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El fin del cuaderno azul en el PP de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 20 de noviembre de 2016 a las 5:00

Feria 2016
EL PP de Sevilla sigue siendo un partido en crisis, fracturado, sometido a un continuo estrés, a los vaivenes propios de un cambio de pontificado, del inicio de un nuevo ciclo, donde hay fuerzas que se resisten al cambio y agentes que tratan de irrumpir con la vitola de ser los paladines de un nuevo estilo. El PP de Sevilla es un paciente al que la estructura regional no consigue monitorizar, no logra controlar sus pasos, ni vaticinar sus querencias. El PP de Sevilla vive en continuas contracciones, a la espera de un parto que nunca llega. Funciona sufriendo. Es imposible algún augurio a largo plazo. Cualquier anuncio de futuro que no se pueda materializar en poco tiempo resulta poco creíble. Humo. Zoido se ha ido y su marcha ha desencadenado una suerte de proceso sucesorio en el grupo municipal, avanzado y retransmitido en directo por este periódico en su edición digital a mediodía del pasado jueves. Todo es interino en el PP y en el Grupo Popular. Nada es fijo. El pujante sector crítico logró el jueves una portavocía adjunta y –tal vez lo más importante– consiguió que el nuevo organigrama se acordara tras un debate de tres horas. Una sesión tan larga fue la prueba palmaria del fin del cuaderno azul, aquella libreta que simbolizaba la política digital de la era aznariana: la elección a dedo de los sucesores y delfines en un partido eminentemente presidencialista.

Hasta el mismo Arenas, consciente de que ya pasaron sus días de vino y rosas, anda remangado para lograr que los suyos sean fuertes en la plaza sevillana. Los críticos no pudieron frenar el jueves que el portavoz principal en el Ayuntamiento sea un oficialista, Alberto Díaz, ex jefe de gabinete del alcalde Zoido. Los críticos hubieran preferido, al menos de boquilla, a la concejal María del Mar Sánchez Estrella para dejar así en la reserva activa (activísima se podría decir) al verdadero aspirante a candidato a la Alcaldía en 2019: Beltrán Pérez. El pecado de Sánchez Estrella fue, tal vez, postularse en exceso para el cargo. Un pecado, en cualquier caso, perdonable en el mundo de la política tras cumplir alguna penitencia liviana.

El presidente provincial, Juan Bueno –la cara amable del aparato– jugó con los tiempos. Estuvo hábil hasta que se le vieron las cartas (marcadas). Sus prisas lo delataron. ¿Por qué había que dejar reorganizado el grupo municipal ese mismo jueves? Porque si esperaba un día más ya no dispondría de la mayoría necesaria (siete sobre doce) para sacar adelante su plan, pues la salida de Gregorio Serrano y Curro Pérez (oficialistas fichados por Zoido para Madrid) lo dejaba en cuadro de inmediato, por mucho que hubiera forzado la presencia de Jaime Ruiz, que todavía no ha jurado el cargo de concejal. Ruiz avaló el plan de Bueno sin entusiasmo: “No es mi propuesta pero la apoyo por respeto al presidente del partido”. Si Bueno esperaba la llegada de los sustitutos, la cosa se le ponía aún más fea, pues ya calientan en el andén Rafael Belmonte (vicario general de la causa beltraniana) y Carmen Ríos (crítica con el zoidismo). Bueno metió la directa, afrontó y forzó una reorganización a paso de mudá. Gregorio Serrano, que a esas horas aún ocultaba su condición de flamante director general de la DGT, pidió “respeto” para el presidente provincial. Los críticos, que comenzaban a olerse que el barco oficialista sufría vías de agua, pidieron retrasar la reunión para repetirla cuando ya se pudieran sentar en la mesa los doce concejales que, de verdad, iban a representar al PP en los dos años y medio de mandato que aún quedan. Pero Bueno quería a toda costa dejar los deberes hechos antes de que Zoido confirmara sus fichajes hispalenses, los que iban a dejar a Bueno sin garantías de éxito.

La consecuencia del inminente desembarco de Belmonte y Ríos es que el oficialista Alberto Díaz será un portavoz que dirigirá el Grupo Popular en aparente minoría, será una especie de Rajoy del palomar que tendrá que dialogar cada día, cada minuto, cada instante. No con el PSOE, sino con los suyos. Porque corre el riesgo de ser revocado en cualquier momento. Para dejarle claro que es un portavoz en situación de supuesta fragilidad, los críticos se movieron en la misma mañana del viernes. Se sintieron estafados por Bueno, que no reveló el jueves que Serrano y Pérez tenían ya un pie en el AVE para mudarse a Madrid. Hasta la Secretaría del Ayuntamiento llegaron los amagos para revertir los nombramientos. Bastaba con que cinco concejales retiraran sus firmas del acuerdo alcanzado el día anterior. Con el amago enseñaron la punta del cañón, exhibieron el músculo. Y nada más. Entre los oficialistas hay quien asegura que, en realidad, carecían de las firmas suficientes.

La estructura regional pidió paz, suplicó un período de calma tras meses de convulsión. Derrocar al nuevo portavoz era técnicamente posible, pero el escándalo estaba servido. El PP de Sevilla sería, de nuevo, un avispero a dos meses del congreso nacional. Y, sobre todo, en fechas muy próximas a la elección de los compromisarios que habrán de representar a la provincia en esa cita de febrero en Madrid.

Díaz se comerá los polvorones como portavoz mientras la regional siga frenando el empuje del ariete de los concejales críticos, auspiciados desde la Diputación por la correosa portavoz Virginia Pérez, y dirigidos desde Madrid por el lince Arenas. Díaz es un hombre de José Luis Sanz, el senador y alcalde de Tomares al que su pueblo hace tiempo que se le queda pequeño. El cariño de la regional por todo lo que huela a Sanz es más bien escaso, pero el PP andaluz no quiere más frentes abiertos. Moreno Bonilla no tiene ningún entusiasmo por Zoido, al que culpa en buena parte del rechazo que sufre en Sevilla, ni por Sanz, al que Zoido aupó a la condición de aspirante a presidente regional con un sonoro fracaso. Pero la regional prefiere a Díaz de portavoz durante un período pacífico que sufrir otra crisis como la del pasado verano. Díaz, por el momento, ha comenzado a entrevistarse cara a cara con los concejales críticos. Ha encontrado, en principio, buen talante y ganas de trabajar en armonía. El nuevo portavoz del PP es consejero de Emasesa, la joya de la corona de las empresas municipales. Parece que seguirá siéndolo. Yque respetará el puesto de María del Mar Sánchez Estrella en el patronato del Alcázar. Los cambios que haga, en las empresas municipales o en el equipo de asesores, están por ver. Ahí se percibirá si es un portavoz con las manos libres, o tutelado desde el Ministerio del Interior. De lo que no hay duda es de que conoce los errores del zoidismo.

Beltrán Pérez, hoy portavoz adjunto de su formación en el Ayuntamiento, querrá ser el portavoz principal más pronto que tarde. El caso es que no se lleva mal con Alberto Díaz. Desde la pasada Feria, como se aprecia en la imagen que ahora ve la luz, establecieron una conexión bendecida por el propio José Luis Sanz. En cuanto Sanz tuvo conocimiento del primer acto de los críticos, ocurrido el mediodía del Miércoles de Feria en la caseta Los Manijeros, sabía que el personaje clave, con el que se medirá tarde o temprano, era Beltrán Pérez. Díaz estuvo con Pérez el martes de Feria, con Rafael Belmonte como testigo. Y Sanz y su fiel Díaz acudieron a la caseta particular de Beltrán Pérez el mismo miércoles por la noche. Ambas partes siempre han tenido la interlocución abierta en los meses más duros de empuje de los críticos.

El posible salto de Sanz a la política municipal en Sevilla, opción ya apuntada en estas páginas en varias ocasiones, pasa por varios requisitos. Que se quede limpio cuanto antes de cualquier nuevo frente judicial. Que recupere el poder orgánico, por lo que tendría que ser de nuevo presidente del PP hispalense, ya lo fue en un período notable. Y que sepa convencer al electorado de que hoy se puede ser alcalde de Tomares y mañana aspirar a la Alcaldía de Sevilla. Sanz es un tipo criado en el casco antiguo y hermano muy antiguo en San Isidoro, por lo que goza del marchamo capitalino, otra cosa es que el padrinazgo de Zoido para esa aventura sea el adecuado.

El Zoido de 2016 es ministro, pero no es el Arenas del 96 al 2004. Zoido no tiene influencia en los designios del partido como la tenía el de Olvera en sus buenos tiempos. Ya se vio cuando el ex magistrado fue presidente regional interino, un período negro en una trayectoria política que alcanza ya las dos décadas. El peor favor que Zoido puede hacer a su amigo Sanz es promocionarlo para ser alcalde de Sevilla. Incluso hacer como que lo hace. Ocurre que Zoido ha aprendido de Arenas todo lo que sabe de política. Como diría Malú en su canción de éxito:“Me has enseñado tú. Tú has sido mi maestro para hacer sufrir. Si alguna vez fui mala lo aprendí de ti. No digas que no entiendes como puedo ser así…”. Zoido ha visto a Arenas hacer y deshacer en Andalucía y en Sevilla desde los despachos de Madrid. Eso le influye. Es determinante. Pero Arenas podía permitirse aquellas acciones por dos razones: había creado escuela, todos eran sus discípulos, por lo que tenía autoridad moral, y además siempre conseguía perpetuarse en alguna plaza de poder orgánico e institucional en Madrid. Zoido no ha creado escuela, más allá de tener una cuadrilla de fieles (Gregorio Serrano y Curro Pérez) y no se ha perpetuado en el poder. Más bien al contrario, los lodos de hoy del PP sevillano proceden del barro de haber perdido la Alcaldía de los 20 concejales. Cuando el poder sale por la puerta, las uniones en los partidos saltan por la ventana. A la vista está.

Mal haría Zoido en jugar a ser Arenas a la hora de ejercer de árbitro en el PP sevillano por mucho que el Ministerio del Interior sea una plaza de una indiscutible importancia. Zoido se puede salvar a sí mismo. Por su currículum, por su encanto personal para ganarse a Cospedal como se ganó en su día a Arenas, por su inteligencia de hombre de pueblo y por su pericia para hacerse el sueco. Pero no puede salvar a los demás ni erigir nuevos candidatos. Por el momento no goza de esa potestad. Tuvo una gran oportunidad de convertirse en ese político total del PP en Andalucía, creador de nuevas figuras. Pero no quiso. Rajoy aún está esperando que Zoido le diga en una conversación privada que su sucesor como máximo responsable del partido en Andalucía era Sanz. Esa petición, realizada en firme y con rotundidad, hubiera puesto a Rajoy en un serio compromiso, pues se la hubiera hecho quien ostentaba en ese momento la presidencia regional del partido y la Alcaldía que se había convertido en el estandarte del municipalismo para el PP. Zoido nunca dio ese paso, más allá de referencias en contextos mitineros.

Los nuevos tiempos en el PP no tienen ya el azul de ninguna libreta. Todo lo ocurrido en la formación hispalense en los últimos meses prueba que buena parte de los cargos y militantes han perdido ese respeto reverencial por el aparato del partido, que ahora se ve vulnerable y que es heredera de una estructura incapaz de haber conservado el poder municipal que se logró de forma tan brillante. No se equivocaron José Luis Sanz ni Alberto Díaz en abrir la interlocución con Beltrán Pérez en aquellos días de Feria. Los hechos demuestran que Díaz está condenado a entenderse con los críticos en el Grupo Popular. Y que los críticos tienen que medir su fuerza, ahora que en el Ayuntamiento la van a tener con más intensidad que antes, para no aparecer como políticos con un apetito voraz de poder. Ysi Sanz quiere bajar de Tomares a Sevilla es mejor que construya el teleférico prometido. Porque ya no hay ministro que tenga un dedo tan poderoso. Los emperadores desaparecieron como los dinosaurios. Hasta hay uno que fue vicepresidente del Gobierno que sigue enredando las madejas aparentemente menos importantes. Se toma la molestia en hacerlo. Vivaquea todo lo que le dejan. Ojo al tipo. Arenas no estaba muerto, estaba de parranda. El de siempre, el que los enseñó a todos. El maestro Yoda del PP andaluz. Sigue descendiendo al foro donde se eligen los portavoces de la oposición municipal. Quizás porque sabe que el poder se construye de abajo hacia arriba. Los cuadernos azules ya no señalan desde arriba a los que mandarán desde abajo.
Sev.

Agitación inédita en el PP de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 5 de junio de 2016 a las 5:00

reuniones PP sevilla
LOS tres rostros tradicionales del PP sevillano (Tarno, Bueno y Sanz) se estiraron al ver la fotografía. Los tres antiguos cachorros de Arenas fruncieron el ceño. Alguien debió llamar el lunes a uno de ellos, el diputado nacional Ricardo Tarno:“Ricardo, tenemos un problema”. Virginia Pérez, la camarlenga del PP sevillano que hace las veces de secretaria general, ha pegado el segundo aldabonazo. Pérez se desmarca del pelotón y reclama un sitio preferente en la futura estructura provincial del partido. Un PP sevillano que tendrá que celebrar su congreso tras los congresos nacional y regional que serán convocados después de las elecciones generales. La camarlenga no quiere ser un florero. No acepta tutelas. Como es consciente de que le reprochan escasos resultados electorales donde se ha presentado hasta ahora, apuesta por exhibir músculo interno.

La fotografía difundida el lunes por los propios interesados –tal como hicieron en la primera puesta en escena el Miércoles de Feria– disparó las alarmas del aparato oficial. No es normal que tantos afiliados y de cierta relevancia se reúnan por segunda vez al margen del poder orgánico establecido para hacer valer sus deseos de cambio, sus ansias de renovación. Estas cosas casi nunca han ocurrido en el PP sevillano. Habría que remontarse al congreso de 2000, pero todo aquello fue muy distinto.

Al trío que hasta ahora se ha repartido los principales cargos del aparato provincial (Los citados Tarno, Sanz y Bueno) les ha salido una fuerte contestación liderada por Virginia Pérez en colaboración con el concejal Beltrán Pérez, y auspiciada por Arenas, que no asistió a ninguno de los dos encuentros celebrados hasta ahora, pero envió su bendición al pedir a sus incondicionales que estuvieran presentes. Hay que dejar constancia de que en la reunión del lunes estaban la subdelegada del Gobierno, cinco de los doce concejales de la capital, cuatro diputados provinciales (entre ellos, la secretaria general del partido), dos diputados autonómicos, la secretaria del Grupo Popular en el Parlamento, los alcaldes de Carmona, Palomares, Villanueva del Ariscal y Lora del Río, los presidentes del PP de Gelves, Morón y Coria del Río, la ex concejal de Presidencia de Mairena del Aljarafe (en la etapa de Tarno como alcalde) y el núcleo duro de Nuevas Generaciones de Sevilla con su presidente regional al frente, entre muchos asesores del gobierno de Zoido y conocidos militantes.

El encuentro de este sector crítico se celebró en el Círculo Arte Vivo. Esa misma noche, el aparato oficial se reunió de urgencia en un restaurante del Aljarafe. Allí acudieron el presidente provincial, Juan Bueno; el alcalde de Tomares, José Luis Sanz, el diputado nacional Ricardo Tarno; el ex alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido con su jefe de gabinete José Miguel Luque; y Eloy Carmona, edil de Tomares. Como se aprecia en la fotografía, los rostros eran más propios de la salida de la Mortaja que de la noche del alumbrao.

Tarno, Bueno, Sanz y Zoido saben que detrás de los críticos está Arenas, que no les perdona haber puesto el PP de Sevilla, su PP de Sevilla, al servicio de su enemiga Cospedal, la secretaria general en Génova que, como mínimo, está dispuesta a jugar sus cartas en el nuevo partido que se configure en los congresos posteriores al 26-J. El trío sevillano también sabe que las maniobras de Arenas para controlar Sevilla le vienen muy bien al líder regional, Moreno Bonilla, el invasor malagueño que ve como crecen sus adeptos (los conocidos como afrancesados) en la plaza sevillana donde ha sido tratado con frialdad desde el principio, excepto por la propia Virginia Pérez y un ramillete escaso de militantes sevillanos, caso de Toni Martín, miembro de su ejecutiva. El ramillete de partidarios sevillanos de Moreno Bonilla se convierte poco a poco en un ramo frondoso, pese a que el malagueño no está en un momento boyante, sino más bien al contrario, pues se especula con su retorno a Madrid si el PP retiene la Moncloa.

El PP regional hace un seguimiento al detalle de la agitación interna que vive el partido. Por el momento, fuentes internas tienen una súplica muy clara: “Estas tres semanas tenemos que remar todos en la misma dirección, después ya vendrán los procesos inevitables”.

El todavía aparato provincial tratará de dar un vuelco a la situación. Uno de los objetivos del trío tradicional será el de romper la alianza entre Virginia Pérez, que quiere ser la futura presidenta provincial, y el edil Beltrán Pérez, que aspira a la portavocía municipal. Ambos son claves en el reclutamiento de adeptos a la causa crítica. Pero a nadie escapa que la ruptura también podría producirse en el propio trío, pues Sanz tiene poder territorial y un acta de senador. Vuela sólo. Yaspira a volar más alto.

Zoido, el paisaje tras la aventura regional

Carlos Navarro Antolín | 24 de noviembre de 2013 a las 5:00

Pleno del Parlamento. me interesa Valderas, Griñán, Aguayo y ambiente.
Volver a ser lo que fue en su mejor etapa. Un político de vocación local, especializado en la distancia corta, abonado a la sonrisa y aspirante a jubilarse en el sillón de alcalde, como Teófila en Cádiz o Perico en Huelva. Zoido se prepara, por fin, para despojarse del incómodo traje de presidente del PP regional, que le aprieta como un traje de buzo, que le obliga a estar fuertemente vinculado a las siglas de un partido y de unas estructuras, jerarquías, agendas y compromisos de los que siempre huyó. Para Zoido más que para nadie, el partido es el medio, no el fin. Su gran aval es su marca personal. El alcalde de Sevilla está a las puertas de dedicarse de nuevo con exclusividad a lo que mejor se le ha dado hasta ahora, al margen de que en algún momento haya oído –que los ha oído– los cantos de sirena de San Telmo. Llegados a este punto, el objetivo último del embrollo en el que lo metió Dolores de Cospedal en julio de 2012 es gestionar una salida de la sede regional de la forma menos costosa posible. Lo que en condiciones normales equivaldría en política a bajar un escalón, en su caso supondrá la recuperación de la tranquilidad perdida, despojarse del corsé que en no pocas momentos le ha provocado irritación (“¡Estoy negro!”, le dijo al comité ejecutivo provincial el pasado mayo) y olvidarse de los difíciles juegos de equilibrio del mapa regional.
Zoido dejará de ser presidente del PP regional y, en consecuencia, su representación orgánica quedará de nuevo diluida, pero sólo sobre el papel. Quien sí está diluido es Javier Arenas, padre político de la inmensa mayoría de los políticos del PP andaluz, que está comprobando la ruindad de la condición humana. Quienes antes ni atrevían a valorar sus acciones en los pasillos de la sede del partido, lo hacen ya con todo desparpajo. Atrás quedan los tiempos en que no se tomaba una decisión sin su visto bueno. Todo debía estar bendecido por Javier. Simplemente era Javier, sin más apellidos. El PP regional de Zoido se ha manumitido en este sentido. Yel precio ha sido la ruptura de la complicidad de no pocas relaciones. Así es la política, como así es el fútbol. Se llaman amistades a lo que simplemente son una suerte de UTE.
El PP admite que Zoido seguirá teniendo un poder absoluto en los asuntos claves de la capital por mucho que baje del escalón regional. La formación de la lista electoral y la designación de los miembros del gobierno no se le discutirán. Ya gozó de esta potestad en 2011, cuando el entonces todopoderoso Javier Arenas no logró colarle algunos nombres ni en la candidatura ni en el organigrama municipal. Zoido sabe dejar sonar el teléfono y, llegado el caso, derivar las llamadas insistentes a Alberto Díaz, su jefe de gabinete –a quien recuperó de la empresa privada en Madrid en 2007– o a Gregorio Serrano, su concejal favorito con diferencia de entre los veinte que forman el gobierno. Tanto Serrano como su círculo se identifican ya plenamente con el alcalde. De hecho, Antonio Castaño, director del Consorcio de Turismo, y Rafael Rivas, director de la Delegación de Fiestas Mayores, gozan de una proximidad con Zoido que ya quisieran para sí algunos de los miembros del gobierno o de los principales asesores, que tienen que guardar cola de espera para despachar asuntos en la Alcaldía.
Hay unanimidad en las fuentes consultadas en que el número dos de la lista, el catedrático Javier Landa, ni siquiera fue una imposición de Arenas. “Zoido, más bien, se dejó convencer”, dicen quienes conocen la historia de aquellos meses. “Salvo anécdotas ocurridas con Landa, su labor no es nada mala y ya ha conseguido el objetivo de la Zona Franca”, precisan fuentes de la sede regional, aunque esta opinión no goza de unanimidad, precisamente. El partido sí valora de Landa que no se pierde un acto orgánico, un detalle que no tienen otros independientes de la lista electoral.
El presidente del PP en Sevilla, José Luis Sanz, y el secretario general del PP Sevilla, Juan Bueno, mantienen un encuentro con cargos electos del PP.
Un candidato del PSOE necesita, como mínimo, estar bien colocado en la ejecutiva. Pero Zoido se puede permitir el lujo de limitarse a ser alcalde de Sevilla con un asiento en el comité ejecutivo provincial y otro en el comité ejecutivo nacional. No necesita más.
El PP dista mucho del PSOE en cuanto al peso del aparato orgánico. Los candidatos de la formación de centro-derecha no necesitan el refrendo de la lista electoral distrito por distrito. Los socialistas someten la candidatura completa a la votación de cada una de las once agrupaciones, por lo que se evidencian los apoyos y los castigos, según los casos. Basta recordar a este respecto la falta de entusiasmo que generó en algunas de las grandes agrupaciones socialistas la candidatura liderada por Juan Espadas, que apostó por los independientes en detrimento de los secretarios generales de las agrupaciones, como había sido tradicional. En el PP confirman que a Zoido no se le va a realizar un marcaje estrecho en la capital. Juan Bueno y Eloy Carmona, presidente y secretario general del PP de Sevilla, respectivamente, tienen tarea suficiente en los 104 pueblos de la provincia –donde el PP ha avanzado en las últimos comicios de forma tan considerable como insuficiente– como para invertir tiempo en fiscalizar al alcalde en el tramo final del mandato. Juan Bueno es el presidente provincial del partido, sí; pero también es un concejal del Ayuntamiento sometido al mando del alcalde. Se repite en el PP la misma situación que cuando, por ejemplo, Soledad Becerril era alcaldesa y uno de sus concejales, Jaime Bretón, ostentaba la presidencia provincial. Soledad Becerril hacía y deshacía sin esperar ni recibir instrucciones del aparato, todo lo contrario a lo que ocurre en las filas socialistas.
Lo único que la estructura del partido exigirá a Zoido es la consolidación de la Alcaldía en 2015. Y en esta tarea –apuntan fuentes del partido– no tendrá ya el viento a favor del PP en España, por cuanto el Gobierno de Rajoy sufre ya el desgaste en las encuestas oficiales y privadas, ni el recuerdo reciente de las corruptelas del gobierno de PSOE e IU. Zoido no sólo tendrá que afrontar su reelección sin esas dos ventajas, sino que habrá de emplearse en explicar –cosa que ya ha empezado a hacer– que en este primer mandato no puede realizar todo lo prometido. La estructura del partido sí le ha planteado de forma insistente que debe alejarse de promesas irrealizables, sobre todo porque los ciudadanos no demandan ahora grandes proyectos, sino trabajo y no perder más calidad de vida. El de de 2011-2015 no puede ni debe ser el cuatrineo de iniciativas sonadas, más allá de la micropolítica, las luces de Navidad, los autobuses urbanos entrando hasta el corazón del centro, las obras en los colegios y las cuentas medianamente en orden. En esta línea, tampoco se ve como el recurso más recomendable la acusación reiterada a la Junta de Andalucía como la gran bloqueadora de los grandes proyectos. Tan cierto es que la Administración autonómica lastra algunas iniciativas, como que hay otras en las que no tiene culpa de su demora.
Zoido tendrá que hacer de Zoido en año y medio. “No perder un minuto más en Almería”, como apuntan en su equipo. Por el momento ha cambiado su imagen en la red social twitter, donde cuenta con casi 35.500 seguidores. Su imagen ahora es en blanco y negro, tratada con cierto brillo, lo que le da un aire de cantante de orquesta de fin de año. A su derecha aparece un primer plano de sus ojos y a la izquierda el lema Alcalde de Sevilla. Ni una referencia a las siglas del PP en quien hoy sigue siendo nada menos que el presidente regional. En twitter ha comenzado la recuperación de esa senda que le llevó a un rotundo éxito en 2011 y de la que hace año y medio tuvo que apartarse por imperativos del partido, una aventura que le ha reportado muchos inconvenientes y escasas ventajas.
Zoido no se ha criado en la estructura del partido ni tiene especial aprecio por los conocidos como aparatos. El suyo es de esos casos excepcionales en los que pasó de no ser militante a ser secretario general del PP andaluz en 2004, cuando el PP nacional se vino abajo y Rajoy le encargó a Arenas el enésimo intento de levantar los resultados en Andalucía. Su entorno más próximo en el Ayuntamiento no procede precisamente de las entrañas del aparato. Es un político que no está rodeado de políticos. Su actual núcleo duro, con el que intenta sacar alguno de los grandes proyectos de aquí a las elecciones de 2015, no es de un perfil precisamente político: ni el delegado de Urbanismo y Medio Ambiente, Maximiliano Vílchez, ni la delegada de Hacienda, Asunción Fley, ni el vicepresidente de las empresas municipales, Jesús Maza. Son personajes vistos con recelo por quienes se han forjado desde las bases de Nuevas Generaciones. Pero nadie osa decir ni pío ante una victoria de 20 concejales y en un partido donde las voces discordantes tendrían que estar tan protegidas como los linces de Doñana. Los problemas para Zoido sólo vendrán si la Alcaldía no es revalidada. Se la juega a una suerte de puerta grande o enfermería, no hay medias tintas, ni tiempo que perder en planes para hacerse con un cargo orgánico que compense la pérdida de la presidencia regional. Si pierde la Alcaldía, la figura de Zoido se esfumaría del Ayuntamiento y el partido le buscaría una salida digna en alguna institución de la capital de España. Pero sólo le salvaría a él. Su equipo tendría que hacer las maletas y buscarse otros destinos.

Alberto Díaz. El hombre que sabe decir no. Jefe de gabinete del alcalde. Zoido sonríe y promete. Y a Alberto Díaz le toca apuntar cada petición, activar su tramitación, gestionar cada compromiso que adquiere su jefe a pie de calle y, llegado el caso, decir que no. Su labor es fundamental al lado de un político de un perfil tan marcadamente popular. Su jefatura de gabinete incluye hasta las labores propias de un secretario personal de altas dignidades eclesiásticas. Tiene el valor añadido de una relación fluida con José Luis Sanz, Juan Bueno y Eloy Carmona.

Juan Bueno. La cara más amable del partido. Hombre puro y duro de partido. De trato correcto y formas exquisitas. De Arenas ha aprendido a encajar las críticas, una cualidad clave en un político de carrera. Se le conocen pocos enemigos y se le atribuye una gran capacidad negociadora. No tiene una especial relación personal con el alcalde, pero Zoido le da el sitio desde el momento en que es el presidente del PP de Sevilla. YBueno sabe que el tirón electoral lo tiene Zoido. Se complementan y conviven. No es poco.

José Luis Sanz. Su influencia se dispara. El cirineo de Zoido en su aventura regional será el próximo número uno en la sede de la calle San Fernando. La hoja de ruta indica que con Sanz de candidato del PP andaluz, su dimisión como alcalde de Tomares será una consecuencia ineludible. Susu sucesor será un concejal con residencia en el municipio, por lo que se descarta a Eloy Carmona. Se le atribuyen ideas claras sobre qué aspectos podrían ser mejorados en la gestión del Ayuntamiento de Sevilla. Al ser presidente regional y sevillano, su influencia se dispara en la capital.

Eloy Carmona. La previsible figura emergente. Si José Luis Sanz es el candidato del PP andaluz y, en consecuencia, se hace con las riendas del partido, a nadie que conozca medianamente este partido político le cabrá duda de que la figura emergente en Sevilla será la de Eloy Carmona, actual secretario general del PP hispalense y volcado en la Diputación. Procedente de las NN. GG., fue el gerente del partido cuando Sanz ostentó la presidencia. Yno dudo en acompañarle en la lista electoral cuando Sanz fue enviado a la conquista de Tomares.

Gregorio Serrano. El favorito del alcalde. No faltan quienes envidian su proximidad y cercanía con Juan Ignacio Zoido. Acumula cuatro delegaciones y desde las elecciones no sólo no se ha diluido entre tantas competencias, sino que ha ganado aún más influencia. No se le incluye en el núcleo duro de la gestión en el tramo final de mandato, pero su estrecha relación personal con Zoido es incontestable, lo que se evidencia tanto en actos oficiales como en las horas de asueto que comparten en las que se pueden forjar muchas decisiones claves.