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La lámpara maravillosa de Zoido

Carlos Navarro Antolín | 8 de enero de 2015 a las 13:55

alcalde Lampara Lope de Vega-FR- 1
Quien da lo que tiene no está obligado a más. El sobre cerrado de la caridad de la Soledad de San Lorenzo reza desde 1961: si no puedes nada, nada; si puedes poco, poco; si puedes mucho, mucho. En tiempos de miseria, los gobiernos venden las altas de autónomos como creación de empleo de calidad, las fotos con banqueros como impulsos certeros para la reactivación económica y la reposición de un bacalao en la fachada de una calle como recuperación de un símbolo identitario. El gobierno de Sevilla pregonó en verano por los cuatro mil bares y diez mil veladores que la lámpara central del teatro Lope de Vega iba a ser restaurada. Y algunos meses después anuncia que la lámpara ha sido elevada de nuevo a las alturas. Asistimos a la explotación de los hitos de la vida cotidiana, lo natural convertido en noticia, lo usual destacado en negro sobre blanco. Tras la borrachera de años de desenfreno, volvemos a ensalzar que la gente cobra a fin de mes, que los autobuses funcionan y que los barrenderos retiran la basura. Todo un pregón de la normalidad recuperada y valorada, o puesta en valor, como cacarean todos los políticos ahora, que lo de la puesta suena a primer tubo de la portada de Feria, y el valor suena a torero o a chocolate a la taza.

Los comunicados de hoy revelan esa miseria de la que hay que ser conscientes. En los ayuntamientos vivimos de las sobras del frigorífico conservadas en papel de plata, del final de la pasta de diente a base de apretar y enrollar el tubo, y de apurar la caja de polvorones hasta convertir los de limón y coco en un manjar redescubierto. Las notas de prensa de hoy revelan el verdadero estado de la ciudad. El Ayuntamiento anunciará cualquier día próximo que están colocados todos los rollos de papel higiénico en los urinarios de los despachos municipales, que no falta el cartucho de tóner a ninguna impresora, que funcionan todos los aparatos de refrigeración y que el reloj de la Plaza Nueva marca la horas precisas que quedan para el 24 de mayo. Quizás la micropolítica no sea otra cosa que aceptar los tiempos que a uno le ha tocado vivir, renunciar a ese “hacer cosas” que volvió loco a Monteseirín desfasando presupuestos y desviando fondos, entender que no son mandatos para las grandes obras, sino para pregonar que se desayuna, almuerza y cena, que no es poco. Al bacalao de Argote de Molina se suman los veladores, y a los veladores se suma la lámpara. Para que luego digan que no hay balance material en casi cuatro años de gestión más allá del mapping. Si puedes poco, poco. Al fin y al cabo uno no sabe lo carísima que es una lámpara hasta que amuebla su primer piso. Zoido es el Aladino de la política local, el genio capaz de conseguir titulares con una lámpara o un bacalao (mejor si es sobre un lecho de salmorejo).

El verdadero genio es aquel capaz de interpretar con precisión el tiempo que le ha tocado en suerte. Y no son años para engañar a bobos con puentes decorados con lunares, piscinas sobre el río, transporte fluvial para acudir a la Feria y otros verdaderos bacalaos hediondos que nos hemos tragado religiosamente. Alegrémonos pues (gaudemus igitur) que aún quedan polvorones de limón.

La gestión de la miseria

Carlos Navarro Antolín | 17 de diciembre de 2014 a las 5:00

Sev.
Igual que se ha abierto la veda para meter políticos en la cárcel, se cerró hace unos años el tiempo de la política de los grandes proyectos, de la necesidad de apostar por transformaciones materiales, de vender esas grandes recreaciones virtuales que dividen a la ciudadanía o que enfrentan a las administraciones. No son tiempos para megalomanías, como no lo son para los patrocinios y las obras faraónicas. Son años para administrar con imaginación. A Zoido se le podrán criticar muchas cosas con razonamientos sólidos, pero seguro que nadie le achacará que no haya sacado adelante grandes obras urbanísticas. ¿Para qué se mete entonces en el berenjenal de proyectos que son devueltos una y otra vez a los corrales de la Gerencia de Urbanismo?

La interpretación precisa de los tiempos que a uno le han tocado en suerte es clave. En el PP de Sevilla hay quien sostiene que este mandato es sencilla y directamente el de la gestión de la miseria. Y que bastaba con haber sabido moverse en ese contexto marcado por la pobreza desde el día de la toma de posesión. El problema es que esa necesidad de vender proyectos de transformación (esa política de la manida puesta en valor)ha tenido al cabo el efecto de un tiro en el pie. ¿Qué necesidad había de anunciar un centro de promoción de las tradiciones de Sevilla? ¿Y los párkings del Prado y de San Martín de Porres? ¿Y el paradisíaco Paseo del Arte que ha terminado descafeinado y, como las iniciativas ya citadas, también orillado por la falta de solvencia del empresariado?

Son tiempos de política municipal de infantería, para no alimentar la letanía de quereres y no poderes. A Zoido le va mal cuando quiere volar por encima de las nubes de la micropolítica. Yle va bien cuando vende la gestión inmaterial del orden en las cuentas y de la paz social en empresas de servicios fundamentales como Tussam, que en 2015 necesitará dos millones menos de transferencias directas, un dato inimaginable en los años de Monteseirín.

De 2011 a 2015 sólo cabe la gestión de la miseria y recorrer el desierto con el alivio del agua de la cantimplora que de vez en cuando ofrece la edil de Hacienda con sus balances. Y refrescarse una vez al año en el oasis del mapping.