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El coraje de la artillera Virginia Pérez, presidenta del PP de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 20 de mayo de 2018 a las 5:00

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EL PP de Sevilla parece afectado por el picudo rojo, pero tan rojo, rojísimo, que se parece cada día más al PSOE sevillano de toda la vida, ese PSOE de familias enfrentadas, de agrupaciones rebeldes (”Hay que ser de Bellavista antes que socialistas”), de cuando los congresos a cara de perro, esos días en los que siempre había alguien que apuntaba: “Colócate al lado de Bernardo Bueno, es la mejor forma de asegurarte que estarás con los ganadores. No se te olvide, siempre junto a Bernardo”. En el PP nunca había críticos, ni enfrentamientos entre agrupaciones, ni mucho menos esos pleitos salpicaban el ámbito institucional, como cuando Carmelo Gómez, ay Carmelo, se quedó con la brocha pintando muros altos y Monteseirín le quitó la escalera de la Delegación de Hacienda. Adiós, Carmelo, adiós. En el PP existía siempre el ordeno y mando de Arenas. Y poco más, salvo alguna escaramuza aislada en aquel congreso de principios de siglo que ganó Tarno (Ricardo) contra Miguel Ángel Arauz , y que se solucionó haciendo senador a Arauz en esos tiempos en los que se guardaba pleitesía absoluta al líder Arenas.

El año que lleva vivido el PP de Sevilla marca un pico pronunciado en la gráfica de la convivencia interna. La gran novedad es que la actual presidenta, Virginia Pérez, está echándole redaños al asunto, muestra un coraje inusual y tiene el apoyo de un amplísimo sector de las bases con un poder orgánico que se asienta cada día. Pérez no procede de familia alguna, más bien al contrario: está enfrentada a familias que se resisten a dejar de ser principalísimas en el partido. Siendo como es, su principal rival es ella misma.

El PP de Sevilla está sufriendo la crisis propia de un cambio de casa reinante. El antiguo régimen se resiste a abandonar sus posiciones y el nuevo régimen no ve la hora de confeccionar unas listas en las que quede reflejado el resultado del congreso: unos han ganado y otros han perdido. Pero la pérdida más dolorosa, la que provoca mayor angustia, es la de perder el medio de vida cuando se ha hecho de la política la única vía de subsistencia. Las opciones de paz entre los dos regímenes son escasas, nulas, inexistentes. Virginia Pérez, a lo Agustina de Aragón de la derecha sevillana, está dispuesta a fajarse como artillera frente a la evidente presión –un asedio en toda regla– que ejercen los perdedores del congreso. El PP de Sevilla tendría que estar rearmándose en torno al candidato de la capital, Beltrán Pérez, para hacer frente a Ciudadanos, que subirá en las urnas en 2019 y que sería su socio natural en un gobierno de coalición. Pero los enfrentamientos internos tiene a unos pensando en cómo atacar los cimientos del partido para provocar la imposición de una gestora, y a otros preparando el cañón para defender la fortaleza.

Este PP de Sevilla es irreconocible porque desde hace un año no dejan de pasar cosas insólitas, empezando por la pérdida de la Alcaldía (60.000 votos menos en sólo cuatro años), la celebración de un congreso donde ganan los críticos y la irrupción de la figura de una presidenta enérgica que, por el momento, mantiene una relación fluida con el que los ha criado, enseñado y forjado a casi todos: Arenas. El enfrentamiento de la presidenta, nadie se engañe nunca, es contra el círculo que rodea al ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido. El equipo del ministro quiere recuperar el control del partido como sea. Y la presidenta, lo ha dicho en un comité ejecutivo extraordinario, está dispuesta a usar el cañón. Como Agustina. En el PP de Sevilla no existe hoy la aburrida y añorada paz de otros tiempos, cuando el dedo de Javié iba señalando quién debía ocupar la presidencia cada cuatro años. Y todos, absolutamente todos los de entonces, asentían, le llevaban la maleta, aguantaban las broncas y complacían sus deseos. El antiguo régimen se ha encontrado ahora con un grupo de treintañeros y cuarentañeros que fueron compañeros de aulas y rivales universitarios de la presidenta andaluza (¿verdad Susana Díaz?) y que han tomado la decisión de no querer ser devorados como los hijos de Saturno por unos padres que llevaban dos generaciones a la sombra.

Hoy hay un rostro nuevo, el de la presidenta Virginia Pérez, que además goza de la ventaja del momento político y social actual, muy favorable hacia el perfil de la mujer luchadora. Tendrá una trayectoria garantizada mientras no meta la pata y, por supuesto, se coloque bien para evitar el impacto del retroceso de todo cañón tras un disparo. Bernardo Bueno, por cierto, está hoy de alcaide del Alcázar. Dentro de una fortaleza que solo abandona para pasar las vacaciones en La Antilla.

El ultimátum de la presidenta del PP de Sevilla al enemigo interno

Carlos Navarro Antolín | 17 de mayo de 2018 a las 5:00

Virginia Pérez y Beltrán Pérez ofrecen una rueda de prensa Beltrán nuevo candidato

La documentación comprometida ya ha pasado por el notario. Está protocolizada. La presidenta del PP de Sevilla, Virginia Pérez, remató la sesión: “No se pueden consentir este tipo de actuaciones. No voy a consentirle a nadie que nos mate, nos humille, nos insulte, ni nos arrastre”. La presidenta se ha hartado y tiene claro quién trata de remover los cimientos del PP sevillano. Virginia Pérez ha lanzado un ultimátum a sus enemigos internos. En su última intervención a puerta cerrada no cita a los destinatarios de su invectiva, pero todos saben hacia quiénes va dirigido el torpedo. O, mejor dicho, el anuncio de torpedo. “Quien nada debe, nada teme”, advirtió ante un auditorio expectante en la sede regional de la calle San Fernando. La camarlenga, que preside el PP de Sevilla desde hace un año, convocó un comité ejecutivo extraordinario para dejar clara su posición en las polémicas internas que sacuden la vida doméstica del partido desde que venció en el polémico congreso provincial. Los enemigos –esos seres que siempre habitan en el interior, nunca mejor dicho– son el bando que fundamentalmente componen Juan Ignacio Zoido, ministro del Interior; el diputado Ricardo Tarno y los ex presidentes provinciales José Luis Sanz y Juan Bueno, los cuatro componentes de la conocida como mesa camilla del antiguo régimen del PP sevillano, todos ellos auspiciados por María Dolores de Cospedal, ministra de Defensa y secretaria general del PP. Naturalmente ninguno de ellos reconoce abiertamente estar en contra de Virginia Pérez, más bien al contrario. La política es así, una interpretación continua de papeles, una asunción de roles temporales, una ficción maquillada de autenticidad.

Los enemigos de la presidenta son duros. Especialmente duros. Interior es un ministerio poderoso. Pérez tiene el control del aparato provincial, que no es poco, pues su papel es decisivo en la composición de las listas electorales, y los apoyos de Javier Arenas, vicesecretario general, y del candidato a la Alcaldía, Beltrán Pérez. Arenas está henchido de gloria desde que ganó el congreso provincial, lo que equivalió –nunca se olvide– a ganárselo nada menos que a la secretaria general del partido y a un ministro.

En el comité ejecutivo extraordinario, la presidenta recibió un largo aplauso de la militancia tras un informe rutinario de gestión al que siguió el verdadero motivo de la convocatoria de la sesión: un aviso directo a la curia que trata de alargar el tardozoidismo. Fueron llamativas las ausencias en la sesión de todos los miembros de esa mesa camilla, como si intuyeran que el único punto del orden del día iba, efectivamente, dirigido contra ellos.

El tenso comité ejecutivo ya tuvo un precedente en diciembre de 2015 con ocasión de una junta directiva provincial. Virginia Pérez admitió en aquella ocasión que no admitiría un PP sevillano marcado por los personalismos. Entonces era solamente coordinadora general, un puesto que se conoció popularmente como el de camarlenga. Fue un aviso directo a Zoido y sus muchachos, que entonces todavía penaban la pérdida de la Alcaldía. Virginia jugó fuerte. Se veía ya de presidenta, como así fue tras la guerra del congreso provincial que venció por 24 votos, como 24 fueron los caballeros que acompañaron a San Fernando en su entrada triunfal en Sevilla, por eso 24 son los nazarenos con cera verde que anteceden al Cristo de la Vera-Cruz. El otro día, en el seno de un comité ejecutivo extraordinario, lanzó el segundo aviso a los componentes del antiguo régimen del partido de la gaviota. La guerra interna no ha cesado, las aguas bajan muy revueltas por el arroyo pepero. Se aproxima la formación de las listas electorales. Los puestos de salida se cotizan muy caros, carísimos, porque la guadaña naranja diezmará las opciones del hasta ahora partido hegemónico de la derecha española. El modo de vida de muchos dirigentes –no nos engañemos– está en juego porque saben que Virginia y sus partidarios no van a perdonar algunos ataques. La paz ya no es posible. La situación es muy delicada, como admitió el veterano Jaime Raynaud. El antiguo régimen, la mesa de camilla tensa todo lo que puede esa situación con dos objetivos: que Virginia Pérez o cualquiera de sus más fervientes partidarios, sufran algún resbalón, cometan algún desliz, incurran en alguna desaplicación, que diría Vicente Cantatore y, de esa forma, que Cospedal tenga argumentos para instar a la formación de una gestora. Con la gestora sería más controlable la constitución de las listas electorales a las autonómicas y municipales.

VIRGINA PEREZ PP

No hubo una sola voz que de forma enérgica se posicionara en contra del discurso de la presidenta, acaso el más duro nunca oído en un comité ejecutivo del PP, un partido que nunca en su historia había vivido una división interna de este calibre. Aunque, todo sea dicho, en los comités y juntas directivas provinciales que se han vivido a lo largo del año no han sido significativas las intervenciones críticas, como tampoco han sido ajustadas las votaciones sobre diversos asuntos. Pérez ha ido ganando de largo todas las votaciones. La batalla se ha centrado en tratar por todos los medios de reavivar el polémico escrutinio del congreso provincial y determinados movimientos en Dos Hermanas. Las denuncias presentadas ante el juzgado y la Policía por un militante fueron archivadas. Oficialmente no hay nada, pero las escaramuzas se han sucedido, tratando se sembrar dudas sobre supuestas compras de votos y otras maniobras por el momento no probadas. El discurso de la presidenta fue muy duro en varios momentos de la sesión, celebrada a puerta cerrada: “No voy a consentir que nadie, y nadie es nadie, por muy cargo público que sea, trace estrategias que perjudiquen al PP. ¡A nadie! Ni a diputados, ni a senadores, ni a concejales, ni a parlamentarios. ¡A nadie es a nadie! Al que se le atragante la democracia que se lo haga mirar. No doy un paso atrás. Y os pido que no dudéis nunca, nunca, de la integridad de esta dirección que ha actuado siempre con responsabilidad y que se conduce con tan rectitud que hasta se ha ido al notario para protocolizar algunas cuestiones. Que nada ni nadie nos entretengan de nuestra tarea, que son las elecciones. Vamos a seguir con la cabeza muy alta”. Entre las adhesiones que recibió la presidenta figuró la del veterano Jaime Raynaud, diputado autonómico y director de la campaña del PP en Sevilla capital, que dio todo su apoyo a las acciones que apruebe el comité ejecutivo para normalizar la vida interna: “No pensaba nunca que tuviera que intervenir en un órgano como éste, pero tengo que hacerlo en un día triste y amargo. No pensaba que esto llegara nunca a producirse, pero se ha producido. La presidenta ha hecho un relato dramático, verdaderamente dramático, de los hechos acaecidos con el PP y con algunos de sus militantes en los tribunales. Los hechos son como son y la realidad es tozuda. Hoy lamentablemente tengo que pedir al comité ejecuitivo y a la presidenta que, con la misma dureza, si me permitís la expresión, se emprendan todas las acciones judiciales necesarias, se usen todas las armas legales contra todos los que han manchado el nombre del PP de Sevilla. Esto ha pasado de la legítima divergencia, de la discrepancia, de la disparidad de criterios que se suelen resolver con diálogo en un espacio como éste, de las opiniones distintas, de la elegancia, del saber perder cuando se pierde y del saber ganar cuando se gana, a otro estadio muy distinto, a una situación abiertamente incontrolable desde el punto de vista político. Hemos pasado a un nivel distinto. Hablo exclusivamente en mi nombre. Que se llegue hasta donde se tenga que llegar. Contad siempre con mi respaldo. El comité ejecutivo tiene todo mi apoyo, lo digo públicamente”. 

 

El Cecop manda más que los hoteles

Carlos Navarro Antolín | 11 de mayo de 2018 a las 9:04

Ambiente de feria 2018 Jueves

LAS tensiones internas son habituales en todos los gobiernos. Absolutamente en todos. Se miran de reojo Cospedal y Santamaría en los maitines de Génova, como pugnan dos canónigos por el favor del arzobispo. Luchas de poder, ego, influencias. Nada nuevo bajo el sol… del paseo Marqués de Contadero. Tremendo sol, por cierto. Un sol embotellado (Tío Pepe) en el agua recalentada de las mochilas de los turistas. En el escuálido gobierno de Espadas no se pierden de vista Antonio Muñoz y Juan Carlos Cabrera: la Sevilla cultureta y la Sevilla del centro, el traje desestructurado y el terno clásico de Dustin, el sevillano de la Alameda y el sevillano del Rinconcillo, el aficionado a las cofradías de tapadillo y el cofrade público y comprometido. Qué listo este Espadas que tiene corceles para las diferentes carreras, qué largo este alcalde que emplea diferentes cañas de pescar según el caladero, qué hábil que lo mismo se pasea con el pintor Luis Gordillo y Antonio Muñoz por los palcos que se presenta por sorpresa en la cruz de mayo de Los Estudiantes. Se puede ser sevillano al estilo de Muñoz, como se puede serlo al estilo de Cabrera.

Muñoz, ay mi dilecto Antonio, quería una Feria que arrancara inmediatamente después de la Semana Santa, con el primero de mayo incrustado en plena celebracion de farolillos. Es cierto que defendió su propuesta sin acritud, como diría Felipe González. Sin escándalos. Cabrera, en cambio, apostó siempre por un periodo de dos semanas entre la entrada del Resucitado y la inauguración del alumbrado. Dos planteamientos legítimos en la Sevilla dual. Dos formas de concebir la realidad, dos visiones distintas de la ciudad. Muñoz mira por los hoteleros, sector pujante en un turismo cambiante. Cabrera cuida de los técnicos de sus delegaciones: Seguridad, Movilidad y Fiestas Mayores.

El alcalde se ha basado en el informe del Cecop para dejar finalmente esas dos semanas de seguridad entre las fiestas mayores. La seguridad es hoy un valor incontestable, una carta insuperable si se echa en el tapete donde se juega la organización de cualquier fenómeno de masas. Con la seguridad ocurre hoy como con la igualdad. Da igual el enfoque. Nadie osa discutir ningún argumento que se base en una u otra bandera.

Si el alumbrado se celebrara el sábado posterior al Domingo de Resurrección, el dispositivo de Feria se debería montar el jueves anterior, lo que hubiera supuesto contar con sólo tres días de margen entre las dos fiestas: solamente el lunes, martes y miércoles para montar los estacionamientos (la letanía del P-1, P-2, P-3…), los carriles de Asunción, las placas de tráfico, la inspección de las casetas y los cacharritos, las cámaras de seguridad, etcétera. No se olvide que los técnicos que montan y desmontan la Semana Santa son los mismos que trabajan en la Feria. Las cámaras son las mismas: hay que mudarlas del Salvador a Joselito el Gallo, del Postigo a Pascual Márquez. No había tiempo material por mucho que Rojas-Marcos proclamara en el 92 que Sevilla puede con todo cuando aquel año se sucedieron la Semana Santa, la Feria y la inauguración de la Exposición Universal. La ciudad de hace 25 años no es la de hoy. El modelo ha cambiado tanto que aquellos patrones no sirven. Esta sociedad se ha vuelto garantista, calculadora, previsora, alarmista y acomodaticia. Queremos la máxima seguridad y el máximo impacto económico. La Feria íntegra en mayo garantiza lo primero. La Feria de formato largo está concebida para lo segundo. La Feria de 2019 es previa a las elecciones municipales, por lo que, cómo no, ha ganado la seguridad. En política vencen los aparatos. Yen las fiestas mayores siempre gana el Cecop. Espadas ya ha contentado bastante a los hoteles con la Feria ampliada. Es hora de no arriesgar. De darle la razón a Cabrera.

¿Usted mismo no prefiere unos días de desahogo entre una fiesta y otra? Las cuentas corrientes y el estómago lo agradecen. Sobre todo con tanto formato largo por todas partes. A Espadas le arrean por estirar la Feria de Sevilla al estilo de Málaga, pero hace tiempo que la Semana Santa también fue artificialmente alargada y nos la hemos tragado sin rechistar como si fuera una insípida tortilla francesa a la que sigue de postre una pera. O su masculino: un pero. Agradezcamos su decisión al alcalde. Con seis días entre Semana Santa y Feria, algunos hubiéramos confundido ciertas cofradías con el Ratón Vacilón.

Turismo cutre: el precio de la socialización

Carlos Navarro Antolín | 6 de mayo de 2018 a las 5:00

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No por alinear más delanteros se meten más goles, ni por abrir más hoteles de cinco estrellas se capta necesariamente un turismo de mayor calidad. El turismo es un fenómeno de masas, como lo son hace tiempo las bodas, las primeras comuniones, las franquicias, la propia Universidad, el postre de tarta de zanahoria, los veladores y tantas otras entidades, acontecimientos y viandas. Hay tantos ejemplos tan distintos como capas de toros de Prieto de la Cal. La cultura de masas lo marca todo en unos tiempos malos, malísimos, para las minorías. Nuestro alcalde, Juan Espadas, prefiere decir que el turismo se ha “socializado” antes que admitir directamente que se ha masificado. Dice que se ha socializado la Feria como dice que se ha socializado la Madrugada. Todo tiende a socializarse, tiene razón nuestro alcalde, ¡faltaría más!, pero eso no quiere decir que nos traguemos los efectos de esa masificación que el alcalde ha rebautizado para pegarle un regate a la realidad con la finta del lenguaje políticamente correcto.

Las colas para entrar en el Real Alcázar alcanzaron esta semana la Plaza de la Alianza, como las de la Casa de Pilatos llegaron hasta casi el final de Caballerizas, con los turistas pegados a la pared (“los blancos muros rozando”) cada vez que un coche pasaba por la estrechez del viario. Esto se nos está yendo de las manos, o se nos está socializando, o como quieran llamarlo. Por supuesto que hay un turismo cutre al alza, alentado por la superación de la crisis y que ancla sus bases en la concepción de un centro histórico diseñado por Monteseirín (1999-2011) para comodidad de los turistas e incomodidad de los sevillanos, y que posteriormente Zoido (2011-2015) pobló de veladores cual Carlos III con las nuevas poblaciones de Sierra Morena.

Vivir hoy en el centro es una aventura. Sevilla se parece a Venecia sin góndolas. Pasear por el centro a determinados horas es un suplicio. Entre la nefasta planificación político-urbanística y la entrega simbólica de las llaves de la ciudad a las cadenas hoteleras, hemos terminado por generar un hábitat (va por usted, Antonio Muñoz) donde sólo sobreviven los que mejor se adaptan a la ausencia de sombra, las aceras convertidas en carriles bici, terrazas de veladores o superficies para manteros. El centro es una gran franquicia que se presenta a los turistas con pretensiones de autenticidad. Como los turistas son cada vez menos exigentes, tragan con lo que se les eche. Uno de los efectos de cualquier proceso de masificación es la pérdida del criterio. No se viaja, se consumen viajes. No se viven las cosas, se tienen experiencias.

El nivel en general ha pegado tal bajonazo que al perro flaco de la ciudad todo son pulgas de despedidas de solteros y huéspedes de educación ‘low cost’ en apartamentos convertidos en zahúrdas. La culpa, ay alcalde, no es del todo suya, claro que no. La realidad de hoy responde a decisiones tomadas muchos años atrás. La propia Soledad Becerril, siendo alcaldesa, advirtió de la gran cantidad de bares que concentraba la Sevilla posterior a la Exposición Universal. La cultura de masas ha acabado afectando a la hostelería como lo ha hecho con las promociones urbanísticas, la Universidad o la propia Semana Santa. Cuando entra la masa conviene santiguarse. Tenemos los problemas de Madrid y Barcelona, pero sin red de Metro, sin un anillo ferroviario de cercanías rentable, sin un tren entre el aeropuerto y la estación de San Justa… Como los conductores malos, hemos hecho nuestros los vicios rápidamente, pero ninguna de las virtudes. Nos parecemos tanto a la capital en lo malo que en Sevilla vamos a acabar teniendo hasta un PP a la madrileña. Con todos sus callos. Tenemos los turistas de pantalón corto por legiones, las franquicias del café con los guiris con los pies por alto, los taxistas de la parada del aeropuerto con el parche de piratas y sólo nos queda que pillen a alguien del PP hurtando dos porciones de… tarta de zanahoria. Todo cutre como el turismo, todo cutre como el tiempo de masas que nos ha tocado vivir.

 

 

El caso Cifuentes en clave sevillana: nuestros botes de crema

Carlos Navarro Antolín | 29 de abril de 2018 a las 5:00

Cristina Cifuentes anuncia su dimisión

TODO ciudadano tiene un amigo, vecino o compañero con comportamientos en ocasiones raros, marcados por la anormalidad, el histrionismo o la obsesión. A una le da por hurtar dos botes de crema en un supermercado, como a otros por birlar la lámpara de un bar, llevarse los platillos de las chocolatinas del café del Alfonso XIII, o robar los rollos de papel higiénico de la biblioteca Infanta Elena. Que estas conductas se manifiesten en responsables públicos prueba que la jura de un cargo no imprime carácter. La gente no cambia. Es conocida sobradamente la fijación de la cabra por el mismo accidente geográfico. Seamos realistas. Los cambios en los rasgos más oscuros de una personalidad suelen ser a peor. Nadie mejora por entrar en política, acaso se suaviza por ingresar en un congregación religiosa o tal vez por superar una desgracia. El desempeño de un cargo público no equivale a recibir un sacramento. Muchos enloquecen con el acceso a determinadas comodidades, tanto como con el establecimiento de relaciones sociales de un nivel muy superior al que tenían antes de entrar en la política. No pueden volverse locos con los ingresos económicos porque en muchos casos los sueldos son injustificadamente bajos. Cuando algunos entran en política comienzan las anormalidades, el error de creerse impunes y, sobre todo, la convicción de que el pasado no existe, cuando, precisamente, el pasado de un político cuenta siempre con una indudable proyección de futuro.

En Sevilla ha habido casos de conductas anormales, excéntricas, de algunos responsables públicos. Pero no había cámaras de televisión. En la era en la que todo se graba conviene tener cierta cautela porque siempre hay quien está dispuesto a liberar la hormigas blancas del pasado, que ya no están en la lista de morosos del BOP, sino en los teléfonos móviles de los adorables compañeros de partido, que son los que guardan facturas, grabaciones e imágenes. Cuando el poder entra por la puerta de muchas casas, la ética sale por la ventana. Sólo el poder cotiza más que el dinero, por eso quizás quedan profesionales dispuestos a renunciar a sus ingresos económicos por un buen puesto en la administración. No todo es el dinero, pero sí lo es todo el poder. Por eso, si es preciso, se rescatan las penosas imágenes de un hurto marcado por el azul eléctrico de la vestimenta de una dama. Y por eso hay por estos lares quienes saltan de puesto en puesto de la administración auspiciados por sus propios partidos políticos, porque son personajes que saben demasiado, guardan demasiados papeles y generan ese miedo que se envuelve hipócritamente con el celofán del respeto. Van de pájaros cuando en realidad son ratas. Aprietan con facilidad el gatillo si es necesario para el oportuno y medido ajuste de cuentas. Se aprecia en las guerras internas de los partidos, en los relevos de los gobiernos de administraciones e instituciones, en los ordenadores borrados, en los archivos menguados, en las órdenes dadas al bancario para que no sople el modus operandi de los últimos años…

Esta sociedad de la crispación es propensa al zasca hiriente, a la humillación pública, al destrozo, a dar de probar esa comida que siempre, siempre, se sirve fría. La política es un duelo de alacranes, un submundo donde no hay amistades, sino aliados transitorios, no hay concesión de responsabilidades sino colocaciones para asegurar bocas selladas, no hay actos de justicia sino bofetadas indirectas al enemigo que siempre habita dentro, no se premia el espíritu crítico sino la docilidad, la sumisión, la disponibilidad para cualquier misión urgente. Y ahí Madrid es igual que Sevilla. Unidas por el AVE tanto como por los bajos fondos.

Un dirigente cofradiero de hace ya veinte años se negó un día a ser fotografiado a la vera de las imágenes titulares de su cofradía. Quiso que se ilustrara la entrevista con imágenes tomadas en la vía pública. “Mire usted, no es probable que me ocurra por mi educación y mis valores, pero soy humano y, si se me va la cabeza y algún día bebo más de la cuenta, me da por meter la pata con una señora o quiebra mi empresa de forma escandalosa, no quiero que nadie nunca pueda perjudicar a mi hermandad poniendo la foto de mi rostro junto a la cara de la Virgen”. Un visionario se llama.

El hurto de dos botes de crema hace siete años, quién lo diría, perjudica a las siglas de un partido político. Si la Cifuentes hubiera tenido el tacto de aquel cofrade, ese sentido de la anticipación, la capacidad de frenar cierto impulso y, por supuesto, no hubiera generado tantos enemigos, su destino sería hoy otro. Pero tal vez entonces no estaríamos hablando de política, sino de un mundo donde primaría el mérito y , por supuesto, se exigiría una especial ejemplaridad a los cargos, pero siempre sin perder la compasión que merece toda persona en momentos de humana debilidad. Claro está que los alacranes no son humanos.

En el caso de Sevilla no es que sea una ciudad más compasiva que Madrid, pero sabe mirar perfectamente tras el visillo y comentar cuanto ve a quien aguarda en el interior de la estancia. No nos sorprendemos, incluso digerimos, que hace años hubiera concejales pasados de tinto removiendo las estancias de su grupo político tras una sobremesa muy cargada, ni censuramos que un vicepresidente como Guerra juegue equívocamente con insinuaciones sobre falsas intimidades ajenas en un discurso de campaña en el atril de un prestigioso foro. Hemos presenciado cómo ha pasado por señorito quien no lo es por una foto en el betunero del Palace, un ataque de guante blanco perfectamente diseñado para denigrar a un potente rival. O hemos dejado caer reyes magos días antes de la cabalgata por asuntos del pasado delicados, personales y más que archivados, que trascendieron al estilo de lo ocurrido esta semana en Madrid. Y hay muchos más casos de ajustes de cuentas o de anormalidades que no se dicen, sólo se comentan. Aquí somos más finos, por ahora. Vemos, comentamos y dejamos el visillo echado.

Rajoy busca enganche

Carlos Navarro Antolín | 8 de abril de 2018 a las 5:00

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EL éxito de un acto en Sevilla es que se quede gente fuera de la convocatoria. A Rajoy le organizaron una cuchipanda el viernes por la noche en el Museo de Carruajes bajo el pomposo título de un encuentro del presidente del PP con la “sociedad civil andaluza”. El jefe del Ejecutivo se movió entre los enganches con esa parsimonia, esa serenidad y esa paciencia que son marcas de su heráldica particular. Daba la mano con la izquierda por una lesión en dos dedos de la derecha. Rajoy es la serenidad pura en un corrillo, es ese señor que da gusto encontrarse en el ascensor y cambiar impresiones sobre el clima, es el secretario idóneo para la comunidad de propietarios. Hacendoso, cumplidor, gris y perseverante. Que hay que ir a la cuchipanda de Juan Manuel Moreno, se va. Que hay que saludar y alternar, se saluda y se alterna. Estuvieron algunos de sus ministros: unos con más ganas, otros con menos. A estas alturas no hay caretas. La de Empleo, Fátima Báñez, fue la única que expresó alegría. Siempre se mueve como pez en el agua por Sevilla. Zoido compareció notoriamente cansado. Cospedal y Soraya acudieron con estilo desenfadado y con el tiempo justo. La de Defensa tenía prisa porque la esperaban en el restaurante La Raza para participar en una cena con los componentes de la delegación castellano-manchega. El ministro Nadal andaba por allí, pero en Sevilla es poco conocido. Casi lo confunden con el metre. Montoro fue el último de los ministros en marcharse, anduvo con el perfil bajo, de tapadillo, pero pasándoselo bien a juzgar por el tiempo que permaneció en el sarao. Todos los demás ministros hicieron rabona. Arenas (Javié) estuvo el tiempo preciso. Llegó, fichó y llevó al abogado Moeckel hasta los dominios de la vicepresidenta Sáenz de Santamaría: “Soraya, éste es Moeckel, el tío que querrían fichar todos los partidos”.

En esa “sociedad civil andaluza” que Moreno Bonilla logró reunir para cumplimentar a Rajoy estaban algunos clásicos del tío vivo local, esa atracción que gira y gira y donde siempre suben y bajan los mismos… ejemplares. El concepto de sociedad civil es tan amplio (y difuso) que permite meter de todo. Curiosamente no estaban algunos de los empresarios andaluces que figuran entre los de mayor facturación de España, según la última clasificación. Tampoco estaban las cofradías. Sí estaban Juan Ramón Guillén, Miguel Gallego, Manuel Contreras, Francisco Herrero, Francisco Arteaga, Jorge Paradela, Ricardo Pumar, etcétera. El alcalde de Carmona llegó con rostros amables como Pansequito, Raúl Gracia El Tato (“Al aparato”, respondía cuando se le llamaba por teléfono) o la pintora Nuria Barrera, siempre oliendo a Quizás (Loewe), una especialista en los tonos azules, azules como los de este PP teñido de cierta melancolía estos días. No corren buenos tiempos para la gaviota reconvertida en encina tras su paso por el laboratorio de Arriola. Rajoy necesita nuevos enganches. El ambiente de la recepción distaba mucho de la de 2011, celebrada en el Real Alcázar. La euforia actual, cuando se escenifica, está muy forzada. Lo de la Cifuentes ha dolido. En privado se reconoce que no se termina de salir de un entuerto cuando el partido se mete en otro. “Presidente, al menos tiene usted la mano izquierda intacta, que es la que mas necesita”. Y Rajoy se ríe por educación mientras musita una suerte de “chichichí”, que en realidad es un “sí, sí, sí”.

El pintor Ricardo Suárez habla de Arte y de la romería del Rocío con Báñez, la ministra de Huelva, como le gusta proclamar a su jefe de gabinete. Juan Ávila es el único alcalde de la provincia de Sevilla que asiste a la recepción. “También es el único que tiene un Parador”, apunta alguien para justificar su presencia. Santiago León, teniente de la Real Maestranza, se lleva bien con Beltrán Pérez, aspirante a la Alcaldía. Los dos son taurinos. Los condes de Peñaflor se despiden a una hora prudente. El encargado del cátering, Miguel Ángel, se hace una foto con el presidente. Soraya se ha ido. Zoido también. De Arenas no queda rastro. Eladio, un amable camarero, sigue atendiendo con la misma diligencia que en el primer minuto. En el exterior cae una lluvia fina sobre la ciudad. Sólo falta una melodía de violín para cuadrar una escena trufada de cierta melancolía que nadie admite en público, pero sí en privado. Entre los invitados emerge la figura colosal de Antonio del Castillo, padre de Marta. Le agradece a Moeckel un artículo que publicó sobre su hija hace unos años. El senador Toni Martín es el alguacil de la plaza, el ojo que todo lo ve, el que apunta con la mirada quienes van saliendo de la cuchipanda. Moreno Bonilla sonríe. A la portavoz parlamentaria Carmen Crespo no le gusta oír una coletilla sobre su jefe: “Llamadme Juanma”. Por el gesto se le nota la desaprobación, pero ya se sabe lo que dijeron en Cádiz: “¡Viva la libertad!”.

El empresario Miguel Gallego se hace fotos con el presidente del Gobierno con numerosos testigos de la escena: el periodista Fernando Seco, Juan Carlos Hernández Buades y María Luisa Ríos (CEU-San Pablo), Julio Cuesta (eternamente Cruzcampo) y ese largo etcétera que hace la melé en torno a los grandes personajes del poder. Virginia Pérez, presidenta del PP sevillano, se mueve de corrillo en corrillo. Hay pocos políticos locales. El aforo es limitado y se ha ajustado mucho la lista de invitados. Incluso hay quien da en la diana: “No hay bulla, pero aquí hay más gente que invitados”.

El presidente se ha ido y nadie sabe como ha sido. Hay algunos peinados de peluquería que encajarían en la cafetería de la Guerra de las Galaxias. Esta derecha ya no es la que era. En el umbral, que no en el dintel, se fuma a resguardo de la lluvia. Alguien envía un mensaje: “¿No viene usted a la recepción del presidente”. Y al rato se recibe la respuesta: “Yo he ido a lo de Ciudadanos con los autónomos”.

Eladio rellena con amabilidad algún último catavino de manzanilla. Los enganches aguardan sus jacos. La Feria está próxima en todos los sentidos. El PP está cansado. También necesita que tiren de su carro. Los escándalos son como la lluvia fina. Terminan calando y aparecen los estornudos. Y entonces hay que pedir un pañuelo. Y tener mano izquierda. “Chichichí”.

La mejor versión de Zoido

Carlos Navarro Antolín | 18 de marzo de 2018 a las 5:00

LA CATEDRAL ACOGE EL FUNERAL POR EL NIÑO GABRIEL

MUCHOS españoles no sabrían el pasado jueves, al contemplar a un decaído ministro del Interior con la bufanda azul del pequeño Gabriel en la mano, que Juan Ignacio Zoido ha ejercido muchos años de juez antes de los veinte que lleva en cargos políticos e institucionales. Y que en el ejercicio de su profesión como magistrado nunca se acostumbró, nadie puede hacerlo, a levantar cadáveres de jóvenes fallecidos en accidentes, niños quemados por los braseros domésticos, muchachos ahogados en una piscina… El ministro ha cumplido con pulcritud sus funciones en el caso del secuestro y asesinato del niño de Almería. Ha estado a la altura. Y máxime si se tiene en cuenta la perspectiva personal, nunca despreciable por mucho que cierto criterio aconseje escrutar el desempeño de un cargo público sin reparar en factores personales.

Zoido me hizo una vez una confesión al recordar aquellas duras experiencias como juez a pie de calle: “Con lo que yo he visto, con lo que yo he visto…”. Los meandros de la existencia conducen a los destinos más imprevisibles, a las aguas más embravecidas. Quién le iba a decir al hoy ministro que uno de sus momentos más duros como titular de la cartera de Interior sería el de recibir la bufanda azul de una criatura yacente, sin vida por acción de la maldad humana. Defiende un ex alcalde de Sevilla como Manuel del Valle que la política está deshumanizada. Casi todo vale en esta España de las cloacas de las redes sociales, los pendulazos agresivos en el enfoque de los temas, los garrotazos a lo Goya entre hermanos de una misma nación, los análisis descarnados de los sucesos más delicados, la intimidad mercadeada y, cómo no, la información convertida en espectáculo con tal intensidad que hasta para muchos profesionales de la comunicación resulta difícil distinguir el sentimiento sincero de la actitud impostada. Todo es un gran teatro donde el azul de una bufanda emerge en el oleaje oscuro de los mercaderes, carroñeros y advenedizos del dolor ajeno. Muchos españoles, decíamos, no podían saber el pasado jueves que el ministro del Interior lleva sobre sus hombros no sólo la mochila de su dura etapa como juez, al igual que la llevan muchos de sus compañeros de toga, sino la experiencia propia, sufrida en sus carnes, de recordar cada día a un hijo fallecido. Y hacerlo además con la mayor naturalidad. Zoido, hombre de pueblo y de fe, cuida con esmero las liturgias del recuerdo sin publicidad alguna. Y en esa prelación de homenajes cotidianos figuran en posición destacada frases, repeticiones de momentos, lugares y, cómo no, algunos objetos especiales. Un polo, un cinturón, un rito, un bar, un estadio, un día señalado…

Recibir esa bufanda azul es aumentar, otra vez, el peso de la cruz de los recuerdos. Cuánto pesa la cruz, ministro, y qué pocos cirineos. Recordar es revivir. Tengan por seguro que el ministro se tragó el pasado jueves el llanto, la amargura y el desgarro como el padre que es, como el juez de pueblo que tuvo que mirar los cuerpos sin vida de tantos chavales antes de firmar el levantamiento. Los ministros no dejan de ser personas, padres o hermanos en una política huérfana de alma. Los reyes lloran cuando mueren sus padres e incluso piden perdón cuando se equivocan y, al hacerlo, salvan a la institución. Dejan ver el lado más humano. Ese rostro de Zoido descompuesto con la bufanda en una mano, como un boxeador vencido que se resiste a perder el equilibrio, revela paradójicamente su lado más fuerte. Con lo que había visto Zoido… Con la de veces que se ha tenido que agarrar al árbol de la cruz, nadie podía prevenirle de que la vida le sorprendería con un varetazo emocional de semejante calibre. La madre del pequeño Gabriel le regaló una bufanda de su niño a quien precisamente, sin que casi nadie lo sepa, lleva años luciendo el cinturón o una prenda de su propio hijo fallecido. La inmensa mayoría de los españoles no tienen por qué saberlo. Tal vez no sea trascendental para quienes están llamados a ejercer una fría fiscalización de la gestión pública. Pero sí es una historia cierta, hermosa para muchos, reveladora para otros o intrascendente incluso para algunos. El gran mérito del hoy ministro del Interior es que ha sido una persona que ha vuelto a sonreír después de haber sufrido la mayor desgracia que puede vivir un ser humano. El jueves soportó en silencio la tremenda losa que se le vino encima al recibir aquella preciosa prenda. Baste un ejemplo. Una persona anónima que perdió a un hijo antes que Zoido telefoneaba a Juan Ignacio frecuentemente y siempre comenzaba la conversación con la misma reflexión: “No sé cómo puedes sonreír”. Y Zoido nunca decía nada, guardaba silencio y esperaba a que el interlocutor se explayara de una vez en el motivo real de la llamada. Se tragaba con bravura el caudal de emociones y recuerdos que provocaba aquella maldita confidencia.

El ministro de la coraza volvió a sonreír a lo largo de su vida. Pero el pasado jueves se le puso la misma cara de un día de hace muchos años, un rostro tiniebla que sobresale y se distingue con nitidez de toda la parafernalia propagandística de la política, del hartazgo de las sobreactuaciones y del ruido cotidiano de los sables de unos contra los otros. La gran verdad de la política es que casi todo es mentira, porque la política está secuestrada por los aparatos de los partidos. El dolor de un padre, el ejemplo de un ser humano que abraza con dignidad la cruz de su destino, no entiende de mentiras, ni de ministerios, ni de otras alharacas de la vida pública. Si en las facultades de Bellas Artes se estudia la vida muchas veces desgraciada de un artista para comprender su obra, por qué no habría que tener en cuenta la trayectoria de los políticos para captar su verdadera dimensión y ponderar con justicia sus reacciones. El ministro de la bufanda azul es la mejor versión de Zoido. Esa prenda es el símbolo de sus mejores días como ministro, ironía macabra de un destino que siempre, siempre, parece que le tiene reservada una cruz a la espera de su abrazo.

Intento de estafa con la caseta del PP

Carlos Navarro Antolín | 14 de marzo de 2018 a las 5:00

CASETAS

EL listo de turno ha querido hacer un negocio redondo. O los listos y laslistas. No las listas electorales, oiga. El mercado negro de las casetas ha estado a punto, a puntito, de afectar nada menos que al Partido Popular en Sevilla, que tiene una caseta en la calle Pascual Márquez, números 66 al 70. Quizás, quién sabe, alguien ha querido sacar provecho de que todas las miradas están centradas en el proceso de designación del candidato a la Alcaldía, en los intentos de unos y otros por defender a sus respectivos aspirantes. En el hipódromo de la calle Rioja los caballos corren. Alguno jadea y suda en exceso por la boca, otros llevan la velocidad de un pecherón. Y hasta hay alguno que parece afectado por aquella lejana peste equina. En plena marejadilla interna, alguien ha enviado correos electrónicos detallando una suculenta oferta: disfrutar como “socio” de esta caseta durante toda la Feria a cambio del pago de 1.200 euros que debían ser ingresados en una cuenta abierta al efecto. El correo electrónico ha llegado a personajes muy conocidos en la ciudad. El incauto emisor ha dejado al descubierto todas las direcciones de los supuestos interesados. La cúpula del partido no se enteró de los hechos hasta el pasado jueves. La sospecha, en principio, apuntaba a la posibilidad de que la formación política hubiera perdido la caseta por olvido en el pago de las tasas, pues hubo destinatarios del correo que se percataron de que la dirección de la caseta era la del PP y creyeron de buena fe que se trataba de una pérdida de los derechos y de la posterior nueva adjudicación. Pero no, el Ayuntamiento confirmó que todo estaba en regla. El partido político seguía siendo titular de la caseta. Unas mínimas indagaciones sirvieron para comprobar que alguien vinculado a la cadena de explotación de la caseta estaba ofreciendo su uso privativo, cuando se trata de una caseta de titularidad privada pero de uso eminentemente público. Estaríamos ante una operación expresamente prohibida y especialmente castigada por las ordenanzas reguladoras de la Feria.

Bastó tirar de los hilos para que afloraran los nervios. Cuando los protagonistas de la supuesta estafa estaban ya pillados, enviaron un correo electrónico desmontando la operación, la misma que habían anunciado con todo detalle en el correo electrónico inicial. Todo está recogido en esos correos, según aseguran fuentes relacionadas con los hechos.

El PP recurrió el lunes al juzgado de guardia, donde interpuso una denuncia penal por si los hechos “fueses constitutivos de un delito de estafa del artículo 248 del Código Penal”. En la denuncia se detalla que la caseta tiene tres módulos que suman la nada despreciable extensión de 301 metros cuadrados y se pide al juez, como es de rigor, que efectúe las diligencias necesarias para la aclaración de los hechos.

Por cierto, 1.200 euros no es precio de oferta, precisamente. Salvo que incluya la cena inaugural del pescao. Y unos cuantos chorizos. Muchos chorizos.

Arenas controla, Tarno se enoja

Carlos Navarro Antolín | 26 de febrero de 2018 a las 5:00

24/02/2017: Junta Dirrectiva provincial del PP Andalucía. 24/02/2017: Junta Dirrectiva provincial del PP Andalucía.

LOS comités ejecutivos del PP a puerta cerrada son una mina. La primera señal que mide la expectativa de la cita radica en la presencia o ausencia del gran Povedano, jefe de seguridad del partido. ¿No pide la Delegación del Gobierno en Andalucía que cada cofradía tenga un jefe de seguridad? Pues la derecha hispalense es esa organización preclara que hace años que tiene su propio Cecop. Y les aseguro que funciona perfectamente. Los presidentes provinciales pasan, Povedano siempre se queda. Como Eduardo Herrera en la Federación Andaluza de Fútbol. Como Gallardo en el Colegio de Abogados. Como Paco Vélez en el Consejo de Hermandades. El sábado –a lo que íbamos– se presentó Povedano en el comité ejecutivo. Se barruntaba lío en la sesión a puerta cerrada a cuenta de los catorce expedientes de expulsión por doble militancia (¡Malditos roedores!) y por los dos casos de insultos públicos a la cúpula del partido (¡Malditos tuits y retuits!). Cuando Povedano está es que hay control de firma a la entrada y votaciones. Su presencia tranquiliza. Disuade a los potenciales alborotadores. La sesión estaba presidida por Arenas. Resulta un verdadero espectáculo comprobar cómo Javié controla las situaciones… tantos años después. Su auctoritas es demoledora. Es lo que hay. Su sombra es indiscutiblemente alargada. Los hijos políticos quisieron jubilarle en 2012. Los nietos políticos lo mantienen hiperactivo. Ni siquiera ha entrado en emeritud.

El graderío se situó en torno a la disposición habitual. A la derecha de la entrada y en el centro, el sector más afín a la dirección habitual, junto con alcaldes, la muchachada de Nuevas Generaciones y los presidentes de distritos de la capital. A la izquierda de la mesa, los actuales críticos (antes oficialistas). Una de las novedades del sábado era ver al edil Ignacio Flores completamente integrado en el aparato actual desde que ha sido nombrado portavoz adjunto del grupo municipal. Flores lleva en el Ayuntamiento desde los tiempos de Soledad Becerril, por lo que hay quien considera con guasa que la Real Academia de la Historia puede dar por concluida la Transición.

Los tres últimos ex presidentes del PP de Sevilla (Ricardo Tarno, José Luis Sanz y Juan Bueno) se sentaron juntos. La secretaria de Organización, Macarena O´Neill, leyó las pruebas contra los catorce afiliados que debían ser expulsados, entre los que se encontraba un concejal y baluarte de la candidatura de Juan Bueno en Dos Hermanas. Bueno afirmó que no le habían presentado pruebas concluyentes de dichas descalificaciones, a lo que Virginia Pérez respondió con un completo dossier de descalificaciones o incitaciones a traspasar la militancia a otros partidos. El ex presidente no puso en duda esas pruebas y apoyó la medida en ese caso.

Una crítica con la dirección actual, Maribel Vilches, justificó que comparecía muy arreglada porque tenía una boda (“un evento”). Recordó su condición de abogada para exigir garantías en los expedientes de expulsión, a lo que tanto O´Neill como Juan de la Rosa, secretario general cada vez con más complicidad con la presidenta Virginia Pérez, contestaron que, “evidentemente”, los expulsados tienen un plazo legal para recurrir la decisión. Arenas, siempre presto a promover la distensión en público entre hijos y nietos, recordó con humor que los dados de baja por fallecimiento no necesitan de plazo de alegaciones. Todos (o casi todos) se rieron. Vilches pidió la palabra hasta cuatro veces más, provocando algún bostezo: “Te pido brevedad y lo hago con todo el cariño”, le suplicó Arenas en alguna ocasión. Algún asistente llegó a preguntar en voz alta por la hora de comienzo de la boda a la que estaba invitada Vilches (¡Qué desahogada es esta derecha en ocasiones!). La presidenta Virginia Pérez intervino para exponer a los presentes si no era suficiente prueba en contra de un militante expedientado el hecho de que siendo un cargo público del PP votara contra mociones presentadas por su propio partido, como ocurrió en Dos Hermanas. Sólo se opuso a las expulsiones la muy parlante letrada Vílches. Hasta el ex presidente Juan Bueno y el senador José Luis Sanz votaron a favor de las medidas disciplinarias.

Se trató la creación de una gestora en el municipio de Sanlúcar la Mayor tras la imposibilidad de poner de acuerdo a los dos candidatos que optan a la presidencia local. Esta vez sí hubo una votación y, nueve meses después, se midieron de nuevo las fuerzas internas con un muy desigual resultado. Se registraron 65 votos a favor de la gestora propuesta por la dirección actual, dos abstenciones y 20 votos en contra (entre los que estaban los sufragios de los ex presidentes José Luis Sanz, Ricardo Tarno y Juan Bueno). Curiosos fueron los votos en contra del edil y vicepresidente del partido, Alberto Díaz (ex portavoz municipal y ex jefe de gabinete de Zoido) y el voto a favor de la gestora de José Miguel Luque (actual jefe de gabinete de Beltrán Pérez y antiguo de Zoido). Si algunos mantienen que el partido está roto por la mitad, el sábado se comprobó que una mitad es cada vez más grande y se extiende a la velocidad de los adosados del Aljarafe en tiempos del boom inmobiliario. Distinto es que el partido tenga mayor o menor capacidad de movilización del voto cuando lleguen las elecciones y no se trate ya de ganar partidos amistosos (léase comités ejecutivos), sino poder puro y duro.

Se sucedieron finalmente las intervenciones de clausura. Bueno pidió un “debate serio y sereno” sobre el uso de las redes sociales. Se refirió al “calentamiento” de algunos militantes y a la necesidad de no promover expulsiones. Y advirtió:“Si nos ponemos a buscar insultos en las redes, tendríamos una lista interminable en el último año”. La presidenta Virginia Pérez replicó de inmediato a su antecesor: “Quien después de nueve meses no entienda que no se puede decir en las redes, con el logotipo del partido, que aquí existe una dictadura interna… No puedo consentir que nadie insulte a nadie, es mi responsabilidad. Yo lo pongo en conocimiento del comité de derechos y garantías y que allí se decida. Basta con tener sentido común. No le hagas a tu compañero lo que no quieras que te hagan a ti”. Se oyeron aplausos.

Pedro González, presidente de NNGG y concejal en Tomares, felicitó a la cúpula del partido. Juan Ávila, alcalde de Carmona y, por cierto, poseedor de un burro (El Platero y yo de la Campiña), pidió una reflexión sobre el uso de las redes sociales. “Es penoso lo que está pasando y que perdamos tres horas de un sábado en esto en vez de trabajar para ganar las elecciones. Hay gente que no acepta que unos han ganado y otros han perdido. No se puede estar jugando con los tuits y con la prensa. ¡Que Ciudadanos nos está machacando!”. Sonaron más aplausos. Felipe Rodríguez Melgarejo felicitó al senador José Luis Sanz por las noticias favorables sobre su situación judicial. “Es la segunda vez que atacan a nuestro buen amigo. ¡Que se entere la gente! ¡Que has salido ileso!”. Sonaron aplausos. Arenas aseguró que figuraría en acta la felicitación a Sanz. Maribel Vilches pidió la palabra por enésima vez y se reiteró en su petición de “proporcionalidad” en las sanciones a los ya expulsados. Arenas aseguró que él era feliz con un teléfono Nokia sin capacidad de mensajería rápida: “¡Esto es un martirio chino!”, refiriéndose a su smart phone. “A mí me ponen a parir aquí todos los días y no sé quiénes son”, dijo sobre las redes sociales con el teléfono alzado. “Y esto es un problema extraordinario que perjudica a la infancia y que puede cambiar la sociedad en cinco o diez años. Esto es muy serio”, sentenció.

La letrada Vilches pidió de nuevo la palabra. Arenas le echó humor. El edil Pepelu García exclamó: “¡Que no llegamos al telediario!”. Este último comentario provocó la reacción airada del ex presidente provincial Ricardo Tarno, diputado nacional, que irrumpió e instó a que se respetara a la interviniente: “¡Me parecen impresentables estas faltas de respeto!”. Y abundó en cómo se cuestiona al ministro del Interior en las redes sociales. Arenas apuntó a que no sólo al ministro Zoido, sino que él también sufre ataques en silencio. Tarno recibió algunos aplausos. Arenas de nuevo calmó el ambiente.

Beltrán Pérez actuó como virtual candidato a la Alcaldía presentando el acuerdo presupuestario que permite la bajada de impuestos. Fue aplaudido por el personal de los distritos y de NNGG. Virginia Pérez declaró que no permitiría faltas de respeto y anunció que todos los candidatos de la provincia se presentarían en junio. Arenas felicitó la labor del grupo municipal de la capital y lanzó un mensaje contra las influencias extrenas: “Este partido es autónomo en sus decisiones. La dirección del PP es una”. Las filas de los antiguos oficialistas clareaban ya en ese instante. Fuera del castillo hace frío. Arenas levantó la sesión. Povedano controló la evacuación de la sala. Sin novedad. Virginia Pérez se fue a Carmona a apoyar la labor de los muchachos de NNGG. La letrada parlante se iría a su boda, donde los novios comerían perdices. En fútbol ganan los alemanes. En política, los aparatos. Ignacio Flores ha sido premiado por abrazar el nuevo régimen. Aviso a navegantes.

24/02/2017: Junta Dirrectiva provincial del PP Andalucía.

24/02/2017: Junta Dirrectiva provincial del PP Andalucía.

Dos cabalgan juntos

Carlos Navarro Antolín | 18 de febrero de 2018 a las 5:00

El alcalde de Sevilla, Juan Espadas, y el portavoz del grupo municipal del PP, Beltrán Pérez, firman el acuerdo de Presupuestos para 2018

DE ser acusado de chulo en el Pleno a ser el político fundamental para dar estabilidad al Ayuntamiento. De tenido por chantajista a ser un líder de la oposición con altura de miras. El alcalde ha modificado sustancialmente su percepción del edil Beltrán Pérez en menos de dos meses. El 27 de diciembre se celebró un Pleno en la Casa Grande para aprobar las ordenanzas fiscales con los precios y tasas públicos para 2018. Eran las vísperas de los Santos Inocentes y, por cierto, del cumpleaños de Javier Arenas. El alcalde estalló aquella mañana. Estaba molesto por el estilo que emplea la oposición desde que Pérez asume la tarea de Pepito Grillo: “¡Con la chulería no se va a ninguna parte!”, le advirtió Espadas, quien reprochó al político del PP que le recordara que los presupuestos estaban a la vuelta de la esquina y que necesitaría para sacar adelante las cuentas de los doce votos, o de las doce abstenciones, de los chicos de la gaviota. Beltrán se erigió en todo un oráculo. Acertó. El alcalde se defendió y metió los dedos en el Grupo Popular al recordar las convulsiones internas del partido y sus efectos en el Ayuntamiento: “Lleváis tres años atascados”. El ambiente se vició.

Mes y medio después ha sido Beltrán Pérez, el acusado de chulería y de chantajista, quien ha salvado el presupuesto. No porque a Pérez le haya entrado un repentino ataque de piedad para con el alcalde en minoría, ni un sentimiento de arrepentimiento y reflexión propio del arranque de la cuaresma. Espadas necesita a Pérez, y Pérez necesita de Espadas. Dos cabalgan juntos. Los movimientos en política, desde tiempos de los clásicos, son una suma de conveniencias. Las conveniencias son intereses a corto plazo. Y la política de hoy es tan cortoplacista como esclava del márketing. El presupuesto aprobado permite a Espadas ejercer sus políticas de gobierno. O, al menos, determinadas políticas, porque después ya sabemos cómo son los paupérrimos grados de ejecución de los presupuestos. Espadas se libra de la dependencia del apoyo de la izquierda radical, la misma que en su día lo aupó a la Alcaldía. A este alcalde que encarna el socialismo moderado empiezan a escocerle más de la cuenta los revoltosos chicos de IU y Participa Sevilla. Él es hombre de costumbres sanas, de saber vivir un domingo familiar (costumbrista) en compañía de Rafa Serna, el letrista que públicamente ha proclamado: “Soy del PP, pero votaré a Juan Espadas”. Cuando los concejales de Participa Sevilla anunciaron su rechazo a los presupuestos, el alcalde llamó al correoso Beltrán Pérez para sacar adelante las cuentas. “Beltri, te necesito”. Tardaron cinco minutos en entenderse. Espadas hizo de la necesidad virtud. Y Pérez, acusado de haber estado ejerciendo una política de cara a la galería con su presupuesto alternativo, vio la oportunidad impagable de erigirse en el salvador de las cuentas, de orillar a Ciudadanos como único partido conservador capaz de contribuir a la gobernabilidad, de desprenderse del barniz de niño terrible y de aparecer como político con alturas de miras, todo lo cual escenificado en una firma solemne en la planta alta del Ayuntamiento que ni la del acto de adhesión de España a la Unión Europea.

Espadas demuestra una gran cintura política. Es capaz de entenderse con todos. Y Beltrán Pérez se cobra su apoyo a corto y medio plazo. El PP no ha cambiado un dígito de las cuentas de 2018, que son exactamente las pactadas por el PSOE y Ciudadanos. Beltrán Pérez ha seguido la táctica de despreciar la vía técnica de la presentación de enmiendas. Toda su apuesta ha sido política. El PP pone sus miras en 2019 al obligar al alcalde a asumir un cuadro fiscal que regirá en el año electoral, para el que ya no necesitará del apoyo de Ciudadanos y con el que tendrá que gobernar el futuro alcalde. Y el PP también, he aquí el rédito político que tendrá efectos a la mayor brevedad, se garantiza en breve un Pleno extraordinario en el que se aprobará la exigencia de fondos autonómicos de hasta 14 millones de euros al año para Sevilla (la denominada Patrica, femenino del fijador de pelo) y la red de Metro, en ambos casos tal como las plantean los populares, dos mociones que escocerán a la presidenta Susana Díaz. Además, el abatido líder regional del PP, Juan Manuel Moreno Bonilla (“Llamadme Juanma”) encontrará en la política municipal un poco de ayuda exterior para argumentar sus rifirrafes con el ejecutivo autonómico.

Cuando la presidenta Carmen Castreño abrió el Pleno de presupuestos a los periodistas e invitados el pasado miércoles (“¡Audiencia pública!), Espadas se afanó en estar saludando a los concejales de Ciudadanos en ese momento. Sabe que son los más perjudicados de su pacto con Beltrán Pérez. Espadas los quiso mimar con ese gesto público por lo que pueda ocurrir. El alcalde guarda la ropa por si el peligroso Beltrán le hace una ahogadilla durante el baño. En ese instante de puertas recién abiertas en el Salón Colón, Beltrán apareció rodeado de todos los concejales del PP. Sentado estaba Alberto Díaz, ex portavoz del Grupo Popular, que en 2017 ya tuvo la idea de apoyar de alguna manera los presupuestos de Espadas para ganar peso político.

Queda probada que la unión de los dos grandes partidos tiene una fuerza arrasadora. El presupuesto de 2018 es el que se ha aprobado antes de los tres de Juan Espadas. Con Monteseirín llegamos a ver presupuestos aprobados en junio. El PP está henchido de gloria porque ha logrado evidenciar, al menos por ahora, que Ciudadanos es irrelevante en el ruedo municipal. La verdadera influencia en la elaboración de un presupuesto no se tasa en millones, sino en clave política. La política de hoy es imagen. En la firma del acuerdo enre Espadas y Pérez estaban de nuevo las cámaras de las emisoras de televisión. Y después corrió la cerveza para algunos en los bares de los alrededores, oro líquido que baña los grandes momentos de la ciudad, espuma efímera, glorias pasajeras. Nada en política perdura. Ninguna cerveza se mantiene siempre fría.