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Roma decadente en la Puerta de Jerez

Carlos Navarro Antolín | 2 de julio de 2012 a las 20:15

Sin necesidad de moverse de Sevilla ni de coger el Leda en la estación de la Plaza de Armas tiene usted estos días en la Puerta de Jerez doscientos gramos del Museo Romano de Mérida con esa señora de la fuente decapitada que de lejos parece una Ceres sin cabeza. Vamos, que han dejado la Puerta de Jerez como una sucursal de Itálica hasta que Zoido arregle el desaguisado. Si es que Sevilla lleva mucha Roma dentro. Y a 50 metros de la fuente ultrajada tiene usted el ahora elogiado edificio de Helvetia, de Rafael Moneo, el mismo arquitecto que le hizo a los extremeños ese pedazo de museo del que se trajeron varias piezas al pabellón autonómico de la Expo’92. El caso es aprovechar el talento de los vándalos, sacarle partido. La arruga es bella. Y pasear ahora por la Puerta de Jerez, sorteando bicicletas, puede resultar una experiencia muy agradable. El Consorcio de Turismo debería dejarse ya de perder el tiempo con los reyes vagos, trincar para la próxima campaña a la señora de la fuente sin cabeza y traernos al aeropuerto de Sevilla a todos los turistas despistados que van camino de Fiumicino. Aquí tenemos más gracia, mejor fútbol, coches de caballos con pañales y las correspondientes cuadrillas de bárbaros. Roma pura. Roma decadente.

Hay que arrinconar a Juan Pablo II

Carlos Navarro Antolín | 25 de octubre de 2011 a las 14:22

Vaya por delante que no nos van los soldaditos de plomo ni el callejero trufado de cristos y vírgenes a mayor honor y gloria del hermano mayor de turno para su fotografía junto al alcalde (también de turno) el día que se descorre la cortinilla. No hay que tener ningún complejo en alabar a quienes en la ciudad de Sevilla pretenden homenajear al Papa que vino dos veces, por quedarnos solamente en los motivos estrictamente locales más allá de la figura universal del Pontífice polaco. Ni tampoco hay que tener reparos en denunciar tanto los prejuicios de algunos con esta iniciativa (reveladores tal vez de los tirones de oreja que sufrieron en los colegios de curas) ni la cicatería de otros (como algunos macarenos que negaron cobijo a la estatua en el atrio porque el Papa no fue a la Basílica en ninguna de sus dos visitas). El gazpacho que se ha majado con todo este asunto es justo el menos recomendable para una iniciativa como la presente. Para colmo, el Ayuntamiento exhibe ahora una actitud un poquito recelosa (¿Lo decimos así?) con todo esta iniciativa. Parece que la estatua molesta, hay que arrinconarla en la Plaza de la Contratación (bellísima, por otra parte) y descartar esa Puerta de Jerez que es el lugar preferente y donde, además, Juan Pablo II fue recibido por la Corporación en su primera visita de 1982. Se percibe cierto miedo hacia la denominada “progresía”, tal fue el término empleado por algunos en la reunión que se celebró ayer entre el gobierno y los promotores. Por cierto, en la Plaza de la Contratación iba proyectada una preciosa fuente de Guillermo Pérez Villata que, finalmente, se quedó sin el apoyo económico de la Cámara de Comercio. Ahora, si monseñor Asenjo bendice la propuesta municipal, irá el bronce de Juan Pablo II, al que está claro que no se le podrá cantar eso de te quiere todo el mundo. Unos sí, otros a escondidas y otros respirando por la herida. Sevilla misma. A la iniciativa de la estatua le han colgado donde menos se esperaba el cartelito que luce en el pomo de las habitaciones de los hoteles: No molestar. Don´t disturb. Enseguía pasa la misma gente por la Puerta de Jerez que por la Contratación.