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El PP de Gila: “¿Hay alguien ahí?”

Carlos Navarro Antolín | 24 de junio de 2015 a las 5:00

zoidoespadas
NO sabíamos nada de Zoido desde que se fue del Pleno de toma de posesión de la corporación como se despiden los toreros de las tardes aciagas: a paso de mudá y apretando los dientes por si caen almohadillas de la Cruz Roja. Sí, así abandonó el Salón Colón a mediodía del pasado 13 de junio: por una escalera secundaria, arropado por varios de los concejales y empleados del Grupo Popular, y soportando una pitada de los haraposos de diseño que suelen ser muy valientes cuando actúan en manada. No hubo almohadillazos, porque la Cruz Roja la preside Amalia Gómez, pero se llevó una bronca que no pudieron neutralizar las palmas de apoyo de ediles y asesores. Desde ese día nada hemos sabido del grupo político con más votos del Ayuntamiento. Nadie ha dicho esta boca es mía, salvo Asunción Fley para presentar su dimisión. Días de silencio en los que el PP de la Plaza Nueva parece presidido por Gila:

–¿Oiga? ¿Es el PP? ¿Hay alguien ahí?

Ganó las elecciones y se fue como si las hubiera perdido, cuando debió bajar por la escalera principal, con la cabeza alta y reclamando el primer sitio que, pese a la debacle, le habían concedido las urnas, ¿o no?. Era el día de enseñar los piños, como enseña la Pantoja –“¡Dientes, dientes!”– y no de evacuar el Ayuntamiento como si se acabara de recibir en la centralita un aviso de bomba. El PP sevillano no se cree sus propias teorías de consumo interno. El partido parece noqueado desde aquella noche. A muchos de sus miembros se les ha estreñido el rostro, pareciera que están tratando de buscar a los traidores, caminan por la calle creyendo toparse con alguno de esos 60.000 sevillanos que han dejado de votar al partido de la gaviota y que no han sabido reconocer las bondades de una gestión de cuatro años. “Nos han echado como si fuéramos delincuentes”. No se esperaban jamás semejante resultado. En la primera reunión de los doce electos, celebrada en el Real Alcázar, Zoido pidió perdón a José Luis Vargas, el arquitecto que ocupa el puesto quinto de la lista, por haberlo metido en la “aventura” de gobernar Sevilla y acabar en un despacho compartido del palomar.

Y Juan Espadas, mientras tanto, disfruta de la vía expedita, ancha es Castilla y horrible Imagen. Nadie del PP ha dicho ni pío, por ejemplo, de la constitución del nuevo gobierno, con un alcalde al frente y con Carmen Castreño y Antonio Muñoz sobrecargados de competencias, brazos del Atlas que sostiene el gobierno de Espadas, pese a que hay nada menos que dos ediles socialistas de miranda, orilladas en sendos distritos. Unos con tanto y otras con tan poquito. A Zoido le criticaban la concentración de competencias en pocos ediles, sobre todo en Gregorio Serrano, pero nadie de los doce concejales del PP ha salido del burladero ni a pegar un mantazo. Zoido dice que se queda hasta 2019. Claro que se queda. Primero, porque tiene que jugar sus opciones de ir al Congreso o al Senado en las generales de noviembre. Segundo, porque las novedades anunciadas por Rajoy en el PP dejan vivo, coleando y enredando al que manda en Andalucía: Javier Arenas. “¡Mira Sevilla, presidente, mira Sevilla…! Hay que hacer algo”, cuentan que le susurraba a Rajoy al oído en el despacho de Génova donde se seguía el escrutinio.

La fuerza de Zoido está ahora en enrocarse en el palomar, vender muy cara su salida del Ayuntamiento y mantener bloqueada la expectativa del partido de ir creando un candidato con posibilidades. Si deja la Plaza Nueva, pierde la única liana a la que agarrarse en política. Ayer se estrenó, diez días después de la toma de posesión, por medio de un comunicado del PP provincial. Valoró un asunto de plazos de la Zona Franca, un tema que los sevillanos no paran de comentar en tabernas y cafés de franquicias… Por las que hilan. ¿Que el Papa quiere poner fecha fija a la Semana Santa? Si aquí la gente está hablando de la Zona Franca, qué cosas dice este argentino. Pareciera que Gila continúa: “¿Es el PP? ¿Hay alguien ahí?”

Las grietas del zoidismo

Carlos Navarro Antolín | 31 de mayo de 2015 a las 5:00

Pleno extraordinario en el Salón Colón.
La orquesta seguía tocando mientras el barco era engullido por el agua con una parsimonia macabra, con la velocidad de un rito inmisericorde. La música era la banda sonora de la tragedia. Era tan grande la nave, tan infinitamente colosal, que nadie podía imaginar un final de tragedia. El gobierno de Juan Ignacio Zoido es como la orquesta (municipal) del Titanic estos días de primavera tardía. Los músicos siguen representando un papel, fieles al guión teatral de la política. Los veinte concejales saben que van directos a un naufragio incierto, donde ahora resulta imposible otear una nave de salvamento. Hacen su papel. Aparentan que pueden gobernar cuando la despensa de las opciones está hueca. Un alcalde sin mácula, honrado y con don de gentes, ha estrellado la nave del gobierno contra el iceberg de la descoordinación, la falta de un método de trabajo cotidiano y la ausencia de un número dos que fijara las directrices políticas mientras él hacía lo mejor que sabe hacer:el candidato imbatible.

Premonición. Javier Arenas retiró a Jaime Raynaud de la carrera por la Alcaldía la tarde del Jueves de Corpus de 2006. A los pocos día se anunció que Juan Ignacio Zoido era el candidato para los comicios de 2007. Un asesor cualificado del PP clavó el veredicto en el andén del Ayuntamiento: “Raynaud es el peor candidato, pero sería el mejor alcalde. Y Zoido es el mejor candidato, pero será el peor alcalde”. ¿Por qué se derrumba a las primeras de cambio un gobierno con 20 concejales y cerca de 170.000 votos? Un veterano del PP de Córdoba advirtió en la reciente sesión de la ejecutiva regional que no se puede culpar de las debacles electorales a las políticas de Rajoy. No le falta razón. Pese a las medidas impopulares del Gobierno de España, el PP ha obtenido el 24-M un total de 2.768 mayorías absolutas. En la provincia de Sevilla tiene cuatro: Tomares, Carmona, Pilas y Herrera. Zoido habría acusado el castigo propinado al inquilino de la Moncloa, pero también el efecto de una gestión sin brillo, carente de logros materiales y que se ha centrado excesivamente en la recuperación económica de un Ayuntamiento que heredó sin capacidad de crédito y con algunas empresas en estado de coma por falta de liquidez.

Excesivo poder. El que ha tenido la delegada de Hacienda, Asunción Fley. No son pocos los concejales del gobierno que coinciden en que Zoido ha asignado un papel fortísimo a esta independiente, que se ha regido siempre por criterios técnicos y nunca por objetivos políticos. La Hacienda local no ha hecho política, se ha limitado a cuadrar los números, dejando a los concejales sin margen de maniobra. Zoido jamás ha consentido una crítica hacia Fley, que ha sido del grupo de sus intocables junto a Dolores de Pablo-Blanco, la delegada de los asuntos sociales. Pruebas del poder de Fley son la libertad de la que ha gozado para la designación de algunos de sus colaboradores más importantes: Lorenzo Cabanillas, director general de Gobierno Interior, conocido por sus vinculaciones con el anarquismo, y Eduardo León, gerente de Recaudación que ya lo era con el gobierno de PSOE e IU. Un dato más: Zoido consintió que Fley disparara el sueldo de Teresa Ojeda, directora general de Hacienda, cuando asumió también las competencias de personal, por lo que el salario pasó a ser de cien mil euros en un contexto de crisis internacional y de fuertes recortes en el Ayuntamiento. Al alcalde le llovieron las críticas públicas del PSOE. En el PP se refieren desde entonces a esta directora general como La bien pagá. Pero si Fley decide, todos deben callar. La cola de espera de los concejales del gobierno para ser atendidos por Teresa Ojeda, era como la de quienes aún conservan la esperanza de almorzar un día con Javier Arenas. Zoido no ha sabido convencer a Fley de que, en ocasiones, convenía sacrificar ciertas medidas de austeridad para obtener liquidez con la que cumplir ciertas promesas políticas. O simplemente para no tocarle las narices a los cinco mil trabajadores del Ayuntamiento, a los que se ha dejado sin las productividades. Las cuentas han cuadrado a costa del enojo de los funcionarios, de no haber nadie por las tardes en muchas dependencias municipales, de carecer de inspectores para los veladores los fines de semana y, por supuesto, a costa de ochocientas vacantes que han terminado por ser el tiro en el pie: “Si te dan unas tijeras, todos sabemos cortar. La clave es usarlas sin provocar heridas”. La crítica de algunos colaboradores directos de la Alcaldía se dirige también hacia Madrid: “Lo que dice Montoro no debe ser tomado como palabra de Dios. Se podía haber hecho una resistencia mayor. Siempre hay márgenes”.

Embargos. Se lo preguntan varios concejales. ¿Por qué se ejecutaron cientos de órdenes de embargo contra las cuentas de los sevillanos en los días previos a las elecciones? Unos aseguran que los programas informáticos de la Hacienda local no entienden de estrategias electorales, otros ven en esta acción una prueba más de la ausencia de una política fiscal que hubiera pospuesto los embargos hasta después de la cita con las urnas. Y, desde luego, que no se hubiera puesto tanto empeño a lo largo de todo el mandato en cobrar deudas antiguas.

40 votos al día. Son los que ha perdido Zoido estos cuatro años. Todos los sufragios perdidos no se pueden deber a la gestión de Rajoy. A este alcalde le ha faltado un número dos, un vicealcalde o concejal de Presidencia que se dedicara a la gestión pura y dura mientras él seguía entregado a la calle, consagrado al cultivo de las relaciones con los vecinos, dedicado a estar próximo a los sevillanos. Cuando más ha acusado la falta de esa figura ha sido tras caer sobre sus hombros las cruces de la presidencia de la FEMP y la del PP regional. El gobierno ha estado desorganizado, sin un método de trabajo, sin un esquema de organización similar al de una gran empresa donde los directivos rinden cuentas y se hace un seguimiento de los objetivos de trabajo. La mastodóntica estructura del Ayuntamiento ha estado en manos de funcionarios sin criterio político, o con políticos sin margen de acción porque todas las ofrendas se han depositado en el altar de la Hacienda local. Y Hacienda jamás reporta votos. Gallardón tenía la figura de Manuel Cobo. Yel Ayuntamiento de Barcelona cuenta con un gerente. En Sevilla todo se ha apostado a la figura de Zoido, que ha vivido al día, entregado a una agenda que otros confeccionaban y que hace cinco meses que dejó de incluir cada lunes por la mañana la reunión de los concejales del Grupo Popular para fijar los objetivos políticos de la semana. Zoido ha seguido un modelo radial de relaciones con sus concejales, de tal forma que unos no podían saber cuáles eran las necesidades de otros porque nunca había puestas en común. La carencia de una estructura piramidal de gobierno, operativa y con un calendario de sesiones establecido, ha sido clave. La brecha entre los delegados de distrito y los tenientes de alcalde ha sido excesiva. Este defecto no se ha apreciado, por ejemplo, en algunas empresas municipales, como Tussam y Lipasam, donde los objetivos se han cumplido con mérito. Sólo durante unos meses funcionó un grupo de trabajo en el que se integraban los delegados de Urbanismo y Hacienda, el portavoz del Grupo Popular, el vicepresidente de las empresas municipales y el jefe de gabinete de la Alcaldía. Pero este intento por sistematizar el trabajo duró poco.

Urbanismo. La Gerencia ha sido el motor gripado del gobierno. Maximiliano Vílchez ha estado más preocupado por no meter la pata que por sacar adelante proyectos. Ha ejercido un urbanismo tan honrado como pusilánime, tan silencioso como infructuoso. Los escándalos de los años de Monteseirín han provocado un gobierno acomplejado. La coyuntura económica no ha ayudado, pero tampoco ha habido ni imaginación ni impulso político para colocar, por ejemplo, un simple azulejo en Triana, o para instalar unos toldos en la Avenida. Con el PGOU se ha seguido la política del metisaca: primero se anuncia una comisión de sabios para su revisión y después se renuncia a ella. Ni comisión, ni sabios, ni listos, ni tontos, ni el PGOU revisado. El gerente de Urbanismo no se ha comprometido con la causa zoidista en ningún momento, como tampoco lo ha hecho el de Emvisesa, todo lo contrario que los de Tussam y Lipasam. Torreglosa vive una luna de miel con el sindicato de conductores. Yhasta los más críticos con Paco Pepe han perdonado sus pecados veniales y han terminado por reconocer su capacidad de trabajo y su dominio del sector de la limpieza.

Miedo a decir no. Al alcalde le cuesta un mundo decidir un cambio, y afrontar un problema tanto como dar nones a una petición. Tiene la escuela de Rajoy: orilla los conflictos como si fueran a arreglarse por efecto de alguna fuerza desconocida. Yen ocasiones hasta le ha ido bien, pero en otras ha provocado el efecto contrario. Cualquier vecino que lo ha abordado sabe que su respuesta siempre es complaciente y se remata con una indicación a su jefe de gabinete:“Alberto, toma nota del número de este señor, que vamos a atender su solicitud”. Generaba así la ilusión del vecino, que al día siguiente estaba telefoneando a la Plaza Nueva en demanda del cumplimiento de la promesa. La ilusión se tornaba en frustración en no pocas ocasiones. Pongamos otro ejemplo. Al confeccionar la nueva lista electoral, no ha sabido prescindir de su número dos, Javier Landa, al que había retirado funciones y había mandado avisos por medio de la prensa para provocar su marcha voluntaria. Landa ha sido feliz en el Alcázar, pero ha generado problemas y antipatías hasta el punto de ser declarado persona non grata por una entidad tan poco sospechosa de beligerancia como el Curso de Temas Sevillanos.

Demoras. El gobierno tardó en echar andar. El efecto de los 20 concejales subió en un pedestal a más de uno y de dos, tanto como tenía escondidos y un punto avergonzados a los miembros de la oposición. “Tardamos en coger el teléfono a mucha gente”, admite ahora un estrecho colaborador de Zoido. Ha habido empresarios esperando meses una cita con el alcalde, mientras se multiplicaban las fotos de su asistencia a esos canapés donde se concentra siempre la misma Sevilla, donde sólo varía el adulado, nunca el adulador.

Modelo. A Zoido le chirría la teoría sobre la necesidad de tener un modelo de ciudad. Quizás tenga razón en que se ha abusado de ella en otros tiempos para vender fuegos de artificio, pero no es menos cierto que este Ayuntamiento no ha tenido un plan estratégico definido, ni las delegaciones han seguido un plan director. En general, se ha actuado a salto de mata. Una prueba del caos es que el alcalde se enteró por la prensa de la implantación de la zona azul.

Interventor. Casi todos los concejales se quejan de las trabas impuestas por la Intervención General a muchos gastos. Demonizan incluso la figura del interventor y del viceinterventor como funcionarios implacables. Bien es verdad que también hay quienes consideran lógico el papel de ambos cuando tantos interventores y funcionarios están haciendo el paseíllo por los juzgados de toda España. La coyuntura no está para interpretaciones de la ley según el viento político que sople.

Deportes y Cultura. La coca-cola ya ha perdido el gas. El concejal, no sin antes escrutar por enésima vez la dependencia, se refiere a dos parcelas de poder específicas. “En Deportes se ha hecho una gestión profesional impecable. Pero el proceso de transición de las juntas rectoras se ha vendido mal. No se ha presentado como una solución y se ha terminado percibiendo como una imposición. No se ha conseguido que los nuevos adjudicatarios den la cara. Yen Cultura se ha hecho muy bien, pero las diferencias entre María del Mar y Benito Navarrete se han evidenciado demasiadas veces. Estos dos egos debían haber sido coordinados por alguien para evitar ciertos numeritos”.

Despedida. “Zoido es un tipo extraordinario, pero muchas veces ha sido el padre de familia numerosa que llega a casa harto de trabajar y no está para que los niños le cuenten problemas. Y en un gobierno hay que afrontar muchos problemas cada minuto”.

La otra Susana

Carlos Navarro Antolín | 18 de marzo de 2015 a las 5:00

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Solo una macroencuesta interna con datos preocupantes podría explicar desde una perspectiva lógica el desbarre de la candidata del PSOE en el segundo debate. Pero nada indica que haya lógica donde todo apunta a que hay una cuestión puramente emocional e instintiva. Susana Díaz incurrió en varias desaplicaciones, que diría el chileno Cantatore. No dejará de ganar las elecciones el próximo domingo, pero el salto a Madrid se la ha puesto carísimo. Será la lista más votada en Andalucía, pero ha podido perder algunos puntos en ese voto sociológicamente conservador que no le hace ascos a una opción socialdemócrata, sobre todo en tiempos de caída en picado del PP y del auge de opciones como Podemos. El juego destructivo de la presidenta (con continuas interrupciones), la exaltación del ego que revela inseguridad (“La presidenta soy yo”) y el situarse por encima de los demás (invistiéndose como moderadora para conceder la palabra a su principal oponente), trufado todo con elevaciones de tono y con una gesticulación más propia de una tertulia en una asociación vecinal que de alguien con altura institucional, deja por los suelos la imagen que ella misma se había labrado con todo mérito durante año y medio. No se vio a la Susana consultada por el Rey en plena operación de relevo en la Jefatura del Estado. No se vio a la Susana embaucadora de empresarios y líderes sociales en foros de Madrid y Barcelona. No se vio a la Susana que recibe a Botín en San Telmo, o que improvisa buenos discursos en cenas de relumbrón ante personalidades de primera fila. Se vio, más bien, el perfil de aquella agreste estudiante que logró ser delegada de curso con el paso de los años tras varios intentos y a base de agarrar el micrófono y alentar a la masa. Se vio, más bien, a la Susana Díaz que se enojaba con los compañeros que no cumplían los acuerdos para hacer puente y seguían acudiendo a clase. Se vio, más bien, a la Susana Díaz de la distancia corta, aquella secretaria de organización implacable a la hora de poner orden en las filas internas o de tensionar a todo un gobierno local desde la sede del partido.

La tosquedad de la presidenta fortalece a Moreno Bonilla entre los suyos, lo que no es poco para un candidato que no generaba entusiasmo en sus propias filas. El líder regional del PP ha sido el primero en hacer aflorar a la otra Susana. A muchos socialistas sevillanos no les extrañó el perfil exhibido por la presidenta, unas formas desconocidas por la gran mayoría. Sí les chocó que ese perfil apareciera cuando menos falta hacía, cuando siendo la ganadora en todas las encuestas bastaba con mirar a la cámara, hablar de Andalucía sin necesidad de parecer la dueña de la región (ay, los políticos y su sentido patrimonialista de símbolos e instituciones) y sonreír una y otra vez. Los nervios, sobre todo semejante muestra de nervios, sólo se pueden explicar por disponer de una preocupante macroencuesta interna o porque de forma inexplicable ha retornado a los años de juventud, cuando agarraba el micrófono y aparecía ese tosco perfil que valió para ser delegada de curso, pero que puede ahuyentar cierto voto moderado y poner muy cuesta arriba la escalada a la Moncloa.

Las setas y yo

Carlos Navarro Antolín | 10 de enero de 2015 a las 5:00

setas
A Monteseirín no le gusta que Sevilla, tan desmemoriada siempre, olvide en el breve tiempo de un trayecto de tranvía quién hizo posible su transformación urbana. El ex alcalde tiene interiorizado que sus grandes logros han sido capitalizados por la derecha inmovilista, rancia y consagrada a las fiestas mayores que a sus ojos representa el PP de Zoido. Ayer se reunió en un almuerzo con quienes considera artífices de la construcción de las setas de la Plaza de la Encarnación. Acudieron el ex concejal de Urbanismo Alfonso Rodríguez Gómez de Celis; el ex gerente de Urbanismo, Manuel Marchena; el secretario municipal, Luis Enrique Flores, y dos directivos de Sacyr con los que mantuvo la interlocución durante la polémica obra: Mariano Peláez y Antonio Belmonte. Sólo falto el profesor universitario Manuel Rey, último delegado de Urbanismo de Monteseirín, aquel edil que trasladó su despacho de la Cartuja a la misma Encarnación para el seguimiento diario de las obras.

Monteseirín está cada día más orgulloso de las setas. Sus setas. Zoido no las ha intentado derribar nunca, como quizás hubiera querido el ex alcalde para confrontar su modelo de modernidad frente al modelo de ciudad anclada del PP. A Monteseirín le revuelve las entrañas que el Ayuntamiento de hoy publicite el Metropol en vídeos destinados a la captación de turistas y que hasta Zoido haya posado en sus alturas para alguna entrevista periodística.

Quizás falta poco para que Monteseirín escriba Las setas y yo, sus memorias reivindicativas sobre un gobierno con una duración propia de un pontificado. Tal vez ocurra simplemente que el pueblo, siempre novelero, ha hecho suyas las setas, como las coplas cuando triunfan. Aunque haya coplas que dejan jirones en el alma de imposible costura.

Las doce uvas de Zoido

Carlos Navarro Antolín | 31 de diciembre de 2014 a las 5:00

zoido contraluz
Primera uva. El 24 de mayo, domingo de Pentecostés, Sevilla eligirá una nueva corporación municipal, pero en esta ocasión de sólo 31 concejales en lugar de 33. La revisión anual del padrón ha dejado la ciudad por debajo de los 700.000 habitantes, aquel listón psicológico por el que Rojas-Marcos luchó hasta el punto de hacer de este objetivo uno de los estandartes de su gestión, además de la reforma urbanística de la Buhaira, la horripilante losa de pizarra del entorno de la Catedral y el megalómano estadio de la Cartuja. Pese a la leve bajada en el número de vecinos (el padrón queda fijado en 696.676 habitantes), la ciudad no perderá ni un euro de transferencias del Estado, que es la gran ubre para la cuentas del Ayuntamiento junto con los ingresos directos por el IBI. Para que menguaran los fondos del Estado, Sevilla tendría que bajar de los 75.000 habitantes. Y eso no se ha producido ni en los tiempos de epidemias con salidas extraordinarias del Cristo de San Agustín.

Segunda uva. Juan Espadas se mueve entre la necesidad de ser fiel a su perfil de gestor y hombre serio, y la conveniencia de torpedear la imagen de un alcalde sin mácula que le recuerda la herencia recibida cada vez que los socialistas se crecen un mínimo. Espadas sigue haciendo una oposición palmariamente blanda, de guante limpio, sin denuncias aceradas. Cuando golpea al gobierno lo hace como en una pelea entre hermanos adolescentes. Los puyazos son siempre puntazos, nunca hacen sangre. Basten dos ejemplos. Dice que no culpa al gobierno de la bajada de los habitantes, “sólo” de no haber hecho nada por paliarla. Y si el Grupo Socialista denuncia que el marido de la edil de Asuntos Sociales es colocado como gerente en la fundación privada del Banco de Alimentos, comienza por conceder dos semanas al gobierno para que se explique con la justificación de que se apuesta por una “oposición responsable”. El último “ataque” de Espadas ha sido reiterar que el alcalde es “plano” y que su gestión es “plana”. La verdad es que lo es casi tanto como el estilo de la oposición. La proyección de Zoido en la calle arrolla a la de Espadas, sólo resta saber si lo suficiente como para que el PP obtenga los 16 concejales que darán la mayoría absoluta en 2015.

Tercera uva. Los cinco meses que quedan son terreno de fácil abono para el alcalde. Tras el éxito callejero de la Navidad, Zoido tendrá la cuaresma, la Semana Santa y la Feria para desplegar la cola de pavo real. No hay grandes cintas que cortar ni primeras piedras que colocar. Más vale que no anuncie grandes proyectos en lo que queda de mandato, porque el último, el Paseo del Arte en la Avenida Juan Carlos I, se ha ido ya tres veces al traste después de quedarse descafeinado al perder el atractivo de las piscinas sobre la lámina del río. Estamos ante el final del mandato de la miseria, aunque alguno ha habido en el gobierno que ha intentado “hacer cosas”, creyendo todavía que los políticos están obligados a dejar huella, marca o impronta, cuando la actual coyuntura sólo requiere de poner orden, pagar facturas y garantizar los servicios esenciales.

Cuarta uva. Los símbolos materiales del mandato que acaba son los bares y los veladores, multiplicados en una parábola perfecta; y la Navidad como gran atractivo callejero, descubierta por Zoido para Sevilla como una gran toma de las calles del centro bajo un alumbrado laico. Una deuda por encima de los 700 millones hace inviable que el actual alcalde pueda presumir como hasta hace pocos años lo hacía Monteseirín de obras faraónicas (las setas o el tranvía) o grandes reformas (peatonalización de la Avenida o pasos subterráneos). Zoido a duras penas puede vender el retorno del acceso de los autobuses a la Encarnación o la eliminación de las catenarias del Archivo y la calle San Fernando. El símbolo inmaterial, por otro lado, es el saneamiento de las cuentas por obra y gracia de la delegada de Hacienda, Asunción Fley, que ha conseguido que los bancos vuelvan a sentarse a negociar con el Ayuntamiento y sean claves para liberar a Sevilla del Plan de Ajuste de Montoro, suscrito para pagar a la larga lista de proveedores acumulada desde los primeros años de Monteseirín. El electorado deberá valorar si esa gestión inmaterial, que es la que de verdad da fuste al gobierno, es merecedora de una nueva confianza por cuatro años más.

Quinta uva. Las talas de árboles en Almirante Lobo o la calle Virgen de la Sierra, junto al Prado de San Sebastián, han puesto en jaque la micropolítica de Zoido, basada en la atención cotidiana de las pequeñas necesidades que, sumadas en el día a día, hacen posible el funcionamiento de la ciudad. La paz social reina en Tussam, que en 2015 necesitará dos millones menos en transferencias municipales. El alcalde salió reforzado de la huelga de nueve días de Lipasam en el inicio de 2013. Emvisesa es un páramo a la que se mantiene al ralentí, terminando promociones del mandato anterior y sin ninguna nueva en el horizonte. Y Emasesa buscará en 2015 financiación extra mediante la emisión de bonos sin que por el momento nadie se atreva a afrontar una privatización de la considerada joya de la corona de las empresas municipales.

Sexta uva. Los próximos meses son de revuelo en el seno de los partidos. Después de las fiestas comenzará la guerra interna por la confección de las listas electorales. Hay menos actas a repartir (sólo 31) y, además, la Ley de Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local contempla que haya concejales sin sueldo. En el caso de Sevilla, la ley permitirá la dedicación exclusiva a 22 (al ser una ciudad con población entre 501.000 y 701.000 habitantes), por lo que nueve ediles no tendrán retribución salarial en el Ayuntamiento. Las tensiones se presumen máximas. Juan Ignacio Zoido tiene especial aversión a los períodos de formación de las listas. Odia los cambios tanto como dar malas noticias o tener que decir que no. Su figura es indiscutible en el PP por el momento, por lo que el aparato le dará un margen amplio para hacer un equipo en el que serán muchos los que repitan y muy pocos los cambios. Entre las bajas, se da por segura la de Javier Landa, como adelantó este periódico el 23 de marzo. En el PSOE es poco probable que Juan Espadas goce de tanto margen de maniobra como disfrutó en 2011, cuando apostó por unos independientes (Eugenio Suárez Palomares y Mercedes de Pablos) que acabaron por abandonar el barco tras el peor resultado de los socialistas (sólo 11 concejales) en el otrora fortín sevillano. Las once agrupaciones del PSOE sevillano reclamarán sus cuotas. De lo contrario habrá otra vez brazos caídos. El portavoz adjunto, Antonio Muñoz, se da como fijo en la lista. Está por ver el futuro del otro portavoz adjunto, Alberto Moriña, y de concejales polémicas como Adela Castaño. El susanista Joaquín Díaz dejará la corporación por razón de edad.

El portavoz del PSOE en el Ayuntamiento de Sevilla, Juan Espadas, analiza el plan de ajuste municipal.
Séptima uva. Como era previsible, el alcalde ha comenzado a recuperar viejos hábitos en cuanto intuye el intrigante sonido del tam-tam electoral. Perdido ya en la papelera de reciclaje su título de presidente del PP andaluz, Zoido concede de nuevo parcelas de influencia a sus hombres más vehementes y aficionados a las estrategias, como es el caso del portavoz del gobierno y delegado del distrito Triana, Curro Pérez, que en 2007 fue el jefe oficial de la campaña en la que el PP logró 15 concejales. Pérez acepta con resignación que está considerado un hombre de trincheras (oposición) más que de gestión de los tiempos de paz (gobierno). Ahora viene su período litúrgico preferido y, por lo tanto, le tocará revestirse para las mil y una celebraciones próximas. Si Zoido repite en la Alcaldía, Pérez querrá la parcela de urbanismo, aquella en la que se forjó como eficaz opositor entre 2007 y 2011 y que, al final, acabó recayendo en Maximiliano Vílchez (hombre de paz y no de mítines) cuando se alcanzó el gobierno.

Octava uva. ¿Yquién será el número dos de la lista de Zoido en 2015? El concejal más afín al alcalde sigue siendo Gregorio Serrano, aunque ahora ande inteligentemente tapado. Darle ese puesto a Serrano sería un acto de reconocimiento para un mandato en el que está saturado de competencias (Empleo, Economía, Turismo y Fiestas Mayores) por efecto de la aplicación de un organigrama de gobierno de grandes áreas inspirado en el que puso en marcha Ruiz Gallardón en Madrid. A Serrano le ha sobrado el área de Empleo, se ha tragado los sapos de disolver Sevilla Global y la Televisión Local, y ha tenido que bailar con la más fea, Mercasevilla, lo que le ha costado amenazas personales en la fachada de su casa. Si el PP repite en el gobierno, todo indica que Serrano se ha merecido un mandato algo más amable. Distinto es el baile de números, la obligada paridad y lo que apriete el partido. Recuérdese que Serrano no es hombre de partido. En eso es como el alcalde. Son dos ejemplos de políticos concebidos y nacidos para la gestión municipal.

Novena uva. ¿Y Fley? Si Zoido es alcalde cuatro años más, la todopoderosa concejal Asunción Fley habrá demostrado que con la Hacienda local se hace política; que la austeridad, la montaña rusa de subidas y bajadas estratégicas en los impuestos y el saneamiento de las arcas tienen réditos electorales, justo lo contrario de lo que pregonan los halcones y los vivaqueadores de lunes a viernes en las sedes de los partidos. Su influencia será todavía más incontestable de lo que hoy ya lo es. Nunca se olvide que a su cargo tiene a una directora general que cobra por encima de los 100.000 euros por asumir una nueva parcela de gestión (recursos humanos) a la mitad del mandato. Esta directora general es conocida en el PP como la “bien pagá”. Con lo escrupuloso que es Zoido para los asuntos del pecunio público, nadie osó contestarle a Fley su teoría por la que quien asume mas competencias, debe estar más remunerado, pese a que media España está trabajando más y cobrando menos en el mejor de los casos. La teoría de Fley es de una lógica aplastante, pero difícilmente digerible con el campo poblado de vacas flacas y con muchas gargantas conformándose con las gotas que dejan caer las cañerías de unos grifos cerrados.

Décima uva. El otro gran hombre de Zoido es el delegado de Urbanismo y Medio Ambiente, Maximiliano Vílchez, que recibió la parcela tradicionalmente más codiciada por los partidos políticos, pero en el peor momento. Es el primer delegado de Urbanismo del PP desde la instauración de la democracia. Y también es el más tieso por encontrarse una Gerencia de Urbanismo sumida en números rojos y desangrándose por el bajonazo en los ingresos por licencias, la inexistencia de convenios urbanísticos y la carencia de intereses financieros. A Vílchez le ha tocado pasar de una Gerencia navegando en la opulencia a una Gerencia en la que se exige que las fotocopias se hagan por las dos caras para ahorrar papel. Al igual que Fley, no es un político al uso. Revalidar el gobierno supondría el aval más sólido a su labor.

Undécima uva. El miedo está en la armería electoral del PP. Nadie duda de que Zoido venteará los riesgos de un Ayuntamiento en manos de un PSOE debilitado y tutelado por fuerzas políticas con programas electorales inciertos. Ya lo hizo en 2011, cuando repitió machaconamente que votar el PSOE era hacerlo al líder de IU, Antonio Rodrigo Torrijos, hoy fuera del Ayuntamiento y con la baja en el partido por los frentes judiciales que acumula. Falta un cuarto de hora para que el PP trate de vincular la figura de Espadas a la de Podemos o Ganemos. Zoido venderá que Sevilla sólo tiene dos salidas: o ser Grecia, o ser Roma. O un conjunto de fuerzas de convivencia incierta, o una única fuerza sólida.

Duodécima uva. Izquierda Unida está concentrada en su particular debate: ser galgo o podenco, seguir siendo IU o mutar hacia otra fórmula de nuevo cuño. El partido cierra el año con dos plenos consecutivos en los que la estampa de su bancada ha sido desoladora: la concejal Josefa Medrano asumiendo en soledad las mociones por la dimisión del segundo portavoz en lo que va de mandato. Con el paso del tiempo, a Zoido le salió bien su estrategia de erosionar directamente al partido que hacía las veces de muleta del PSOE en el poder. Su reto actual es demostrar que ha conseguido ese voto de la inercia por el cual en Sevilla se perpetúan en el sillón algunos decanos de colegios profesionales, algunos presidentes de colectivos profesionales y hasta algunos hermanos mayores. Si aquel voto prestado de 2011 evoluciona a un voto de inercia, la marca Zoido gozará de buena salud.

Monteseirín, el ausente

Carlos Navarro Antolín | 10 de noviembre de 2014 a las 5:00

PSOE Susana Díaz, Pedro Sánchez, Juan Espadas, y Verónica Pérez en Sevilla
A Pedro Sánchez le presentaron el sábado en Fibes a Manuel del Valle, aquel alcalde de ruán que se quedó sin vivir como tal la Exposición Universal. Al secretario general del PSOE le han dicho que Del Valle es un alcalde socialista de cuya gestión hay que estar orgullosos, hay que sacar pecho y presumir de los destellos que aún perduran. Está claro que el tiempo lima las aristas. Del Valle parece un invitado en sepia en el escenario rojo del actual PSOE. La memoria, siempre selectiva, se torna breve cuando se trata de la política. Juan Espadas agradeció desde el atril su presencia en el acto con el que los socialistas sevillanos quieren coger carrerilla para aspirar a una Alcaldía en manos aún de Zoido, un político de capa que como Juan sin miedo no le teme a Podemos.

Espadas se sintió tan fuerte –o tan fiel a la estrategia marcada– que reivindicó la herencia socialista, más allá de los agujeros económicos, las facturas falsas, los desfases presupuestarios de las obras y los atentados estéticos en lugares claves del conjunto histórico. El candidato socialista a la Alcaldía pareciera que, por fin, iba a dejar los complejos fuera, iba a descartar esa media salida del portero que siempre, siempre, acaba en gol; iba a dejar de admitir con pusilanimidad los fallos de los gobiernos anteriores, iba a hincarle el diente a ciertas irregularidades del gobierno actual, que hay asuntos en los que el toro de las sonrojantes contrataciones de gerentes en fundaciones subvencionadas se lo han mandado al corral… ¿Por qué ese temor y ese exceso de prudencia ante casos tan evidentes, esa oposición al ralentí, ese decir las cosas bajitas para no molestar? Ay, la que le hubieran dado a Torrijos con todo merecimiento si lo trincan de delegado de Asuntos Sociales subvencionando fuertemente a una entidad que acaba de contratar a su cónyuge de gerente.

Pues estábamos ilusionados con un Espadas renovado que, por fin, estaba dispuesto a reclamar la herencia socialista. Ynada menos que en un acto con los altos mandos del partido, con eso que se llama Ferraz, dicho con mucha insistencia en la zeta final, aunque lo de la zeta suene malamente. Dijo Espadas: “¿Deuda? Yo veo equipamientos e instalaciones de las que disfrutan hoy los sevillanos y que hicieron otros socialistas, mientras que el actual alcalde ha obtenido superávit en las cuentas porque no ha gastado un euro en la gente”.

¿Han oído?”Otros socialistas” Ahí quedó. Allí estaba Del Valle, sentado en lugar preferente como jarrón chino del socialismo hispalense, al que se le invitó a saludar. ¿Pero por qué no estaba el alcalde socialista que ha gobernado doce años la ciudad? ¿Acaso ha habido algún alcalde de algún partido que haya gobernado tres mandatos consecutivos la ciudad? ¿Oes que la herencia a la que se refiere Espadas sólo la dejó Del Valle? Ah, claro, quedespués de Del Valle pasamos a Alejandro (con la jota bien aspirada, con fuerza), de Alejandro a Soledad y de Soledad directamente a Zoido… No hay más alcaldes socialistas. ¡Sólo Del Valle! En la rampa de lanzamiento de Espadas, sólo estaba don Manuel entre los antiguos alcaldes de Sevilla, como un viejo profesor entre tanto joven aparato, como un recuerdo de la antigua escuela, como un testimonio venerable. A Alfredo Sánchez Monteseirín no le invitaron a ocupar una silla junto a Del Valle. Tanto hablar Espadas de la herencia, que en el PSOE lo han interiorizado, han reducido a Monteseirín a la condición de “causante”, que es como se llama jurídicamente al espichado que deja bienes y deudas. Monteseirín es el ausente de Fibes, como el régimen tuvo su ausente. Debe haberle ocurrido como a Manuel Garrido, el compositor nonagenario, autor de las Sevillanas del Adiós entre muchas otras letras celebérrimas, que dejó uno de los mejores titulares de la prensa local de los últimos años: “Ya no me llaman, creerán que me he muerto”.

Monteseirín hace tiempo que ya se pasea por Sevilla sin aguantar miradas aviesas. El 12 de octubre hasta fue al cierre de la temporada taurina en la Real Maestranza. Pero está visto que en el PSOE aún incomoda su presencia en ciertas fotografías, no vaya a ser que tenga que dejar las llaves y el móvil antes de cruzar bajo el arco de seguridad de los juzgados. Espadas no quiere posar junto al ex alcalde, pero sí lo hace abierta y generosamente con Del Valle. Monteseirín aún tiene que coger pátina y tornar su perfil al blanco y negro para que su partido lo perdone y le retire el carro de la nieve.

–Alfredo, no te he visto en Fibes. ¿Te han invitado?

–No. Se les habrá pasado.

Tampoco estuvieron Chaves ni Griñán, todos esos “otros socialistas”. Lo dicho, tanto hablar de la herencia, que ya no lo llaman. Habrán perdido el móvil. Yhan puesto el disco de las Sevillanas del Adiós, pero sin que se muera nada del alma. Política.

El traje talismán de Benito Navarrete

Carlos Navarro Antolín | 20 de octubre de 2014 a las 14:09

reportaje
Calladito se lo tenía la derecha local. Como un secreto de Fátima no revelado, como la receta de los 20 concejales que sólo se la sabe el druida Martínez-Vares, como el manual de instrucciones de dar marcha atrás en tantos proyectos anunciados y devueltos al corral al tercer silbido de los vecinos. Nadie dice nada, pero nos hemos dado cuenta de la gran baza de Zoido para seguir en el machito. ¿La encuesta que le da cinco concejales a Juan Espadas? No, hombre, no. ¿La encuesta que colocaría al cura Chamizo de alcalde con apoyo de los concejales del PSOE que van a caber en un taxi? Tampoco. Los de Podemos, Ganemos y Cobremos aún no se han dado cuenta de que Chamizo sigue siendo cura, que lleva dentro un pedazo de sacerdote de los que ponen de los nervios a la actual curia de frío y clergyman. Chamizo no huele a oveja del Pastor argentino, huele a Podemos de Pablo Iglesias que espanta. Y ojo al cura de la barba -que nunca besaría Soledad Becerril- porque es más largo que un viaje a Almería por carretera, que cuando Podemos sólo era un lema para ganar la Eurocopa, ya estaba largando en el Parlamento aquello de la gente está de todos ustedes, señores diputados, hasta donde pone Toledo.
El secreto mejor guardado de Zoido es su talismán: el traje de raya diplomática de Benito Navarrete, el principal asesor de temas culturales de este gobierno. Cuando arrecian las críticas a la gestión plana, de balance inmaterial, sin proyectos estrella y sin imaginación para suplir las carencias de presupuesto, Zoido tira del freno de emergencia de la locomotora que conduce directamente a la oposición, para el tren y, hala, a presentar una de esas exposiciones de brillo que dan un poquito de lustre a este gobierno. Porque al margen de las cuentas saneadas gracias a Doña Fley, ya me dirán ustedes cuál es el principal estandarte de la gestión de Zoido. Pues está clarísimo: el traje de Benito Navarrete, con sus rayas bien separadas a lo Dick Tracy, rayas como filas de nazarenos de ruán trazadas con tiralíneas, rayas que son el símbolo del éxito. ¿No tenía Del Valle sus baches, Soledad su escoba de oro, Alfredo sus viajes y Torrijos sus mariscos? Pues Zoido tiene los trajes de Navarrete, que con el don en el nombre de pila es provincia de Badajoz. Buenos días, señor Navarrete le paso una llamada del alcalde.
-¿Benito? Saca el traje y vamos a inaugurar algo, hijo mío, que me están dando la del tigre.
Y Benito monta la muestra de aquellos vestidos pomposos de Zurbarán para que el alcalde presuma ante las ministras, organiza el simposium de los cuadros de Velázquez para que el Salón Colón descanse un poco de los “¡Virsheee!” de Pepa Medrano arreando estopa al delegado de Urbanismo, restaura cuadros de propiedad municipal eclipsados por la negrura del paso del tiempo y hasta da la idea de hacer el mapping navideño. Navarrete, que parece sacado de un vaciado del San Bruno de Montañés, es de los pocos que da alegrías al jefe. Y hasta adelanta dinero de su bolsillo para asegurar que las obras de arte que ha pedido prestadas sean expuestas en perfectas condiciones de mantenimiento, lo hace sin titubeos, hartito de esperar la lenta burocracia municipal por la que hay que rellenar siete cuartillas para conseguir un paquete de folios. Ya verán ustedes cómo el alcalde saca a Benito muchas veces de aquí a mayo. Y nos vamos a hartar de ver el traje talismán con sus rayas perfectas, que no las mejora ni la gubia de Montañés.

Una desautorización de consumo interno

Carlos Navarro Antolín | 9 de octubre de 2014 a las 5:00

El alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, Juan Ignacio Zoido inaugura el curso "Temas Sevillanos"
A los muy veteranos alumnos del Curso de Temas Sevillanos que dirige Antonio Bustos los dejaron sin el Alcázar para su reunión mensual. Llevaban veinte años teniendo una sesión al mes en tan privilegiada sede gracias al permiso de gobiernos de distintas ideologías. La labor de divulgación cultural que realiza el Curso de Temas Sevillanos es digna de reconocimiento y cuenta con el apoyo desinteresado y reiterado de innumerables expertos que acuden a esta tribuna para ilustrar a los alumnos en las materias de su especialidad. Hasta en agosto continúan las sesiones en la sede de verano, Chipiona. En el Curso de Temas Sevillanos concurren valores cada vez más difíciles de apreciar en la sociedad de hoy: la inquietud por el saber, la atención a las personas mayores, el bajo coste de la iniciativa, la perseverancia demostrada a lo largo de más de dos décadas y una iniciativa particular que fomenta la transmisión de conocimientos a decenas de personas que prefieren ilustrarse sobre su ciudad antes que pasar las horas ante el televisor.
El concejal del Alcázar, Javier Landa, negó al Curso de Temas Sevillanos la cesión mensual de los salones. Lo que no hicieron ni anteriores delegados del PP ni del PSOE. Una ‘landada’ en toda regla a los que nos tiene acostumbrados el catedrático que Arenas le impuso a Zoido como número dos en la lista electoral de 2011. Una decisión gratuita que ofendió de tal forma a Antonio Bustos y sus alumnos que decidieron declarar a Javier Landa persona non grata para el Curso de Temas Sevillanos, que ya hay que ser torpe para recibir semejante distinción de una de las entidades de la ciudad que encajarían perfectamente en eso que hoy se llaman marcas blancas, por las que se pirran los políticos. Landa cree que el Alcázar está para otras cosas o, como mínimo, para no ser usado con tanta frecuencia por una entidad que sólo ha merecido cierto desdén por su parte.
Conocedor de la metedura de pata de su concejal con un colectivo amable y sin aristas, el alcalde no ha tardado en poner el parche. Si Landa negó el Alcázar, don Zoido ha acogido a los veteranos alumnos nada menos que en la dependencia más noble del Ayuntamiento: el Salón Colón. Y el propio alcalde ha inaugurado el curso y aplaudido la labor de Antonio Bustos. La fotografía no deja lugar a dudas. El alcalde ha dejado fuera de juego a su número dos. Podría decirse que estamos ante una desautorización de consumo interno, sólo apreciable por quienes están en el agujero de la tormenta cotidiana municipal. Landa, como casi siempre, ha creado un problema donde no lo había. Y eso pone de los nervios al alcalde que organiza galas para los que cumplen 65 años y mima a la Tercera Edad. Y que se sepa, los alumnos del Curso de Temas Sevillanos guardaron un comportamiento sin mácula en el Salón Colón. Ni agujerearon los asientos, ni rasgaron las cortinas, ni se llevaron los cuadros, ni pintaron en las paredes.
El alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, Juan Ignacio Zoido inaugura el curso "Temas Sevillanos"

La lección de Europa: los tres distritos claves para Zoido

Carlos Navarro Antolín | 26 de mayo de 2014 a las 0:57

Instituto Murillo Zoido acude a votar
La noche del 25 de mayo de 2011, el PP ganó en nada menos que nueve de los once distritos electorales. Pulverizó todas las marcas, absolutamente todas, y rompió los mitos largamente cosechados sobre las escasas posibilidades del centro-derecha en las barriadas obreras y sobre la poca afición de los sevillanos a conceder mayorías absolutas. La provincia seguía quedando muy lejos, pero la capital se entregó al PP como no lo había hecho ni en los grandes años del rodillo socialista. El PP perdió ayer las elecciones en Sevilla capital. Los socialistas volvieron a ser la lista más votada con 5.707 votos de ventaja sobre el partido de la gaviota, de nuevo relegado a la segunda posición como en las europeas de 2009. Al PP le queda el consuelo de haber ganado en seis de los once distritos, pero (como en las municipales de 2007) no le sirve para ser la lista más votada, pues el PSOE recupera terreno en los distritos más poblados (Cerro-Amate y Este-Alcosa-Torreblanca) pese a sufrir retrocesos notables en el número de apoyos electorales. Los grandes partidos estaban preparados para echar balones fuera con la escasa participación, pero uno de los grandes titulares de la jornada es que han votado más españoles que hace cinco años. Y el titular en Sevilla es que el PP tendrá que emplearse para recuperar terreno en tres distritos que fueron claves para la victoria en 2011: San Pablo-Santa Justa, donde ganó en 2011 y el PSOE sacó anoche 6 puntos de ventaja; Macarena, donde la diferencia a favor de los socialistas es de 15 puntos, y Cerro-Amate, donde los populares ni siquiera intuyen la matrícula de un PSOE que gana con registros de los años ochenta: 33 puntos de diferencia. En esos tres distritos están buena parte de los votos que Zoido necesita para aspirar al concejal 17 dentro de un año. Los dos grandes partidos han caído en toda España, pero el PSOE ha sabido agarrarse mejor a los barrotes de los pisos bajos en su caída en Sevilla. Zoido tiene un año para recuperar impulso. Si repite en la Alcaldía se convertirá en el referente más sólido de un partido que parece incapaz de levantar cabeza en la provincia de Sevilla y para el que la Junta de Andalucía suena a música celestial. Tiene un año para volver a sacar el máximo partido de su marca personal, para no parecer del PP, el gran mastodonte herido en tiempos de boyantía para la política minimalista.

El Defensor mordió la manzana

Carlos Navarro Antolín | 13 de mayo de 2014 a las 20:36

Pleno extraordinario del Ayuntamiento.  Comparece José Barranca.
José Barranca no es un político. Es un militar. Su código de valores es el de Caballería, no el de los argumentarios precocinados, las declaraciones de carril, las conductas lanares y la disciplina de aparato. El problema de Barranca es que está dentro del teatro de la política y ayer mordió la manzana que le puso por delante la astuta serpiente del PSOE en el escenario más importante de la tragicomedia de la vida municipal: el Salón Colón. Los socialistas han esperado tres años para estrenarse en un Pleno con José Barranca, al que los dos grupos de izquierda que componen la actual oposición han pintado siempre con rabo y cuernos. El repentino interés del grupo socialista por participar esta vez en el Pleno no era otro que sacar rédito político del enfrentamiento sordo mantenido en el último mes entre el presidente del Pleno y delegado de Relaciones Institucionales, Javier Landa, y el propio Barranca a cuenta de la elaboración de la memoria. Landa, otro que no es político aunque últimamente asiste a todos los actos orgánicos del PP, se negó a recibir una memoria con valoraciones personales y se lo dijo por escrito al Defensor. Y Barranca rehusó suprimirlas. Al final se han publicado (Landa ha quedado desautorizado) pero el Pleno sólo tomó conocimiento oficialmente (tararí) del balance de la comisión del Defensor en la tramitación de los expedientes.
Espadas acudió con sus chicos a evidenciar la división de pareceres entre Landa y Barranca, a seguir recordando que no le gusta la figura del Defensor y a restar mérito y eficacia a su trabajo. La manzana, facilona y previsible, estaba servida. El político se llevó a su terreno al militar. Barranca mordió la fruta y los efectos fueron inmediatos.Entró al trapo al identificar en su discurso a los socialistas municipales con el Gobierno de la Junta “que entregó las llaves a la Corrala Utopía” –asumiendo de facto la posición del PP–, al tomarse la licencia de mandar callar a la concejal Encarnación Martínez, lo que provocó que Landa viera pista libre y experimentara el placer de recordarle con toda razón y con toda legitimación que no se tomara esa atribución; y sobre todo cuando se dirigió a Espadas con escasa fortuna: “Le he tendido la mano y usted me la ha mordido”. Guau.
Barranca –aun harto de tres años de desprecios– saludó a los portavoces del PSOE e IU al entrar en el Pleno. Pero le sobraron los cinco minutos de su segunda intervención. Y hasta el final, todo es teatro.