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Virginia Pérez irá de número uno por Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 10 de octubre de 2018 a las 6:00

PABLO CASADO INAUGURA LA NUEVA SEDE DEL PP PROVINCIAL DE SEVILLA

Cambio de roles con importantes consecuencias porque los puestos son limitados. No caben todos. Los movimientos, los nervios y la tensión ya son patentes de cara a unas listas que serán oficiales el 24 de octubre. La presidenta del PP de Sevilla será la número por Sevilla a las elecciones al Parlamento de Andalucía del 2 de diciembre. Virginia Pérez Galindo (Sevilla, 1979) liderará una candidatura en la que se da por hecho que el PP obtendrá cuatro actas de diputados de los 18 posibles por la circunscripción. Nadie podrá negarle a Pérez el puesto a riesgo de abrir una herida de imprevisibles efectos. El PP, por lo tanto, tendrá un nuevo portavoz en la Diputación Provincial tras los comicios andaluces. Se tratará de Juan de la Rosa, secretario general del PP de Sevilla que, aunque procede del bando perdedor del congreso provincial, tiene plena sintonía con la actual presidenta.

Los cuatro diputados del PP por Sevilla en la actualidad son Juan Bueno, ex presidente provincial; Patricia del Pozo, vicepresidenta del Parlamento y destacada arenista; la arquitecto y ex concejal Alicia Martínez y el veterano Jaime Raynaud. Este último es el único de los citados que formó parte del grupo que alcanzó el control del partido a raíz del polémico congreso provincial. Raynaud es, de hecho, el director de la campaña de Beltrán Pérez para las elecciones municipales de mayo de 2019. De momento no se ha pronunciado sobre sus intenciones de futuro: si desea repetir o continuar en el Parlamento. Es uno de los diputados que mejor controla los temas urbanísticos y de reordenación del territorio. Se da también por hecho que en los puestos de salida irá Toni Martín, uno de los escasos sevillanos que prestó su apoyó al malagueño Juan Manuel Moreno Bonilla a su llegada a la presidencia del PP andaluz. Martín ha sido senador autonómico por un breve período de tiempo hasta que tuvo que cederle su acta al gaditano Antonio Sanz tras la moción de censura que desalojó al PP del Gobierno de la Nación de forma traumática. Sanz pasó de delegado del Gobierno en Andalucía a senador en la Cámara Baja junto a su gran mentor, Javier Arenas.

Virginia Pérez procede de las Nuevas Generaciones del partido. Abogada de profesión y concejal en Gines, desde 2008 es diputada provincial. Y desde 2015 ejerce de portavoz.

El ausente

Carlos Navarro Antolín | 8 de noviembre de 2015 a las 5:00

Encuentro provincial del PP en Tarifa
CON el silenciador de un viernes por la tarde. Al padre natural lo han dejado fuera de la fiesta. No tiene silla asignada en el reservado de los ocho cabezas de lista. La dirección estaba equivocada y el tarjetón se extravió. En la última fiesta, tras la esquina esperó el momento, que diría Mecano, y se coló en las autonómicas por la puertas trasera del cuarto puesto por Almería. Se subió al carruaje en marcha apoyando un pie en el pescante, se alzó apresurado al peldaño trasero del camión cuando el silbido para reanudar la marcha ya había sonado, se presentó por sorpresa como el cuñado fatiga que marca las conversaciones de la cena y obliga a retranquear las posiciones y a sortear de nuevo a quien le toca la pata de la mesa.

Es el padre natural de la derecha andaluza. Y lo han dejado fuera de la listas de las elecciones generales. Javier Arenas no se presenta a los comicios del 20-D. O no lo presentan. Ni siquiera por Almería, dorada A-92. En Oriente siempre le han lamido las heridas provocadas por la crueldad del centralismo de la Sevilla Eterna. Esta vez no le han hecho hueco al Congreso de los Diputados –con derecho a consomé de Lhardy y a dedito de destilado en el Palace– donde se cuecen las habas de la política nacional. El presidente del PP andaluz, Juan Manuel Moreno Bonilla, puede presumir de un hat-trick inesperado. Ha sacado de las listas andaluzas a Arenas y al ministro Montoro, y ha orillado a Celia Villalobos al segundo puesto por Málaga, lo que supone un castigo para la orgullosa y siempre polémica ex-alcaldesa, cuyo principal blindaje procede ya del por ser vos quien sois:la mujer del druida a sueldo de Génova, Pedro Arriola.

El PP de Sevilla sin Arenas (o con Arenas mal colocado, por mucho que sea vicesecretario general) parece estar en manos de una troika formada por Juan Bueno, presidente provincial y diputado autonómico; Ricardo Tarno, uno de los discípulos predilectos de Arenas y ex-alcalde Mairena del Aljarafe, y José Luis Sanz, senador, alcalde de Tomares y principal víctima de la enemistad de Arenas y Dolores de Cospedal, pues pagó los platos rotos de esa mala relación cuando quedó descabalgado de la carrera por la presidencia del PP andaluz. Tomares parece una suerte de aldea de los galos que resiste a la malagueñización de la sede regional del partido. El tiempo dirá si hay Panoramix con receta de poción mágica contra los locos romanos de la Costa del Sol que nos quitan los turistas con un aeropuerto mucho más potente.

Moreno Bonilla (llamadme Juanma, por favor) sonríe estos días, orgulloso por haber conseguido el efecto de quien da un golpe en la mesa. Decimos el efecto, porque es cierto que la fuerza de las circunstancias le han acompañado, algunos vientos soplaban a favor de la querencia de librarse, al menos en parte, de la alargada sombra del ciprés de Olvera. Arenas da mal en las encuestas electorales. No es que haya dado bien nunca, salvo en las autonómicas de 2012, cuando la Armada Invencible de la derecha andaluza, sin debate y con mensajes planos por el arriolamiento imperante, acabó como el gallo de Morón. El caso es que aseguran que Arenas da cada vez peor en los sondeos. Pero eso también le ocurre a varios ministros y veteranos de la política. No es patrimonio exclusivo de Javié. El factótum del PP andaluz viaja en la actualidad en un avión con uno de los motores despidiendo un inquietante humo con olor a Gurtel, sin que aún se pueda descartar la necesidad a medio plazo de ejecutar maniobras de aterrizaje brusco. En política primero se suelta lastre o se orilla la mercancía sospechosa, y después se acuerda decir que se ha alcanzado un acuerdo para un mejor destino o que se va a aguardar para abrir los paquetes. Así funciona un teatro donde Arenas es un viejo conocido. Casi podría decirse que él inventó el teatro en el caso del PP andaluz, como cuando una tarde de Corpus despachó la carrera municipal de Jaime Raynaud, uno de sus soldados más fieles y de mayor solvencia política y técnica, por medio de un teletipo que citaba fuentes del PP, esas fuentes anónimas a las que sigue siempre un comentario de cierto lector:

–Las cosas del Arenas…

Parece que quien las da una tarde cansina de Jueves de Corpus, las recibe una tarde de viernes con liturgia de luz baja de noviembre.

El gran hacedor de listas y equilibrios en tardes de café en el Alfonso XIII o en la barra de Antares, el gran maestro directo, o indirecto por efecto de la admiración generada, de todos y cada uno de los que hoy pululan por la sede del PP de Sevilla; el gran habilidoso al ganarse el favor de Ana Botella en los tiempos monclovitas, el árbitro de la sucesión del Tío del Bigote (Linimento Aznar), el padrino de tantos bautizos políticos y de tantas alternativas políticas de andaluces en Madrid, el mejor vendedor de influencias de Despeñaperros hacia abajo, reales o ficticias (“ayer, precisamente, cuando me llamó Mariano…”), el gran controlador de las listas de los concejales de los pueblos de Sevilla y de media Andalucía, el que se sabe los nombres de los conserjes de todas las sedes y sabe obsequiar afectos con apretones de mejilla, el brillante orador de mítines en poblaciones perdidas de la sierra y en esos totales de cazadora y veinte segundos de telediario dominical… Lo han dejado fuera de las listas de las elecciones más apasionantes quizás (por inciertas) desde la Transición. Es el gran ausente del 20-D en Andalucía.

Arenas se conforma, dice, con seguir como senador autonómico. ¡Pequeña presa para tan probado lince! ¿Quién compra hoy esa carne de membrillo en el Puente Genil del PP? La Cámara Alta es poca pista para tanto artista, máxime cuando el pujante Albert está dispuesto a dinamitarla para que deje de ser el cementerio de paquidermos, el burladero de políticos amenazados por el pitón de la justicia, el acudidero de portavoces de la oposición municipal necesitados de sueldos.

El PP sevillano estaba haciendo frívolas quinielas sobre si Tita Astolfi estará en puestos de salida al Congreso de los Diputados, lo que se asegura que sólo será posible si llegara una orden directa de Rajoy, cuando se encontró con que Arenas perdía la silla. Presume el partido de una renovación de los cabezas de lista superior al 60% en España. ¿Es renovación quitar a Montoro y poner a Zoido? ¿Acaso colocar a Cospedal de número uno por Toledo?

La segunda fase del intento de Moreno Bonilla por parecer que manda será en el congreso nacional de marzo, después de las elecciones. Los idus se presumen de interés. Si prospera su propuesta de establecer la prohibición de acumular cargos institucionales, ya esbozada en una de esas conferencias políticas donde todos sonríen y siempre se quedan completos los platillos de caramelos, estará obligando a Arenas a elegir entre el Senado o las Cinco Llagas, como estará forzando a Zoido a elegir entre ser diputado o portavoz del Grupo Popular en el Ayuntamiento. En la práctica, los estará obligando a quedarse en Madrid. Como a otros políticos andaluces que hoy respiran aliviados por haber cogido plaza en el AVE de la lista electoral (“¿Café o infusiones?”). Si el PP vive una feliz Epifanía y logra formar gobierno, todos los pájaros comerán trigo, las bolas de ministerios, secretarías de Estado y direcciones generales estarán en el bombo, los sillones de las empresas públicas estarán disponibles, y tal vez el destino aguarde para el gran ausente el lugar de relumbrón, al menos en el protocolo del Estado, que hoy ocupa Pío García Escudero, siempre y cuando no vuelva a roncar el motor del avión donde viaja este viejo conocido de la vida pública andaluza. Pero las cábalas casan mal con una política en la que la renovación para no morir consiste –ironías del destino– en agarrar el acta que da oxígeno cada cuatro años. Arenas sólo la tiene hoy como número cuatro por Almería en el Parlamento Andaluz. Y su condición de senador autonómico está en manos del muchacho de Málaga que, según Rajoy, se empeñó en querer pilotar el partido en Andalucía. Moreno Bonilla fue útil entonces para prestar el servicio de orillar a Zoido y Sanz, que osaron limar el arenismo de la estructura regional. Pero el servicio ha salido respondón. O hace como que responde. Que en política lo importante es parecer, que el avión no pierda altura y poder contar que ayer me llamó Mariano. Sin Arenas ni Albendea en la lista, España se rompe. La culpa es de los viernes por la tarde. Culebreo, luego existo.
JAVIER MAROTO SE HA CASADO ESTA MAÑANA EN EL AYUNTAMIENTO DE VITORIA

¡Cómo cuida Javié a los de Almería!

Carlos Navarro Antolín | 18 de octubre de 2015 a las 5:00

arenas
Mientras el PSOE se dispersa con el fichaje de Irene Lozano, en el PP están pendientes del reparto de bollos, vienas y otros mendrugos. ¿Quién será el número uno por Sevilla? ¿Zoido? Depende de lo que haga Javié. ¿Quién será el número uno por Almería? ¿Hernando? Depende de lo que haga Javié. ¿Quién será el dos por Sevilla y por Almería? Depende de lo que haga Javié. Preguntar en el PP andaluz por las listas en ciertas circunscripciones es que como intentar sacarle conversación a la máquina de tabaco, que aunque la menees porque se ha quedado con un euro, siempre responde amable: “Su tabaco, gracias”. Pues eso: “Depende de lo que haga Javié”. ¿Y qué hace Javié? Volver a ganar la plaza de catedrático del Culebreo, volver a venderle a todos que Mariano lo acaba de llamar, impartir el Máster sobre cómo sobrevivir a todas las derrotas, relegar a Moreno Bonilla a la condición de pequeño saltamontes del centro-derecha andaluz, tener a todos con el corazón en vilo hasta la foto finish de la composición de la lista y, sobre todo, despedir la legislatura con los diputados y senadores por Almería. ¡Cómo cuida Javié a los de Almería por lo que pueda pasar! Ahí lo tienen días atrás de almuerzo, fraternal por supuesto, con Rosario Soto, Rafael Hernando, Luis Rogelio Rodríguez Comendador (con tirantes), Juan José Matarí, Eugenio González, Mar Agüero y Carmen Navaro. Este Javié siempre tiene un pie el atrio (macareno) y otro en el desierto almeriense; un pie en el AVE y otro en la A-92. Que si se queda de senador autonómico para ser presidente del Senado en la próxima legislatura, que si Moreno Bonilla dice que Javié no manda en Andalucía (risas en off) y a los tres días dice que es un político de prestigio, brillante y de trayectoria inigualable que irá en la lista que quiera (de lo cual no nos cabe duda), que si Javié está metiéndole el dedo en el ojo a Zoido haciéndole esperar más que el dentista de la Seguridad Social… Y resulta que Javié lo que estaba es compartiendo mesa, mantel y tinto con su gente de Almería. Almería es a Javié lo que Sevilla al Rey Sabio: nunca lo ha dejado. Y todo político es como un perrillo de ojos tiernos: siempre acude al sitio donde más caricias recibe en el lomo. Llena ahí, Luis Rogelio, y pide media de queso para acabar el tinto.