Archivos para el tag ‘Juan Ignacio Zoido’

A Anselma la buscan en el BOP

Carlos Navarro Antolín | 14 de enero de 2014 a las 13:10

anselma
Hubo un alcalde socialista de Sevilla al que no le podían notificar los tributos municipales impagados y mandaron localizarle a través de las páginas del Boletín Oficial de la Provincia. Por ahí nos enteramos de que su nombre de pila era compuesto: Alfredo Luis. Hubo también un secretario general del PP al que no lo localizaban para reclamarle los sellos impagados de una antigua moto y hubo que localizarle a través del BOP. Por ahí nos enteramos de que Javié había sido un chico con moto en sus tiempos de político prometedor. La lectura del BOP es altamente recomendable en una ciudad como Sevilla que lleva a gala lo de la presencia o ausencia según conveniencia. Es tremenda la de gente que hay en Sevilla a la que no es posible hacerle llegar una mera notificación. Gente que está todo el día de viaje, como todo el día reunido. Gente que que sólo acude a su casa a pernoctar, gente ocupadísima, gente ilocalizable hasta por el teléfono móvil. Gente que maneja con toda soltura el código que dicta cuál es la llamada a la que hay que responder, cuál es el recibí que no hay que firmar y a quien no se debe abrir la puerta bajo ningún concepto. Gente como el que aparcaba el coche en lo alto de la acera y respondió con desahogo a la advertencia del amigo: “Ya la grúa lo recoge y me lo aparca”. Pues esto igual, ya el BOP me avisará. Mucho más glamour que estar imputado es ya estar requerido en el BOP, donde hay media Avenida de la Palmera debiendo el IBI, lo cual se entiende por lo carísimo que tiene ser la contribución urbana en la Palmera, oiga. Gente desahogada como el famoso egipcio de la calle Mateos Gago que negó el otro día la entrada de los inspectores de Urbanismo para revisar las obras de la finca colindante. Ahora sabemos por el BOP, esa fuente de información tan indiscreta como aquellas célebres porteras de Alfonso Guerra, que el Ayuntamiento no localiza a Anselma para notificarle la orden de clausura de su conocido establecimiento de la calle Pagés del Corro, número 49 (ver página 17 del BOP de 9 de enero de 2014). Pues claro, si no lo localizaban en su día ni a Alfredo Luis ni a Javié, a pesar de que estaban todos los días en los periódicos y en las televisiones, ¿a cuento de qué iba a trincar ahora la todopoderosa maquinaria municipal a la mismísima Anselma para darle carta en mano, multazo de mil euros y cerrojazo en la puerta? ¿Acaso Anselma es menos importante que aquellos dos barandas? Pues ahora le cierran el bar por carecer de licencia para tener actuaciones. Dicen que todo viene a cuento de un cruce de denuncias por competencia desleal entre bares y tablaos. A Zoido no le se le pone flamenca ni Anselma. A ver dónde metemos ahora a tanto guiri de autobús deseando consumir Triana por un tubo. A ver a dónde llevamos a los ministros para el ‘typical’ Sevilla. Porque en el BOP ya hay demasiada gente. ¿En Anselma ponían melva?
Fotos de Casa Anselma, cerrado por orden del Ayto. c/ Pagés del Corro, 49.

Los motores del poder

Carlos Navarro Antolín | 9 de enero de 2014 a las 5:00

coches1
El éxito de un acto en Sevilla se mide por el número de gente que se queda fuera y por el número de coches oficiales aparcados en la puerta. Estas dos varas de medir nunca fallan. Si el Pregón de Semana Santa fuera en la Catedral en lugar del teatro se acababa el morbo del Pregón. Por eso el cofraderío de baranda y palco prefiere seguir yendo al teatro la mañana de tostada y del posterior tostonazo. El morbo siempre se escribe en latín: numerus clausus. Alguien tiene que arañarse para que otros puedan presumir. Cuanta más gente culebree en busca de una invitación, mayor cuota de éxito. El éxito del bar de José Yebra, entre otras causas, era que sólo tenía 24 vasos duralex, lo que obligaba al personal a esperar en segunda y tercera fila. Incluso a marcharse y vuelva usted más tarde. No hay nada menos morboso que la democratización de una convocatoria. Para triunfar hay que amputar. Y un acto que se precie tiene que tener mucho coche oficial reluciente en la puerta y mucho tío con pinganillo.
El desayuno informativo de Susana Díaz convocado ayer en la Fundación Cajasol fue un éxito rotundo. Pero no porque le haya tendido la mano a Zoido para futuros acuerdos de concertación social, que eso a Zoido (el pato cojo de la presidencia del PP andaluz, dicho en clave norteamericana) debe sonarle ya a lo que dijimos que hacía la monja cuando le restaba poco tiempo de convento. El éxito estaba simbolizado en los veinticuatro coches oficiales aparcados en la mismísima Plaza de San Francisco con sus correspondientes cuadrillas de conductores y tíos del pinganillo. Aparcados con una naturalidad pasmosa, con la misma naturalidad que el tío que todos sabemos coloca cuantos veladores considera oportuno cuando lo estima oportuno. Ya lo dijo el tango: con veladores o sin veladores, hago siempre lo que quiero y mi palabra es la ley. Ya se sabe que la Plaza de San Francisco, a la vera de la fachada plateresca del Ayuntamiento, es una zona de aparcamiento que los sevillanos usan a diario por las que hilan.
La verdad es que tal como está el PSOE en la actualidad, sin rascar poder territorial en España, no hay ningún otro de sus dirigentes que pueda presumir de tener a la puerta veinticuatro coches oficiales de consejeros y alcaldes de la provincia. Ni el mismo Rubalcaba, que cada día tiene más cara de portar un farol de mano en la Mortaja, ni por supuesto el único socialista que más allá de Andalucía preside un consejo de gobierno regional, que es el compañero asturiano conocido en su casa a esa hora tan popular del mediodía. Veinticuatro coches oficiales como veinticuatro caballeros que, según se dice, entraron en Sevilla acompañando a San Fernando en el culmen de la Reconquista. Y aparcados todos en la zona noble de la ciudad, en plena Plaza de San Francisco, donde no aparcan coches desde los tiempos de postales del colorín sesentero en que los alcaldes se elegían en el Aeroclub. Y como la derecha sigue llorando su particular cuaresma, recordada como el Waterloo de Arenas, el gobierno de Zoido mandó a los policías locales a multar a ese parque móvil oficial, donde fundamentalmente, por cierto, había marcas de alta gama como Audis y Mercedes. Pero ningún cuatro latas, porque el Papa Francisco no estaba, pese a que este Papa seguro que hubiera desayunado encantado con la presidenta que se pasa siete horas (sin Mario) de tertulia con monseñor Asenjo.
–¿Y no había ningún Clio?
–Clio es la musa de la Historia. Y la historia nunca se repite, siempre es la misma… En Andalucía.
Algunos conductores se marcharon buscando posada donde aparcar junto al Hotel Colón. Otros se quedaron en el sitio, aguantando la mirada del morlaco de la multa segura. La Junta debe al Ayuntamiento de Sevilla 14.000 euros por infracciones de tráfico, una minucia si se compara con los mastodónticos presupuestos de la Administración Autonómica, una vergüenza si se tienen en cuenta cuántas sanciones de tráfico hay que tener impagadas para deber 14.000 euros del ala. Lo importante es que el baranderío socialista llegó, desayunó, cumplió con La que Manda y se marchó en sus coches. Los hubo que se quedaron fuera. Y ninguno de los asistentes aprovechó el tranvía de Monteseirín. Ni la bicicleta de Torrijos. De los camellos de Zoido pegando mordiscos en la Alameda a los coches oficiales del susanismo imperante. Se trata de enseñar músculo. Y echarle jorobas.
Los Municipales multan a los coches oficiales mal aparcados en la Plaza San Francisco

La pascua del alcalde

Carlos Navarro Antolín | 29 de diciembre de 2013 a las 5:00

zoido sierpres
Zoido sigue recogiendo afectos por la calle, como ese alcalde que parece hecho a la medida de una ciudad que le gusta sentir la proximidad de sus autoridades, tengan capelo, bastón de mando o alta graduación. Se detiene en la mañana navideña del sábado con todos los viandantes que exigen su minuto de gloria, se para con la trabajadora de Lipasam que faena por Sierpes (¿Cómo funciona la barredora?), saluda uno a uno a los camareros de Ochoa, se preocupa de que los escoltas también desayunen… La barredora funciona. Y la marca de Zoido parece que también. La política del me alegro de verte es epidérmica y superficial, pero tiene la enorme ventaja de ser la primera vía por la que un alcalde sentiría el rechazo ciudadano en caso de producirse. Y Zoido sigue recorriendo Sierpes sin una sola muestra de desafecto. Acaba de despedir a Torrijos, sobre el que pesa una condena y dos imputaciones, sin hacer leña del árbol caído. Tal vez porque en los próximos meses tenga que enfrentarse él mismo a situaciones incómodas que pueden afectar, cuando menos, a dos tenientes de alcalde con motivo de la instrucción de la segunda fase de la Operación Madeja, que investiga la entrega de regalos, dádivas o comisiones a funcionarios por la obtención de contratos municipales y que ha incluido el pinchazo de una serie de teléfonos municipales, digámoslo así en general: municipales.
Un teniente de alcalde pudo haber cometido el pecado de recomendar que se atendiera a cierto empresario. Y el otro no habría puesto todo su empeño en acabar con un sistema heredado de la etapa anterior y cuyo nombre habría sido utilizado con desahogo por algún funcionario trincón. Hay quienes aseveran que todo esto es anecdótico si se compara con lo que puede haber sucedido con los contratos de obras de carreteras adjudicados por la Diputación Provincial. El PP teme que la juez impute a alguno de los dos tenientes de alcalde, lo que obligaría a una crisis de gobierno, pues al alcalde le bastó la mera imputación de la Guardia Civil para echar al director general de Medio Ambiente y ex concejal del PP, Joaquín Peña, que ni siquiera estuvo detenido. El secretario general del PP de Sevilla, Eloy Carmona, siente el aliento de la fiscal jefe de Sevilla por supuestas irregularidades en un contrato del Ayuntamiento de Tomares que está avalado por la intervención municipal. Por mucho que no haya sospechas de mangazos, sino simples faltas del tacto debido, la sola imputación de alguno de sus concejales obligaría a Zoido a enseñarle nuevamente la puerta a alguno de sus colaboradores, en este caso cargos públicos. Sólo así podría seguir recorriendo Sierpes con la cabeza alta, aunque llevara la procesión por dentro.

El listón del alcalde

Carlos Navarro Antolín | 26 de diciembre de 2013 a las 5:00

INCENDIO EN CC LOS ARCOS, DIARIO DE SEVILLA/MANUEL GOMEZ
Termina el café y pregunta al camarero si le dejan fumar aprovechando su antigüedad como parroquiano. No hay nadie en el bar ni atisbo de clientela a deshora. Los taburetes están recogidos, las mesas apiladas y los baños fregados a la espera de la jornada siguiente. El camarero pasa la bayeta al tubo de calentar la leche, echa las cuentas y se hace el despistado de cuanto está oyendo. El protagonista rompe por fin a hablar.
“Mira, Juan Ignacio ha dejado claro que le basta la mera imputación de la Guardia Civil para echar a un alto cargo. Te aseguro que no lo dudó ni un minuto, la prueba es la rapidez con la que actuamos. Nuestro gran logro es la normalización de la vida municipal. Fíjate que hasta nos llevamos bien con los concejales del PSOE con los que algunos de los nuestros hasta han compartido mesa y mantel estos días. La poca acritud se queda en los Plenos y en casos aislados como el de la denuncia del piquetero Carlos Vázquez por las cuentas de la Davis, que no deja de ser la maniobra de un kamikaze. IU juega su papel y no deja de ser un grupo residual en la vida municipal, que hace más ruido por su pasado que por su presente o sus expectativas de futuro. Nosotros sabemos que al tercer año de gobierno pueden aparecer algunas grietas. Es lógico. En la oposición es fácil controlar a los concejales, estábamos los quince metidos en el mismo sitio y con las ocupaciones muy tasadas. Pero en el gobierno somos más, no compartimos dependencias, casi no nos vemos entre nosotros en el día a día y estamos cada uno gestionando un presupuesto famélico. Cuando el jefe nos convocó para echar a Joaquín, aquello parecía la salida de una cofradía de negro, todos callados y alguno hasta con la mirada baja, pero nadie dudó ni un minuto en que así se debía proceder. Te aseguro que el alcalde no le tenía especial cariño a Peña. No te niego que él lo nombró, eso es cierto, pero no era de sus favoritos, precisamente. El día que lo echó, el alcalde se puso a sí mismo el listón. La mera imputación de la Guardia Civil le ha bastado para quitarse de encima a un director general que, por otra parte, está por ver la verdadera gravedad de su acción, que yo creo que en lo de Joaquín no hay nada grave. Fíjate que los del PSOE no han dicho ni pío, nos ha salido todo bastante bien”.
Justo en ese momento escruta la posición del camarero. Agacha la mirada queriendo anunciar el comienzo de un nuevo capítulo en su monólogo. “Pero ahora nos tememos otra situación, o como diríais los periodistas, nos tememos un escenario mucho peor. ¿Y si un empresario ya ha implicado a un cargo público en su declaración ante la juez? Es lo que algunos de nosotros, con más reserva que otra cosa, nos preguntamos estos días de encuentros informales. El secreto del sumario está permitiendo al jefe ganar tiempo para tomar una decisión. Porque algún día se levantará ese secreto. ¿Dentro de un mes? ¿Tal vez cuatro? Si ese cargo público, elegido en las urnas, es imputado por la juez, no me cabe duda de que Zoido no tiene más remedio que cumplir con el listón que él mismo se autoimpone para seguir diferenciándose del gobierno anterior. Son los días en los que, como él mismo dice, se acuerda de lo exigente que fue con el gobierno cuando era líder de la oposición. Y tiene que ser consecuente. Serían ya dos los cesados. ¿Pero qué hacemos si sólo se trata de la declaración de un empresario que apunta a un cargo público y de ahí no pasa la cosa? ¿Qué hacemos con el listón? ¿Cómo nos defendemos si acabamos manchados por unos tejemanejes de la etapa anterior que no sólo no habríamos suprimido sino que, cuando menos, habríamos consentido? Nosotros hemos llegado al gobierno tras muchos años en la oposición, nos hemos encontrado las cajas vacías, hacemos unos presupuestos sin concesiones ni capacidad para tirar un sólo cohete. Solo nos queda presumir del mapping, de no llevarnos nada calentito y de ser ejemplares en la gestión del dinero público. No podemos permitirnos el lujo de que se nos meta en el mismo saco. Y tampoco podemos estar todo el día extirpando tumores. Estarás conmigo en que la extirpación debe ser una medida excepcional. El miedo que tenemos algunos es que haya que echar mano del bisturí más veces de las deseadas. En tal caso es que habríamos elegido mal a nuestros principales colaboradores. Y eso a algunos no nos gusta nada, eso ya de por sí es muy feo”.
Y el camarero advirtió que era la hora del cierre. Los taburetes se quedaron del revés encima de la barra. Olía a lejía.

Un nuevo bar en la Plaza Nueva y otro en…¿la placita de Santa Marta?

Carlos Navarro Antolín | 18 de diciembre de 2013 a las 21:22

santa marta
Un local vacío tiene más peligro que un camello de la Alameda (ojo que muerde). El riesgo no está en que el local se quede sin vida per secula seculorum, sino en que se convierta en un bar.

-Doctor, en ocasiones veo bares donde antes había bancos.
-¿Dónde es ahora, hijo?
-En la Encarnación, donde antes estaba la oficina casi subterránea de Cajasol. Ahora hay un pedazo de bar como un camello de la Zoidonavidad de grande.

El premio gordo es para el que encuentre en Sevilla no un bar de reciente creación, sino un bar con perchero. Nada más hay que fijarse en las consecuencias que provoca la ausencia de percheros en el tabernerío local: pilas y pilas de abrigos en una silla o en un taburete. Hasta que llega el gracioso que pide la silla para lo que fue creada: para sentarse. Y todo el mundo, hala, a colocarse la pelliza, la gabardina, la trenca o la cazadora sobre las piernas. ¿Y han pasado por Castelar? Castelar no ha tenido un bar en su vida, sólo tintorerías, cristalerías, la residencia Tartessos, cofradías de filas largas, una casa desde donde antes se mandaba la ciudad con servidumbre de guantes blancos y alguna tienda de ropa deportiva mudada ahora a la Plaza de Armas. Pues ya tiene un bar, con sus clientes acodados y su tirador. Y está a punto de abrir otro bar en la Plaza Nueva, donde antes había una agencia de viajes, junto al Capitol de la bulla de las tardes libres de copas, que hay que ver la cantidad de gente que tiene las tardes libres en esta ciudad, que eso antes era sólo cosa de cofrades ociosos, de ahí que se dijera aquello de tienes más peligro que un cofrade con las tardes libres, pero el peligro ahora lo tienen los camellos, aunque ya se sabe que el camello de la Alameda es inocente, que la culpa era del niño de seis añitos que fue capaz de sacar al camello de sus casillas.

-Toma del frasco, so camello.

No más digresiones. Un, dos y tres, respondan rápido: ¿Qué plaza del centro de Sevilla resiste como la aldea de los locos galos al invasor de la fiebre hostelera? La de Teresa Enríquez, la de Pilatos y la recoleta de Santa Marta, junto al Monasterio de la Encarnación, desde cuyas ventanas altas las monjas rezan a la Patrona cada 15 de agosto, que es cuando tiene que salir a la calle la Virgen de los Reyes, a ver si se enteran en el edificio de enfrente y no la sacan más a destiempo para ese público que cabe en un taxi. En la plaza de Teresa Enríquez está de guardia Juan Salas Rubio a la caza del primero que pida licencia. Y en la Plaza de Pilatos sigue estando de guardia Zurbarán, imaginando desde el pedestal de su estatua nuevos óleos de refectorios con monjes a la hora de yantar. Pero en la de Santa Marta hay una obra que trae locos a los vecinos. Y todo indica que es para eso: para un nuevo bar. Tan es así que Urbanismo ha enviado a los inspectores y ha mandado lo que mandó el comandante: callar. Urbanismo ha trincado que se trata de una obra del bar Toro, del número dos de la calle Mateos Gago, conectada con el privilegiado número uno de la Plaza de Santa Marta, una peligrosísima vinculación tal como se temían los vecinos. La Gerencia ha decretado la suspensión inmediata porque la obra carece de licencia alguna. Pero el vecindario teme que a la placita lleguen pronto los veladores. Cuando en ella casi ni cabe un camello de los que muerde. Niño, quieto.

El hombre que quiso presidir el PP

Carlos Navarro Antolín | 17 de diciembre de 2013 a las 5:00

Ayuntamiento.  Pleno municipal
Con unas cuentas escuálidas y atado de manos ante los bancos por efecto del Plan de Ajuste, la mejor baza del alcalde a año y medio de las elecciones es la de su figura como apaciguador del rebaño municipal tras las corruptelas de telediario con los gobiernos dePSOE e IU, sin olvidar los del urbanismo bajo sospecha del PA. No hay grandes proyectos, pero tampoco grandes escándalos, reza la entrada al cuartel de las tropas de Zoido. Pero al tercer año ha tenido que quitarse de la vista a su primer alto cargo. Y lo ha hecho de forma fulminante. La mera sospecha de corrupción en el equipo de gobierno quema especialmente las manos de un alcalde que tiene poco más que ofrecer. La bandera blanca del castillo (desmontable) de los 20 concejales no se puede permitir un solo jirón. Zoido arrancó la semana con el terremoto marroquí que se notó en Sevilla y Huelva y con el suyo particular que afectaba nada menos que a uno de esos funcionarios en los que confió la sala de máquinas del gobierno. Joaquín Peña Blanco, inspector de Trabajo de profesión, no es además un funcionario cualquiera. En su currículum hay más de una década de experiencia como concejal antes de ser incluido en la élite municipal de los directores generales. Hombre introvertido y de formas exquisitas, ya demostró ambición cuando quiso disputarle la presidencia provincial del partido a José Luis Sanz en el congreso de 2008. Se pasó todo un verano pulsando las opiniones y recabando apoyos de la militancia. La verdad es que su paso al frente generó apoyos en un partido acostumbrado a seguir las directrices con disciplina lanar. Pero no logró el objetivo. Se produjeron hasta siete dimisiones en la estructura del partido en el Distrito Norte cuando sus partidarios se enojaron por la “falta de democracia interna” que impidió a Peña concurrir al congreso como alternativa a la lista oficial. Todo hacía presagiar que la rebeldía de Peña sería castigada por el partido, más aún cuando Zoido no lo había dejado tirado en la lista de 2007 como sí hizo con otros concejales de la etapa de SoledadBecerril y Jaime Raynaud. Ya no renovó como concejal en 2011, pero el alcalde aceptó su petición de ser director general, un goloso caramelo en su currículum como funcionario, una vez que su carrera como político tenía ya el cerrojo echado. Zoido sufrió ayer los ecos del terremoto con epicentro en Marruecos y el primer terremoto político que pone en jaque la honorabilidad de su gobierno. La huelga de Lipasam y la mañana de ayer son ya dos hitos claves. Del primero salió airoso al mantener el pulso firme. Y de la de ayer sólo podía salir con celeridad de reflejos. A mediodía pidió al secretario que convocara de urgencia una junta de gobierno con un único punto en el orden del día: “Cese de personal directivo”. La reunión fue a las 13:15: A las 14:02 estaba ya en las Naves del Barranco para inaugurar la obra del mercado gourmet, de donde el delegado de Urbanismo y Medio Ambiente salió en el coche oficial poco antes de las 14:30 para comunicarle personalmente su cese a Joaquín Peña en una charla en el restaurante Los Monos. A Peña no lo han echado las quejas de vecinos y empresarios por una ordenanza de veladores que no contenta a nadie, ni siquiera lo han cuestionado algunos precintos de bares cuyos dueños han recurrido a la Justicia. En otras épocas, un imputado seguía en el despacho. Pero Zoido no está para esos lujos. Ymenos con el mapping a punto de estreno.

El escudo de armas del alcalde

Carlos Navarro Antolín | 9 de diciembre de 2013 a las 5:00

Por la mañana. Foto de la Alameda en la que se vean los camellos y detalles navideños. Hagamos una vertical y otra horizontal..
La Zoidonavidad es el bálsamo contra la pobreza, la tajá en la primera taberna que recorta la noche y hace olvidar por un rato las desgracias, el placebo perfecto para la dolencia imposible de cura. Los camellos de la Alameda de Hércules evocan la travesía del desierto de una ciudad que ni siquiera registra la leve bajada de parados de la que se disfruta en casi toda España. El camello es el símbolo perfecto de la Zoidonavidad en la ciudad de los símbolos. Pan y circo, luces y camellos. Siente a un pobre en su mesa, ponga un camello en su Navidad y salude a un imputado por la calle Sierpes. El camello que vio usted en Matalascañas el pasado verano es el mismo que Zoido contrata para dar paseos por la Alameda en estas pascuas largas como una cuaresma. Si hay paseos en burro por Mijas, por qué no pasear en camello por la Alameda. Es tan pronunciada la tiesura que ya ni los camellos son lo que eran. Los de ahora tienen hasta jorobas. Camellos como moros de Queipo, ora junto a la playa, ora junto a Julio César por el camino más corto de la A-49. Camellos para retratarse, camellos que miran de frente como en un fotomatón, camellos a los que el personal noctámbulo da la vara y no deja dormir. La noche que me dio el tío del móvil, se quejará el pobre mamífero alamedero a su amo. Las setas son el símbolo del Monteseirinato, la Buhaira el estandarte del mandato alejandrino y la escoba de oro el emblema de la etapa de Soledad, a la que por cierto muchos concejales de sus años de gobierno no acompañaron el otro día en la rotulación de su plaza. Qué sola Soledad. Y el alcalde, oh my God, le echó públicamente los camellos por delante al recordarle a la homenajeada que en sus palabras de gratitud no había citado a Arenas, presente en el acto, gracias al cual fue alcaldesa porque Javié “la puso en la lista”.
–Toma del frasco, don Zoido. ¿Y los votos de los sevillanos para qué valieron?
–Cállese y no sea impertinente. Usted siga con lo suyo de los camellos, que no iba mal del todo.
Siguiendo con los símbolos, apunten la pipa de Torrijos para las vitrinas del museo apócrifo de la ciudad, como habría que catalogar también la bufanda de Rafael Carretero, el diputado mayor de gobierno de la Feria de Abril, que la luce con estilo incomparable en cada puesta del primer tubo de la portada. Unos vienen y otros van, la bufanda de Carretero siempre está. Y el patrimonio inmaterial debería tener su archivo sonoro, para cuyo estreno nada mejor que los “prendas” de Rosamar Prieto-Castro. Si Rosamar no le ha llamado nunca “prenda” debería hacérselo mirar en el diván de Criado. Esto sí que es un museo completo de las tradiciones de la ciudad donde, horror de los horrores, cada vez hay más mahoumetanos. Sí, mahoumetanos de beber Mahou y traicionar los principios de toda la vida. Como han traicionado al Arco de la Macarena con una iluminación del Ecovol de los años ochenta en Navidad. Los mismos que ponían a Monteseirín de cateto han dejado el Arco como un casino de Las Vegas, como una gramola a monedas de los años sesenta que ahora se ven en los restaurantes franquiciados de Peggy Sue, en los que se toma el omeprazol a la entrada o el almax a la salida.
Si los obispos tienen su propio escudo, donde se evidencian sus devociones predilectas y sus vínculos personales a órdenes y congregaciones, ya es hora de que los alcaldes confeccionen el suyo. ¿No es Zoido el primer alcalde de Sevilla con perfil en Twitter? Pues que sea el primero también en lucir escudo para su exhibición en la fachada plateresca del Ayuntamiento en las tardes gloriosas del mapping. En el escudo de armas de Zoido no pueden faltar un pedazo de 20 tan grande como una chistera de Rivera Ordóñez, un pedazo de camello con las columnas de la Alameda de fondo, un montadito de melva canutera… y un buen velador con sus cuatro sillas. Porque sentarse hay que sentarse que empieza el mapping y en las bullas de pie ya se sabe que le terminan cogiendo a uno… la cartera.

Zoido, el paisaje tras la aventura regional

Carlos Navarro Antolín | 24 de noviembre de 2013 a las 5:00

Pleno del Parlamento. me interesa Valderas, Griñán, Aguayo y ambiente.
Volver a ser lo que fue en su mejor etapa. Un político de vocación local, especializado en la distancia corta, abonado a la sonrisa y aspirante a jubilarse en el sillón de alcalde, como Teófila en Cádiz o Perico en Huelva. Zoido se prepara, por fin, para despojarse del incómodo traje de presidente del PP regional, que le aprieta como un traje de buzo, que le obliga a estar fuertemente vinculado a las siglas de un partido y de unas estructuras, jerarquías, agendas y compromisos de los que siempre huyó. Para Zoido más que para nadie, el partido es el medio, no el fin. Su gran aval es su marca personal. El alcalde de Sevilla está a las puertas de dedicarse de nuevo con exclusividad a lo que mejor se le ha dado hasta ahora, al margen de que en algún momento haya oído –que los ha oído– los cantos de sirena de San Telmo. Llegados a este punto, el objetivo último del embrollo en el que lo metió Dolores de Cospedal en julio de 2012 es gestionar una salida de la sede regional de la forma menos costosa posible. Lo que en condiciones normales equivaldría en política a bajar un escalón, en su caso supondrá la recuperación de la tranquilidad perdida, despojarse del corsé que en no pocas momentos le ha provocado irritación (“¡Estoy negro!”, le dijo al comité ejecutivo provincial el pasado mayo) y olvidarse de los difíciles juegos de equilibrio del mapa regional.
Zoido dejará de ser presidente del PP regional y, en consecuencia, su representación orgánica quedará de nuevo diluida, pero sólo sobre el papel. Quien sí está diluido es Javier Arenas, padre político de la inmensa mayoría de los políticos del PP andaluz, que está comprobando la ruindad de la condición humana. Quienes antes ni atrevían a valorar sus acciones en los pasillos de la sede del partido, lo hacen ya con todo desparpajo. Atrás quedan los tiempos en que no se tomaba una decisión sin su visto bueno. Todo debía estar bendecido por Javier. Simplemente era Javier, sin más apellidos. El PP regional de Zoido se ha manumitido en este sentido. Yel precio ha sido la ruptura de la complicidad de no pocas relaciones. Así es la política, como así es el fútbol. Se llaman amistades a lo que simplemente son una suerte de UTE.
El PP admite que Zoido seguirá teniendo un poder absoluto en los asuntos claves de la capital por mucho que baje del escalón regional. La formación de la lista electoral y la designación de los miembros del gobierno no se le discutirán. Ya gozó de esta potestad en 2011, cuando el entonces todopoderoso Javier Arenas no logró colarle algunos nombres ni en la candidatura ni en el organigrama municipal. Zoido sabe dejar sonar el teléfono y, llegado el caso, derivar las llamadas insistentes a Alberto Díaz, su jefe de gabinete –a quien recuperó de la empresa privada en Madrid en 2007– o a Gregorio Serrano, su concejal favorito con diferencia de entre los veinte que forman el gobierno. Tanto Serrano como su círculo se identifican ya plenamente con el alcalde. De hecho, Antonio Castaño, director del Consorcio de Turismo, y Rafael Rivas, director de la Delegación de Fiestas Mayores, gozan de una proximidad con Zoido que ya quisieran para sí algunos de los miembros del gobierno o de los principales asesores, que tienen que guardar cola de espera para despachar asuntos en la Alcaldía.
Hay unanimidad en las fuentes consultadas en que el número dos de la lista, el catedrático Javier Landa, ni siquiera fue una imposición de Arenas. “Zoido, más bien, se dejó convencer”, dicen quienes conocen la historia de aquellos meses. “Salvo anécdotas ocurridas con Landa, su labor no es nada mala y ya ha conseguido el objetivo de la Zona Franca”, precisan fuentes de la sede regional, aunque esta opinión no goza de unanimidad, precisamente. El partido sí valora de Landa que no se pierde un acto orgánico, un detalle que no tienen otros independientes de la lista electoral.
El presidente del PP en Sevilla, José Luis Sanz, y el secretario general del PP Sevilla, Juan Bueno, mantienen un encuentro con cargos electos del PP.
Un candidato del PSOE necesita, como mínimo, estar bien colocado en la ejecutiva. Pero Zoido se puede permitir el lujo de limitarse a ser alcalde de Sevilla con un asiento en el comité ejecutivo provincial y otro en el comité ejecutivo nacional. No necesita más.
El PP dista mucho del PSOE en cuanto al peso del aparato orgánico. Los candidatos de la formación de centro-derecha no necesitan el refrendo de la lista electoral distrito por distrito. Los socialistas someten la candidatura completa a la votación de cada una de las once agrupaciones, por lo que se evidencian los apoyos y los castigos, según los casos. Basta recordar a este respecto la falta de entusiasmo que generó en algunas de las grandes agrupaciones socialistas la candidatura liderada por Juan Espadas, que apostó por los independientes en detrimento de los secretarios generales de las agrupaciones, como había sido tradicional. En el PP confirman que a Zoido no se le va a realizar un marcaje estrecho en la capital. Juan Bueno y Eloy Carmona, presidente y secretario general del PP de Sevilla, respectivamente, tienen tarea suficiente en los 104 pueblos de la provincia –donde el PP ha avanzado en las últimos comicios de forma tan considerable como insuficiente– como para invertir tiempo en fiscalizar al alcalde en el tramo final del mandato. Juan Bueno es el presidente provincial del partido, sí; pero también es un concejal del Ayuntamiento sometido al mando del alcalde. Se repite en el PP la misma situación que cuando, por ejemplo, Soledad Becerril era alcaldesa y uno de sus concejales, Jaime Bretón, ostentaba la presidencia provincial. Soledad Becerril hacía y deshacía sin esperar ni recibir instrucciones del aparato, todo lo contrario a lo que ocurre en las filas socialistas.
Lo único que la estructura del partido exigirá a Zoido es la consolidación de la Alcaldía en 2015. Y en esta tarea –apuntan fuentes del partido– no tendrá ya el viento a favor del PP en España, por cuanto el Gobierno de Rajoy sufre ya el desgaste en las encuestas oficiales y privadas, ni el recuerdo reciente de las corruptelas del gobierno de PSOE e IU. Zoido no sólo tendrá que afrontar su reelección sin esas dos ventajas, sino que habrá de emplearse en explicar –cosa que ya ha empezado a hacer– que en este primer mandato no puede realizar todo lo prometido. La estructura del partido sí le ha planteado de forma insistente que debe alejarse de promesas irrealizables, sobre todo porque los ciudadanos no demandan ahora grandes proyectos, sino trabajo y no perder más calidad de vida. El de de 2011-2015 no puede ni debe ser el cuatrineo de iniciativas sonadas, más allá de la micropolítica, las luces de Navidad, los autobuses urbanos entrando hasta el corazón del centro, las obras en los colegios y las cuentas medianamente en orden. En esta línea, tampoco se ve como el recurso más recomendable la acusación reiterada a la Junta de Andalucía como la gran bloqueadora de los grandes proyectos. Tan cierto es que la Administración autonómica lastra algunas iniciativas, como que hay otras en las que no tiene culpa de su demora.
Zoido tendrá que hacer de Zoido en año y medio. “No perder un minuto más en Almería”, como apuntan en su equipo. Por el momento ha cambiado su imagen en la red social twitter, donde cuenta con casi 35.500 seguidores. Su imagen ahora es en blanco y negro, tratada con cierto brillo, lo que le da un aire de cantante de orquesta de fin de año. A su derecha aparece un primer plano de sus ojos y a la izquierda el lema Alcalde de Sevilla. Ni una referencia a las siglas del PP en quien hoy sigue siendo nada menos que el presidente regional. En twitter ha comenzado la recuperación de esa senda que le llevó a un rotundo éxito en 2011 y de la que hace año y medio tuvo que apartarse por imperativos del partido, una aventura que le ha reportado muchos inconvenientes y escasas ventajas.
Zoido no se ha criado en la estructura del partido ni tiene especial aprecio por los conocidos como aparatos. El suyo es de esos casos excepcionales en los que pasó de no ser militante a ser secretario general del PP andaluz en 2004, cuando el PP nacional se vino abajo y Rajoy le encargó a Arenas el enésimo intento de levantar los resultados en Andalucía. Su entorno más próximo en el Ayuntamiento no procede precisamente de las entrañas del aparato. Es un político que no está rodeado de políticos. Su actual núcleo duro, con el que intenta sacar alguno de los grandes proyectos de aquí a las elecciones de 2015, no es de un perfil precisamente político: ni el delegado de Urbanismo y Medio Ambiente, Maximiliano Vílchez, ni la delegada de Hacienda, Asunción Fley, ni el vicepresidente de las empresas municipales, Jesús Maza. Son personajes vistos con recelo por quienes se han forjado desde las bases de Nuevas Generaciones. Pero nadie osa decir ni pío ante una victoria de 20 concejales y en un partido donde las voces discordantes tendrían que estar tan protegidas como los linces de Doñana. Los problemas para Zoido sólo vendrán si la Alcaldía no es revalidada. Se la juega a una suerte de puerta grande o enfermería, no hay medias tintas, ni tiempo que perder en planes para hacerse con un cargo orgánico que compense la pérdida de la presidencia regional. Si pierde la Alcaldía, la figura de Zoido se esfumaría del Ayuntamiento y el partido le buscaría una salida digna en alguna institución de la capital de España. Pero sólo le salvaría a él. Su equipo tendría que hacer las maletas y buscarse otros destinos.

Alberto Díaz. El hombre que sabe decir no. Jefe de gabinete del alcalde. Zoido sonríe y promete. Y a Alberto Díaz le toca apuntar cada petición, activar su tramitación, gestionar cada compromiso que adquiere su jefe a pie de calle y, llegado el caso, decir que no. Su labor es fundamental al lado de un político de un perfil tan marcadamente popular. Su jefatura de gabinete incluye hasta las labores propias de un secretario personal de altas dignidades eclesiásticas. Tiene el valor añadido de una relación fluida con José Luis Sanz, Juan Bueno y Eloy Carmona.

Juan Bueno. La cara más amable del partido. Hombre puro y duro de partido. De trato correcto y formas exquisitas. De Arenas ha aprendido a encajar las críticas, una cualidad clave en un político de carrera. Se le conocen pocos enemigos y se le atribuye una gran capacidad negociadora. No tiene una especial relación personal con el alcalde, pero Zoido le da el sitio desde el momento en que es el presidente del PP de Sevilla. YBueno sabe que el tirón electoral lo tiene Zoido. Se complementan y conviven. No es poco.

José Luis Sanz. Su influencia se dispara. El cirineo de Zoido en su aventura regional será el próximo número uno en la sede de la calle San Fernando. La hoja de ruta indica que con Sanz de candidato del PP andaluz, su dimisión como alcalde de Tomares será una consecuencia ineludible. Susu sucesor será un concejal con residencia en el municipio, por lo que se descarta a Eloy Carmona. Se le atribuyen ideas claras sobre qué aspectos podrían ser mejorados en la gestión del Ayuntamiento de Sevilla. Al ser presidente regional y sevillano, su influencia se dispara en la capital.

Eloy Carmona. La previsible figura emergente. Si José Luis Sanz es el candidato del PP andaluz y, en consecuencia, se hace con las riendas del partido, a nadie que conozca medianamente este partido político le cabrá duda de que la figura emergente en Sevilla será la de Eloy Carmona, actual secretario general del PP hispalense y volcado en la Diputación. Procedente de las NN. GG., fue el gerente del partido cuando Sanz ostentó la presidencia. Yno dudo en acompañarle en la lista electoral cuando Sanz fue enviado a la conquista de Tomares.

Gregorio Serrano. El favorito del alcalde. No faltan quienes envidian su proximidad y cercanía con Juan Ignacio Zoido. Acumula cuatro delegaciones y desde las elecciones no sólo no se ha diluido entre tantas competencias, sino que ha ganado aún más influencia. No se le incluye en el núcleo duro de la gestión en el tramo final de mandato, pero su estrecha relación personal con Zoido es incontestable, lo que se evidencia tanto en actos oficiales como en las horas de asueto que comparten en las que se pueden forjar muchas decisiones claves.

El fin de las perífrasis

Carlos Navarro Antolín | 23 de noviembre de 2013 a las 5:36

Nunca tuvo Izquierda Unida tanta cuota de poder municipal en la historia de la democracia que con este político perifrástico y aficionado convulso a la verborrea como cabeza de lista. Antonio Rodrigo Torrijos (Sevilla, 1950) ha sido una suerte de mesías del tardocomunismo en la Plaza Nueva. Después de un mandato de concejal como delegado de Empleo y del Distrito Sur, alcanzó el número uno en las elecciones de 2007 y besó el santo del gobierno, de la mayor cuota de gobierno que ha tenido nunca la coalición de izquierdas, que pudo vender aún más caro de lo que ya lo venía haciendo su apoyo al PSOE. Con Torrijos al frente, Izquierda Unida entró en las caracolas de la Gerencia de Urbanismo de la Isla de la Cartuja en los años de imperio de ladrillo, de la multiplicación del pan y los peces de las licencias de obras y de los grandes proyectos faraónicos que eran posibles tanto por los pingües beneficios que obtenía el organismo autónomo por efecto del boom inmobiliario como por los patrocinios y los créditos que caían del cielo un día sí y el otro también. Torrijos ha vivido en el trono de la carroza del poder los años de vacas gordas del Ayuntamiento de Sevilla, esos años sin retorno como el vuelo de las oscuras golondrinas. En torno a su figura se ha creado la leyenda del demonio con hoz y martillo. No es tan fiero el león visto de cerca, pero ciertamente ha tenido y tiene zarpas. Su vida política concluye por el ahogamiento provocado por los frentes judiciales abiertos en su contra. Su cartel electoral está agotado no sólo porque las normas internas de su formación política impidan un cuarto mandato en la misma institución, sino porque todos los partidos recurren siempre a la amputación cuando la gangrena de la corrupción puede afectar al conjunto, a las siglas, a la marca. Y todo indica que IU no está dispuesta a la peligrosa sinécdoque por la que un Torrijos cercado por los jueces sea tomado como la referencia del todo. En política mandan los aparatos de los partidos. Y los partidos son estructuras para alcanzar el poder con vocación de perpetuidad. La marca electoral de Torrijos se ha ido desgastando por un discurso tan hábil como trasnochado, por la difusión reiterada de la fotografía de la mariscada convertida en la síntesis perfecta de los excesos de una etapa en la que la prima de riesgo era jerga exclusiva de los economistas y por un cerco judicial que ya le ha dejado mella (una sentencia por acoso laboral) y que tiene el sonido del cascabeleo previo a la estocada de una nueva condena.

En su haber político no sólo está el haber conseguido nada menos que una estructura paralela de vicegerente con una cuadrilla de asesores propios en la golosa Gerencia de Urbanismo, sino una amplia cuota de influencia en los gobiernos de coalición con el PSOE. Sánchez Monteseirín se llevó siempre mejor con los concejales de IU (“Son gente especial, pero con la que uno se puede entender”) que con los del PA con los que gobernó y se peleó de 1999 a 2003. Y ese buen entendimiento se notó en muchos proyectos. Torrijos tiene tanto protagonismo en la construcción del carril bici o en la instauración del bonobús solidario como mérito a la hora de colocarse la servilleta XXL ante la fuente de marisco con los mayoristas de Mercasevilla.

Su vida política se interrumpe y se va al traste cuando soñaba con un retiro en alguna de las consejerías de la Junta que ahora detenta su partido, sobre todo si era cerca de su gran amigo José Antonio Salido. Pero se le ha acabado el crédito en una formación dominada por los jóvenes más radicales y que guarda ya muy poca relación con aquel Partido Comunista que Torrijos conoció hace décadas, cuando en sus filas cabían figuras como el recordado Adolfo Cuéllar, Rosa Bendala o incluso el entonces líder estudiantil Luis Pizarro, hoy como adjunto en la Oficina del Defensor del Pueblo.

Con Torrijos se cierra una etapa en el Ayuntamiento cuyos principales símbolos son la pipa, la barba, las perífrasis y la riqueza de adjetivos calificativos al referirse a la derecha. Y el principal efecto ha sido el ejercicio de una política fuertemente ideologizada. Ya nadie hablará en privado de los “exiguos sueldos” de los asesores de su grupo político, ni en público de lo “poco que hacen honor” los concejales del PP a la inversión que hicieron sus padres en educación privada, de los “oscuros intereses particulares que hay detrás los proyectos” de un alcalde que es la “marioneta del capitalismo”, de las “aspiraciones bonapartistas” de Zoido ni de la derecha “reaccionaria, tramontana, sierva del capitalismo y de sus poderosos brazos mediáticos”. Por supuesto, se echarán en falta sus comentarios sobre las luces de Navidad (“El solsticio de invierno”) o sus audiencias con el cardenal Amigo en la planta alta del Palacio Arzobispal.

Detrás de ese cartel de hombre de otro siglo, con un discurso más propio de ser pronunciado en lo alto de un tanque en los años duros de la Guerra Fría, se esconde un sevillano del barrio de Santa Cruz que en su vida privada ha llegado entablar relaciones más que fluidas con personajes de esa derecha local a la que tanto ha atacado como caricaturizado, que ha salido de nazareno en Santa Cruz y Los Negritos, que ha sido voluntario en sus años de juventud en el comedor social de Regina Mundi y que, también es cierto, dedicó partidas de dinero público a la restauración de monumentos religiosos siendo delegado para aquella perifrástica Delegación de Infraestructuras para la Sostenibilidad, de cuyo recuerdo sólo quedan las horquillas para aparcar las bicicletas.

Los primeros que han dejado a Torrijos en la dura soledad, como siempre ocurre en política, han sido sus propios camaradas. Ayer lo arroparon en el anuncio de su despedida, pero no lo hicieron el lunes en su nuevo paseíllo judicial como imputado. La indisposición sufrida en el último Pleno, que ha derivado en numerosas revisiones médicas, y ese vacío al llegar a los juzgados (los apóstoles de su partido estaban dormidos) han sido la combinación letal para anunciar el final inminente de la política de las perífrasis. Los concejales en España no gozan de aforamiento. Y no hay Senado donde dar refugio a este enfermero de profesión, curtido en las Comisiones Obreras de los años de la Transición y que a partir de ahora verá la vida pasar desde la umbría estrechez de la calle donde vive.

Trilogía de novelería sevillana

Carlos Navarro Antolín | 17 de noviembre de 2013 a las 5:00

BARES EN EL MERCADO DE TRIANA
En Sevilla nos da por una cantinela y no paramos hasta que nos aburrimos de la música y tiramos la corneta por el retrete, vocablo en desuso donde los haya. Cuanto mayor es la crisis, mayor es la afición por los productos gourmet. Cuanto más intensa era la decadencia del Imperio, más altas las estatuas de los romanos. Será por eso que Sevilla tiene mucha Roma dentro. En el mercado de Triana hay ya tal oferta de productos gourmet, con gintonería incluida, que no ha hecho ninguna falta que se abra el mercado pijo de la Lonja del Barranco, del que Zoido espera un canon anual de 230.000 euros del ala, que no es lo mismo el ala que la chistera cuando se habla de tocados. Puesto a puesto, Triana tiene ya su mercado gourmet con todos sus avíos, que parece aquello el de San Miguel de Madrid en el que inspiró Monteseirín en uno de sus viajes a la capital. La espera para coger mesa un sábado a mediodía en el mercado del arrabal es de órdago. Triana ha inventado el gourmet popular, sin cánones que apoquinar, sin pliegos de condiciones, sin maniobras forzadas para cambiar los usos urbanísticos de la parcela, sin pronunciamiento de la Comisión Provincial de Patrimonio.
El mercado gourmet de Triana ha nacido y nadie sabe cómo ha sido. O sí. Ha sido espontáneamente, como espontáneamente monta la gente su carrera oficial con las sillas de los chinos en Semana Santa en Tetuán, en Velázquez y en la Plaza Nueva. Pues igual. Y venga a comer el personal raciones de sushi y ostras a la vera del Pasmo. La novelería es la mano negra de Adam Smith que mueve las modas en Sevilla, está claro. A los productos del gourmet le han seguido las alfombritas de césped artificial en las entradas de bares y restaurantes. No hay establecimiento que se precie que no tenga sus veladores (inclinación reverencial de cabeza) sobre un entarimado verde como si de un campo de golf se tratara, ya sea en comercios del Hotel Inglaterra, en Muñoz y Pabón, en Candilejo, en Adriano, en Álvarez Quintero… La marea verde de las alfombritas se expande a la velocidad a la que un día lo hicieron los adosados del Aljarafe, en silencio, como mancha de aceite virgen extra, sin ruido. En la ciudad de las sequías y los canales almohades para transportar el agua, colocamos lonas y más lonas de césped artificial encima de los adoquines, del granito y de las losas de Tarifa, como si Sevilla fuera una ciudad de lluvia norteña, de verdes cántabros con paisajes de vacas tudancas y sabor a anchoas de Santoña. Un verde que enseguida se llena de porquería, colillas y otras suciedades, pero que cumple el objetivo de dar lustre al local si se mira de lejos. Será por aquello de que a ciertas alturas las pisadas de bueyes parecen molduras. Mantengamos la esperanza de que un día florezcan los árboles para dar sombra de verdad en la Avenida y en la calle San Fernando.
Y la tercera moda son las tiendas que venden cigarrillos de vapor para dejar el fumeque. Las tienen ya en las calles Velázquez, donde estaba el originario Palacio del Fumador, sublime contradicción o ironía del destino; en Alcaicería y en Puente y Pekín, perdón Puente y Pellón queríamos decir. En los años ochenta florecían las boutiques promovidas por señoras de buena sociedad, señoras de tardes en la Nova Roma del té que perdimos para hacer de aquel símbolo hostelero del barrio de Los Remedios un negocio franquiciado de botellines. Y con el siglo ya entrado lo que se abren son muchos chinos, muchos bares y muchos comercios de cigarrillos de vapor con las indemnizaciones de los despidos. Hasta hay chinos de complementos para el móvil que también ofrecen el falso cigarro para espantar la ansiedad. Lo del vapor sí que tiene tirón en Sevilla, la ciudad donde los mil y un proyectos que un día nos vendieron se evaporaron en el horizonte azulado como el globo perdido de un niño en la tarde del 5 de enero. Pero sin ilusión.
CESPED EN LA ENTREDA DE BARES