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Rajoy desciende a los distritos de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 16 de enero de 2018 a las 5:00

montaje

RAJOY estará el sábado en Sevilla salvo sorpresas. De la junta directiva nacional de ayer a la sabatina con los distritos de Sevilla. De una cita en la sede de Génova a otra en el salón del NH Convenciones de Diego Martínez Barrio, donde el PP ha vivido algunos de sus momentos de mayor gloria. El presidente del Gobierno desciende a un formato de micropolítica en la capital de Andalucía, un foro que se suele convocar con la intención de activar la maquinaria interna del partido de cara a unas elecciones municipales. Por este motivo hay quienes interpretan la asistencia de Rajoy como un aldabonazo a la presidenta provincial, Virginia Pérez, que ganó un congreso tras un año de fuertes tensiones internas, y por supuesto a Beltrán Pérez, deseoso de ser proclamado candidato a la Alcaldía de Sevilla. La historia reciente de la designación de candidatos del PP aconseja no dar absolutamente nada por hecho. Las encuestas, las presiones de los ministros, las influencias externas, los equilibrios internos de poder, las causas judiciales abiertas y otras circunstancias pueden dar un vuelco en cualquier momento. Incluso en el último instante. El último ejemplo ocurrió cuando José Luis Sanz tenía todos los avales listos para hacerse con las riendas del PP andaluz y hubo que activar la trituradora porque el dedo de Rajoy designó al malagueño Juan Manuel Moreno Bonilla por influencia de Soraya Sáenz de Santamaría. El registrador de la propiedad todavía se está arrepintiendo. Años antes, Raynaud se perfilaba como un solvente candidato para las municipales de 2007, pero lo acabó siendo Juan Ignacio Zoido después de que se le ofreciera la posibilidad a Soledad Becerril, que declinó el ofrecimiento por considerar cerrada su etapa en la política municipal.

Todo el mundo tiene claro que la visita de Rajoy a Sevilla no está promovida por el líder regional, Juan Manuel Moreno Bonilla, sino por el factótum del PP andaluz, Javier Arenas, que lideró la facción ganadora del congreso provincial sevillano. Arenas está fuerte en Sevilla. Siempre lo ha estado desde un punto de vista orgánico. Pero ahora más. Liberado de la presión electoral directa, su reto es colocar a alguien de confianza en la carrera hacia la Alcaldía. Nadie mejor, por el momento, que un pupilo de la quinta del 74 (aún joven) y curtido en la cruzada municipal. Pero cuando se trata de Arenas y de una política volátil siempre cabe aplicar la cláusula rebus sic stantibus. El PSOE, por ejemplo, ventea que los populares apostarán finalmente por una mujer, como la ex edil Alicia Martínez, actual diputada autonómica que viene de abanderar iniciativas tan blancas como la declaración como BIC de la cabalgata de Sevilla, una moción en la que logró la unanimidad de todos los grupos políticos. El propio alcalde, Juan Espadas, ha reconocido públicamente la labor de la parlamentaria del PP, una forma de alabar el trabajo del Ateneo, de quedar como un político que reconoce la labor del rival y, cómo no, de meter un dedo en el ojo al líder de la oposición, Beltrán Pérez.

La apuesta del presidente Rajoy por acudir a Sevilla se desveló tras la junta directiva nacional celebrada ayer en la sede de la calle Génova, una sesión de dos horas de duración marcada por un ambiente enrarecido, condicionada por cierto halo de melancolía. No son buenos tiempos para el PP en España: la amenaza de Podemos se diluye, por lo que ya no habrá coartada para apelar al voto del miedo;Ciudadanos prepara la maquinaria para comerle el máximo terreno posible al partido de la gaviota y rentabilizar en el mapa nacional el éxito territorial de Cataluña. El panorama en Andalucía no es precisamente mucho mejor que en otras autonomías. El partido no levanta cabeza, los sondeos colocan por debajo de los 30 diputados a Moreno Bonilla y hay serios riesgos de perder varias alcaldías. La de Sevilla se presenta muy difícil para los populares, de ahí que el aparato orgánico apueste por proclamar cuanto antes a Pérez como candidato. El sábado no se espera que Rajoy lo haga, pero a nadie escapa que la fotografía será un primer aval con fuerza. Tal vez en marzo, con ocasión de la convención del PP andaluz prevista en Sevilla o Málaga, sea el momento de un anuncio oficial. No más tarde.

Pese al pesimismo que lastra a este PP desde que en Cataluña se ha quedado como un solar, nadie de Andalucía tomó la palabra en la junta directiva nacional. Acudieron la presidenta provincial, Virginia Pérez; el senador y alcalde de Tomares, José Luis Sanz; los diputados nacionales Ricardo Tarno y María Eugenia Romero y el diputado autonómico Jaime Raynaud, entre otros andaluces. No asistieron el senador Toni Martín, brazo derecho de Moreno Bonilla en la difícil plaza hispalense, ni la diputada Silvia Heredia, ni el concejal Alberto Díaz, vicepresidente del PP de Sevilla.

El partido ha comenzado una movilización extraordinaria de militantes para el sábado. Sin precisar que Rajoy presidirá la convención, se han lanzado mensajes de convocatoria en los que se califica la cita de “importantísima”. Y se afirma: “Es fundamental que demostremos la fortaleza de nuestro partido”. En la arenga telefónica se insta a los militantes a invitar a cuantos amigos se desee y a reservar la mañana del sábado al completo para la actividad del partido. No hay duda de que el aparato orgánico quiere y necesitra explotar al máximo la visita del presidente del Gobierno.

El Alcázar, en el punto de mira

Carlos Navarro Antolín | 17 de septiembre de 2017 a las 5:00

catedral de sevilla  de lamadrid 6.

Otra vez Icomos actúa de rompeolas del patrimonio histórico. El Real Alcázar no se toca. El proyecto de reforma de la Puerta del León se queda en el aire porque el alcalde, reacio a las polémicas, no quiere ser noticia, busca siempre el círculo de confort del perfil plano, la comodidad del tono gris, la actuación solvente del futbolista que juega mejor sin el balón en los pies. No quiere problemas. Juan Espadas ni de lejos está dispuesto a pasar a la historia por ser el alcalde que puso en peligro la declaración de patrimonio de la humanidad de los tres principales edificios monumentales de la ciudad: la Catedral, el Alcázar y el Archivo de Indias. Icomos amaga con que Sevilla pierde la máxima catalogación y el alcalde se pliega porque sabe que en esta sociedad lo que importa, ante todo, es la etiqueta, la marca, el eslogan. Malos tiempos para asumir riesgos en la política. Tan es así que Zoido, siendo alcalde, se fue a San Petersburgo a defender la Torre Sevilla para eso, para que Sevilla no perdiera la etiqueta de ciudad patrimonio de la humanidad. De anunciar la paralización de la torre en campaña electoral a defender su construcción. Responsabilidad institucional, dijeron unos. Oportunismo político, otros. El caso es que los hechos fueron así. Hasta se vendió el regreso de San Petersburgo como un retorno triunfal, con foto del alcalde bajando del avión, una suerte de Air Force Juan (Ignacio). Sólo faltó la banda de música.

Nada cuanto ocurre en el Alcázar es ajeno a Sevilla. Se trata de un edificio codiciado, símbolo de poder y estatus. El Alcázar –o los Alcázares mejor dicho– reúne la belleza del arte, el valor de la historia, el misterio de las leyendas y la capacidad de identificación con sultanes, emperadores, jefes de Estado, presidentes del Gobierno, alcaldes, poetas… El Alcázar lo tiene todo. Ytodos los gobernantes en algún momento quieren dejar su impronta.

Se lió cuando en la década de los años ochenta se suprimieron los parterres de las murallas, bonita decoración vegetal que todavía se recuerda. Se lió cuando el gobierno socialista de Manuel del Valle quitó a medianoche, por sorpresa y sin previo aviso, la Cruz de los Caídos que el cardenal Segura no había dejado instalar en los muros de la Catedral, ¿verdad Paco Mir?

Se lió cuando Rojas-Marcos ejercía de alcalde en  el despacho reservado para este cargo en tan  reales dependencias, al igual que cuando no se terminaba de suprimir el antiestético aparcamiento de autobuses turísticos delante de la Puerta del León. Se lió cuando el concejal Javier Landa (PP) impidió su uso a los miembros del Curso de Temas Sevillanos (¡Duro con  las espigas, suave con las espuelas, don Javier!) y hasta cuando se encendió la polémica por la intención de borrar del nomenclátor el título de la Plaza de la Alianza para dedicarla al ministro Indalecio Prieto, quien firmó la cesión del monumento a la ciudad de Sevilla, un rótulo finalmente colocado delante de la sede de Hacienda, a la vera de la Casa de la Moneda.  Se lió cuando desapareció un trozo de yesería, cuando el jefe de gabinete de Rajoy, Jorge Moragas, encendió un pitillo en el Patio de la Montería, o cuando una concejal usó sus salones y patios para el reportaje de su boda.

El Alcázar es un monumento sensible, con un eco indudable. La Catedral igualmente lo es. Son dos iconos de la ciudad. La reforma de los accesos del turismo por la Puerta del León no es un proyecto cualquiera, como no lo fue la transformación de la Catedral para su puesta a punto para la Exposición Universal de 1992, una revolución liderada por el inolvidable canónigo Francisco Navarro, que sustituyó los estadillos hechos a mano por las hojas de excel, introdujo los tornos y promovió una serie de reformas que le costaron no pocos disgustos. ¿Recuerdan aquel proyecto de cafetería en la Cilla finalmente frustrado?

Si será importante el Alcázar que sus puestos en el patronato se reservan para los principales concejales, la figura del alcaide se otorga a una trayectoria de prestigio y hasta una ex alcaldesa, Soledad Becerril, llegó a dimitir  como consejera en protesta por el desvío de fondos para la conservación de la Casa Consistorial. Becerril siempre defendió que los ingresos que genera el Alcázar por la visita turística deben revertir con exclusividad en su conservación. El Alcázar tiene una contrastada capacidad de autofinanciación.

El Alcázar está hoy en el punto de mira. La seguridad, las tarifas, los macetones, las obras por ahora frustradas en la Puerta del León y hasta el rifirrafe entre políticos de diferentes partidos condenados al entendimiento para sacar adelante el presupuesto de  una gran capital. Nunca a nadie ha dejado indiferente el primer monumento civil de la ciudad. Obama se quedó sin conocerlo, Rojas-Marcos lo usó como despacho. El andalucista concebía la política como una vocación que llevaba implícito el riesgo. Hoy los tiempos son distintos. Icomos frunce el ceño y el Ayuntamiento se allana.  La prudencia máxima, el dontancredismo como norma. El león es el único que tiene asegurada la permanencia.

La Plaza de San Francisco tiene propietario

Carlos Navarro Antolín | 4 de octubre de 2013 a las 13:02

Mesas Altas
Cuando los políticos se ponen cursis y dicen que la Plaza Nueva o la Plaza de San Francisco son el salón o la zona noble de esta casa de todos que es la ciudad de Sevilla, échense a temblar sobre el concepto que tiene un político sobre un salón. O sobre la nobleza. Este mal no es excluviso de Sevilla. Madrid, Salamanca, Vitoria… En estas ciudades la plaza principal o considerada mayor suele estar muchos días del año ocupada por carpas o atracciones muy distintas. La cara del japonés cuando entra por primera vez en la Plaza Mayor de Salamanca y se la encuentra colmatada (toma vocablo) por una muestra sobre encajes de bolillos de todo el mundo es para echarle unas pesetas de las antiguas. Una dolorosa nipona sin candelería. Recuerdo cuando el abogado Salvador Cuiñas descubrió por primera vez esta maravilla arquitectónica de Churriguera una noche de noviembre, con todos los medallones bien iluminados y con el de Franco con el correspondiente y tradicional tomatazo sobre la laureada. Confesó en voz baja.

-Hasta me he emocionado. Es preciosa
-Suerte que la has cogido vacía.
-Pero si está llena de vida.
-Vacía de carpas, quiero decir.

La Plaza de San Francisco estos días, más que el salón de la ciudad, debe ser el salón de celebraciones particular de una taberna, que lo mismo invade la acera con la botillería de bebidas espirituosas, que se mete en el pavimento de adoquines con veladores por un tubo, chorritos de agua, lámparas de pie de pensión con pretensiones, o que hace suyo el firme de losas de Tarifa con mesas altas para un cóctel si usted lo pide. Sólo nos falta un chill out con triclineos y cortinajes con exclusiva fachada plateresca de fondo. Quiso Monteseirín rematar esta fachada del Ayuntamiento siguiendo, por cierto, el modelo de la Plaza Mayor salmantina. Cuando don Alfredo quería despistar a la opinión pública de algún tema de facturas duplicadas o de obras parcheadas, se sacaba de la chistera (de Rivera Ordóñez) un conejo como el de la terminación de la decoración artística de la sede municipal por antonomasia. Pero quien está verdaderamente rematando la plaza es el tabernero, que ha hecho de ella su cortijo y que yo creo que hasta ha llegado a un acuerdo con el Banco de España para no pisarse los clientes como el del chiste del puesto de chucherías cuando la señora le pidió cambio: “Lo siento, pero ni yo doy cambio ni mi vecino el Banco de España vende golosinas, así no nos hacemos la competencia”. Pues eso, tengan por seguro que el Banco de España no colocará veladores. La coctelería de San Francisco es enterita para el tabernero. No querías veladores, pues toma dos filas más de mesas altas en el salón de la ciudad. Unas mesas altas que florecieron por todos los bares como hongos cuando empezó la crisis y el personal recelaba del tradicional mesa y mantel. Pedro Sánchez Cuerda, presidente de la patronal, bautizó este mismo modelo de mesa como los quitamiedos de la hostelería, para que la gente no se asustara a la hora de sentarse con formalidad temiendo la estocada del siglo. Ni de pie del todo, ni sentado del todo. Un mixtolobo, una salida a medias del portero, una solución de me alegro de verte bueno. Pero estas mesas altas de la Plaza de San Francisco más que quitamiedos, querido Pedro, son mesas altas de nolaco. Porque quien las coloca No La Conoce. La vergüenza, vamos. Y ha dicho como Fraga de la calle: “La plaza de San Francisco es mía”. Y lo es.
mesas altas 2