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Así cayó la cruz de los caídos de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 4 de febrero de 2018 a las 5:00

Imagen Sev9a

De la Sevilla de 1984 a la Callosa de Segura de 2018. Parece que hemos ido a peor, que hemos involucionado a la hora de abordar un período de la historia de España, que la tan bienintencionada como mal enfocada Ley de la Memoria Histórica ha tenido unos efectos perversos. En la Sevilla de 1984 no existía Lipasam, la empresa municipal de limpieza. La sociedad municipal no se fundó hasta marzo de 1986 en una escritura pública autorizada por el notario Ángel Olavarría.

Los hechos que conectan la Sevilla de entonces con la Callosa de Segura de hoy, localidad que es noticia en toda España, ocurrieron en la típica noche fría de un primero de diciembre. El año expiraba en una ciudad gobernada por Manuel del Valle, alcalde con mayoría absoluta, la única que hasta ahora ha disfrutado el PSOE. Atrás había quedado una Semana Santa marcada por la presencia de la Familia Real al completo desde la tarde del Jueves Santo y por la conocida como guerra de los chaqués. Los ediles socialistas se negaban a lucir los tiros largos en la presidencia de la ciudad de la Plaza de San Francisco al paso de las cofradías, una etiqueta que los concejales conservadores sí querían mantener. Esa primavera se había estrenado el ciclo Cita en Sevilla, que trajo a la ciudad a cantantes y grupos de primera fila nacional e internacional de rock, pop, flamenco y jazz. Fue un éxito que duró hasta 1991. Se podría decir que Sevilla dejaba paulatinamente el blanco y negro para aproximarse a su versión en color.

La ciudad aún contaba aquel 1984 con un símbolo claro del franquismo: el Monumento a los Caídos, ubicado junto a la Puerta del León de los Reales Alcázares. Se trataba de una cruz de hierro y de un monolito con la leyenda en recuerdo a José Antonio Primo de Rivera, fundador de Falange Española. No estaba en una fachada de la Catedral ni en la de ningún otro templo, como en la inmensa mayoría de las ciudades españolas, porque el cardenal Segura, como es conocido, se negó a permitirlo con rotundidad ante los gerifaltes del régimen.

El alcalde Manuel del Valle no quería ni oír hablar de la retirada del monumento. Nunca quiso firmar orden alguna, pese a los requerimientos insistentes que le hacían algunos colaboradores y funcionarios. El alcalde se mostraba siempre esquivo, lo cual tampoco extrañaba mucho a sus más allegados, conocedores de la escasa disposición de aquel político de ruan por meterse en problemas, asumir riesgos o emprender cualquier tipo de proyecto aventurado. Manuel del Valle era y sigue siendo un sevillano de un perfil discreto, extremadamente discreto.

Francisco Mir, funcionario municipal asignado en aquel momento al Real Alcázar, ya era un socialista de largo recorrido. Procedía de los despachos de la Junta de Andalucía, donde había ejercido de director general de Relaciones Políticas con los presidentes Plácido Fernández Viagas y José Rodríguez de la Borbolla. Mir apeló directamente a Manuel del Valle a finales de noviembre: “Dame un papel firmado, Manolo, dámelo y quitamos la cruz de los caídos”. Silencio del alcalde. “Dame un sí, al menos que yo oiga un sí”. Nuevamente silencio. Ni siquiera el concejal Curro Rodríguez apoyó la iniciativa. Nadie quería saber de aquello. Manuel del Valle calló… y otorgó. Rafael Manzano, arquitecto conservador del Alcázar, nada radical, de estilo señorial y de talante liberal como corresponde a un gaditano, siempre se mostró partidario de la retirada del monumento por una causa meramente estética. Paco Mir, que trabajaba día a día con Manzano, contó para la operación con la ayuda de su hermano Alfonso, que ya formaba parte del Servicio de Limpieza y que hoy es un histórico de Lipasam, empresa que años después llegó a dirigir como concejal. Ni Manzano ni los Mir eran radicales, ni podrían encuadrarse hoy en Podemos, ni nada por el estilo. Manzano es un profesional de enorme prestigio. Los Mir son veteranos socialistas que en su día se llevaron estupendamente con el cardenal Bueno Monreal, forman parte del ala más moderada del PSOE y, sirva como detalle, disfrutan de la Semana Santa con familiares muy directos vinculados a Pasión. Pero uno por estética y los otros por considerar desfasado el significado del monumento, decidieron acabar con la cruz de los caídos. Lo hicieron con nocturnidad y montando un operativo que duró más de lo previsto. En ningún momento hizo falta presencia policial, aunque hubo instantes en los que se corrió cierto riesgo…

Un camión del entonces Servicio de Limpieza del Ayuntamiento taponó la calle San Gregorio para impedir la subida de vehículos procedentes de la Puerta de Jerez. Se pretendía una maniobra rápida y sin testigos. Otro camión se colocó al inicio de la subida de la calle Santo Tomás con el objetivo de que ningún conductor alcanzara la Plaza de Triunfo desde la Avenida. Los cortes de circulación se hicieron así. Con habilidad y rapidez. Sin agentes.

Alfonso fue el que organizó los camiones para taponar el tráfico rodado. Y también fue el que llevó hasta el lugar un vehículo dotado de pala con un conductor especializado que sería el encargado de derribar el monumento a las dos de la madrugada de aquel primer día de diciembre. Hicieron falta muchas maniobras de enorme complejidad. La cruz tardó en caer. Se inclinaba hacia la muralla del Alcázar en lugar de hacerlo hacia el camión de transporte. Cuando la cruz se desplomó por fin sobre el camión provocó un gran estruendo. El impacto del hierro de la cruz con la chapa metálica del vehículo fue terrible. Despertó de forma abrupta a los vecinos de las casas próximas. En ese momento se encendieron las luces de los salones y desde aquellos balcones se oyeron todo tipo de lindezas contra los promotores del derribo: “¿Qué hacéis, canallas? ¡Rojos! ¡Sinvergüenzas!”

La localidad alicantina de Callosa de Segura lleva una semana en los telediarios nacionales por la resistencia de muchos de sus vecinos al derribo de la cruz de los caídos, una operación que en este caso se ha efectuado con la presencia de un fuerte dispositivo policial. El Tribunal Superior de Justicia de Valencia ha atendido el requerimiento de la denominada Plataforma Ciudadana en Defensa de la Cruz y ha paralizado la operación, pero lo ha hecho cuando el derribo ya se ha producido. El desmontaje de la cruz se hizo de noche, con una grúa y un camión, como se efectuó en Sevilla 34 años antes. Paradójicamente, el ambiente de crispación ha marcado la maniobra de supresión de la cruz en una localidad valenciana de menos de 20.000 habitantes a los 43 años de la muerte de Franco, mientras que en una gran ciudad como Sevilla se hizo sin apenas resistencia cuando no hacía ni una década de la muerte del general. En Sevilla no hubo más allá de unas flores y unas banderas falangistas en señal de desagravio, colocadas a la mañana siguiente del derribo por nostálgicos del régimen en el mismo lugar donde había estado el monumento. La prensa apenas dedicó una imagen del lugar vacío con un pie de foto con las explicaciones de Manuel del Valle. “Se trata de un símbolo que, en vez de unir, divide a los ciudadanos. No es acorde a los actuales tiempos democráticos. Y la ubicación no es la adecuada”. Durante muchos años, los asistentes a la misa por Franco y José Antonio que se oficiaba cada 20 de noviembre en la Catedral siguieron acudiendo posteriormente hasta ese lugar, junto a la Puerta del León, para entonar el Cara el Sol brazo en alto. Hace 34 años que no hay cruz de los caídos en Sevilla. El himno de la Falange en su versión discotequera ha ocupado varias semanas el primer puesto de reproducciones de Spotify en los Estados Unidos. Esta versión no incluye la letra, pero sí varios “¡Arriba España!” para embravecer al personal y los correspondientes efectos especiales en las salas de baile. Ahora se dice Alcázar y no Alcázares. Todo cambia, menos el león, que ruge en su azulejo. Y se echan de menos en la vida pública aquellos “rojos” moderados que se entendían con Bueno Monreal, el Tarancón sevillano. Por cierto, el Arzobispado no dijo nada de la retirada del monumento. Silencio eclesiástico, como el silencio del alcalde de ruan en los días previos.

El desaire de Alejandro Rojas-Marcos

Carlos Navarro Antolín | 23 de octubre de 2017 a las 5:00

Reunidón de los que fueron concejales del 83 al 87 y del 87 al 91,coincidiendo que fue alcalde Manuel del Valle

Existe una memoria histórica gracias a la cual algunos desayunan, almuerzan y cenan a diario, un fin muy loable, y por medio de la que también algunos pretenden ganar ahora la guerra que sus antepasados perdieron hace ya casi ochenta años, un fin absolutamente perverso que aniquila el espíritu de reconciliación de los próceres de la Transición. Ya se sabe que la mejor foto fija de España, la que nunca caduca, es la del cuadro de los garrotazos de Goya. Una foto que estaba casi con las esquinas desgastadas, con los colores en sepia, cuando el avieso Zapatero nos la puso en digital por los siglos de los siglos. El sábado se reunieron en el Ayuntamiento la mayoría de los concejales de dos corporaciones municipales, las dos que presidió Manuel del Valle como alcalde, de 1983 a 1991, nada menos que los capitulares que pusieron la ciudad a punto para la Exposición Universal. Don Juan Espadas los recibió con el cuello abierto, como Pedro Sánchez acude al Palacio Real. Y allí estuvieron también los portavoces de Ciudadanos, Javier Millán, y de Participa Sevilla, Susana Serrano. Del PP no hubo nadie, dicen que no los invitaron, estarían buscando los topos del palomar en plan rastreator. Manuel del Valle pronunció unas palabras en el Ayuntamiento, después pidió agua porque hacía calor y se la ofrecieron con toda amabilidad… en un vaso de plástico. Tendrá menaje la Casa Consistorial para tener que recurrir al plástico… Ni un jarrillo de lata, ni un vaso de plata como llevan los mozos de espada que se precian de serlo, ni un cántaro de Lebrija. Si hasta hay tazas con la heráldica de la Corporación. No es que tuvieran que estar los maceros para servirle el agua a don Manuel, pero de ahí a un vaso cutre… Lo mejor, como de costumbre, estaba por llegar. Y llegó, vaya si llegó. Don Alejandro Rojas-Marcos apareció directamente al almuerzo en el Hotel Inglaterra (50 euros por barba y para los que no tenían barba) porque alegó que no acude a actos políticos. Ojú. Recuerden que el alcalde más carismático de la democracia, el que acorraló al PSOE siendo diputado en las Cortes, tampoco aceptó la Medalla de la Ciudad que sí acudieron a recoger el andaluz inglés que es Luis Uruuela, la dama de la política que es Soledad Becerril y el gran Monteseirín (“Llamadme Alfredo”), entregadas por el hoy ministro del Interió que está a punto de coger el mando de los mossos, don Juan Ignacio Zoido. Alejandro (no hay otro en Sevilla) se presentó en el almuerzo con camiseta amarilla y chaqueta. Llegó cuando los corrillos disfrutaban del primer sorbo de la cerveza. Repartió saludos hasta que se produjo el primer minuto de oro. Luis Pizarro, aquel correoso portavoz de Izquierda Unida, le tendió la mano. Y Alejandro no se la apretó. Menudo desaire. Le dijo que no lo saludaba y que si después era necesario le explicaría a todo el mundo la causa de haberle colocado el carro de la nieve al hoy adjunto al Defensor del Pueblo Andaluz. Pizarro, conocido entonces por Luispi, fue quien se hartó de denunciar asuntos urbanísticos del PA de Rojas-Marcos. ¿Recuerdan aquella teoría del holding de empresas vinculadas a las cajas de ahorro? ¿Recuerdan las indagaciones sobre un conseguidor que aparecía en todas las recalificaciones? ¿Recuerdan que hubo quien se fue hasta el Registro de Vitoria a pedir papeles? Nada de aquello tuvo trascendencia jurídica, eran otros tiempos en los que la Fiscalía se dedicaba a otros menesteres, pero todo aquello terminó en que Soledad Becerril se negó a entregarle de nuevo las competencias de Urbanismo tras los resultados de las elecciones de 1999, por lo que el PA pegó el volantazo hacia el PSOE de Monteseirín y, cuatro años después, se hundió en los comicios de 2003 desgastado por las denuncias del “urbanismo bajo sospecha” para acabar desapareciendo definitivamente de la Plaza Nueva en las elecciones de 2007.

Pues el sábado se vio que Rojas-Marcos no olvida. Ni perdona. Tampoco se lo ha perdonado a Soledad Becerril, a la que no saluda ni siquiera si se la encuentra en una caseta de Feria, ni tampoco el otro día en el almuerzo de confraternización de los capitulares corporación municipal en la que convivieron hace ya treinta años. Lo peor de todo es que Manuel del Valle presume siempre de que en esos años existía una camaradería que ahora se echa en falta. Y el sábado volvió a decirlo. Sin que estuviera previsto, Alejandro tomó la palabra y mantuvo el tono de tensión al referir que le habían dicho que el acto era un encuentro de “amigos”, pero él precisó en público que allí había amigos, enemigos, rivales y compañeros de partido. Más tensión bien despachada. Soledad Becerril no quiso hablar, le pareció oportuno que sólo lo hiciera quien fue el alcalde de aquellos años que se recordaban en el acto. Las caras eran de póker, de domingo por la tarde o de Viernes Santo por la mañana, según los casos. El rencor histórico existe. El día que algunos consigan hacerlo rentable, tendremos un nuevo chiringuito montado. Y esta vez no se le puede reprochar nada a Arenas (Javié), que excusó su asistencia porque estaba con la cuestión catalana. Y así es. Hay homenajes que los carga el diablo y encuentros de antiguos compañeros que salen mucho más caros que los 50 euros que les cobraron por comer… malamente. Genio y figura. El alcalde que más amó Sevilla le dejó la mano colgada a Pizarro, aquel estudiante de Medicina que tan bien se llevaba con los concejales de derechas. El sábado, por cierto, se sentó con los de la antigua AP-PDP y el posterior PP. La derecha le dio cobijo a Luispi. Hay heridas mal cerradas. Y en los 50 euros no estaba incluida la copa de la casa. Que es lo peor. Mucho peor que el vaso de plástico que le largaron a don Manuel del Valle, un alcalde de ruan al que dejaron sin disfrutar de la Expo.

Reunidón de los que fueron concejales del 83 al 87 y del 87 al 91,coincidiendo que fue alcalde Manuel del Valle Reunidón de los que fueron concejales del 83 al 87 y del 87 al 91,coincidiendo que fue alcalde Manuel del Valle

Metro, un túnel sin salida para Espadas

Carlos Navarro Antolín | 9 de octubre de 2016 a las 5:00

Juan Espadas en el metro de SEVILLA
A Juan Espadas se le pone un día cara de Zoido, cuando se dedica a promocionar procesiones y a convocar el plebiscito del escarnio, y otro cara de Manuel del Valle, cuando no hay antiácido que le ayude a tragarse el sapo del Metro. Espadas con el Metro es Manuel de Valle pero sin camisa a medida ni austero abrigo largo. Del Valle llenó Sevilla de carteles para convencer a la grey de que el Metro era inviable, una campaña para decir que no había proyecto. Enseguía ahora el márquetin político que impera aprobaría una campaña igual, una campaña en negativo… El alcalde se ha metido en pocos meses en su segundo lío. Primero fue la consulta de la fecha de la Feria (¡Han cantado gol en propia meta!) y ahora ha sido el Metro, donde Espadas se ha construido su propio túnel sin salida sin necesidad de carteles ni de campañas. Manuel del Valle se salió del Metro. Espadas se vio metido y no sabe salir.

Ha dicho el alcalde esta semana en el colegio Buen Pastor, el auditorio blanco soñado por cualquier político, que las soluciones al tráfico de la ciudad no tienen por qué pasar por el Metro. ¡Ahí va, el Metro! ¡Ahí va, los donuts! El alcalde ha dicho la verdad ante un público blanco, inocente, alumnos que formularon preguntas sobre su ciudad. Juan Espadas, por fin, ha hecho la ingestión. ¡El sapo entró! No vamos a tener más Metro. Todos estos meses hemos sido nosotros, los sufridos administrados, los que nos hemos tragado los sapos de los diversos anuncios, el humo tóxico de las declaraciones y las cucharadas de sopas bobas. Sólo la Ciudad de la Justicia ha generado tanto humo como el Metro en menos tiempo. ¿Cuántas veces nos ha repetido Juan Espadas que no hay que dejar de reivindicar el Metro? El 13 de julio de 2010, cuando era el líder de la oposición, dio la razón a los vecinos de Pino Montano que llevan años exigiendo un Metro soterrado. El 9 de septiembre de ese mismo año alabó a los diez componentes del equipo de la Junta de Andalucía que han diseñado las líneas de Metro: “Cuentan con una experiencia internacional en la ejecución de metros en las principales ciudades del mundo”, por lo que todos, según Espadas, debíamos estar tranquilos ante los imponderables técnicos del trazado sevillano.

El 29 de abril de 2011, en vísperas de su primera campaña electoral, se comprometió a promover el paso de la línea 3 del Metro por San Jerónimo, caladero de votos socialistas. El 15 de abril de 2015, a un mes de las elecciones, sentenció: “Retomaré el Metro y derogaré la nueva zona azul”.

La coincidencia de gobiernos socialistas en el Ayuntamiento y en la Junta de Andalucía a partir del verano de 2015 servía en bandeja la ejecución de nuevas líneas de Metro. Ya no cabía la confrontación entre ambas administraciones. Zoido ya no estaba. Espadas sería un nuevo estilo, por fin había llegado el gestor a la Plaza Nueva como el tapicero a su ciudad, señora.

El pasado 27 de julio, metidos en las calores y sin sombra en la Avenida, el alcalde exigía financiación para el Metro al gobierno central, que todos sabemos que está en funciones y que tiene las manos atadas, pero el rigor es lo de menos. Se trata de confrontar. De hacer ruido, de vivir de la renta efímera de un titular, de echar el balón a la olla de las administraciones para señalar a todas y a ninguna a la vez . Espadas se ponía gallito ante el Ministerio de Fomento cuando la Junta de Andalucía ya daba por perdidos los proyectos de nuevas líneas, cosa que destapó recientemente este periódico. Sevilla tiene Metro, sí. Literal. Una única y solitaria línea de Metro. El 22 de septiembre, Espadas tildó el crecimiento de la red de Metro de “irrenunciable”, pero advirtió que la ciudad no estará parada mientras se inician unas obras ya descartadas por la Junta. Y tanto que Espadas no está parado, por eso agita el sonajero de la ampliación del tranvía hasta Santa Justa, ha ampliado en más de 3 kilómetros el autobús que cubre el Polígono Carretera Amarilla, ha creado las lanzaderas entre la Cartuja y el apeadero de Blas Infante con el pretencioso nombre de Tussam exprés, ha potenciado la línea C5 que pasea a velocidad de tío vivo a cuatro jubilados cada tres horas por el casco antiguo, y no para de referir que hay “otras soluciones” antes que el Metro cuando se relaja y dice la verdad antes tiernos infantes. Por fin asume en público el discurso de la Junta de Andalucía largamente ocultado en los despachos: Sevilla tendrá más autobuses y tranvías, pero no más Metro.

El alcalde sabía de sobras que la Administración autonómica tenía tirada la toalla del Metro sevillano pese al elevado coste (18 millones de euros) que había tenido el diseño de las líneas que faltan. Por eso llevaba varios meses exhibiendo los nuevos planes de Tussam sin verle la salida al túnel del Metro. Por eso Zoido tenía preparados en el cajón los proyectos de ampliación del tranvía a Sevilla Este y a la Plaza de Armas, dos nuevas líneas estudiadas por Tussam de cuyos detalles informó este periódico en agosto. Todos sabían la verdad y se fabricaron las respectivas salidas de un túnel donde se ahogan los sueños de Sevilla por ser de nuevo una gran ciudad.

El alcalde fija mientras otro objetivo para el mandato: acabar con el Vacie. Sevilla en blanco y negro en pleno 2016. De erradicar el Vacie ya habló Franco. Hasta lo visitó. Y la primera ley de Metro de la ciudad es de las cortes franquistas, de 1968. Seguimos con el Vacie como Hurdes a lo hispalense y tenemos un Metro menguado, insuficiente para una ciudad que roza los 700.000 habitantes y que en buena parte discurre por la superficie. Espadas cualquier día, entre viaje y viaje a Málaga, nos habla de recuperar el Canal Sevilla-Bonanza, reabrir Ecovol o reinstalar las sillas de tijera de color verde de la Plaza Nueva.

Ni Metro, ni cercanías al aeropuerto. Y Espadas sacando pecho al quejarse de que las cláusulas sociales de los contratos municipales son tan innovadoras que abrirían los telediarios si se tratara de Madrid y Barcelona. No se preocupe el señor alcalde que los sevillanos nos hemos hartado de salir en los telediarios el último mes entre su consulta sobre la Feria y el pifiazo de su compañera Verónica Pérez a las puertas de Ferraz. Eso es lo que le ha pasado al alcalde con el Metro, que ha hecho un Verónica Pérez al exigir un proyecto con mucha energía, obtener un portazo del gobierno amigo de la Junta y aplicarnos el placebo de unos cuantos autobuses más. Esperemos, al menos, que seamos capaces el próximo verano de colocar bien los toldos de la Plaza del Pan al primer intento y que al alcalde se le quite la cara de Manuel del Valle, quien, por cierto, nunca bailó en la Feria. Ni prometió el Metro ni la Ciudad de la Justicia. Al menos nos anticipó la verdad. El Metro sigue siendo un tunel sin salida. Aunque nunca haya que perder la fe. Dios existe, decían los autobuses de Tussam. Siempre Tussam.

La lista de Zoido, el ruán de la Feria

Carlos Navarro Antolín | 23 de abril de 2015 a las 5:00

Feria 2015, Caseta del Ayuntamiento
LA confección de las listas electorales son como la mayoría de las novilladas de verano. Interesan a la Banda de Tejera, a tres maestrantes sin ganas de playa y a cuatro chinos engañados. Pues eso. Las candidaturas interesan a los que la componen, a cuatro periodistas y a los conserjes de las sedes para orientarse a la hora de reforzar el saludo o reducir las florituras. Espadas hizo los deberes de la lista antes de cuaresma. Dijimos entonces que no sabíamos si darle la enhorabuena o el pésame. El hombre defiende con buena fe a su número cuatro, una militante agreste que ahora sólo provoca dolores de cabeza en el Grupo Socialista, pero la cefalea será de toda la ciudad como Espadas consiga ser alcalde. A Espadas hay que animarle, porque el partido le ha puesto su cruz. Y el hombre la lleva con la resignación de un penitente de barrio que nunca ve la hora de la entrada.

Zoido ha sacado su lista con las primeras pijotas en los peroles de esa preferia que tanto le gusta. Hay concejales que se enteraron en los mentideros del numerito que les correspondió en la tómbola del mérito que instalan todos los partidos políticos cuando se oye el tam-tam electoral. No pocos de esos concejales se han enterado por las redes sociales. Este año ni siquiera ha habido rueda de prensa en la sede del PP para que Juan Bueno, presidente provincial, cante los números como un camarero con oficio canta las tapas. La lista de Zoido de 2015 es de ruán. Todos callados, no vaya a ser que pregunten por Rato. Y que siga la Feria. Cuanto menos se hable de la lista, mejor. La lista del PP es como las carreras de la Madrugada. Se echa encima un trapo negro como se echa sobre la jaula del canario a ver si se duerme. Pío, pío. ¿Y Pía? Pía Halcón va de diez en la lista, qué pelotazo ha pegado Doña Pía. De ser la 19 en 2011 a nada menos que la diez en 2015. Y eso que casi le da un sopitipando hace cuatro años cuando se vio de concejal sin esperarlo. Lo de Pía sí que ha sido un adelantamiento en toda regla. Del pifiazo que pegó en Bellavista como delegada al territorio amigo de Nervión, donde ya se ha visto ella más cómoda estos años. De oca a oca y me ponen la diez porque me toca. Y no como Curro Pérez, afilado portavoz del gobierno, que me lo tienen en la lista como el caballito del Tío Vivo, ahora subes, ahora bajas. A Curro Pérez no de la dan el pésame, le dan la biodramina para los mareos.

Esta Feria hay gente que para a los concejales del PP por la calle y casi le dicen eso tan sevillano del te acompaño en el sentimiento. Dentro del PP, pero bien dentro, hay quien consideraría la cifra de 14 concejales como un buen resultado. Manuel del Valle perdió seis en 1987 y siguió siendo alcalde. Después lo quitaron y se quedó con la miel de la Expo’92 en los labios. Por si acaso, algunos se beben esta Feria con el espíritu del beso: como si fuera la última vez. Pero no todos. Javier Landa es la prueba de la resurrección. El catedrático le ha hecho un tururú a los chicos de la sede. Landa ha aguantado más que un buzo bajo el agua. Y la Banda de Tejera se ha arrancado a tocarle un pasodoble por haberse quedado con los pies plantados en la Plaza Nueva, impasible durante meses ante la mirada aviesa del morlaco de la lista. Y los cuatro chinos se hartan de aplaudir.

Monteseirín, el ausente

Carlos Navarro Antolín | 10 de noviembre de 2014 a las 5:00

PSOE Susana Díaz, Pedro Sánchez, Juan Espadas, y Verónica Pérez en Sevilla
A Pedro Sánchez le presentaron el sábado en Fibes a Manuel del Valle, aquel alcalde de ruán que se quedó sin vivir como tal la Exposición Universal. Al secretario general del PSOE le han dicho que Del Valle es un alcalde socialista de cuya gestión hay que estar orgullosos, hay que sacar pecho y presumir de los destellos que aún perduran. Está claro que el tiempo lima las aristas. Del Valle parece un invitado en sepia en el escenario rojo del actual PSOE. La memoria, siempre selectiva, se torna breve cuando se trata de la política. Juan Espadas agradeció desde el atril su presencia en el acto con el que los socialistas sevillanos quieren coger carrerilla para aspirar a una Alcaldía en manos aún de Zoido, un político de capa que como Juan sin miedo no le teme a Podemos.

Espadas se sintió tan fuerte –o tan fiel a la estrategia marcada– que reivindicó la herencia socialista, más allá de los agujeros económicos, las facturas falsas, los desfases presupuestarios de las obras y los atentados estéticos en lugares claves del conjunto histórico. El candidato socialista a la Alcaldía pareciera que, por fin, iba a dejar los complejos fuera, iba a descartar esa media salida del portero que siempre, siempre, acaba en gol; iba a dejar de admitir con pusilanimidad los fallos de los gobiernos anteriores, iba a hincarle el diente a ciertas irregularidades del gobierno actual, que hay asuntos en los que el toro de las sonrojantes contrataciones de gerentes en fundaciones subvencionadas se lo han mandado al corral… ¿Por qué ese temor y ese exceso de prudencia ante casos tan evidentes, esa oposición al ralentí, ese decir las cosas bajitas para no molestar? Ay, la que le hubieran dado a Torrijos con todo merecimiento si lo trincan de delegado de Asuntos Sociales subvencionando fuertemente a una entidad que acaba de contratar a su cónyuge de gerente.

Pues estábamos ilusionados con un Espadas renovado que, por fin, estaba dispuesto a reclamar la herencia socialista. Ynada menos que en un acto con los altos mandos del partido, con eso que se llama Ferraz, dicho con mucha insistencia en la zeta final, aunque lo de la zeta suene malamente. Dijo Espadas: “¿Deuda? Yo veo equipamientos e instalaciones de las que disfrutan hoy los sevillanos y que hicieron otros socialistas, mientras que el actual alcalde ha obtenido superávit en las cuentas porque no ha gastado un euro en la gente”.

¿Han oído?”Otros socialistas” Ahí quedó. Allí estaba Del Valle, sentado en lugar preferente como jarrón chino del socialismo hispalense, al que se le invitó a saludar. ¿Pero por qué no estaba el alcalde socialista que ha gobernado doce años la ciudad? ¿Acaso ha habido algún alcalde de algún partido que haya gobernado tres mandatos consecutivos la ciudad? ¿Oes que la herencia a la que se refiere Espadas sólo la dejó Del Valle? Ah, claro, quedespués de Del Valle pasamos a Alejandro (con la jota bien aspirada, con fuerza), de Alejandro a Soledad y de Soledad directamente a Zoido… No hay más alcaldes socialistas. ¡Sólo Del Valle! En la rampa de lanzamiento de Espadas, sólo estaba don Manuel entre los antiguos alcaldes de Sevilla, como un viejo profesor entre tanto joven aparato, como un recuerdo de la antigua escuela, como un testimonio venerable. A Alfredo Sánchez Monteseirín no le invitaron a ocupar una silla junto a Del Valle. Tanto hablar Espadas de la herencia, que en el PSOE lo han interiorizado, han reducido a Monteseirín a la condición de “causante”, que es como se llama jurídicamente al espichado que deja bienes y deudas. Monteseirín es el ausente de Fibes, como el régimen tuvo su ausente. Debe haberle ocurrido como a Manuel Garrido, el compositor nonagenario, autor de las Sevillanas del Adiós entre muchas otras letras celebérrimas, que dejó uno de los mejores titulares de la prensa local de los últimos años: “Ya no me llaman, creerán que me he muerto”.

Monteseirín hace tiempo que ya se pasea por Sevilla sin aguantar miradas aviesas. El 12 de octubre hasta fue al cierre de la temporada taurina en la Real Maestranza. Pero está visto que en el PSOE aún incomoda su presencia en ciertas fotografías, no vaya a ser que tenga que dejar las llaves y el móvil antes de cruzar bajo el arco de seguridad de los juzgados. Espadas no quiere posar junto al ex alcalde, pero sí lo hace abierta y generosamente con Del Valle. Monteseirín aún tiene que coger pátina y tornar su perfil al blanco y negro para que su partido lo perdone y le retire el carro de la nieve.

–Alfredo, no te he visto en Fibes. ¿Te han invitado?

–No. Se les habrá pasado.

Tampoco estuvieron Chaves ni Griñán, todos esos “otros socialistas”. Lo dicho, tanto hablar de la herencia, que ya no lo llaman. Habrán perdido el móvil. Yhan puesto el disco de las Sevillanas del Adiós, pero sin que se muera nada del alma. Política.

Concordias y discordias

Carlos Navarro Antolín | 31 de mayo de 2011 a las 5:00

La festividad del patrón en la Catedral registró una nueva victoria incontestable de la derecha. Once concejales del PP por tres del PSOE. El gobierno saliente estuvo representado por Alfredo Sánchez Monteseirín, Rosamar Prieto-Castro y Joaquín Díaz. Zoido llevó a diez de sus quince concejales, entre ellos a dos de los tres que no repiten. La misa coral comienza. Está en el templo metropolitano la corporación bajo mazas, pero está ausente la alta jerarquía eclesiástica. “Los del PP nos barren en todo. ¿Que cómo está la gente del partido? Hay días y días…” Zoido y Monteseirín se saludan con los heraldos de los reinos de la corona española del monumento a Colón como testigos. Debe ser un ejemplo del seguimiento de la tesis sobre la concordia expuesta en la pasada campaña por el ex alcalde socialista Manuel del Valle: “Los del PP no son nuestros enemigos, son nuestros rivales”.

Los sonidos de la flauta y el tamboril ambientan la entrada a la ceremonia en el Teatro Lope de Vega, segundo gran acto del día. Hay dos hermandades rocieras distinguidas en la ceremonia civil del denominado Día de la Ciudad. Ocurre que cierta procesión va por dentro, pues la autoridad eclesiástica ha hecho saber en tiempo y forma a quienes corresponde que no se le ha tenido en cuenta ni para pedir ni para aceptar la Medalla de la Ciudad. Una llamada al orden en toda regla. Un coscorrón. Un tened claro aquí quién es el que manda. El día se tornó agridulce para algunos. Las carretas, más que nunca, fueron por dentro.

La ceremonia en el teatro dio lugar a más imágenes para la concordia. Zoido y Espadas se saludaron en el patio de butacas. Al alcalde electo le dieron primera fila. Al senador socialista lo colocaron bastante más atrás, con la diputada socialista Carmen Hermosín como acompañante. La victoria tiene séquito. La derrota, aires de soledad. Por cierto, que nadie del PSOE municipal ha dicho aún ni mú sobre la composición del nuevo gobierno local. Debe ser cosa de la oposición “implacable”.

Zoido no quiso este año sentarse en el escenario. Tenía asiento en una esquina de la segunda fila como portavoz del grupo popular. Su lugar lo ocupó el portavoz adjunto, Curro Pérez. Alguien debió hacer valer que esa esquina no era el sitio más adecuado para un ganador con veinte concejales. Y encima con Torrijos como compañero de todas las fotografías. El alcalde entrante saludó a decenas de personas antes del comienzo del acto. Se dejó ver y se dejó querer, sabedor de que la gente quiere seguir viendo al mismo Zoido de los últimos cinco años. Resultan curiosas las maniobras de algunos (y algunas) para ir colocándose en puesto de saludo. Hay verdaderos ingenieros en la materia.

Los vídeos sobre los homenajeados tuvieron gazapos. Cuando tocaba el turno de agasajar a las hermandades rocieras del Cerro y de Sevilla Sur, la gran pantalla proyectó una imagen de la salida de la hermandad de Sevilla del Salvador. La cosa recordó a los telediarios que se hacen en Madrid los Viernes Santos, cuando confunden a las Esperanzas.

Monteseirín se refirió al antiguo convento de Los Remedios, actual museo de carruajes, como el pabellón de Cuba de 1929, cuando éste realmente se encuentra en la Avenida de la Palmera, hoy sede de la Delegación de Gobernación de la Junta de Andalucía. El alcalde prometió no hacer un balance de su gestión, pero a la hora de la verdad se hartó. Y se llevó un aplauso especialmente prolongado que tuvo que agradecer con un gesto de abrazo hacia todos los asistentes. A Monteseirín le ocurre como al cardenal. Comienza a recoger el cariño de ciertos sevillanos en el túnel de salida, con el pontificado a punto de esfumarse. Así es esta ciudad. Te perdona cuando te vas. Dicen que es un perdón egoísta, porque complace más a quien lo otorga que a quien lo recibe.

La intervención de la presidenta del Parlamento, Fuensanta Coves, no pasará a la historia. El presidente del Senado cerró el acto con un discurso inocuo con un final patriótico sobre lo que España nos une más que nos desune. Javier Rojo acudió a arropar a su amigo Monteseirín. Cumplió. A la salida, la crisis dejó a los asistentes sin canapé oficial por tercer año consecutivo. “Y eso que esta vez teníamos la esperanza de que Robles se estirara al haber recibido una medalla”. Torrijos se quita la americana, enciende la pipa y se va por los Jardines de Murillo. La derrota y sus aires de soledad.

Los bajos fondos de la política

Carlos Navarro Antolín | 18 de noviembre de 2010 a las 13:26

moriña

Será cosa de los cambios de ciclo y de la necesidad de hacer méritos ante el próximo jefe de la tribu. O tal vez simplemente del tiempo, que por fin sopla por toda la ciudad el aire frío de la Puerta de los Palos. Matacanónigos. Cuando el grajo vuela bajo, el político insulta. ¿O ni siquiera se le debería llamar político? El repertorio de descalificaciones que el neoconcejal Lobato, delegado de Bienestar Social (en la imagen, a la izquierda), dedicó al líder de la oposición revela fundamentalmente dos cosas: tiene nervios y carece de recursos. La política toca sus bajos fondos cuando florecen determinados epítetos, cuando el discurso se basa exclusivamente en adjetivos descalificativos para con el rival, cuando no hay más argumentos que la erosión por la erosión del contrario. Sabemos que la lista de grandes oradores del parlamentarismo español no se nutrirá con ninguno de los actuales miembros de la Corporación municipal, pero de ahí a asistir a un discurso chusquero hay un tramo. O debería haberlo. No imagimanos a un socialista como Manuel del Valle diciendo como único argumento de reacción política ante el avance del adversario que el portavoz de un grupo de la oposición es “ruin, barriobajero, mísero y carece de nobleza”. Ni tampoco a José Rodríguez de la Borbolla o a la actual presidenta del Pleno, Rosamar Prieto-Castro, por poner un ejemplo de la actualidad. También extraña que el portavoz del PSOE municipal, Alberto Moriña, comparta esa forma reprobable de intento por desgastar al rival. Ayer compareció junto a Lobato. El estilo de Moriña parece otro: moderado, amable sin caer en la ingenuidad, contundente en su justa medida y abierto al consenso. Es de esperar que no cambie. Y no baje nunca a los sótanos de la política, donde el aire es frío y el vuelo bajo.

Ruedas peligrosas

Carlos Navarro Antolín | 8 de noviembre de 2010 a las 19:00

torrijos_mariscada

Las ruedas de prensa son cada vez más largas y tediosas. En la Facultad de Periodismo enseñaban que la duración idónea son diez minutos. Más tiempo supone jugar en el área chica de los bostezos con alto riesgo de penati. Los políticos no aplican la suprema regla del más es menos. Se abonan al bla, bla, bla. Y en el Ayuntamiento no anida actualmente precisamente el mejor espíritu del parlamentarismo español. Castelar se ha quedado en la esquina con la Plaza de Molviedro. Lo de menos es que el político trate de darte el titular. El tiempo de las sugerencias y la sutileza ha muerto. Del fast food a los titulares ya congelados, entregados en mano y que necesitan sólo dos minutos de cocción. Pero lo peor, lo más triste y verdaderamente humillante, es que una rueda de prensa sea convocada por un dirigente político para arremeter machaconamente contra un medio de comunicación y su representante en la sala. Ocurrió el otro día en el edificio del antiguo Laredo (lo de ahora ni es Laredo ni ná) con la comparecencia de urgencia del portavoz de IU, Antonio Rodrigo Torrijos, un político que nos merece todo el respeto y que resulta verdaderamente cordial en el terreno corto. Ese día se disculpó por la foto de la mariscada y acto seguido se hartó de repartir mandobles una y otra vez contra un profesional de la información y su empresa. Dedicó el ochenta por ciento de su intervención a ese objetivo. Eso es sencillamente inadmisible, además de poco inteligente. La inercia es peligrosa: ruedas largas, tediosas y con los cuchillos afilados. ¡Y eso que el socialista Manuel del Valle demandaba en una entrevista el perfil humano que hace tiempo perdió una política cada vez más crispada y previsible! Y aún quedan siete meses para las elecciones.