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Los maitines de Zoido en las caracolas

Carlos Navarro Antolín | 23 de junio de 2014 a las 12:46

El alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, visita la calle Amador de los Ríos junto al concejal delegado de Urbanismo, Maximiliano Vílchez, y la concejal delegada del Distrito Nervión, Pía Halcón. En la calle Amador de los Ríos, esquina Alonso de Or
Tres lunes seguidos a primera hora. Tres lunes a la sombra de las caracolas. Tres lunes donde habita la colonia de gatos (miau) y aún quedan dos patos (cua) en el estanque central. El alcalde le ha cogido afición a arrancar la semana lejos de la Plaza Nueva. Zoido se desplaza hasta la sede de la Gerencia de Urbanismo para controlar personalmente la tramitación de proyectos que considera claves en los nueve meses hábiles que restan de mandato. Zoido prepara el parto electoral allí donde se cuece lo poco de macropolítica a la que están capacitados los ayuntamientos de hoy y casi toda esa micropolítica que es el principal asidero para su marca personal en Sevilla. En la sala de juntas de la caracola número uno se reúne a puerta cerrada para sus particulares maitines con el concejal de Urbanismo, Maximiliano Vílchez; su jefe de gabinete, el inseparable Alberto Díaz; el gerente del organismo autónomo,Alberto de Leopoldo, y los dos directores del organismo autónomo: Manuel Valdivieso (área administrativa y económica) y Jorge Almazán (área técnica).
La buena noticia es que la Hacienda local librará tres millones de euros para que la Gerencia pueda arreglar los pavimentos de muchas barriadas, todo un regalo para una Gerencia que sólo disponía de 14 millones de euros para inversiones, una partida de la que tienen que salir las ayudas a la rehabilitación de los templos, las demoliciones de los bloques de Los Pajaritos y tres millones ya reservados para el vallado de la superficie de 700.000 metros cuadrados de la Zona Franca, que es la aportación que hace el Ayuntamiento al proyecto, y de cuyo proyecto ya han informado favorablemente la Guardia Civil y el Servicio de Aduana, por lo que sólo queda el visto bueno del Puerto. El próximo Pleno aprobará la correspondiente modificación presupuestaria para que Urbanismo coja aire y los vecinos puedan apreciar esa política de infantería por la que se pirra el alcalde (barrenderos, policías y albañiles sobre el asfalto).
Las otras buenas nuevas son que todo marcha para que el otoño arranque con el mercado gourmet de la Nave del Barranco a pleno rendimiento. Yen los siguientes meses, siempre antes de las elecciones, deben comenzar las obras de los proyectos privados de la antigua estación ferroviaria de Cádiz (su conversión en centro deportivo) y del mercado de la Puerta de la Carne (otro mercado gourmet con usos culturales añadidos). El alcalde está muy encima del segundo, del que en breve quiere que sea presentado a los medios de comunicación con todo detalle. De hecho, su deseo hubiera sido presentarlo ya, pero no estaba todo amarrado y ha preferido esperar. Y también antes de las elecciones quiere abrir al público la antigua Fábrica de Artillería, una vez que la Gerencia concluya el saneamiento de las cubiertas y la instalación de un sistema de recogida de aguas propio (450.000euros) y quede planteada la rehabilitación de la zona conocida como la catedral (1,5 millones). Poco más.
El vallado de la Zona Franca estará listo antes de mayo, pero no es precisamente un proyecto para el lucimiento. Al igual que ocurrirá con la demolición de los bloques de Los Pajaritos y la licitación de las 512 nuevas viviendas, un proyecto en el que Zoido tiene empeñada su palabra y en el que ha comprometido personalmente a la ministra Ana Mato, a la que en marzo de 2012 invitó a presentar el proyecto de nuevas viviendas municipales.
Todos los demás grandes proyectos no dependen directamente del Ayuntamiento. No habrá antes de mayo ni novedades de la SE-35 (un sueño celestial), ni segunda tienda de Ikea (el Ministerio aún tiene que responder al proyecto de vía alternativa que comunique los terrenos con la A-4), ni movimiento en la antigua fábrica de Altadis, ni el Paseo del Arte (el comienzo de la obra antes de las elecciones sería como encontrar el vellocino de oro), ni el supuesto auditorio en terrenos del Puerto, ni un uso definido para la antigua comisaría de la Gavidia, ni por supuesto el nuevo puente que se reclama para la Cartuja.
Los maitines de la Cartuja son una especie de administración de la pobreza en una Gerencia de Urbanismo que saca los matasuegras y los gorritos para celebrar la llegada de tres millones más para la reparación de calles y que sólo en 2007 daba licencias para obras por valor de 1.500 millones de euros. Del cuerno de la abundancia a los dos patos del estanque. Cua, cua.

Dos años de mandato

Carlos Navarro Antolín | 20 de mayo de 2013 a las 18:00


Saber interpretar el momento actual es clave para cualquier mandatario. El de 2011-15 no es un mandato municipal para hacer nuevos puentes en la Cartuja, sino para que los autobuses municipales lleguen a su hora, aumenten la velocidad comercial y los conductores cobren sus nóminas el primer día del mes. El de 2011-15 no es un mandato para ventear el humo de grandes proyectos que se sacan al escenario como marionetas interesadas para distraer la atención o como munición de titulares entre administraciones, sino para que la calle Cuna deje de tener ochenta baches, se busquen inquilinos para los 150 locales de Emvisesa o las calles tengan un grado de limpieza aceptable que alivien la etiqueta de Sevilla como ciudad sucia. Este mandato no es para hablar de grandes rondas, ni para marear la perdiz de líneas del Metro imposibles ni para seguir agitando las aguas de un río del que varias generaciones de la ciudad están hartas ya de leer y oír que debe ser la calle ancha de la ciudad, sino para poner orden en cuestiones domésticas, tratar de que las calles no sean territorios preferentes para los veladores, que la Policía Local sea un cuerpo verdaderamente al servicio de los ciudadanos y que los parques sean espacios acogedores en los que conviven peatones, ciclistas y mascotas. El de 2011-15 no es un mandato para alharacas en el PGOU, ni para hacer periodismo ficción sobre megalomanías imposibles, ni para engañar al ciudadano con fuegos de artificio. Zoido cumple dos años de alcalde. En los últimos meses, con una intensidad notoria, han retornado las viejas prácticas de la política hueca e insustancial de los grandes proyectos, como si este gobierno quisiera responder de pronto a las acusaciones sobre la falta de modelo de ciudad. El alcalde no debería perder el horizonte que el mismo se fijó como objetivo: el funcionamiento de la ciudad. Ni más, ni menos. El momento actual no está para engañabobos del urbanismo que nace y muere en las infografías, ni para colorines de suburbanos imposibles, ni para grandes rehabilitaciones basadas en inversiones que nunca llegan. Habría que preguntarle a la delegada de Hacienda, Asunción Fley, por todas estas excentricidades con las que se pierde el tiempo en los plenos y la tinta en los periódicos. Sevilla parece cada vez más una de esas señoras de la alta sociedad venida a menos que va vendiendo casa por casa las joyas que algún día alumbraron su belleza. Y algunos, que aún la estiman con el corazón, le siguen la corriente para no contradecirla, le compran unos pendientes de perlitas para la primera comunión de la niña y le dejan con condescendencia que siga creyendo que su grandeza es aún recuperable.