Archivos para el tag ‘José Barranca’

El silencio elocuente del concejal

Carlos Navarro Antolín | 7 de octubre de 2014 a las 5:00

Funeral del abogado Luis Olivencia, hijo del D. Manuel Olivencia
TIENE el tacto de no decirlo en público, pero se toma la arriesgada licencia de hacerlo en privado. Al concejal delegado del Real Alcázar no le gusta el rodaje de Juego de Tronos en las dependencias del principal monumento civil de la ciudad, como tampoco le han hecho gracia las cifras oficiales que se han difundido sobre el supuesto gran impacto económico en la ciudad. El catedrático, decano que fue de la Facultad de Económicas, pone muy en duda los números. Que no le haga chiste el cierre parcial del Alcázar en una semana clave para el turismo de octubre guarda armonía con las dificultades que ha puesto a varias entidades para la cesión de uso de los antiguos palacios. De hecho es persona non grata del Curso de Temas Sevillanos, al que negó el permiso para celebrar un acto al mes en sus salones, cuando llevaban casi veinticinco años teniendo esta costumbre. Hasta que llegó el comandante Landa y mandó callar. Pero esta vez es él quien guarda silencio. Cualquiera amagaba con quitarle al alcalde su principal piruleta en el tramo final de un mandato de balance intangible, donde sólo hay destellos de brillo en elsaneamiento de las cuentas y en la ausencia de grandes escándalos.
Landa se hizo fuerte ante ante los débiles, comoel entrañable alumnado de los Cursos de Temas Sevillanos, oante el Defensor de la Ciudadanía, un señor que cobra una dieta de 221 euros al mes, al censurarle parte de la última memoria anual. Pero aún no ha dicho alto y claro lo que piensa del cierre parcial del Alcázar y del tinglado con el que el alcalde está henchido de orgullo. Landa se ha tragado el sapo. La política consiste en eso más veces de las deseadas. Ocurre que el silencio no suele llevar aparejado ningún premio, se da por hecho por la pleitesía debida al jefe. Pero cortarle el turno de palabra al alcalde en el último Pleno y avalar con toda legitimidad los criterios del PSOE son de las que no se olvidan. Yel Alcázar tiene muchos pretendientes. Ypretendientas.

El Defensor mordió la manzana

Carlos Navarro Antolín | 13 de mayo de 2014 a las 20:36

Pleno extraordinario del Ayuntamiento.  Comparece José Barranca.
José Barranca no es un político. Es un militar. Su código de valores es el de Caballería, no el de los argumentarios precocinados, las declaraciones de carril, las conductas lanares y la disciplina de aparato. El problema de Barranca es que está dentro del teatro de la política y ayer mordió la manzana que le puso por delante la astuta serpiente del PSOE en el escenario más importante de la tragicomedia de la vida municipal: el Salón Colón. Los socialistas han esperado tres años para estrenarse en un Pleno con José Barranca, al que los dos grupos de izquierda que componen la actual oposición han pintado siempre con rabo y cuernos. El repentino interés del grupo socialista por participar esta vez en el Pleno no era otro que sacar rédito político del enfrentamiento sordo mantenido en el último mes entre el presidente del Pleno y delegado de Relaciones Institucionales, Javier Landa, y el propio Barranca a cuenta de la elaboración de la memoria. Landa, otro que no es político aunque últimamente asiste a todos los actos orgánicos del PP, se negó a recibir una memoria con valoraciones personales y se lo dijo por escrito al Defensor. Y Barranca rehusó suprimirlas. Al final se han publicado (Landa ha quedado desautorizado) pero el Pleno sólo tomó conocimiento oficialmente (tararí) del balance de la comisión del Defensor en la tramitación de los expedientes.
Espadas acudió con sus chicos a evidenciar la división de pareceres entre Landa y Barranca, a seguir recordando que no le gusta la figura del Defensor y a restar mérito y eficacia a su trabajo. La manzana, facilona y previsible, estaba servida. El político se llevó a su terreno al militar. Barranca mordió la fruta y los efectos fueron inmediatos.Entró al trapo al identificar en su discurso a los socialistas municipales con el Gobierno de la Junta “que entregó las llaves a la Corrala Utopía” –asumiendo de facto la posición del PP–, al tomarse la licencia de mandar callar a la concejal Encarnación Martínez, lo que provocó que Landa viera pista libre y experimentara el placer de recordarle con toda razón y con toda legitimación que no se tomara esa atribución; y sobre todo cuando se dirigió a Espadas con escasa fortuna: “Le he tendido la mano y usted me la ha mordido”. Guau.
Barranca –aun harto de tres años de desprecios– saludó a los portavoces del PSOE e IU al entrar en el Pleno. Pero le sobraron los cinco minutos de su segunda intervención. Y hasta el final, todo es teatro.

Locomía en la Policía Local

Carlos Navarro Antolín | 18 de febrero de 2014 a las 12:33

policia2
Anda el delegado de Seguridad y Movilidad del Ayuntamiento negociando con los sindicatos de la Policía Local un reglamento de régimen interno para aclarar esas cosas que nunca quedan claras en el funcionamiento de un cuerpo en el que uno ha tenido el gusto de conocer a verdaderos señores y el disgusto de tratar con auténticos niñatos. Ocurre como en el gremio del taxi, incluso como en el del periodismo, por supuesto. Hasta el mejor guiso corre el riesgo de tener un garbanzo duro o una morcilla grasienta que demanda omeprazol como esas cuadrillas que piden marcha cuando se dejan ir con las caderas. Juan Bueno está de luna de miel con los sindicatos policiales, hasta les ha organizado una campaña para mejorar la imagen del cuerpo. Dios lo coja confesado y lo ampare en la hora final algo más que lo ha amparado en la sucesión del PP andaluz, cuando pasó en horas de firmarle el aval a José Luis Sanz a entregárselo como el Boabdil del centro derecha sevillano al malagueño Moreno Bonilla, que no tiene nombre de árbitro, que no, que lo que tiene es nombre de imaginero de figuras secundarias de medio pelo de Semana Santa con escorzos imposibles y musculatura de triatletas. La de veces que va a salir Moreno Bonilla en los programas de mano de Semana Santa. Más que Astorga, el imaginero, no la localidad de las mantecadas. Qué malamente lo ha pasado Juan Bueno esta semana, con lo bueno que es este Bueno del PP, ¿verdad Ricardo Tarno? Si esta diócesis fría y de cuello duro tiene su sonrisa en el Cura Ignacio, el Ayuntamiento tiene su emoticono de educación y trato exquisito en Juan Bueno. Cuando la gente teclea un mensaje de texto y quiere dejar claro que el contenido es amable, lo firma directamente con un ‘Juan Bueno’, que es como se llama en ciertos círculos y con toda justicia a la carita sonriente de color amarillo. ¿Hay algún representante de aparato de partido más amable y complaciente en toda España que Juan Bueno, que es el aparato del PP en Sevilla? Con la mala fama que tienen siempre los aparatos, gente despiadada, sin escrúpulos, de mirada aviesa. Juan Bueno es el blanqueador de esa mala reputación de los aparatos, se pone la bata de colorines como los pediatras para no asustar a los críos. Es la sonrisa del régimen de los 20 concejales.

Esperemos que el reglamento de la Policía Local que se cocina en los fogones de la Plaza Nueva nos aclare esas cosas de andar por casa que todos siempre nos hemos preguntado sobre nuestros agentes, que no es la organización de la cúpula, ni si requiere un único mando o una bicefalia, ni quiénes deben trabajar los festivos, ni los planes especiales para las fechas de relumbrón, ni otras gaitas. Sencillamente es si la Policía Local admite ciertos atrezzos, como pintarse el pelo de colores en las vísperas de una Semana Santa, como ocurrió en la de 2000 (ojú), llevar el silbato con un cordón rojo enrollado en la hombrera, lucir pendientes o dejarse el pelo tan largo como un cantante de Locomía sin abanicos, pero con cartuchera. Tal vez el reglamento deba recoger que la gomilla de la cabellera debe hacer juego con el color del cordón del silbato, la extensión máxima de la melena o cuántos días puede estar el agente sin afeitarse (¿No quería Zoido limitar el tiempo máximo de aparcamiento a cinco días?). Uno, ingenuo, piensa siempre que un agente de la autoridad debe ser ejemplar en todo, desde en el trato que dispensa al ciudadano (como reivindicó José Barranca, valiente Defensor de la Ciudadanía) hasta en su indumentaria, pero esto debe ser un pensamiento políticamente incorrecto, propio de mentes retrógradas, involucionistas y con olor a naftalina. Seguro que es eso.

-Es usted un tiquismiquis que no se aguanta a sí mismo.

Si el Rey se toma la licencia de despojarse del cetro y la corona, corre el riesgo de que algún cortesano se tome la libertad de decirle que está desnudo. Es como el obispo auxiliar que anda semiescondido porque tras alguna homilía moralizante ha habido quien se ha colado en la sacristía para recordarle su condición de condenado por la Audiencia Nacional, que no es precisamente el juzgado de instrucción de Coria. O como el Ayuntamiento que no cumple con las ITE de sus propios edificios, pero le clava el rejón de una multa de 4.500 euros al particular o entidad que no cumpla con la ordenanza. Morro, se llama.
Si no hay cetro ni corona, al Rey pueden llegar hasta a ofrecerle un abanico para taparse sus vergüenzas. Abanico de Locomía. Yo me veo venir de lejos a este policía de madrugada por la calle Mateos Gago y me echo la mano a la cartera y salgo corriendo por Rodrigo Caro aprovechando que a esa hora no es que no haya gente, es que no hay veladores y se puede correr la mar de bien.

¿Cuánto multan los policías locales a los ciclistas?

Carlos Navarro Antolín | 2 de septiembre de 2013 a las 13:20

policia ciclistas
Las estadísticas pueden tener el efecto de un espejo y reproducir fielmente cuanto ocurre o, por el contrario, romper la percepción que se tiene de eso que ahora se llama con una palabra tan manida como es el entorno. Que hay muchos ciclistas que no cumplen con las más elementales normas que recoge la denominada Ordenanza de Circulación de Peatones y Ciclistas, aprobada en septiembre de 2010, es una percepción generalizada. Sevilla es una ciudad que en muy poco tiempo ha pasado de no tener espacios específicos para el uso de este medio de transporte a disfrutar de una red de casi 150 kilómetros, pero resulta obvio que aún no hay instaurada una cultura de la convivencia entre los viandantes y los ciclistas en las zonas peatonales en las que o bien el caminante tiene la preferencia de uso, o bien el ciclista debe ir provisionalmente a pie hasta llegar a los tramos autorizados. Un análisis optimista reduciría la instauración de esa cultura a una mera cuestión de tiempo. Un augurio más tremendista haría depender la convivencia pacífica entre los dos colectivos de una acción más represiva de la Policía Local. Justo es reconocer que de vez en cuando sí se ve a los agentes obligando a los ciclistas a bajarse de sus vehículos, como se aprecia en las dos recientes imágenes que ilustran estas líneas, pero no con la frecuencia que sería deseable. No se puede tener un policía detrás de cada ciclista, ni detrás de cada peatón que invade el carril especial, como no puede haber un barrendero de Lipasam detrás de cada guarro que tira un desecho a la vía pública. Es más, hay situaciones en la que los policías hacen gala de esa amabilidad que tanto echaba en falta el Defensor de la Ciudadanía en su informe anual y no sólo no multan, sino que con toda educación piden a los ciclistas que se apeen y les informan del carril bici más próximo. Se ve que las denuncias de José Barranca tienen su efecto. ¿Pero qué dicen las estadísticas? En lo que va de 2013 se han dictado 39 sanciones a ciclistas y una al usuario de un triciclo. De esas 39 sanciones, 11 fueron por distracciones, dos por estacionamientos indebidos y 26 por diversas infracciones cometidas durante la marcha. En 2012 las sanciones fueron 62 a ciclistas y tres a triciclos. Y en 2011, 60 multas a ciclistas y una a un triciclo. Juzguen ustedes. Casi 700.000 habitantes, casi 150 kilómetros de red de carril bici. Y una media de 65 multas al año. O no hay tales problemas de convivencia. O hay pocas multas. O lo que conviene es el triciclo.
policia ciclistas (II)

Barranca, el ausente en el balance de Zoido

Carlos Navarro Antolín | 23 de mayo de 2013 a las 5:00


¿Dónde estaba el Defensor cuando Zoido hizo su balance? No nos referimos al Cura Chamizo, que estaba el martes almorzando con el socialista Alfonso Rodríguez Gómez de Celis en El Copo y al que ya le están buscando sustituto. A Chamizo se lo buscan, no a Celis. Aunque si La que Manda en el PSOE pudiera, ya le hubiera buscado también sustituto a Celis, ¿verdad Alfonso? Pero no nos desviemos de la ruta, que el Defensor al que echamos en falta en el Salón Colón no fue al cura que más visita el Cairo (el bar, no la capital egipcia), sino a José Barranca, el Muy Incómodo Defensor de la Ciudadanía que canta las verdades del barquero en su informe anual que lee ante el Pleno en los diez minutos recortados que le concede Landa, ¿pero anda o no anda este Landa? Ojú.
¿Se olvidó la derecha de invitar a Pepebarranca a un acto tan preparadísimo? Ponemos cara avinagrada de Mouriño: ¿Por qué? Si estaban todos los gerentes de las empresas, con Jesús Maza por delante, recién lesionado y todo, yendo el hombre con las muletas que le van a dejar sin chaqué y sin farol de mano junto a la Custodia el Jueves de Corpus. Si estaban varios directores generales, incluido Joaquín Peña, al que ya le han perdonado que un día osó presidir el PP de Sevilla sin la bendición del aparato. Si estaban los directores de distritos, el personal de confianza del Alcázar, el gerente de Urbanismo, Petronio de las caracolas cartujanas; el gerente de la Agencia Tributaria que puso el PSOE y que el PP ha respetado, estaba hasta el concejal Pepelu con nuevo look de ejecutivo de Banesto tras haber acompañado a la carreta de Sevilla Sur con estética de jornalero del SAT… Qué mala pata que no vimos al bueno de Pepebarranca, el comandante de Caballería que cuenta los baches de la calle Cuna, que atiende a quienes reclaman el piso que les prometió Zoido en campaña, que le echa lo que hay que echarle para decir que la Policía Local no es amable con el ciudadano, que asume tantas tareas ingratas desde la independencia. Jugábamos a buscar a Wally en los oropeles del Salón Colón y Wally no estaba. Sería que andaría por la bulla de los codazos de los agradadores del poder, pero no lo vimos. Cosas de la miopía, de la que últimamente hay una oleada de casos en la Sevilla donde nadie ve nada. ¿Pues no dijo el presidente del Consejo que no vio la que se montó entre Los Panaderos y La Lanzada? ¿Pues no dijo la autoridad eclesiástica el día del vía crucis fallido que no había visto la salida desafiante del paso de Torreblanca? No vimos a Barranca como no vemos a los inversores que han de llegar a la ciudad, que deben ser como los del celebérrimo Pregón, inversores que vienen “pero nunca pasan”. El alcalde explicó las ausencias de Gregorio Serrano y Asunción Fley, apagando fuegos en Fibes; agradeció la labor de los diez mil trabajadores del Ayuntamiento, destacó la tarea de algunos gerentes que se encontraron telarañas empadronadas en las cuentas, se hartó de referencias personales, siguiendo su estilo campechano; pero, ay, no dijo nada de Barranca. ¿Lo han borrado del mailing? ¿Será que no ha elaborado un informe de 109 folios sobre los problemas de la ciudad? ¿Serán acaso los fríos que emite el ventilador del poder cuando está escocido? Será que nos afecta la miopía que asuela la ciudad.

El defensor Barranca, el concejal número 12 del PSOE

Carlos Navarro Antolín | 3 de abril de 2013 a las 5:00


EL PP logró la Alcaldía de Sevilla a base de acentuar el desgaste del gobierno de coalición de PSOE e IU, ya de por sí tocado como cualquier gobierno por el mero paso de los años, difundiendo escándalos de todo tipo y consagrando la figura de su candidato a la micropolítica, una opción inteligente cuando las arcas públicas no están para grandes proyectos ni para megalomanías con las que pasar a la historia en los gerundios de las placas. Las farolas, los bancos, los baches, el tráfico, la limpieza, las fiestas mayores, las velás de los barrios… Zoido ligado a la imagen de la ciudad idónea para vivir, Sevilla como estandarte de la ciudad que funciona como un reloj, una urbe paradisíaca en la que los reyes magos pasan fresquitos el verano. El alcalde apostó por un militar para ejercer de defensor del ciudadano, un hombre honrado que se confiesa de derechas (delito aún no tipificado en el Código Penal) al que cierta izquierda que se cree poseedora de la supremacía moral ha tratado de estigmatizar como golpista, de orillar como canalizador de las cuitas vecinales y de marginar del funcionamiento democrático.
Resulta que José Barranca, el peligroso tipo al que Zoido puso al frente de la denominada comisión de quejas, sugerencias y reclamaciones, ha presentado un informe de la gestión de 2012 que debería ser la hoja de ruta del gobierno y de la oposición en la gestión municipal. Una memoria que es el espejo de la calle, que recoge las verdaderas preocupaciones de los ciudadanos en su vida cotidiana, que es una guía práctica de la ciudad y que pone en jaque, precisamente, la micropolítica que llevó al PP a arrasar en las urnas desde el momento en que cuestiona la formación de los policías locales, denuncia el matonismo de los taxistas del aeropuerto, el desahogo y la chulería de muchos ciclistas, el abuso de los hosteleros que invaden las aceras con mesas y sillas, el incivismo de los amos de perros que dejan sueltos a los animales y el vandalismo que deja inútiles los parques y los convierte en lugares inhóspitos. Esto no es fascismo, señores de la oposición; esto en todo caso es barranquismo, de Barranca.
La torpeza de la oposición no ha estado ni en dejar los asientos vacíos cuando tocaba a hablar ante el Pleno al Defensor del Ciudadano, ni en obsesionarse con alimentar la mentira del supuesto perfil progolpista de este militar de Caballería. La torpeza ha estado en no sacarle partido al informe de Barranca, cuya lectura deja en evidencia la micropolítica que ha llevado al PP a su mayor cota de éxito electoral en Sevilla. La naranja tenía zumo para ser exprimida, pero los prejuicios han jugado en contra de la oposición. Ni se molestaron en pelar la fruta para evaluar su calidad.
El Defensor del Ciudadano elegido por Zoido y mantenido por Zoido frente al viento de IU y la marea del PSOE ha cuestionado la propia base del éxito de Zoido al exhibir las lagunas del funcionamiento ordinario de la ciudad. Barranca parece el concejal número 12 del PSOE como la afición sevillana era el jugador número 12 de la selección española. Al PSOE y a IU se las pusieron como a Fernando VII. Pero sólo vieron fascistas donde había molinos. Torpeza o miopía.

El comandante Barranca y los bajos fondos de la política

Carlos Navarro Antolín | 30 de septiembre de 2011 a las 19:55

La noche de campaña que el concejal socialista Alberto Moriña aseveró en el contexto acalorado y fogoso de un mítin que si el PP pudiera fusilaría a todos los militantes del PSOE, defendimos que este joven edil no había más que cometido una torpeza, un desliz, un comentario desafortunado por el que pidió disculpas inmediatamente y por el que tuvo que aguantar un aluvión de críticas y reproches. En el pecado llevaba la penitencia. Y bien que lo sabemos. A las pocas horas defendimos que Moriña no era ni es ningún chulo. Justo era no distorsionar la imagen de un político socialista que encarna los mejores valores de su partido con el valor añadido de hacerlo en clave sevillana. Pocos como Moriña representan al político moderado que lo último que hace es buscarle aviesamente los tobillos al rival. Seguro que se le podrán reprochar muchas cosas, no hay duda, pero nunca la de ser un matón o un exaltado. Esta mañana, en el Pleno hemos presenciado el ataque rastrero que IU ha efectuado contra el comandante José Barranca, defensor del Ciudadano, al que los dos ediles de este grupo político han estigmatizado sin piedad como golpista y fascista. Para desprestigiarlo han sacado a relucir a sus favoritos: Franco, Mola, Pinochet… Esta vez se han olvidado de la División Azul. Todo lo cual a cuenta de la carta que Barranca, militar en la reserva desde 1996, escribió en la prensa en el año 2006 en apoyo al general Mena, destituido por el entonces ministro de Defensa, José Bono, por aquel polémico discurso en el que advirtió en pleno debate sobre el estatuto catalán que el Ejército podía intervenir si se rebasaban los límites constitucionales. Tiene gracia que el imputado Torrijos y la procesada Medrano jueguen con el prestigio de un profesional tan gratuitamente. Provoca náuseas que quienes hace dos telediarios ampararon a un edil de Empleo que formó parte de un piquete violento se lleven farisaicamente las manos a la cabeza para arremeter contra Barranca después de realizar una interpretación torticera y sesgada de aquella carta. Debe ser cosa de los bajos fondos de la política, de las alcantarillas por donde corretean las ratas de un estilo artero y desahogado que genera arcadas, del interés por seguir alimentando la vinculación del digno oificio de militar con alguien retrógrado, represor (palabra favorita de quienes parecen tener la exclusiva de repartir los carnés de demócratas) y que por supuesto debe vivir amordazado. La cosa apesta de tal forma que recuerda a ese anticlericalismo trasnochado que sale a relucir cada dos por tres cuando estos mismos personajes ridiculizan al clero. No hay ni una sola prueba de que Barranca sea un golpista, un fascita, un represor, un exaltado, un elemento peligroso, un conspirador o un violento. Más bien de todo lo contrario. Este señor hizo uso de su libertad de expresión. Ni siquiera tiene que perdir disculpas por ello. Y la libertad de expresión no admite posiciones intermedias: o se está con ella o no se está. Incluso disfrutan de ella los imputados y los procesados. Y hasta los que amparan a los que destrozan las lunas de un restaurante en una huelga general.

Coda: Barranca no cobra por ser Defensor del Ciudadano. Tan sólo tiene derecho a 140 euros de dieta por cada sesión que celebra la oficina que preside. Su hoja de servicios está inmaculada. Pero en Internet ya aparece caricaturizado y vinculado a Tejero. Hoy estaba sentado en el Salón Colón junto a su mujer sufriendo en silencio la baja estofa de una política que sigue avivando el fuego de los peores estereotipos.