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El alma, la política y la oposición socialista

Carlos Navarro Antolín | 24 de junio de 2013 a las 20:05


Dice el PSOE que el presupuesto municipal de este 2013 es un presupuesto sin alma. Eso afirma Antonio Muñoz, el portavoz adjunto de los socialistas, el defensor de un estilo de oposición que horada pero no hace sangre. Las ruedas de prensa de la oposición socialista son como un festejo taurino en Portugal. Hay lidia, pero al final no se entra a matar. Estilo, dicen que se llama. Muñoz escribe un blog de opinión bastante meritorio, donde no se corta en meter el dedo en el ojo a los peperos ni tampoco a alguno de sus compañeros de filas. El otro día le arreó con tino al presidente del Parlamento, Manuel Gracia, a cuenta de la vergüenza de las dietas. Su referencia a unas cuentas sin alma es el mejor ejemplo de una particular forma de fiscalizar a un gobierno. Tal vez sea la combinación de su convicción personal en la forma de hacer las cosas con la estrategia de no perfilarse en la suerte suprema porque sabe Dios qué ocurrirá en el PSOE municipal en los próximos meses, donde puede suceder de todo y también justo lo contrario: que no ocurra nada. El PSOE no tiene a nadie ahora mismo calentando la banda para saltar al terreno de juego y disputar la Alcaldía. Cuando Arenas tenía claro que Raynaud no repetería como candidato del PP en 2007, estuvo bastante tiempo jugando en privado con dos bazas. Y lo hizo por este orden: Soledad Becerril y Juan Ignacio Zoido. En el PSOE se cuestionan ya en voz alta: “¿Y a quién ponemos? Esta pregunta deja en entredicho la cantera de la mayor agrupación socialista en España. La cabra ya no gana las elecciones. Y tampoco es que la cosa esté sobrada de cabras, por seguir con la vieja referencia lanar que Guerra hizo célebre. Zoido juega a no equivocarse. Ni romperá, ni es su estilo romper. Mientras el PSOE siga en la incertidumbre, casi le basta con que no haya escándalos. Y escándalos no hay, por el momento. Mientras, nos deleitamos con esa afirmación sobre la carencia de alma de unas cuentas. Porque los números también pueden y deben tener alma. Es cierto, Antonio. Como las páginas de un periódico deben también tenerla. El alma siempre invita a lo inmaterial, a lo filosófico, a lo religioso. Y eso no es malo, sobre todo cuando la propia política está tan carente de alma. O de humanidad, que decía Manuel del Valle. Un socialista que fue alcalde en tiempos de la cabra.

El fedatario preclaro y la política como profesión

Carlos Navarro Antolín | 6 de mayo de 2013 a las 19:06


Javier Arenas sacó adelante la Ley de Grandes Ciudades en el año 2003, en los meses de Cruzcampo y foto de la Macarena con marco de plata en el despacho principal del Ministerio de Administraciones Públicas. La Ley 57/2003 de 16 de diciembre de 2003 tenía la ambición de transformar las estructuras de gobierno de los principales municipios de España. La innovación más polémica fue la de sustituir las comisiones de gobierno por las denominadas juntas de gobierno, donde se daba entrada a ciudadanos no elegidos en las urnas. Curiosamente, en febrero del año 2004 se publicó en las páginas de Diario de Sevilla un primer análisis de esta ley a cargo de Luis Enrique Flores, discípulo de Manuel Clavero, profesor de Derecho Administrativo en la Universidad de Sevilla y entonces secretario del Ayuntamiento de Coria del Río. Hoy lo es nada menos que del Ayuntamiento de Sevilla. Diez años antes de que el Tribunal Constitucional pusiera en jaque a los dediles, Flores advirtió que la nueva normativa podía entrar en contradicción con el artículo 140 de la Constitución Española, que dicta que el gobierno y administración de los municipios corresponde al alcalde y a los concejales. Se preguntaba el fedatario municipal advirtiendo la previsible colisión de la Ley Arenas con la Carta Magna: “¿Cómo se explica que quienes no ostentan la condición de concejal puedan asumir el gobierno y la administración del Ayuntamiento?” Sobre todo si se tiene en cuenta que las juntas de gobierno que crea la ley no son organismos de adorno, sino verdaderos instrumentos ejecutivos en la gestión de la ciudad, como se ha podido ver todos estos años. El TC tumba los dediles. Cuando se conozca el contenido literal del fallo, sabremos si la sentencia tiene efectos retroactivos y cómo se articula su aplicación. Pero el sentido final de la sentencia ya no lo pone nadie en duda: quien quiera ser concejal tiene que ir en una lista electoral. Quedan así suprimidas las posibilidades que tenían los alcaldes de meter en el gobierno a profesionales de prestigio no bien vistos por los aparatos de los partidos a la hora de confeccionar sus listas, a gente que no está dispuesta a dar codazos por ir en los puestos de salida, a esas personas que precisamente son las que deberían estar en la política para dignificarla. El problema no está ya en que la ley colisione con la principal norma del Estado, sino en que hubo que hacer una ley cuyos preceptos más novedosos eran los de abrir una puerta al margen de las urnas para que volvieran a la política esos perfiles de prestigio que salieron de ella cuando, culminada la Transición, la política comenzó a ser una profesión y dejó de ser una vocación. La propia ley estaba buscando, de facto, una vía de escape a los asfixiantes y todopoderosos aparatos de los partidos. Aunque, todo sea dicho, ha habido casos en que se han nombrado dediles a quienes estaban en las listas y no salieron elegidos, caso del Ayuntamiento de Córdoba. La degradación de la política no se palia con leyes. El ejemplo más reciente es el perfil de quiénes suenan como candidatos andaluces paras las primarias del PSOE. Si se mira al PP, la cultura de la libreta azul sigue dominando y es elevado el número de quienes no han tenido un sueldo en la empresa privada antes de acceder al sector público. No están los tiempos para esperar un nuevo Cánovas del Castillo ni un Castelar del siglo XXI. El TC ha tumbado la única vía de escape. Al poner el parche, la ley estaba reconociendo el problema. El parche no ha servido. Y además era inconstitucional. Paradojas: los aparatos vuelven ser más fuertes si cabe. A las puertas de la democracia se le puede colocar aquel rótulo que lucían los antiguos cuarteles en los cascos urbanos: todo por los aparatos. Ya lo anunció el secretario. Colisión. Siniestro.

El defensor Barranca, el concejal número 12 del PSOE

Carlos Navarro Antolín | 3 de abril de 2013 a las 5:00


EL PP logró la Alcaldía de Sevilla a base de acentuar el desgaste del gobierno de coalición de PSOE e IU, ya de por sí tocado como cualquier gobierno por el mero paso de los años, difundiendo escándalos de todo tipo y consagrando la figura de su candidato a la micropolítica, una opción inteligente cuando las arcas públicas no están para grandes proyectos ni para megalomanías con las que pasar a la historia en los gerundios de las placas. Las farolas, los bancos, los baches, el tráfico, la limpieza, las fiestas mayores, las velás de los barrios… Zoido ligado a la imagen de la ciudad idónea para vivir, Sevilla como estandarte de la ciudad que funciona como un reloj, una urbe paradisíaca en la que los reyes magos pasan fresquitos el verano. El alcalde apostó por un militar para ejercer de defensor del ciudadano, un hombre honrado que se confiesa de derechas (delito aún no tipificado en el Código Penal) al que cierta izquierda que se cree poseedora de la supremacía moral ha tratado de estigmatizar como golpista, de orillar como canalizador de las cuitas vecinales y de marginar del funcionamiento democrático.
Resulta que José Barranca, el peligroso tipo al que Zoido puso al frente de la denominada comisión de quejas, sugerencias y reclamaciones, ha presentado un informe de la gestión de 2012 que debería ser la hoja de ruta del gobierno y de la oposición en la gestión municipal. Una memoria que es el espejo de la calle, que recoge las verdaderas preocupaciones de los ciudadanos en su vida cotidiana, que es una guía práctica de la ciudad y que pone en jaque, precisamente, la micropolítica que llevó al PP a arrasar en las urnas desde el momento en que cuestiona la formación de los policías locales, denuncia el matonismo de los taxistas del aeropuerto, el desahogo y la chulería de muchos ciclistas, el abuso de los hosteleros que invaden las aceras con mesas y sillas, el incivismo de los amos de perros que dejan sueltos a los animales y el vandalismo que deja inútiles los parques y los convierte en lugares inhóspitos. Esto no es fascismo, señores de la oposición; esto en todo caso es barranquismo, de Barranca.
La torpeza de la oposición no ha estado ni en dejar los asientos vacíos cuando tocaba a hablar ante el Pleno al Defensor del Ciudadano, ni en obsesionarse con alimentar la mentira del supuesto perfil progolpista de este militar de Caballería. La torpeza ha estado en no sacarle partido al informe de Barranca, cuya lectura deja en evidencia la micropolítica que ha llevado al PP a su mayor cota de éxito electoral en Sevilla. La naranja tenía zumo para ser exprimida, pero los prejuicios han jugado en contra de la oposición. Ni se molestaron en pelar la fruta para evaluar su calidad.
El Defensor del Ciudadano elegido por Zoido y mantenido por Zoido frente al viento de IU y la marea del PSOE ha cuestionado la propia base del éxito de Zoido al exhibir las lagunas del funcionamiento ordinario de la ciudad. Barranca parece el concejal número 12 del PSOE como la afición sevillana era el jugador número 12 de la selección española. Al PSOE y a IU se las pusieron como a Fernando VII. Pero sólo vieron fascistas donde había molinos. Torpeza o miopía.

Dos tazas de alcalde

Carlos Navarro Antolín | 1 de abril de 2013 a las 5:00


Se acabó la principal fiesta de la ciudad, la más universal y la que debía ser asidero de una economía maltrecha que pretendía beber en el oasis de estos días sacros. Pero tanto hablar del oasis y al final nos pasamos de agua. Al humo de las candelerías, hoy se celebra en el Ayuntamiento el pleno ordinario correspondiente a marzo, la cita que debe reactivar el pulso político de una ciudad que una vez más mirará al horizonte faltándole todos los ingresos extraordinarios que se esperaban de siete días pasados por chubascos, montaditos y sillas plegables a 9,90 euros. El alcalde se ha pasado una Semana Santa demostrando el don de la ubicuidad, ora de visitas matinales a los templos, ora como un cangrejero más delante de la Macarena, ora con breve estación en la sede andaluza del partido en la calle San Fernando para que a este pulpo de la política no se le oxide el tentáculo regional. Al portavoz socialista en el Ayuntamiento, Juan Espadas, se le ha visto este año bastante más que en Semanas Santas anteriores, gracias a que ahora tiene un trío de capillitas que le han asistido (los concejales Moriña, Cabrera y Bazaga), pero sigue teniéndole aversión a la calle…¿o a parecerse a Zoido? Si el PSOE andaluz quiere a toda costa que Zoido sea el candidato de las próximas autonómicas, parece claro que en el PP sevillano estarían encantados con que Espadas repita en la carrera a la Alcaldía. Los de la gaviota están convencidos de la eficacia de los baños de masas que se pega una y otra vez el alcalde, que poco a poco ha ido apagando los fuegos de los grandes frentes laborales que ha tenido abiertos el Ayuntamiento en el tiempo ordinario que transcurre entre la Navidad y la Semana Santa (Lipasam, Polícía Local y Banda Municipal). Por eso han examinado con lupa la supuesta soledad del líder de la oposición cuando se ha dejado ver por los aburridos palcos de la Plaza de San Francisco, donde al parecer no ha recogido muchos saludos. “Alguien que quiere ser alcalde no puede exhibirse sin compañía, ni dar la imagen de que nadie lo conoce. Claro que… ¿quiere Espadas ser alcalde?”
Se acabó la fiesta. Zoido ha ganado un puñado de fotografías y se ha dejado alabar por la calle. Su imagen sigue exenta de aristas. Pese a los 70.000 parados de la ciudad. Pese al 40% que han perdido los hosteleros, muchos de los cuales tienen en la Semana Santa su particular paga extraordinaria. Pese al cierre o mudanza de las empresas. Pese a las grandes verdades que canta el Defensor del Ciudadano sobre la mala educación de algunos policías locales, las mafias del taxi, el desahogo de los ciclistas y los innumerables baches de muchas calles no sólo de los barrios sino del centro más centro de la ciudad. Si hay agua, no hay cofradías, pero se forman charcos. Si hay charcos, el alcalde siempre está dispuesto a ponerse las botas. La calle es capaz de pitarle a una cofradía, hecho insólito; pero no sólo no le pita al alcalde, sino que lo sigue buscando para las fotografías. Y el manual de la falsedad local dicta que a buena parte de esta ciudad le encanta eso de quejarse de mentirijilla por tener a un alcalde hasta en la sopa. Si no quería usted alcalde, dos tazas. De sopa.

Los bandazos de la oposición

Carlos Navarro Antolín | 15 de febrero de 2013 a las 21:04

Que un político de la oposición que pretende ser visto como alternativa de gobierno promueva una campaña de desprestigio contra dos marcas comerciales (Danone y Cargill) que anuncian su marcha de la ciudad es un ejercicio de irresponsabilidad. Si Juan Espadas no conoce otra serie de medidas, no se le ocurren otras ideas ni dispone de otros recursos como representante público para defender los derechos de los trabajadores de esas empresas que echarle directamente los gatos a ambas firmas, se pone a la atura de los presidente de fútbol que se comportan como forofos. Ahora es cuando se explica la calma del PP sevillano en tiempos de marejada nacional. Lo de activar campañas de desprestigio tiene mala música y se aleja de esa posición del centro político que permite pescar en todos los caladeros electorales. Debe ser más bien el ruido que se hace desde la bancada de la oposición para hacerse oír cuando el grupo político tiene el aspecto de un ejército vencido, el alcalde ha salido reforzado tras una huelga salvaje y media ciudad anda mirando al cielo para ver si salen los pasos del vía crucis de la fe, que fe es la que hay que tener para seguir leyendo algunas informaciones de la política municipal. En los últimos años hemos visto oposiciones planas, agresivas y hasta histriónicas, como cuando Beltrán Pérez (PP) sacó un cencerro en la sala de prensa en una maniobra claramente efectista. Las campañas de desprestigio contra empresas promovidas desde una sede institucional son la huida al monte, una suerte de endurecimiento de un discurso que vuelve a dar la razón a FG cuando reclama que el PSOE debe recuperar la vocación de mayoría. No tiene sentido que Espadas participe del Corpus o de la procesión de San Clemente y pegue la espantá de un hospital donde se inaugura una planta para niños con cáncer en el momento que un sacerdote bendice las instalaciones, salvo que el socio de gobierno autonómico (IU) obligue a suspender los villancicos en el Parlamento y alejarse de los curas porque las sotanas deben producir urticaria. A Dios rogando en Sevilla y con el mazo dando en Andalucía. No tiene sentido que Espadas fomente las relaciones con la patronal para chinchar a Zoido cuando la ocasión la pintan calva y se revista después de un sindicalismo radical y pancartero para captar un puñado de votos (seguro que son más los que pierde) o rebañar un par de efímeros titulares, a no ser que tenga interiorizado que el PSOE sevillano está como el federal en los últimos meses: sin levantar cabeza a pesar del tufo que emana la marca electoral del PP. No es ese el socialismo moderado de los grandes años de este partido. Está visto que la oposición también tiene su particular operación talento y da sus particulares bandazos. El PP se pudre y el PSOE está como la perdiz: mareado.

Cuando falla el oráculo del ‘palomar’

Carlos Navarro Antolín | 10 de enero de 2013 a las 20:05


El 26 de mayo de 2011 era jueves en el calendario. Y un desangelado Juan Espadas, que venía de registrar los peores resultados de un partido que ganaba en Sevilla poniendo a una cabra de cabeza de lista (el impagable Guerra dixit), mordió la esclavina de su capote hecho jirones por las cornadas del PP de Zoido, salió al ruedo y proclamó sobre sus concejales: “La candidatura está absolutamente comprometida con el proyecto, ya sea en el gobierno y en la oposición. Me lo han ratificado todos los miembros. Aquí no hay huidas ni proyectos personales, sino un equipo político”. Espadas se revistió así de pitonisa con un oráculo que pretendía acallar los rumores de decenas de militantes doblemente descontentos esos días, tanto por una lista electoral que excluyó a los secretarios generales de las once agrupaciones como por el posterior batacazo electoral. Nueves meses después se marchó Eugenio Suárez Palomares, número tres de la lista, magistrado y abogado que no necesitaba de la política ni para vivir ni para tener coche con chófer, harto quizás de un grupo municipal mortecino, con concejales con los pies pesados como el ejército de Napoleón en la nieve rusa y con un portavoz obligado a estar ausente dos días a la semana por su responsabilidad como senador. Ahora se marcha la número dos, Mercedes de Pablos, símbolo de la elogiada apuesta por los independientes que hizo Juan Espadas. Hagan las cuentas: no están ya ni la dos, ni la tres. Dos dimisiones previsibles una vez que en las elecciones municipales no sólo perdió el PSOE un ayuntamiento más, sino el mayor bastión del poder municipal en el sur de España. Los concejales de la oposición socialista abandonan el palomar como en su día se fueron los del PP en 1999 cuando Rojas-Marcos entregó la Alcaldía a Monteseirín en un despacho de la calle Castelar. Nada nuevo bajo el sol. La oposición quema, el sueldo es de 30.000 euros (frente a los 50.000 del gobierno) y los codazos internos por arañar titulares en la prensa y copar los buenos temas están a la orden del día. El que se lo puede permitir ni siquiera cobra del Ayuntamiento, sino de su trabajo particular para no perder poder adquisitivo, y en cuanto puede coge carretera y manta. Ya ni siquiera hay dietas por la asistencia a los consejos de administración, que contribuían a pequeñas alegrías en una nómina paupérrima, y los periodistas están más pendientes de las acciones de gobierno que de lo que se cuece en la oposición. El oráculo falló. A Espadas ya se le han ido dos concejales, como también se le han ido dos asesores. Habrá que tirarse al campo y recuperar a la cabra.

El ‘hoy por hoy’ como medida temporal en política

Carlos Navarro Antolín | 21 de diciembre de 2012 a las 17:21


Dicen que el poder iguala a las personas. Incluso a las más diferentes. O aparentemente diferentes. En el año 2005, siendo alcalde Alfredo Sánchez Monteseirín (marchando cuarto y mitad de gerundio de lápida), el presidente del PP andaluz, Javier Arenas, comenzó a confirmar a Jaime Raynaud como candidato a la Alcaldía en las municipales de 2007. Arenas convocaba a los concejales los sábados por la mañana en el Hotel Inglaterra y les soltaba la correspondiente arenga. Por supuesto, siempre reforzaba a Raynaud ante el grupo municipal y ante los medios en el teletipo posterior. “Hoy por hoy Jaime Raynaud es nuestro referente en el Ayuntamiento”. “Hoy poy hoy no nos planteamos otra opción”. “Hoy por hoy es la mejor alternativa al gobierno de PSOE e IU”… Y Javié iba dándole salida al surtido variado del hoy por hoy en sus diferentes modalidades, sin olvidar la que incluía el escenario, que es una de mis favoritas: “Hoy por hoy no contemplo otro escenario para la candidatura”. Algunos decían que tanto repetir el hoy por hoy era una técnica subliminal del lince de Olvera para congraciarse con el Grupo Prisa. Cuando llegó la tarde del Corpus de 2006, se acabó el hoy por hoy… de tanto usarlo. Un teletipo anónimo tumbó las aspiraciones de Raynaud, un político serio, solvente y riguroso, pero que no terminaba de despegar en las encuestas. Le aplicaron el hoy por hoy de los presidentes de fútbol cuando quieren mandar al entrenador al frío de la calle. “Hoy por hoy fulanito es el entrenador”. Cierto presidente sevillista tal como soltaba su ración de hoy por hoy y dejaba la sala de prensa, estaba dándole instrucciones a Recursos Humanos para confeccionar el finiquito del míster.
El pasado lunes se celebró el denominado Consejo de Coordinación de la capital del PSOE de Sevilla, donde estuvieron los barandas del partido y cuyo objetivo, se supone, es aupar al líder de la oposición en el Ayuntamiento, Juan Espadas, al que esta vez colocaron perfectamente en la foto. Nada de sentarlo en una escalera, que eso es malo para la columna. Las lenguas viperinas dicen que este consejillo en realidad es el Observatorio de Juan Espadas que ha montado La Que Manda en el PSOE para ver su evolución en el palomar y someterlo a examen. El caso es que Susana Díaz intervino en la sesión, cómo no, y se hartó de referirse a Juan Espadas como futuro candidato a la Alcaldía en 2015 con el hoy por hoy como estribillo principal. Ojú. El presidente provincial del partido, Fernando Rodríguez Villalobos, también le dio hilo a la cometa del hoy por hoy. Así que ya saben ustedes. El hoy por hoy es, en fin, una medida de tiempo perfecta. ¿Cuánto dura un hoy por hoy? Ya lo dijo aquel: lo mismo que un salivajo en una tabla de planchar.

Socialistas sentados en la escalera

Carlos Navarro Antolín | 18 de diciembre de 2012 a las 21:19


No habrá primarias en el PSOE. El presidente Griñán dice que sería una frivolidad. Y la política ya está suficientemente cargada de frivolidades. Y de las majaderías de un tal Tomás Gómez. La foto que remite un socialista del acto celebrado el pasado viernes en la agrupación Cerro-Amate ilustra a la perfección el momento actual del PSOE. Sin primarias, todos sentados. A esperar. Aunque sea en una escalera. De Rajoy nunca se sabe si la sube o si la baja. En el PSOE se sientan directamente en ella. Ya sea un ex presidente de la Junta, un aspirante a alcalde en la agrupación que dirige uno de sus concejales o un ex presidente de la Diputación. Todos a sentarse en la escalera. Unos por humildad. Y otros porque nadie les ofrece un sitio en primera fila. Depende.
A Alfredo Sánchez Monteseirín, que anda estos días recuperando sus paseos por el centro de Sevilla, le preocupa que medio mundo aconseje al otro medio que en los tiempos que corren es mejor quedarse quietos. Alfredo es un polvorilla. No debe gustarle eso de sentarse en la escalera. Sino frecuentar ese entorno de la Plaza Nueva donde hasta hace poco era mejor que no se dejara ver. Un viandante le espetó el otro día en Gamazo:

-Lo feliz que se le ve al tío…

Y el tío verdaderamente lo estaba. Probablemente porque ya bajó la escalera donde otros ahora se sientan. Y probablemente también porque ya no tenga escalera en la que acomodarse. El que se mueva de peldaño, no sale en la foto. Ahí tienen un cartel bien rematado: Borbolla, Espadas y Navarrete. Y al micrófono estaba Alfonso Guerra, que ya no llena los mítines, pero al menos pone a reventar las escaleras. Que no es poco, oiga. Cuando Julio Iglesias dejó de llenar los estadios le organizaron conciertos con señores cenando a mesa y mantel. El caso era seguir actuando. En el PSOE los hay que quieren seguir cantando, que ya no pueden cantar y también que dan el cante. La escalera es un símbolo, como la tortilla. Pero no son tiempos de frivolidades. Palabra de Griñán. Amén.

Una espada para minorías

Carlos Navarro Antolín | 24 de noviembre de 2012 a las 5:00


En Sevilla hay procesiones para minorías. Sin pasos, sin música, sin varas, sin cirios, sin controles horarios. Procesiones que son como ritos casi ocultos, sin anuncios ni publicidades. San Clemente reúne cada mañana de 23 de noviembre a un grupo de incondicionales a una cita que se celebra temprano, en la penumbra de la Catedral y con la asistencia de la corporación municipal con sus correspondientes maceros y la pareja de ordenanzas con guantes blancos. El cabildo eclesiástico y el cabildo municipal, que antaño se llevaban como el perro y el gato, celebran juntos la reconquista de Sevilla con una procesión instaurada en 1255 por Alfonso X El Sabio. El alcalde, antiguamente asistente, porta la espada del Rey Santo. Dicen las malas lenguas que cuando Fernando III de Castilla entró en Sevilla con los caballeros veinticuatro se encontró con José Joaquín Gallardo en el decanato del Colegio de Abogados, Antonio Silva Florencio en el Consejo de Cofradías y José Cañete en Aprocom.
Zoido portó la espada por segunda vez. Del PP asistieron 17 de los 21 concejales. Del PSOE, sólo dos de 11. El socialista Juan Espadas debutó este año en la procesión. Le acompañó el concejal Alberto Moriña, portavoz adjunto del grupo socialista y reserva espiritual de la oposición municipal. Y de IU, ni estaban, ni se les esperaban, pues la costumbre es no participar en actos religiosos. Mucho menos si se trata de recordar reconquistas que el código de lo políticamente correcto prohíbe en su capítulo primero. A Torrijos no debe hacerle mucha gracia la fórmula del juramento que se le hace prestar al alcalde (en ella se habla de los agarenos) para que devuelva la espada al término de la ceremonia.
Al alcalde lo recibió en la Puerta de San Miguel el canónigo Pedro Ybarra. Zoido entró y saludó al primer agente de gala de la Policía Local. La procesión tiene un cortejo muy peculiar. Primero forman unos señores de traje oscuro y medallas que se dedican al estudio de la vida de Alfonso X El Sabio, después un largo tramo de señores con capas albas, que son de la orden de San Clemente, fundada antes de ayer por la mañana, a finales de los años ochenta. Algunas damas vinculadas a esta orden lucen mantillas negras. Todo muy historiado. Al término se pudo ver a algunos de ellos con la capa recogida sobre el antebrazo y la cerveza en la mano. Sin consumo no se sale de la crisis.
Los canónigos forman a continuación luciendo la espléndida colección de capas pluviales del Cabildo. Especial mención merece la que luce el deán, para el que se reserva la de las estrellas. Si el alcalde lleva la espada, el concejal más joven de la corporación, en este caso José Luis García, porta el pendón. El año pasado le criticaron el color del abrigo. Y este año la forma de portar el pendón, en vertical, en lugar de llevarlo terciado sobre el hombro. Un canónigo comentó después que un concejal debe saber cómo se lleva el pendón. Doctores tiene la Iglesia. Y por lo que se ve, también ingenuos. Será que Roma ya no es lo que era desde que nos han contado lo de los belenes sin. Sin buey ni mula.
Al alcalde portador de la espada no se le escapa ni un detalle de cuanto acontece alrededor… El canónigo Adolfo Petit lleva la reliquia de San Clemente. Yel público va acompañando el cortejo como puede, sorteando vallas, cintas, el entarimado del altar del jubileo y hasta al tío que trata de filtrar los accesos interrogando si va usted a la misa no vaya a ser que lleve otras aviesas intenciones. La Catedral, siempre tan hospitalaria. Al turista del pantalón corto y pelambrera al aire, como pasa por taquilla, no se le cuestionan sus intenciones.
Acabada la ceremonia, Zoido fue hasta la Capilla Real y devolvió la espada tal como había jurado. Se ve que San Fernando, que conquistó Sevilla en 1248, hace que los políticos cumplan sus promesas.

El beltranómetro y el cementerio

Carlos Navarro Antolín | 31 de julio de 2012 a las 19:07

El gobierno ha presentado el ‘Barómetro de Percepción sobre los servicios prestados por el Ayuntamiento de Sevilla‘, donde el PSOE ha echado los perros a la pantorrilla del delegado de Participación Ciudadana, Beltrán Pérez, por haber incluido preguntas políticas en una encuesta sobre el funcionamiento de los servicios municipales. Más que un barómetro, el estudio es un beltranómetro. El concejal ha castigado a la prensa con la lectura de las estadísticas durante más de una hora y cuarto en el crematorio del Laredo, donde la delegada de Hacienda no arregla el aire acondicionado porque tiene a los informadores como conejillos de Indias probando un nuevo modelo de sauna. A lo que íbamos. La lectura de la guía telefónica presenta una trama mucho más interesante que el beltranómetro de marras. Menos mal que cuando el sopor se adueñaba de los sufridos informadores profesionales, Beltrán Pérez se reveló como el mesías del Laredo y reveló la buena nueva ganándose los titulares del día. Paren las máquinas porque la que viene es buena: “Estas encuestas son tan útiles como herramientas de trabajo para el gobierno, para la oposición y para todos los vecinos que el próximo año incluiremos el cementerio en las preguntas de valoración de los servicios municipales”. ¡Esa se le ha ido al PSOE! Toma nota Antoniomuñoz, que ya te veías con las dos orejas dando la vuelta al ruedo antes de las vacaciones. La clave no estaba en preguntar si la gente conoce a Espadas.

-¿A quién dice usted?

La clave estaba en que la derecha despiadada reconoce que se le olvidó el cementerio entre los servicios municipales. Penitencia, Beltrán, penitencia… Ya estamos el año que viene oyendo la grabación de la señorita del teléfono preguntándole al vecino de Bami: “¿Usted cree que con Zoido funciona bien el cementerio? Valóreme del 0 al 10, siendo 0 muy mal y 10 muy bien”. Y aprovechando el viaje del cementerio, adonde te lleva la línea 10 de Tussam la mar de fresquito, le colamos las preguntas políticas para crispar a los chicos del palomar socialista. “De entre sus amistades que la han palmado en el último año, ¿qué político del Ayuntamiento gozaba de mayor simpatía: Juan Ignacio Zoido, Juan Espadas o Antonio Rodrigo Torrijos?” “¿Usted cree que vivir en Sevilla es como estar en el paraíso? Valóreme del 0 al 10, siendo cero el infierno, cinco ni carne ni pescado y diez el nirvana soñado con acceso al centro en coche por todas las calles” “¿Se siente usted más cerca del cielo gracias a la Torre Pelli que el gobierno local ha defendido con éxito ante la Unesco?”
No me pierdo la próxima edición del beltranómetro, hasta he reservado ya el ejemplar en el quiosco de cabecera. Teniendo el crematorio en el mismísimo Laredo, no extraña que el gobierno se preocupe ahora del cementerio. El camposanto es un asunto transversal que nos afecta a todos. Y con lo que le gusta al socialismo la transversalidad, se le había escapado el toro vivo.