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La enmienda del Alcázar

Carlos Navarro Antolín | 13 de octubre de 2015 a las 21:16

Real Alcázar  Espadas informa de una reunión con los alcaldes de la primera corona metropolitana
SOLEDAD Becerril dio la espantá del patronato del Alcázar cuando Monteseirín, en tiempos de convenios urbanísticos, delirios de PGOU y otras vacas gordas, se inventó el desvío de fondos del monumento para costear restauraciones y otras ocurrencias en la Casa Consistorial. Aquellos años 2003, 2004 y 2005 sobraba dinero en la caja municipal. Un político con dinero tiene más peligro que un cofrade con la tarde libre. Soraya Sáenz de Santa María lo confesó en El Hormiguero antes del baile: “Tiene que ser una gozada gobernar con dinero. A nosotros no nos ha tocado”. Monteseirín vivió en un gozo continuo. Superada la crisis del 92, contó como impulso inicial de su mandato con el Mundial de Atletismo del 99 y, después, con los años del boom económico del ladrillo. La resaca de la Exposición se la chupó Soledad Becerril apagando luces del Ayuntamiento para no gastar, salvo en los últimos días que quiso levantar un gran edificio municipal en el Prado, pero si a Felipe le faltó una semana de campaña y un debate en las generales de 1996, a Soledad le faltaron unos meses como alcaldesa en 1999 para inaugurar aquella obra que abortó Monteseirín. La segunda gran resaca, la del ladrillo, se la ha pasado Zoido en un permanente y perfecto estatuario para no llevarse ninguna andanada. Los dos alcaldes del PP que ha tenido la ciudad han gobernado sin gozos. Tampoco sombras.

Monteseirín se levantaba cada mañana con una idea, digámoslo así. Un día se le ocurrió terminar con el exorno plateresco de la fachada del Ayuntamiento, la que da a la Plaza de San Francisco, al igual que Salamanca va rematando los medallones de su Plaza Mayor con nuevos personajes. ¿De dónde sacar el dinero para ese proyecto? Una mente preclara lo iluminó: del superávit del Alcázar. Y reformó los estatutos del patronato. El catedrático Vicente Lleó dimitió. Y Soledad Becerril y Jaime Raynaud también. Pero como no se trataba de las dimisiones de hermanos mayores, a la ciudad le importó un pimiento (morrón)la marcha de ambos. Lo mejor de la carta de renuncia de la ex alcaldesa y ex ministra de Cultura fue la comparación que hizo: “No es conveniente que sobre el Alcázar se haga recaer la conservación de la Casa Consistorial porque es como si sobre el Museo del Prado recayera la conservación de la Casa de las Siete Chimeneas, sede del Ministerio de Cultura”.

Diez años después de aquella reforma estatutaria, el alcaide del Alcázar, Bernardo Bueno, confirma que el gobierno está dispuesto a cortar el desvío de fondos del Alcázar para pagar las restauraciones del edificio noble del Ayuntamiento, una enmienda en toda regla a una de las principales reformas del anterior alcalde socialista. El Alcázar ha generado hasta ahora 1,1 millones de euros que se han empleado en mejoras de la Casa Consistorial, donde en los últimos meses de Monteseirín faltaba el papel higiénico.

Bernardo Bueno, socialista sevillano de la vieja guardia, defiende con todo acierto el retorno al plural en la denominación del conjunto monumental. Esta ciudad tiene 13.000 veladores, una Catedral y unos Reales Alcázares, al ser una suma de palacios de diferentes períodos. Si Bueno anuncia que las cosas volverán al statu quo previo a la reforma de Monteseirín, hay que darlo por hecho. Porque cada vez que hay marejada en el PSOE sevillano, alguien que sabe dice que hay que mirar en qué bando está Bernardo Bueno. Su bando es siempre el que gana.

El gris de Espadas y la herencia de Zoido

Carlos Navarro Antolín | 11 de septiembre de 2015 a las 5:00

ELECCIONES. Tiro de línea. Barriada Felipe II. Tercera Fase. CAl
UNA forma de cumplir las bodas de plata como político en activo es guardar la disciplina en el carril gris. El color de la longevidad en política es el gris. Sé gris y échate a dormir. Manuel Chaves se estrenó como político en 1977. Y fíjense: ha estado hasta antes de ayer por la mañana en el machito, del que se ha despeñado por empeñarse en alargar su trayectoria pública. Otro gallo le hubiera cantado si en vez de coger el Ave a Madrid a trincar el caramelo envenenado de aquella Vicepresidencia Tercera, se hubiera quedado en Sevilla echando tardes de tranquila lectura en el Avelino de Heliópolis. Quien se queda en el foco más tiempo del debido corre el riesgo de achicharrarse. Es la factura de estar expuesto. Por eso mismo Monteseirín aconsejaba en días de polémica a algunos de sus colaboradores: “Tápate, tápate”. El andalucista Rojas-Marcos, en cambio, era partidario de quemarse en la parrilla de los proyectos megalómanos y aventuras imposibes. Rojas-Marcos será de todo, pero nunca un gris.

Juan Espadas está punto de cumplir los cien días como alcalde, un período de paz donde su principal adversario ha sido él mismo, con el tope de sueldo impuesto para la contratación de gerentes y asesores, con declaraciones difusas sobre las próximas ordenanzas fiscales y con la creación de polémicas estériles como la del numerus clausus de los concejales en la procesión de la Virgen de los Reyes. Por cierto, que en la misa de renovación del voto a la Hiniesta Gloriosa no ha habido tijeretazo a la Corporación bajo mazas. Espadas ha debido entender que este acto en San Julián, con escasa trascendencia mediática, equivale a una novillada sin caballos, por lo que sólo merece la pena meter la tijera en los festejos de abono: Virgen de los Reyes y Corpus. ¿No se trataba de regular la presencia institucional en actos religiosos? Tan religioso es el Día de la Virgen (con pontifical posterior) como la eucaristía ante la Patrona del Ayuntamiento. ¿A ver si resulta que sólo limitamos los concejales (del PP) cuando hay procesión y, por tanto, una elevada cantidad de público? Tadeo, Tadeo, que te veo…

Sigamos con lo de los sueldos por lo bajo. Emasesa está sin consejero delegado. Ha habido que habilitar a un directivo de la casa para que firme los papeles de forma interina. Lipasam también vive un período de sede vacante. Ha tardado tres meses en encontrar un gerente para Tussam, cuyo perfil obliga a una reforma de estatutos porque el elegido carece de titulación, mientras los sindicatos hacen público su deseo de que siga el gerente de la etapa del PP. Que unos sindicalistas elogien a un gerente suena a los republicanos encantados con un Rey, o a los ateos que echan flores a un Papa.

El alcalde de Sevilla cobra muy poco para la responsabilidad que asume. No llega a 60.000 euros. Pero la demagogia imperante, cuyos cimientos han levantado los propios políticos, impide afrontar una subida de sueldo. A nadie se le ocurre mentar la bicha. Espadas, él solito, se metió hace cuatro años en el lío de prometer que por encima del Rey, ninguno. Por encima del sueldo del alcalde, nadie. Y así está la corte: de medio pelo y a medio terminar.

Al margen del tiro en el pie por la cuestión de los sueldos, Espadas genera un ambiente de grises donde se mueve cómodo. El gris es su hábitat, dicho en terminología de Antonio Muñoz, delegado del ídem. Zoido no deja de ser también un político gris en la gestión, pero su populismo en tiempo de promesas generó unas expectativas que terminaron pasándole una dolorosa factura: 60.000 votos menos. Un político del PP con despacho en el Norte aseveraba días atrás: “Jamás hemos tenido una referencia tan fuerte el Sur y qué poco nos ha durado”.

Gris fue Espadas en la oposición, donde sólo subió el tono levemente en el último tramo, y grises han sido estos cien días, sin protestas sonadas de sindicatos en la Plaza Nueva. A Espadas, además, no le falta la pizca de suerte del recién llegado al cargo. El alcalde tiene debilitado al sindicato de policías locales, la bestia negra de todos los alcaldes, seriamente en jaque por el amaño de las oposiciones.

Cuando comience la lista de reproches por los mil defectos de la ciudad, que no tardará en empezar, y cuando algún miembro de la cuadrilla se resbale en el albero de la política, Espadas sufrirá como todos los alcaldes. A su favor juega que en la mayoría de los casos, nadie podrá decirle que prometió el Pompidú, piscinas fluviales en el río, poner sombra en la Avenida, acabar con los veladores o ser el alcalde del empleo. Una de sus grandes ventajas ahora mismo es la herencia de Zoido, el alcalde caracterizado por la hiperactividad social y un balance demasiado pobre en función del altísimo poder político otorgado por las urnas. Cierto perfil de sevillano ha acabado empachado de alcalde tras el mandato anterior. Y ahora mismo no digiere nada mal a un alcalde que sabe a tortilla francesa y manzana tras un atracón de carbohidratos. El pueblo es así de cruel. La auténtica fiera no ruge en los tendidos, sino en las urnas. Y Sevilla guarda mucha crueldad en su interior.

A Espadas, por el momento, le basta con no estar presente en mil actos inútiles, lograr materializar algún apoyo de la Junta, no incurrir en anuncios difusos sobre subidas de impuestos y mantener calmados a los dos partidos que le prestaron las muletas en la investidura. Con el paro en reducción, el país atento al sonajero de las elecciones, el PSOE sin remontar el vuelo en España y el apoyo de Susana Díaz, el alcalde de Sevilla tiene fácil vivir de la herencia y seguir jugando al gris. No es que el alcalde se tape, es que está tapado, porque así viene de fábrica.

Espadas, dos meses de paz

Carlos Navarro Antolín | 13 de agosto de 2015 a las 5:00

EL SOCIALISTA JUAN ESPADAS TOMA POSESIÓN COMO ALCALDE DE SEVILLA
DOS meses en el gobierno y ni una sola polémica que ponga en jaque la estabilidad de un ejecutivo en minoría. Madrid y Barcelona no han dejado de copar titulares por las decisiones de sus nuevos gobiernos, ambos controlados por franquicias de Podemos. Juan Espadas puede presumir de que la banda sonora de su arranque como alcalde suena a música celestial, a un chill out donde los concejales, camisas blancas por fuera, comen las perdices de la felicidad y no dan muestras de estar atacados de los nervios pese a la concentración de competencias en sólo diez delegados. Hasta uno de ellos se encuentra ahora muy lejos de Sevilla, por unos lugares del planeta donde se caen los glaciares por efecto del cambio climático, disfrutando de unos días de vacaciones. Un gobierno sin una sola grieta aún en sus cimientos, pese a estar apuntalado por tres concejales bisoños de Participa Sevilla (una suerte de podemitas a tiempo parcial) y dos de Izquierda Unida. El nuevo frente de izquierdas no irrumpe, al menos por ahora, en la actualidad municipal.

El mayor problema interno del alcalde sigue siendo encontrar gerentes para las sociedades y entes municipales, un escollo provocado por él mismo (un tiro en el pie) al fijar el tope salarial de asesores y altos directivos en los 60.000 euros mal contados que él mismo percibe como máxima autoridad municipal. Este techo en los emolumentos provoca, por ejemplo, que la joya de la corona de las empresas municipales –la compañía metropolitana de aguas– aún no tenga consejero delegado, pues han declinado el ofrecimiento algunos de los profesionales a los que se ha ofrecido el cargo, como Jaime Palop y José Manuel Puerto.

Espadas disfruta de una paz inicial de la que sus dos antecesores no gozaron. La historia reciente así lo demuestra. Monteseirín las pasó canutas en el Pleno de organización, el primero del mandato. Ha sido el último alcalde de Sevilla que ha intentado subir los sueldos de los capitulares. Lo consiguió en el Pleno del 20 de julio de 1999, donde el socialista se asignó, en su caso, dos millones de pesetas más al año. Votaron a favor del aumento salarial todos los concejales del PSOE y los del PA, que eran socios de gobierno. Los del PP, cuya portavoz era aún la ex alcaldesa Soledad Becerril, votaron en contra y renunciaron después a la subida. Aquella misma noche, pocas horas después de acabada la sesión plenaria, Monteseirín filtró a algunos medios de comunicación que renunciaba al aumento de sueldo, pese a que había sacado adelante la votación. La presión de la polémica, de la que se hicieron eco varios telediarios nacionales, forzó al alcalde a dar el paso atrás. Monteseirín siempre se ha quejado de que el PP se la jugó con las cámaras por delante, pues la subida estaba pactada previamente entre los portavoces de los grupos políticos. Los concejales del PSOE fueron también renunciando días después al aumento salarial, no sin que alguno como Blas Ballesteros, delegado de Tráfico, advirtiera que la marcha atrás del alcalde no obligaba a los demás concejales del grupo socialista. El caso es que la polémica lastró la figura de Monteseirín durante mucho tiempo. Los sueldos se quedaron como estaban desde 1991, última vez que crecieron.

Doce años después, Zoido sudó también en el arranque de mandato. Pasó fatigas sólo dos días después de arrollar en las urnas, cuando ni siquiera estaba aún investido como alcalde por el Pleno. Todo se originó por anunciar en una televisión local que colocaría mobiliario clásico en sustitución de las farolas y bancos de estilo moderno que Monteseirín colocó en zonas del centro histórico, como la Puerta de Jerez y las plazas del Pan, la Pescadería y la Alfalfa. Pese a que precisó que serían reutilizadas en otros lugares de la ciudad más idóneos, al político del PP le llovieron las críticas y le recordaron que el polémico proyecto bautizado como La Piel Sensible (reforma urbanística de la Alfalfa y su entorno caracterizada por un nuevo pavimento y las farolas duchas) costó tres millones a las arcas municipales. Zoido fue visto como un político frívolo en una ciudad marcada por problemas como el paro y la falta de viviendas.

Los socialistas municipales de hoy, apuntalados en la investidura por dos grupos que tienden con facilidad al radicalismo de teletipo y salón, han tenido ahora la habilidad de dejar a Zoido orillado en la ranciedumbre estética desde un punto de vista político. Basten tres ejemplos. Espadas, sin ser el Ayuntamiento propietario de los terrenos de Altadis, ha conseguido que el futuro de este gran espacio fabril de Los Remedios se asocie por iniciativa suya a una marca de prestigio no cuestionada como la Singularity University en lugar de a ofertas comerciales, como proponía el anterior alcalde. En segundo lugar, Espadas ha logrado sacar a Zoido del burladero del palomar en la polémica (gratuita, todo hay que decirlo) del recorte del número de concejales en la procesión de la Virgen de los Reyes. El PP ha tratado de hacerse fuerte sin éxito en un asunto donde hubiese sido más fácil tildar al gobierno de prohibicionista. Y en tercer lugar, el PP ha tenido que echar la mirada abajo cuando ha trascendido que la multinacional Macdonald´s toma la Campana con sillas y veladores. Zoido ha tenido que estar callado en este nuevo ejemplo de ocupación de la vía pública, pues su Gerencia de Urbanismo disparó la concesión de licencias de veladores en tal número que bien pudiera poner en su escudo de armas una mesa y cuatro sillas. Y, además, se mostró incapaz de poner orden e impedir la instalación de terrazas ilegales, un objetivo que está por ver si lo consigue el hoy alcalde socialista, con un Ayuntamiento sin inspectores por las tardes.

La situación es favorable a Espadas a su derecha y a su izquierda. A su diestra, el alcalde socialista cuenta con la ventaja de tener un líder de la oposición con pasado. Y un pasado muy reciente. Juan Ignacio Zoido se ha empeñado en seguir al frente del grupo municipal del PP (a la espera de un nuevo destino político a sumar o en sustituición del actual cargo) lo que carga de munición al gobierno para defenderse de los ataques de quien es su principal adversario político (y que preside el grupo municipal más poblado, con doce concejales). Cada vez que Zoido levanta la voz, hay un expediente municipal aún calentito que sirve como respuesta, ya sea para recordar que ni siquiera tramitó la rehabilitación del Pabellón Real, que dejó un remanente negativo en Urbanismo de 15,3 millones o que emitió permisos para veladores en favor de 3.500 nuevos bares. Zoido es víctima de sus particulares hormigas blancas. Se han invertido las tornas, pues con Monteseirín ocurrió anteriormente esta situación, ya que al sumar tantos años de gobierno terminaba por acumular irregularidades diversas que eran la delicia de los entonces implacables Zoido´s boys.

A su izquierda, Espadas no sufre hostilidad digna de mención. Participa Sevilla e IU no amenazan por el momento los planes del gobierno, más allá de reivindicaciones en asuntos de los que ambos partidos hacen estandarte propio: críticas a las subvenciones a la Iglesia (caso del patrocinio de Emasesa a Santa Catalina) o el apoyo a los trabajadores de la Corchuela que se manifiestan hoy ante las puertas del Ayuntamiento. Ciudadanos, con tres concejales, aún no ha dado ni un simple dolor de cabeza al gobierno. Ni es previsible a corto plazo que haga sudar mucho al alcalde, pues el entendimiento entre el PSOE de Susana Díaz (en adelante La Que Manda) y los Ciudadanos de Juan Marín (brazo ejecutor de Albert Rivera en Andalucía) se presume estable en el Parlamento, más allá de roces propios de la gestión diaria y el asunto sobre la permanencia en el gobierno de altos cargos que están imputados.

Dos alcaldes sobre el redondel

Carlos Navarro Antolín | 13 de junio de 2015 a las 5:00

EL REY FELIPE SEXTO ENTREGA LOS PREMIOS UNIVERSITARIOS Y TAURINOS DE LA MAESTRANZA DE CABALLERIA foto Juan Carlos Muñoz
LA vida es lo que ocurre en veinte minutos en el ruedo de una plaza de toros, el tiempo de lidia que marca el reglamento. Orto y ocaso, tragedia y éxito, sol y sombra, silencio y clamor, vítores y bronca, gobierno y oposición, nobles y plebeyos, curas y civiles, cemento y albero, tendido y grada, abrazos y miradas aviesas, trajes oscuros y telas coloridas… El Rey se queda al canapé. Su padre también lo hacía. Los tíos del pinganillo hacen un cordón de seguridad, como los cofrades pretenciosos delante de un paso de palio. Los señores de cable en la oreja siempre tienen cara seria, de negarte el saludo y la ubicación del baño, al fondo a la derecha. La gente en Sevilla sabe cangrejear delante del monarca la mar de bien. En el albero están el alcalde saliente y el alcalde entrante. El titular y el in pectore. Una, dos y tres, dos alcaldes sobre el redondel. Pero Sevilla, cruel como un infante, ya no ve al saliente como alcalde, ni todavía ve al entrante como tal. Sevilla estos días ve a su Ayuntamiento como Roma en días de sede vacante. Los políticos juegan a veces a dar frío durante su mandato, sin saber que ellos lo recibirán también. Saluda al subir, que te los encontrarás al bajar, enseña el Papa Francisco.

El Rey se llevó los aplausos con solo abrazar el atril, como un pregonero de Semana Santa al que el público quiere tributar un ad calorem para que se sienta a gusto y pierda cualquier atisbo de nervio. Ovación larga y sentida. “Aún no he dicho nada”, respondió agradecido. Pero Sevilla aplicó eso tan hispalense de al amigo, todo; al enemigo, nada, y al indiferente, la legislación vigente. Y al Rey venían de pitarle en Barcelona, que los telediarios están en el imaginario colectivo. Entre el público se oyó: “¡Viva el Rey!, ¡viva España!” Sevilla no ha dejado a su Rey, madeja de la heráldica local.
Aquí no se pita. Hay abrazos sentidos, como el que se dieron monseñor Asenjo y Alfredo Sánchez Monteseirín. El arzobispo no olvida que el alcalde socialista lo arropó en sus inicios difíciles en Sevilla. De hecho, aún se recuerda el consejo desenfadado que el cardenal le dio en su día al prelado hispalense ante Sánchez Monteseirín y un coro de sacerdotes: “Juan José, de todos los que estamos aquí, del que te puedes fiar es del alcalde”.

Y otro abrazo se dieron Monteseirín y Espadas. “Ahora que vuelven los míos, iré a la toma de posesión”, dijo Monteseirín en los dominios del tendido uno. Yrecibió una andanada.

–¿Seguro que los que vuelven son los tuyos?

Monteseirín se rió. “Sí, hombre, sí”. Pues no lo invitaron a ningún acto de la campaña. Como sería la cosa que Monteseirín se dedicó a arrimar el hombro en la campaña de Ángel Gabilondo a las autonómicas de Madrid. Estos días está feliz. Vuelve a pisar el ruedo de la plaza de toros con mocasín firme. Y lo hace del brazo de doña Teresa: “Soy su madre, no su mujer”.
El presidente del Consejo de Cofradías, Carlos Bourrellier, resta importancia a los rumores que lo sitúan como asesor del gobierno de Espadas en materia de fiestas mayores. Espadas accedió a la carpa y no encontraba quién lo acomodara. El responsable de protocolo del Ayuntamiento no estuvo al quite. Seguro que hoy la cosa cambia en el Salón Colón. “Y más a partir del lunes”.

–Eso seguro, Juan.

Dos ex alcaldes de ruán participaban en el acto: Fernando de Parias y Manuel del Valle. El alcalde saliente, Juan Ignacio Zoido, era la otra cara de la tragedia griega, el emoticono frío de las últimas horas en el cargo. Pero allí estaba, aguantando el tipo. No se olvide que Monteseirín pegó la espantá en la toma de posesión de Zoido en el verano de 2011. Y la plaza de toros no es mal sitio para una despedida. Que se lo digan a Ruiz Miguel. O a Manolo Vázquez. Por allí andaba el catedrático Javier Landa, siempre sonriente. Y un par de concejales del naufragado gobierno de los veinte concejales, el mismo que perdió 60.000 votos en cuatro años, 40 votos cada día. ¿Cuántos votantes caben en la plaza de toros de la Real Maestranza? Pues se pueden llenar casi cinco plazas de toros de Sevilla con los votantes que ha perdido el PP en las pasadas elecciones municipales. ¿Pensaría eso alguien durante el canapé? Frío, frío… Gélido, gélido. Los langostinos pelados daban la vuelta al ruedo. Sevilla es plaza de primera, da derecho a tres entradas por bandeja. El queso aparece en dados y la carne en lonchas. Las miradas se sirven frías, cruzan la raya de picadores del rencor cuando divisan ciertos abrazos por muy impostados que sean los abrazos. Los abrazos en política se dan para enviar mensajes a un tercero, al que mira desde el burladero de la memoria. No hay abrazos de afecto en el teatro de la mentira que es la política.

La única verdad en el ruedo estaba en quienes cangrejeaban ante el Rey sorteando a los tíos del cable antiguo de teléfono en la oreja, en el frío pasajero del alcalde saliente y sin plañideras, en la madre de Monteseirín sonriente al ver a su hijo rehabilitado en la vida social, en la señorial figura de don Otto Moeckel, medalla de plata de la institución nobiliaria; en la cerveza que se tomaron los trabajadores del escenario como cuadrilla de mulilleros tras el arrastre del toro.
¿La verdad? La verdad es que el Rey pasó por Sevilla otra vez siendo alcalde Juan Ignacio Zoido. Eso dirá el frío mármol de la historia. Pero no dirá nada del frío del albero. Una, dos y tres, dos alcaldes estaban sobre el redondel.
EL REY FELIPE SEXTO ENTREGA LOS PREMIOS UNIVERSITARIOS Y TAURINOS DE LA MAESTRANZA DE CABALLERIA foto Juan Carlos Muñoz

Cuatro años de urbanismo defensivo

Carlos Navarro Antolín | 14 de abril de 2015 a las 5:00

ZOIDO Y MAXIMILIANO VILCHEZ, INFORMAN SOBRE LOS AVANCES DE LA CIUDAD DE LA IMAGEN
Tras el ciclo inversor de la Expo´92, Rojas-Marcos trató de continuar una política basada en las grandes obras. Sin Exposición Universal y con los primeros presupuestos públicos ya recortados para Sevilla por el complejo de las administraciones con la capital, el alcalde andalucista mantuvo los sueños de grandeza a base de estadios cartujanos, placebos de Juegos Olímpicos, la reforma del Prado de San Sebastián, las nuevas losetas de pizarra sucia alrededor de la Catedral y la recuperación urbanística de la Buhaira. Perdida la Alcaldía en 1995, el PA mantuvo a toda costa la parcela de poder de la Gerencia tanto con la Alcaldía de Soledad Becerril (1995-1999) como con la de Sánchez Monteseirín (1999-2003). Todo por el Urbanismo, rezaba en la entrada del cuartel andalucista. Todo era negociable para Rojas-Marcos en el reparto de la tarta de poder municipal, menos Urbanismo. Rojas-Marcos dio la Alcaldía en 2003 al PSOE con tal de mantenerse en las caracolas de la Cartuja y con la coartada de que así se garantizaba el inicio de la obra del Metro. Aquel pacto antinatural acabó con su carrera y con el propio Partido Andalucista, que sigue perdido en el limbo de la papelera de reciclaje de la política. Los socialistas explotaron hábilmente el concepto del urbanismo bajo sospecha para estigmatizar al PA, aunque ninguna sentencia judicial ha corroborado práctica ilegal alguna. El daño estaba hecho y el objetivo logrado.

La ambición andalucista por garantizarse siempre la Gerencia bastó para trasladar a la opinión pública una imagen de desconfianza que, sumada a otras causas, terminó por dejar en la cuneta a Rojas-Marcos y a sus chicos. Los socialistas recuperaron por fin el control de la Gerencia de Urbanismo en 2003. Como en la canción de Julio Iglesias, lo mejor de la vida de la Gerencia se lo llevó Monteseirín, con unas cifras de ingresos por licencias, tasas y convenios urbanísticos tan mareantes que nunca se echaron de menos las transferencias comprometidas en el Pleno para garantizar el funcionamiento de este organismo autónomo. La Gerencia, como la Catedral de Sevilla, era un modelo de autofinanciación gracias al boom de la actividad inmobiliaria. Monteseirín ordeñó bien las vacas gordas. Justo en 2003 comenzó la escalada de ingresos en todos los conceptos de un organismo fundado en 1983. Basten dos datos: en 2010 se presentaron a licencia proyectos por valor de 212 millones de euros, y en 2011 se ingresaron 11,1 millones de euros por intereses bancarios. Monteseirín impulsó una ristra de proyectos no exentos de polémica, pero consecuencia de su habilidad para despertarse cada mañana queriendo sacar un conejo de la chistera. Lo de menos era el proyecto, el presupuesto y el plazo. Lo importante era sacar adelante las ideas. A veces, al precio de colisionar con vecinos, hosteleros y, por supuesto, con la oposición del PP que escrutaba los expedientes. Del urbanismo bajo sospecha se pasó al urbanismo productivo, como le gustaba decir al alcalde socialista, e incluso al urbanismo morado, con el riego de subvenciones a las cofradías y entidades religiosas por valor de más de cuatro millones de euros.

El PP se estrena en la Gerencia de Urbanismo en 2011 condicionado por la obsesión de no provocar ningún escándalo, por no meter el pie en ningún charco y por no incurrir en chanchullos. Zoido tenía claro que sus políticas no podían estar basadas en las megalomanías y pelotazos de otros tiempos. Recibe una Gerencia en la que se ya se cuentan los folios y se exigen que las fotocopias se hagan a dos caras para ahorrar papel. Se obsesiona con la austeridad, amortizando plazas, no renovando contratos externos y reduciendo cargos, tanto como por denunciar la herencia recibida declarando la situación de este organismo autónomo en “números rojos”. Al frente de Urbanismo coloca a quien tenía pensado desde 2007, cuando se quedó sin gobernar. Buscaba el perfil de alguien que no tuviera relación alguna con el sector de la construcción, alguien que no echara la tarde meciendo la copa en el reservado de un restaurante, alguien de perfil blanco e intachable y, por supuesto, con un interés muy reducido en obtener notoriedad. La combinación de esa obsesión por la austeridad, el currículum limpio del elegido y el bajonazo de los ingresos han generado una suerte de urbanismo defensivo más preocupado en no cometer una falta que en meter un gol. El PP no ha metido el pie en el área de urbanismo, ni ha disparado a puerta nunca. No es que al alcalde le haya faltado tiempo, es que le ha faltado gestión cuando se trata de mirar hacia la caracola número uno de la Cartuja. La pusilanimidad ha marcado muchas acciones. Pongamos dos ejemplos extremos: ni se ha sacado adelante el azulejo trianero de la zapata, ni la reforma del PGOU anunciada mediante un comité de sabios con nombres y apellidos. Y en medio podríamos enumerar decenas de proyectos, incluida la marcha atrás en el helicóptero de la glorieta de los Bermejales en el que se iban a tirar 180.000 euros.

A Zoido y a su muy honrado delegado de Urbanismo y Medio Ambiente, el reverendo Vílchez, le han aflorado veladores hasta en las mismas narices del Ayuntamiento. La recaudación por las licencias para mesas y sillas se han duplicado (casi un millón de euros en 2013, un 31% más que en 2012 y un 102% más que en 2011) y son ahora casi la principal fuente de ingresos de la Gerencia. Sevilla se ha convertido en un gran velador estos cuatro años. La incapacidad para controlar los evidentes excesos en las terrazas es palmaria. Se ha dejado hacer a los hosteleros con la coartada de la recuperación económica. Sólo ha faltado echarle la culpa a la Junta de la reproducción masiva de los veladores como si se tratara de Ikea, la SE-35 o la Gavidia.

Tampoco tiene la Junta la culpa de la incapacidad para negociar un nuevo convenio colectivo en la Gerencia, que el gerente, Alberto de Leopoldo, denunció a finales de julio de 2013 cuando la mayoría de los trabajadores empezaban las vacaciones. Urbanismo sigue padeciendo hoy una superpoblación de jefaturas, con una plantilla en la que los sueldos y las ventajas laborales están muy por encima del resto del Ayuntamiento, hasta tal punto que el PSOE admitió que era conveniente bajar los salarios.

El PP ha sido incapaz de sacar rédito a un urbanismo de tiesos. Maximiliano Vílchez se marcha de la política definitivamente, lo cual es suficientemente revelador por mucho que se quiera aplicar el maquillaje de las siempre respetables razones personales. Vílchez, persona de máxima confianza del alcalde, ya admitió en una entrevista concedida a este periódico en diciembre de 2013 que había pensado en dimitir. La falta de sinergia con el gerente que le impusieron ha sido más que evidente. Ni ha habido grandes proyectos, ni impulso político para los pequeños, ni control del colesterol urbano que son los veladores, ni inspectores por las tardes ni los fines de semana, ni nuevo convenio colectivo… Ni la picardía mínima para sortear los obstáculos de un cuerpo de técnicos demasiado esquinados la mayoría de las veces, o demasiado asustados por ver desfilar a compañeros camino del juzgado. Son malos tiempos para basarlo todo en la honradez. La corrupción no sólo no está amortizada, sino que resulta rentable. Las últimas elecciones parecen demostrarlo.

Monteseirín, el ausente

Carlos Navarro Antolín | 10 de noviembre de 2014 a las 5:00

PSOE Susana Díaz, Pedro Sánchez, Juan Espadas, y Verónica Pérez en Sevilla
A Pedro Sánchez le presentaron el sábado en Fibes a Manuel del Valle, aquel alcalde de ruán que se quedó sin vivir como tal la Exposición Universal. Al secretario general del PSOE le han dicho que Del Valle es un alcalde socialista de cuya gestión hay que estar orgullosos, hay que sacar pecho y presumir de los destellos que aún perduran. Está claro que el tiempo lima las aristas. Del Valle parece un invitado en sepia en el escenario rojo del actual PSOE. La memoria, siempre selectiva, se torna breve cuando se trata de la política. Juan Espadas agradeció desde el atril su presencia en el acto con el que los socialistas sevillanos quieren coger carrerilla para aspirar a una Alcaldía en manos aún de Zoido, un político de capa que como Juan sin miedo no le teme a Podemos.

Espadas se sintió tan fuerte –o tan fiel a la estrategia marcada– que reivindicó la herencia socialista, más allá de los agujeros económicos, las facturas falsas, los desfases presupuestarios de las obras y los atentados estéticos en lugares claves del conjunto histórico. El candidato socialista a la Alcaldía pareciera que, por fin, iba a dejar los complejos fuera, iba a descartar esa media salida del portero que siempre, siempre, acaba en gol; iba a dejar de admitir con pusilanimidad los fallos de los gobiernos anteriores, iba a hincarle el diente a ciertas irregularidades del gobierno actual, que hay asuntos en los que el toro de las sonrojantes contrataciones de gerentes en fundaciones subvencionadas se lo han mandado al corral… ¿Por qué ese temor y ese exceso de prudencia ante casos tan evidentes, esa oposición al ralentí, ese decir las cosas bajitas para no molestar? Ay, la que le hubieran dado a Torrijos con todo merecimiento si lo trincan de delegado de Asuntos Sociales subvencionando fuertemente a una entidad que acaba de contratar a su cónyuge de gerente.

Pues estábamos ilusionados con un Espadas renovado que, por fin, estaba dispuesto a reclamar la herencia socialista. Ynada menos que en un acto con los altos mandos del partido, con eso que se llama Ferraz, dicho con mucha insistencia en la zeta final, aunque lo de la zeta suene malamente. Dijo Espadas: “¿Deuda? Yo veo equipamientos e instalaciones de las que disfrutan hoy los sevillanos y que hicieron otros socialistas, mientras que el actual alcalde ha obtenido superávit en las cuentas porque no ha gastado un euro en la gente”.

¿Han oído?”Otros socialistas” Ahí quedó. Allí estaba Del Valle, sentado en lugar preferente como jarrón chino del socialismo hispalense, al que se le invitó a saludar. ¿Pero por qué no estaba el alcalde socialista que ha gobernado doce años la ciudad? ¿Acaso ha habido algún alcalde de algún partido que haya gobernado tres mandatos consecutivos la ciudad? ¿Oes que la herencia a la que se refiere Espadas sólo la dejó Del Valle? Ah, claro, quedespués de Del Valle pasamos a Alejandro (con la jota bien aspirada, con fuerza), de Alejandro a Soledad y de Soledad directamente a Zoido… No hay más alcaldes socialistas. ¡Sólo Del Valle! En la rampa de lanzamiento de Espadas, sólo estaba don Manuel entre los antiguos alcaldes de Sevilla, como un viejo profesor entre tanto joven aparato, como un recuerdo de la antigua escuela, como un testimonio venerable. A Alfredo Sánchez Monteseirín no le invitaron a ocupar una silla junto a Del Valle. Tanto hablar Espadas de la herencia, que en el PSOE lo han interiorizado, han reducido a Monteseirín a la condición de “causante”, que es como se llama jurídicamente al espichado que deja bienes y deudas. Monteseirín es el ausente de Fibes, como el régimen tuvo su ausente. Debe haberle ocurrido como a Manuel Garrido, el compositor nonagenario, autor de las Sevillanas del Adiós entre muchas otras letras celebérrimas, que dejó uno de los mejores titulares de la prensa local de los últimos años: “Ya no me llaman, creerán que me he muerto”.

Monteseirín hace tiempo que ya se pasea por Sevilla sin aguantar miradas aviesas. El 12 de octubre hasta fue al cierre de la temporada taurina en la Real Maestranza. Pero está visto que en el PSOE aún incomoda su presencia en ciertas fotografías, no vaya a ser que tenga que dejar las llaves y el móvil antes de cruzar bajo el arco de seguridad de los juzgados. Espadas no quiere posar junto al ex alcalde, pero sí lo hace abierta y generosamente con Del Valle. Monteseirín aún tiene que coger pátina y tornar su perfil al blanco y negro para que su partido lo perdone y le retire el carro de la nieve.

–Alfredo, no te he visto en Fibes. ¿Te han invitado?

–No. Se les habrá pasado.

Tampoco estuvieron Chaves ni Griñán, todos esos “otros socialistas”. Lo dicho, tanto hablar de la herencia, que ya no lo llaman. Habrán perdido el móvil. Yhan puesto el disco de las Sevillanas del Adiós, pero sin que se muera nada del alma. Política.

La decadencia de Los Remedios

Carlos Navarro Antolín | 10 de septiembre de 2014 a las 5:00

17-1-204 JOSE LUIS MONTERO APERTURA PARKING VIRGEN DE LUJAN
IBÁÑEZ le hace el chaqué al pregonero de la Semana Santa. Todos los años vemos su foto con la lengua apretada entre los dientes mientras se agacha levemente para tomar medidas a esos señores taciturnos y con cara de estar llamados a una alta misión de Estado. Ibáñez se tiene que agachar porque en la gran mayoría de los casos está a mucha más altura que los pregoneros, pero a muchísima más. Por la cara de Ibáñez tomándole medidas al tipo se intuye cómo va a ser el Pregón. Y a la salida del teatro ya se sabe cómo ha sido la cosa.
–¿Qué tal ha estado el pregonero?
–Lo bien que le quedaba al tío el chaqué de Ibáñez con la chepa que tiene, oye.
Pero Ibáñez no vive de los pregoneros, por fortuna para sus fines de mes. Ibáñez, qué callado se lo tenía, también le hace trajes a los alcaldes de la ciudad a lo sastrecillo valiente. Este maestro sastre de la calle Asunción ha dicho, o más bien clamado, que Zoido tiene complejo con Los Remedios, el barrio de España donde mayor porcentaje de votos saca el PP, muy por encima del distrito capitalino de Salamanca, o sea tía. Ibáñez le ha tomado las medidas al alcalde, le ha recogido el bajo del pantalón, ha tenido en cuenta la sisa y el ancho de hombros y, hala, se le ha escapado un alfilerazo a cuenta del persianazo de Cañete por la caída de las ventas en la calle. Ibáñez le ha puesto a voz a muchos vecinos de Los Remedios: “Zoido está acompejadísimo de invertir en Los Remedios”. Sin anestesia. Y ha arremetido también contra Monteseirín por dejar la calle convertida en un paseo de abuelos con nietos, bicicletas y público low cost. Ibáñez ha mandado a los alcaldes a paseo, a paseo por el tramo de Asunción sin coches, pero con madres ocupando veladores con un café de hora y media.
Las calles se van adaptando a los tiempos. Como los seres humanos. Las calles tratan siempre de sobrevivir, de buscar la salida al entuerto. Donde estaba un salón de té, con batidos preparado a mano y bandejas de emparedados caseros, ahora se despachan cubos de botellines con chacinas plastificadas. Donde antier se negociaban hipotecas, se pedían préstamos o se invertía en fondo de inversiones, hoy se venden cigarrillos de vapor o bisutería. La crisis ha mudado la piel de las ciudades. Y la crisis impide también el rejuvenecimiento de la población de muchos barrios. ¿Qué edad tiene Los Remedios? La de sus primeros pobladores. De hecho el principal promotor inmobiliario del barrio, Gabriel Rojas, falleció hace sólo dos años. ¿Quiénes serán los vecinos de Los Remedios del futuro más próximo si no hay quien pueda pagar ni siquiera los recibos de IBI de esos pisos interminables de República Argentina, la Plaza de Cuba o Virgen de la Antigua, por poner sólo tres ejemplos? La gran mayoría de los hijos de aquellos primeros pobladores no viven en Los Remedios, huyeron al área metropolitana (conocida como la Gran Sevilla en la terminología de los años de ladrillo y champán) y sólo vuelven para bañar a sus hijos en las piscinas de los clubes junto al río. Heredar uno de esos pisos es cuadrarse para recibir la estocada limpia y certera de los impuestos correspondientes y los descabellos semestrales de la antigua contribución urbana. No hace tanto tiempo que este periódico publicó la lista de las calles de la ciudad donde más recibos de IBI se deben habitualmente. En el morboso top ten de la morosidad figuraban las principales arterias de Los Remedios… y la Avenida de la Palmera.
Los Remedios es un barrio decadente sin la belleza que lleva aparejada la madurez. Su estética se ha hecho vieja como los bajorrelieves de cerámica tardofranquista de esos portales, custodiados aún por conserjes tras un mostrador y con un par de sillones siempre vacantes a la luz de lámparas de pantalla blanca. El barrio se ha hecho viejo como las láminas de la caza del ciervo en la sala de espera de los dentistas, como las sillas con respaldo de varillas y asiento acolchado de algunas cafeterías. El barrio ha perdido su capacidad de sostenibilidad, que dirían hoy los sesudos analistas. Sus propios vecinos eran la clientela de esos comercios de chaqués y camisas a medida, muebles de caoba, suntuosas lámparas, modelos de boutique y hasta pan de tahona. No hay mejor ejemplo que la mudanza del Ochoa de Virgen de Luján a la Huerta del Rey. Hay mudanzas que son todo un aldabonazo.
Debe ser cierto que para saber la edad de los pobladores de un barrio hay que intentar aparcar el coche en sus calles en Nochebuena. Si hay hueco, barrio joven, emisor de comensales. Si se tarda, barrio viejo, receptor de hijos y nietos a lo Carpanta. Ibáñez padre abrió tienda en Asunción en los setenta. Ibáñez hijo, en los noventa. Pero en la mayoría de los pisos no ha habido sucesión. El ciervo sigue corriendo en las láminas y hay mosaicos de los portales que han perdido las teselas. Las entradas de los pisos son espaciosas en contraste con las viviendas de hoy, cuya puerta principal da directamente al salón y hasta a la cocina, porque el promotor quería rapiñar metros cuadrados para sacar más y más adosados. El barrio perdió el tren comercial cuando El Corte Inglés decidió en 1985 abrir su segundo gran centro en Nervión y no en Los Remedios. La edad de Los Remedios es la de sus primeros pobladores, juntos envejecen a la misma velocidad parsimoniosa que los feligreses salen de la misa de una.