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La fiesta marbellí del gerente de Lipasam

Carlos Navarro Antolín | 18 de noviembre de 2014 a las 13:16

LIPASAM PREMIOS
Desde el minuto uno se supo que no era un gerente del montón. Por sus hechos los conoceréis. Y Francisco José Juan, gerente de Lipasam, acumula ya varios. En noviembre de 2011, en las primeras curvas del mandato, un pariente suyo fue multado en una botellona. Se adelantó y se encargó de que el propio Ayuntamiento difundiera la sanción y el cumplimiento de los correspondientes trabajos sociales. Como uno más, sin distinciones ni tratos de favor. En julio de 2012 escribió un correo electrónico para felicitar a toda la compañía por el acuerdo alcanzado con los cocheros de caballo para que las bestias lleven pañales. ¿Recuerdan aquella gloriosa perla? “Nos reunimos con ellos [los cocheros] por primera vez en un bar del Barrio León, reunión de la que mi hígado aún guarda recuerdo, no entremos en más detalles”. Tenía razón Paco Pepe. Lo mejor es hacer como con el Laredo: no entrar. La salvaje huelga indefinida de Lipasam reveló los bueyes con los que ara este gerente tan eficaz y trabajador como políticamente incorrecto. Porque Paco Pepe, justo es reconocerlo, es de los que se faja en primera línea de la calle Sierpes en la medianoche del Viernes Santo, caminando entre la basura que dejan los señores de la carrera oficial tras pasar la Virgen de la Merced para que la vía pública esté lo más presentable posible cuando llega la Madre y Maestra. Y allí está Paco Pepe al frente del dispositivo como lo está una tarde de Feria cuando otros andan mangando invitaciones de caseta en caseta. Quizás por ser como es se quemó con los sindicatos y el gobierno tuvo que buscar otros interlocutores para atajar aquella huelga. No faltaron en el PP quienes exigieron al alcalde su cese como medida de fuerza. Y otros, como Jesús Maza, consejero delegado de Emasesa, defendieron su continuidad. Su cese hubiera sido injusto e interpretado por algunos bravucones sindicales como una medida de debilidad.

El problema de Paco Pepe es haber pasado por taquilla con dinero público para recoger un premio de excelencia de una organización digamos que difusa con sede en La Coruña, donde están puestísimos en la excelencia de la gestión de Lipasam. El último amigo que vino de Galicia no traía morriña, sino una conversación tela de pesada sobre los coruñeses y el frenético interés que pusieron en saber los modelos de productividad y gestión de Lipasam cuando se enteraron de que era sevillano. Por las que hilan…

La coartada es que con 4.700 euros se paga, oh casualidad, la difusión del premio. ¿Pero si la foto de Paco Pepe recogiendo la estatuilla de manos de un tío con pajarita la han dado casi todos los periódicos locales como información del día sin necesidad de efectuar ningún pago? Esto recuerda a aquellas reuniones de los años ochenta que se convocaban en hoteles para mostar los contenidos de una nueva enciclopedia “sin compromiso” y con regalo asegurado por el mero hecho de asistir. Muchos incautos picaban, acudían y acababan comprando esos tomos con letras doradas en el lomo que quedan estupendamente en el mueble del salón: La España salvaje, la Segunda Guerra Mundial, Atlas geográfico del Mundo, El Diccionario de la Naturaleza, Enciclopedia Temática Interactiva, Vida Sexual Sana, etcétera.

Lipasam ha pagado 4.700 euros por una foto con un tío con pajarita y cinco cubiertos en una cena marcada por el glamour en el Hotel Villapadierna. Porque no fue sólo: se llevó a cuatro acompañantes a los que quiso premiar por su esfuerzo. Es verdaderamente emocionante cómo hay jefes que pasan por generosos al derramar la gracia de ciertas dádivas sobre sus subordinados, pero con pólvora del rey, claro. Paco Pepe picó el cebo. Acudió al hotel marbellí y se vino cargado con la enciclopedia, pero pagada con dinero público, que no es de nadie, como dijo aquella mente preclara del PSOE que llegó a ministra. Al menos, es de esperar que su hígado no haya sufrido. Y que las letras doradas luzcan bien en la vitrina de las empresas municipales. Ay, la vanidad. ¿O será microvanidad por aquello de la micropolítica? Si Torrijos paga por recibir un premio de estas características, lo crucificamos. Y ni le ponemos un cirineo para subir la cruz hasta el Gólgota. Pero 4.700 euros no son nada. Ni de nadie.

Las cacas de los perros, el segundo gran reto de Paco Pepe

Carlos Navarro Antolín | 24 de abril de 2013 a las 18:36


La derecha que nos gobierna sigue fiel a la política de infantería. A falta de perras en la caja, perros en las calles. Muchos perros. Muchísimos. Pero pintados en las señales. Guau, guau. La Policía es la que multa, pero sabemos que el gerente de Lipasam, el nunca bien ponderado Paco Pepe, no ha tardado un minuto en afrontar el segundo gran reto de esta sociedad municipal: la cruzada contra las heces caninas. Hasta hay un protocolo de actuación (toma del frasco…) para que los inspectores de Lipasam y los policías locales colaboren contra esta lacra que pone de los nervios a los viandantes. Primero fue sellar la paz social después de nueve días de huelga de limpieza, aquellas horas en las que a punto estuvimos de estrenar el botafumeiro hispalense en la Plaza Nueva, con Jesús Maza y Maximiliano Vílchez (Vírrrsheee, para la edil Medrano) como tiraboleiros de privilegio para matar el olor a basura como se mata el olor a sudor del peregrino. La derecha nos exhibe a un perro en una señal con la que ocurre como la torre del pueblo de Juan Ramón. Vista de cerca parece la Giralda vista de lejos, pero en versión de prohibición que mirada de cerca parece cierto cartel de la temporada taurina visto de lejos, con aquel toro estreñido que acababa de meter los cuartos delanteros en un enchufe. ¿Y por qué no han puesto a un perro haciendo aguas menores? ¿Acaso no se sanciona también el pipí de perro? El PSOE puso a principios de siglo aquellos pipicanes que provocaron risas malévolas, porque las malas lenguas decían que se sorteaba un fin de semana en Rota entre los amos de canes que los usaran. Estudios de los apócrifos servicios secretos municipales aseveran que ciertos pipicanes fueron utilizados más por los amos en noches de botellonas que por las mascotas, con guasa incluida a la hora de activar la cisterna. Y estudios oficiales determinaron que en Sevilla sólo había un pipican por cada 12.500 canes. Ni había pan para tanto chorizo ni pipicanes para tanto perro. ¡La del pipican sí que es una ratio que no hay consejería de la Junta que la arregle! A punto estuvimos de asistir a la botadura del Observatorio del Pipican. Pero se cayó el mercado inmobiliario… y los pipicanes. Y ahora el PP de los 20 concejales y la tiesura le echa a las cacas los redaños que no exhibe contra las sillas de los chinos en Semana Santa. A ver si Paco Pepe nos da la ratio más buscada: la del número de amos de perros con educación y vergüenza que impiden la presencia en la vía pública de esa catalina que ni es santa ni necesita restauración. De los pipicanes del PSOE a los perros sin trapío del PP. Política de ladrido. Guau, guau.

Ser gerente de Lipasam conlleva riesgos para el hígado

Carlos Navarro Antolín | 9 de julio de 2012 a las 18:42

Sabíamos que para ser director general en el Ayuntamiento o gerente de una sociedad municipal u organismo autónomo en el zoidismo imperante se requiere ser funcionario o estar dispuesto a asumir una bajada de sueldo. Así nos lo vendió el gobierno en sus primeros cien días. Lo que ignorábamos es que en ciertos casos hubiera que tener un hígado capaz de funcionar a pedales si es preciso. Vamos, un hígado con piloto automático. Un hígado con memoria. El alcalde estuvo glorioso cuando decretó el fin de la política en los reservados de los restaurantes, para gran disgusto de Jesús Becerra y sus colegas de la hostelería. Y es verdad que se acabaron, vaya que si se acabaron. Tan es así que si usted se encuentra a un concejal del gobierno, haga como en el antiguo régimen con los pobres, que había que sentarlos en su mesa por Navidad. Pues ahora, invite a un teniente de alcalde al café con la media tostada cuando los vea vivaqueando por la Plaza Nueva. Ellos se lo agradecerán. Porque el alcalde los ha dejado tiesos en el presupuesto de prebendas. Pero aún queda quien resiste ahora y siempre a las restricciones, como la aldea de los locos galos con los romanos. El gerente de Lipasam sigue cultivando el estilo antiguo, aquel por el que había que comerse muchos langostinos para llevar los garbanzos a casa. Resulta que don Paco Pepe, que así se llama tan eficaz gerente, ha logrado que los caballos de coches de punto lleven pañales, lo cual estaba en las asignaturas pendientes de la ciudad. Un logro histórico, que diría uno de esos tontos de la historia para los que casi todo es histórico. Y don Paco Pepe ha escrito un correo electrónico interno en el que felicita a toda la compañía, saca pecho cual novillero triunfante y hace balance del camino espinoso que ha recorrido para alcanzar tan anhelado objetivo:

“Nos reunimos con ellos [los cocheros] por primera vez en un bar del Barrio León, reunión de la que mi hígado aún guarda recuerdo, no entremos en más detalles”.

¡Toma, eso es un gerente de los de toda la vida! Que los de ahora mucho pañuelito visto en la tiradora, muy bien afeitados y muy discretos, pero son como la nueva curia de Palacio: ni se les ve, ni se les nota. Menudo sopor. Don Paco Pepe arregla las cosas como hay que arreglarlas. Y al hígado ya le daremos espinacas. A este hombre lo ponía yo al frente de la misión diplomática de Gibraltar, que seguro que lo arreglaba con la misma eficacia que le ha puesto los dodotis a los equinos, cuyas cacas algunos consideraban poco menos que bien de interés cultural. Pero para la próxima, ya sabe lo que tiene que hacer don Paco Pepe: un poquito de benadón 300 mg. Y a disfrutar de la Feria…sin cacas de caballo.