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¿La naranja caída?

Carlos Navarro Antolín | 15 de julio de 2018 a las 5:00

Ayuntamiento. Javier Millán, portavoz de Ciudadanos en el ayunt

NADIE discute que la política es una montaña rusa, es un teatro cotidiano donde la gran verdad es que todo es falso y es también el terreno propicio para que las relaciones personales sean uniones temporales de intereses que se disfrazan de amistad. El elogio en política puede ser una daga, la crítica puede ser una maniobra para despistar la atención, pero el ninguneo, ay el ninguneo, es ese chorreón de vinagre barato que se vierte en una ensalada incomestible. Al portavoz de Ciudadanos en el Ayuntamiento, Javier Millán, lo ninguneó su líder dónde y cuándo más escuece: en Sevilla y a diez meses de las elecciones municipales. Ocurrió el miércoles ante un auditorio que se quedó perplejo. Albert Rivera, presidente de un partido donde sólo Inés Arrimadas resta brillo al líder, se explayó al ponderar la figura de Manuel Valls, el ex primer ministro francés que se perfila como atractivo candidato naranja a la Alcaldía de Barcelona. Rivera citó el caso de Ana Hidalgo, la gaditana que ejerce de alcaldesa de París con toda naturalidad, y elogió de Valls su talante europeísta y moderado. Acto seguido, tras un largo discurso en el que jamás se refirió a Sevilla, se le preguntó directamente si Ciudadanos está necesitado de un Manuel Valls para la carrera electoral en la capital de Andalucía. La respuesta de Rivera fue de las que lo dicen todo, absolutamente todo, sin decir nada, absolutamente nada.

–¿No le gustaría tener un perfil parecido al de Manuel Valls para aspirar a la Alcaldía de Sevilla? ¿Echa en falta tener una cantera más amplia?
–Bueno, pues… Viendo a los competidores, tampoco veo demasiada cantera… En todo caso sí que le reconozco una cosa. Estamos incorporando talento a este proyecto. Las puertas están abiertas. Se pueden presentar independientes a las primarias, lo acaba de aprobar el consejo general del partido por unanimidad, lo cual no es fácil en política. Esto no lo ha hecho ningún partido. Lo lógico en un partido es meter los codos para que no entre gente buena. Y aquí, la unanimidad de un consejo general ha dicho sí a que se presente gente aunque no sean militantes. De hecho, la mitad de la ejecutiva que yo presido eran gente independiente. Juan [Marín] era independiente, no era de Ciudadanos cuando se incorporó. ¿Qué creo que hay que hacer? Abrir, buscar y encontrar gente, gente que está trabajando dentro y que está trabajando fuera. Así que yo, en este caso de las primarias de Ciudadanos, veo que hay gente que ha trabajado en el Parlamento que ha hecho una labor magnífica y que va a estar ahí. Y yo me alegro, pero también se abren las puertas a renovaciones e incorporaciones, porque ésa es la idea de Ciudadanos: seguir creciendo, seguir sumando y ser un partido unido. Fíjese en la diferencia. Somos un partido con primarias, con independientes, unido y creciente. Otros tienen un partido menguante, sin primarias, con división interna y, desde luego, sin independientes. Yo entiendo la política de otra manera, yo vine de la sociedad civil, de la empresa, me incorporé hace unos años a esto y creo que es bueno haber trabajado en otros ámbitos distintos a la política.

Rivera ninguneó a Millán. No lo citó. Ni siquiera para valorar su trabajo de más tres años en la oposición municipal. Ciudadanos tiene tres concejales, obtenidos en las elecciones de 2105, y a nadie escapa que el partido naranja no termina de capitalizar en Sevilla el auge de la marca en España, aunque Rivera y los suyos se hayan quedado ahora con cierta sensación de noqueo tras la moción de censura.

La verdad es que en procesos de designación de candidatos a la Alcaldía hemos visto vodeviles de todo tipo, pero jamás el ninguneo al que Rivera sometió a Javier Millán. Hemos presenciado a Arenas jugando con Raynaud, Soledad Becerril y Zoido de cara a las municipales de 2007. Hemos visto al PSOE barajando para 2011 al entonces alcalde Monteseirín, a Rosamar Prieto-Castro para un período interino, a la hoy ministra María Jesús Montero y, por supuesto, a Juan Espadas. Pero no veíamos a los líderes ningunear a los que, por el momento, estaban con un puesto en el Ayuntamiento. Al menos cumplían con la fórmula del elogio al “gran trabajo que se está haciendo”, una labor que “hoy por hoy” hacía acreedor al que estaba en el puesto de poder continuar, aunque el partido tiene “muchas personas válidas” para emprender con éxito la carrera electoral. Se ve que Rivera es distinto. Debe ser efecto de la nueva política. Millán no existe para el líder. Millán es consciente, de hecho, de dos claves fundamentales para su futuro político:no despega por sí, acaso aumentaría los concejales porque la marca nacional sumaría votos, y es consciente de que no es el deseado, sino el que pasaba por allí y dirige el grupo municipal con más ilusión que cabeza.

Rivera pudo haber ponderado la labor del grupo municipal de Ciudadanos, al menos para destacar su capacidad para dar estabilidad al gobierno de minoría de Juan Espadas. ¿Acaso no lo hizo con Juan Marín, que con sus solitarios nueve diputados ha hecho tanto bien por Andalucía, según repitió Rivera varias veces en su discurso?”. Rivera castigó a su portavoz municipal en Sevilla con un silencio de desprecio propio de la afición de la Real Maestranza, ese público cruel que, mientras el matador regresa al callejón con la cara descompuesta, busca al tío de las bebidas, aprovecha para ir a los aseos (orinaderos en el argot de la cartelería de la plaza) o estira las piernas mientras contempla el vuelo de los vencejos con la Giralda de fondo. Todo, menos dedicarle siquiera una mirada compasiva al diestro.

La puntilla de Rivera fue recurrir al mal de muchos para justificar la falta de un candidato ilusionante en Sevilla. “Viendo a los competidores, tampoco veo a demasiada cantera”. No defendió a su portavoz, se abonó al consuelo de tontos. Aceptamos Millán como candidato (o no) mientras se busca un Manuel Valls. Acto seguido, Rivera publicita una suerte de casting (primarias) al que invita a militantes e independientes. Y eso que sólo quedan diez meses para los comicios.

En política existen los candidatos cuneros, los candidatos a palos, los supercandidatos, los criados en las filas de las juventudes de turno, los paracaidistas y los que son ninguneados en su propia tierra por un presidente que viene de Madrid. Debe ser, claro que sí, la nueva política, la que no guarda las viejas formas hipócritas. Rivera nos dejó a Millán como una naranja caída. Y si Ciudadanos se la come como aspirante a la Alcaldía en 2019 es porque no hay otra. Sevilla busca un Manuel Valls. Si Millán se queda como candidato es por descarte. Ni Rivera ni Marín lo quieren. Lo clamoroso es que no lo disimulan. Hay silencios que apalean, hay naranjas sin vitamina, hay consuelos irritantes. Lo de aguantar como sea en el puesto sí que es propio de la vieja política. Ya lo dice Rivera: para como están los demás… Nos vale Millán, el ninguneado por el jefe en su propia plaza.

Todos con un robot en diez años

Carlos Navarro Antolín | 9 de julio de 2018 a las 20:45

Presentaci¿n de un robot, con forma de rana, que servir¿ de gu¿a para turistas

Imagen de archivo de un robot que hace de guía turístico en el Real Alcázar

Los robots están ahí, han llegado como el tapicero a su ciudad, señora. Más de la mitad de los empleos andaluces se verán afectados en diez años por la automatización, sobre todo si se trata de jóvenes con escasa formación, según el estudio de la Asociación de Empresarios del Sur de España (Cesur), que alaba la mejora en la cifras del desempleo. A mayor formación, menor es el riesgo de que un robot te mande a sufrir los lunes al sol. Y si nuestra actividad profesional requiere de muchas habilidades cognitivas e intelectuales, más difícil será que el robot nos derribe como el toro al caballo por mucho que embista contra el peto de la competitividad. Del estudio de Cesur concluimos que por mucho que el mundo sea cada día más globalizado y esté más tecnificado, siguen vigente los valores de siempre que algunos pretenden orillar: la lectura como ejercicio intelectual, la necesidad de formación humanística y el desarrollo de un perfil que nos haga distintos y por tanto difíciles de ser sustituidos por una máquina. Y ninguna de estas virtudes, qué cosas, se consigue sin hincar codos previamente, sin la fundamental adquisición del hábito de estudio, sin conocer de dónde venimos, sin practicar la memoria (no la memorieta), el espíritu crítico (no la crispación de las redes sociales) o la escritura (no el tuit que simboliza el pensamiento ligero de hoy). Quién nos iba a decir que el mejor blindaje para seguir en el mercado de trabajo en la Andalucía de los próximos diez años sería el desarrollo del intelecto, cuando justamente algunos comerciales de la Educación nos venden un futuro donde todo queda reducido a saber relacionarse en equipos, hablar idiomas y estar dispuestos a aceptar un empleo en la India. Alguno ha malinterpretado a conciencia la enseñanza de don Alfonso de Cossío, que cuestionaba para qué aprenderse los artículos del Código Civil pudiendo llevar el pequeño volumen bajo el brazo. El problema de hoy, aplicado al ejemplo descrito, es ignorar cuestiones preliminares básicas: qué es un código, quiénes impulsaron el derecho codificado o cómo se sistematiza un código. La mera indagación de datos sin el cultivo previo de la memoria productiva (esfuerzo) conduce al conocimiento frío, no digerido y que, por lo tanto, no produce beneficios reales en el sujeto. Estudiar no es divertido, por mucho que nos lo repitan. Es una actividad seria que requiere de esfuerzo y que, por supuesto, puede resultar edificante.

Corremos el riesgo de alentar generaciones de alumnos capaces de hablar varios idiomas pero de no saber escribir tres frases seguidas correctas en la lengua materna. Más que nunca, lo reitera el referido estudio, es necesario el ejercicio intelectual. Ya se sabe que los grandes economistas, qué revelador, han sido filósofos antes que nada.

Lejos de ver la robotización como una amenaza, conviene apreciarla como una ayuda, un acicate, una oportunidad para mejorar la producción. A veces más valdría que un robot nos sirviera el café o nos vendiera el periódico, dado el poco esmero del sector servicios. Seguro que el robot te cambia el tenedor sucio por uno limpio en el segundo plato, te responde las gracias, te las da directamente, como hace la máquina de tabaco, o incluso te pone directamente el vaso de agua junto al café sin necesidad de reclamarlo. Un robot podría ejercer la oposición en el Parlamento de Andalucía como Dios manda, regular la parada de taxis en el Aeropuerto, crear un sistema de sombra en la Avenida para las horas de máximo calor, o escrutar el público que cada día de festejos se concentra en la Puerta del Príncipe para chivarte quiénes son los trincones de foto que se colocan por segundo o tercer día consecutivo.

Hasta podríamos esperar la fabricación de un robot con cierto malaje, sello distintivo de la eficacia en versión local.

Del interesante estudio de Cesur, llama la atención la caída de la industria de la madera y el corcho y de otras asociadas a las actividades de la construcción. Habría que precisar a qué corchos se refiere, porque tenemos claro que hay determinados corchos de la sociedad sevillana que han resistido estupendamente la crisis, como se ve en las fotos de los actos y otros saraos, pero esto ya es digno de otro estudio. Y se necesitará un modelo de robot de vanguardia para quitar a algunos de las fotos, porque los hay que han sacado cum laude en el máster de habilidades.

La gran ventaja del PP de Sevilla en las primarias

Carlos Navarro Antolín | 8 de julio de 2018 a las 6:00

PP

LA máquina estaba perfectamente engrasada. Es la ventaja de quienes hicieron su revolución particular, que cuando llega una crisis que no es particular, sino que afecta a todas las estructuras, a algunos les pilla con el cuerpo preparado, el ánimo entrenado y la lección aprendida. La pérdida de la Moncloa dejó al PP en estado de conmoción y, al mismo tiempo, con la obligación de efectuar un relevo exprés en los despachos de la sede la calle Génova. El PP de Sevilla llevaba un año de resaca pública (y publicada) por el congreso provincial que sacudió su vida interna y que supuso la renovación de sus cargos en una operación no exenta de traumas. En el mapa nacional del PP, Sevilla ha sido el campo de batalla de dos líderes nacionales: Arenas y Cospedal. Siempre ha ganado Arenas. Entonces y ahora. Ya lo dijo alguien con sentido del humor esta semana: “El PP no está preparado para ganar un congreso sin Arenas”.

Andalucía ha sido fundamental para Soraya Sáenz de Santamaría, los telediarios nacionales así lo han reflejado, pero Sevilla ha sido especialmente clave. La circunscripción sevillana ha sido la que más votos ha dado a la ex vicepresidenta del Gobierno: 1.688. Más del doble de los sufragios conseguidos por María Dolores de Cospedal. Es más, Sevilla ha sido la provincia de España donde más diferencia de votos ha habido entre Sáenz de Santamaría y Pablo Casado: un total de 1465 votos. Y todas estas cifras, tan contundentes e incontestables, han sido generadas por una estructura de partido que venía de vivir una fortísima crisis interna a todos los niveles: desde el superior, con la rivalidad entre Arenas y Cospedal, hasta al nivel intermedio, con la refriega entre Virginia Pérez y Beltrán Pérez y los componentes de la denominada mesa de camilla que ha controlado el PP en los últimos lustros, a la que se sentaban Ricardo Tarno, José Luis Sanz y Juan Bueno.

El PP de Sevilla le ha sacado un enorme rédito a aquellos días tensos del congreso provincial. Tenía la maquinaria interna a punto cuando se ha producido la gran sacudida del desalojo de Rajoy de la Moncloa y se ha activado el congreso extraordinario con unas primarias inéditas en la historia del partido. Sevilla ha demostrado jugar con la ventaja de la experiencia. La capacidad de movilización en favor de Soraya Sáenz de Santamaría deja muy reforzada a la combativa presidenta Virginia Pérez, que supo primero virar rápida y hábilmente desde un apoyo expreso a Feijóo hasta una apuesta decidida por Soraya. Además, tuvo el gesto de acudir como presidenta provincial a los actos electorales tanto de Cospedal en Tomares, como de Pablo Casado en la sede regional de la calle San Fernando.

La jornada del jueves deja otras muchas claves de interés para comprender la transformación de las estructuras del PP sevillano. La figura de Zoido queda muy diluida en Sevilla, con independencia de que acuerdos de última hora puedan salvarle de alguna forma con la asignación de algún papel en la estructura del partido en Madrid. Cospedal debió oler esa pérdida de influencia del ex alcalde cuando su único acto electoral en la circunscripción sevillana lo hizo en Tomares. La secretaria general no pisó la capital pese a contar con el apoyo del ex alcalde. No se atrevió. El escrutinio le ha dado la razón. Resultó llamativo que en su distrito de Nervión, pese a su implicación personal, Zoido no ha podido sacar adelante a sus candidatos como compromisarios (uno era el ex presidente del partido, Juan Bueno, y la otra Alicia Martínez, parlamentaria andaluza) frente a un veterano concejal (Jaime Ruiz) y la nueva presidenta del distrito (Inmaculada Gallardo) que trabaja en el grupo municipal que lidera Beltrán Pérez.

En el distrito de Triana, el trabajo discreto y eficaz de Rafael Belmonte y Mario Muñoz Seca (muy alejados del estereotipo tradicional del trianero) ha dejado fuera de órbita en poco menos de año y medio a una figura clave del zoidismo como Curro Pérez, que hasta hace pocos días era nada menos que el jefe de gabinete del ministro del Interior. El resultado para los partidarios de Zoido ha sido un espanto en Triana, donde han sido vencidos por más del triple de l os votos. En el distrito de los Remedios, tan solo Eloy Carmona ha conseguido su condición de compromisario y queda como solitario símbolo del zoidismo.
No ha habido oposición al aparato provincial en el Casco Antiguo, Cerro-Amate, Macarena, Norte o la Palmera-Bellavista (donde Luis Miguel Ruiz, beltranista acérrimo, controla el distrito). En los distritos Sur y San Pablo aumenta la distancia de los ahora oficialistas con respecto a los componentes del anterior equipo de gobierno. Los chicos de Nuevas Generaciones se comportaron como siempre: alineados con Virginia y Beltrán Pérez. En el Este, Francisco Ibáñez, beltranista desde primera hora fue el único candidato.

Los líderes del movimiento manijero, el que se hizo con las riendas del partido en el congreso provincial, movilizaron como nunca a sus votantes llevándolos hasta las mesas electorales. Los escasos referentes del zoidismo (localizados en municipios como Tomares, Mairena del Aljarafe y Espartinas) no lograron meter una cantidad de votos importante para Cospedal. Llamativos han sido los casos de Alcalá de Guadaíra y Dos Hermanas, donde las filas del partido parecen pacificadas a tenor de los resultados. Una cuestión distinta es que el PP haya cogido fuerza como para obtener buenos resultados en unas elecciones. No se debe confundir la interpretación de estos comicios internos con el mayor o menor músculo que tenga el partido en cada municipio de cara a unos comicios donde deberá batirse con otras formaciones. El PP tiene en Dos Hermanas, por ejemplo, las mismas posibilidades de ganar la liga que la Agrupación Deportiva de Ceuta de jugar la Champions.

Javier Arenas y Virginia Pérez votan en la sede del PP-A (calle San

 

En el PP sevillano se cumple desde el jueves el aforismo de Gramsci: “Toda fuerza emergente tiende a hacerse hegemónica”. Una victoria definitiva del sorayismo el 20 de julio facilitará el poder absoluto del aparato actual del partido. Y un mandato de Pablo Casado le otorgará, como mínimo, plena independencia . “Respetaré la autonomía provincial y regional”, proclamó en su reciente discurso de campaña en la sede regional en Sevilla.

El error de Zoido y los partidarios sevillanos de Cospedal ha sido, quizás, utilizar las estrategias antiguas en tiempos nuevos. En fútbol ya no ganan siempre los alemanes, pero en política suelen seguir ganando los aparatos. Los liderazgos de hoy exigen ser renovados cada día, como el mismo Rey Juan Carlos decía que debía ganarse el puesto cada día. El caso de Arenas confirma esta teoría: ha demostrado una tremenda habilidad para bajarse del falcon de ministro y subirse a la furgoneta del PP andaluz; para no dejar de actualizarse, ni de aprenderse los nombres de los nuevos miembros de Nuevas Generaciones de Sevilla que no habían nacido cuando él ya estaba en la pomada. Se ha empleado con tal intensidad que nadie ha logrado echarle. Su caso ya es digno de estudio. ¿Qué personaje de la política andaluza y sevillana suma tantos años seguidos en puestos de influencia?

La gran derrotada de las primarias es Cospedal, tanto en toda España como en Sevilla. Resulta sorprendente que toda una secretaria general no haya tenido el apoyo de ninguno de los lugartenientes de Rajoy. Arenas y Ayllón han estado con Soraya, mientras que Maroto y Levy han apoyado a Casado. Cospedal no ha sabido tejerse una red de apoyos pese al enorme poder interno que ha ostentado durante años. Sus aliados en Sevilla parece que han sacado más de ella de lo que ellos le han aportado. El único que ahora depende de sí mismo es el senador José Luis Sanz, al que le basta con revalidar la Alcaldía de Tomares, pues el poder territorial es el mejor aval en la política. Todos los demás quedan en tenguerengue, a la espera de componendas en la formación de una nueva ejecutiva. El PP de Sevilla ha quedado pacificado. Los ganadores lo han demostrado casi con la crueldad que es marca de esta tierra.

La misma historia en los bares nuevos

Carlos Navarro Antolín | 5 de julio de 2018 a las 17:41

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La historia no se repite. Es la misma, que decía don José Luis Murga, catedrático de Derecho Romano. Un local del centro se lleva años sin actividad, con la estética de cristales pintados y el cartel que ofrece su venta o alquiler. Un buen día, superada la crisis económica, aparecen los albañiles, los fontaneros, el tío del yeso, el electricista, el contratista y toda la cuadrilla que son la antesala de la reapertura tras años de páramo. Cuando por fin llegan los muebles se deduce, cómo no, que abrirá un nuevo bar en la ciudad de los bares: la barra, los veladores, la máquina del tirador, la cámara frigorífica, la vitrina de los helados… El casco antiguo de Sevilla, en el fondo, es un gran apartamento turístico con una gran cantidad de bares. Vivimos de convertir el ocio en negocio. Así vamos tirando, felices en la indolencia que forma parte de la heráldica de la ciudad. Aquí suprimen la festividad de San Fernando y el santo no dice ni mú, no se queja, sigue tumbado en la urna de plata. Y algunos cuentan con ventaja porque tienen muy claro que la ciudad de hoy sigue el ejemplo del rey por antonomasia.

La obra del nuevo bar avanza con todo su ruido y su polvo, con sus parones para almorzar, bocadillos, papel de plata, fiambrera y lata de Águila Amstel, hasta que un buen día los cristales opacos se convierten en lunas que dejan apreciar el esplendor de lo nuevo y todo huele a pintura. Incluso un decorador ha trabajado para crear una atmósfera nueva, acogedora, con unas luces amables que evocan el ambiente de un gran café parisino. La carta está muy cuidada, con una relación de zumos de frutas muy original. Las tazas para los cafés son de diseño: tratan de emular el estilo Art Decó. Los camareros no visten de negro, sino camisas blancas. El cliente que llega es saludado y acomodado en una mesa por un dependiente que hace la puerta. La barra también es cómoda, con taburetes de base amplia.

El gran problema, donde todo esfuerzo del inversor se hace baldío, es cuando se trata de pedir un simple café mientras cuatro camareros se entretienen con un lavavajillas que despide el vapor propio de la tarea recién finalizada. Se dedican a observar el lavavajillas como si una nave marciana acabara de aterrizar. Después estos cuatro magníficos pasan a discutir quién recoge los vasos sucios de un velador del interior, se olvidan del vaso de agua que se les ha reclamado por enésima vez, o se entretienen en buscar una de las frutas que deben ser exprimidas para un zumo. Se han olvidado, sin saberlo, de quién es el protagonista principal del establecimiento, de quién permitirá amortizar la inversión del negocio en el que, por fin, han encontrado un empleo. Al garete el Art Decó, las luces de época y la carta selecta. El cliente de muchos bares es sencillamente la cuarta o quinta prioridad.

Si se han preguntado alguna vez por qué triunfan algunas tabernas muy pequeñas, donde los clientes se apostan en el exterior hasta en invierno, no duden nunca de la respuesta: por el oficio del camarero y por la presencia continua del ojo del dueño. En hostelería pasa como con el periodismo: de nada sirve una web potente si no hay noticias propias, de nada sirve la inversión en diseño, las nuevas tecnologías para apuntar la comanda, si no hay un profesional detrás de la barra. En esta ciudad quisieron montar una escuela de hostelería para enseñar a atender al público y la cosa acabó en el caso de los ERE que se ha llevado por delante a dos ex presidentes de la Junta, ¿recuerdan?

Un día se produce el persianazo del negocio de marras y quizás algunos de los que miraban el lavavajillas se justificarán en su fuero interno: es que la cosa está muy mala. Y tal vez se apunten a un máster. Nunca sabrán la verdad. Nunca les enseñarán o, aun peor, nunca querrán aprender. El local volverá a los cristales pintados, a la inactividad, a la estética de abandono y polvo. Y, al menos, el día que reabra porque un incauto se decida a hacer una nueva inversión, volverán a tener trabajo el fontanero, el electricista y el tío del yeso. Que nunca falte el optimismo a falta del café. Y así vamos tirando con el diseño, la selección de personal y otras gaitas, mientras esos bares pequeños acumulan años y décadas de éxito sin que nadie se fije en la verdadera razón: el oficio. La suprema lección de ponerle manteca al bollo y dejarse de… lavavajillas.

Arenas sale del burladero y apoya a Soraya en las primarias del PP

Carlos Navarro Antolín | 2 de julio de 2018 a las 12:55

LOCAL-POLÍTICA-PP-PRIMARIAS

FUE en Almería, la primera vez fue en Almería, ay Javié. Como la sevillana de Salmarina, célebre por la película de Saura para el 92, pero cambiando el topónimo y el ay chiquilla por el incombustible Arenas. El lince de la política andaluza estaba agazapado en su particular coto de cara a las primarias. Sabíamos de sus movimientos porque está fichado como buen lince protegido, pero no se dejaba ver. ¿Dónde está Arenas?, preguntaba la militancia con cierto morbo mientras veía cómo los ex ministros iban tomando posiciones en favor de los candidatos. Pero de Javié nadie decía nada. Todos callaban. Silencio, se pregunta por Arenas. Pues está con cualquiera, decían, menos con Cospedal. Y estará por encima de todo con quien resulte ganador. Después del fiasco de Feijóo se daba por hecho que Javié estaría con Soraya, aunque también sin perder la interlocución con Pablo Casado, que ya se sabe la capacidad del andaluz de conectar con los jóvenes, sobre todo si le recuerdan a su dilecto Beltrán Pérez. Pero no había ni una foto, ni un tuit que levantara acta de las preferencias de Arenas. Veíamos al fiel escudero Antonio Sanz, vicario general del arenismo en Andalucía, arropando a la ex vicepresidenta por las calles de Málaga junto a Moreno Bonilla (“Llamadme Juanma”) y un Elías Bendodo peregrinando en botines. Pero nada de Javié, convertido durante unos días en una especie de ausente de oro como, de hecho, estuvo en el período previo al polémico congreso del PP de Sevilla. Nunca se le vio apoyando a Virginia Pérez de forma expresa, aunque todos sabíamos por el humo (cigarro rubio) dónde estaba el fuego…

A la presidenta provincial, por cierto, la hemos visto naturalmente con Soraya, pero también con Cospedal en Tomares (Me colé en una fiesta) y con Pablo Casado en la sede regional.

La ausencia de Javié ha sido una constante en estas primarias hasta el pasado domingo. Fue en Almería, ¿dónde iba a ser tratándose de Arenas? La primera vez fue en la Almería dorada. No en Sevilla, a la que Arenas tiene más jindama que un torero a los autobuses que van para Cádiz: Los Amarillos. O hasta más miedo que la propia Cospedal, que para su acto sevillano prefirió Tomares a la propia capital. Qué tendrá Tomares, qué tendrá el turrón.

Arenas apretó los dientes el domingo, salió del burladero y aplaudió a Soraya en Almería. Lo hizo a cazadora abierta, que es el grado máximo de apoyo en el código particular de Javié, mucho más importante que el apretón de mejillas o el medio abrazo, que es el que se da solo con los antebrazos.

Pues ya sabemos con quién está Javié. Por fin. La verdad se nos ha revelado como una luz cegadora. Dicen que las ocho provincias andaluzas están divididas de cara a las primarias. Pero en realidad son nueve. Arenas es la novena provincia andaluza en el mapa del PP, como en tiempos de la España de la UCD era Murcia. Fue en Almería, la primera vez… Ay, Javié.

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Sevilla, en manos de los ‘influencers’

Carlos Navarro Antolín | 27 de junio de 2018 a las 16:34

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Como el banderillero que alcanza el sillón de cargo público a fuerza de degenerar, Sevilla degenera de tal forma y a tal velocidad que está ahora en manos de los ‘influencers’, que son una suerte de combinación entre canis y noveleros con miles de seguidores en las redes sociales. Estamos de enhorabuena porque los ‘influencers’ nos recomiendan como destino turístico. Ni los viajeros románticos del XIX ni los esfuerzos de Espadas y Muñoz por captar chinos de pantalón corto para los salones del Alfonso XIII. Aquí dominan las redes sociales, el nuevo cortijo con sus correspondientes nuevos capataces. Cada vez que hay una cola de adolescentes hormonados en la puerta de un comercio de Velázquez o Tetuán, ya sabemos que se trata de la visita fugaz de un ‘influencer’ al que la muchachada adora como al nuevo vellocino de oro. Debe ser que estamos convenientemente “bien posicionados en esos nuevos escenarios de influencia”, que diría el alcalde. Hemos pasado de vender destinos en Fitur, con los otrora cacareados operadores del sector, a posicionar la urbe como destino en las redes, con los influyentes de nuevo cuño, siempre según el código lingüístico-cuchufleta de cada momento. Los ‘influencers’ son nuestros nuevos señores, dicho a lo Mañara. La lista de los que recomiendan la ciudad como destino turístico está formada por nombres como Dulceida, Álex Chiner, Alba Paul, María Pombo, Marta Lozano, Marta Pombo, Sara Baceiredo, Corina Randazzo, Jim Reno, Javier Ruescas o Teresa Andrés Gonzalvo. ¿Les suenan de algo? Como si hubieran pasado lista al tramo de cruces de una cofradía de barrio.

El personal antes viajaba donde le decía el operador de la agencia de viajes: el socorrido paquetito a Praga, el crucerito por el Nilo con derecho a diarrea, la consabida ruta por los castillos franceses, o la escapada al complejo hotelero de Punta Cana que es como Sancti Petri pero sin tener a tiro el Trofeo Carranza. Ahora aquel pobre hombre de la mesa de la oficinita de Marsans o de Halcón, aquel señor que te exhibía las palmeras de ensueño y las piedras con historia para el viaje de tu vida, ha sido sustituido por los dichosos ‘influencers’ y  su legión de imitadores, que lo mismo elevan un destino o un negocio, que lo derriban a golpe de tuit porque no han sido recibidos como sultanes. Dios nos coja confesados y con los deberes hechos cuando el ‘influencer’ llame a nuestra puerta. El tuit del ‘influencer’ es el nuevo juicio rápido de una ciudad y de un negocio. Rápido y… sumarísimo.

Ni la mujer de Beckham diciendo que España olía a ajo pudo con España como destino turístico, ni el soberbio y decadente Maradona nos hizo ningún favor diciendo que gracias a su fichaje por el Sevilla estaba la ciudad colocada en el mapa. Por fortuna dicen que en Sevilla tenemos una buena oferta gastronómica y cultural. Dónde habrán almorzado o cenado estas criaturas para hacer semejantes afirmaciones, qué concepto tienen de la gastronomía local y qué idea de cultura. Siempre se enseña a los niños que hay que tener precaución con las malas influencias. A largo plazo salen caras. Beckham era fatuo y breve como todo producto de márketing, Maradona no se tiene en pie en los estadios de Moscú y los ‘influencers’ serán engullidos por la sociedad del consumo rápido tras dejarnos el turismo de bermuda y maceta de tintorro de las despedidas de soltero. En Sevilla al menos no es fácil coger una diarrea. Y no olemos mucho a ajo. Lo tenemos todo a favor. Estamos bien posicionados. Y ahora hasta los perros puede viajar en autobús.

 

Política de avión, política ‘low cost’

Carlos Navarro Antolín | 25 de junio de 2018 a las 23:55

sánchezavión

zoidoavión

Los aviones y los perros dan caché. Los gurús que asesoran a los políticos en la era del pensamiento ligero los tienen como símbolos de altura y de fidelidad, respectivamente. Los aviones y los perros (guau) son marcas blancas a las que los políticos quieren vincularse. Aviones y perros se suman estos días a una lista donde hace tiempo que están los mercados y los niños, que representan el pueblo y la inocencia, también respectivamente. Antes no viajaba cualquiera en avión, pero desde que existen las líneas de bajo coste se trata de un medio de transporte socializado, que diría Juan Espadas. El avión se ha democratizado todo lo que no lo ha hecho el coche oficial. A un avión sube ya cualquiera, la clave no está en subir, sino en cómo se aparece subido. Cuando el alcalde Zoido regresó de San Petesburgo, ciudad a la que viajó para defender la Torre Sevilla ante la Unesco, su gabinete montó un tinglado en el aeropuerto de San Pablo para hacer de la necesidad virtud y vender su gestión para salvar el rascacielos, pese a que había prometido tirar la torre cuando era líder de la oposición. Se tragó el sapo y se lo anotó como un éxito en la barra con la tiza del ustedes me la deben. A los periodistas se les invitó a fotografiar la llegada de Zoido a Sevilla. Se retransmitió la bajada del alcalde del avión. La clave no era el sapo, la clave era el avión. Ese día nació el Air Force ‘Juan’.

Pedro Sánchez se fotografía en sus primeros días en la Moncloa con su mascota, en chándal haciendo deporte por los jardines y, por supuesto, en el avión. En la aeronave, por cierto, aparece luciendo una de esas gafas de encendedor de paso de palio que venden los negros en la playa.

Siendo ya ministro del Interior, Zoido exhibió en las redes sociales un viaje a Sevilla para entregar unas condecoraciones a su gente. La de medallas que Zoido le ha dado a  los suyos en año y medio de ministro… Para que luego digan que el PP tiene complejos. Hasta el último día ha estado intentado colocar medallas. En aquel viaje, cómo no, se hizo fotografiar en el Falcon reservado a los ministros. Está visto que el avión luce mucho a derecha y a izquierda. Ni una foto en el despacho, todos trabajando en el avión. Ahora se entiende cómo ha acabado Rajoy. Nos hemos hartado de verlo en chándal con ese andar acelerado cardiosaludable que dejaba ver una piel blanca de primer día de playa y un rostro fatigado de señor oficinista que se pone a hacer deporte el primer día de sus 30 días de vacaciones.

En la jornada de reflexión de las municipales de 2015, Zoido se hizo fotografiar en las barquitas de la Plaza de España. Y la embarcación acabó varada en la ingrata playa de la oposición. Un naufragio del que todavía hay quienes se están quitando las algas. Pero Zoido no lo ha hecho hasta ahora con un perro. Si Cospedal gana las primarias y se alza con la secretaría general, quizás lo acabemos viendo con el can en algún despacho de Madrid. O con las gafas de sol. Pero seguro que para las lentes y las monturas tiene mejor gusto que Sánchez y usa unas gafas mejores. De más altos vuelos. Aquí da igual que se tengan solamente 84 diputados. Lo importante es la foto, el tuit, el impacto. No hacer pensar mucho al personal. De la camisa blanca a las gafas de encendedor. Las gafas son para despistar. Como el avión de Zoido cuando la torre. ¿La torre? Visiten el restaurante de la planta 34. A Monteseirín le gusta mucho. Y Ciudadanos dice ahora que es el último alcalde que ha tenido modelo de ciudad.

El paripé de la juez Alaya al simular una boda en el Parador de Jarandilla

Carlos Navarro Antolín | 24 de junio de 2018 a las 5:30

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LOS jueces no deberían ser noticia. Como los árbitros de fútbol. Acaso deberían sonarnos sus nombres, no tener ni pajolera idea de su tono de voz y, por supuesto, no reconocer ni sus caras, ni sus modos de vestir, ni sus hábitos cotidianos. Su mayor logro sería pasar desapercibidos. Y la gran mayoría, de hecho, lo hacen. Nada hace más daño a la profesión de juez que la infografía que explica la tendencia política de cada magistrado en la composición de los altos tribunales, nada mina más su credibilidad que los deseos de notoriedad, el anhelo de vanidad, ese parecer uno más cuando en realidad se encarna nada menos que un poder del Estado. Los jueces deben ser gente seria, que no se toma licencias personales en el ejercicio de su función, que no permite concesiones en el trato cuando actúan como tales y, por supuesto, que se limitan a pronunciarse en sentencias, autos y providencias.

Un día acudimos al estudio del pintor Santiago del Campo (1928-2015) en la calle Betis. Tenía ganas de ser entrevistado, pero no de ser fotografiado. Cuando el reportero gráfico le pidió que se pusiera delante del caballete con el pincel en la mano, el artista fue bastante directo y seco: “Yo no voy a hacer como el que pinta porque pintar es algo muy serio”. Y lo instó a esperar el momento adecuado, a sorprenderle en su tarea. Se negó a simular que estaba trabajando, rehuyó cualquier tipo de paripé.

La ruta de los Paradores de Turismo de España está cargada de sorpresas. Palacios, castillos, piscinas con encanto, salones suntuosos, acantilados de ensueño, una cocina que se ofrece como selecta (aunque no lo es siempre) y un personal que se vende como ejemplo de amabilidad (donde hay lamentables excepciones). Ir de Paradores sirve para conocer España. Y llevarse sorpresas de las que te dejan pasmao, que diría Alfonso Guerra en sus tiempos.

Acude uno al Parador de Jarandilla de la Vera (Cáceres) a conocer el edificio donde se hospedó Carlos V mientras le acondicionaban el monasterio de Yuste y se topa con la boda de un empresario sevillano. Precioso el jardín. Un marco incomparable, oiga. Algo de frío. ¡Bendito frío! No hay frío que no quiten unas buenas migas y un chupito de licor de cerezas del Valle del Jerte, del que te deja sin cantar saetas durante una temporada.

Curiosea uno el enlace, como es debido, sin molestar ni llamar la atención. Qué bien puesto está todo. Que maravilla de invitados, emperifollados y sabiendo estar. Los novios, los testigos, y… ¡Ahí va! Pero si la que está en lugar preferentísimo es doña Mercedes Alaya. Parece que está oficiando la ceremonia. Esa efigie la conozco bien de lejos, con toda precisión, como los buenos pasos de palio. Nos acercamos y efectivamente es ella. Lee los artículos del Código Civil preceptivos en una boda, sobre los derechos y obligaciones de los cónyuges, se hace cargo de entregar los anillos… Qué detalle. Todo ocurre como si estuviéramos en el juzgado competente de Sevilla. Qué bien lo hace todo quien fue para muchos una suerte de esperanza blanca de la Judicatura hasta que evidenció que se consideraba a sí misma más importante que los propios casos que instruía. Y de ahí a sentirse sobrevolando por encima del mal y del bien hay un trayecto muy corto. Qué lujazo que te case Alaya en Extremadura, en un lugar tan cotizado, en un sitio propio de emperadores.

La severa Alaya, la puntillosa Alaya, la independiente Alaya, la temida Alaya, la que no deja pasar ni una, la que no consiente una pamplina cuando interroga, la que encarna la pureza en las formas y en el fondo, la que censura comportamientos de sus compañeros con la autoridad de un tutor sobre un menor, con la superioridad de un abad sobre un fraile raso. Esa misma estaba oficiando una boda en Jarandilla de la Vera, donde los emperadores se retiran para pasar sus últimos días, donde el pimentón es una suerte de oro rojo para la cocina, donde las chacinas disparan la felicidad y el colesterol. Alaya no tiene competencias para oficiar bodas. El Tribunal Superior de Justicia de Extremadura, informado del caso, confirma el extremo que casi no necesitaba de confirmación. “En este Tribunal no se tiene conocimiento alguno al respecto. Las funciones competen al encargado del registro civil del partido, al notario, al alcalde o al concejal en el que delegue, según la Ley de Registro Civil”. Cáspita, que Alaya ha hecho entonces lo que el pintor Santiago del Campo se negó a hacer: un paripé. Pintar es algo muy serio. Ser juez debería serlo también. No se puede ni se debe jugar a ser juez, ni mucho menos parecer que se hace de juez cuando sencillamente no se puede. Teatro, lo suyo ha sido puro teatro. A Zoido le pasó con la boda de Francisco Rivera Ordóñez. Primero los casó en Sevilla, donde sí era competente como alcalde, y después hizo el paripé en Ronda.

No es que sea un asunto grave, no están en juego grandes valores. No tendría importancia si Alaya no fuera conocida, si no fuera tan puntillosa, si no fuera tan rigurosa y exigente, si no luciera ese barniz de altivez más allá de las horas de toga.

Su Señoría puede pisar la raya de picadores del análisis político al opinar más allá de sus autos y sentencias, puede someterse a los reportajes fotográficos que considere oportunos, puede trufar sus acciones de dosis de frivolidad. Pero en ninguno de esos terrenos tendrá el poder que tiene en un juzgado y, en cambio, sí será vista y tenida siempre como una magistrada de acuerdo con la imagen que ella misma se ha forjado con toda libertad. Ella juzga y es juzgada. Lo de Jarandilla de la Vera, un paripé gratuito, Señoría. Me quedo con la lección de don Santiago. No se puede hacer como el que pinta a riesgo de quedar como un pintamonas. Hay acciones que retratan a un personaje. Por sus obras los conoceréis. Lástima que se esfumara la esperanza blanca. Cada día sabemos más cosas de quien solo deberíamos conocer por sus sentencias, autos y providencias. Jarandilla, donde los emperadores se retiran, donde los jueces estrella pierden el halo.

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Sin barbacoa en la Torre Sur

Carlos Navarro Antolín | 22 de junio de 2018 a las 21:11

Gomez de Celis nuevo Delegado del Gobierno Antonio Pizarro/ Diario de

LA memoria es el camino más corto para la guasa. En política la memoria cotiza a la baja. La gente de la política no conoce término medio: o tiene rencor, que es la memoria con notas al margen, o no se acuerda de nada. A conveniencia. La memoria es como la pariente que estorba, una aguafiestas que se presenta en el lugar menos indicado y en el momento más inoportuno. Veinte años no es nada, pero en la montaña rusa de la política es una eternidad de curvas, ascensos y descensos pronunciados. El eficaz Alfonso Rodríguez Gómez de Celis tomó posesión ayer como nuevo delegado del Gobierno en Andalucía. Buena es la viena de la delegación a falta de la torta del Ministerio. Aceptamos el despacho de la Torre Sur como premio por ser el andaluz que más ha dado la cara por Pedro Sánchez, con permiso del eterno Toscano. Desde la puerta de acceso se notaba que la ceremonia de verdad no era la de toma de posesión de Celis, sino la de los chicos de Celis (Los conocidos como los Celis´boys). Por la Torre Sur pululaban Rafael Pineda, flamante jefe de gabinete del nuevo delegado, el astuto David Hijón (“Consultora Dialoga, dígame”) y la siempre leal Encarnación Martínez. Era verlos y recordar a aquellos jóvenes que preparaban las barbacoas en la casa de Encarni en el Aljarafe, esas fiestas a las que acudía una tal Susana Díaz a la que Alfonso acabó metiendo en el partido. España ya había mejorado por aquel entonces, oiga. De la foto de la tortilla de González, Yáñez y un tal Valle entre pinares, a la presa ibérica en su punto de Alfonso, Encarni y Susana en la ya entonces emergente comarca metropolitana. Veinte años no son nada. Celis toma posesión como delegado del Gobierno dos décadas después de romper sus relaciones con Susana Díaz. Fue en 1999 cuando el todopoderoso Pepe Caballos metió a Susana Díaz en la lista municipal con preferencia sobre Celis (“Alfonsito”, lo llamaba), que era a quien correspondía haber ido en puesto de salida. Caballos rompió el orden natural y enfrentó a los hijos. Ya no hubo más barbacoas, ni Ferias brindadas en las casetas de distrito. Veinte años después de aquello, la Torre Sur unió a todos los protagonistas. Celis, Susana Díaz… Y hasta el mismísimo Pepe Caballos sentado, por cierto, en la misma fila que el arzobispo. Faltaba el órgano entonando el Perdón, oh Dios mío, pero no es cuaresma, sino verano. El PSOE recuperó la Alcaldía en el 99 con Monteseirín apoyado por los andalucistas. Alfredo, presente en la primera fila del acto, será el delegado del Estado para la Zona Franca veinte años después. Son los mismos caballitos del tío vivo, pero sin barbacoa… Y con arzobispo presente.

Perdemos gorriones

Carlos Navarro Antolín | 20 de junio de 2018 a las 17:58

Reportaje de Gorriones

Nos faltan pájaros. Quién nos lo iba decir. Han revisado los árboles y las fachadas de la ciudad y se notan menos aves. Muchos gorriones se han ido. Y los que se quedan están ansiosos, se meten hasta en el interior de los bares a luchar por una miga. Nuestros gorriones tienen hambre, están revueltos, crispados, sufren desasosiego cual militantes del PP. El telediario informa de la caída de la natalidad y del descenso de las aves urbanas. Y Sevilla es citada como una de las ciudades que pierden pájaros. Ahí duele. Nosotros, que siempre hemos presumido de tener una riquísima avifauna… Los expertos elucubran sobre la causa. ¿Por qué perdemos gorriones? La polución, la desruralización del casco urbano, la excesiva poda de los árboles. No confundan nunca al gorrión, pájaro habitual del casco urbano, con el vencejo. Los vencejos siguen con nosotros. Nos guardan fidelidad. Pero los gorriones están en extinción, como las golondrinas, que ya sólo habitan en los versos. Que Sevilla pierda pájaros es como si un día el telediario informa de la bajada del número de bares. Aquí hay –o había– más pájaros que veladores. Lo curioso es que perdamos gorriones, el ave común, el pájaro de referencia en las conversaciones cuando hay que culpar al de siempre, esa máxima de que todos los pájaros comen trigo y siempre la culpa es del gorrión.

Faltan gorriones como faltan fontaneros. Faltan aves comunes como falta tropa para cargos intermedios. Nada es por casualidad y todos los hechos están relacionados. Qué difícil es ser pájaro común en un partido político, en una hermandad o en cualquier colectivo. Hoy nadie quiere ser gorrión, por eso –ay casualidad– falta marinería en cualquier barco porque a todos los soldados les han dicho en su casa cuantísimo valen. Y traen la lección bien aprendida, el coaching bien digerido. Porque yo lo valgo, oiga, me niego a ser un simple gorrión. Aquí cualquier pájaro ha hecho un máster, cualquier pájaro luce tiros largos con medallas y cualquier pájaro te pone una moción de censura que te manda para ese sitio tan divertido como el Registro de la Propiedad.

Los gorriones se nos van, que lo dice el telediario y el profesor Enrique Figueroa, el catedrático que lleva años pidiendo un manual para el cuidado de las aves urbanas, un protocolo para impedir que se marchen, que dejen huérfanos nuestros cielos por contaminación, por falta de árboles o por carencia de alimentos. Pero a Figueroa no le escuchan los concejales cuando canta las verdades del barquero. Claro, nadie se cree la cantinela de que Sevilla pierde pájaros, sobre todo por la de ejemplares que se ven a todas horas por las calles.

Nos sobran palomas, terribles palomas para la conservación de los monumentos, y nos faltan gorriones de nervio alegre. Primero se fueron las golondrinas, ahora se están marchando los gorriones y después, quién sabe, serán los vencejos. Los vencejos cada día lo tienen más difícil con tanta nueva arquitectura de fachadas sin huecos. Los arquitectos no piensan en los vencejos, qué desconsiderados. Venga a poner placas de hierro chorreado y ni un orificio para nidos. Está claro que ser pájaro en Sevilla es cada día más difícil. Es morir lentamente en cada esquina, buscar cada mañana el trigo imposible, piar en el desierto.