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Lipasam y el Lunes de Resaca

Carlos Navarro Antolín | 29 de enero de 2013 a las 5:00


Que en la mesa de negociación de un convenio laboral de cualquier empresa, pública o privada, se valore la posibilidad de que los empleados tengan que ser incentivados exclusivamente para que acudan a su puesto de trabajo es sencillamente ofensivo para esa inmensa mayoría de trabajadores que cumple con su obligación sin necesidad de sonrojantes estímulos extras. Que la dirección de una empresa cualquiera se pliegue a pagar 1.400 euros anuales a cada uno de los trabajadores que no falten al trabajo sin causa justificada es sencillamente vergonzoso. Y que encima se haga con dinero público es sencillamente reprobable. Estamos de saldo con la sencillez, oiga. El denominado plus por no absentismo, que se está pagando desde hace años en Lipasam, equivale en el terreno laboral al denominado Lunes de Resaca en el calendario festivo de la ciudad. ¿Recuerdan aquellos Lunes de Resaca que después se ennoblecieron y tornaron en Lunes de Guardiola y que ahora han quedado en Lunes peladitos y mondaditos? Ese día de descanso tras la Feria oficializaba que los sevillanos necesitan un día para dormir la tajá antes de volver al puesto de trabajo, ergo reconocer que hay empresas públicas en las que se necesita un acicate (contante y sonante) simplemente por acudir al centro de trabajo ya me dirán ustedes lo que oficializa: la poca… Poquísima. Las loables conquistas sociales no pueden consistir nunca en que haya que pagar para garantizar la mera presencia del trabajador, dejando aparte el rendimiento y los resultados. Cuenta un sindicalista que ese plus hubo que instaurarlo ante el creciente absentismo en la empresa por la dureza del trabajo en la calle, en horario nocturno y con el clima jugando en contra en muchas ocasiones. Que Canorea y Valencia paguen a Morante el Domingo de Resurrección un plus por no acojonamiento ante el toro. Y no digamos el Domingo de Feria, que son de Miura, mire usted. Los de Zahariche merecen un plus playero. Pero no para irse a Matalascañas y quitarse del cartel, sino para aguantar el sistema nervioso ante la cornamenta playera de toros tan agalgados.
Tal vez el panorama actual no es más que la resaca de los años grandes, cuando los gobiernos municipales disparaban con pólvora del rey en las mesas de negociaciones para garantizar la paz social. Cuantísimos dirigentes no aparecían como hábiles negociadores cuando no habían hecho más que firmar un cheque. Se acabó la pólvora, se esfumó la paz. Cuando la pólvora sale por la puerta, la paz se pira por la ventana. Contra la resaca ya se sabe: agua, aspirina y café. Y pasar la vergüenza de haber metido la pata. Como pedir cobrar por simplemente llegar a la hora obligada.

Al sheriff Cabello le sobran los autobuses

Carlos Navarro Antolín | 5 de noviembre de 2012 a las 5:00


Los autobuses urbanos ganan dos millones de viajeros como consecuencia de la ampliación de seis líneas. Qué alegría. Con la mala cara que tenía hasta hace poco ese paciente llamado Tussam, que a puntito estuvieron de darle la extrema unción. Hasta hace poco tiempo no había día que no llegara el parte médico habitual del enfermo: que si había problemas de liquidez para pagar las nóminas, que si un recorte del 5%, que si los eventuales van o vienen, que si el solar del Prado de San Sebastián era la solución… Se encontraba uno por la calle con aquel gerente llamado Carlos Arizaga y daban ganas de acompañarle en el duelo. Carlos, te acompaño en el sentimiento, le decían las plañideras. Y de pronto, zas, cesaron todas las informaciones de alarma. No es que hayan llovido millones en las cocheras, pero debe ser que Mr. Torreglosa, el actual gerente, ha logrado la paz social, una especie de paz torreglosiana al estilo de cierto gran emperador romano. Las pulgas ahora han cambiado de perro. Oiga, átelo que muerde. Y los problemas los tiene Lipasam, que se ha convertido en la Villabajo de las empresas municipales. Esta semana hay que ponerle una velita a San Judas por el sinpar Paco Pepe, gerente de la sociedad municipal que tiene las cuentas en regla pero a los trabajadores con berrinche. Y eso está feo, porque el alcalde tiene en la infantería (policías, barrenderos y conductores de Tussam) su gran baza en los tiempos de crisis en los que ya no se ventea el humo del urbanismo. Uf, qué humo… Abran las ventanas. Pero la estrella de la semana es el delegado de Seguridad y Movilidad, el sheriff Cabello, que ha destacado los buenos resultados de las líneas de Tussam, cuyos autobuses son una prueba irrefutable de la alianza de las fuerzas del Más Allá, porque ya me dirán cómo siguen andando estos autobuses con la losa económica que tiene la empresa encima, cuya capacidad de ahorro está anulada por las nuevas contrataciones a pesar del plan de ajuste. Eso de ver al sheriff hablando de los autobuses da un poco de calor, porque a este hombre lo de la movilidad le gusta lo mismo que la sangre encebollá a uno que yo me sé. Con lo feliz que estaría el sheriff haciendo sólo de sheriff, con sus policías, con la ilusión de tener cuanto antes una unidad de antidisturbios, con esos motoristas multando más pesados que una mosca en un bar de playa, con el nuevo ponemultas dando vueltas por el centro… Hay que hacer la carta al Rey Zoido. Y que no le echen al sheriff más autobuses, sólo policías. ¿Y el carbón? El carbón ya se lo lleva Lipasam. Si para entonces no están de huelga, claro.

Ser gerente de Lipasam conlleva riesgos para el hígado

Carlos Navarro Antolín | 9 de julio de 2012 a las 18:42

Sabíamos que para ser director general en el Ayuntamiento o gerente de una sociedad municipal u organismo autónomo en el zoidismo imperante se requiere ser funcionario o estar dispuesto a asumir una bajada de sueldo. Así nos lo vendió el gobierno en sus primeros cien días. Lo que ignorábamos es que en ciertos casos hubiera que tener un hígado capaz de funcionar a pedales si es preciso. Vamos, un hígado con piloto automático. Un hígado con memoria. El alcalde estuvo glorioso cuando decretó el fin de la política en los reservados de los restaurantes, para gran disgusto de Jesús Becerra y sus colegas de la hostelería. Y es verdad que se acabaron, vaya que si se acabaron. Tan es así que si usted se encuentra a un concejal del gobierno, haga como en el antiguo régimen con los pobres, que había que sentarlos en su mesa por Navidad. Pues ahora, invite a un teniente de alcalde al café con la media tostada cuando los vea vivaqueando por la Plaza Nueva. Ellos se lo agradecerán. Porque el alcalde los ha dejado tiesos en el presupuesto de prebendas. Pero aún queda quien resiste ahora y siempre a las restricciones, como la aldea de los locos galos con los romanos. El gerente de Lipasam sigue cultivando el estilo antiguo, aquel por el que había que comerse muchos langostinos para llevar los garbanzos a casa. Resulta que don Paco Pepe, que así se llama tan eficaz gerente, ha logrado que los caballos de coches de punto lleven pañales, lo cual estaba en las asignaturas pendientes de la ciudad. Un logro histórico, que diría uno de esos tontos de la historia para los que casi todo es histórico. Y don Paco Pepe ha escrito un correo electrónico interno en el que felicita a toda la compañía, saca pecho cual novillero triunfante y hace balance del camino espinoso que ha recorrido para alcanzar tan anhelado objetivo:

“Nos reunimos con ellos [los cocheros] por primera vez en un bar del Barrio León, reunión de la que mi hígado aún guarda recuerdo, no entremos en más detalles”.

¡Toma, eso es un gerente de los de toda la vida! Que los de ahora mucho pañuelito visto en la tiradora, muy bien afeitados y muy discretos, pero son como la nueva curia de Palacio: ni se les ve, ni se les nota. Menudo sopor. Don Paco Pepe arregla las cosas como hay que arreglarlas. Y al hígado ya le daremos espinacas. A este hombre lo ponía yo al frente de la misión diplomática de Gibraltar, que seguro que lo arreglaba con la misma eficacia que le ha puesto los dodotis a los equinos, cuyas cacas algunos consideraban poco menos que bien de interés cultural. Pero para la próxima, ya sabe lo que tiene que hacer don Paco Pepe: un poquito de benadón 300 mg. Y a disfrutar de la Feria…sin cacas de caballo.

¿Por qué tragamos tanto polvo esta Feria?

Carlos Navarro Antolín | 25 de abril de 2012 a las 13:36

Traga polvo el toro que es flojo de remos y pierde la manos. Y tragan polvo estos feriantes de fin de mes que son víctimas de un otoño y de un invierno sin lluvias, de la ausencia del mágico cloruro de calcio en el baldeo de las calles del real y del calor que acompaña este arranque de fiesta. Los feriantes parecen más bien peregrinos del Rocío surcando las arenas. Quien estuvo el martes en la Feria sabe de lo que hablamos. A Lipasam hay que rogarle la aplicación urgente de ese cloruro cálcico que mantiene humedo el albero por más tiempo que si se riega exclusivamente con agua, que impide el secado rápido y que, por lo tanto, evita la sensación de suciedad en el ambiente. Quién sabe si el cloruro ha caído como consecuencia del plan de ajuste. O se aplica con urgencia, o tendremos que llevar el pañuelito propio de la Raya Real. No es bueno comer tortilla con arena. O tendremos que decir de la Feria como dijo aquel del Rocío: “No vuelvo hasta que la alicaten”.

Ya era hora de una Alameda sin hora

Carlos Navarro Antolín | 13 de febrero de 2012 a las 22:18

La concejal del distrito Centro, Amidea Navarro, se ha comprometido con los vecinos de la Alameda a tomar las medidas de seguridad oportunas para proteger de los vándalos el reloj que fue instalado en el sector más próximo a la calle Amor de Dios. Dicen que ya no da la hora por culpa de los gamberros. Ocurre en esta historia como con ciertos robos que resultan oportunísimos. Cuando los cacos entran en ciertas iglesias siempre hay quienes preguntan con su mijita de colmillo si no han aprovechado para llevarse a esa virgen de rostro avinagrado o a ese crucificado con las manos como garras. Pues pasa algo similar. Igual que en buena hora le roban a uno algo que no sabía cómo quitárselo de encima, hay que reconocer que hay vándalos que son una divinidad, que son la mar de oportunos. Son como una reedición del buen ladrón, pero en su versión del buen vándalo. Porque este reloj ‘ajirafado’ de la Alameda de Hércules es como ese jarrón chino que a usted le enviaron por su boda y le estorba hasta en el trastero. A la Alameda le pusieron en tiempos de Monteseirín una estética amarillenta de paciente con hepatitis. Y al final de la obra le clavaron a la pobre este reloj de hotel ‘Enehache’ como rejonazo de muerte a un espacio urbano histórico y como final a una remodelación modernísima y estupendísima. Así que Doña Amidea podía aprovechar la coyuntura porque los vándalos se la han puesto como a Fernando VII. Urge mandar a una cuadrilla de Lipasam a quitar este reloj modelo ‘Robocop’. Plante usted varios arbolitos en su lugar, que luego los vecinos se dedican a la jardinería las mañanas de los domingos porque dicen que Zoido no pone árboles. Y el reloj lo coloca usted junto a los contenedores una de estas noches que ya verá como se cumple aquello de que en diez minutos se lo ha llevado el chatarrero. O los vándalos. Los buenos vándalos, que estarán a la derecha en el paraíso. Huy, la derecha…

A falta de dinero, policías y barrenderos…

Carlos Navarro Antolín | 27 de septiembre de 2011 a las 13:28

Eso que ha hecho el delegado Demetrio Cabello de meterse en el patrullero y presentarse con la Policía Local en la zona cero de una macrobotellona repentina e itinerante no es nada nuevo. Manologarcía, hoy hermano mayor de la Macarena, lo hizo cuando estuvo al frente de la Delegación de Seguridad Ciudadana, en aquellos años previos y posteriores a la Exposición Universal. García peinó no pocas veces aquella conflictiva Plaza del Cristo de Burgos, tomada por unos ocupantes que no estaban precisamente alojados en colegios mayores de la Universidad de Sevilla. Cabello desplegó ayer a sus hombres sobre una marea de desperdicios y botellas. En la Plaza del Salvador sólo faltaba la música de acción. Llegaron, vieron y poco más. Porque poco más se puede hacer (¿O poco más les dejaron hacer?) A las diez y media de la noche la botellona del Salvador estaba más que disuelta y aquello tenía el mismo aspecto de suciedad que la carrera oficial de Semana Santa recién pasada la última cofradía de la nómina. Los últimos jóvenes vivaqueaban por una calle Pérez Galdós de mugre y destilados esparcidos por las aceras. La imagen que queda es la del niñaterío desahogado y vociferante recibiendo con alegría a unos agentes cuya presencia ya cohíbe a pocos. Pero ese es otro problema más profundo. La táctica del gobierno sigue siendo la misma. A falta de dinero, policías y barrenderos. A los hombres de Cabello los vamos a ver muy a menudo. Cabello es ya como los pasos de palio. Detrás de él y sus hombres, viene el camión de Lipasam.

Oído en Lipasam

Carlos Navarro Antolín | 16 de diciembre de 2010 a las 19:29

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“Lo de aquí sí que es para abrir la caja negra. Te aseguro que hay otros enchufes escandalosos en esta misma empresa. Está totalmente contrastado lo de la colocación de la sobrina de Alfonso Mir. Para la inmensa mayoría de nosotros es una auténtica vergüenza que la sobrina del vicepresidente ejecutivo de la compañía haya entrado a dedo. Estábamos esperando que tarde o temprano saltara la historia, como estamos seguros de que saldrán las otras que te digo. Lo que pasa es que hay gente que está protegida. No sabemos bien por qué, pero hay casos que sospechamos que no saldrán nunca. Igual que existen testigos protegidos, hay también enchufes protegidos. Como te lo cuento. El caso de la sobrina de Mir tiene otro capítulo. A esta trabajadora la eligieron casualmente para realizar un máster en ingeniería medioambiental en la Escuela de Organización Industrial. Un máster de 16 meses pagado íntegramente por la empresa municipal. Sí, sí, es cierto que no es la única trabajadora que lo ha hecho, pero a ella la eligieron para hacerlo y a otros no. Otro día te contaré asuntos de viajes a Venezuela y los nombres de esos otros enchufados. Y fíjate como en todos los casos van a ir diciendo que se trata de profesionales de reconocida solvencia. Si son tan lumbreras como dicen, ¿por qué no hicieron oposiciones?”

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Sobrinos de quita y pon

Carlos Navarro Antolín | 9 de diciembre de 2010 a las 9:35

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Primero fue con una caseta de Feria, cuestión especialmente sensible en una ciudad como Sevilla. Se lió y gorda por aquel entonces. Hubo mucha pérdida de nervios. Aquella polémica puso al borde del descontrol a algún miembro del gobierno y hasta a alguno de la oposición cuando el concejal socialista Francisco Fernández aplicó el socorrido Y tú mas en un Pleno de agrio recuerdo. Y ahora es con una sobrina que por momentos no es sobrina (“Es de mi mujer”) pero que al final resulta que sí es sobrina y que todo el mundo en la empresa la tiene como su sobrina desde que ingresó en ella en 2007.

Dice el teniente de alcalde Alfonso Mir que su sobrina, que efectivamente lo es, entró de becaria en Lipasam como otros cientos de jóvenes, pero, oh casualidad, ella fue la que obtuvo un contrato en 2009 (término casi en extinción) cuando, oh también casualidad, se quedó un puesto vacante por una prejubilación (no confundir con esas otras prejubilaciones que usted se piensa).

Lo peor, o lo más impactante de todo, es una de las respuestas obtenidas al realizar una llamada telefónica para interesarnos por el asunto de la sobrinísima: “Hace ya tiempo que esperábamos esta llamada”. Cuando el dinero público está de por medio, el vicepresidente ejecutivo de una empresa municipal no debe contratar a dedo a su sobrina. Aunque diga que no es su sobrina. Pero al final resulte que lo sea. Sobrinos, lo que se dice sobrinos, tienen ciertos curas. Y ya se sabe que esos siempre, siempre, son sobrinos. Indiscutiblemente sobrinos. Y nada más que sobrinos. Y está visto que los sobrinos de algunos políticos son de quita y pon. Deben ser como las casetas.