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Colegio de Abogados: el posgallardismo

Carlos Navarro Antolín | 1 de julio de 2014 a las 13:01

entrevista Decano colegio abogados Jose Joaquin Gallardo
Hay entidades de la ciudad que son como cofradías sin santos, con sus juntas de gobierno, sus ritos, sus elecciones con varias candidaturas, sus problemas con los censos y el voto por correo, sus familiares, parientes y afectos colocados, sus mentideros, sus filtreos con el poder establecido en el Ayuntamiento o en la Junta de Andalucía, sus intentos por perpetuarse en el sillón y, cómo no, su chaqué en el Santo Entierro de las vanidades, ese cortejo que lleva por delante a la Canina y por detrás los tiros largos, que es como empezar a ver la película por el final. Hay entidades que tienen miles de miembros como miles de hermanos tienen algunas de las hermandades de mayor relumbrón, esas que también han expuesto a sus sagradísimas imágenes en situaciones embarazosas, con sus devotísimos titulares rodeados también de batas blancas, bisturíes y profesionales de la restauración, pero contra las que no ha habido lo que hay que tener para meterse. Al puritanismo militante se le ha ido estos días la fuerza en arrearle a Los Panaderos, que es lo fácil, y en no tener memoria de antes de ayer por la mañana cuando se trata de tocarle los costados a las grandes so pena de no ser invitados a las bajadas. Algunos criticones se merecen un tequiyá del tamaño de su cobardía, tan grande como la campana de San Cristóbal.
Pues entre esas entidades que hay en la ciudad que son como cofradías está el Colegio de Abogados, con su entrega del bastón a la Concepción en la mañana del Jueves Santo, sus balcones engalanados en los días grandes, su boletín con la tira de fotos de su decano y oficiales de junta y con todos esos perejiles de solemnidades y cromos en la prensa. Los hay estos días convencidos de que José Joaquín Gallardo se despide del decanato después del verano, que por eso el alcalde le ha colgado la medalla de Sevilla el pasado 30 de mayo. ¿Que cuanto lleva Gallardo de decano? La tira. Perdón, la toga. Los hay que hemos conocido tres Papas, cinco presidentes de la Junta de Andalucía, dos reyes y dos arzobispos, pero un sólo decano del Colegio de Abogados de Sevilla. Gallardo es al Colegio de Abogados lo que Tomás Pérez al Silencio: cuarenta años de hermano mayor. Más tiempo en el sillón que Gallardo sólo debe llevar Ángel María Villar en la Federación Española de Fútbol.

-¿Quién fue decano de los abogados de Sevilla antes que Gallardo?
-Eso es tan antiguo que no viene ni en google, sabe usted.

Pues ya hay movimientos serios en la abogacía sevillana para forjar la candidatura del posgallardismo. El elegido por un sector de la abogacía es Tomás Gamero, al que animan a visitar esos despachos alejados del casco antiguo donde está el voto que bien agitado tiene capacidad para poner y quitar decanos. Es como el voto de las hermandades de la sección de gloria, que si dicen que no jaman a uno para presidente del Consejo, tengan por seguro que ese uno se come lo que dijimos del tamaño de un castoreño. Gamero tiene sus gameristas empeñados en darle un giro al colegio y tiene su particular equipo de Arriolos especializado en elecciones colegiales en otras capitales de España. Y Gamero dice que el día del festejo estará en el patio de cuadrillas para hacer el paseíllo electoral se presente quien se presente, tanto si Gallardo cambia de opinión durante agosto, como si su delfín Óscar Cisneros intenta dar el salto. Porque en esto de los colegios también hay coadjutores con derecho a sucesión. El caso es que si Gallardo realmente se va, para muchos se habrá acabado eso que ahora se da en llamar un ciclo. Y los tontos del ciclo, que llevan un mes en reproducción incontrolada, podrán decir que se ha acabado un ídem en el Colegio de Abogados de Sevilla, como en la monarquía parlamentaria o en la selección española. Yo, como Santo Tomás, creo que aún podemos conocer otro Papa, otro Rey y hasta otro presidente de la Federación Española de Fútbol antes de dejar de oír esa pregunta que Gallardo hace cuando le suena el teléfono móvil: “¿Eres compañero?” Y así reciben un trato personalizado los siete mil abogados en ejercicio. ¿O por qué cree que alguien arrasa en las urnas cada vez que se presenta?