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La reveladora anécdota de una exposición

Carlos Navarro Antolín | 23 de mayo de 2016 a las 5:00

Foto de la exposición que la Armada tiene montada en el patio del Club Labradores
En el Real Círculo de Labradores ha estado abierta la exposición Misión: Atalanta, donde se resalta el papel de las Fuerzas Armadas españolas en la preservación de la paz y la estabilidad mundial con especial atención al Mediterráneo oriental y al Océano Índico. Fotografías e infografías han mostrado las labores de lucha contra la piratería, así como las tareas humanitarias de los marinos españoles en alta mar y de militares del Ejército de Tierra y del Aire en varios territorios de alta conflictividad. Algunas imágenes de las que han estado expuestas en el precioso patio de la calle Pedro Caravaca han resultado estremecedoras para muchos visitantes. La exposición, cuya inauguración corrió a cargo de Pedro Miguel Serrano, coronel auditor y delegado de Defensa en Andalucía, ha estado atendida por un cabo primero que ha sido testigo de numerosas anécdotas. Quizás la de mayor impacto ocurrió cuando accedió a la muestra un grupo de jóvenes de estética alternativa. El cabo, como ha hecho con la mayoría de los visitantes, se ofreció con toda amabilidad a resolverles cualquier duda que pudieran tener durante la visita. La joven que actuaba de cabecilla del grupo se quedó muy seria, no pudo disimular cierto brillo en los ojos ante las fotografías de niños somalíes asistidos por soldados españoles, y comentó: “Nosotros veníamos aquí a liarla, pero no sabíamos que ustedes hacían este tipo de labores”. Los jóvenes se fueron sin liarla. Y a los militares se les quedó, una vez más, la duda de siempre:¿El Ejército sabe vender bien su labor en el siglo XXI o sigue siendo víctima de gente como Ada Colau, personas empeñadas en perpetuar estereotipos que lastran la imagen de quienes están llamados a asegurar la defensa nacional? Exposiciones como la que reflejan al detalle la operación Atalanta tienen un fin didáctico de enorme valor y muestran que el Ejército hoy es una garantía, nunca una amenaza.

Los zascandiles de Espadas

Carlos Navarro Antolín | 6 de octubre de 2015 a las 18:43

Plaza Nueva.  Jura de bandera de personal civil
EL Ayuntamiento de Sevilla parece recuperar su antiguo espíritu del convento de San Francisco que fue. Los concejales de la oposición sólo dan pellizcos de monja al gobierno en minoría. ¿Pero Espadas no estaba apoyado por formaciones radicales (Participa Sevilla) o radicalizadas (IU)? El domingo se desarrolló con toda normalidad en la Plaza Nueva un acto militar de jura de bandera con la participación de casi quinientos civiles. ¿Pero Espadas no se iba a comer a los niños crudos por imperativo de los dos grupos que lo sostienen en la Alcaldía? Uno ve la foto del alcalde y sus dos concejales en las tribunas decoradas con la enseña nacional, con cura de sotana que parece escapado de una novela de Cela, y recuerda a Lampedusa: se ha cambiado de alcalde, pero hay cosas que siguen exactamente igual para desesperación de los agoreros que veían en jaque hasta la Semana Santa.

A las mismas puertas del Ayuntamiento, bajo el patronazgo de bronce de San Fernando, hubo chimpún militar con bandera, banda y vivas a la patria. Y allí estaban tres socialistas tres sobre el redondel: el alcalde, Castreño y Cabrera. Normalidad, se llama. Ni las Santas Justa y Rufina de la actual política municipal española, Ada Colau y Manuela Carmena, se atreverían a presidir semejante acto con toda naturalidad. Aceptamos el cromo de Antonio Muñoz empeñado en culturizar la Navidad –que lo peor no es que la culturice, sino que utilice el término “evento”– con tal de que nos consiga el cromo de poner sombra en la Avenida y logre arrancar el motor gripado de la Gerencia. Y hasta aceptamos que restaurar Santa Catalina no encaje en el objeto social de Emasesa, que no encaja, como si el PSOE no hubiera utilizado en tiempos los dineros de la compañía metropolitana de aguas para pagar sobrecostes de proyectos urbanísticos, que cada vez que Monteseirín necesitaba liquidez por la vía exprés mandaba telefonear a su Cofidis particular: “Llamad a Marchena y que busque una partida”.

Lo más inteligente que hace Espadas y su gobierno es ocupar los nichos que tradicional (y estúpidamente) se atribuyen en exclusiva a las formaciones de centro-derecha, verbigracia los actos castrenses. En la ocupación de todos esos huecos es donde cualquier político se crece, cuando se abre a todos los sectores y no se acomoda en el círculo de confort. Bolívar no estaba el domingo en la Plaza Nueva, pese a que Sevilla iba a pasar formar parte de la red de ciudades bolivarianas como está ya en la de ciudades de alta velocidad, o en la red de urbes magallánicas. En la Plaza Nueva, decíamos, sigue San Fernando, aunque despojado de día festivo por la autoridad civil, y huérfano de procesión propia por la autoridad eclesiástica.

La ciudad está en calma, sin novedad. Los 13.000 veladores están en su sitio y el alcalde en el suyo: con el Ejército. Espadas se apoya en zascandiles, pero por el momento no zascandilean más allá de ladridos de 140 caracteres. A la hora del refectorio, entre los frailes de esta plúmbea corporación sólo hay pueriles lanzamientos de mendrugos de pan. Para poner orden ya está esa gran madre abadesa que es Carmen Castreño. Y el cura de la sotana si fuera preciso. La sotana, una prenda reservada ya para ciertos eventos, que diría Muñoz.
Plaza Nueva.  Jura de bandera de personal civil