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El caso Cifuentes en clave sevillana: nuestros botes de crema

Carlos Navarro Antolín | 29 de abril de 2018 a las 5:00

Cristina Cifuentes anuncia su dimisión

TODO ciudadano tiene un amigo, vecino o compañero con comportamientos en ocasiones raros, marcados por la anormalidad, el histrionismo o la obsesión. A una le da por hurtar dos botes de crema en un supermercado, como a otros por birlar la lámpara de un bar, llevarse los platillos de las chocolatinas del café del Alfonso XIII, o robar los rollos de papel higiénico de la biblioteca Infanta Elena. Que estas conductas se manifiesten en responsables públicos prueba que la jura de un cargo no imprime carácter. La gente no cambia. Es conocida sobradamente la fijación de la cabra por el mismo accidente geográfico. Seamos realistas. Los cambios en los rasgos más oscuros de una personalidad suelen ser a peor. Nadie mejora por entrar en política, acaso se suaviza por ingresar en un congregación religiosa o tal vez por superar una desgracia. El desempeño de un cargo público no equivale a recibir un sacramento. Muchos enloquecen con el acceso a determinadas comodidades, tanto como con el establecimiento de relaciones sociales de un nivel muy superior al que tenían antes de entrar en la política. No pueden volverse locos con los ingresos económicos porque en muchos casos los sueldos son injustificadamente bajos. Cuando algunos entran en política comienzan las anormalidades, el error de creerse impunes y, sobre todo, la convicción de que el pasado no existe, cuando, precisamente, el pasado de un político cuenta siempre con una indudable proyección de futuro.

En Sevilla ha habido casos de conductas anormales, excéntricas, de algunos responsables públicos. Pero no había cámaras de televisión. En la era en la que todo se graba conviene tener cierta cautela porque siempre hay quien está dispuesto a liberar la hormigas blancas del pasado, que ya no están en la lista de morosos del BOP, sino en los teléfonos móviles de los adorables compañeros de partido, que son los que guardan facturas, grabaciones e imágenes. Cuando el poder entra por la puerta de muchas casas, la ética sale por la ventana. Sólo el poder cotiza más que el dinero, por eso quizás quedan profesionales dispuestos a renunciar a sus ingresos económicos por un buen puesto en la administración. No todo es el dinero, pero sí lo es todo el poder. Por eso, si es preciso, se rescatan las penosas imágenes de un hurto marcado por el azul eléctrico de la vestimenta de una dama. Y por eso hay por estos lares quienes saltan de puesto en puesto de la administración auspiciados por sus propios partidos políticos, porque son personajes que saben demasiado, guardan demasiados papeles y generan ese miedo que se envuelve hipócritamente con el celofán del respeto. Van de pájaros cuando en realidad son ratas. Aprietan con facilidad el gatillo si es necesario para el oportuno y medido ajuste de cuentas. Se aprecia en las guerras internas de los partidos, en los relevos de los gobiernos de administraciones e instituciones, en los ordenadores borrados, en los archivos menguados, en las órdenes dadas al bancario para que no sople el modus operandi de los últimos años…

Esta sociedad de la crispación es propensa al zasca hiriente, a la humillación pública, al destrozo, a dar de probar esa comida que siempre, siempre, se sirve fría. La política es un duelo de alacranes, un submundo donde no hay amistades, sino aliados transitorios, no hay concesión de responsabilidades sino colocaciones para asegurar bocas selladas, no hay actos de justicia sino bofetadas indirectas al enemigo que siempre habita dentro, no se premia el espíritu crítico sino la docilidad, la sumisión, la disponibilidad para cualquier misión urgente. Y ahí Madrid es igual que Sevilla. Unidas por el AVE tanto como por los bajos fondos.

Un dirigente cofradiero de hace ya veinte años se negó un día a ser fotografiado a la vera de las imágenes titulares de su cofradía. Quiso que se ilustrara la entrevista con imágenes tomadas en la vía pública. “Mire usted, no es probable que me ocurra por mi educación y mis valores, pero soy humano y, si se me va la cabeza y algún día bebo más de la cuenta, me da por meter la pata con una señora o quiebra mi empresa de forma escandalosa, no quiero que nadie nunca pueda perjudicar a mi hermandad poniendo la foto de mi rostro junto a la cara de la Virgen”. Un visionario se llama.

El hurto de dos botes de crema hace siete años, quién lo diría, perjudica a las siglas de un partido político. Si la Cifuentes hubiera tenido el tacto de aquel cofrade, ese sentido de la anticipación, la capacidad de frenar cierto impulso y, por supuesto, no hubiera generado tantos enemigos, su destino sería hoy otro. Pero tal vez entonces no estaríamos hablando de política, sino de un mundo donde primaría el mérito y , por supuesto, se exigiría una especial ejemplaridad a los cargos, pero siempre sin perder la compasión que merece toda persona en momentos de humana debilidad. Claro está que los alacranes no son humanos.

En el caso de Sevilla no es que sea una ciudad más compasiva que Madrid, pero sabe mirar perfectamente tras el visillo y comentar cuanto ve a quien aguarda en el interior de la estancia. No nos sorprendemos, incluso digerimos, que hace años hubiera concejales pasados de tinto removiendo las estancias de su grupo político tras una sobremesa muy cargada, ni censuramos que un vicepresidente como Guerra juegue equívocamente con insinuaciones sobre falsas intimidades ajenas en un discurso de campaña en el atril de un prestigioso foro. Hemos presenciado cómo ha pasado por señorito quien no lo es por una foto en el betunero del Palace, un ataque de guante blanco perfectamente diseñado para denigrar a un potente rival. O hemos dejado caer reyes magos días antes de la cabalgata por asuntos del pasado delicados, personales y más que archivados, que trascendieron al estilo de lo ocurrido esta semana en Madrid. Y hay muchos más casos de ajustes de cuentas o de anormalidades que no se dicen, sólo se comentan. Aquí somos más finos, por ahora. Vemos, comentamos y dejamos el visillo echado.

Los árboles que hablan

Carlos Navarro Antolín | 8 de julio de 2014 a las 5:00

árboles que hablan
Ya está la vuelta al cole anunciada en los grandes almacenes con la premura que todo lo envuelve. Retornamos a las aulas en julio, comemos mantecados de Estepa (ojú, Estepa) a partir de septiembre, nos enteramos de quiénes son los reyes magos del Ateneo antes de la festividad del Carmen y quemamos incienso… cada dos por tres. Incienso se quema todo el año, que los tontos de la cuaresma que dura 365 días son conejitos de Duracell. Y duran y duran… Y no sabe usted lo que duran aún las tertulias sobre lo de la Macarena. Si a usted no le han preguntado si lo del cincuentenario de la Esperanza fue un éxito o una borrachera de actos es que sencillamente no es nadie en Sevilla. ¿Gowex? ¿Qué puñetas es eso de Gowex al lado de un sesudo debate sobre la idoneidad de interpretar la melancólica melodía de Suspiros de España a la Madre de Dios? Llena ahí y ponme un Gowex de ésos con coca cola, pero que sea light que así al menos nos metemos menos azúcar en el cuerpo.
La vuelta al cole en los grandes almacenes coincide con la pegada de carteles en los árboles que rodean a cada facultad. Son los mupis de la naturaleza, los tablones de anuncio de los ecologistas (en acción y parados, que de todo hay). Son los árboles que hablan cada vez que acaba el curso, heraldos de un cambio de liturgia en esa educación en la que los profesores cada vez son más débiles y los alumnos están cada vez más blindados gracias al primo de Zumosol que es la administración competente, autonómica por supuesto. Unos se van de los pisos y otros llegan. Ofrecen viviendas amplias para compartir, pisos de 40 metros cuadrados amueblados o habitaciones individuales. Y buscan chica o chico para repartir los gastos de un piso, que ahí sí que se distingue con toda precisión e intención lo del sexo. Ni paridad, ni cremalleras. Los chicos con los chicos y las chicas con las chicas. Los árboles cantan (las nubes se levantan) sin tener pájaros posados. O buscan pájaro, o buscan pájara. Cantan la llegada del verano y la proximidad de un nuevo curso en un mundo de prisas, de anticipación y de premura en la que todo se vive desde tres o cuatro meses antes de que se produzca.
-¿Y quiénes dice usted que son los médicos que harán de reyes magos este año? ¿Y de quién es hija la Estrella de la Ilusión?
-Yo no sé nada, sólo escucho el susurro de los árboles.
árboles que hablan (II)

La señorita Pepis en el Ateneo

Carlos Navarro Antolín | 26 de julio de 2012 a las 20:42

Ya tenemos reyes magos y portada de la Feria en una misma semana, la que empezó el 23 de julio y terminará el 29 con Velá de Santa Ana incluida. Han leído bien. Sólo falta que el Consejo de Cofradías nombre mañana al pregonero de la Semana Santa. Cuánta premura en dar a conocer quién será el Gran Visir, la Palas Atenea y el rey Gaspar, que por cierto será un republicano convencido: José Luis Escañuela. Debe ser cosa de las sublimes y cacareadas contradicciones de Sevilla. Lo mejor de todo es la nota de prensa del Ateneo y sus comentarios sobre algunas de las augustas designaciones. Del heraldo se dice que es una “joven mujer del siglo XXI trabajadora y vitalista”. De la Estrella de la Ilusión que “sus conocidos la definen como amante de la cultura y el arte, honesta, responsable y deportista”. Y del Gran Visir que entre sus aficiones “están el cine, el teatro, el arte, las antigüedades y el mundo de las cofradías”. Debe ser que el Ateneo ya no se fía de nadie tras aquella agria polémica de Melchor en la que casi le ruegan al sacristán de San Andrés el favor de que se subiera al trono, por lo que le han debido pedir a los interesados un certificado de antecedentes penales, la partida de bautismo y una suerte de declaración jurada de ser buenas personas. ¿No se requiere ser español, católico y buena persona para ser maestrante y que no te echen las bolas negras? Pues ya saben que para formar parte de la cabalgata en puesto destacado hay que ser vitalista, sociable, gustarte las antigüedades y otras pamplinas más de redacción escolar. Lo de las antigüedades debe ser porque polillas en el Ateneo hay para montar un puesto ambulante, ¿no? Que sólo hay que ver el chaqué de alguno para pedir presupuesto en el IAPH para el pasado a nuevo paño. El Ateneo está como la Junta de Andalucía de los años de derroche en publicidad institucional: imparable. Ya sabemos que los magos se eligen en julio, pero están todo el año atornillados en el sillón de la calle Orfila. Porque sólo con la magia se entiende que algunos sean capaces de aguantar el bochorno que llevan soportado y encargar notas de prensa del quimicefa o de la señorita Pepis. Para estar en la junta del Ateneo lo que parece que hay que tener es estómago (agradecido) y menos sentido del ridículo que un mosquito (echa aután, que pican). Lo dicho: imparables.
Coda: ¿No estaba en el Ateneo el tío que mandaba jamones para ser pregonero de la Semana Santa? Pican, pican los mosquitos…

Un vídeo sin cacas y al estilo de Fabio Capello

Carlos Navarro Antolín | 30 de noviembre de 2011 a las 21:55

El cacareado vídeo de los reyes magos adolece de un defecto. A estos magos impostados de Oriente les faltan las camisas de tirantes, los pantalones piratas y las chanclas que dejan ver las garras enlutadas del turisteo de la ciudad si de verdad de la buena los creativos de Zoido querían demostrar que sus sudorosas majestades están tan a gusto en Sevilla que se quedan a vivir en ella. Los podían haber puesto en la cola de uno de esos establecimientos desubicadores de cafe&tapas (¿Pero alguien en Sevilla pide un cortado con una cola de toro o una leche manchada con una urta a la roteña?), vagando por los santuarios de la camiseta que pueblan el barrio de Santa Cruz, regateando a las gitanas del romero que vivaquean por esa misma Plaza del Triunfo o sorteando las cacas de los jacos a los que aún no han puesto los dodotis. A este vídeo le faltan tantos recursos como las cacas de esa zona del entorno catedralicio. Es tan cortito que recuerda a aquellas promociones de los vídeos comunitarios de los años ochenta. El gobierno local dice que está encantado con la polémica porque ha generado en una sola jornada miles de descargas en las redes sociales. Parece que en materia de promoción turística lo que importa es el resultado, el 1-0 que da los tres puntos al estilo italiano y hasta la siguiente; el que hablen mal de mí, pero que hablen. Cuanto más ladra el PSOE, más cabalga Gregorio Serrano. Política resultadista, al estilo Capello.

¿Pero ustedes saben para qué le ha venido verdaderamente bien el vídeo al gobierno? Para que se olvide cuanto antes la fotografía dominical del alcalde vestido de tenista en la pista de la Copa Davis. Aquella sí que merecía un ojú como el que Melchor le dice a Gaspar en el vídeo sin cacas. Este vídeo no tiene cacas, pero tiene mucho de quite providencial para Zoido. La cosa no huele bien. ¡Curro (Pérez) dale el botoncito del vídeo, que el alcalde se ha hecho otro foto! Ojú. ¡Pero cómo ladran, cómo ladran! Guau, guau.