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La decadencia de Los Remedios

Carlos Navarro Antolín | 10 de septiembre de 2014 a las 5:00

17-1-204 JOSE LUIS MONTERO APERTURA PARKING VIRGEN DE LUJAN
IBÁÑEZ le hace el chaqué al pregonero de la Semana Santa. Todos los años vemos su foto con la lengua apretada entre los dientes mientras se agacha levemente para tomar medidas a esos señores taciturnos y con cara de estar llamados a una alta misión de Estado. Ibáñez se tiene que agachar porque en la gran mayoría de los casos está a mucha más altura que los pregoneros, pero a muchísima más. Por la cara de Ibáñez tomándole medidas al tipo se intuye cómo va a ser el Pregón. Y a la salida del teatro ya se sabe cómo ha sido la cosa.
–¿Qué tal ha estado el pregonero?
–Lo bien que le quedaba al tío el chaqué de Ibáñez con la chepa que tiene, oye.
Pero Ibáñez no vive de los pregoneros, por fortuna para sus fines de mes. Ibáñez, qué callado se lo tenía, también le hace trajes a los alcaldes de la ciudad a lo sastrecillo valiente. Este maestro sastre de la calle Asunción ha dicho, o más bien clamado, que Zoido tiene complejo con Los Remedios, el barrio de España donde mayor porcentaje de votos saca el PP, muy por encima del distrito capitalino de Salamanca, o sea tía. Ibáñez le ha tomado las medidas al alcalde, le ha recogido el bajo del pantalón, ha tenido en cuenta la sisa y el ancho de hombros y, hala, se le ha escapado un alfilerazo a cuenta del persianazo de Cañete por la caída de las ventas en la calle. Ibáñez le ha puesto a voz a muchos vecinos de Los Remedios: “Zoido está acompejadísimo de invertir en Los Remedios”. Sin anestesia. Y ha arremetido también contra Monteseirín por dejar la calle convertida en un paseo de abuelos con nietos, bicicletas y público low cost. Ibáñez ha mandado a los alcaldes a paseo, a paseo por el tramo de Asunción sin coches, pero con madres ocupando veladores con un café de hora y media.
Las calles se van adaptando a los tiempos. Como los seres humanos. Las calles tratan siempre de sobrevivir, de buscar la salida al entuerto. Donde estaba un salón de té, con batidos preparado a mano y bandejas de emparedados caseros, ahora se despachan cubos de botellines con chacinas plastificadas. Donde antier se negociaban hipotecas, se pedían préstamos o se invertía en fondo de inversiones, hoy se venden cigarrillos de vapor o bisutería. La crisis ha mudado la piel de las ciudades. Y la crisis impide también el rejuvenecimiento de la población de muchos barrios. ¿Qué edad tiene Los Remedios? La de sus primeros pobladores. De hecho el principal promotor inmobiliario del barrio, Gabriel Rojas, falleció hace sólo dos años. ¿Quiénes serán los vecinos de Los Remedios del futuro más próximo si no hay quien pueda pagar ni siquiera los recibos de IBI de esos pisos interminables de República Argentina, la Plaza de Cuba o Virgen de la Antigua, por poner sólo tres ejemplos? La gran mayoría de los hijos de aquellos primeros pobladores no viven en Los Remedios, huyeron al área metropolitana (conocida como la Gran Sevilla en la terminología de los años de ladrillo y champán) y sólo vuelven para bañar a sus hijos en las piscinas de los clubes junto al río. Heredar uno de esos pisos es cuadrarse para recibir la estocada limpia y certera de los impuestos correspondientes y los descabellos semestrales de la antigua contribución urbana. No hace tanto tiempo que este periódico publicó la lista de las calles de la ciudad donde más recibos de IBI se deben habitualmente. En el morboso top ten de la morosidad figuraban las principales arterias de Los Remedios… y la Avenida de la Palmera.
Los Remedios es un barrio decadente sin la belleza que lleva aparejada la madurez. Su estética se ha hecho vieja como los bajorrelieves de cerámica tardofranquista de esos portales, custodiados aún por conserjes tras un mostrador y con un par de sillones siempre vacantes a la luz de lámparas de pantalla blanca. El barrio se ha hecho viejo como las láminas de la caza del ciervo en la sala de espera de los dentistas, como las sillas con respaldo de varillas y asiento acolchado de algunas cafeterías. El barrio ha perdido su capacidad de sostenibilidad, que dirían hoy los sesudos analistas. Sus propios vecinos eran la clientela de esos comercios de chaqués y camisas a medida, muebles de caoba, suntuosas lámparas, modelos de boutique y hasta pan de tahona. No hay mejor ejemplo que la mudanza del Ochoa de Virgen de Luján a la Huerta del Rey. Hay mudanzas que son todo un aldabonazo.
Debe ser cierto que para saber la edad de los pobladores de un barrio hay que intentar aparcar el coche en sus calles en Nochebuena. Si hay hueco, barrio joven, emisor de comensales. Si se tarda, barrio viejo, receptor de hijos y nietos a lo Carpanta. Ibáñez padre abrió tienda en Asunción en los setenta. Ibáñez hijo, en los noventa. Pero en la mayoría de los pisos no ha habido sucesión. El ciervo sigue corriendo en las láminas y hay mosaicos de los portales que han perdido las teselas. Las entradas de los pisos son espaciosas en contraste con las viviendas de hoy, cuya puerta principal da directamente al salón y hasta a la cocina, porque el promotor quería rapiñar metros cuadrados para sacar más y más adosados. El barrio perdió el tren comercial cuando El Corte Inglés decidió en 1985 abrir su segundo gran centro en Nervión y no en Los Remedios. La edad de Los Remedios es la de sus primeros pobladores, juntos envejecen a la misma velocidad parsimoniosa que los feligreses salen de la misa de una.