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Casetas de utilidad pública y social

Carlos Navarro Antolín | 22 de abril de 2015 a las 12:42

CASETA DE FERIA EN LAS NAVES DEL BARRANCO
SEVILLA está sentada, que no sedente, en un gran velador desde el que ve pasar el tiempo con su liturgia de fiestas, calores, fríos, políticos de quita y pon, alegrías, penalidades, fracasos, algún éxito rotundo y muchos trofeos de mediopensionista. Sevilla se lo traga todo por esa gran boca que no es de Metro. Sevilla es una boa por cuya boca entra el humo de proyectos irrealizables. Un día nos vendieron puentes con lunares, otro día catamaranes para ir a la Feria. Un día nos contaron que tendríamos playa propia, y otro un gran mercado de flores como Barcelona. Un día nos emborracharon en la primera taberna de una carrera olímpica, y otro nos dijeron que cambiando el PGOU también lo haría el destino de nuestras vidas, el errático rumbo de la urbe que no sabe evolucionar si no es chicotá en chicotá, del 29 al 92 y pararse ahí.

Hace poco tiempo nos vendieron un mercado gourmet en la Nave del Barranco, ubicada en una parcela que tenía asignados usos socioculturales en el Plan General, ese documento que es como los principios: se cambian a conveniencia. Un ardid permitió al actual gobierno local asignarle a la finca usos de utilidad público y social. ¿Y cuáles son los usos de utilidad pública y social en Sevilla? ¡Los bares, idiota, los bares! Y ahí está el gourmet de la sacrosanta Lonja donde si usted no ha ido aún, es que no es nadie en Sevilla. A la lonja hemos de ir, como a Pamplona. Y se va a hartar usted de levantarse de la mesa más que en la mili, con su bandejita, sus servilletas y su pieza de pan. Si quiere una segunda cerveza, a pasar de nuevo por el circuito, como un moro de Queipo. A esta lonja que dice Zoido que genera riqueza le han puesto ahora unas casetas feriales, unas protuberancias como la del sombrerito del tranvía, que estos días es un tranvía tocado, como los seises. Esta lonja ha crecido, como crece el caserío del centro con áticos retranqueados. El aumento del terreno cubierto de la Lonja del Barranco a costa de casetas debe ser una muestra del urbanismo productivo que pregonaba Monteseirín. Zoido usó al límite el PGOU para poner una ristra de bares en el interior de las Naves del Barranco. Y ahora que es Feria, unas cuantas casetas piratas. ¿No hay cofradías piratas? Pues también existen casetas piratas para que los madrileños sin techo no se queden sin ración de jarana, tratando de buscar a Carlos Herrera para hacerse la foto con el teléfono móvil. Eso sí que es de utilidad público y social: una foto con Herrera. ¿O no?

Sigamos sentados en el velador, que de vez en cuando aparecen casetas junto al Puente de Triana. Y algún día hasta nadaremos en una playa artificial sin haber guardado antes la ropa en la lonja de los sueños. Porque las ciudades sin cautela son como las boas: se lo tragan todo. Y después viene el corte de digestión.
Fotos de las casetas de feria de la Lonja del Barranco, casetas

El peligro del precio según mercado

Carlos Navarro Antolín | 28 de noviembre de 2013 a las 5:00

gerencia

En la vida cotidiana sevillana hay que temerle a muy pocas cosas. Pero es importante tener claro qué cosas son aquellas ante las que hay que agarrarse la cartera, cambiar de acera o silbar para liberar el miedo. Cuando el tío del chambergo deshilachado entra en el tranvía y comienza el discurso con el prefiero pedir antes que robar, fíjense cómo el personal sufre un repentino interés por la arquitectura regionalista del Alfonso XIII, la tardofranquista de los juzgados o la herreriana del Archivo de Indias (de Herrera el del Escorial, no el de la radio). Mientras el tío suelta la filípica de la madre que está enferma, el personal hace el estatuario sin quitar el ojo de la ventanilla. Hay que reseñar también la de gente que no tiene ventanilla y que cuando entra ese tío se mueve a buscar asiento en la otra punta del convoy, como si fueran en el AVE a Valladolid y acabaran de subirse en Puertollano. Otros peligros de Sevilla son los servicios de caballeros de ciertos grandes almacenes, donde siempre hay unos tíos que extrañamente tardan un mundo en hacer sus necesidades en el retrete. Hay que apuntar a estos tíos en la lista de las grandes esperas de la vida cotidiana por detrás (nunca mejor dicho) de esos usuarios de cajeros automáticos que se eternizan ante la ventanilla.
-Oiga, si no hay dinero, no hay dinero, déjelo ya… Que los últimos movimientos no cambian por más que lo intente.
Pues esos tíos de los urinarios de los grandes almacenes son siempre los mismos, de la muy antigua congregación de los mirones de Sevilla, blonda y mantilla. Hay mirones de obra, como hay mirones de retrete, verdaderos mirones de retrovisores afinados, así como quien no quiere la cosa; mirones que van del urinario al lavabo, del lavabo al calefactor, del calefactor al espejo, a la búsqueda de la mejor perspectiva… de la escobilla del váter.
Y otro de los grandes peligros son esas cartas de restaurantes con sus platos estupendamente explicados, hasta con subtítulos en inglés en plan ham croquet o fish salad, y sus precios perfectamente tasados con sus céntimos y su IVA. Hasta que, zas, llegan los mariscos o las carnes de esos animalitos que se crían con música para que relajen las carnes y, horror de los horrores, aparece la peligrosa leyenda: precio según mercado. O directamente su abreviatura: s/m. Toda una leyenda astifina, tanto o más que la del camarero que entona el peligroso “tenemos fuera de carta”, que suele convertirse en “fuera de precio”. Ni un solo camarero recita los platos fuera de la carta con las pedreas de los precios.
Recordaba la teoría hostelera del “precio según mercado” a cuenta de dos recientísimos casos en los que se han hecho o están a punto de hacerse contrataciones estrellas en tiempos de penurias. Hace unos meses ficharon en cierta institución muy peculiar a un ejecutivo con un sueldo propio del paraíso que prometen en esa casa a todo el que por allí se arrima, que se arriman bastantes. Y el prenda de turno que nos justificaba semejante fichaje galáctico de alrededor de 6.000 euros del ala al mes (con su cuadrilla de pagas extra) decía tajante y solemnemente: “Es que se le ha fichado a precio de mercado”. ¡Olé! Los mercados mandan. Y cómo mandan.
Esta semana mismo anunciaba la Gerencia de Urbanismo que se hará con los servicios de cuatro expertos para revisar el PGOU, que parece que el PGOU es como los principios de Groucho Marx, que si no gustan se cambian, mientras traiga la prenda en buen estado y el recibo de compra. Parece que el gerente de Urbanismo contará con cuatro grandes especialistas de la planificación y legislación sobre la materia procedentes de la calle, que parece ser que en las caracolas de la Cartuja no hay nadie que sepa de esas materias. ¿Y cuánto cobrarán los sesudos analistas? “Estarán remunerados de acuerdo con los precios del mercado”, dice el gobierno en una respuesta por escrito. Pues ya lo saben. La cosa va de estocada, como los langostinos fuera de carta, como la carne de los bueyes, como las ostras del gourmet. O como en el retrete de los mirones como se descuide un segundo. Estocada al canto… Cuando se alude al precio de mercado hay que hacer como la señora del tranvía cuando entra el tío de la madre enferma: agarrar el bolso. Que vienen los mercaderes del templo, nunca mejor dicho.

Trilogía de novelería sevillana

Carlos Navarro Antolín | 17 de noviembre de 2013 a las 5:00

BARES EN EL MERCADO DE TRIANA
En Sevilla nos da por una cantinela y no paramos hasta que nos aburrimos de la música y tiramos la corneta por el retrete, vocablo en desuso donde los haya. Cuanto mayor es la crisis, mayor es la afición por los productos gourmet. Cuanto más intensa era la decadencia del Imperio, más altas las estatuas de los romanos. Será por eso que Sevilla tiene mucha Roma dentro. En el mercado de Triana hay ya tal oferta de productos gourmet, con gintonería incluida, que no ha hecho ninguna falta que se abra el mercado pijo de la Lonja del Barranco, del que Zoido espera un canon anual de 230.000 euros del ala, que no es lo mismo el ala que la chistera cuando se habla de tocados. Puesto a puesto, Triana tiene ya su mercado gourmet con todos sus avíos, que parece aquello el de San Miguel de Madrid en el que inspiró Monteseirín en uno de sus viajes a la capital. La espera para coger mesa un sábado a mediodía en el mercado del arrabal es de órdago. Triana ha inventado el gourmet popular, sin cánones que apoquinar, sin pliegos de condiciones, sin maniobras forzadas para cambiar los usos urbanísticos de la parcela, sin pronunciamiento de la Comisión Provincial de Patrimonio.
El mercado gourmet de Triana ha nacido y nadie sabe cómo ha sido. O sí. Ha sido espontáneamente, como espontáneamente monta la gente su carrera oficial con las sillas de los chinos en Semana Santa en Tetuán, en Velázquez y en la Plaza Nueva. Pues igual. Y venga a comer el personal raciones de sushi y ostras a la vera del Pasmo. La novelería es la mano negra de Adam Smith que mueve las modas en Sevilla, está claro. A los productos del gourmet le han seguido las alfombritas de césped artificial en las entradas de bares y restaurantes. No hay establecimiento que se precie que no tenga sus veladores (inclinación reverencial de cabeza) sobre un entarimado verde como si de un campo de golf se tratara, ya sea en comercios del Hotel Inglaterra, en Muñoz y Pabón, en Candilejo, en Adriano, en Álvarez Quintero… La marea verde de las alfombritas se expande a la velocidad a la que un día lo hicieron los adosados del Aljarafe, en silencio, como mancha de aceite virgen extra, sin ruido. En la ciudad de las sequías y los canales almohades para transportar el agua, colocamos lonas y más lonas de césped artificial encima de los adoquines, del granito y de las losas de Tarifa, como si Sevilla fuera una ciudad de lluvia norteña, de verdes cántabros con paisajes de vacas tudancas y sabor a anchoas de Santoña. Un verde que enseguida se llena de porquería, colillas y otras suciedades, pero que cumple el objetivo de dar lustre al local si se mira de lejos. Será por aquello de que a ciertas alturas las pisadas de bueyes parecen molduras. Mantengamos la esperanza de que un día florezcan los árboles para dar sombra de verdad en la Avenida y en la calle San Fernando.
Y la tercera moda son las tiendas que venden cigarrillos de vapor para dejar el fumeque. Las tienen ya en las calles Velázquez, donde estaba el originario Palacio del Fumador, sublime contradicción o ironía del destino; en Alcaicería y en Puente y Pekín, perdón Puente y Pellón queríamos decir. En los años ochenta florecían las boutiques promovidas por señoras de buena sociedad, señoras de tardes en la Nova Roma del té que perdimos para hacer de aquel símbolo hostelero del barrio de Los Remedios un negocio franquiciado de botellines. Y con el siglo ya entrado lo que se abren son muchos chinos, muchos bares y muchos comercios de cigarrillos de vapor con las indemnizaciones de los despidos. Hasta hay chinos de complementos para el móvil que también ofrecen el falso cigarro para espantar la ansiedad. Lo del vapor sí que tiene tirón en Sevilla, la ciudad donde los mil y un proyectos que un día nos vendieron se evaporaron en el horizonte azulado como el globo perdido de un niño en la tarde del 5 de enero. Pero sin ilusión.
CESPED EN LA ENTREDA DE BARES

Manzanares, Puerta del Príncipe… ¿e impugnación del Barranco?

Carlos Navarro Antolín | 24 de septiembre de 2012 a las 5:00


Manzanares llegó, toreó y salió por la Puerta del Príncipe. Vino con su cuadrilla, cómo no. Pero se trajo también a su prestigioso abogado. Al letrado lo vimos en los tendidos, que no todo va a ser estar metido en los líos de la Comisión Nacional de la Competencia (CNM) con los asuntos del G-10 de los toreros y los derechos de la televisión. Pero la cosa huele a que este abogado se ha podido traer trabajo a Sevilla. Según el runruneo de entre toro y toro, puede producirse una impugnación del concurso de adjudicación de las naves del Barranco, donde el Ayuntamiento promueve un mercado gourmet al estilo del mercado de San Miguel de Madrid. El delegado de Urbanismo, señor Vílchez, ofreció el viernes los datos del concurso, una vez abiertos todos los sobres que componen las ofertas presentadas por dos agrupaciones de empresas. La UTE en la que se integran el torero Francisco Rivera Ordóñez y el comunicador Carlos Herrera lleva una clara ventaja sobre la UTE cuyas cabezas visibles son Manzanares y el futbolista Sergio Ramos. Todo indicaba, al menos hasta ahora, que la mesa de contratación del Ayuntamiento adjudicará el viernes la concesión del negocio a Herrera y Rivera Ordóñez. El proyecto de ambos se denomina Lonja del Barranco, participado por las sociedades Lonja del Barranco SL (97%), Probigasa, (1%); Juliá Catering SL, (1%), y La Alacena de Carlos Herrera SL, (1%). El diestro, de hecho, ya celebraba su victoria a mediodía del viernes en twitter. Pero hete aquí que alguien ha investigado y determinadas deudas con la Seguridad Social de ciertas sociedades podrían dejar cojo el concurso. De pañuelo verde. Porque la ley de contratos del Estado es clarita: nanai de que ninguna administración pública adjudique contratos mientras haya roncha de por medio. Dicen que si así fuera no se tendría ni siquiera que haber admitido la participación de empresas supuestamente deudoras. La UTE virtualmente perdedora, con Ramos y Manzanares de abanderados, es la denominada Mercado de San Pedro, cuya composición es Junk Project SA (15%), Hostelería para el Ocio Vebeca (20%), Romero Álvarez SA (20%), Sermos 32 SL (25%) y Taurópolis SL (10%). La batalla del Barranco puede tener algún capítulo más todavía. La auténtica fiera ruge en los tendidos. Escrito está.