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Dos alcaldes abofetean juntos

Carlos Navarro Antolín | 16 de septiembre de 2015 a las 5:00

Mercantil.
Los sujetos cambian, los roles permanecen. Los personajes permanecen, los actores cambian. En Sevilla siempre tiene que haber quien consigue hacerse fotografías con famosos de más allá de la Puerta Jerez e incluso del otro lado del océano. Todo el mundo recuerda a aquel bético junto a personajes de escaparate universal, incluido un Papa. Y todo el mundo (hispalense) se ha pasado horas este fin de semana largando de las placas que se ha hecho Luis Miguel Martín Rubio (Luismi para sus amigos y para la legión de envidiosos) en su periplo a Estados Unidos. Con Sara Jessica Parker, con Vargas Llosa, con el viudo de la Duquesa de Alba, con Cayetano Rivera Ordóñez… El personal está que trina con la nueva galería gráfica de quien ya se retrató con Bill Clinton en la Catedral de Sevilla. Es curioso: largan, pero no producen. En realidad son víctima de una triple celotipia. En primer lugar se mueren de envidia por no haber estado en Nueva York. En segundo lugar, por no haber accedido a esa fiesta anual de Porcelanosa. Y en tercer lugar, por no tener contacto directo y el desparpajo necesario para entablar conversación con esos personajes. No se ve a Gregorio Conejo, pero se ve a Luismi. Los roles permanecen.

Otro rol que ha cambiado de protagonista es el del alcalde andaluz del PP con ganas de darse paseos por Sevilla. Cuánto se echa de menos a Perico Rodríguez, que se pasaba el día en la A-49 dando barzones de Huelva a Sevilla y de Sevilla a Huelva. Rodri era más habitual de Antares que Paco Herrero. Con la coartada de ser diputado autonómico, Rodri era el verdadero vicealcalde que la Sevilla de Zoido nunca tuvo. Ay, la mayoría absoluta son los cielos que perdimos con tantísimas espadañas rotas.

-Siempre nos quedará Tomares.

La Ley de Grandes Ciudades dejó a Rodri fuera del Parlamento. Y las elecciones, sin Alcaldía. A Rodri lo ha sustituido de forma ejemplar el alcalde Málaga, don Francisco de la Torre, Paco para Espadas. Perdón, para sus amigos. De la Torre ya se ha visto con el alcalde (socialista) de Sevilla cuatro veces en menos de cien días. Una fue en la Feria de Málaga y en tres ocasiones se han visto en Sevilla, con el trabajito que le costaba venir a la Plaza Nueva cuando Zoido era el factótum del PP en el Sur de España. Pues ya ha venido al Ayuntamiento por la puerta grande, al Lope de Vega para el inicio de curso de la Loyola y al Círculo Mercantil de la calle Sierpes, donde inauguraron exposición sobre Herrera, el cardenal, no el comunicador. Son ganas de meter el dedo en el palomar, donde anida la oposición del PP municipal, desarmada de los 20 concejales. A este paso veremos a De la Torre metido en los verdes de Pineda que tanto le gustan a Zoido, invitado por el Nono García de Tejada para entregar un premio hípico, y lo veremos hasta presidiendo procesiones, que también le gustan una jartá a Zoido. ¡Al suelo que viene Paco de la Torre! El PP sevillano se lame las heridas de lo que pudo ser y no fue. Y Espadas venga a echarle petaladas al malagueño, del que dice en público que está “empeñado” en trabajar juntos, dejar de lado diferencias y el blablablá habitual de buenas intenciones con el que los dos alcaldes andaluces reparten bofetadas para Zoido, para un PP sevillano que aguarda la composición de las listas electorales con el objetivo de abrir por fin una nueva etapa, o permanecer con el barco encallado. Y las espadañas rotas.
Mercantil.

Zoido-Vázquez Consuegra, encuentro en la cumbre

Carlos Navarro Antolín | 9 de diciembre de 2012 a las 5:00


Se pararon los relojes. Se calentaron los botellines. No se habían visto desde aquellas vísperas de la huelga general, que en Sevilla ya se sabe que una víspera vale mucho más que su correspondiente festivo, una víspera se vive con una intensidad inusitada. Y un festivo casi se emplea en dormir los efectos de la víspera. Aquel 13 de noviembre se conoció que el Caixafórum no se instalaría en las Atarazanas, sino en la Torre Pelli.
Ocurrió el pasado viernes a mediodía, a esa hora peligrosísima en la que la mañana deja de serlo y la tarde aún no ha perdido luz, en ese agujero negro de la hostelería que conforman Trifón, Casa Moreno y Becerra, ese cruce entre Gamazo y Joaquín Guichot en el que entendidos en la materia aseguran que se sabe cuándo se entra pero nunca cuándo se sale. En esos agujeros negros se producen las fusiones más extrañas, los encuentros de mayor morbo y unas apreturas en las barras que son como bullas de Semana Santa en las que de forma improvisada se organiza una corriente hacia fuera y una corriente hacia dentro, señores vamos a colaborar con la hermandad para que el paso pueda avanzar.

Viernes a mediodía, decíamos. Eran las 14:45 horas. El alcalde procedía de El Portón, donde brindó con el equipo al completo de la Delegación de Hacienda tras cerrar los presupuestos de 2013. Y el arquitecto procedía de la barra de Trifón acompañado por su mujer. Para ambos el sitio era lugar de ‘segunda estación’. Juan Ignacio Zoido se marchó de la taberna de General Polavieja a Casa Moreno, santuario del emparedado y el chicharrón de Cádiz. Se tuvo que quedar prácticamente en la puerta, acodado en la barra de la zona de tienda. Le acompañaban su inseparable jefe de gabinete, Alberto Díaz, y el presidente de la Federación Española de Baloncesto, el extremeño José Luis Sáez. De pronto llegó al establecimiento Guillermo Vázquez Consuegra, el arquitecto cuyo proyecto de rehabilitación de las Atarazanas ha quedado orillado. Unos dicen que por culpa de Zoido al demorar la concesión de la licencia y empeñarse en exigir un plan especial. Otros que por la lógica y legítima decisión de La Caixa de querer darle uso a la Torre Pelli instalando en ella el Caixafórum.

Los minutos pasan. Vázquez Consuegra y su mujer salen de Casa Moreno. En la puerta siguen Zoido y su comitiva, a la que se incorporan momentáneamente algunos conocidos (Luis Miguel Martín Rubio, entre ellos) y los habituales espontáneos de parabienes o reproches. El arquitecto va con gafas de sol. De pronto, efectivamente, se calientan los botellines y se resquebraja la melva. Sin mediar saludo ni otro tipo de introito, el arquitecto irrumpe en la escena:

-Alcalde, ¿me podrías explicar por qué te parece poco serio mi proyecto para las Atarazanas?

Y Zoido, lógicamente, se extraña. No sabe si mirar los quesos o los paquetes de alubias que le rodean. Sólo falta que suene la música. Terror en el hipermercado, horror en el ultramarinos.

-Es que como has dicho que vas a buscar un proyecto serio para el edificio, debe ser que el mío no te parece serio.

Se suceden varias preguntas más, ya sin gafas de sol. “¿Conoces, alcalde, mi proyecto para las Atarazanas?” “¿Has visitado alguna vez algún Caixafórum?” El alcalde le explica que ha visitado el de Madrid. Y se entabla una conversación (llamémosla así) de 25 minutos en la que tercian de vez en cuando otras personas, conscientes de la tensión que pudiera entrañar el encuentro. Mientras, en ese trozo de barra, ya no quedan botellines, tan solo alguna copa de tinto, restos de melva y patatas fritas Perdi, la prestigiosa marca de Aracena.

Lo que el Caixafórum ha separado, lo une Casa Moreno. Por algo le llaman el agujero negro. Bares, qué lugares…