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La sombra del alcalde de Zalamea

Carlos Navarro Antolín | 14 de junio de 2015 a las 5:00

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AQUELLA mañana de julio del 99 se quedó sin el bastón de alcaldesa porque se negó a pasar por el aro de Alejandro Rojas-Marcos. Soledad Becerril no se entendió nunca con el líder andalucista. Fueron ocho años de tensiones en los que hasta se vigilaba la asistencia de los colaboradores de unos a las copas de Navidad de los otros, pese a que todos formaban un gobierno de coalición. Los concejales del PP tenían prohibido acudir al piscolabis de pascua que ofrecía Rojas-Marcos en su casa de la calle Castelar. Todo se fue al traste cuando Chaves se comprometió ante Alejandro a afrontar la construcción de la Línea 1 del Metro, la gran coartada para que el PA dejara al PP alejado del poder durante nada menos que doce años. Aquella mañana del 99, Soledad Becerril era consciente del futuro que se avecinaba. No supo lograr el objetivo número uno de todo partido político:perpetuarse en el poder. Los partidos son estructuras concebidas para alcanzar el poder con vocación de permanencia. Y ella fracasó en ese objetivo. Por eso, aquel día de emociones reprimidas en el Salón Colón, recurrió a la literatura para dejar a Rojas-Marcos caricaturizado como una boa ávida de cargos al precio que fuera. La hoy Defensora del Pueblo Español recurrió nada menos que al alcalde de Zalamea para salir del paso: “Al Rey, la hacienda y la vida se han de dar, pero el honor… Es patrimonio del alma y el alma sólo es de Dios”. Ahí quedo el mensaje. El PP no estaba dispuesto a admitir las exigencias de Alejandro, el diablo que demandaba el alma del centro-derecha.

Juan Espadas citó ayer a Soledad Becerril. Pero no a la de 1999, sino a la de 1991, cuando la elegante política del PP justificó el primer pacto con Alejandro para desalojar del poder al PSOE, que era la lista más votada. Becerril destacó entonces que ningún partido había obtenido mayoría suficiente, como Zoido veinticuatro años después, y consideró “legítimo, democrático y usual en todo Europa” que varias fuerzas políticas alcanzaran un acuerdo para formar gobierno, como Espadas veinticuatro años después. Espadas se apoya ahora en Soledad Becerril, todo un icono del mejor PP, para montar el argumentario perfecto, dedito en el ojo incluido a Zoido. Pero no recordó a la Soledad de 1999, en cuyo discurso había también una clave: el precio de bailar con lobos con tal de ser alcalde. El tiempo dirá si las nuevas amistades políticas de Espadas le piden el honor, la hacienda o el alma. Y entonces se acordará (o no, que diría Rajoy) del alcalde de Zalamea.

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A la hora del Ángelus, el arzobispo de Sevilla ya estaba sentado en la primera fila del Salón Colón. Espadas estaba abajo, en la puerta principal para recibir a la presidenta de la Junta de Andalucía, que se hizo esperar unos minutos. El poder nunca es puntual en la España de los retrasos. Tal vez los políticos deberían prometer ser puntuales antes que dejar los coches oficiales y otras promesas barnizadas con la demagogia. Zoido se ha hartado de llegar tarde a los sitios. Y el Pleno de ayer, el más importante del mandato, debía empezar a las doce.Lo hizo a las doce y cuarto. Espadas estaba en la puerta como están los canónigos cuando aguardan al arzobispo. Ella llegó y, como siempre, lo inundó todo. La Banda Municipal interpretó en ese momento una marcha militar (Guardia de Alabarderos) que dio un toque de película de reyes y princesas a la escena: los policías locales de gala en actitud marcial, el traje rojo de la presidenta sobre el fondo blanco marmóreo de la escalera, las notas musicales, el bullicio que rodea al poder… Y todos esperándola a ella en un salón de cuadros, tapices, dorados y concejales de Podemos en camiseta, estética ecléctica de los nuevos tiempos.

Los chicos del PP habían llegado puntuales al Ayuntamiento. Todos juntos alrededor de Zoido. Los doce electos y varios de los salientes. Se habían citado en la puerta del Hotel Inglaterra. Recorrieron la zona central de la Plaza Nueva y accedieron a la vez a las Casas Consistoriales. Caras serias. Saludos, los justos y necesarios. Parecían faltar los libreas con faroles de mano y el sonido de la esquila: el entierro de la melva. Al terminar la sesión, Zoido no bajó por la escalera principal. Lo hizo por una vía secundaria, más discreta. Ha obtenido cien mil votos. Ha encabezado la lista más votada. Pero prefirió salir el primero y haciendo el menor ruido posible. En el andén se llevó una pitada de manifestantes desharrapados con banderas tricolores, un estruendo injusto para un alcalde excesivamente castigado en las urnas. Pero tal vez por eso, por la dureza del oficio político, Espadas se lo advirtió a su familia: “Hoy toca disfrutar, porque mañana… Mañana toca lo que toca”. Toca sufrir. Las alegrías en política duran muy poco, palabra de Pepote Rodríguez de la Borbolla. A veces sólo duran una tarde, una mañana o el tiempo de una merienda en alguno de los 13.00 veladores. En fútbol pueden durar una semana, pero en política, ay, el jajajá en política es efímero.

Monteseirín volvió al Salón Colón junto a su cirineo, el catedrático Manuel Marchena. El concejal Beltrán Pérez juró el cargó con una pequeña cruz de oro en la mano izquierda. El secretario y el interventor salieron juntos, nunca revueltos. Unos vienen y otros van, Flores y Braojos (como Paco Ojeda en el toreo) siempre están. “Hasta que nos jubilemos”. No hubo tesorero, la plaza está vacante. Sí hubo varios maceros, con la maza baja, que conviene cuidar la espalda cuando la sesión casi se alarga dos horas. Qué solos se quedan los maceros cuando se van los nuevos capitulares buscando la cerveza de mediodía, unos con arroz y otros con melva, unos con alegría y otros con pesar. La lista más votada está de luto, paradojas de una política donde la gran verdad es que todo es mentira. Ayer faltaron muchos de los rostros del tío vivo local de los canapés, los mismos que hace cuatro años lampaban por la foto con Zoido en el Salón Colón, arropado aquel día por Rajoy. Cuatro años no son nada. El tiempo lima las aristas de la memoria. Alfredo era el demonio y ayer recibía abrazos. Zoido se marchó con prisas, sin volver la vista atrás. El alcalde de Zalamea no tenía maceros. Ni veladores. Siempre nos quedará la melva.
13/06/15 Investidura de Juan Espadas Alcalde de Sevilla.

Pepote y la líder de Podemos

Carlos Navarro Antolín | 5 de mayo de 2015 a las 5:00

DISCURSO DE INVESTIDURA DE SUSANA DIAZ
Hay sevillanos que no conocen la Expo´92 como hay españoles para los que las hazañas de Induráin en el Tour de Francia son historias del abuelo Cebolleta. Escuredo para muchos andaluces suena a acompañante de caballero medieval y no a presidente andaluz con el pelo encanecido como patricio romano de Itálica. Y el hermano de Alfonso Guerra es eso: un pariente. Y no aquel señor con barba parecido al doctor Bacterio que protagonizó el primer gran escándalo de la democracia con despacho de influencias en la Plaza de España.

El tiempo pasa y de vez en cuando pega hasta serretazos para recordar su existencia. El tiempo pide su sitio cuando no se lo dan. El tiempo sabe ponerse en su sitio. Y el tiempo dijo aquí estoy yo en el Parlamento de Andalucía con ocasión del discurso de investidura de Susana Díaz, sevillana del 74. La número uno de Podemos en Andalucía, Teresa Rodríguez (Rota, 1981), pasaba por delante de la tribuna de invitados cuando fue abordada por varios personajes de la política andaluza de los últimos lustros: José Rodríguez de la Borbolla, Javier Torres Vela, Ángel López… Todos la querían conocer. Pepote se presentó directamente:

–¡Teresa, Teresa! Hola Teresa, soy Pepe Rodríguez de la Borbolla.
–Ah, sí, sí… Yo a usted le he estudiado en la Básica… Jiménez de la Borbolla.
–No, no. Soy Ro-drí-guez, Ro-drí-guez de la Bor-bo-lla.

Y Pepote, además de practicar el silabeo que es timbre de gloria de su casa civil, besó la mano de esta nueva dama de la política autonómica, que yo creo que eso convierte a Pepote en el último caballero del PSOE, un lince digno de protección. Las formas selectas y exquisitas de Pepote son en el partido del puño y la rosa casi como las joyas de Rosamar Prieto-Castro. Sólo se ven en ellos, fines de raza de cierto socialismo andaluz.

El tiempo, que diría Montesinos, cogió el camino más corto para herir a Pepote. Los nuevos líderes de la política andaluza lo conocen ya por los libros. Todo está en los libros, se decía a los alumnos de la Educación General Básica. Hasta Pepote está ya en los libros. Como la Expo. Como Induráin.