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¿Cuánto multan los policías locales a los ciclistas?

Carlos Navarro Antolín | 2 de septiembre de 2013 a las 13:20

policia ciclistas
Las estadísticas pueden tener el efecto de un espejo y reproducir fielmente cuanto ocurre o, por el contrario, romper la percepción que se tiene de eso que ahora se llama con una palabra tan manida como es el entorno. Que hay muchos ciclistas que no cumplen con las más elementales normas que recoge la denominada Ordenanza de Circulación de Peatones y Ciclistas, aprobada en septiembre de 2010, es una percepción generalizada. Sevilla es una ciudad que en muy poco tiempo ha pasado de no tener espacios específicos para el uso de este medio de transporte a disfrutar de una red de casi 150 kilómetros, pero resulta obvio que aún no hay instaurada una cultura de la convivencia entre los viandantes y los ciclistas en las zonas peatonales en las que o bien el caminante tiene la preferencia de uso, o bien el ciclista debe ir provisionalmente a pie hasta llegar a los tramos autorizados. Un análisis optimista reduciría la instauración de esa cultura a una mera cuestión de tiempo. Un augurio más tremendista haría depender la convivencia pacífica entre los dos colectivos de una acción más represiva de la Policía Local. Justo es reconocer que de vez en cuando sí se ve a los agentes obligando a los ciclistas a bajarse de sus vehículos, como se aprecia en las dos recientes imágenes que ilustran estas líneas, pero no con la frecuencia que sería deseable. No se puede tener un policía detrás de cada ciclista, ni detrás de cada peatón que invade el carril especial, como no puede haber un barrendero de Lipasam detrás de cada guarro que tira un desecho a la vía pública. Es más, hay situaciones en la que los policías hacen gala de esa amabilidad que tanto echaba en falta el Defensor de la Ciudadanía en su informe anual y no sólo no multan, sino que con toda educación piden a los ciclistas que se apeen y les informan del carril bici más próximo. Se ve que las denuncias de José Barranca tienen su efecto. ¿Pero qué dicen las estadísticas? En lo que va de 2013 se han dictado 39 sanciones a ciclistas y una al usuario de un triciclo. De esas 39 sanciones, 11 fueron por distracciones, dos por estacionamientos indebidos y 26 por diversas infracciones cometidas durante la marcha. En 2012 las sanciones fueron 62 a ciclistas y tres a triciclos. Y en 2011, 60 multas a ciclistas y una a un triciclo. Juzguen ustedes. Casi 700.000 habitantes, casi 150 kilómetros de red de carril bici. Y una media de 65 multas al año. O no hay tales problemas de convivencia. O hay pocas multas. O lo que conviene es el triciclo.
policia ciclistas (II)

Zigzagueando por la Avenida

Carlos Navarro Antolín | 10 de septiembre de 2012 a las 17:37


Los veladores de San Buenaventura. Los que piden la firma para Acnur. El tranvía que pide paso hacia la Plaza Nueva. El tío de la bici al que le importa un pimiento la preferencia de paso del peatón. ¿Preferencia de quién? Anda ya, so facha. Los que piden un minutito para la Cruz Roja. Tiempo al tiempo le pido y tiempo el tiempo me da. Y en el minutito te piden la firma también, por supuesto. El vehículo privado de un atemorizado residente que cruza de Alemanes a García Vinuesa. Y detrás del coche, el taxista. Y detrás del taxista, el coche de caballos con el jaco sin pañal. El tío que vende el incienso en la esquina. No pise usted ahí, oiga, que esa es la franja de seguridad del tranvía, ¿no ve usted las galletas esas que son como las que colocan los pretenciosos cofrades en las puertas de los templos? Pues ahí no se pisa, eso es como los jardines de Buckingham Palace. La gitana que quiere leerte la mano, cúchame que vas a tener una larga vida, moreno. Los veladores de la Ibense. Más tíos con bici. Campanazo del tranvía que pide paso otra vez, ahora en dirección al Archivo, ese edificio al que aquella ministra cursi y pretenciosa se refería simplemente como “Indias”. Los que reparten publicidad de los yogures helados sin calorías por las que hilan. Los de los patines que van camino de la Plaza Nueva, pista autorizadísima para perros sueltos y patinadores. Los veladores del café extranjero que hace esquina con los guiris con los pies desnudos encima de la silla donde en unos minutos se sentará usted mismo, su padre o su novia. Los motoristas de la Policía Local con el runruneo de la radio, incapaces de mandar parar a un bicicletero embalado. Más bicicletas, bicicletas por todas partes, que aparecen por donde menos se espera, como vietnamitas escondidos en los árboles, como en un videojuego donde los marcianitos atacan por donde menos se les espera. No le diga usted nada al tío de la bici que es como el niño, al niño ni me lo mienta ni me lo toque, que digo como un niño, que es como un lince, porque el ciclista es especie protegida, titular de bula pontificia. Y si va con auriculares de radio, más protegido aún que una torre que yo me sé, porque eso de ir aislado acústicamene en un entorno tan apacible, sin tráfico ni personas, donde nunca puede ocurrir ni una colisión ni un atropello, está muy recomendado por la DGT, ¿verdad? Y, por fin, se ha acabado el agradable zigzagueo (paseo) de obstáculos por la Avenida, estandarte de la que nos vendieron como Ciudad de las Personas, que ha acabado convertida en una Ciudad sin Sombra y Reino de los Ciclistas y Veladores. ¿Dónde hay que firmar para que pongan un carril peatón? Carril peatón, ya. Y para cruzar Mateos Gago pinche aquí: alquilobaratitounhelicoptero.com.