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Juan Bueno, profesor de E.G.B. en la Policía Local

Carlos Navarro Antolín | 17 de junio de 2014 a las 5:00

El delegado de Seguridad y Movilidad del Ayuntamiento de Sevilla, Juan Bueno, presenta la nueva propuesta de aparcamiento regulado por zona azul para la ciudad.
Al delegado de Seguridad y Movilidad del Ayuntamiento, Juan Bueno, se le ha puesto toda la cara de señor que exclama compungido: “Lamento tener que defender lo obvio”. Porque obvio es, o debería serlo, que el agente de cualquier cuerpo de seguridad del Estado salude y trate con educación a un ciudadano, no emplee horas de servicio en hablar por el teléfono móvil, se identifique cuando así se le requiera y presente un aspecto en líneas generales aseado, por referir exclusivamente aquellos requisitos que se prestan aparentemente a menor discusión, que ya se sabe que corren malos tiempos para la lírica y para el ejercicio de la autoridad y de su prima hermana: la disciplina. La lectura del borrador del primer reglamento de la Policía Local de Sevilla es una suerte de tratado de las buenas maneras, de capítulo especial que enfrentaba en paneles al “niño bien educado y el niño mal educado” en la E.G.B., aquellas iniciales que aludían a la primero denostada y ahora añorada Educación General Básica. Algunas de las normas incluidas en el borrador no son más que pautas del civismo más elemental, asumibles por cualquier ciudadano en su vida cotidiana. Cualquier vecino de fuera de Sevilla que lea detenidamente el borrador podría plantearse el grado de degradación al que ha llegado la Policía Local para que sea preciso imponer a los agentes unos modos de conducta elementales. Ahora que el sector del taxi se levanta en armas por las plataformas que organizan viajes compartidos entre particulares para ahorrar costes, conviene recordar una de las opiniones más difundidas por las redes sociales: más le valdría al taxi atender con más amabilidad, sin tanto rodeo y cuidar con más periodicidad el aspecto de los vehículos para justificar así el precio de la tarifa.
El gobierno local del PP, quizás para ir preparando el terreno de la negociación complicada que ahora arranca, accedió hace unos meses a organizar una campaña de mejora de la imagen de la Policía Local de Sevilla. Más le valdría a algunos agentes aplicarse una analogía de la solución planteada para el taxi: atender con amabilidad a los ciudadanos, sin chulerías, ni prepotencia, ni desdén; sin el postureo de un sheriff del asfalto. No hay otra campaña mejor que la de la labor realizada con diligencia y buena fe. El márketing jamás puede sustituir el trabajo bien hecho, ni es posible la reeducación por reglamento. Y el borrador del reglamento policial recuerda la reflexión de Romanones (que rima con galones) que suscitó aquel cartel ya comentado a la salida de un salón de celebraciones en la provincia de Huelva: “Prohibido armar escándalo a la salida”. Y alguien exclamó: “Dios, qué tropa…” Por las prohibiciones se conoce a la sociedad de un momento. Y hay sociedades a las que se les recuerda lo obvio: “Prohibido orinar fuera de la taza”.