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La arenga del PP a puerta cerrada

Carlos Navarro Antolín | 9 de septiembre de 2018 a las 5:00

VIRGINIA PÉREZ, JAVIER ARENAS

ESTA semana hubo cónclave del PP sevillano. Junta Directiva Provincial se llama. El curso ha comenzado sin la asistencia del responsable de seguridad. El PP mejora, ya no se intuye un grado de tensión que haga necesaria la presencia de ese señor corpulento que ha evitado más de una gresca. Arenas estuvo. En su ausencia o presencia (según conveniencia) estaba el morbo. Yestuvo, esta vez en primera fila junto al veterano Felipe Rodríguez Melgarejo. Habló Arenas al final para felicitar a la presidenta Virginia Pérez por su discurso, el mejor desde que es presidenta. Lástima que la reunión fuera a puerta cerrada. Y habló Melgarejo que, como siempre, abogó por un PP sin complejos en asuntos como TVE, la exhumación de Franco, etcétera. Se percibió, apuntábamos, un cambio en el discurso de la presidenta, que no hizo ya ninguna referencia a asuntos internos. La presidenta preparó una intervención netamente política, una suerte de arenga dirigida a la militancia del PP en clave nacional. Parece el inicio, esta vez sí, de un tiempo nuevo en la formación sevillana tras tiempos convulsos. Tal vez Virginia Pérez quiere seguir el mensaje de Casado en el congreso extraordinario de julio, cuando recién investido como presidente proclamó en el plenario del Hotel Marriot: “¡Ya no vamos a perder ni un minuto más en hablar de nosotros!”. Y la presidenta parece que se ha tomado la labor con entusiasmo al emplear un tono más político, más crítico, más duro, más directo y más irónico. Se dirigió a la junta de pie, ante el atril, “algo que sé que no es habitual”, dijo ella misma.

En el congreso extraordinario, como era obligado, no se pudieron debatir ponencias, razón por la que la presidenta se felicitó de que el nuevo PP de Casado haya convocado para diciembre una convención nacional: “Estaremos el 1 y 2 de diciembre donde toque estar. Allí estará el PP de Sevilla. Se nos están complicando las cosas como españoles. No es que se nos estén complicando las cosas políticamente a nosotros, individualmente o como dirección política”. Pérez cargó contra directamente contra el presidente Pedro Sánchez y sus socios de investidura: “Hicieron una moción de censura contra España, contra todos los españoles”. Reconoció que aún no habían pasado los cien primeros días de Sánchez en la presidencia: “Pero estamos en casa, aquí me voy a permitir criticar lo que quiera criticar. Sánchez es un presidente legítimo por la Constitución, pero ilegítimo porque no lo ha votado nadie. Me preocupa enormemente ver lo que han hecho en 95 días con tres semanas de vacaciones. ¡A Dios gracias que han sido tres semanas de vacaciones! Yo espero que este hombre, aunque sea ateo, coja las vacaciones de Navidad, Semana Santa y todo lo que le den”. Censuró el estilo de gobierno de un presidente en minoría:“¡Ancha es Castilla con los decretos! Pretende modificar las atribuciones del Senado. ‘Tengo una varita que se llama decreto y ¡pam!’. Pero es que va a más, es que este señor –dijo– al que no lo votó nadie porque tiene 84 diputados, se levanta un buen día y se plantea conseguir los votos de Podemos. Ya está. ‘¡Vamos a sacar a Franco del Valle de los Caídos!’ ¿Modificando la Ley de Memoria Histórica? No, por decreto. ¿Qué es la Transición, por Dios, teniendo una herramienta como el decreto en la mano?”.

La mayor parte del discurso fue de asuntos de política nacional. Un cambio de táctica por elevación. “Mirad, yo nací en democracia y no soy precisamente muy joven. Yo nací con una Constitución. Que venga este señor a decir que por decreto, por urgente necesidad, hay que abrir una tumba… Este señor, con todos mis respetos, se lo tiene que hacer mirar. Es lamentable y preocupante. Sí, es preocupante porque tiene la varita del decreto. Este señor decide cambiar el Código Civil por decreto para que se le pueda quitar la patria potestad a un padre con un informe de los servicios sociales. ¡Yo no veo a nadie salir a la calle, ni siquiera a nosotros, no nos oigo!. Me gustaría oírnos ahora por lo menos una cuarta parte de lo críticos que fuimos con nosotros mismos. La situación lo requiere, no estamos hablando de ninguna tontería. Estamos hablando de la Transición, de nuestra democracia, de nuestro Congreso, de nuestro Senado, de nuestras casas, de nuestros hijos.. ¿Dónde estaría un presidente del Gobierno del PP con 84 diputados si anunciara, solamente anunciara, alguna de estas medidas?”.

La presidenta del PP sevillano también se refirió a la fuerte polémica del huido Puigdemont y el juez Llarena. “¿Tú qué tipo de presidente eres?”, preguntó retóricamente a Pedro Sánchez. “Y sigo sin oírnos, quiero oírnos porque nos tendrán que escuchar. Quiero un presidente del Gobierno que se ponga de pie y que diga que a mi Justicia, la de mi país, no la juzga nadie. Pero a nosotros… No nos oigo”.

Repartió estopa también a la ministra de Trabajo, Magdalena Valerio: “Sale una señora diciendo que le han metido un gol con un sindicato de prostitutas… ¡Y tampoco nos oigo! Y eso ha pasado hace cuatro días. Esto es para pensarlo, es muy serio lo que está pasando con el gobierno de nuestro país. Por decreto hacemos una purga en RTVE y no pasa nada. A este paso van a echar al bedel de TVE porque votó a la UCD. Cuando uno es de izquierdas es inmune, no pasa nada. ¡Y yo sigo sin oírnos! Quiero que eso cambie”.

Refirió la presencia de Casado en Algeciras el pasado verano: ““He oído a Pablo Casado hablar de inmigración. Lo hemos tenido en Andalucía. Hemos conseguido que pongan otro centro de acogida de menores en otro municipio donde gobernamos. Han desaparecido 80 chavales, no sabemos dónde están estos chiquillos, que vienen a buscar un futuro mejor, no vienen de vacaciones. Alguien tendría que explicarlo. Se nos tiene que oír cuando lleguen las elecciones tenemos que ganar por nuestros hijos”.

No hubo alusiones ya a los problemas de convivencia generados por el congreso provincial. Tampoco asistieron muchos de los cospedalianos que se pasaron al bando de Casado. Ni los diputados Zoido y Tarno, ni el senador Sanz, alcalde de Tomares. Éste último gozó en la feria de su pueblo de la compañía del alcalde de Vejer, José Ortiz, hoy secretario del Grupo Popular en el Senado. Ortiz es de los escasos casadistas pata negra del mapa andaluz. El caso es que por un motivo u otro tanto en Sevilla como en Andalucía, el casadismo está pendiente de fundación. Todavía no tiene su particular foto de la tortilla. Unos no lo apoyaron nunca, otros lo apoyaron en segunda instancia por conveniencia que rima con supervivencia. ¿De quién fiarse en el Sur, Pablo?

Los puyazos de Arenas

Carlos Navarro Antolín | 15 de septiembre de 2016 a las 5:00

JUNTA DIRECTIVA NACIONAL DEL PP
DE Manuel Chaves se decía en tiempos que no tenía ningún complejo en remangarse y ponerse a trabajar en cuestiones propias de fontaneros de partido. Es verdad que así lo hizo en 1999, cuando acudió a casa de Rojas-Marcos para negociar directamente el pacto de gobierno que devolvió la Alcaldía a los socialistas. No delegó en cargos orgánicos ni en mediadores. No le importó desplazarse a casa de un particular pese a su condición de presidente de la Junta de Andalucía. Se bajó del pedestal, cogió el pico y la pala y se marchó hasta la calle Castelar, milla de oro del andalucismo en los buenos tiempos, a remover la tierra y edificar los pilares de un acuerdo de gobierno. Desde allí telefoneó al consejero Francisco Vallejo: “Hay que hacer el Metro de Sevilla. Sí, como me oyes”. El PP se durmió, dio por hecho que se revalidaría el pacto con los andalucistas por tercera vez y no supo ver que la inacción de sus cargos, sumado al odio africano que ya enfrentaba a los dos líderes en liza (Alejandro y Soledad, Soledad y Alejandro), hacían imposible el acuerdo. Arenas debió aprender entonces que la distancia es el olvido, el globo picado que pierde fuerza con lenta cadencia, la esponja apretada que se reseca al perder el agua. Por eso el pasado viernes, tantos años después, se remangó, se subió en el tren de alta velocidad por enésima vez (Felipe González creó el AVE pensando en Arenas) y vino a poner orden en el polémico comité del PP sevillano, una suerte de jaula de grillos donde su descendencia política anda a la gresca desde julio. Dos bandos. Unos batallan en su nombre y otros en el de Dolores de Cospedal.

Arenas usó su condición de vicesecretario general para presidir el comité sevillano. Y también empleó su autoridad moral y su siempre solvente oratoria para propinar esos puyazos dirigidos a la muchachada díscola, a todos aquellos a los que ha amamantado cuando eran sus cachorros políticos y que, al final, son los cuervos que quieren sacarle los ojos.

Se le nota a leguas. Arenas está muy decepcionado con Juan Ignacio Zoido, Juan Bueno, Ricardo Tarno, José Luis Sanz… Y a su vez todos ellos están hartos de las tutelas del lince de Olvera. Incluso el líder regional, Moreno Bonilla, ha flirteado contra natura con los sevillanos antiarenistas por si sacaba tajada del conflicto, ya que no hay nada que una más que el enemigo común.

En el tenso comité del viernes, celebrado a puerta cerrada, Arenas, aficionado a arrancar los discursos con referencias a la actualidad nacional, auguró que al PP le irá bien en las elecciones de Galicia. Y sobre las del País Vasco, donde siempre ha estado personalmente volcado, hizo un ruego: “Tenemos que hacer lo posible para que nuestros compañeros vascos sientan el calor del PP de Sevilla”.

Colocado el toro del comité en suerte tras los trasteos iniciales con la política española, comenzaron las puyas en clave local. Arenas trufó su discurso de referencias a sus buenos resultados electorales siendo candidato a la Presidencia de la Junta y número uno al Congreso de los Diputados por Sevilla. Todo un mensaje a Moreno Bonilla y a quienes se han emborrachado en la primera taberna de un empate en número de escaños en Sevilla en las últimas generales: “En 1994 ya gané en las ocho capitales andaluzas en unas autonómicas…”. Más perlas, más puyas, más recados: “Cuando tuve el honor de ganarle unas elecciones al PSOE…”. “Nuestro referente deben ser los cinco diputados nacionales de 2000”, todo un puyazo a los que descorchan el cava por sólo cuatro escaños. “Nuestro referente deben ser los 20 concejales de Zoido y los siete diputados autonómicos por Sevilla”, instando al huir del conformismo. Sabida es la teoría de Arenas por la que prefiere ser segundo con un 40% de votos que no primero con sólo el 20% de sufragios.

Y el gran mensaje: “Tuve el honor de ganar al PSOE unas elecciones autonómicas, no pude gobernar y decidí dar un paso atrás. En un partido se pueden trabajar de muchas maneras. Por eso desde aquel momento decidí trabajar desde un segundo plano. En política hay que saber cuándo hay que pasar a un segundo plano”. Zoido, que se aferra al palomar del Ayuntamiento y que no pudo gobernar tras las municipales de 2015 tras el descalabro que supuso la pérdida de 60.000 votos, estaba en primera fila oyendo la lección de su antiguo padrino.

Arenas denunció una circunstancia poco conocida:es inadmisible que haya 23 pueblos sin concejales del PP. “Me emplearé a fondo para que el partido presente listas en todos los pueblos”, dijo dejando entrever que estará muy encima del PP sevillano. Fue todo un aviso a Juan Bueno, presidente provincial, para que tome nota de que el padre natural del centro derecha sevillano no está dispuesto a abandonar el hogar levantado a golpe de furgoneta por los municipios de la provincia, en los duros años en que iba reclutando perfiles moderados para sustituir a los vecinos más próximos a los ideales de Fuerza Nueva.

“En los partidos es muy importante la unidad, las bases de unidad se asientan en el respeto a la opinión discrepante, en el trabajo intenso que sirve para unir a los compañeros, en rodearse de los más inteligentes, a ser posible más inteligentes que tú, aunque no sean tus amigos…”. En este momento se torcieron algunos gestos.

Arenas habló, riñó, logró controlar un comité en el que los oficialistas (sus hijos díscolos) no pudieron sacar adelante los nombramientos de dos nuevos vicesecretarios con los que Bueno y Zoido pretendían blindar la cúpula del partido. Despojar a Virginia Pérez de las funciones de secretaria general ha tenido un precio: ver a Arenas remangado para luchar por el control del PP de Sevilla y anotarse una nueva victoria. Esas victorias parciales que tienen el sabor de un arroz de Becerrita, la sensación relajante de un partido de pádel recién terminado en Antares, los destellos de miel dorada de un dedito de Cardhu.

El PP de Sevilla entra en alerta roja

Carlos Navarro Antolín | 12 de julio de 2016 a las 5:00

El presidente del PP en Sevilla, José Luis Sanz, y el secretario general del PP Sevilla, Juan Bueno, mantienen un encuentro con cargos electos del PP.
NUNCA antes un presidente provincial del PP sevillano se había sometido a una suerte de moción de confianza ante un comité ejecutivo que supera de largo el centenar de miembros y que, por lo tanto, es difícilmente controlable. Nunca antes un presidente provincial ha convocado un comité ejecutivo que evidenciará –necesariamente– una fractura interna en una formación que, paradójicamente, debería estar navegando con el viento a favor de unos resultados electorales meritorios. Nunca antes un presidente provincial había incurrido en el mismo “error” del que ha venido acusando a sus críticos: maniobrar en momentos de especial delicadeza política. Los críticos se movilizaron en las vísperas de las elecciones generales, y él lo hace cuando el PP trata de formar Gobierno en España y deberían quedar pocos meses para un congreso provincial.

El PP de Sevilla entra en alerta roja tras unos meses convulsos en los que han ocurrido todos los hechos insólitos que ha ido narrando este periódico con puntualidad: el nacimiento de un movimiento crítico (la conocida como Operación Manijero) que apuesta por una renovación del partido que orille a los rostros tradicionales que han venido asumiendo la presidencia casi por turnos. Esos críticos han logrado que por primera vez haya destacados dirigentes y militantes que se retratan, nunca mejor dicho, frente al aparato oficial. Lo hicieron el Miércoles de Feria en la caseta El Manijero. Y lo volvieron a hacer en ambiente festivo el Día de San Fernando.

Juan Bueno quiere cesar a la camarlenga. No aguanta más. Quiere librarse de su número dos, Virginia Pérez, a la que él y, sobre todo, su entorno de influencia, consideran un lastre. En realidad quiso librarse de ella el martes 28 de junio, sólo cuarenta y ocho horas después de las elecciones generales, tal como avanzó este periódico, pero dio marcha atrás al comprobar que los resultados del partido fueron boyantes en Andalucía y en Sevilla. No se hubiera visto con buenos ojos una maniobra de este tipo con el salón de celebraciones oliendo aún a lejía. Bueno llegó a enfrentarse a gritos con la camarlenga en una reunión informal celebrada en la sede del partido con numerosos militantes como testigos a escasos días del 26-J. La camarlenga también se mostró públicamente en contra de los “personalismos” en alguna ocasión, en clara alusión a Zoido. Pero todas estas discrepancias y desavenencias no se habían traducido hasta ahora en un orden del día cargado de hostilidad.

Pasados ya los fastos de los triunfos –bastante forzados en algunos casos– la realidad se impone. Los rostros tradicionales del PP sevillano fuerzan a Juan Bueno a promover el cese de Pérez. Bueno tiene que jugar a contraestilo. La maniobra es dura y confirma todos los acontecimientos convulsos que ha vivido la estructura del partido estos meses, unas aguas revueltas que algunos han reducido interesadamente a movimientos de escasa entidad. No serían los hechos de tan poca importancia cuando un presidente provincial emprende una operación de alta volatilidad como es la de querer librarse de su secretaria general.

Juan Bueno es un tipo afable, de sonrisa fácil, leal al poder establecido, que ha aguantado de Javier Arenas todo lo que ha podido aguantar. Está considerado la cara amable del aparato, pero está fuertemente influenciado por varios personajes, sobre todo por un veterano como Ricardo Tarno, que ejerce una especie de padrinazgo.

El presidente provincial necesita el refrendo del comité ejecutivo para cesar a la camarlenga, una apuesta cargada de riesgo, de ahí que no pocos militantes vean la jugada como un plebiscito en torno al propio funcionamiento del PP de los últimos lustros, porque Bueno representa para muchos la continuidad de los últimos presidentes: José Luis Sanz, senador y alcalde de Tomares, y el citado Ricardo Tarno, diputado nacional y ex alcalde de Mairena del Aljarafe. Los críticos tienen ante sí la oportunidad de demostrar su fuerza, de enseñar músculo más allá de instantáneas sonrientes en las redes sociales.

La cita es mañana a las seis de la tarde en el Hotel Ribera Triana. El mensaje de convocatoria enviado por sms dice textualmente: “Te convoco, comité ejecutivo provincial, extraordinario y urgente”. Y el orden del día tiene tres puntos. El primero se titula simplemente “Excusas”. El segundo es la clave: “Revocación de la delegación de funciones de la Secretaría General en la Vicesecretaría General del PP de Sevilla, aprobada en el Comité Ejecutivo Provincial el pasado 27 de julio de 2015”. Y el tercero: “Informe del presidente”. Virginia Pérez hace las veces de secretaria general del PP de Sevilla desde hace once meses, pero en realidad es coordinadora general, pues los estatutos de Génova obligan a que la secretaría general recaiga en alguno de los 22 vocales del comité ejecutivo. Y Pérez, portavoz del PP en la Diputación, no forma parte de ese elenco, por eso nunca ha sido oficialmente secretaria general. Es decir, el partido le hizo un traje a la medida para que fuera la número dos. Y ahora, en menos de un año, el presidente provincial quiere prescindir de ella cuando hace dos semanas se han obtenido unos resultados más que favorables en unas elecciones en las que se manejaban unas israelitas que anunciaban catástrofe. Pérez ha sido, de hecho, la coordinadora de la campaña en la que el PP ha conseguido por vez primera empatar a cuatro diputados con el PSOE en la circunscripción sevillana.

El resultado del comité de mañana dejará heridos en cualquier caso. Y eso se considera una torpeza hasta por algunos oficialistas. Si Bueno se sale con la suya, Virginia Pérez dejará las funciones de secretaria general, pero la convivencia en algunos ámbitos será imposible, pues sigue siendo la número tres de la regional, continúa como portavoz en la Diputación Provincial y hasta como vicesecretaria general del propio PP sevillano. ¿Promoverá Bueno su expulsión de alguno de estos cargos?

Si, por el contrario, el presidente provincial pierde la votación, será él mismo quien tenga que asumir la responsabilidad de haber quedado desautorizado. Este comité “urgente” no tiene excusa posible, por usar el mismo término del primer punto del orden del día. Menos aún si se conoce medianamente el perfil de Juan Bueno, hasta ahora un corredor de fondo poco amigo de las escapadas. El PP de Sevilla está en alerta roja cuando ha vivido su momento electoral más dulce. Paradojas de la política.

El futuro del PP sevillano

Carlos Navarro Antolín | 8 de mayo de 2016 a las 5:00

Sede regional del PP. Juanma Moreno preside el Consejo de Alcald
EL líder oficial del centro-derecha andaluz se debió quedar ojiplático en el desayuno celebrado el miércoles en Antares. Por momentos pareció encoger en el traje de raya diplomática. Pareció apretarle la corbata de Jueves Santo. ¡Con qué virulencia habían planteado ciertas preguntas algunos de los asistentes a la hora de escrutar el futuro del PP de Sevilla! Moreno Bonilla estaba en el club Antares, no vayan a creer algunos que se trataba de una asamblea de los astilleros en días de intifada de carreteras cortadas y neumáticos como teas. El público era de farolillos, de gente que trae puesto el desayuno y el traje azul, que eso de tomar pastas o bollería industrial dispara el colesterol. Un auditorio nada subversivo y con esa crueldad que es marca de la casa sevillana, sin el menor detalle de piedad para con el pato cojo, animal al que no se debe disparar porque está en retirada. ¡Cómo disparó el público contra esa suerte de pato cojo que es ahora el PP de Sevilla!

El moderador, Javier Caraballo, tuvo que resumir una serie de preguntas que cuestionaban cuándo desaparecerían las “camisas viejas” del PP hispalense. Cáspita, la derecha pidiendo la revolución en sus propias filas. En otras preguntas apretaron puyas mucho más afiladas. Ese mismo día todos los periódicos difundían una afirmación del presidente de la patronal sevillana, Miguel Rus:“En diez meses me he reunido más con Juan Espadas que con el alcalde anterior en cuatro años”. Conviene aclarar que Rus no procede de las bases del Sindicato de Obreros del Campo, ni es compañero de Cañamero en la pandilla de los fines de semana.

Moreno Bonilla (“Llamadme Juanma, por favor”) tuvo que echar mano del capote, sobre todo porque el presidente provincial, Juan Bueno, y el ex alcalde, Juan Ignacio Zoido, estaban en el acto. Percibió en directo cómo se las gasta su propio electorado, cómo es esa Sevilla que a él mismo no le permite moverse a sus anchas en la estructura de su propio partido en la capital. Granada se le cae cuando no termina de controlar Sevilla, donde el partido sigue a la espera de la marcha de Zoido para rearmarse en la oposición y buscar un candidato con solvencia para 2019.

La virulencia de las preguntas, con los indirectamente aludidos allí presentes, fue todo un aldabonazo en las puertas de cuartel regional del malagueño, que sabe que sin apoyos en la plaza de Sevilla jamás podrá aspirar a un resultado que le permita siquiera soñar con el Palacio de San Telmo. El PP de Sevilla ha sido no hace mucho tiempo la tercera fuerza en la provincia, una posición que sólo ha mantenido en el País Vasco y en los años más duros para los partidos constitucionalistas. Los populares sevillanos llevan cinco años en caída y nadie es capaz de abrir un debate serio sobre la necesidad de exhibir “camisas nuevas” o, simplemente, menos gastadas, más allá de mensajes en las redes sociales que pudieran ser los brotes verdes, tímidos, de un tiempo nuevo. La única novedad en la estructura inmóvil del PP sevillano en el último año ha sido el ingreso de Virginia Pérez como coordinadora general.

El futuro del PP sevillano depende de la fecha de la dimisión de Zoido como edil para dedicarse al Congreso, de los objetivos que se haya marcado la coordinadora general para su propia trayectoria política, del grado de oposición a los cambios que ejerzan los rostros tradicionales del partido (Bueno, Sanz y Tarno) y, por supuesto, de la capacidad de tejemaneje de Arenas, siempre con un ojo en Génova, otro en Sevilla y cada vez menos en Almería. Por falta de ojos, que no de vista.

El electorado sigue dando avisos. El PP sevillano sestea confiado ahora en que Rajoy permanezca en la Moncloa y salve los muebles, una perspectiva conformista para un partido con vocación de gobierno. El líder malagueño comprobó en Antares cómo pasa Sevilla de agitar las palmas y olivos a buscar la cruz y los clavos. Aznar se dio cuenta en 2000 que se podía llegar a la Moncloa con mayoría absoluta y sin Andalucía. Pero no se puede alcanzar San Telmo sin la cruel Sevilla. Habrá que cambiar las camisas, lavarlas o zurcirlas.

Operación Manijero

Carlos Navarro Antolín | 21 de abril de 2016 a las 5:00

la foto1
la foto2
EL evangelio apócrifo de la derecha andaluza dice que donde se reúnan dos o más arenistas, allí estará Arenas entre ellos. Ocurrió el Miércoles de Feria en la caseta El Manijero, en una de las escasas calles del real que gozan de la sombra de los plataneros. En un partido donde no se mueve una brisa de rebeldía, donde el motor del tiovivo de los caballitos siempre lo maneja el mismo, donde nunca hay cambio de baraja sino meros cambios de estampas y donde cambian los collares sin que haya ladridos, resultó llamativo que un grupo de conocidos militantes de la formación se reunieran en ambiente festivo lanzando proclamas sobre el futuro, la únión y la ilusión a través de las vuvuzelas de las redes sociales.

Algo se mueve en el PP de Sevilla, pensamos algunos. Pero la fotografía es escrupulosamente fiel a la cita del evangelio apócrifo , que como tal no es de San Mateo, ni mucho menos de Mateo (Risqué), el jefe de prensa de Arenas. La fotografía está tomada en la caseta de Jaime Raynaud, un veterano del PP que hizo de anfitrión, que asumió las funciones del icono de prestigio y, nunca se olvide, que es un clásico del arenismo sevillano por mucho que Javié no haya estado alguna vez a la altura de su fidelidad.

Sigamos con la foto en la que no está Arenas en cuerpo, pero sí en alma. Está Felisa Panadero, subdelegada del Gobierno, íntima amiga de la hermana de Arenas. Están Patricia del Pozo y Macarena O´Neill, santas justas y rufina del arenismo. Del Pozo acompañó a Arenas a declarar ante el juez Ruz en la Audiencia Nacional a cuenta de la supuesta financiación irregular del PP. Raynaud, O´Neill, Del Pozo y Rafa Salas (que no está en la foto y que hoy ocupa sitio en la Cámara de Cuentas) son el cuarteto más fiel de Arenas de los últimos años en Sevilla. Del Ayuntamiento aparecen los ediles Evelia Rincón, embajadora de Arenas en el palomar, y Beltrán Pérez, único de los actuales concejales que puede aspirar a la portavocía del grupo político en condiciones normales, tan leal a Arenas como José Luis Martínez, alias Pepelu, al que Javié impuso en puesto de salida en la lista triunfante de 2011, y Rafael Belmonte, enlace de Virginia y Beltrán Pérez con diversos estamentos de la sociedad civil. Si Raynaud prestigia la foto, la camarlenga Virginia Pérez, coordinadora del PP de Sevilla, concede de facto la bendición del aparato, y el alcalde de Carmona, Julián Ávila, otorga el barniz de poder de la provincia. Horas después de la fotografía,el mismísimo delegado del Gobierno en Andalucía, Antonio Sanz, acudió a compartir la fiesta, como se aprecia en la segunda ilustración del miércoles.

La foto del jueves a mediodía fue una réplica de los que se quedaron fuera: el propio Zoido, el presidente provincial Juan Bueno, José Luis Sanz y Ricardo Tarno. Aunque la noche de ese jueves, Sanz y Beltrán Pérez –ya con menos público– compartieron velada junto al concejal Alberto Díaz… Juego de tronos, juego de casetas. Si alguien externo al actual grupo municipal tiene opciones de probar bocado fuerte en la capital por trayectoria, tradición orgánica y poder territorial (Tomares) es el senador Sanz, al que la Alcaldía de su municipio se le queda pequeña. La caballería tomareña relincha en el Aljarafe a la espera de bajar algún día (al trote, sin teleférico) hasta la capital cuando el zoidismo quede sellado.

Arenas no estaba pero se reunieron en su nombre. Arenas es el manijero. Como la caseta. Siempre a la sombra… del platanero.
la foto

Oña rompe a puerta cerrada

Carlos Navarro Antolín | 24 de marzo de 2015 a las 5:00

MORENO PRESIDE LA JUNTA DIRECTIVA REGIONAL DE SU PARTIDO
LA cruz de la derrota no tiene cirineos. El PP andaluz está cargado de penitentes. Cada cual soporta el madero como puede. La noche fue dura en el Meliá Sevilla. Por mucho que el partido se aleje de la calle San Fernando, el cementerio va con el PP regional como el caparazón con la tortuga. En Sevilla hay dos camposantos: el romántico con esculturas de Benlliure y el del PP andaluz con los chicos de la factoría Arenas. La junta directiva regional vespertina debía ser de consumo interno, un fotomatón para la sonrisa de rigor, aunque ningún oráculo acierte a explicar con precisión de qué se ríen Arenas, Moreno Bonilla y Loles López en un partido sumido en una cuaresma perpetua. Una sesión proyectada para cumplir con la liturgia del día posterior sirvió, al menos, para presenciar la salida del burladero de Esperanza Oña, la ex alcaldesa de Fuengirola, que no pocos miembros del PP andaluz veían como la mejor sucesora de Arenas. La Oña salió del burladero, pidió la palabra en los turnos a puerta cerrada para solicitar que se le confirmara expresamente que los treinta y tres diputados (dicen que pronunció la cifra con retintín) no apoyarán la investidura de Susana Díaz. El alcalde de Andújar sacó el tema antes, pero no con la contundencia de Oña, con silla en la Campana en la Semana Santa de Sevilla. Ni Moreno Bonilla ni Arenas ofrecieron una respuesta contundente. Capotazos. Javié, profeta de Rajoy en Andalucía, se atrevió a interpretar las palabras del dios laico de la Moncloa. Respetar que gobierne la lista más votada es no hacer lo que el PSOE e IU hicieron en 2012. Pero tampoco dijo que los treinta y tres (póngase de nuevo el retintín de la Oña) votarían en contra de la diosa laica, roja y decente de San Telmo. La Oña movió ficha y dejó en evidencia la ambigüedad del partido más morado de Andalucía, para el que nunca termina la cuaresma ni parece haber resurrección.

También habló Celia Villalobos en el tono alborotador de costumbre, como esa tía que gasta una broma cuando toda la familia tiene cara de funeral por la muerte del canario. La Villalobos se remontó a los peores años del partido, en una suerte del más se perdió en Cuba, como el equipo de natación que se alegra de volver sin ningún ahogado.

Arenas, gran orador, definió a su criatura, que no es otra que el PP andaluz, del que dijo que está formado por miles de personas y no por una sola con un periódico, una radio o una cámara de televisión todo el día detrás, en referencia los políticos emergentes como Pablo Iglesias o Albert Rivera. Moreno Bonilla se hartó de dar las gracias. Enfrente tenía a no poca gente que se ha quedado sin acta de diputado. Un drama.

El alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, no estuvo la noche previa en el cuartel electoral. Tampoco estuvo ninguno de gran capital. De los veinte concejales del gobierno local, tan sólo se vieron cinco. Yuno de ellos era Juan Bueno, que en realidad estaba como presidente provincial y número uno de la lista por Sevilla. El PP hispalense entiende que el resultado ha sido una bofetada del electorado a Rajoy en la cara de Moreno Bonilla. Un Rajoy que ha estado hasta cinco veces en Andalucía durante la campaña, recordaba alguien ayer en tono de duelo. Dos de ellas en Sevilla. El comité de campaña de Moreno Bonilla había deliberado alguna vez sobre la conveniencia del continuo desembarco madrileño. “El presidente del Gobierno parece que tuviera complejo de culpabilidad por todo lo que ha ocurrido con el partido en Andalucía y de tanto arroparnos ha terminado por hundirnos”.

El PP andaluz sigue de penitencia. Cuatro años con cadenas. La subida del IRPF, la reforma laboral, la horrible sucesión de Arenas distrayendo a Zoido de la Alcaldía, hiriendo gratuitamente a Sanz y enviando a Moreno Bonilla a las fauces del león socialista andaluz… Pero Celia Villalobos es Karina entonando Las flechas del amor. No pasa nada. Acostumbrados a perder. Sevilla tiene dos cementerios. Lógico: Sevilla es dual. El tópico se cumple. A Oña le queda, al menos, la silla en la Campana.