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Sanz se quita el luto

Carlos Navarro Antolín | 20 de mayo de 2015 a las 5:00

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PASÓ el luto para el alcalde de Tomares. Han sido meses muy duros para José Luis Sanz, que pasó de aspirar a la presidencia de la Junta de Andalucía a enrocarse en el municipio que preside desde los tiempos en que prometió un teleférico para que sus vecinos llegaran rápido a Sevilla sin soportar las retenciones de los años del boom económico, parcelita en el Aljarafe y barbacoa para el domingo. Sanz se ha pasado más de un año cuestionado, con su apellido en los titulares de las informaciones de tribunales. Sanz ha visto a sus correligionarios de Sevilla firmarle los avales para ser presidente del PP andaluz y, menos de doce horas después, ha presenciado cómo esos papeles eran engullidos por la trituradora mientras los firmantes prestaban su aval al aspirante elegido por el dedo de Mariano Rajoy. Ser testigo de esa evolución, aparte de constituir una oportunidad inmejorable para el conocimiento profundo de la condición humana, debe imprimir carácter, como ocurre con los sacramentos. El caso es que Sanz y Cospedal perdieron frente a Mariano Rajoy y… Javié. Javié no hay más que uno y sigue con la ruta de los pueblos sin pisar la capital hasta el desembarco de Rajoy de hoy. A Sanz le arreciaron los mensajes el día en que los que eran de José Luis siempre habían sido de Juanma (Moreno Bonilla). Lo animaban a dar el paso y desafiar la decisión del aparato en un partido eminentemente presidencialista. Incluso algún mensaje hubo desde la alta cúpula de Madrid para que saliera del burladero. Pero no lo hizo. Se quedó mordiendo la esclavina. No nos engañemos: nunca ha sido su estilo hacer política a contraestilo. Hubiera sido sobreactuar. Era como pedirle a Sanz que cogiera la guitarra y animara la fiesta. Y Sanz no es el mejor acompañante de una juerga, pero no por aburrido, que no lo es, sino por finura y frialdad.

Ahora que el Tribunal Supremo ha aliviado de sus hombros el peso de una losa, dicen que Sanz está recordando las zancadillas, evocando lo que pudo ser y no fue, haciendo inventario de quienes han estado junto a él en las horas difíciles (Amicus certus in re incerta cernitur) y haciendo una campaña electoral más en la moto que en los mítines. Es de los pocos candidatos del PP que tiene opciones firmes de repetir la mayoría absoluta. Sanz las mata callando. No nos referimos a ningún ánimo de venganza, sino a su estilo de hacer gestión: de casa en casa, de vecino en vecino. No hay ni habrá teleférico, pero sí hay pista de hielo en Navidad, un rosario de parques nuevos que disparan la ratio de metro cuadrado de zona verde por habitante, de aceras y pasos de cebra pintados con tiralíneas y hasta un Ayuntamiento diseñado por Vázquez Consuegra, símbolos de una localidad con un nivel de vida alabado mucho más allá de Sevilla. Todo eso hay, es cierto. Pero también tiene enemigos declarados con vocación de eternidad, fruta amarga para este pepero metido de lleno en la macedonia de la política de cada día.

Fue cirineo de Zoido en la aventura regional. Zoido perdió y él fue el efecto colateral de la derrota. Lo dieron por acabado, pero se está levantando. Sanz es un político de silencio, de vagón de AVE sin ruidos que encima se impuso el luto mientras duró la penitencia judicial, la pena de telediario, la sentencia de la calle, el juicio cotidiano que nunca se celebró con togas. Algún día tendrá que contar las cuitas de todos estos meses, el empecinamiento de la fiscal jefe, los silencios de algunos de sus adorables compañeros de partido….

El luto ha quedado levantado. No es que Sanz sea un emoticono sonriente de los que se usan en los mensajes de telefonía móvil. Todavía no se ha inventado el emoticono apropiado para Sanz: el que se ríe hacia dentro, sin publicidad. Este lunes, en plena campaña electoral, el alcalde de Tomares se pegó un paseo por el municipio, acompañado por el comunicador Carlos Herrera. Sin prensa ni más testigos que algún destacado miembro de su cuadrilla y el ramillete de vecinos sorprendidos por la escena. Hubo visita a la hermandad del Rocío, a cuyos hermanos siempre canta la sevillana si tienen penas o alegrías. Herrera procedía de la aldea onubense y se paró en Tomares antes de seguir la ruta hasta Sanlúcar de Barrameda.

Sanz se ha quitado el luto. Todo lo que un sevillano fino y frío se puede quitar el luto. El domingo, puerta grande o enfermería.
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Las verdaderas amenazas para la Catedral

Carlos Navarro Antolín | 27 de agosto de 2013 a las 12:08

Fotos de la contaminación visual de tiendas y restaurantes en la calle Alemanes, entorno de la Catedral
De qué sirve preocuparse por las farolas del centro histórico si un buen día llega un tío y te monta enfrente de la Catedral de Sevilla un comedero de kebabs con rótulos fluorescentes y el correspondiente pestazo. Para qué un cuerpo de técnicos que inspeccionan hasta la mínima obra de sustitución de un pináculo o de un pretil si el estruendo visual de camisetas y el despliegue de la chabacanería de souvenirs al uso se encargará con toda eficacia de romper el encanto del gótico, su sentido ascendente y la penumbra misteriosa de la montaña más hueca de la ciudad. Para qué tanto arremeter contra los bancos de Ikea (microdenuncia) o la Torre Pelli (macrodenuncia) si los alrededores de la Catedral en agosto son una versión de Benidorm con adoquines en lugar de playa. Ningún gobierno local ha querido realmente regular la estética del espacio de la ciudad al que rimbobantemente se denomina como patrimonio de la humanidad (Catedral, Alcázar y Archivo de Indias). Lo único meritorio que se ha hecho fue la supresión del aparcamiento de autobuses turísticos delante de la Puerta del León. Porque la peatonalización de la Avenida ha sido una de las mejores ideas peor ejecutadas que ha habido en la ciudad en la última década. Monteseirín nos dejó una Avenida inhóspita para el peatón, sin sombra y en la que los nuevos y mañarianos amos y señores de la ciudad, los ciclistas, campan a sus anchas sin que tampoco Zoido sepa ni pueda enseñarles a muchos de ellos la educación que no han mamado en sus casas. La instalación de losas de pizarra en el entorno del templo fue una chapuza palmaria que, además, originó todo tipo de leyendas sobre supuestas mangoletas y traslados del antiguo material de losas de Tarifa a chalés de afamados constructores. Quizás el entorno de la Catedral no sea más que ese mar de mal gusto donde desemboca el río estrecho de Mateos Gago donde navegan sillas, camareros marineando de mesa en mesa, letreros con pizarras de colores que anuncian los noveleros rulos de queso de cabra, coches particulares, paradas de taxis y puestos de camisetas, todo lo cual con sus correspondientes afluentes de callejuelas con más comercios-cochambre donde pocas son las excepciones de buen gusto. El Ayuntamiento siempre ha tenido una posición acomplejada a la hora de cuidar este entorno, muy distante del celo con el que el Vaticano cuida la Plaza de San Pedro y sus alrededores (donde a los turistas no se les permite sentarse en el suelo) o del que las autoridades municipales romanas ponen para velar por la estética y el comercio de la Piazza Navonna. Y mucho más próximo tenemos el ejemplo religioso de la Romería del Rocío, en la que el bando del alcalde establece cada año las normas que velan por el ambiente tradicional de la cita y la armonía estética de la aldea, y el ejemplo laico de la Feria, con unas ordenanzas que fijan los cánones estéticos hasta de las pañoletas siguiendo la escuela de Bacarisas. Censuran la Torre Pelli quienes son incapaces de cuidar por el decoro apropiado de los alrededores de un monumento que hasta julio de este año ha recibido 755.000 visitas. Lo escribía en este periódico el arquitecto Juan Ruesga: “A veces tengo la sensación de que nos perdemos en el detalle de una farola sin darnos cuenta que son los servicios los que conforman en gran medida la imagen de la ciudad”. Un paseo por los alrededores de la Catedral, con la vista predispuesta a evaluar esos servicios que constituyen en buena parte la arquitectura del concepto de estética de una ciudad, termina en depresión…o en rulo de queso. Cualquier cosa antes que el kebab.
Fotos de la contaminación visual de tiendas y restaurantes en la calle Alemanes, entorno de la Catedral