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Todos a leer el BOE

Carlos Navarro Antolín | 17 de septiembre de 2018 a las 18:58

DESAYUNO CON GOMEZ DE CELIS

Gómez de Celis es el apóstol andaluz del sanchismo. Viaja por las ocho provincias para predicar las buenas nuevas del presidente de las minorías. Sánchez tiene minoría en el Congreso, tiene minoría en el Senado y tiene minoría en Andalucía, tierra romanizada por Susana Díaz. Si Pablo Casado, el líder del PP, no tiene aliados originales en Andalucía, solamente conversos de última hora, Pedro Sánchez está igualmente necesitado de fuerzas propias en el Sur. Los líderes del bipartidismo español tienen pendiente su particular foto de la tortilla en la región que vuelve a figurar para Europa entre las más pobres de España. Pedro Sánchez proclamó los frutos de la gestión de cien días de gobierno en el salón real del Hotel Alfonso XIII de Sevilla, que en tiempos de la República se denominó el Hotel Andalucía. Fue un desayuno de alto copete, de lleno total, con despliegue de los subdelegados del Gobierno y con la presencia del Defensor del Pueblo Andaluz. El morbo estaba en el presentador, el vicepresidente de la Junta, Manuel Jiménez Barrios. “No me sale decirte Manuel, sino Chiqui“, le dijo Celis para agradecer su presentación. Y Chiqui confesó que tenía la garganta algo fastidiada por los aires de su playa de La Barrosa.

Celis no quiso decir nada de las fechas de las elecciones generales y andaluzas. “Mi opinión importa poco”. Cáspita, eso se llama falsa modestia. Este delegado se ha fabricado una coartada perfecta para esquivar las preguntas que tratan de echar sal en la brecha entre susanistas y sanchistas: “Yo soy el delegado del Gobierno, no soy el Gobierno”. Y asunto resuelto. Parecía un nuncio de la Iglesia: lo sabe todo, pero no puede decir nada. Jiménez Barrios dijo que lo mejor de Celis es que está curtido en la política municipal: “En un Ayuntamiento no hay oportunidad de esconderse”.

Pasados los parabienes y las petaladas, Celis se puso a hablar de su libro. Y su libro era y es su jefe, un presidente víctima de las “simplezas dolosas que fomenta la derecha, del ruido y la fanfarria con las que se pretenden eclipsar los avances para blindar el estado del bienestar”. El delegado del Gobierno puso tareas a todos los presentes: “El viernes hay que leer el BOE”. Sonó más bien a una imposición de penitencia. Peor que la lectura del BOE solo puede ser la lectura de la antigua guía de teléfonos. Celis quiere que todos los andaluces (y las andaluzas) lean el viernes el BOE para saber de forma directa los acuerdos del Gobierno para que, por ejemplo, las pensiones sean más sólidas. “Antes había una caja, ahora hay una hucha”. No se refería a las antiguas cajas de ahorro, sino a los fondos para garantizar las pensiones. “En Andalucía hay 53.000 viudas”.

A la Iglesia ni tocarla de forma directa, que para eso Celis es un buen admirador del felipismo. Y para eso fue el concejal que inventó el urbanismo morado, un plan de subvenciones a las hermandades y cofradías que después fue exportado a otras provincias andaluzas. Celis restó importancia al plan del Gobierno para arrebatar bienes eclesiásticos que hayan sido indebidamente inmatriculados por los obispados. Con la mezquita de Córdoba hizo casi como con Susana: evitar las referencias. El Gobierno de España abre un período de “reflexión” al respecto. No hubo más. Ya se verá si todo queda en humo. O no, que diría Rajoy.

El tiempo de las mayorías absolutas se ha esfumado. Palabra del delegado del Gobierno. Celis vende la necesidad como virtud. El presidente ahora dialoga, busca los consensos: “Hay una nueva política del acuerdo”. ¡Qué remedio!, pensaron muchos de los asistentes que también se conforman con la bollería calórica a falta de pan y aceite (andaluz). Las víctimas nunca encontradas de la Guerra Civil tuvieron su homenaje y un compromiso de búsqueda. “El 2 de noviembre hay quienes no tienen donde llevar flores. Apelemos al humanismo”. Y, cómo no, la inevitable referencia a la exhumación de Franco: “Los dictadores no pueden tener un espacio de reconocimiento social en una democracia”.

El apóstol andaluz del sanchismo proclamó que no existen “varitas mágicas” para solucionar los problemas. Anunció un nuevo mandamiento. No sólo la obligación de leer el BOE, sino una especial encomienda en la nueva etapa del Brexit: “Tenemos que ganarnos el afecto de los gibraltareños”.

La polémica tesis doctoral del presidente del Gobierno ha reportado efectos positivos: “El ataque genera más apoyo y comprensión”. Celis quiere que se respete la figura del presidente: “No lo minusvaloremos”. ¿Quién lo ha hecho? Y utilizó un adjetivo muy sonado en otros tiempos para describir el empeño del presidente en sus tareas: “Tiene una pertinaz voluntad”. Está claro que en el lenguaje están pendientes otro tipo de exhumaciones.

Cuando Sánchez se refiere a sus planes para transformar España en 2030, el apóstol Celis cree, nuevamente, que nadie debe frivolizar sobre el programa de gobierno del actual presidente: “Es bueno que un líder tenga un diseño de país a medio y largo plazo”. El propio Celis lo tuvo cuando puso Sevilla patas arriba en un plan a diez años.

Celis tiene la cámara de fotos para captar la instantánea, tiene hasta la tortilla, pero necesita gente para la causa sanchista en Andalucía. El apóstol predica. Todos están llamados a la causa sanchista. Hasta los gribaltareños. Los viernes a partir de ahora son los viernes del BOE.

Se fue Celis con su equipo de fieles, aquellos muchachos que compartían las barbacoas con Susana Díaz en los tiempos de Juventudes Socialistas. Tal vez sea cierto, Celis no es el Gobierno, es solamente el delegado. Zoido fue delegado del Gobierno y después alcalde de Sevilla. Torres Hurtado fue delegado del Gobierno y después alcalde de Granada. Antonio Sanz era delegado del Gobierno y… la moción de censura lo dejó en ascuas. El día que Pedro Sánchez decidió presentar aquella moción, Gómez de Celis estuvo en esa reunión decisiva. Digan lo que digan, Celis estaba en las quinielas para ministro, pero lo mandaron al frente ruso. La Plaza de España es una buena plataforma de lanzamiento. No se escondió como concejal, pero lo escondieron varios años en la dirección de la Agencia Pública de Puertos de Andalucía. Hasta que llegó Pedro y salió de la madriguera. Delegado del Gobierno en Andalucía. Todo por hacer y nada que perder. Soñemos lo imposible: que los gibraltareños nos quieran. Será más fácil intentarlo que leer el BOE.

DESAYUNO CON GOMEZ DE CELIS