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Atentado estético en Águilas

Carlos Navarro Antolín | 18 de junio de 2018 a las 12:20

Águilas

HAY calle feas y afeadas. Hay calles con belleza, pero incómodas. Hay calles inhóspitas, que no dicen nada, insípidas, pero por las que da gloria pasar, bien por la anchura de las aceras, bien por la ausencia de tráfico rodado, bien por la sombra. El inmenso centro de Sevilla presenta una tipología callejera muy rica, donde no deja de sorprender la habilidad de algunos para romper la estética, destrozar los paisajes, alterar las alineaciones, las planimetrías y todos esos valores que sólo se lloran cuando alguien decide insensible y unilateralmente pasárselos a cuchillo del mal gusto y la falta de tacto.

Águilas es una calle preciosa, pero incómoda. Incómoda y afeada cada día más. Águilas es tan bonita como terrible para ser recorrer tanto por peatones como por automovilistas. Águilas lo tiene todo para ser una calle atractiva: templos y palacios muy próximos, conventos, una trama estrecha, una sombra generosa… Pero hay quien se han encargado de que adquiera todos los vicios de hoy: coches, aceras inexistentes en algunos tramos y comercios con unas fachadas que son vómitos en el conjunto histórico.

El turismo parece la coartada para imponer el planteamiento más funcional a la hora de diseñar los rótulos de un negocio. Todo sea por captar la atención. Vale todo. Da igual que enfrente haya un Bien de Interés Cultural. El problema del entorno de la Catedral no es exclusivo del principal monumento de la ciudad. Al convento de Santa María de Jesús le han colocado un negocio de venta de entradas donde se combinan todos los colores estridentes que el Ayuntamiento quiere impedir en la Avenida de la Constitución, con especial predominio en este caso del amarillo chillón.

Águilas es un suplicio para caminar. Las aceras mínimas obligan a subir y a bajar constantemente. La velocidad máxima para el automóvil es de 20 kilómetros por hora. La real es de 10 kilómetros por hora. Águilas es una calle Baños pero sin Corte Inglés y con mucho turista despistado a la búsqueda de la Casa de Pilatos o de La Carbonería. Sí, es la calle Baños, pero con parte del mejor patrimonio histórico de la ciudad, lo cual no sirve de nada para que un inspector haga su trabajo y levante un acta del crimen perpetrado por quien carece de sensibilidad con los valores que hacen una ciudad sencillamente distinta de otra y, por lo tanto, digna de ser visitada.

En Sevilla falta mucha cultura del patrimonio, como España dicen que es una nación que carece de cultura de defensa. El patrimonio inmaterial de Águilas es el olor a los corazones de obispo que elaboran las monjas, es cruzarte por la acera con Ignacio Medina, duque de Segorbe, que viene de comprobar la última barrabasada en el pavimento de adoquines de la ciudad; al arquitecto Honorio Aguilar, que está ideando la enésima rehabilitación y buscando los mejores pinceles para el paño de la Verónica del Valle, al político Juan Manuel Albendea, en continua renovación del argumentario en defensa de la fiesta de los toros, o al dermatólogo Ismael Yebra, que viene de visitar alguna clausura.

Águilas es una calle de penetración a la Alfalfa, una de las grandes vías de acceso del turismo al casco antiguo. Cuidémosla de los horrores. Impidamos los atentados a su estética. Existe la mafia del taxi en el aeropuerto, como existe la de la indolencia que permite que en una ciudad con un patrimonio tan rico se cometan estas salvajadas. Tragamos con todo. Hasta con el amarillo, en una sociedad donde ya nadie se pone colorado. Perdida la vergüenza, perdido el criterio. Nunca mejor dicho lo del poco tiempo que nos queda el convento.

Golpes de maza

Carlos Navarro Antolín | 13 de octubre de 2011 a las 11:51

  • UGT aprieta para colocar al ex vicealcalde Emilio Carrillo (PSOE) como presidente del Consejo Económico y Social de Sevilla (CESS), un cargo sin remuneración pero que tiene verdaderos adeptos, como Luis Ángel Hierro, que seguiría como tal si lo dejaran. La opción de la profesora universitaria María de Pablo-Romero se ha desinflado finalmente. Era la apuesta personal del delegado de Relaciones Institucionales, Javier Landa, pero no ha sido posible.
  • Curioso encuentro un mediodía de esta semana en el restaurante Puerto Delicias del presidente de la Federación Española de Tenis, José Luis Escañuela, con el ex concejal socialista Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, alto cargo de la Consejería de Obras Públicas y Vivienda. Comieron y rieron juntos en unas fechas en que la Copa Davis da mucho que hablar…
  • ¿Recuerdan que Zoido casó a Escañuela recientemente en el Salón Colón? La ceremonia la iba a presidir el todavía alcalde Alfredo Sánchez Monteseirín, pero al final las gestiones al respecto fueron detenidas ‘en favor’ del entonces líder de la oposición y actual alcalde.
  • Oído en la calle San Fernando. “A José Luis Sanz le gusta mucho el Senado. Sólo te digo eso. Arenas tiene claro que Antonio Sanz es el único que tiene asegurado hoy un asiento en el consejo de gobierno si el PP llega a San Telmo. A su otro Sanz, el alcalde de Tomares, tiene que dejarlo bien colocado. El campeón es un amante de los equilibrios entre sus leales”.
  • Y más: “El sexto puesto en la lista al Congreso por Sevilla no era para Adolfo González. Ya verás cómo es para alguien de peso en la provincia. A Adolfo le hubieran ofrecido el séptimo en cualquier caso. Y es lógico que se haya ido. Para los dos obligados puestos de salida para féminas, apunta el nombre de cierta militante destacada en Bormujos”.
  • Coda: “En el PP andaluz ya se dice como en los toros se decía con Paco Ojeda. Unos vienen y otros van, Albendea siempre está”.

Cuando la Universidad gana y la política pierde

Carlos Navarro Antolín | 10 de octubre de 2011 a las 13:54

Adolfo González ha ido esta mañana a hablar con el rector de la Universidad de Sevilla para solicitarle su reincorporación a la actividad docente, que para eso es profesor con plaza propia desde hace años y no ha necesitado de extrañas influencias para acabar la carrera a trompicones, como otros (y otras) del PP y del PSOE, que de los flojos no se libran en ninguna casa. Deja la política quien hace ocho años entró en ella de la mano de Javier Arenas, cuando el PP soñaba con perpetuarse en la Moncloa por medio de Rajoy, un sueño roto dramáticamente con el atentado del 11-M. González fue vicerrector con Miguel Florencio, unos años en que mostró sus virtudes y habilidades de tal forma que oyó los cantos de sirena de los dos grandes partidos. Finalmente se incorporó como independiente al PP con clara proyección de asumir tareas de gobiero, no para estar en la oposición. Pero se quedó en ella, trabajó y hasta repitió. Ocho años dedicados a interpelar al gobierno como pocos. Ahí están los resultados objetivos. Estadística, se llama. La confección de las listas lo ha dejado fuera. Al encabezarlas un hombre, el señor Montoro, se han reducido las posibilidades de que Adolfo González vaya en un puesto de salida, pues Arenas tiene que combinar la obligada presencia de dos mujeres entre los cinco primeros puestos con sus compromisos con Ricardo Tarno y Juan Manuel Albendea. Solución: el diputado González tendría que aceptar en esta ocasión ir el sexto, después de que en 2004 fue el tercero y en 2005 el cuarto. Téngase en cuenta que el PP nunca ha pasado de los cinco diputados por Sevilla. Sólo consiguió tal cifra en 2000 con la mayoría absoluta de Aznar. Todo apunta a que González no quiere hacer de cangrejero más que en Semana Santa. Su vida está resuelta. Y hay veces que uno no está ya para bajar peldaños. Ni debe bajarlos. Hay que reconocer que el diputado González ha practicado eso tan difícil en política del Ya estoy yo en mi casa. Sólo queda ver cómo se lo toma el campeón, que no está muy acostumbrado a las espantás, sino a todo lo contrario. A ver si le dice ahora eso de Adolfo, tenemos que comer… La Universidad recupera un profesor. La política pierde a una persona valiosa. Gaudeamus igitur.