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El rector corta orejas

Carlos Navarro Antolín | 22 de mayo de 2016 a las 5:00

Despacho del rector de la Universidad de Sevilla. Rectorado. Entrevista con el nuevo rector
SALIÓ el personal del acto de entrega de los premios taurinos y académicos de la Real Maestranza, celebrado esta semana en el mismo ruedo de la plaza de toros, hablando del rector de la Universidad, como salen los aficionados toreando con la palma de la mano por Iris o Gracia Fernández Palacios en tardes de faenas hondas. La gente no decía que este año no estaba el Rey, que no estuvo porque tampoco es plan de que esté todos los años; ni de lo bonita que está la plaza, la mar de bien cuidada y acicalada por los caballeros maestrantes; ni del pedazo de ágape a que invita don Javier Benjumea con unas bandejas tan pobladas que dan derecho a meter tres veces la mano por camarero, que para eso Sevilla es coso de primera y el reglamento insta a los tres encuentros del burel con el jaco; ni siquiera cuchicheaba el personal de las ausencias de los concejales del Grupo Popular, que son doce pero ni uno tenía tiempo de acudir a tan solemne acto, estaban todos tan ocupadísimos fiscalizando a Espadas (tururú) que otra vez dejaron el campo libre al edil socialista Cabrera, quien cada vez que puede se zampa el espacio natural de la derecha sevillana. ¡Pista que va Cabrera mangando votos al PP!

Salieron los invitados hablando de la intervención del rector de la Universidad, Miguel Ángel Castro, que se declaró públicamente aficionado a la Fiesta en tiempos de pensamiento débil, lenguajes ambiguos, discursos plúmbeos huérfanos compromiso, declaraciones huecas y oratorias de carril. La cita era proclive a dejarse envolver por la solemnidad, a no decir ni una palabra más alta que otra, a no pisar callos, pero el rector magnífico, que estuvo más bien en plan magnífico rector, nos sacó de los calores de la tarde y se fue con el avieso toro de la actualidad a los terrenos donde se cortan las dos orejas. Para comenzar la faena dibujó unos lances por bajo con los que denunció un estado de la nación marcado por “liberticidas que se empeñan en demonizar símbolos culturales que han servido durante siglos de argamasa de este país llamado España”. Ypara que no hubiera dudas de que iba de verdad, con el compás abierto y el pecho descubierto, sentenció en el acto donde la Universidad de Sevilla, la nobleza y el arte del toreo se unen cada año:“La cultura, a la que pertenece por derecho y por justicia histórica la tauromaquia, y la educación pueden y deben propiciar esta armonía que tanto necesita nuestro país”.

Hasta citó a Carlos III para recordar que fue el monarca –“posiblemente el más sevillano de los reyes españoles”– que prohibió los toros con muy poco éxito, lo cual tiene un mérito especial porque lo dijo en “sede maestrante”, como diría el analista cursi de la actualidad. El rector cree que los taurinos son una suerte de “nuevos perseguidos” de la sociedad de hoy. “Queridos taurinos, tranquilidad, que la historia nos demuestra que la persecución viene de antiguo y que ni reyes ni papas han podido erradicar el arte de las corridas de toros”. Hasta se permitió alguna reflexión sobre la evolución de la vigente temporada taurina: “Está siendo especialmente interesante para este aficionado que les habla”. Yagradeció la organización de un acto donde desde hace décadas se exaltan los toros sin complejos y se elevan a categoría intelectual:“Gracias señores maestrantes, gracias señor teniente de hermano mayor, gracias querido Javier, por esta fiesta de la educación, del arte y de la libertad”.

El rector se pasó tan de cerca el pitón de la actualidad que sólo cabía la cogida… o el cortijo. Ahora ya sabemos que este Castro que habita a la vera del Ángel de la Fama ha cortado dos orejas a ley con un discurso clarito donde practicó el ejercicio de libertad que consiste en llamar a las cosas por su nombre. Y también sabemos que se puede comprar el cortijo soñado al que tal vez ponga de nombre Libertad. Que no se nos arrugue en los claustros cuando tenga cerca algunos ejemplares de pelaje variado –sobre todo alguno de melena larga y falsa imagen buenista– que presumen de progresía y proximidad con el alumnado, y que a la hora de la verdad tienen la pluma fácil para prohibir actos que no son de su cuerda.

Se fue el personal hablando del rector que salió del burladero de la nadería institucional para defender la Fiesta y recordar que ni el Papa ni el Rey pudieron con ella.

Dos alcaldes sobre el redondel

Carlos Navarro Antolín | 13 de junio de 2015 a las 5:00

EL REY FELIPE SEXTO ENTREGA LOS PREMIOS UNIVERSITARIOS Y TAURINOS DE LA MAESTRANZA DE CABALLERIA foto Juan Carlos Muñoz
LA vida es lo que ocurre en veinte minutos en el ruedo de una plaza de toros, el tiempo de lidia que marca el reglamento. Orto y ocaso, tragedia y éxito, sol y sombra, silencio y clamor, vítores y bronca, gobierno y oposición, nobles y plebeyos, curas y civiles, cemento y albero, tendido y grada, abrazos y miradas aviesas, trajes oscuros y telas coloridas… El Rey se queda al canapé. Su padre también lo hacía. Los tíos del pinganillo hacen un cordón de seguridad, como los cofrades pretenciosos delante de un paso de palio. Los señores de cable en la oreja siempre tienen cara seria, de negarte el saludo y la ubicación del baño, al fondo a la derecha. La gente en Sevilla sabe cangrejear delante del monarca la mar de bien. En el albero están el alcalde saliente y el alcalde entrante. El titular y el in pectore. Una, dos y tres, dos alcaldes sobre el redondel. Pero Sevilla, cruel como un infante, ya no ve al saliente como alcalde, ni todavía ve al entrante como tal. Sevilla estos días ve a su Ayuntamiento como Roma en días de sede vacante. Los políticos juegan a veces a dar frío durante su mandato, sin saber que ellos lo recibirán también. Saluda al subir, que te los encontrarás al bajar, enseña el Papa Francisco.

El Rey se llevó los aplausos con solo abrazar el atril, como un pregonero de Semana Santa al que el público quiere tributar un ad calorem para que se sienta a gusto y pierda cualquier atisbo de nervio. Ovación larga y sentida. “Aún no he dicho nada”, respondió agradecido. Pero Sevilla aplicó eso tan hispalense de al amigo, todo; al enemigo, nada, y al indiferente, la legislación vigente. Y al Rey venían de pitarle en Barcelona, que los telediarios están en el imaginario colectivo. Entre el público se oyó: “¡Viva el Rey!, ¡viva España!” Sevilla no ha dejado a su Rey, madeja de la heráldica local.
Aquí no se pita. Hay abrazos sentidos, como el que se dieron monseñor Asenjo y Alfredo Sánchez Monteseirín. El arzobispo no olvida que el alcalde socialista lo arropó en sus inicios difíciles en Sevilla. De hecho, aún se recuerda el consejo desenfadado que el cardenal le dio en su día al prelado hispalense ante Sánchez Monteseirín y un coro de sacerdotes: “Juan José, de todos los que estamos aquí, del que te puedes fiar es del alcalde”.

Y otro abrazo se dieron Monteseirín y Espadas. “Ahora que vuelven los míos, iré a la toma de posesión”, dijo Monteseirín en los dominios del tendido uno. Yrecibió una andanada.

–¿Seguro que los que vuelven son los tuyos?

Monteseirín se rió. “Sí, hombre, sí”. Pues no lo invitaron a ningún acto de la campaña. Como sería la cosa que Monteseirín se dedicó a arrimar el hombro en la campaña de Ángel Gabilondo a las autonómicas de Madrid. Estos días está feliz. Vuelve a pisar el ruedo de la plaza de toros con mocasín firme. Y lo hace del brazo de doña Teresa: “Soy su madre, no su mujer”.
El presidente del Consejo de Cofradías, Carlos Bourrellier, resta importancia a los rumores que lo sitúan como asesor del gobierno de Espadas en materia de fiestas mayores. Espadas accedió a la carpa y no encontraba quién lo acomodara. El responsable de protocolo del Ayuntamiento no estuvo al quite. Seguro que hoy la cosa cambia en el Salón Colón. “Y más a partir del lunes”.

–Eso seguro, Juan.

Dos ex alcaldes de ruán participaban en el acto: Fernando de Parias y Manuel del Valle. El alcalde saliente, Juan Ignacio Zoido, era la otra cara de la tragedia griega, el emoticono frío de las últimas horas en el cargo. Pero allí estaba, aguantando el tipo. No se olvide que Monteseirín pegó la espantá en la toma de posesión de Zoido en el verano de 2011. Y la plaza de toros no es mal sitio para una despedida. Que se lo digan a Ruiz Miguel. O a Manolo Vázquez. Por allí andaba el catedrático Javier Landa, siempre sonriente. Y un par de concejales del naufragado gobierno de los veinte concejales, el mismo que perdió 60.000 votos en cuatro años, 40 votos cada día. ¿Cuántos votantes caben en la plaza de toros de la Real Maestranza? Pues se pueden llenar casi cinco plazas de toros de Sevilla con los votantes que ha perdido el PP en las pasadas elecciones municipales. ¿Pensaría eso alguien durante el canapé? Frío, frío… Gélido, gélido. Los langostinos pelados daban la vuelta al ruedo. Sevilla es plaza de primera, da derecho a tres entradas por bandeja. El queso aparece en dados y la carne en lonchas. Las miradas se sirven frías, cruzan la raya de picadores del rencor cuando divisan ciertos abrazos por muy impostados que sean los abrazos. Los abrazos en política se dan para enviar mensajes a un tercero, al que mira desde el burladero de la memoria. No hay abrazos de afecto en el teatro de la mentira que es la política.

La única verdad en el ruedo estaba en quienes cangrejeaban ante el Rey sorteando a los tíos del cable antiguo de teléfono en la oreja, en el frío pasajero del alcalde saliente y sin plañideras, en la madre de Monteseirín sonriente al ver a su hijo rehabilitado en la vida social, en la señorial figura de don Otto Moeckel, medalla de plata de la institución nobiliaria; en la cerveza que se tomaron los trabajadores del escenario como cuadrilla de mulilleros tras el arrastre del toro.
¿La verdad? La verdad es que el Rey pasó por Sevilla otra vez siendo alcalde Juan Ignacio Zoido. Eso dirá el frío mármol de la historia. Pero no dirá nada del frío del albero. Una, dos y tres, dos alcaldes estaban sobre el redondel.
EL REY FELIPE SEXTO ENTREGA LOS PREMIOS UNIVERSITARIOS Y TAURINOS DE LA MAESTRANZA DE CABALLERIA foto Juan Carlos Muñoz

Los retretes de las casetas hablan

Carlos Navarro Antolín | 7 de mayo de 2014 a las 19:53

retrete
Se hartan de contarnos las claves ocultas de la Feria, de enseñarnos esas trastiendas con orondos cocineros friendo pescado, con feriantes de los de verdad (los de la Calle del Infierno) narrando las peripecias de cada pueblo y las zancadillas que les pegan los ayuntamientos de turno queriendo sacarles lo que no pueden exprimirle a sus propios vecinos con el IBI, que ya lo decía el sabio tabernero del Portón cuando insistía en invitar al café con la tostada de última hora de la mañana.

-No te preocupes que lo tuyo lo va a pagar el guiri que se está comiendo ya la paella.

Pues eso. Que hay ayuntamientos que pretenden que el tío de la Noria, el del Gusano Loco y el de la Barca Vikinga paguen los recibos de la contribución urbana que se despistaron del segundo semestre devengado. Y nos lo cuentan en esos magníficos reportajes de televisión de 24 horas donde la mitad se despelota en una playa y la otra mitad hace el canelo a las ocho de la mañana en un una churrería ambulante próxima a la portada. Mucha trastienda, mucho tratar de enseñar las verdades de la Feria, mucho abrir en canal esta fiesta universal, pero nadie se ha ido a enseñarnos esos retretes de las casetas donde sí que se encuentran las grandes claves, donde se exhiben esas normas de conducta en plan “ahora que no nos ve nadie, va a leer usted detenidamente mientras hace sus cositas cómo debe comportarse, so maleducado”. Y sale uno de allí avergonzado, porque te dicen desde cómo tienes que vestirse hasta la hora tope a la que puede haber menores de 14 años y cochecitos de bebé en la caseta. Lean, lean. Y no es en una caseta, sino en muchas. No se habla de señores, sino de caballeros (con o sin caballo) a los que se les exige atuendo de chaqueta, las zapatillas de deporte están prohibidas (como en el Pachá de Madrid) y a partir de las diez de la noche se recomienda el uso de la corbata. No dice qué tipo de nudo debe lucir (si el nudo de gran tamaño modelo Gregorio Serrano, el nudo distraído modelo Juan Espadas o el nudo triangular que nunca se cae modelo camarero del Aeroclub), pero se deduce que hasta antes de las diez puede usted ir despechugado, como si usted fuera un primer teniente de alcalde en un reciente sepelio, a cuello abierto exhibiendo la pelambrera alta del pecho cual guitarrista ochentero. Y todo esto se entera uno mientras orina, oiga. Pedagogía o conciliación del ocio y el ejercicio de las necesidades básicas. Al salir de ese retrete lo primero que hace uno es mirar el reloj (por si han dado las diez), autoescrutarse y pensar dónde fue la última vez que vio el carrito del niño.
No hay que olvidar esas casetas que para darse importancia colocan en el retrete un frasco de colonia de baño, un peine y una toalla, como si fueran los limpísimos servicios de los caballeros maestrantes de la plaza de toros donde se ofrecen además prismáticos y mullidas almohadillas de válvula. Pero qué cochinos los de esas casetas pretenciosas, qué asco de toalla a partir de media tarde, cuando tienen ya hasta una fauna protegida de bacterias, sabrá Dios la trayectoria de ese peine al que siempre faltan entre dos y cuatro púas. ¿A quién se le ocurre poner toallas en el servicio de una caseta? Si el summum de la falta de higiene lo marcan siempre en Sevilla la bombilla de una cuadra o el servicio de una caseta. Y todo por no poner un rollo de papel higiénico. Ocurre como cuando se modernizaron los canapés que perdimos en la Caseta Municipal, que se oía a cierto alto cargo socialista decir cada día en tono jocoso: “Hay que ver lo que inventa Juliá para no tener que poner jamón”, mientras se zampaba el consabido mini-tomatito con una puntita de anchoa. Pues hay que ver los aires de importancia con los que se camuflan algunos titulares de casetas para no gastarse los euros en rollos de papel. Fíjense en los urinarios de la Feria, auténtica trastienda. Si a las ciudades se les conoce por sus mercados y cementerios, las claves más profundas de muchas casetas están en los servicios. Los retretes de la Feria hablan. Y dan órdenes, vaya si las dan. A las diez, los cuellos cerrados. Y los niños, chupete y a la cuna.

Tu cartel me suena, Reyes de la Lastra

Carlos Navarro Antolín | 24 de febrero de 2014 a las 12:08

cartel toros

Sevilla es la ciudad de los cortes, del regate verbal que te deja clavado, del tío que te encuentras vivo y coleando por la calle Sagasta que veinticuatro horas antes te habían dicho que la había espichado, ¡vaya corte!, lo que demuestra que los teletipos de la guadaña fallan igual que los teletipos de verdad. Aquí el personal, por vivir su minuto de gloria, mata a la gente y multiplica los divorcios…. Anda qué no. Hay gente que en Sevilla vive en un permanente gerundio si se atiende a la habladuría de los beatones que siempre están anunciado buenas nuevas en los corrillos de ópticos. De ópticos que están todo el día viendo, viéndolas venir.

-Fulanito se está separando. Se veía venir…
-Menganito se está muriendo. Se veía venir…

A Sevilla le encanta también meter el dedo en el ojo cuando ante su interlocutor desprotegido se refiere a un tercero como “tu amigo”, dicho con sorna, a lo que siempre conviene contestar rápidamente con un “sí, es mi amigo, por supuesto que es mi amigo”, justo cuando el dedo acusador espera que te sacudas del hombro esa amistad como el gitano se sacudía el cochino robado delante de la Guardia Civil: “No es mío, agente, que se me ha subío, que se me ha subío en lo alto”.

Pues el otro día nos llevamos un corte tras la presentación del cartel de la temporada taurina, el de los tendidos vacíos y la sombra alargada del toro, tan alargada como la sombra de Javier Arenas en el PP andaluz, al que llaman ya el ciprés de San Fernando. Pero un ciprés vivo, vivísimo… Pues telefoneamos a la señora De la Lastra, que lo es como pocas, para felicitarla otra vez por uno de sus carteles y que nos explicara su ausencia del acto de presentación. ¿Estaría indispuesta? Porque no vimos ni a su inseparable Rosamar, otra señora. Y Reyes de la Lastra nos sacó el pañuelo verde.

-El cartel no es mío. Es de un chileno.

Frío polar. Pues hija de mi vida, esto es como el Tu cara me suena de los que cantan por la noche en la televisión, pero en plan Tu cartel me suena. Al cartel que Reyes de la Lastra pintó para el festival benéfico de primeras figuras del pasado 12 de octubre en Sevilla le han quitado un burladero y le han puesto una sombra de toro. Ay, que a los caballeros maestrantes les han dado toro por liebre. Otro año igual, como se canta en el fútbol. Este cartel lleva camino de ser el cartel de las natillas. Repetimos. Y encima el chileno Guillermo Muñoz Vera ni se molestó en coger el AVE desde Madrid, que es donde vive, para venir a Sevilla a explicarnos el plagio de la idea. Tal vez porque el chileno conoce tanto, tantísimo Sevilla, que sabe que la clave está en aparecer lo justo…Y poner la mano. La gracia es que a la misma hora que se presentaba su cartel, el chileno estaba presentando exposición propia en su galería madrileña de la calle Serrano. Y los sevillanos aplaudiendo al ausente, lo que se nos da la mar de bien, y buscando fuera lo que tenemos dentro. Un chileno nos ha pegado un corte sin poner un pie en Sevilla. La plaza vacía, las ideas también. Como el cartel de Semana Santa, aunque el chileno al menos no ha arremetido contra la prensa y sus hijas bastardas que son las redes sociales, como hizo la pintora Beatriz Barrientos. Y conste que Reyes de la Lastra nació en Alcalá de Guadaíra, tierra de tortas.

El cartel taurino es un plagio

Carlos Navarro Antolín | 20 de enero de 2013 a las 12:26



Saben los taurinos que el pase robado lo pega el torero que aprovecha la querencia del burel para colocar la franela con ventaja y parecer que manda sobre la res, cuando la res simplemente es que iba por allí. Ese toreo no es que sea de mentira, es que simplemente no es toreo. Ocurre que a veces la perspectiva hace que el tendido par crea que el pase es de verdad, mientras que el impar se percata y protesta el oportunismo del matador. El pase robado se castiga como al pescador que recoge el anzuelo y se lleva un pez por delante por pura casualidad. Al toro hay que ahormarle la embestida y someterlo. Y al pez se le pesca por la boca. Lo demás son trucos. Cuando se encarga un cartel se busca la originalidad, el compromiso y una obra acorde con el estilo propio. Si se repite justo lo que ya hicieron otros sólo hay dos explicaciones para el entuerto: o se ignoraba la temática ya realizada, por lo que cabría invocar la pura casualidad, o se ha apostado por una faena de aliño porque el encargo no merecería mayor empeño.
Hernán Cortés, glosado como el pintor del poder por sus muchos retratos de importantes dirigentes políticos de distintas ideologías, nos ha metido un pase robado en los lienzos con el cartel oficial de la temporada taurina de 2013. Intencionado o no, doctores tienen las Artes y la Tauromaquia, pero pase robado en tanto que no es original. Se trata de una idea ya ejecutada en 1934 con ocasión del cartel anunciador de la inauguración de la madrileña plaza de toros de Las Ventas. Como aquí no damos pases robados, hay que decir alto y claro que Gloria Sánchez lo ha revelado en su blog tras hallar en un cortijo un ejemplar del cartel de hace casi 80 años. En plena República ya hubo quien uso el rostro de Belmonte en primerísimo plano para anunciar nada menos que el festejo inaugural del coso venteño.
Quién sabe si la honda crisis económica agota las ideas de los artistas, un gremio que en otras coyunturas históricas de fuertes depresiones ha apostado por el escapismo y la denuncia, tratando de subir el ánimo de los corazones o de reivindicar justicia. Esta crisis parece traer consigo el ERE de las musas. Hace unos días se presentó el cartel de las Fiestas de Primavera de 2013, de Chema Rodríguez, presidido por una bella dama de rostro melancólico y ataviada con un mantón, el mismo motivo que ya empleó Félix de Cárdenas en 1999. Y otro ejemplo: el cartel de la Semana Santa de 2005, de Francisco Cárceles, repetía el primer plano de la cabeza de la Buena Muerte dentro de una composición rectangular que ya usó una década antes Ricardo Suárez para el pregón universitario.
El mundo es de los que tienen ideas. Quien pintó a Felipe González en actitud desenfadada en la Moncloa, sacándolo de la habitual querencia del poder hacia la ortodoxia y la estética plana, ha usado ahora el calco para salir de un compromiso que merecía asumir más riesgo y un estudio previo más pausado y riguroso, como hicieron Francesco Clemente, Botero o Pérez Villalta cuando recibieron el mismo en cargo de la Real Maestranza. El tendido par elogió un “cartelazo”. El impar se ha dado cuenta del fiasco. Pañuelo verde.



Del aprobado de Galadí al zurriagazo de Rus

Carlos Navarro Antolín | 26 de septiembre de 2012 a las 21:59


Quienes siguen la actualidad compartirán la apreciación de que el presidente de la patronal sevillana, Miguel Rus, no es ningún provocador ni se caracteriza por endurecer el mensaje para que sus titulares ganen cuerpo. No es precisamente como ese impagable número dos de la patronal española que se ha especializado en asistir a todo tipo de debates, incluidos algunos de los que consumen más casquería que análisis del Ibex 35. Rus pegó ayer un aldabonazo que dejó al gobierno camino del otorrino, dio mucho más que un tirón de orejas a una gestión que aún no ha cumplido ni año y medio y sólo indultó la cabeza del turismo del titiriteo municipal. Un repaso que tuvo que impresionar a la mismísima oposición. (Por cierto, ¿sabe usted por dónde anda Juan Espadas?) Por la cara que puso el alcalde cuando se le preguntó por semejante lectura de cartilla, Zoido no se esperaba una nueva descarga de fuego amigo. En menos de una semana le ha caído lluvia ácida desde Gaesco y desde la CES, que no son los Astilleros ni proceden de la Corrala Utopía. La expectación por Zoido era elevadísima y el contexto socioeconómico es cada vez más zaino. Tan negro que la clase política no tiene apenas margen de error. Y a Zoido, que es político, se le perdona aún menos por lo aplastante que fue su victoria y el gran eco que logró dar a todas sus promesas. En política se opera con tarjeta Visa: las alegrías se pagan a partir del mes siguiente. Lo peor de todo es que semejantes descargas de trueno en la Plaza Nueva pueden obligar a gobernar con prisas, de forma aventurada y buscando el titular favorable con más nerviosera de la que ya de por sí caracteriza la mentalidad cortoplacista de cualquier ejecutivo. Es muy lógico que se le empiecen a exigir los primeros resultados a este gobierno, pero no deja de llamar la atención que los golpes más duros procedan del empresariado. Y eso que los comienzos fueron esperanzadores, porque Antonio Galadí, siendo aún presidente de la patronal sevillana en septiembre de 2011, concedió un “aprobado alto” al arranque del gobierno de Zoido en una comparecencia que tuvo lugar en el mismo club Antares donde Miguel Rus representó ayer una suerte de retirada de embajadores. De septiembre a septiembre. Rajoy sufre a Mas. Zoido padece a Rus. La maldición del monosílado cae sobre el PP. En el partido de la gaviota ya están temiendo que les pregunten por la gestión del Ayuntamiento a la Real Maestranza o al arzobispo Asenjo…