landa no la mejora ni el tío que hizo la pregunta del referéndum andaluz.
Menos mal que los independientes traen el soplo de aire fresco que necesita como el jamar una política dominada por los aparatos de los partidos. ¿Pero dónde encuentran los señores de los poderosos aparatos a estos independientes deseosos de devolver a la sociedad cuanto la sociedad les ha dado, que o se van con el partido empezado cuando no se gobierna o juegan a las greguerías con las respuestas oficiales?
Este Landa ya se embrolló él solito al responder una pregunta sobre la razón por la que se izaba en el Ayuntamiento la bandera del pueblo gitano y no la del colectivo gay. Dijo que el criterio es de tipo institucional. “La institución hace referencia a órgano y símbolo de un estado y/o nación, por lo que evidentemente al pueblo gitano se le puede incluir dentro de las conceptualizaciones mencionadas”.
Ahora la gran clave está en lo de la pendiente poco pronunciada al principio y algo más en momentos sucesivos, porque ahí se ven tintes casi biográficos del autor con respecto a su carrera política en el Ayuntamiento. La cosa de Landa en la Plaza Nueva empezó así, con cohetería de gran fichaje para contrarrestar a los independientes del PSOE y va por un camino algo… cóncavo. Lo de Landa despertó el interés al modo novelero sevillano con pizca de aguijón: “¿Yéste quién es?” Yya va por ese otro aguijón de memoria repentina recuperada: “Oye, por cierto, ¿y Landa dónde está?”
Pues debe estar dedicándose a cocinar esas respuestas tan sesudas, de tratado de geometría aplicada a la ingrata política municipal. Pero aquí lo verdaderamente cóncavo es que Javié (Arenas) le metió a Zoido cuarto y mitad de Landa en la listas electorales. Seamos francos con la zona franca.

El TC impone el espíritu de Utrera

Carlos Navarro Antolín | 11 de mayo de 2013 a las 5:00


El juzgado de Utrera era conocido a principios de los ochenta como uno de los peores de España. Una descomunal carga de trabajo, ya que también conocía de los casos de Dos Hermanas, Lebrija y Las Cabezas, y unas infraestructuras deficientes justificaban la mala fama. A su despacho principal llegó en 1984 un tal Juan Ignacio Zoido procedente de Canarias. Se encontró con un equipo de funcionarios que le doblaban la edad y con hábitos, manías y caracteres más que consolidados. Basten dos ejemplos. En esos días tuvo que emplear la mano izquierda con uno que se negaba a trabajar si no era con su máquina de escribir y con otro que se conocía el pueblo tan al dedillo que se tomaba la licencia de hacerle al juez valoraciones sobre los citados a declarar antes de que accedieran al despacho. Aquellos días fueron un máster en la gestión de equipos, en la dura tarea de guardar los equilibrios y en la apuesta por los potajes para limar las tensiones en el horario extralaboral. Pasado el tiempo, un agente judicial le comentó: “Usted se ha dado cuenta aquí de que en la vida hay que arar con los bueyes que uno tiene. Y no con los que uno quiere comprar”.
El Tribunal Constitucional le ha dicho al hoy alcalde de Sevilla, casi treinta años después, que hay que formar gobierno con los concejales que uno tiene. Y no con los que se fichan a dedo. La de Demetrio Cabello fue, si cabe, la apuesta más personal de Juan Ignacio Zoido. Ni el haber conseguido nada menos que veinte concejales en tiempos de máxima austeridad y de dolorosos recortes frenó al alcalde a la hora de utilizar la vía digital para aumentar en un puesto el equipo del gobierno. Zoido tenía la convicción de que Cabello era el mejor para esas funciones. Y no lo iba a hacer pasar por el proceso de confección de una lista electoral, donde hay dentelladas de tiburones y codazos de sprint ciclista. Cabello, por cierto, ha tenido el segundo sueldo más elevado del gobierno, con 58.106 euros anuales, sólo por detrás de la independiente Asunción Fley, con 60.282.
Tan personal era la apuesta que a este alcalde poco amigo de los cambios forzados desde el exterior le ha escocido tener que renunciar a mitad de mandato a su único dedil, después de que Monteseirín agotara en sus dos últimas corporaciones el cupo de tres dediles que corresponden a Sevilla.
Zoido no ha hecho más cambios. No le gustan las crisis de gobierno. Lo más llamativo en la designación de Juan Bueno es el pendulazo que supone el desplazamiento desde un perfil técnico a uno marcadamente político. El profesional de la Policía Nacional no ha asumido nunca ni ha tenido el más mínimo interés en aprender los modos de la actual clase política, cosa que se agradece. Ni circunloquios, ni códigos de corrección política, ni cultivo de los argumentarios oficiales. Tal vez por eso sus comparecencias ante los medios de comunicación han estado muy limitadas. Cabello era un peligro. Su despedida improvisada en un pasillo del Ayuntamiento lo dice todo: “Si alguna vez me equivoqué fue con la mejor intención. Nunca lo hice por joder, aunque no debiera utilizar esta palabra delante de políticos profesionales”.
Juan Bueno es el aparato puro y duro del partido, criado a la vera de Javier Arenas, que lo ha sacrificado en más de una ocasión, y mimado por Ricardo Tarno. Bueno es un perfecto guardián de las formas al que le gusta vivir su ciudad en la calle. Acaso extraña que el alcalde no haya tratado ni siquiera de buscar entre sus diecinueve concejales un perfil parecido en algo al que con toda legitimidad creyó idóneo en 2011 para dirigir la Policía Local, ese cuerpo que es la pesadilla periódica de todos los alcaldes de España, con independencia de las siglas del partido. Sacar a Asunción Fley de la árida Hacienda resultaba inconcebible, una licencia que sólo se le hubiera permitido a Arenas en caso de haber alcanzado San Telmo. Curro Pérez sigue orillado en Triana y con una portavocía del gobierno más bien difusa. Y en contra del concejal Ignacio Flores ha jugado su excesiva proximidad con los agentes. Sabido es que tanta familiaridad con una área de gobierno tan delicada no gusta a un alcalde que, precisamente, eligió al reverendo Maximiliano Vílchez para Urbanismo por ser completamente ajeno a las caracolas de la Cartuja. Y eso que Curro Pérez brilló en la oposición fiscalizando los dineros de las setas.
Como en aquel 1984 en la Campiña, el alcalde se ha topado con la realidad. Ya no puede elegir al perfil idóneo. No hay chisteras, ni conejos. Están los bueyes que uno tiene, que no son pocos. Y no los que uno querría tener, que tampoco es que fueran muchos. Política. Siempre ganan los aparatos. Como los alemanes en fútbol.