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El coraje de la artillera Virginia Pérez, presidenta del PP de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 20 de mayo de 2018 a las 5:00

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EL PP de Sevilla parece afectado por el picudo rojo, pero tan rojo, rojísimo, que se parece cada día más al PSOE sevillano de toda la vida, ese PSOE de familias enfrentadas, de agrupaciones rebeldes (”Hay que ser de Bellavista antes que socialistas”), de cuando los congresos a cara de perro, esos días en los que siempre había alguien que apuntaba: “Colócate al lado de Bernardo Bueno, es la mejor forma de asegurarte que estarás con los ganadores. No se te olvide, siempre junto a Bernardo”. En el PP nunca había críticos, ni enfrentamientos entre agrupaciones, ni mucho menos esos pleitos salpicaban el ámbito institucional, como cuando Carmelo Gómez, ay Carmelo, se quedó con la brocha pintando muros altos y Monteseirín le quitó la escalera de la Delegación de Hacienda. Adiós, Carmelo, adiós. En el PP existía siempre el ordeno y mando de Arenas. Y poco más, salvo alguna escaramuza aislada en aquel congreso de principios de siglo que ganó Tarno (Ricardo) contra Miguel Ángel Arauz , y que se solucionó haciendo senador a Arauz en esos tiempos en los que se guardaba pleitesía absoluta al líder Arenas.

El año que lleva vivido el PP de Sevilla marca un pico pronunciado en la gráfica de la convivencia interna. La gran novedad es que la actual presidenta, Virginia Pérez, está echándole redaños al asunto, muestra un coraje inusual y tiene el apoyo de un amplísimo sector de las bases con un poder orgánico que se asienta cada día. Pérez no procede de familia alguna, más bien al contrario: está enfrentada a familias que se resisten a dejar de ser principalísimas en el partido. Siendo como es, su principal rival es ella misma.

El PP de Sevilla está sufriendo la crisis propia de un cambio de casa reinante. El antiguo régimen se resiste a abandonar sus posiciones y el nuevo régimen no ve la hora de confeccionar unas listas en las que quede reflejado el resultado del congreso: unos han ganado y otros han perdido. Pero la pérdida más dolorosa, la que provoca mayor angustia, es la de perder el medio de vida cuando se ha hecho de la política la única vía de subsistencia. Las opciones de paz entre los dos regímenes son escasas, nulas, inexistentes. Virginia Pérez, a lo Agustina de Aragón de la derecha sevillana, está dispuesta a fajarse como artillera frente a la evidente presión –un asedio en toda regla– que ejercen los perdedores del congreso. El PP de Sevilla tendría que estar rearmándose en torno al candidato de la capital, Beltrán Pérez, para hacer frente a Ciudadanos, que subirá en las urnas en 2019 y que sería su socio natural en un gobierno de coalición. Pero los enfrentamientos internos tiene a unos pensando en cómo atacar los cimientos del partido para provocar la imposición de una gestora, y a otros preparando el cañón para defender la fortaleza.

Este PP de Sevilla es irreconocible porque desde hace un año no dejan de pasar cosas insólitas, empezando por la pérdida de la Alcaldía (60.000 votos menos en sólo cuatro años), la celebración de un congreso donde ganan los críticos y la irrupción de la figura de una presidenta enérgica que, por el momento, mantiene una relación fluida con el que los ha criado, enseñado y forjado a casi todos: Arenas. El enfrentamiento de la presidenta, nadie se engañe nunca, es contra el círculo que rodea al ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido. El equipo del ministro quiere recuperar el control del partido como sea. Y la presidenta, lo ha dicho en un comité ejecutivo extraordinario, está dispuesta a usar el cañón. Como Agustina. En el PP de Sevilla no existe hoy la aburrida y añorada paz de otros tiempos, cuando el dedo de Javié iba señalando quién debía ocupar la presidencia cada cuatro años. Y todos, absolutamente todos los de entonces, asentían, le llevaban la maleta, aguantaban las broncas y complacían sus deseos. El antiguo régimen se ha encontrado ahora con un grupo de treintañeros y cuarentañeros que fueron compañeros de aulas y rivales universitarios de la presidenta andaluza (¿verdad Susana Díaz?) y que han tomado la decisión de no querer ser devorados como los hijos de Saturno por unos padres que llevaban dos generaciones a la sombra.

Hoy hay un rostro nuevo, el de la presidenta Virginia Pérez, que además goza de la ventaja del momento político y social actual, muy favorable hacia el perfil de la mujer luchadora. Tendrá una trayectoria garantizada mientras no meta la pata y, por supuesto, se coloque bien para evitar el impacto del retroceso de todo cañón tras un disparo. Bernardo Bueno, por cierto, está hoy de alcaide del Alcázar. Dentro de una fortaleza que solo abandona para pasar las vacaciones en La Antilla.

El ultimátum de la presidenta del PP de Sevilla al enemigo interno

Carlos Navarro Antolín | 17 de mayo de 2018 a las 5:00

Virginia Pérez y Beltrán Pérez ofrecen una rueda de prensa Beltrán nuevo candidato

La documentación comprometida ya ha pasado por el notario. Está protocolizada. La presidenta del PP de Sevilla, Virginia Pérez, remató la sesión: “No se pueden consentir este tipo de actuaciones. No voy a consentirle a nadie que nos mate, nos humille, nos insulte, ni nos arrastre”. La presidenta se ha hartado y tiene claro quién trata de remover los cimientos del PP sevillano. Virginia Pérez ha lanzado un ultimátum a sus enemigos internos. En su última intervención a puerta cerrada no cita a los destinatarios de su invectiva, pero todos saben hacia quiénes va dirigido el torpedo. O, mejor dicho, el anuncio de torpedo. “Quien nada debe, nada teme”, advirtió ante un auditorio expectante en la sede regional de la calle San Fernando. La camarlenga, que preside el PP de Sevilla desde hace un año, convocó un comité ejecutivo extraordinario para dejar clara su posición en las polémicas internas que sacuden la vida doméstica del partido desde que venció en el polémico congreso provincial. Los enemigos –esos seres que siempre habitan en el interior, nunca mejor dicho– son el bando que fundamentalmente componen Juan Ignacio Zoido, ministro del Interior; el diputado Ricardo Tarno y los ex presidentes provinciales José Luis Sanz y Juan Bueno, los cuatro componentes de la conocida como mesa camilla del antiguo régimen del PP sevillano, todos ellos auspiciados por María Dolores de Cospedal, ministra de Defensa y secretaria general del PP. Naturalmente ninguno de ellos reconoce abiertamente estar en contra de Virginia Pérez, más bien al contrario. La política es así, una interpretación continua de papeles, una asunción de roles temporales, una ficción maquillada de autenticidad.

Los enemigos de la presidenta son duros. Especialmente duros. Interior es un ministerio poderoso. Pérez tiene el control del aparato provincial, que no es poco, pues su papel es decisivo en la composición de las listas electorales, y los apoyos de Javier Arenas, vicesecretario general, y del candidato a la Alcaldía, Beltrán Pérez. Arenas está henchido de gloria desde que ganó el congreso provincial, lo que equivalió –nunca se olvide– a ganárselo nada menos que a la secretaria general del partido y a un ministro.

En el comité ejecutivo extraordinario, la presidenta recibió un largo aplauso de la militancia tras un informe rutinario de gestión al que siguió el verdadero motivo de la convocatoria de la sesión: un aviso directo a la curia que trata de alargar el tardozoidismo. Fueron llamativas las ausencias en la sesión de todos los miembros de esa mesa camilla, como si intuyeran que el único punto del orden del día iba, efectivamente, dirigido contra ellos.

El tenso comité ejecutivo ya tuvo un precedente en diciembre de 2015 con ocasión de una junta directiva provincial. Virginia Pérez admitió en aquella ocasión que no admitiría un PP sevillano marcado por los personalismos. Entonces era solamente coordinadora general, un puesto que se conoció popularmente como el de camarlenga. Fue un aviso directo a Zoido y sus muchachos, que entonces todavía penaban la pérdida de la Alcaldía. Virginia jugó fuerte. Se veía ya de presidenta, como así fue tras la guerra del congreso provincial que venció por 24 votos, como 24 fueron los caballeros que acompañaron a San Fernando en su entrada triunfal en Sevilla, por eso 24 son los nazarenos con cera verde que anteceden al Cristo de la Vera-Cruz. El otro día, en el seno de un comité ejecutivo extraordinario, lanzó el segundo aviso a los componentes del antiguo régimen del partido de la gaviota. La guerra interna no ha cesado, las aguas bajan muy revueltas por el arroyo pepero. Se aproxima la formación de las listas electorales. Los puestos de salida se cotizan muy caros, carísimos, porque la guadaña naranja diezmará las opciones del hasta ahora partido hegemónico de la derecha española. El modo de vida de muchos dirigentes –no nos engañemos– está en juego porque saben que Virginia y sus partidarios no van a perdonar algunos ataques. La paz ya no es posible. La situación es muy delicada, como admitió el veterano Jaime Raynaud. El antiguo régimen, la mesa de camilla tensa todo lo que puede esa situación con dos objetivos: que Virginia Pérez o cualquiera de sus más fervientes partidarios, sufran algún resbalón, cometan algún desliz, incurran en alguna desaplicación, que diría Vicente Cantatore y, de esa forma, que Cospedal tenga argumentos para instar a la formación de una gestora. Con la gestora sería más controlable la constitución de las listas electorales a las autonómicas y municipales.

VIRGINA PEREZ PP

No hubo una sola voz que de forma enérgica se posicionara en contra del discurso de la presidenta, acaso el más duro nunca oído en un comité ejecutivo del PP, un partido que nunca en su historia había vivido una división interna de este calibre. Aunque, todo sea dicho, en los comités y juntas directivas provinciales que se han vivido a lo largo del año no han sido significativas las intervenciones críticas, como tampoco han sido ajustadas las votaciones sobre diversos asuntos. Pérez ha ido ganando de largo todas las votaciones. La batalla se ha centrado en tratar por todos los medios de reavivar el polémico escrutinio del congreso provincial y determinados movimientos en Dos Hermanas. Las denuncias presentadas ante el juzgado y la Policía por un militante fueron archivadas. Oficialmente no hay nada, pero las escaramuzas se han sucedido, tratando se sembrar dudas sobre supuestas compras de votos y otras maniobras por el momento no probadas. El discurso de la presidenta fue muy duro en varios momentos de la sesión, celebrada a puerta cerrada: “No voy a consentir que nadie, y nadie es nadie, por muy cargo público que sea, trace estrategias que perjudiquen al PP. ¡A nadie! Ni a diputados, ni a senadores, ni a concejales, ni a parlamentarios. ¡A nadie es a nadie! Al que se le atragante la democracia que se lo haga mirar. No doy un paso atrás. Y os pido que no dudéis nunca, nunca, de la integridad de esta dirección que ha actuado siempre con responsabilidad y que se conduce con tan rectitud que hasta se ha ido al notario para protocolizar algunas cuestiones. Que nada ni nadie nos entretengan de nuestra tarea, que son las elecciones. Vamos a seguir con la cabeza muy alta”. Entre las adhesiones que recibió la presidenta figuró la del veterano Jaime Raynaud, diputado autonómico y director de la campaña del PP en Sevilla capital, que dio todo su apoyo a las acciones que apruebe el comité ejecutivo para normalizar la vida interna: “No pensaba nunca que tuviera que intervenir en un órgano como éste, pero tengo que hacerlo en un día triste y amargo. No pensaba que esto llegara nunca a producirse, pero se ha producido. La presidenta ha hecho un relato dramático, verdaderamente dramático, de los hechos acaecidos con el PP y con algunos de sus militantes en los tribunales. Los hechos son como son y la realidad es tozuda. Hoy lamentablemente tengo que pedir al comité ejecuitivo y a la presidenta que, con la misma dureza, si me permitís la expresión, se emprendan todas las acciones judiciales necesarias, se usen todas las armas legales contra todos los que han manchado el nombre del PP de Sevilla. Esto ha pasado de la legítima divergencia, de la discrepancia, de la disparidad de criterios que se suelen resolver con diálogo en un espacio como éste, de las opiniones distintas, de la elegancia, del saber perder cuando se pierde y del saber ganar cuando se gana, a otro estadio muy distinto, a una situación abiertamente incontrolable desde el punto de vista político. Hemos pasado a un nivel distinto. Hablo exclusivamente en mi nombre. Que se llegue hasta donde se tenga que llegar. Contad siempre con mi respaldo. El comité ejecutivo tiene todo mi apoyo, lo digo públicamente”. 

 

Sevilla no deja solo a Feijóo

Carlos Navarro Antolín | 9 de abril de 2018 a las 5:00

PPcaja

Robles

DICEN que la gente que acude a los actos sin acompañante es mucho más de fiar que quienes siempre necesitan del calor almibarado de un séquito o saber de antemano con quién serán sentados a la mesa. La tarde del sábado terminaban las sesiones de la convención nacional del PP –en ese hotel de la Cartuja al que te lleva un taxi y te cuesta un ojo de la cara– cuando las distintas delegaciones organizaban sus cenas. Una vez que Cifuentes se cargó la convención y procuró que la delegación madrileña hiciera todo el ruido posible para parecer que el plenario cerraba filas en torno a su figura, el morbo estaba en conocer las afinidades de mesa y mantel: el quién con quién y dónde. Esa noche estaba convocada la cena de la delegación de Sevilla en el Asador Salas, el sitio favorito de socialistas como Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, hoy en la ejecutiva federal del guapo Sánchez.

El presidente gallego Alberto Núñez Feijóo estaba aparentemente sin compañía para esa noche cuando recibió numerosas ofertas de la militancia acreditada de Sevilla. Los Zidane (Arenas) y Pavones (Beltranes) del PP sevillano lo invitaron a su cena. En Sevilla encanta eso de agasajar al de fuera si se le ve despistado (casi tanto como se disfruta dándole la espalda al que se quiere colar). Sevilla, habitualmente cruel, no dejó sólo a Feijóo, como no dejó en soledad al rey sabio. Los peperos locales tejieron la madeja y se lo llevaron de parranda. Ocurrió –qué cosas– que el presidente Rajoy tampoco quería cenar solo y organizó su propia velada. Y a última hora se llevó a ella a algunos de los que habían citado a Feijóo en el asador. El poder es así, rompe las agendas de cualquiera en un minuto. El gallego llegó al asador del Arenal y no estaba la plana mayor que le había convocado: se habían tenido que ir con el presidente. En el asador faltaban las varas, pero estaban todos los tramos de cirios y penitentes de la cofradía. Y el gallego, considerado por el arenismo como el futuro del PP en España, disfrutó con la compaña y con la ensaladilla servida en bolas (uf), el revuelto de champiñones, los chocos bien separados para que parecieran más y esos platos de carne que incluye todo menú que se precie para que no falten las proteínas. A los postres en el asador sí llegaron ya la presidenta provincial, Virginia Pérez, y el candidato a la Alcaldía, Beltrán Pérez. El aparato sevillano, por fin, se movió de gallego a gallego. Hubo gran foto de familia (sin tortilla) que algunos ven como reveladora del futuro.

Rajoy, mientras, no se quedó solo en Robles. Compartió su litúrgico dedo de escocés (con agua y su cubito de hielo) en compañía, entre otros (y otras), de Juan Manuel Moreno Bonilla, Cospedal, Zoido y Arenas. Javié estuvo con Rajoy hasta el final, como estuvo en Valencia en aquel congreso donde el registrador casi se queda con la brocha en la mano cuando la Aguirre le quería birlar la escalera. Arenas no lo dejó solo. Y eso que Rajoy nunca lo ha hecho ministro. Y ganó el congreso del PP de Sevilla por 24 votos, como 24 fueron los caballeros que entraron con San Fernando en la ciudad, el hijo del rey sabio. La historia no se repite, es la misma. A río revuelto, ganancia de la hostelería.

Intento de estafa con la caseta del PP

Carlos Navarro Antolín | 14 de marzo de 2018 a las 5:00

CASETAS

EL listo de turno ha querido hacer un negocio redondo. O los listos y laslistas. No las listas electorales, oiga. El mercado negro de las casetas ha estado a punto, a puntito, de afectar nada menos que al Partido Popular en Sevilla, que tiene una caseta en la calle Pascual Márquez, números 66 al 70. Quizás, quién sabe, alguien ha querido sacar provecho de que todas las miradas están centradas en el proceso de designación del candidato a la Alcaldía, en los intentos de unos y otros por defender a sus respectivos aspirantes. En el hipódromo de la calle Rioja los caballos corren. Alguno jadea y suda en exceso por la boca, otros llevan la velocidad de un pecherón. Y hasta hay alguno que parece afectado por aquella lejana peste equina. En plena marejadilla interna, alguien ha enviado correos electrónicos detallando una suculenta oferta: disfrutar como “socio” de esta caseta durante toda la Feria a cambio del pago de 1.200 euros que debían ser ingresados en una cuenta abierta al efecto. El correo electrónico ha llegado a personajes muy conocidos en la ciudad. El incauto emisor ha dejado al descubierto todas las direcciones de los supuestos interesados. La cúpula del partido no se enteró de los hechos hasta el pasado jueves. La sospecha, en principio, apuntaba a la posibilidad de que la formación política hubiera perdido la caseta por olvido en el pago de las tasas, pues hubo destinatarios del correo que se percataron de que la dirección de la caseta era la del PP y creyeron de buena fe que se trataba de una pérdida de los derechos y de la posterior nueva adjudicación. Pero no, el Ayuntamiento confirmó que todo estaba en regla. El partido político seguía siendo titular de la caseta. Unas mínimas indagaciones sirvieron para comprobar que alguien vinculado a la cadena de explotación de la caseta estaba ofreciendo su uso privativo, cuando se trata de una caseta de titularidad privada pero de uso eminentemente público. Estaríamos ante una operación expresamente prohibida y especialmente castigada por las ordenanzas reguladoras de la Feria.

Bastó tirar de los hilos para que afloraran los nervios. Cuando los protagonistas de la supuesta estafa estaban ya pillados, enviaron un correo electrónico desmontando la operación, la misma que habían anunciado con todo detalle en el correo electrónico inicial. Todo está recogido en esos correos, según aseguran fuentes relacionadas con los hechos.

El PP recurrió el lunes al juzgado de guardia, donde interpuso una denuncia penal por si los hechos “fueses constitutivos de un delito de estafa del artículo 248 del Código Penal”. En la denuncia se detalla que la caseta tiene tres módulos que suman la nada despreciable extensión de 301 metros cuadrados y se pide al juez, como es de rigor, que efectúe las diligencias necesarias para la aclaración de los hechos.

Por cierto, 1.200 euros no es precio de oferta, precisamente. Salvo que incluya la cena inaugural del pescao. Y unos cuantos chorizos. Muchos chorizos.

Arenas controla, Tarno se enoja

Carlos Navarro Antolín | 26 de febrero de 2018 a las 5:00

24/02/2017: Junta Dirrectiva provincial del PP Andalucía. 24/02/2017: Junta Dirrectiva provincial del PP Andalucía.

LOS comités ejecutivos del PP a puerta cerrada son una mina. La primera señal que mide la expectativa de la cita radica en la presencia o ausencia del gran Povedano, jefe de seguridad del partido. ¿No pide la Delegación del Gobierno en Andalucía que cada cofradía tenga un jefe de seguridad? Pues la derecha hispalense es esa organización preclara que hace años que tiene su propio Cecop. Y les aseguro que funciona perfectamente. Los presidentes provinciales pasan, Povedano siempre se queda. Como Eduardo Herrera en la Federación Andaluza de Fútbol. Como Gallardo en el Colegio de Abogados. Como Paco Vélez en el Consejo de Hermandades. El sábado –a lo que íbamos– se presentó Povedano en el comité ejecutivo. Se barruntaba lío en la sesión a puerta cerrada a cuenta de los catorce expedientes de expulsión por doble militancia (¡Malditos roedores!) y por los dos casos de insultos públicos a la cúpula del partido (¡Malditos tuits y retuits!). Cuando Povedano está es que hay control de firma a la entrada y votaciones. Su presencia tranquiliza. Disuade a los potenciales alborotadores. La sesión estaba presidida por Arenas. Resulta un verdadero espectáculo comprobar cómo Javié controla las situaciones… tantos años después. Su auctoritas es demoledora. Es lo que hay. Su sombra es indiscutiblemente alargada. Los hijos políticos quisieron jubilarle en 2012. Los nietos políticos lo mantienen hiperactivo. Ni siquiera ha entrado en emeritud.

El graderío se situó en torno a la disposición habitual. A la derecha de la entrada y en el centro, el sector más afín a la dirección habitual, junto con alcaldes, la muchachada de Nuevas Generaciones y los presidentes de distritos de la capital. A la izquierda de la mesa, los actuales críticos (antes oficialistas). Una de las novedades del sábado era ver al edil Ignacio Flores completamente integrado en el aparato actual desde que ha sido nombrado portavoz adjunto del grupo municipal. Flores lleva en el Ayuntamiento desde los tiempos de Soledad Becerril, por lo que hay quien considera con guasa que la Real Academia de la Historia puede dar por concluida la Transición.

Los tres últimos ex presidentes del PP de Sevilla (Ricardo Tarno, José Luis Sanz y Juan Bueno) se sentaron juntos. La secretaria de Organización, Macarena O´Neill, leyó las pruebas contra los catorce afiliados que debían ser expulsados, entre los que se encontraba un concejal y baluarte de la candidatura de Juan Bueno en Dos Hermanas. Bueno afirmó que no le habían presentado pruebas concluyentes de dichas descalificaciones, a lo que Virginia Pérez respondió con un completo dossier de descalificaciones o incitaciones a traspasar la militancia a otros partidos. El ex presidente no puso en duda esas pruebas y apoyó la medida en ese caso.

Una crítica con la dirección actual, Maribel Vilches, justificó que comparecía muy arreglada porque tenía una boda (“un evento”). Recordó su condición de abogada para exigir garantías en los expedientes de expulsión, a lo que tanto O´Neill como Juan de la Rosa, secretario general cada vez con más complicidad con la presidenta Virginia Pérez, contestaron que, “evidentemente”, los expulsados tienen un plazo legal para recurrir la decisión. Arenas, siempre presto a promover la distensión en público entre hijos y nietos, recordó con humor que los dados de baja por fallecimiento no necesitan de plazo de alegaciones. Todos (o casi todos) se rieron. Vilches pidió la palabra hasta cuatro veces más, provocando algún bostezo: “Te pido brevedad y lo hago con todo el cariño”, le suplicó Arenas en alguna ocasión. Algún asistente llegó a preguntar en voz alta por la hora de comienzo de la boda a la que estaba invitada Vilches (¡Qué desahogada es esta derecha en ocasiones!). La presidenta Virginia Pérez intervino para exponer a los presentes si no era suficiente prueba en contra de un militante expedientado el hecho de que siendo un cargo público del PP votara contra mociones presentadas por su propio partido, como ocurrió en Dos Hermanas. Sólo se opuso a las expulsiones la muy parlante letrada Vílches. Hasta el ex presidente Juan Bueno y el senador José Luis Sanz votaron a favor de las medidas disciplinarias.

Se trató la creación de una gestora en el municipio de Sanlúcar la Mayor tras la imposibilidad de poner de acuerdo a los dos candidatos que optan a la presidencia local. Esta vez sí hubo una votación y, nueve meses después, se midieron de nuevo las fuerzas internas con un muy desigual resultado. Se registraron 65 votos a favor de la gestora propuesta por la dirección actual, dos abstenciones y 20 votos en contra (entre los que estaban los sufragios de los ex presidentes José Luis Sanz, Ricardo Tarno y Juan Bueno). Curiosos fueron los votos en contra del edil y vicepresidente del partido, Alberto Díaz (ex portavoz municipal y ex jefe de gabinete de Zoido) y el voto a favor de la gestora de José Miguel Luque (actual jefe de gabinete de Beltrán Pérez y antiguo de Zoido). Si algunos mantienen que el partido está roto por la mitad, el sábado se comprobó que una mitad es cada vez más grande y se extiende a la velocidad de los adosados del Aljarafe en tiempos del boom inmobiliario. Distinto es que el partido tenga mayor o menor capacidad de movilización del voto cuando lleguen las elecciones y no se trate ya de ganar partidos amistosos (léase comités ejecutivos), sino poder puro y duro.

Se sucedieron finalmente las intervenciones de clausura. Bueno pidió un “debate serio y sereno” sobre el uso de las redes sociales. Se refirió al “calentamiento” de algunos militantes y a la necesidad de no promover expulsiones. Y advirtió:“Si nos ponemos a buscar insultos en las redes, tendríamos una lista interminable en el último año”. La presidenta Virginia Pérez replicó de inmediato a su antecesor: “Quien después de nueve meses no entienda que no se puede decir en las redes, con el logotipo del partido, que aquí existe una dictadura interna… No puedo consentir que nadie insulte a nadie, es mi responsabilidad. Yo lo pongo en conocimiento del comité de derechos y garantías y que allí se decida. Basta con tener sentido común. No le hagas a tu compañero lo que no quieras que te hagan a ti”. Se oyeron aplausos.

Pedro González, presidente de NNGG y concejal en Tomares, felicitó a la cúpula del partido. Juan Ávila, alcalde de Carmona y, por cierto, poseedor de un burro (El Platero y yo de la Campiña), pidió una reflexión sobre el uso de las redes sociales. “Es penoso lo que está pasando y que perdamos tres horas de un sábado en esto en vez de trabajar para ganar las elecciones. Hay gente que no acepta que unos han ganado y otros han perdido. No se puede estar jugando con los tuits y con la prensa. ¡Que Ciudadanos nos está machacando!”. Sonaron más aplausos. Felipe Rodríguez Melgarejo felicitó al senador José Luis Sanz por las noticias favorables sobre su situación judicial. “Es la segunda vez que atacan a nuestro buen amigo. ¡Que se entere la gente! ¡Que has salido ileso!”. Sonaron aplausos. Arenas aseguró que figuraría en acta la felicitación a Sanz. Maribel Vilches pidió la palabra por enésima vez y se reiteró en su petición de “proporcionalidad” en las sanciones a los ya expulsados. Arenas aseguró que él era feliz con un teléfono Nokia sin capacidad de mensajería rápida: “¡Esto es un martirio chino!”, refiriéndose a su smart phone. “A mí me ponen a parir aquí todos los días y no sé quiénes son”, dijo sobre las redes sociales con el teléfono alzado. “Y esto es un problema extraordinario que perjudica a la infancia y que puede cambiar la sociedad en cinco o diez años. Esto es muy serio”, sentenció.

La letrada Vilches pidió de nuevo la palabra. Arenas le echó humor. El edil Pepelu García exclamó: “¡Que no llegamos al telediario!”. Este último comentario provocó la reacción airada del ex presidente provincial Ricardo Tarno, diputado nacional, que irrumpió e instó a que se respetara a la interviniente: “¡Me parecen impresentables estas faltas de respeto!”. Y abundó en cómo se cuestiona al ministro del Interior en las redes sociales. Arenas apuntó a que no sólo al ministro Zoido, sino que él también sufre ataques en silencio. Tarno recibió algunos aplausos. Arenas de nuevo calmó el ambiente.

Beltrán Pérez actuó como virtual candidato a la Alcaldía presentando el acuerdo presupuestario que permite la bajada de impuestos. Fue aplaudido por el personal de los distritos y de NNGG. Virginia Pérez declaró que no permitiría faltas de respeto y anunció que todos los candidatos de la provincia se presentarían en junio. Arenas felicitó la labor del grupo municipal de la capital y lanzó un mensaje contra las influencias extrenas: “Este partido es autónomo en sus decisiones. La dirección del PP es una”. Las filas de los antiguos oficialistas clareaban ya en ese instante. Fuera del castillo hace frío. Arenas levantó la sesión. Povedano controló la evacuación de la sala. Sin novedad. Virginia Pérez se fue a Carmona a apoyar la labor de los muchachos de NNGG. La letrada parlante se iría a su boda, donde los novios comerían perdices. En fútbol ganan los alemanes. En política, los aparatos. Ignacio Flores ha sido premiado por abrazar el nuevo régimen. Aviso a navegantes.

24/02/2017: Junta Dirrectiva provincial del PP Andalucía.

24/02/2017: Junta Dirrectiva provincial del PP Andalucía.

Dos cabalgan juntos

Carlos Navarro Antolín | 18 de febrero de 2018 a las 5:00

El alcalde de Sevilla, Juan Espadas, y el portavoz del grupo municipal del PP, Beltrán Pérez, firman el acuerdo de Presupuestos para 2018

DE ser acusado de chulo en el Pleno a ser el político fundamental para dar estabilidad al Ayuntamiento. De tenido por chantajista a ser un líder de la oposición con altura de miras. El alcalde ha modificado sustancialmente su percepción del edil Beltrán Pérez en menos de dos meses. El 27 de diciembre se celebró un Pleno en la Casa Grande para aprobar las ordenanzas fiscales con los precios y tasas públicos para 2018. Eran las vísperas de los Santos Inocentes y, por cierto, del cumpleaños de Javier Arenas. El alcalde estalló aquella mañana. Estaba molesto por el estilo que emplea la oposición desde que Pérez asume la tarea de Pepito Grillo: “¡Con la chulería no se va a ninguna parte!”, le advirtió Espadas, quien reprochó al político del PP que le recordara que los presupuestos estaban a la vuelta de la esquina y que necesitaría para sacar adelante las cuentas de los doce votos, o de las doce abstenciones, de los chicos de la gaviota. Beltrán se erigió en todo un oráculo. Acertó. El alcalde se defendió y metió los dedos en el Grupo Popular al recordar las convulsiones internas del partido y sus efectos en el Ayuntamiento: “Lleváis tres años atascados”. El ambiente se vició.

Mes y medio después ha sido Beltrán Pérez, el acusado de chulería y de chantajista, quien ha salvado el presupuesto. No porque a Pérez le haya entrado un repentino ataque de piedad para con el alcalde en minoría, ni un sentimiento de arrepentimiento y reflexión propio del arranque de la cuaresma. Espadas necesita a Pérez, y Pérez necesita de Espadas. Dos cabalgan juntos. Los movimientos en política, desde tiempos de los clásicos, son una suma de conveniencias. Las conveniencias son intereses a corto plazo. Y la política de hoy es tan cortoplacista como esclava del márketing. El presupuesto aprobado permite a Espadas ejercer sus políticas de gobierno. O, al menos, determinadas políticas, porque después ya sabemos cómo son los paupérrimos grados de ejecución de los presupuestos. Espadas se libra de la dependencia del apoyo de la izquierda radical, la misma que en su día lo aupó a la Alcaldía. A este alcalde que encarna el socialismo moderado empiezan a escocerle más de la cuenta los revoltosos chicos de IU y Participa Sevilla. Él es hombre de costumbres sanas, de saber vivir un domingo familiar (costumbrista) en compañía de Rafa Serna, el letrista que públicamente ha proclamado: “Soy del PP, pero votaré a Juan Espadas”. Cuando los concejales de Participa Sevilla anunciaron su rechazo a los presupuestos, el alcalde llamó al correoso Beltrán Pérez para sacar adelante las cuentas. “Beltri, te necesito”. Tardaron cinco minutos en entenderse. Espadas hizo de la necesidad virtud. Y Pérez, acusado de haber estado ejerciendo una política de cara a la galería con su presupuesto alternativo, vio la oportunidad impagable de erigirse en el salvador de las cuentas, de orillar a Ciudadanos como único partido conservador capaz de contribuir a la gobernabilidad, de desprenderse del barniz de niño terrible y de aparecer como político con alturas de miras, todo lo cual escenificado en una firma solemne en la planta alta del Ayuntamiento que ni la del acto de adhesión de España a la Unión Europea.

Espadas demuestra una gran cintura política. Es capaz de entenderse con todos. Y Beltrán Pérez se cobra su apoyo a corto y medio plazo. El PP no ha cambiado un dígito de las cuentas de 2018, que son exactamente las pactadas por el PSOE y Ciudadanos. Beltrán Pérez ha seguido la táctica de despreciar la vía técnica de la presentación de enmiendas. Toda su apuesta ha sido política. El PP pone sus miras en 2019 al obligar al alcalde a asumir un cuadro fiscal que regirá en el año electoral, para el que ya no necesitará del apoyo de Ciudadanos y con el que tendrá que gobernar el futuro alcalde. Y el PP también, he aquí el rédito político que tendrá efectos a la mayor brevedad, se garantiza en breve un Pleno extraordinario en el que se aprobará la exigencia de fondos autonómicos de hasta 14 millones de euros al año para Sevilla (la denominada Patrica, femenino del fijador de pelo) y la red de Metro, en ambos casos tal como las plantean los populares, dos mociones que escocerán a la presidenta Susana Díaz. Además, el abatido líder regional del PP, Juan Manuel Moreno Bonilla (“Llamadme Juanma”) encontrará en la política municipal un poco de ayuda exterior para argumentar sus rifirrafes con el ejecutivo autonómico.

Cuando la presidenta Carmen Castreño abrió el Pleno de presupuestos a los periodistas e invitados el pasado miércoles (“¡Audiencia pública!), Espadas se afanó en estar saludando a los concejales de Ciudadanos en ese momento. Sabe que son los más perjudicados de su pacto con Beltrán Pérez. Espadas los quiso mimar con ese gesto público por lo que pueda ocurrir. El alcalde guarda la ropa por si el peligroso Beltrán le hace una ahogadilla durante el baño. En ese instante de puertas recién abiertas en el Salón Colón, Beltrán apareció rodeado de todos los concejales del PP. Sentado estaba Alberto Díaz, ex portavoz del Grupo Popular, que en 2017 ya tuvo la idea de apoyar de alguna manera los presupuestos de Espadas para ganar peso político.

Queda probada que la unión de los dos grandes partidos tiene una fuerza arrasadora. El presupuesto de 2018 es el que se ha aprobado antes de los tres de Juan Espadas. Con Monteseirín llegamos a ver presupuestos aprobados en junio. El PP está henchido de gloria porque ha logrado evidenciar, al menos por ahora, que Ciudadanos es irrelevante en el ruedo municipal. La verdadera influencia en la elaboración de un presupuesto no se tasa en millones, sino en clave política. La política de hoy es imagen. En la firma del acuerdo enre Espadas y Pérez estaban de nuevo las cámaras de las emisoras de televisión. Y después corrió la cerveza para algunos en los bares de los alrededores, oro líquido que baña los grandes momentos de la ciudad, espuma efímera, glorias pasajeras. Nada en política perdura. Ninguna cerveza se mantiene siempre fría.

El reencuentro del PP y Ciudadanos en el Labradores

Carlos Navarro Antolín | 7 de febrero de 2018 a las 5:00

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MEDIA mañana. Sede del Real Círculo de Labradores. Café. Luces y taburetes altos. La cabeza del toro Nochebuena desparrama la vista por la estancia. En los sofás mullidos hay clientes ajenos a la escena. En una mesa debaten sobre la ciudad los portavoces municipales de dos importantes grupos políticos que han tenido serios roces en los últimos días a cuenta de la negociación del presupuesto general de la ciudad. Hablan de todo, se dicen las cosas a la cara. Hay reproches por el pasado y también guiños de cara a posibles coyunturas de futuro. Nadie quiere enemistarse con nadie, ni tampoco exhibir pasteleos antes de tiempo. Es verdad que los días de Navidad fueron tensos. La propuesta de presupuesto alternativo presentada por el PP soliviantó a Ciudadanos. Y la victoria de Ciudadanos en Cataluña encumbró a los chicos del partido naranja. La batalla por el voto de centro-derecha alcanza de lleno la Plaza Nueva. Beltrán Pérez, portavoz del Grupo Popular, necesita hacer ruido para ser el candidato a la Alcaldía. Y Javier Millán, portavoz de Ciudadanos, no podía consentir de ningún modo que el PP pactara el presupuesto con el PSOE y le birlara su rol de único partido político de la derecha que es capaz de colaborar con el gobierno y, por lo tanto, ser el modelo de esa nueva política que quieren los ciudadanos, hastiados ya de la confrontación por la confrontación.

A Beltrán Pérez le molestó que Millán denunciara públicamente que la estrategia del PP en el presupuesto podía desembocar en una “posible prevaricación”. Se lo dijo ayer de forma directa. Millán había censurado que el PP presentara una propuesta de presupuesto alternativo sin el formato técnico de enmienda. “Yo no puedo votar ni pronunciarme en la junta de portavoces sobre un documento que no se ajusta técnica ni reglamentariamente a las características de una enmienda. Pretender que hiciéramos eso, con un informe en contra del secretario y del interventor, era pedirnos que prevaricáramos. Y yo no puedo hacer eso, Beltrán”. El concejal Rafael Belmonte, brazo derecho de Beltrán Pérez, es testigo de la escena en silencio. Toma algunas notas. Se percibe cierta tensión. Pérez se defiende: “El presupuesto alternativo era y es un documento político, para generar debate político, no pretendíamos que se tomara como enmienda”. Millán se lamenta de que el PP intentara excluirles (despreciarles) del debate presupuestario al exigir entenderse a solas con el PSOE. “Beltrán, nos quisisteis apartar y eso no lo podemos consentir”. El líder del PP pasa al contraataque: “¿Nosotros quisimos eso? ¡Yo quiero la paz, Javier, pero si me lanzas una pedrada como lo dela prevaricación, tengo que responder!”, le recrimina Beltrán Pérez, molesto todavía por la alusión a un posible delito: “Hombre, Javier, que tú sabes lo que es una prevaricación. Que diga eso un funcionario del grupo A…”.

Belmonte sigue en silencio, siempre con un papel doblado por varias caras preparado para las anotaciones. El Pleno del presupuesto es el 14, día de San Valentín. “Lo que tenéis que hacer es absteneos y dejad que las cuentas salgan adelante por el bien de la ciudad”, exige el portavoz de Ciudadanos. Beltrán responde con rapidez. “Votaremos no al presupuesto salvo que se cumplan nuestras condiciones”. “¿Las tres condiciones que habéis exigido al alcalde?”, pregunta Millán con precisión. “No seré yo quien revele las cosas que hablo con determinadas personas en ciertos despachos”, zanja el líder de la oposición.
Millán desvía la conversación para poner en duda la estrategia del PP de arremeter contra Ciudadanos. “Os estáis equivocando, Beltrán. Os han dicho desde Madrid que tenéis que hacer eso y es un auténtico error. No te puede hacer una idea la de gente del PP que se viene con nosotros y lo que dicen…”. Beltrán se niega a aceptar que haya recibido orden alguna de atacar por atacar a Ciudadanos. “De hecho promuevo unas buenas relaciones con vosotros siempre que sea posible”. El líder de la oposición alude a que así se lo han reconocido en su partido en alguna ocasión. De pronto, cómo no, se habla de las encuestas. Millán tiene claro que Beltrán Pérez será el candidato del PP. No lo dice expresamente, pero en sus afirmaciones asume que así será. “No tenemos orden de apoyar a la lista más votada. No está escrito en ningún sitio”, sentencia el portavoz de Ciudadanos. Beltrán bromea: “¿Entonces nos apoyarías también si no quedamos los primeros?”. Y el de Ciudadanos formula un augurio:“Creo que los tres partidos podemos quedar bastante igualados…”.

Millán se siente feliz de concejal, se entiende con el socialista Juan Espadas. Está convencido de que repetirá como candidato a la Alcaldía, una condición que se oficializará después del verano. Presume de un partido que disfruta de paz interna, a excepción de algunos episodios tensos en el Aljarafe que Belmonte se encarga de recordarle. “¡Menudo padrinazgo tienes con Arenas!”, le refiere Millán a Beltrán Pérez. El dirigente del PP le recuerda –con razón– que también ha tenido sus años de pesares en política. Un bedel irrumpe en la tertulia:“¿Don Rafael Belmonte? Unos señores le esperan”. Se disuelve lentamente la tertulia del reencuentro. Los tres se paran junto al busto del Rey Juan Carlos I. Alguien dice: “El bien de Espadas no es necesariamente el bien de la ciudad”. Millán habla de sus plenos en la Diputación, donde se las tiene que ver con la presidenta del PP, Virginia Pérez.

Nochebuena se queda en su calma astifina. Los políticos se van. Se esfuman. Parece que hay vida en los ojos del burel, parece como si quedara una ráfaga de bravura en su expresión. Las tazas de café aguardan a ser recogidas. Alguien lee un libro en la barra. Hay periódicos repartidos por la mesa con la tablilla de madera de la entidad. Se forman nuevas tertulias. Alguien rechaza el café y apunta a que ya es la hora de un fino con escolta reducida de patatas fritas. Lo más destacado, quizás, es que alguien ha hablado de los presupuestos en un café. Sólo queda encontrar una tertulia sobre los dictámenes del Consejo Económico y Social. Un cartel anuncia que el club carece de peluquero desde el 31 de enero. La ciudad tendrá presupuesto. Pero en el Labradores seguirá vacante el puesto de peluquero.

Elogio del frío de Don Remondo

Carlos Navarro Antolín | 30 de enero de 2018 a las 5:00

Alberto Jiménez Becerril

LA memoria discrimina. Olvida los números de teléfono de gente indeseable, orilla las identidades de quienes nos hicieron daño, repele cualquier intento de rebuscar en el altillo de los recuerdos si intuye que, al final, espera el pinchazo de un aguijón. La memoria bien empleada es una fortaleza defensiva que garantiza una existencia en equilibrio. El rencor es la nota marginal que impide el olvido. Y el frío, ay el frío, es una evocación perenne, un homenaje perpetuo, una sensación que sobrecoge en un lugar en particular, una hormiga blanca que recorre las entrañas de cuantos pasan por esa encrucijada de adoquines y muros altos. En la calle Don Remondo siempre hace frío. Lleva veinte años haciendo frío todos los días. En esa calle se quedó clavada la mirada profunda de una madre, la sonrisa continua de un concejal que vivía en una continua sesión de buen humor. En esa calle suena la voz tronante de una homilía sin equívocos, sin burladeros, sin perífrasis, sin edulcorantes… sin miedo.

En esa calle, yacente, se quedó un trozo de nuestras vidas. Se paró el reloj de la ciudad, se congeló el tiempo. Y por eso siempre hace frío. A esa calle vuelves siempre. Unas veces solo, otras acompañado, pero siempre te topas con el frío. Piensas cuáles serían sus últimas palabras, cuál su última charla, cuál sería el último momento maravilloso de su vida cotidiana. Tal vez preparaban el dinero justo para pagar a la cuidadora de aquellos tres ángeles que dormían el sueño de una noche de enero alto, quizás comentaban algún lance de ese final de su último jueves a los pies de la Giralda, o simplemente miraban la hora para calcular cuántas les quedaban de sueño por delante. La memoria, selectiva ella, quiere que siempre haga frío en los corazones de cuantos por allí pasan. El frío que nos impide olvidar. Sólo asistiremos al funeral definitivo de aquellos dos vecinos el día en que dejemos de sentir ese frío. Por eso necesitamos el calor de nuevas imágenes de Alberto y Ascensión en la plenitud de sus vidas, el calor de los recuerdos de una noche de verano en los Jardines de Murillo, el calor del testimonio de quienes rieron con las ocurrencias de aquel concejal que llegaba tarde al Pleno y ofrecía la explicación más sorprendente, el calor de quienes los trataron y son hoy las lamparillas de guardia de su recuerdo.

Sevilla respeta siempre el frío, como respeta el miedo, el vacío, las ausencias. Somos así. Necesitamos sentir frío cada vez que pasemos por Don Remondo. Que los cuerpos se estremezcan, que los corazones sientan un aldabonazo, que la memoria de los sevillanos sufra un zamarreón para soltar el rencor, liberar la ira, expulsar el odio y quedarnos con esa paz tranquila que sólo reporta una justicia verdadera. Frío, debe seguir haciendo frío, hasta que veamos las armas entregadas y el daño reparado. Frío que nos tenga en vilo y con la guardia alta. Frío, mucho frío, para no perderle el respeto a una fecha, para no perdernos el respeto a nosotros mismos como ciudad.

Los elegidos en la mesa de Rajoy

Carlos Navarro Antolín | 24 de enero de 2018 a las 5:00

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LA gran clave de la visita de Rajoy a Sevilla del pasado sábado no estaba en lo que dijera de la candidatura a la Alcaldía. De eso no iba a decir ni pío, porque el presidente no se iba a pegar el tiro en el pie de levantar suspicacias en las otras capitales donde los chicos de la Gaviota están revueltos con el mismo proceso. Su sola presencia era el mayor respaldo que podía ofrecer, por el momento, al concejal Beltrán Pérez. No es poco. Se trata más bien de un privilegio en los tiempos que corren. Y de una señal de que en Génova dan por cerrada la crisis del partido en Sevilla, máxime si se tiene en cuenta que desde ayer se tiene confirmado que la convención nacional del PP también será aquí, en Sevilla, nada menos que en el prime time de abril. La gran clave –decíamos al principio– era saber a quiénes se llevaba el presidente a almorzar tras el acto del sábado, quién era la guardia pretoriana con la que compartiría la ensaladilla y la presa ibérica con patatas fritas. El lugar fue el Mesón de Juan, en la calle José Luis de Casso, en Nervión. Allí llegó con los ministros Zoido y Báñez, el delegado del Gobierno, Antonio Sanz; el factótum Javier Arenas, el coordinador nacional Fernando Martínez Maíllo, el presidente del PP andaluz, Juan Manuel Moreno Bonilla (“Llamadme Juanma”) con la secretaria general de la formación, Loles López; y la presidenta provincial, Virginia Pérez, con el líder de la oposición en el Ayuntamiento, Beltrán Pérez. Sí, el comentario de la tarde era que el candidato in pectore se sentó en el restaurante con los altos jefazos. Un concejal de la oposición tenía su plaza asignada dentro de esa liturgia del poder que nunca se publica. Rajoy se hizo fotos con los camareros y los cocineros, incluso junto al lavaplatos. La sabatina del PP fue feliz. O, mejor dicho, guardó la apariencia de la felicidad, que en política es lo que importa. En política, ya se sabe, la apariencia es la realidad. Y las ausencias son reveladoras. A la convención de los distritos no acudió José Luis Sanz, senador, alcalde de Tomares y uno de los escasos políticos del PP de Sevilla que reúne las características que se precisan para ser aspirante a la Alcaldía. El partido explicó en voz baja que Sanz estaba cumpliendo sus obligaciones como alcalde en los actos de la festividad del patrón de los tomareños, San Sebastián.

Sanz, por cierto, es hombre muy próximo a Zoido. El ministro sevillano quiere desentenderse de cualquier polémica orgánica y de cualquier proceso de selección del candidato. En su día apoyó a Juan Bueno, cabeza de lista del bando perdedor en el congreso provincial, pero ahora considera que ya tiene bastante con el Ministerio del Interior (nevadas incluidas) como para perder (y perderse) en rifirrafes de ámbito local, sobre todo cuando en Génova han decretado la paz oficial en la plaza sevillana. Hace bien Zoido en centrarse en Madrid. Es lo más inteligente. Beltrán Pérez, por si acaso, estuvo especialmente espléndido el sábado con la figura del ministro: “¡Mi amigo, mi referente, mi alcalde!”. Hacemos como con las natillas, repetimos: la apariencia en política es la realidad. Y otra realidad fue que Báñez es especialmente querida en el PP sevillano, donde no pocos la ven como una opción de futuro para Andalucía. La ministra de Huelva, como la llaman sus leales colaboradores, tiene grandes amigos en la capital de Andalucía, por lo que a nadie le extrañó su presencia en la convención de los distritos sevillanos. Báñez, feliz en Madrid, se deja querer en Andalucía. Lo mismo se sube al helicóptero para supervisar las maniobras de estabilización del peligroso fuego de Doñana, que se monta en el AVE para contribuir con su presencia a sofocar los rescoldos del incendio del PP sevillano.

Los socialistas, por ejemplo, no guardaron ayer esa apariencia de felicidad en Sevilla con tanto esmero como los de la gaviota unos días antes. El PP y el PSOE eligieron el mismo sitio para sus primerísimos espadas (Juan). Pero al llegar el mediodía, Susana Díaz y Pedro Sánchez no compartieron mesa. No pasaron de un encuentro de veinte minutos en una estancia de la tercera planta del Hotel NH Collection. Susana tuvo que esperar cerca de diez minutos la llegada de un Pedro Sánchez que está más templado, más serio, como el alumno zascandil que tras haber sido mandado a un internado por una temporada (aquellos meses de gestora en Ferraz) regresa a casa más comedido. Sánchez se limitó a picar algo a mediodía en el hotel, con la compañía de su cuadrilla, antes de seguir con la agenda sevillana que le preparó Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, su tentáculo andaluz. Poco más. Susana no se llevó de bares a su secretario general, como los peperos locales hacen con sus grandes líderes nacionales cuando vienen por Sevilla. ¡Si tampoco lo recibió en la portada de la Feria cuando Pedro llegó en el coche oficial! Aquel día de 2016 tuvo que ir Celis, solitario, a recogerle a la esquina de Muebles Matamoros para llevarle hasta la caseta de la SER, donde sí estaba la presidenta. Y después siguió su periplo por las casetas sin ella, tal como hizo ayer el resto de la jornada. Lo de Susana Díaz y Pedro Sánchez tiene menos arreglo que la Madrugada. Siempre las avalanchas van y vienen…

El breve encuentro de ayer entre ambos dirigentes socialistas en la fría tercera planta del Collection fue seguido desde los altos despachos de Madrid, de donde llegaban opiniones contundentes: “¿Veinte minutos? Poco tenían que hablar a pesar de lo mucho que tendrían que hacerlo”. A Sánchez se acercaron en el desayuno organizado por el Foro Joly todos los socialistas andaluces que algún día se consideraron orillados por Susana Díaz. ¡Qué saludo más afectuoso le dio Rosamar Prieto-Castro al secretario general! Monteseirín y Marchena (M&M) lo cumplimentaron también con afecto. Las malas lenguas cuentan que el catedrático Marchena no es afiliado del PSOE de Triana porque ya se encargó Díaz de que el expediente se quedara en el cajón. Marchena no tiene carné en ningún sentido. Ni del PSOE ni de conducir.

Susana Díaz tenía consejo de gobierno. Era martes (no santo). Se fue a San Telmo en cuanto terminó el desayuno. Unos alegan San Sebastián. Otros San Telmo. El santoral es rico. Pedro Sánchez anunció la presentación de unos presupuestos alternativos para el Estado. Como ha hecho Beltrán Pérez para el Ayuntamiento.

 

Alarma naranja en el PP

Carlos Navarro Antolín | 21 de enero de 2018 a las 5:00

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ASÍ está el PP de Sevilla. En estado de alarma naranja. Con las secuelas aún de una división interna que condujo a un congreso provincial fratricida. Todavía hay rescoldos de aquellos días de tensión, de enfrentamiento descarnado, de alianzas por conveniencia y de rupturas de antiguas relaciones fraguadas por oportunismo, que no por la amistad. La visita de Rajoy de ayer templó los ánimos, generó fotografías de uniones interesadas y necesarias y, claro que sí, supuso un espaldarazo para la actual cúpula que dirige el partido. El presidente del Gobierno no se arriesga a visitar una plaza si sabe que será tratado con frialdad por una parte del partido. La sabatina de Rajoy salió de dulce. Pero el fogonazo naranja que deslumbra al PP está encendido. Bien encendido. Ciudadanos es una amenaza para el PP de toda España, para ese gran partido de la derecha que Aznar supo centrar y abrir para que cupieran desde el franquismo sociológico de Alianza Popular hasta los liberales y democristianos.

La presidenta provincial, Virginia Pérez, asume que el PP es pobre en poder territorial en la provincia. Demasiado pobre. La crisis de Palomares ha dejado en siete las Alcaldías del PP. Sí, el partido mantiene los bastiones de Tomares y Carmona, pero hoy se puede considerar todo en serio riesgo de pérdida. Todo está en solfa. Nadie garantiza la recuperación de la Alcaldía de la capital. Beltrán Pérez aprieta, aplica técnicas de resucitación al grupo municipal que descarriló en las elecciones de 2015, hace ruido, se hace notar, procura volar por los ministerios con ayuda de Arenas, culebrea en las redes sociales… Incluso arriesga haciendo política como con la (supuesta) negociación del presupuesto municipal. Curiosamente, ha querido alcanzar un acuerdo con el socialista Espadas para las cuentas de la ciudad, la misma maniobra que intentó su antecesor en el cargo, el concejal Alberto Díaz. Entonces, su compañero Díaz no encontró el apoyo interno del que hoy sí goza Beltrán Pérez. En cualquier caso, la amenaza naranja ha disparado las alarmas internas. El PP de Sevilla tiene que crecer, no puede conformarse con no despeñarse en los comicios andaluces y dejarse arrastrar después por una ola de derrotismo que haga metástasis en las municipales y se lleve por delante el escaso poder de un partido que ya conoce la condición de cuarta fuerza política en la provincia. La alarma naranja provocó un encuentro reciente de cargos públicos del PP de Sevilla en la sede. Una reunión con la presidenta a la cabeza. Allí se analizó la situación del partido, una formación donde cunde el pesimismo tras el 21-D catalán. Alguien dijo: “Aquí hay quien tiene la misma cara que el quinto diputado catalán”. Ese diputado que, ya se sabe, nunca llegó para el PP. No existe. Humor ácido se llama la broma. La presidenta dio un aldabonazo. No ocultó que la situación de la provincia es muy complicada. El único factor que juega a favor del PP es que Ciudadanos, por ahora, no goza de una gran implantación en los pueblos. El PP se encuentra ahora mismo como el PSOE antes de la repetición de las elecciones generales: con el miedo al ‘sorpasso’ metido en el cuerpo. Pánico. Hoy lo que está en juego en España es la hegemonía de la derecha. Hubo dirigentes que en esa reunión menospreciaron el peso de Ciudadanos: “Son morralla”. Y otros que dejaron claro que la lista naranja obtendrá concejales en cualquier pueblo que presente candidatura. La coyuntura actual es favorable a Ciudadanos.

El cónclave popular sirvió para reforzar la figura de la presidenta tanto como para evidenciar la necesidad de remar juntos para salvar, al menos, los muebles del PP en Sevilla. Un veterano como Jaime Raynaud, diputado autonómico, echó mano de un proverbio árabe para clamar por la unión por mucho que haya rescoldos de enfrentamientos: “Yo contra mi hermano, mi hermano y yo contra nuestro primo; nuestro primo, mi hermano y yo contra el extraño”. Raynaud aludió a la necesidad de hacer equipo ante la amenaza general de Ciudadanos. Dicen los expertos en enseñar habilidades directivas que no hay nada que una más que el enemigo común. Alguien, con acidez y sin disimular cierta acritud, tradujo a la práctica el proverbio: “Vamos, Jaime, que aquí hay hijos de puta, pero que tengo que entender que son mis hijos de puta, ¿no?”. Tampoco faltó la pusilánime de turno que, consciente de la tensión que marcaba el ambiente, se planteó si el contenido de la reunión saldría en algún medio de comunicación. Pura anécdota. La presidenta se mostró partidaria del cultivo de las vías de entendimiento con Ciudadanos. De hecho, hasta antes de que empezara el vodevil de los presupuestos en la capital, el PP de Beltrán Pérez había mantenido una relación solvente con el grupo que lidera Javier Millán, portavoz naranja en la Plaza Nueva.

Virginia Pérez quiso reafirmar su autoridad. Lo necesita en este periodo pre-electoral. El aparato provincial quiere ejercer su poder. Marcará las posiciones a partir de ahora. Los cargos públicos (concejales, diputados y senadores) deberán atender las directrices tras unos meses de ‘gracia’ donde algunos vaticinaban la implantación de una gestora y, al final, se han encontrado con la visita de Rajoy a una mera convención de distritos. En Sevilla se dice que ya opera la doble uve. Virginia Pérez en el PP, y Verónica Pérez en el PSOE. La primera norma de los populares hispalenses es no permitir que Ciudadanos robe espacio al PP. La segunda, no llevarse mal del todo con los chicos de Albert Rivera. En ningún foro, en ninguna administración.

La intención del partido es que José Luis Sanz mantenga la Alcaldía de Tomares, Ricardo Tarno se vuelva a presentar por Mairena del Aljarafe, donde ya fue alcalde; y Ricardo Gil-Toresano, hoy subdelegado del Gobierno, trate de recuperar la Alcaldía de Écija. Por supuesto, Beltrán Pérez deberá ser el candidato por Sevilla y tendrá que emprender el difícil reto de ser la lista más votada para, de ese modo, ser acreedor al apoyo de Ciudadanos en una hipotética investidura. Intentos de que no sea el candidato no van a faltar. El enemigo siempre está dentro. Y las encuestas pueden jugar en su contra.

La presidenta provincial liderará la lista por Sevilla al Parlamento de Andalucía. Nadie le discutirá esa posición mientras sea presidenta. Se mirará con lupa la actualidad nacional, la evolución del ministro Zoido (líder natural del bando perdedor en el congreso provincial) y otros factores para decidir los demás puestos. Nunca se olvide que los políticos tienen mala memoria con quienes les ayudan, pero una memoria perfecta para recordar a quienes se las hicieron pasar canutas. La composición de las listas es la oportunidad perfecta para orillar al enemigo, ajustar cuentas y premiar a los fieles.

Virginia Pérez ha ganado fuerza en los dos últimos meses. Ha pasado desapercibida la composición de un comité electoral presidido por el ex edil Maximiliano Vílchez donde tiene mayoría frente a la corriente perdedora. Ha sacado del comité ejecutivo a militantes díscolos, una maniobra delicada donde ha recibido el apoyo público de Juan Ávila, alcalde de Carmona. Los presupuestos internos del partido los ha aprobado con todos los votos a favor, salvo una abstención de Alcalá de Guadaíra. Pero tiene que coser el partido, al menos lo suficiente como para que al PP sevillano no se le ponga en un año la cara de ese quinto diputado catalán, el que nunca llegó.