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El cura que leyó su propia esquela

Carlos Navarro Antolín | 18 de febrero de 2015 a las 5:00

la foto
HAY gente que ve su nombre y apellidos en la lápida del cementerio por aquel hermano fallecido prematuramente. Yhay gente que ve su esquela en el periódico y tiene la macabra oportunidad de presenciar cada detalle de su sepelio. Hay curas que se denuncian a dentelladas, con munición de verdad, y denunciantes que se derrumban e imploran perdón al sentir en la ingle el pitón de la querella. El cura de Bellavista falleció en 1989 en un accidente de tráfico, cuando tenía 20 años, según una esquela que pedía oraciones por su alma. Pero aquel estudiante de Económicas sigue vivo veintiseis años después. La esquela era falsa. Santiago César González Alba (Sevilla, 1961) ingresó en el seminario con el paso de los años y fue ordenado presbítero en 2011. Hoy ejerce su ministerio en la Parroquia del Dulce Nombre, donde es director espiritual de la pujante hermandad de vísperas, y atiende como capellán a la unidad de mujeres de la prisión de Sevilla. González Alba, como publicó el lunes este periódico, ha puesto en jaque a la curia sevillana a cuenta de una polémica que le ha tenido suspendido cautelarmente en sus funciones del 1 al 29 de enero. Aquel estudiante que no murió en ningún accidente vuelve a la actualidad. Ironías del destino. O no.

Un miembro de la actual curia, teólogo y delegado de una pastoral, lo acusó de haber incitado a un fiel al suicidio tras haberle impuesto penas excesivas y haber ejercido contra él un supuesto acoso sexual. La denuncia se basó en unos correos electrónicos entregados por una mujer a los que el susodicho cargo eclesiástico dio veracidad, por lo que el cura de Bellavista fue suspendido de forma immediata “para evitar el posible escándalo”, según el decreto de Santiago Gómez Sierra, obispo auxiliar de Sevilla. El sacerdote denunciado basó su defensa en el informe de un detective privado que demuestra que el fiel en cuestión está vivo. No había ningún rastro de un suicidado ni en el Registro Civil, ni en el Instituto Anatómico Forense, ni en el Juzgado de Guardia. El obispo auxiliar de Sevilla tuvo que firmar el 9 de febrero un decreto para archivar el proceso y levantar la suspensión sobre el cura de Bellavista. González Alba difundió por WhatsApp el contenido del decreto y autorizó al detective a hacer el uso que estimara conveniente de la información recabada.
El sacerdote ha perdonado a la mujer que puso los datos (falsos) en manos del cura denunciante. Se reunió con ella en el despacho parroquial el pasado 1 de febrero entre las 11:30 y las 13:00 horas en presencia de un testigo:el hermano mayor de la cofradía del barrio.

El caso del cura de Bellavista ha puesto en evidencia los efectos perniciosos de la aplicación taxativa del Código de Derecho Canónico, el perjuicio que conlleva la afición por el reglamentismo y el daño que puede provocar la búsqueda de soluciones por el uso reiterado de la mano derecha desde despachos alejados de la calle.

González Alba fue llamado al orden días antes de estos insólitos hechos por sus artículos en el blog Adelante la fe, donde también difundía sus homilías. El propio González Alba publicó que el arzobispo le había prohibido seguir colaborando en un portal muy crítico con el aperturismo del papa Francisco.
El Arzobispado no se pronuncia oficialmente, más allá de rogar en privado que no se publiquen datos sobre esta historia de falsos suicidios, detectives contratados por prebísteros, suspensiones para oficiar misa, denunciantes con supuestos problemas mentales, decretos y peticiones de perdón…

¿Pero quién es el cura de Bellavista? Él mismo lo explica con naturalidad y una corrección exquisita. “Soy una persona que siempre me veo metido en los líos. No sé la razón”, dijo ayer desde el otro lado del teléfono. En enero negó que estuviera suspendido y alegó que no iba por la parroquia porque estaba dedicado al cuidado de sus padres, de muy avanzada edad. ¿Mentira piadosa? “Digamos que aquellos días dije una media verdad. Estaba hundido. El 31 de diciembre llegué a casa suspendido de ministerio. No quería trasladar más problemas a mi familia. ¿Sabe usted cómo pasé la Nochevieja? Esos días dije misas en privado por el alma de la persona suicidada. ¡Yresulta que no había ningún suicidio! La persona que dio esa información falsa está perdonada. Predico el perdón y lo pongo en práctica”. ¿Y ha perdonado el cura de Bellavista a ciertos miembros de la curia? “Si yo no me muevo y contrato al detective, hoy no estoy rehabilitado como sacerdote. Un día me citaron por teléfono en el Palacio Arzobispal y me dieron a conocer el acuerdo de suspensión. Habían dado credibilidad a unas pruebas que sustentaban mi conducta canónicamente delicitiva. Esa denuncia no hubiera sido admitida en la Justicia ordinaria”.
No había ningún muerto. Tampoco lo hubo en 1989. “Yo no puse esa esquela, como algunos dicen ahora para desviar el foco del asunto que de verdad es importante. Aquello lo hicieron dos personas para dañarme. Fue algo morboso, tragicómico, con intenciones muy malas, un hecho ciertamente extraño”. ¿No denunció a nadie? “Mi abogado, muy conocido en la ciudad y ya fallecido, no pudo hacer nada. Al parecer había lagunas legales”.

–¿Usted es la prueba de la resurrección en la tierra?
–No, no… Digamos que entonces estaba en historias chungas…
–¿Se refiere a que era usted militante de Fuerza Nueva?
–Sí. Y tenía amigos como tenía enemigos. Mi padre ha fallecido hace pocos días. No deseo batallas, sólo aspiro a recuperar mi normalidad. No voy a denunciar a nadie.
–¿Cómo definiría el blog donde usted escribía y se lo prohibieron pocos días antes de los hechos que motivaron su suspensión? ¿Tradicionalista, integrista, lefebrista?
–Lefebrista, no. Es un blog que defiende la tradición.

Hay gente que lee su esquela pero no se ha muerto. Hay suicidas que siguen vivos. Hay curas que se pegan dentelladas.

La liquidación de la quinta del Cardenal

Carlos Navarro Antolín | 22 de noviembre de 2014 a las 5:00

SEVILLA, 27/02/2014.
EL día que un muchacho llamado Alfonso Jiménez recogió en la Real Maestranza el premio al mejor expediente de la Facultad de Arquitectura, su padre quiso que Curro Romero, presente en la ceremonia, firmara detrás del diploma. El Faraón de Camas dejó el toreo en 2000, unos meses después del fallecimiento de Diodoro Canorea, el empresario con el que se entendió a la perfección al negociar el número de tardes en el abono sevillano. Tres o cuatro en la Feria y una en San Miguel. Sin Diodoro, Romero no se veía. El ciclo estaba liquidado. No lo retiró un toro, sino la interpretación precisa de la coyuntura.
Ironía del destino, al maestro mayor de la Catedral no lo quita su edad de los andamios del templo, sino que ya no tiene a Francisco Navarro a su lado, su particular Canorea con el que confeccionaba el programa de obras de cada año como Curro y Canorea pactaban cada temporada. La vejez que esgrime don Alfonso en su carta se merece un tururú de grande como la Catedral y su sucursal del Salvador (convertida en museo con tienda en la puerta principal) juntas. Con Jiménez se va la última gran referencia de un pontificado de casi 30 años. En esta diócesis ocurren cosas muy extrañas: en una misma semana hay un cura que entrega las llaves de la parroquia al vicario de zona y un arquitecto de prestigio que entona el ya estoy yo en mi casa cuando sabemos que se encuentra divinamente y con salud para seguir quitando jaramagos de los pináculos e inventando andamios imposibles para auscultar esa piedra con la que yo creo que ha llegado a hablar a solas como el doctor Rodríguez de la Fuente se entendía con los lobos.
La quinta del Cardenal está en liquidación. A cierta edad y con cierto currículum no está uno para admitir ciertas tutelas. Ni para bailar con el loberío de medio aullido. Querido don Alfonso, lo de la edad se lo cuenta usted a los canónigos. O al Lagarto de la Catedral.

La diócesis tiene a su Karanka

Carlos Navarro Antolín | 23 de julio de 2013 a las 18:33


El cardenal Amigo nunca quiso tener obispos auxiliares pese a que la diócesis sevillana estaba acostumbrada a la figura de estos prelados asistentes del titular. La grey le cogió cariño a alguno de ellos de tal forma que hasta hubo uno, monseñor Cirarda, que fue pregonero de la Semana Santa. Monseñor Amigo prefirió un esquema de delegación de poder basado en vicarías territoriales. Y así estuvo 28 años. No había un número dos de la diócesis, dicho sea en la terminología de los aparatos políticos. El cardenal, además, estaba omnipresente en la agenda de actos de la ciudad, difundiendo una imagen de hiperactividad y ausencia de fatiga que ríanse ustedes de la voracidad de fotos del hoy alcalde. Don Carlos presidía el mismo día una ceremonia de confirmación de cientos de jóvenes en la Parroquia del Cerro, asistía después a una celebración privada a mediodía y al humo de las velas cogía el coche para presidir una misa en Écija. Todo un cardenal vitaminado. Monseñor Asenjo tardó muy poco en nombrar a un obispo auxiliar, el simpatiquísimo Santiago Gómez Sierra, que rápidamente se ha convertido en el Karanka del Arzobispado, como el entrenador madridista que salía del burladero para dar las ruedas de prensa cuando Mouriño no quería darle la cara al toro. Gómez Sierra se traga todos los actos a los que el titular de la diócesis no puede o considera que no es conveniente ir para evitar una sobreexposición. Cuestión de criterio. La misma noche del domingo, cuando el Arzobispado informó oficialmente del fallecimiento de Francisco Navarro, el comunicado anunciaba que el funeral de hoy martes sería presidido por Gómez Sierra. Monseñor Asenjo se reserva para la misa del lunes próximo en la Parroquia de los Remedios, donde Navarro ha ejercido de párroco en los últimos años. Al final, el cardenal Amigo vino a Sevilla a presidir el funeral de cuerpo presente de quien ha sido una figura destacada en la transformación de una diócesis como la de Sevilla a lo largo de los últimos 30 años. Era lógica la presencia de don Carlos en la despedida de quien fue uno de sus grandes colaboradores. A Gómez Sierra le ha tocado hacer de Karanka y disculpar públicamente la ausencia del titular de la diócesis, que según el Arzobispado atiende estos días unos compromisos adquiridos en su tierra natal. A esta ciudad le pirra sentir muy próximos a dos figuras claves en la vida cotidiana de la urbe como son el alcalde y el arzobispo, como si quisiera revivir la importancia histórica del cabildo municipal y el eclesiástico. Tal vez por eso el cardenal y el hoy alcalde han terminado triunfando, por estar a pie de calle un día sí y el otro también. Hay que estar el 6 de enero con el Gran Poder en el Día de la Epifanía aunque sea un día para vivirlo en familia, hay que estar en la novena de la Virgen de los Reyes, patrona de Sevilla y su Archidiócesis, aunque sean días oficiales de asueto; hay que estar en el funeral de quien hizo posible que la Iglesia de Sevilla tuviera en la Catedral una gran fuente de ingresos con la que se restauran templos y se edifican otros nuevos en los barrios emergentes de la ciudad. El ministerio pastoral, como el periodismo, requiere de estar en la calle.

Los olvidos de Zoido en Bruselas

Carlos Navarro Antolín | 9 de julio de 2013 a las 21:12


Zoido se ha ido a Bruselas a promocionar Sevilla como destino turístico. Allí ha pronunciado un discurso rico en referencias a grandes personajes y que ha resultado como las homilías de monseñor Asenjo, que siempre nos suenan, oiga. Esto lo he oído yo en otra iglesia, esto lo he oído yo en un Pleno municipal. Hay discursos que son un ejercicio para la mente, como los crucigramas de los domingos. Discursos que son la versión en papel de los moros de Queipo, discursos de cortar, pegar y largar. Los mismos moros, las mismas referencias. Zoido habló nada menos que de Trajano, Adriano y Julio César. ¿Recuerdan cuando Rojas-Marcos se fabricó un vídeo en la campaña del 99 en el que el mismísimo Alejandro entablaba un diálogo con el Julio César de la Alameda de Hércules? Alejandro se subió a la columna y se puso a la altura de quien amuralló la ciudad antes de que hubiera carriles bici. Enseguía don Julio iba ahora a poner una muralla habiendo comisión de patrimonio, veladores como botellines de la Cruzcampo e inspectores de disciplina urbanística buscando perras para la caja municipal. Zoido citó también a los visigodos, que ya se sabe lo importante que fueron los visigodos para Sevilla, tanto que los turistas alemanes se hartan de preguntar por la Sevilla de los visigodos; a Almutamid, que tiene nombre de restaurante de la Gran Plaza; San Isidoro y San Leandro, San Fernando, Velázquez, Murillo, Bécquer, Machado… Hasta refirió a Felipe González entre los sevillanos con talento y excelencia, con lo que le escuece a Javier Arenas (Javié, para el alcalde) que su ahijado político le dé pista al ex presidente socialista. Punto de mala uva ahora que a Javié no le llega la camisa de Javier Sobrino al cuello a cuenta de ese tesorero que tiene hechuras de portero de discoteca cara. Con el discurso de Zoido nos llevamos un chasco porque el alcalde no citó a José Manuel Soto como atractivo de la ciudad, pese a que hace poco le concedió la medalla por ser un “exponente de la canción ligera”, según decía la nota oficial. ¡Rabos de pasa para el alcalde! Tampoco citó a Los del Río, que también recibieron la medalla el pasado mayo, por el “enorme impacto” que le dieron a la ciudad con la canción Macarena. Esa canción a la que siempre sigue el ¡aaaaaaaaaaaay! que recuerda a los que suelta la concejal socialista Encarna Martínez en los Plenos cuando pilla al portavoz del PP en un renuncio: “¡Aaaaaaaaaaaaaaay, señor Bueno, aaaaaaaaay!” Y en esos momentos es cuando el Pleno coge altura, entra en nivel de verdad, pero un nivel de Castelar y Cánovas del Castillo revestidos de maceros. Pues eso, nosotros soltamos nuestro particular ¡aaaaaaaaaaaay! por los olvidos del alcalde en Bruselas. Zoido tampoco citó a los simpáticos jóvenes de Siempre Así, que tengan la edad que tengan siempre son jóvenes, ¿verdad? Y no dijo nada de la ciudad de los 10.000 veladores. Si queremos fomentar Sevilla como destino de más de dos pernoctaciones hay que procurar que la gente tome asiento, que el personal se sienta a gusto en cualquiera de los bares, mejor que mejor si son del Grupo La Raza. Si hace falta se dice aquello del “¡se sienten, coño!” Que para eso tenemos Argote de Molina plagada de mesas, sillas y de esos aspersores que le remojan el pelo gratis total como esos urinarios de Japón que le dejan la mar de fresquita esa parte del cuerpo que está algo más abajo. Y para eso tenemos una Avenida de la Buhaira convertida en gran terraza para sentarse, en la que sólo falta que los señores del Registro de la Propiedad también pongan veladores. ¿Y de los gin tonic? Pues tampoco dijo nada el alcalde en Bruselas sobre Sevilla como ciudad de los Gin Tonic. Mucho hablar los denominados operadores turísticos de lo bien que va Sevilla como destino del turismo gay, como destino de los reyes magos en verano y como destino de alto nivel cultural con esas santas de Zurbarán del gran Benito Navarrete, pero ni mú del gin tonic. ¿Acaso no hemos inventado Ginebralia los sevillanos? Yo digo aquí como la concejal Encarna Martínez: “Aaaaaaaaaaaay, señor Zoido, que ha tenido usted muchos olvidos” Y lo remato con media verónica: “¡Aaaaaaaaaaay!”