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El negocio perfecto

Carlos Navarro Antolín | 12 de febrero de 2015 a las 5:00

10/03/08//preparativos carrera oficial//foto jaime martinez
El remedio, la solución de urgencia, la salida a la falta de recursos, quién lo diría, se acabó convirtiendo en el negocio soñado por todo empresario. El alcalde Luis Uruñuela, apoyado por el PSOE y el PCE, se encontró en 1979 un Ayuntamiento tieso e incapaz de mantener las subvenciones directas a las cofradías. Por eso optó por la cesión de la explotación de la carrera oficial al Consejo de Hermandades. Traspasó el problema al Consejo, al que dio la caña de pescar en lugar del pescado ya servido y limpio de espinas. Algunas mentes preclaras vieron una suerte de desprecio del gobierno tripartito para con las hermandades, asociaciones de la Iglesia, pero el paso de los años ha demostrado que la carrera oficial es el gran maná de las cofradías, lo que permite su subsistencia y el desarrollo de las tareas de caridad.

El Consejo de Cofradías confió en primera instancia la gestión de la carrera a cuatro silleros (que eran cuatro empresarios denominados los patas negras)para después dejársela en exclusividad a uno sólo de ellos –no sin polémicas y pleitos de por medio– que se integraba en la empresa de servicios Arcasur. Y de esta empresa se llegó al modelo actual, en el que el Consejo asume la gestión directa sin mayores intermediarios.

La carrera oficial es el negocio soñado por cualquier empresario. Se desarrolla en la vía pública con el apoyo absoluto del Ayuntamiento. Por el uso de esta vía pública se abonan a la Gerencia de Urbanismo unas tasas mínimas, en torno a los 12.000 euros. Todos los años hay una demanda de asientos que permitiría casi duplicar el público del recorrido, incluso en tiempos de vacas flacas. El Consejo sabe que el personal hace lo imposible por no perder el palco o la silla. La prueba es que no paran de subir los precios (un año el aumento fue del 10%) y no lo deja de hacer también la demanda.

El Consejo cobra el cien por cien de las tarifas a finales de enero, pese a que la actividad que genera el negocio se produce dos o tres meses después, y no se devuelve nada de lo cobrado en caso de lluvia o de cualquier otro tipo de suspensión de la actividad (por no llamarle espectáculo, que es lo que hizo el propio Consejo cuando gestionó ante Hacienda una modalidad de IVA rebajado). ¿Es o no el negocio redondo con el que sueña todo empresario? Y no se olvide que la carrera oficial terminó quedando exenta de tributos tras unas polémicas inspecciones fiscales.

El total de la recaudación roza los cuatro millones de euros, a repartir entre los gastos que genera la organización de la propia carrera oficial, las hermandades (fundamentalmente en función del número de pasos) y el propio Consejo de Cofradías para su organización interna.

A no pocos cofrades de reconocido prestigio chirría que se califique la carrera oficial de la Semana Santa como negocio. Pero lo es. Las cofradías lo generan con la coartada perfecta de establecer un orden de paso. Aquella solución de Uruñuela, mal vista por los sectores más inmovilistas de la ciudad que acusaban al tripartito como el gobierno del Frente Popular, supuso poner en manos del Consejo de Cofradías la gran gallina de los huevos de oro.

La función social de la máquina de quitar la cera

Carlos Navarro Antolín | 25 de abril de 2014 a las 19:52

Qué maravilla cómo funcionan las cosas en Sevilla… de Semana Santa. En la ciudad en la que lo provisional es eterno, la cera de Semana Santa se recoge en un santiamén. ¿Ha visto usted los palcos? Ni un tubo queda desde el martes mismo después de Semana Santa. Dicen las malas lenguas que es para que el tío del Laredo que perdimos pueda recuperar el pleno dominio de la plaza con sus veladores. Ni 48 horas después de entrada la Soledad de San Lorenzo quedaba una loneta, ni una silla de enea, ni un muérdago navideño de los que ha puesto este año el Consejo de Cofradías. Y ya estaban todos los veladores en correcta formación. Una retirada perfecta ni soñada por el ejército más disciplinado. Y los vinilos de la Fundación Cajasol que han adornado este año las traseras de los palcos se los han llevado los cacos a lo divino como se llevan los nazarenos rebeldes las flores de los pasos en cuantito entra la cofradía.

-Hermanos, respeten los claveles de la Virgen que son para llevárselos a los hermanos difuntos.

Ni rastro de la Semana Santa en la ciudad que piensa todo el año en la Semana Santa. Como un sueño, como una pesadilla donde las sillitas plegables, los veladores y otros obstáculos persiguen al cofrade atormentado. Y cuando despertó, la sillita plegable seguía allí, en la esquina de Velázquez con Rioja desde una hora antes de que pasara la Canina, porque aquí han hecho espera hasta para la Canina.

-¿Tiene usted algo en contra la Canina? Intuyo guasa de la mala.
-Nada, todo lo contrario; si estoy por hacer una asociación de amigos de la Canina, con capas blancas como los tíos esos a los que no les dejan ingresar en la Real Maestranza y se inventan su orden nobiliaria, pero en plan orden mayor de los canineros de Sevilla.

En ese quitar de la vista el árbol de Navidad el mismo 6 de enero por la noche para que no se noten las fiestas, Sevilla sólo consiente tras Semana Santa el duelo de alguna mudá de regreso al almacén (triste representación itinerante del in ictu oculi) y las palmas mudas que, huérfanas ya del fondo de damasco, se quedan todo el año en el balcón y van perdiendo el brillo del dorado al igual que van cayendo hojas del calendario. El ennegrecimiento de esas palmas revela lo lejos que va quedando la Semana Santa que anunciaron y proclaman lo próxima que se otea en el horizonte la que ha de venir. Ni la cera en el suelo le gusta al sevillano. El chirriar de los coches al pasar por una calle con cera es todo un canto a la melancolía, para muchos una especie de irritación en el alma. Por eso Sevilla tiene la máquina de quitar la cera, con la que Lipasam desarrolla esa función social de la que ahora presumen las empresas comprometidas. Lipasam nos hace más llevadero el duelo quitándonos los lamparones de nostalgia que son los chorreones de cera tiniebla, amén de evitar los costalazos de los motoristas que dejan tiesa la cuenta del seguro de responsabilidad de la Gerencia de Urbanismo. Una máquina que deja la Semana Santa en el sitio donde debe estar así que entra la Soledad: en el altillo de la memoria. Donde nunca se pierde.

Dos tazas de alcalde

Carlos Navarro Antolín | 1 de abril de 2013 a las 5:00


Se acabó la principal fiesta de la ciudad, la más universal y la que debía ser asidero de una economía maltrecha que pretendía beber en el oasis de estos días sacros. Pero tanto hablar del oasis y al final nos pasamos de agua. Al humo de las candelerías, hoy se celebra en el Ayuntamiento el pleno ordinario correspondiente a marzo, la cita que debe reactivar el pulso político de una ciudad que una vez más mirará al horizonte faltándole todos los ingresos extraordinarios que se esperaban de siete días pasados por chubascos, montaditos y sillas plegables a 9,90 euros. El alcalde se ha pasado una Semana Santa demostrando el don de la ubicuidad, ora de visitas matinales a los templos, ora como un cangrejero más delante de la Macarena, ora con breve estación en la sede andaluza del partido en la calle San Fernando para que a este pulpo de la política no se le oxide el tentáculo regional. Al portavoz socialista en el Ayuntamiento, Juan Espadas, se le ha visto este año bastante más que en Semanas Santas anteriores, gracias a que ahora tiene un trío de capillitas que le han asistido (los concejales Moriña, Cabrera y Bazaga), pero sigue teniéndole aversión a la calle…¿o a parecerse a Zoido? Si el PSOE andaluz quiere a toda costa que Zoido sea el candidato de las próximas autonómicas, parece claro que en el PP sevillano estarían encantados con que Espadas repita en la carrera a la Alcaldía. Los de la gaviota están convencidos de la eficacia de los baños de masas que se pega una y otra vez el alcalde, que poco a poco ha ido apagando los fuegos de los grandes frentes laborales que ha tenido abiertos el Ayuntamiento en el tiempo ordinario que transcurre entre la Navidad y la Semana Santa (Lipasam, Polícía Local y Banda Municipal). Por eso han examinado con lupa la supuesta soledad del líder de la oposición cuando se ha dejado ver por los aburridos palcos de la Plaza de San Francisco, donde al parecer no ha recogido muchos saludos. “Alguien que quiere ser alcalde no puede exhibirse sin compañía, ni dar la imagen de que nadie lo conoce. Claro que… ¿quiere Espadas ser alcalde?”
Se acabó la fiesta. Zoido ha ganado un puñado de fotografías y se ha dejado alabar por la calle. Su imagen sigue exenta de aristas. Pese a los 70.000 parados de la ciudad. Pese al 40% que han perdido los hosteleros, muchos de los cuales tienen en la Semana Santa su particular paga extraordinaria. Pese al cierre o mudanza de las empresas. Pese a las grandes verdades que canta el Defensor del Ciudadano sobre la mala educación de algunos policías locales, las mafias del taxi, el desahogo de los ciclistas y los innumerables baches de muchas calles no sólo de los barrios sino del centro más centro de la ciudad. Si hay agua, no hay cofradías, pero se forman charcos. Si hay charcos, el alcalde siempre está dispuesto a ponerse las botas. La calle es capaz de pitarle a una cofradía, hecho insólito; pero no sólo no le pita al alcalde, sino que lo sigue buscando para las fotografías. Y el manual de la falsedad local dicta que a buena parte de esta ciudad le encanta eso de quejarse de mentirijilla por tener a un alcalde hasta en la sopa. Si no quería usted alcalde, dos tazas. De sopa.