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Sevilla no deja solo a Feijóo

Carlos Navarro Antolín | 9 de abril de 2018 a las 5:00

PPcaja

Robles

DICEN que la gente que acude a los actos sin acompañante es mucho más de fiar que quienes siempre necesitan del calor almibarado de un séquito o saber de antemano con quién serán sentados a la mesa. La tarde del sábado terminaban las sesiones de la convención nacional del PP –en ese hotel de la Cartuja al que te lleva un taxi y te cuesta un ojo de la cara– cuando las distintas delegaciones organizaban sus cenas. Una vez que Cifuentes se cargó la convención y procuró que la delegación madrileña hiciera todo el ruido posible para parecer que el plenario cerraba filas en torno a su figura, el morbo estaba en conocer las afinidades de mesa y mantel: el quién con quién y dónde. Esa noche estaba convocada la cena de la delegación de Sevilla en el Asador Salas, el sitio favorito de socialistas como Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, hoy en la ejecutiva federal del guapo Sánchez.

El presidente gallego Alberto Núñez Feijóo estaba aparentemente sin compañía para esa noche cuando recibió numerosas ofertas de la militancia acreditada de Sevilla. Los Zidane (Arenas) y Pavones (Beltranes) del PP sevillano lo invitaron a su cena. En Sevilla encanta eso de agasajar al de fuera si se le ve despistado (casi tanto como se disfruta dándole la espalda al que se quiere colar). Sevilla, habitualmente cruel, no dejó sólo a Feijóo, como no dejó en soledad al rey sabio. Los peperos locales tejieron la madeja y se lo llevaron de parranda. Ocurrió –qué cosas– que el presidente Rajoy tampoco quería cenar solo y organizó su propia velada. Y a última hora se llevó a ella a algunos de los que habían citado a Feijóo en el asador. El poder es así, rompe las agendas de cualquiera en un minuto. El gallego llegó al asador del Arenal y no estaba la plana mayor que le había convocado: se habían tenido que ir con el presidente. En el asador faltaban las varas, pero estaban todos los tramos de cirios y penitentes de la cofradía. Y el gallego, considerado por el arenismo como el futuro del PP en España, disfrutó con la compaña y con la ensaladilla servida en bolas (uf), el revuelto de champiñones, los chocos bien separados para que parecieran más y esos platos de carne que incluye todo menú que se precie para que no falten las proteínas. A los postres en el asador sí llegaron ya la presidenta provincial, Virginia Pérez, y el candidato a la Alcaldía, Beltrán Pérez. El aparato sevillano, por fin, se movió de gallego a gallego. Hubo gran foto de familia (sin tortilla) que algunos ven como reveladora del futuro.

Rajoy, mientras, no se quedó solo en Robles. Compartió su litúrgico dedo de escocés (con agua y su cubito de hielo) en compañía, entre otros (y otras), de Juan Manuel Moreno Bonilla, Cospedal, Zoido y Arenas. Javié estuvo con Rajoy hasta el final, como estuvo en Valencia en aquel congreso donde el registrador casi se queda con la brocha en la mano cuando la Aguirre le quería birlar la escalera. Arenas no lo dejó solo. Y eso que Rajoy nunca lo ha hecho ministro. Y ganó el congreso del PP de Sevilla por 24 votos, como 24 fueron los caballeros que entraron con San Fernando en la ciudad, el hijo del rey sabio. La historia no se repite, es la misma. A río revuelto, ganancia de la hostelería.

Zoido y sus 80 millones de chinos en el taco

Carlos Navarro Antolín | 10 de enero de 2012 a las 21:09

Zoido nos quiere llenar el centro de chinos en verano porque al parecer en esos meses viene demasiada poca gente a ver la Catedral, el Alcázar y los bares de Robles, que son de los pocos que hacen caja en agosto. El alcalde no precisa si serán chinos lavados, como ese pavimento idóneo para las construcciones exteriores, no me sean malpensados tan rápidos, pero verdaderamente convendrá que lo sean por aquello de los cuarenta grados a la sombra. Zoido nos ha llenado las calles en Navidad de un montón de noveleros venidos hasta de fuera de Sevilla para alzar el teléfono y sacar fotos de lo “preciosísima” que estaba la Avenida, porque hay que ver lo preciosa que estaba, señora, con lo feísima que la tenían los tíos de antes que ahora desfilan por los juzgados con disciplina y puntualidad cofradiera. Después de la que este hombre ha liado en Navidad, ahora quiere llamar la atención de “los 80 millones de chinos millonarios que viven en China”, según ha dicho literalmente en ese sitio tan solemne que es el Salón Santo Tomás del Ayuntamiento, que digo yo que en ese lugar se hablan las cosas serias de la ciudad. Por eso hay que tomarse muy en serio lo de Zoido y sus 80 millones de chinos en el taco. Pues yo, como Santo Tomás, tengo que ver para creer que de verdad aterrice en San Pablo tantísimo chino entre el Corpus y San Miguel. Si así fuera ya vemos a Robles multiplicando los aspersores de las terrazas de sus bares para refrescar a tanto chino (lavado), porque otra cosa no podrán ver, a no ser que le prorroguen el contrato al tío de los camellos de Matalascañas que pobló la Encarnación en las pascuas. El Ayuntamiento dice que está preparando un vídeo como el de la Navidad para atraer a los turistas en verano. Si Sus Majestades de Oriente estaban sesteando en la Plaza del Triunfo en pleno diciembre con el termómetro volando bajo como el grajo, ya me dirán ustedes con que nos sorprenderá la Factoría Serrano (Gregorio) para que no se note la caló de Sevilla de julio y agosto. ¡Montones, montones de aspersores como los de las terrazas del Laredo y El Cairo para esos chinos millonarios! Ya lo advertía un ciudadano en precampaña hartito de oír tanta promesa: “A Zoido sólo le falta prometer que acabará con la caló de Sevilla”. Pues ahora quiere llenarnos las calles de chinos en verano. Está claro que para viajar a Sevilla en agosto hay que ser tan… chino como un chino. Pero la mar de chino, en el preciso grado máximo de eso que usted y yo estamos pensando de chino. “¿Le puele dal otla vez al cholito del agua, camalelo, me pasa el búcalo y me busca pol favol el teléfono de Don Zoilo que le voy a decil dos palablitas?”

Cambio de régimen, cambio de tabernero

Carlos Navarro Antolín | 9 de enero de 2012 a las 17:36

Decid niños que quéreis ser de mayores. Y los niños dijeron que Pedro Sánchez Cuerda, cuyos negocios hosteleros se reproducen como hongos en tiempos en que los empresarios retiran la infantería antes de acumular más heridos. El grupo La Raza se asentó en 2011 a la vera del Salvador con tres negocios tres sobre el redondel. Y ya ha colocado una pica a los pies de la Giralda con el Flaherty, que reabrirá en primavera, mitad para despachar pinta de cerveza irlandesa, mitad para capotes de melva. Cualquiera diría que Sánchez Cuerda es el tabernero emergente del régimen que dicen que viene. Una evolución con varios hitos. De Juliá a Robles. O lo que es lo mismo, del canapé del medio tomatito sobre microanchoa que ha probado media Sevilla en bodas, bautizos y comuniones a los postres en platos coloreados al estilo Kiko Argüello. Y de Robles a Sánchez Cuerda. O lo que es lo mismo, del PSOE de los años de la leyenda de la cabra que ganaba las elecciones a este PP que está quitándole ya las pelusas a las alfombras de San Telmo. Por los taberneros se sabe dónde está el voto. La transición no se acabó con la primera mayoría absoluta de Aznar, como dicen algunos historiadores. La transición, al menos en Andalucía, no concluirá cuando el PP gobierne en Dos Hermanas ni cuando Pepe Lugo sea concejal del Ayuntamiento de Sevilla, que ya va siendo hora, sobre todo de lo segundo porque el 22 de la lista de Zoido no puede tener mejor cartel. No, no, no… La transición en Andalucía acabará cuando a Sánchez Cuerda le adjudiquen servir las comidas en los salones de San Telmo. Si para entonces queda algo que servir. Y si los niños siguen teniendo ilusión por ser mayores.