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La realidad y el deseo

Carlos Navarro Antolín | 15 de octubre de 2017 a las 5:00

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HAY una Sevilla real y otra soñada, una que sudamos a diario por calles que traicionan la trama urbana de la judería y otra que le venden a los incautos turistas en sus tierras de origen para convencerlos de que vengan a vernos en agosto. Y el caso es llegan ya casi en la misma cantidad que vienen en la temporada alta de las fiestas de primavera. Hay turistas como para completar el aforo del agosto sevillano. Y lo completan. Hay una Sevilla oficial de rictus serio que de vez en cuando ventea el humo de proyectos imposibles y una real de todos los días, a la que se quiere como al hijo feo, se tapa como al hijo travieso y se castiga como al hijo que se quiere. Hay una Sevilla sin alumbrado público en Torneo cuando se regresa de un concierto en el Auditorio Rocío Jurado de la Cartuja (Qué no daría yo por… encender la luz) con alto riesgo de darse de bruces contra el suelo al tropezar con alguna de las decenas de losetas levantadas para que el gracioso de guardia proclame: “¡Árbitro, penalti!”. Han pasado 25 años ya de la clausura de la Exposición Universal y el paseo de Torneo, cinturón urbano de la Cartuja, evoca el paisaje de una ciudad bombardeada. El adjetivo habitable, con el que se les llena la boca a los políticos, suena grosero al recorrer su firme hecho trizas.

El bueno de Juan Carlos Cabrera, delegado de Tráfico, ha presentado esta semana la reurbanización de la calle Mateos Gago, nos ha enseñado una recreación virtual que recuerda al que te quiere endiñar un piso en una venta sobre plano. Te enseña un dibujito con la piscina –inevitable piscina social–, las pistas de pádel donde usted jugará uno o dos domingos con el chandal que le servirá para marcar ese vientre curvo modelo Seiscientos, el salón de juegos de mesa donde dos ancianos ven pasar la vida bañados por la luz que entra por un ventanal, y un parque infantil donde tres mocosos sonríen en un tobogán. El tío, para apretarte los riñones, asegura que sólo le quedan ya dos pisos: uno con cocina con ventana al exterior y otro con cocina interior.

Pues Cabrera nos aprieta prometiéndonos una calle Mateos Gago paradisíaca, de diseño, dibujada como de otro tiempo, tal que parece que sólo falta Bueno Monreal de paseo calle abajo camino del Palacio Arzobispal. ¿Veladores? Muy pocos y colocados entre frondosos naranjos para que usted no encuentre obstáculos. ¿Camareros? Nos han pintado alguno con camisa blanca, limpia y plucra, nada que ver con el negro imperante que disimula los lamparones. Dos niños juegan por una calzada libre (tan libre como Lopera predicaba de su Betis) mientras otro juega por la calle nada menos que en patinete, con el campo abierto de una acera limpia, llana, sin tíos en pantalón corto cenando a las siete de la tarde, sin camareros mal pagados hartos de dar barzones, sin el hombre de la carretilla transportando las cajas de agua mineral, sin la madre con el carro maniobrando para pasar por donde resulta imposible. Cabrera nos vende el piso, lo hace con una sonrisa luminosa en la cara, nos lo está colando sobre plano. ¡Vamos que si nos lo está vendiendo!, que le estamos dando la señal, pidiendo la vez en la notaría y preparando la primera cuchipanda para presumir de nuevas estancias ante los íntimos. A Cabrera le ha faltado ponerle un eslogan a esta particular venta sobre plano, con melodía relajante de la que ponen antes de que salga el AVE. “Mateos Gago, la reurbanización que usted y su familia merecen”. “Mateos Gago, donde sus hijos podrán crecer felices”. O aún más agresivo: “Mateos Gago, el lujo del que usted no puede privar a su familia”.

El Ayuntamiento nos promete el oro en Mateos Gago, la ciudad soñada, la joya de la corona de los proyectos de semipeatonalizaciones habitables, que no son peatonalizaciones ni son nada. En esta estampa con colores de primera comunión del nacional-catolicismo que nos regala Cabrera no hay ni un taxi en la parada, no se ve ningún camión de carga y descarga, ni siquiera un cofrade desocupado. Ocurre como cuando el gran Alvarito Peregil echa la cuenta en su Goleta, de Mateos Gago naturalmente, que no vemos ni un papel ni un lápiz. Yse lo consentimos. Para eso Peregil se equivoca siempre… a favor del cliente.

 

Reportaje sobre las malas condiciones del a zona del Paseo de Juan Ca

Más vía crucis, por favor

Carlos Navarro Antolín | 16 de febrero de 2016 a las 18:13

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Pongan una Exposición Universal en el horizonte y verán cómo engorda el cochino de los presupuestos del Estado para la ciudad, por mucho que después las provincias hermanas nos recuerden al oído aquello que fuimos y que no volveremos a ser, que Sevilla sigue pagando aquellos fastos en las cuentas que se hacen en Madrid y en las de San Telmo. Pongamos una ley antitabaco en la ciudad del buen tiempo, sin invierno y sin gripe, que se multiplicarán los veladores como adosados del Aljarafe en tiempos de constructores sentados en las barreras de los toros antes de sentarse en el banquillo de los mangantes. Tanto nos hartamos de rendir culto al PGOU como la Biblia del urbanismo que las mesas y sillas han acabado multiplicándose como panes y peces. Pongamos alcaldes buscadores de consenso en vez de cumplidores de la ordenanza, que las normativas no se aplicarán por aquello de no crear agravios, por el complejo de no parecer autoritarios, por el culto a la equidistancia en todas las situaciones por mucho que haya incumplidores flagrantes y perjudicados evidentes. Pongamos vía crucis, muchos vía crucis, y se producirá el milagro de contemplar una calle desnuda, aseada, limpia, libre de las ataduras de camiones de carga y descarga, de eso que tan feamente se llama mobiliario de la hostelería. Estaba Juan Espadas frotando la lámpara a ver si sale el mago Cabrera y le ofrece tres deseos para pedirle que acabe con el tsunami de veladores, cuando llegó el vía crucis general de las hermandades y la Policía Local dejó Mateos Gago como usted siempre la había soñado. Esto es lo que Monteseirín, en el cursi lenguaje de los políticos, de todos y todas, hubiera llamado la Mateos Gago de las personas, la calle ganada para el peatón, el espacio habitable y otras gaitas verbales en el código de los que llaman soluciones habitacionales a los pisos pequeños, y batería de medidas implementables para la mejora de la regulación de la movilidad rodada al intento por conseguir que los semáforos funcionen como tienen que funcionar. Llega el vía crucis y en Mateos Gago sólo queda Alvarito Peregil pidiendo que no se corra por los pasillos de una taberna que es tan pequeña que el tonto de la política llamaría solución hostelera en vez de bar; sólo queda el egipcio que no hace mucho tiempo traía por la calle de la Amargura (dos pasos) a los vecinos, y sólo se ve el humo sacro que despide la Fresquita. Los días de vía crucis no hay más obstáculo en Mateos Gago que la zanahoria rallada que echan de guarnición en las tapas que ahora se llaman platos (¡Fuego!).

Tanto reunir la Mesa de la Movilidad para buscar soluciones y hacer el paripé del diálogo y la búsqueda del consenso cuando resulta que la solución la teníamos en casa: un vía crucis. Basta con un vía crucis de los de media entrada de público para que la calle se vea tan libre de obstáculos que parezcan los tiempos en que el arzobispo salía en carroza y no había más que la mitad de las cofradías que hay hoy. Por eso, cuantas más cofradías, mejor. Y hay que legalizar las cofradías piratas con urgencia. Que se ponga el señor vicario a trabajar, que hace tiempo que no lo vemos con eso de que está tapado por si lo hacen obispo auxiliar. Todas las hermandades a sacar vía crucis por el centro todo el año, incluidas las de la provincia. Saquemos tantos vía crucis que nos tomen por locos. Pongamos vía crucis, muchos vía crucis, para que Mateos Gago se parezca a una calle y no a las Urgencias del Macarena en hora punta.
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Golpes de maza

Carlos Navarro Antolín | 10 de octubre de 2013 a las 5:00

* Oído en la Plaza Nueva. “José Antonio García Cebrián está subiendo su cotización dentro de IU, tiene buena imagen por su labor eficaz en la Consejería de Fomento y Vivienda desde su puesto de número dos, volcado en el plan para llevar los carriles bici a todas las áreas metropolitanas de Andalucía. En el post-torrijismo que necesariamente se avecina, puede tener un papel destacado. Recuerda que no era un figura del agrado de Antonio. Y Antonio cuenta ya los telediarios y se ha comprado la tarjeta de Tussam para que le salgan más baratos los viajes en tranvía hasta los juzgados del Prado”.

* Confirmadísimo en la Gerencia de Urbanismo. Las mesas altas que Robles Laredo colocó para un privilegiado cóctail en plena Plaza de San Francisco no contaban con ninguna licencia municipal. La cuestión es si existe algún tipo de bula, porque de otra forma no se entiende que cada dos por tres se combinen lámparas, mesas bajas, mesas altas y otras estructuras en la vía pública sin que nadie intervenga para hacer cumplir las ordenanzas, cuando a muchos bares de los barrios los traen fritos si colocan sin licencia una televisión para dar los partidos de fútbol.
Local cerrado en Avenida
* Movimientos en el comercio. Hard-Rock Café se interesó ante Urbanismo por el local de la Avenida del edificio Santa Lucía, de lo cual hay documentación oficial, pero está apurando las opciones de hacerse con uno, ya reformado, en la misma zona, que abarataría la operación. El Caballo deja la calle Antonia Díaz y se muda a Adriano, al local que acogió Jara y Sedal. Un importante empresario, emergente y con muy buenas relaciones con el alcalde, ha comprado la casa de Antonia Díaz donde ha estado El Caballo todos estos años.

* Movimientos en la hostelería. La Azotea abrirá negocio en Mateos Gago, donde la saturación de veladores es incorregible. Y en la Avenida, milla de oro del café y los helados, ya hay un primer caído. El establecimiento Ferreti, que ha estado cuatro años nada menos que en la privilegiada esquina con Santo Tomás, ha echado el cierre. Vean la foto y compruébenlo.

* Ocurrido hace una semana en el establecimiento hostelero de la planta alta de las setas de la Encarnación. En la reunión estaban un ex altísimo cargo de la Junta de Andalucía, un ex alto cargo municipal con escaño en el Parlamento y el presidente de una importante federación deportiva. La conversación no tardó en derivar en la figura de la presidenta de la Junta de Andalucía, a la que si no le hicieron un traje faltaron pocas costuras. Cuentan que ese presidente tuvo que pedir moderación en unas opiniones que, por otra parte, sus contertulios nunca han ocultado en cuantos foros y tribunas públicas han frecuentado. ¿Tendrán ya constancia en San Telmo de esa aviesa charla? ¿Quién se ha ido la lengua? ¿Quizás para ganar un match-ball ante La Que Manda?